Xtories

Elección incorrecta

Bajo la sombra del Vesubio, el deseo se desata entre dos amantes que nunca se habían atrevido a cruzar la línea. Pero cuando la traición parece consumarse a kilómetros de distancia, la única salida es huir hacia el infierno, donde el calor de la lava y el de sus cuerpos no tendrán nada que envidiarse.

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Elección incorrecta

Me llamo Illya, mi padre es ruso y mi madre Española, soy uno de los mayores expertos en volcanes del mundo, ahora mismo me encuentro vigilando el mayor volcán del planeta. Se encuentra en Siberia, muy pocos conocen su existencia, porque está escondido debajo de uno de los glaciares más grandes del mundo. Todo el mundo cree que Yellowstone es el volcán más peligroso, es muy peligroso, pero no es el más peligroso. El volcán de Siberia es diez veces más grande, no parece mucho, pero en términos de destrucción su rango es planetario. Si erupcionara, no habría forma de sobrevivir. Aunque creáramos bunqueres subterráneos, el invierno nuclear que el volcán crearía, sería demasiado longevo, la comida se acabaría y la vida se iría extinguiendo poco a poco.

Todas las mañanas me acerco a verificar los sismógrafos, vivo en la casa donde nació mío padre, el vecino más cercano vive a unos diez kilómetros. Alguno se preguntará porque perderme en un paraje blanco, tan bello como mortal. Pues fue por una mujer, se llama Laura y siempre estuve enamorado de ella, era la hermana pequeña de mi mejor amigo. Diego era dos años mayor que yo y Laura tenía mi misma edad, Mis padres se mataron a trabajar, para que yo pudiera cursar la carrera. Trabajaban en tres trabajos, una noche, cuando volvían para casa, el cansancio les pudo y murieron en un accidente.

Los padres de Diego y Laura me acogieron, de no ser por ellos no sé qué hubiera sido de mí, mis padres tenían un seguro de vida, gracias a esto, pude terminar el doctorado. A Laura le entusiasmaban los volcanes tanto como a mí, sin embargo, a Diego le interesaba más en convertirse en piloto. Muchos se preguntaban como era el mejor amigo de Diego, este era el típico tío que todas las tías se giran a mirar, sin embargo, yo era un tirillas con un rostro de lo más corriente, lo único que destacaba en mí era mi cerebro. Eso pareció gustarle a Laura, desde el primer día se sentó a mi lado en la facultad y no se separó de mí hasta que cursamos toda la licenciatura.

Laura era preciosa, la verdad es que había heredado toda la belleza de su madre, tenía un cuerpo de bandera y banda de música. Todos los chicos y más de una chica estaban detrás de ella, ella se dejaba querer, pero más haya de eso jamás demostró querer ir, más haya con ninguno de ellos. Los viernes solíamos quedar con los amigos de toda la vida, la verdad que la primera vez que los vi pensé que me mandarían a la mierda, pero me aceptaron enseguida. Cuando mis padres murieron, me quede una semana en la cama sin poder moverme, solo lloraba, todos ellos se pasaron esa semana, a mi lado, incluso durmiendo conmigo en mi habitación.

Se portaron de diez y gracias a eso, empecé a recuperarme, tarde un tiempo en volver a quedar, el primer viernes Laura no se separó de mi lado. Yo estaba en la gloria, pero pude observar miradas de odio de los diferentes hombres que se encontraban en ese local. Así fueron pasando las semanas hasta que llego un fin de semana que cambio mi vida. Estaba en el cuarto de los padres de Laura y Diego, ayudando a su madre a doblar la ropa, cuando vino Laura muy contenta con un billete para Nápoles. En dos semanas iría de viaje para poder ver el Vesubio, me alegré mucho por ella, pero también me dio mucha envidia.

La abracé y volví a mi cuarto, sobre la cama había otro billete, lo cogí con mis manos temblorosas. No pude contener las lágrimas, al darme la vuelta, allí se encontraba Laura apoyada sobre el marco de la puerta con una gran sonrisa.

• ¿Y esto?

• Es mi regalo de cumpleaños atrasado.

• Gracias Laura, ¿pero estás segura?

• Totalmente, no querría ir con nadie más.

Me encontraba con una nube, podría ver el Vesubio de cerca y al lado de la mujer de la que estaba totalmente enamorado. La semana se me hizo eterna, la tarde anterior antes de irnos de viaje hice mi maleta y después quede con Diego para tomar unas cervezas, este me dijo que se alegraba, que tuviéramos cuidado y que llevara protección. El cabrón me lo dijo mientras casi se atragantaba mientras se reía, la verdad es que no había pensado en eso, pero de darse yo era virgen y me empecé a poner nervioso, Diego poniendo su mano sobre el hombro me dijo que confiara en mi instinto y me dejara llevar.

No me tranquilizo ni un poquito, llego el día del viaje, Los padres de Diego y Laura junto a Diego vinieron al aeropuerto para despedirse. Después de despedirnos nos montamos en el avión, era la primera vez que volaba, pensé que tendría más miedo, Laura, sin embargo, si lo estaba pasando muy mal. Cogí su mano y ella con una mirada me lo agradeció. Por suerte para ella el viaje no duro mucho, ya nos encontrábamos en el aeropuerto de Nápoles y coceríamos un autobús que nos dejaría cerca del hotel en Pompeya. Al día siguiente subiríamos a la cumbre del Vesubio, la entrada costaba diez euros. Laura ya se había encargado de comprarlas por adelantado.

Solo estaríamos un fin de semana, así que por desgracia no tendríamos mucho tiempo para hacer turismo, pero lo más importante para nosotros era ver el Vesubio, así que estábamos muy contentos. Esa noche no dormimos mucho, nos pasamos mirando el mapa con el camino que deberíamos seguir hasta la cima. La primera en levantarse fue Laura, cogimos una habitación con dos camas y con baño propio, podíamos haber cogido una habitación con ducha colectiva, pero Laura prefirió pagar un poco más y poder ducharse a su gusto. Una vez se duchó ella lo hice yo y bajamos a desayunar.

Tomamos un café con leche, con un par de bollos y fuimos directos al autobús que nos acercaría al Vesubio. Una vez allí empezamos a subir siguiendo al guía, el sitio era precioso. De vez en cuando notábamos unos ligeros temblores. El guía nos dijo que podíamos estar tranquilos porque eso era normal. Nosotros, que estudiábamos vulcanología, sabíamos que durante el día se daban cientos de movimientos sísmicos como esos. Por fin llegamos a la cima, nos dijeron que tuviéramos cuidado con los gases, llevábamos unos sensores que nos indicaban cuando los gases alcanzaban una concentración peligrosa y después estaba el olor a huevos podridos por el azufre.

No sé cómo paso y si fue por la emoción del momento, pero Laura me cogió el rostro con las dos manos y me planto un señor beso que me dejo con la boca abierta y sin respiración. Todos empezaron a silbar y Laura se tapaba la cara muerta de vergüenza, no sé dé donde saque el valor, pero esta vez fui yo el que la bese a ella. Desde ese momento pasamos toda la visita cogidos de la mano, yo no me lo podía creer. Todo lo bueno llega a su fin y la visita al Vesubio termino, esta visita no se me olvidaría en toda mi vida, volvimos a coger el autobús y nos bajamos en la misma parada donde cogimos el autobús de ida, comimos algo y fuimos a ver la ciudad de Pompeya, la verdad que impresiona. No pudimos acceder a todos los sitios, pero estando allí puedes comprobar el peligro que acarrean los volcanes. Esa noche decidimos salir a tomar unas copas, en el hotel nos recomendaron una discoteca. A mí la verdad es que esos sitios no me hacían gracia, pero Laura quería ir y yo no sería el que le dijera que no. Fue entrar en la discoteca y todos los hombres se giraron a mirarla, Laura los ignoro y después de pedir las bebidas fuimos a la pista de baile, yo me dejaba hacer, entonces Laura empezó a bailar restregándose conmigo.

Acerco su boca a mi oreja y me pregunto si me lo estaba pasando bien, en un suspiro le dije que si, esta sonrió y me dijo que lo mejor que podíamos hacer era ir al hotel. Yo la miré y esta ni corta ni perezosa metió mi mano debajo de la falda. No llevaba ropa interior y su coñito estaba húmedo y muy caliente, salimos los dos a la carrera y llegamos al hotel, una vez en nuestra habitación Laura se quitó el vestido y pude ver su perfecto cuerpo desnudo. Era una diosa del olimpo que había bajado a la tierra, intente desnudarme, pero me temblaban las manos.

Ella me ayudo a desnudarme con una sonrisa en el rostro, al verme desnudo miro a mi sexo y se quedó sorprendida, no era una monstruosidad, pero era más grande que la media. Se relamió y yo pensé que me iba a comer vivo, no me equivocaba. Se agachó y metiendo mi polla en su boca, era la primera vez, el placer que estaba sintiendo era brutal. Me agarré a la cama, porque las piernas me fallaban, no tarde en correrme, le avise y ella se metió mi polla hasta el esófago dejando que me corriera en su garganta. Fue increíble, con una sonrisa se tumbó en su cama y abrió las piernas, era la primera vez que veía un coño de verdad. La verdad es que no sabía cuál era el siguiente paso y me deje guiar por Laura, tengo que decirlo, más torpe no podía ser.

Hice lo que me dijo Diego y seguí mi instinto, eso y las indicaciones de Laura me ayudaron a conseguir que se corriera. La miré al rostro con miedo, pero al ver que sonreía me relaje. Me fui a poner un condón, pero Laura me dijo que no hacía falta, que tomaba la píldora y me quería sentir al natural. Me tumbo en la cama y se montó sobre mí, cuando note como entraba mi polla en ese coñito estrecho, húmedo y caliente, estuve en un tris de correrme, pero apreté los dientes y aguante como un campeón.

No fue el mejor sexo de la vida de Laura, pero no parecía disgustada, esa noche dormimos abrazados. El viaje terminó, volvimos tristes, pero también contentos por nuestra estrenada relación. No nos separamos hasta que terminamos el doctorado en vulcanología. Nuestras notas fueron tan buenas que nos contrataron para el instituto europeo de vulcanología, Diego también fue contratado como piloto de helicópteros, él era el que nos llevaba a investigar los volcanes y después nos traía de vuelta. Todo fue bien hasta que llego Víctor, él era el hijo de uno de los benefactores del instituto.

Víctor sería el otro conductor de helicópteros, a diferencia de David que había estado en guerras, Víctor aprendió a conducir un helicóptero simple y llanamente para fardar. Tanto Laura como yo fuimos claros, nuestra elección siempre sería Diego, muchas veces los pilotos tendrían que acercarnos a volcanes activos, si entraban en pánico nos pondrían en peligro a todos. Todavía recuerdo la cara que puso Víctor cuando vio por primera vez a Laura, se hinchió como un pavo real y empezó a contar batallitas. Laura, viéndole venir, me beso delante de todos para que todos fueran conscientes de que estábamos saliendo. Su forma de mirarme me indico que a la larga me traería problemas, el tiempo fue pasando y Víctor se las arreglo para que Diego siguiera siendo mi piloto y él pasara a ser el de Laura. No me hizo ninguna gracia, pero confiaba plenamente en Laura. Lo que más me preocupaba era que llegado el momento Víctor la dejara tirada por salir corriendo muerto de miedo. Con el tiempo Laura y Víctor fueron conectando, no veía nada diferente en la forma de comportarse de Laura a la que tenía con nuestros amigos. Lo que más miedo me dio es que con él se reía mucho más que conmigo.

Yo tenía una personalidad más taciturna, cuando regresaba Laura, aunque se reía con él, lo primero que siempre hacía era venir a buscarme y me besaba. Víctor empezó a meterse conmigo, no entendía que un ser tan mediocre como yo podía tener semejante novia, eso no era natural. Yo lo miraba y lo ignoraba, su escaso coeficiente intelectual jamás lo entendería. Todo cambio una de las veces que tenía que ir a revisar unos sismógrafos. Diego había salido por una emergencia y no me quedo más remedio que ir con Víctor, el tío empezó a fanfarronear, lo único que tuve que hacer es quitarme los cascos, con el ruido del helicóptero no volvería a escuchar su voz hasta que llegáramos a nuestro destino.

Cuando llegamos, no me dijo nada, sabía que esos datos eran importantes, así que me dejo trabajar. Una vez que pude revisar todos los datos, saco su móvil y me enseño un video, ese simple hecho me rompió el corazón en mil pedazos. El video tenía la fecha de cuando se hizo una cena de empresa, le tocaba guardia a Laura, yo se la cambie porque en la anterior no pudo asistir por estar enferma. A mí esas fiestas no me gustaban y prefería quedarme en la tranquilidad del instituto, en el video se veía claramente como Laura y Víctor se besaban. No le dije nada, me acerque al helicóptero y saque todas mis cosas.

Conocía el terreno como la palma de mi mano, volvería por mi propio pie al instituto. Víctor no intentó convencerme, de lo contrario se montó en el helicóptero mientras se reía arranco y despego. Durante el camino de vuelta tuve tiempo suficiente para pensar, tiempo atrás me habían ofrecido ir a estudiar el volcán más grande del mundo en Siberia, conocía esas tierras mejor que nadie, pues mi padre nació allí, además de que nadie quería ir, la persona que iría tendría que estar mínimo durante un año con la única compañía de la nieve. Decidí que lo aceptaría, de esa manera podría distanciarme de Laura y curar mis heridas.

A mitad de camino tuve que pararme y sentarme, las lágrimas no me dejaban ver el camino, creía que desde la muerte de mis padres no volvería a sentir un dolor así, pero estaba equivocado. Estaba tan enamorado de Laura que el dolor que sentía se multiplicaba por mil, después de tres horas llegue al instituto, lo primero que hice fue ir a donde mis superiores y decirles que aceptaba la oferta que me hicieron, me preguntaron que cuanto tiempo necesitaba para emprender el viaje, les conteste que si me conseguían un vuelo para el día siguiente, lo tendría todo preparado, me dijeron que sin problema. Pase por el vestuario a recoger mis escasas pertenencias, después cogería una habitación en el hotel del aeropuerto.

Mientras recogía mis cosas entro Diego, me preguntaba a qué venía eso de irme a Siberia, cuando gire la cabeza para mirarlo, vi enfado en sus ojos.

• ¿Te vas a Siberia y dejas tirada a mi hermana?

• No lo entiendes Diego.

• ¡Pues explícamelo, Illya!

• No puedo.

• Vas a hacer un gran daño a la persona que más quiero en este mundo, eres tan cobarde que te vas por la puerta de atrás.

Diego salió del vestuario hecho una furia, no podía decirle la verdad, como decirle que su hermana me había sido infiel con Víctor, eso lo destrozaría y destruiría la buenísima relación entre los hermanos. Diego había sido elegido para llevarme las provisiones a Siberia, vino dos veces al mes, no me dirigió la palabra, ni tan siquiera me miraba. Para mí estaba siendo muy duro, había perdido el amor de mi vida y a mi mejor amigo sin haber hecho nada. Tuve mucho tiempo para pensar en ella, mientras iba día tras día a revisar los sismógrafos, estos cada vez reflejaban temblores más fuertes.

Al acercarme pude comprobar como el glacial había empezado a derretirse y para que eso ocurriera con las bajas temperaturas de ese lugar, significaba que el volcán se estaba despertando. Llegue a casa y lo primero que hice fue llamar a instituto, les comunique el informe y me dijeron que Diego llegaría en un día. Diego fue puntual, para cuando llego ya tenía todo mi equipaje preparado, la verdad es que me llevaba exactamente lo que me traje, allí no había tiendas donde comprar cosas. Diego me ayudo a meter todo en el avión y nos pusimos en marcha, seguía igual que siempre, la verdad es que me sorprendió que me hablara después de un año.

• ¿Cómo es de grave?

• Muy grave, ha despertado.

• ¿La erupción es inminente?, ¿nos dará tiempo a evacuar a la gente?

• ¿Cómo evacuas el planeta?

• Mi hermana también estará allí

• No será ningún problema, por mi parte

• ¿Estás seguro?

• Está en juego la vida en la tierra, ahora mismo nuestros problemas tendrán que esperar.

• Dime que tienes un plan.

• Tengo un plan, otra cosa es que os guste.

Diego no preguntó, creo que pensó que sería mejor no saber la locura que me había ocurrido, pero me entristeció comprobar como se había deteriorado la relación entre nosotros. El plan que se me había ocurrido era sencillo, a cien kilómetros había otro volcán mucho más pequeño que estaba conectado a la misma caldera que el supervolcán. Provocaríamos su erupción, disminuyendo la presión en el supervolcán. No evitaríamos que se despertara, pero retrasaríamos su erupción, con un poco de suerte durante unos cientos de años.

Me documenté que el ejército había creado unos dispositivos para crear terremotos con la suficiente intensidad como para derribar un rascacielos, los usaríamos para estimular el volcán pequeño, hacer que la presión aumentase y terminara erupcionando. No podría volver a la casa de mi padre, pero si todo salía bien era un precio pequeño a pagar. Llegamos al instituto anocheciendo. Todos nos esperaban, entre toda la gente

Laura, estaba más guapa que un año atrás. Si mi objetivo era olvidarla fracase estrepitosamente, fue verla y todo volvió a mí con mucha intensidad y por su cara de mala leche ella, tampoco me había olvidado a mí. No pudo acercarse a mí, por qué los jefes me llevaron a la sala de reuniones para qué los pondría al día, los datos que les mostré los preocuparon mucho. Jamás se llegaron a imaginar que ese volcán fuera tan grande, luego les expuse el plan que ya os he contado a vosotros, algunos se llevaron las manos a la cabeza y me tildaron de loco.

• Tal vez este loco, pero, ¿qué es más fácil?, ¿evacuar a cincuenta familias o a toda la humanidad?

• Si alguno de vosotros tiene otro plan, soy todo oídos.

Ninguno tenía un plan B, ni siquiera estaba seguro de que el mío funcionase, pero si no lo intentábamos no lo sabríamos y no teníamos nada que perder. Mientras recogía mis cosas, mis superiores abandonaron la sala y entro Víctor.

• Que pasa cornudo, pensé que te pasarías toda la vida en ese agujero lamiéndote las heridas de tu derrota.

• Lo que tú digas Víctor, no me hagas perder el tiempo.

• Seguro que no has olvidado el video que te enseñe donde me besaba con Laura – mientras se reía.

Como el infeliz estaba de espaldas a la puerta, no se dio cuenta de la presencia de Laura y por la cara que estaba poniendo al escuchar a Víctor, me parecía que se iba a organizar una de las gordas.

• ¿Qué video Víctor? – los ojos de Laura echaban fuego.

• Laura…

• ¡Te he preguntado que, que video Víctor!

Víctor se quedó paralizado, intentaba balbucear una respuesta, pero no podía, antes de irme me envió el video para que no olvidara mi derrota. Muchas veces tuve la intención de borrarlo, pero no lo hice y ahora me alegraba, le pase mi movía a Laura para que lo viera. Estaba muy cabreada conmigo, no entendía por qué, ella me fue infiel. Cuando termino de ver el video monto en cólera.

• Que significa este video Víctor, según la fecha fue la noche de la cena de empresa, yo jamás me bese contigo, tú te fuiste enfadado porque te rechace.

• Laura, puedo explicarlo.

• ¿Explicarlo?, me has jodido la vida, maldito cabrón, perdí el amor de mi vida, ¡te voy a matar!

• Laura, escúchame, fue lo mejor que te pudo pasar.

No lo dejo terminar, el tortazo sonó en todas las instalaciones, Laura le empezó a sacudir hasta que este canto como un lorito. Según parece, Víctor iba a aprovechar esa noche para enmendar el error de que Laura saliera conmigo ligándosela él, pero sus planes se fueron al traste cuando Laura le dijo que no saldría con él ni muerta, porque era un mujeriego. Lleno de rabia, se lio con una de las chicas que se fijó en el cuándo fueron a tomar una copa después de cenar. Se pasó una hora intentando darle celos a Laura, como esta la ignoraba decidió desaparecer con aquella chica.

Según parece alguno de los compañeros que estaba sacando fotos y videos de la cena debió enviarle el video y este pago un pastizal a un amigo suyo, para que trucara el video, lo demás es historia.

• Sabía que estabas detrás de la marcha de Illya a Siberia, tu padre se ocupó de que no pudiera ir a hablar con él – mientras le seguía dando la del pulpo a Víctor.

Yo me acerqué con la intención de calmarla y según noto el contacto de mi mano en su brazo, me calzo un ostión que termine en el suelo con un pitido de oídos tremendo. Laura se paró en seco poniendo sus manos sobre su boca, Víctor aprovecho esto para salir corriendo, pero tuve la mala suerte que detrás de la puerta estaba Diego y lo había escuchado todo, el puñetazo que le dio fue tan fuerte que Víctor perdió el sentido. Laura se sentó en uno de los asientos y se puso a llorar. Diego y yo nos miramos, nos acercamos a ella y empecé a hablar yo.

• Laura lo siento, tendría que haber hablado contigo, pero estaba muy dolido.

• ¿Por qué no me contaste nada, maldito, estúpido? – pregunto Diego.

• Laura es tu ojito derecho, no podía destruir vuestra relación.

Me acerqué a Laura y cogiéndole de los brazos, la atraje hacia mí, entonces ella se abrazó a mí llorando. Los tres habíamos vivido un infierno por las malas artes de una persona, pero sobre todo por haber tomada la elección incorrecta de no haber hablado entre nosotros. Los tres no abrazamos, la sonriso volvió a nuestros rostros. Teníamos mucho que hablar, pero el saber que Laura nunca me fue infiel me devolvió la vida a mi corazón. Sé que ella me odiaba por haberla abandonado sin darla ninguna explicación, pero al ver el video lo entendió, aunque seguía algo enfadada por no haberlo hablado con ella.

Aquella noche cenamos los tres, yo les puse en antecedentes de mi plan. Diego me dijo que estaba loco, Laura me miro sonriendo y me dijo que su condición era ir conmigo. El padre de Víctor vendría con nosotros, quería hacerse la foto y salir en todos los periódicos. Víctor nos acercaría a nosotros al volcán y Diego acercaría los dispositivos que crearían los seísmos. Laura y yo íbamos sentados en la parte de atrás del helicóptero, íbamos cogidos de la mano. La misión era muy peligrosa. Si algo salía mal y el volcán erupcionaba de repente, no tendría oportunidad de salir.

Víctor nos miraba con sumo odio, pero no dijo nada. Llegamos al lugar, enganchamos las cuerdas al arnés y empezamos a bajar. Diego hizo lo propio con los dispositivos, estos irían dentro de unas cajas recubiertas de ladrillos refractarios. Diego tenía la orden de volver a la base y Víctor la de quedarse y traernos de vuelta. Laura y yo nos pusimos los trajes para protegernos del calor, el cono del volcán tendría unos ochocientos metros de altura, por suerte Víctor nos dejó medio camino. Diego consiguió llevar los dispositivos casi hasta la cima, Víctor era un cobarde y no dudaba, ni un momento, que huiría dejándonos allí, a la primera eventualidad.

Según subía los dispositivos para medir los gases empezaron a pitar, tenía un mal presentimiento, este no era otro de que el domo del fondo del volcán estuviera agrietado. Nos dificultaría poder poner los dispositivos en su sitio, las rocas de las paredes del volcán estaría muy calientes y el calor sumado al peso de los trajes jugaría en nuestra contra. Mire a Laura, tenía un rostro preocupado, no la culpaba, íbamos a jugarnos la vida en uno de los sitios más peligrosos del planeta.

• Laura lo haremos juntos, todo saldrá bien.

Laura me miro y me sonrió, yo aparentaba tranquilidad, pero ya os digo que no la tenía en absoluto. Al llegar a la cima, lo que nos encontramos fue el peor de los escenarios, el domo no es que estuviera agrietado, había desaparecido y en el fondo del volcán había un lago de lava ardiente. Laura y yo cargamos los dispositivos a la espalda y fuimos a los puntos que Laura había calculado. Los colocaríamos a unos cuatro metros por debajo de la cima, poner el primero no fue difícil, estábamos frescos, pero el sofocante calor estaba haciendo mella, la pared estaba caliente y teníamos que movernos por ella con cuidado de no agarrarnos a una roca que estuviera suelta y termináramos soltándonos.

Las cuerdas de escalada empezaron a hechar humo de la alta temperatura, por suerte trajimos unas bombonas de oxígeno pequeñas, pero con el suficiente oxígeno como para permitirnos terminar la misión. Laura ya había colocado los suyos, en este último año se había convertido en una gran escaladora, mucho mejor que yo, al llevar más de un año sin escalar me estaba pasando factura. Laura había subido a la cima y vino a sujetar mi cuerda para ayudarme a subir, entonces en el fondo se dio una pequeña explosión. Me sujeté a la pared con todas mis fuerzas, el temblor no duro mucho, pero para mí fue una eternidad.

Tuve que usar todas mis fuerzas para seguir anclado a la pared, intente subir, pero mi cuerpo no me respondía, estaba demasiado agotado, entonces por el auricular de la máscara de oxígeno escuche a Laura.

• Cariño, ya te perdí una vez, no puedo perderte otra, mi único deseo es volver a tenerte entre mis brazos, un último esfuerzo.

Las palabras de Laura me dieron ánimos, pude ascender un poco más, pero el calor y el peso del traje me tiraban para abajo, era como si la gravedad se hubiera incrementado. No podía subir, pero tenía claro que no soltaría la pared, el traje cada vez me protegía menos del calor, y la pared estaba más caliente, notaba como la piel de mis manos empezaba a quemarse. No podía subir, ahora que había recuperado a Laura se me volvía a escapar entre los dedos, empecé a llorar de impotencia, entonces lo note, como alguien se ponía atrás mío, era Laura que había bajado a rescatarme.

Ella me fue guiando porque tenía el cuerpo tan agarrotado que no podía casi ni mirar donde ponía las manos, con sus constantes ánimos empecé a subir, tenerla a mi lado fue el mejor aliciente para salir de ese agujero infernal. Cuando estuvimos en la cima, nos miramos y nos besamos, con ese beso note como las fuerzas volvían a mi cuerpo, pero los problemas no habían acabado. Víctor, que tenía que recogernos y después detonar los dispositivos desde el aire, se había marchado como temí desde el primer momento.

Mire a Laura, esta estaba maldiciendo el nombre de Víctor, me miro con lágrimas en los ojos y me dijo.

• Ahora que hacemos Illya, si lo detonamos ahora, moriremos – con lágrimas en los ojos.

• A un kilómetro de aquí vive uno de mis vecinos, tiene una moto de nieve, si no se la han llevado podremos usarla para llegar a mi casa, allí podremos detonar los dispositivos y ponernos a salvo.

• Tu casa no está a muchos kilómetros de aquí, la onda expansiva de la erupción nos matará y si no la nube piroclástica.

• No estaremos a salvo en mi casa, sino debajo de ella.

La familia por parte de mi padre creo un bunquer debajo de la casa en la guerra fría, yo durante el último año o modifiqué para que pudiera filtrar el aire y reforcé muros y puertas, podría aguantar una explosión nuclear y seguro que nos salvaría de la erupción. Corrimos como galgos para llegar a la casa de mi vecino, a mí me dolía todo, pero no teníamos tiempo que perder. Cuanto antes entrará en erupción este volcán, antes bajaría la presión en el otro. Llegamos a la casa de mi vecino y la moto estaba allí, sabía donde guardaba las llaves, porque más de una vez me lo dejo para poder revisar los sismógrafos.

Laura se encargó de conducirla, a mí me dolían demasiado los brazos, no tardamos en llegar a mi casa, según entramos movimos una de las alfombras y debajo de esta apareció una puerta blindada. Nos metimos dentro del bunquer y cerramos a cal y canto, teníamos filtros y comida para pasar unos cuantos meses allí adentro. Laura sacó el mando que podría en marcha los dispositivos y mientras nos mirábamos a los ojos apretamos el botón, no tardamos en escuchar una gran explosión, por suerte el volcán estaba lo suficiente despierto como para reaccionar con los primeros temblores.

No hubo flujo piroclástico, pero la onda expansiva fue suficiente como para hacer añicos la casa, pudimos verlo desde unos monitores que tenía conectados a unas cámaras. Una vez que la casa desapareció, las cámaras también lo hicieron y con ello, nuestra información de lo que estaba ocurriendo en el exterior. Laura y yo nos besamos, fuera de ese bunquer se había desatado el infierno, pero dentro nos miramos a los ojos y empezamos a besarnos, Laura me ayudo a desnudarme. Llevaba desde la última vez que estuve con Laura sin hacer nada y solo con verle desnuda se me puso como el palo de la bandera.

Me sonrió y se agachó hasta que mi polla desapareció en su garganta, pensé que me correría pronto, pero Laura se aseguró que no fuera así, cada vez que me veía cerca de correrme paraba y volvía a empezar. En ese momento nos daba igual si el bunquer cedía y moríamos allí dentro, después de un año infernal volvíamos a ser felices. Llego el momento donde no pude aguantar más, Laura viendo eso se metió mi polla hasta el fondo de su garganta y me dejo descargar tragándoselo todo, por lo menos intentándolo. Se puso de pies y me beso intensamente, entonces cogió mi mano y se la llevo a su coñito, lo tenía totalmente depilado y muy húmedo.

Me la llevé a la cama mientras la besaba y sentándola sobre esta abrió las piernas para dejarme el camino libre. No se me había olvidado como le gustaba a Laura que le comieran el coño, iba a esmerarme para compensar está último año que tan mal lo habíamos pasado. Sus gemidos eran música celestial para mis oídos, para mi sorpresa Laura se corrió de una forma muy intensa. Cogiéndome de la mano, me tumbo en la cama y se puso sobre mí. Con una sonrisa pícara se fue introduciendo mi polla en su coñito. Mientras afuera se estaba destruyendo todo a nuestro alrededor, dentro del bunquer estaba volviendo a renacer nuestro amor más fuerte que nunca.

Los dos llegamos a la vez a uno de los orgasmos más intensos que había tenido en mi vida. Nos quedamos relajados, tumbados sobre la cama, mientras escuchábamos como estábamos siendo sepultados por la ceniza volcánica que estaba cayendo.

Encendí una baliza que Diego me dio antes de que saliéramos a cumplir la misión, esperábamos que dudara lo suficiente como para que pudieran encontrarnos. Al final nos tiramos un mes largo dentro del bunquer hasta que el volcán empezó a dar tregua, fue Diego quien nos vino a buscar en un vehículo con orugas, Cuando salimos del bunquer fui incapaz de reconocer ese el terreno que me rodeaba y que conocía tan bien. Diego nos abrazó y fuimos directos a la base.

Durante el camino nos contó como Víctor había fallecido junto a su padre, cuando el volcán erupciono, el padre de Víctor se puso nervioso y exigió a su hijo que lo sacara de allí, con el helicóptero. A los rotores les entro ceniza volcánica estropeándolos y debido a esto Víctor perdió el control del helicóptero, muriendo los dos en el acto al estrellarse contra el suelo. Ninguno nos alegramos de su muerte, era un gusano y un cobarde, pero tampoco se merecía la muerte.

Cuando llegamos a la base y pudimos ver los datos del supervolcán, en este, disminuyo mucho la presión, seguía activo, pero de momento había entrado en un estado de letargo. Todos lo celebraron, menos Laura y yo, porque sabíamos que tarde o temprano despertaría y nada podría detenerlo acabando con la vida en la tierra, pero por lo menos habíamos ganado tiempo y ese tiempo nos daría la oportunidad de disfrutar de nuestro hijo, Laura se quedó embarazada durante el tiempo que estuvimos recluidos en el bunquer. Diego nos felicitó y le debimos de dar envidia, porque empezó a salir con una de las científicas del instituto y no me lo había contado por estar enfadado conmigo, ella también estaba embarazada y lo celebramos con una gran cena entre los cuatro.

En esta vida tomé la elección correcta de amar a Laura, pero también la elección incorrecta de marcharme sin hablar con ella y darle la oportunidad de explicarse, por suerte eso había quedado atrás y me encontraba en una terraza de un hotel de Venecia disfrutando de unas merecidas vacaciones al lado del amor de mi vida.

FIN.