Xtories

Me resigné por no perderla 7

Lucía le pide ayuda para afeitarse, pero la verdadera intención es otra: quiere que Daniel mire. La puerta se cierra, el desconocido entra y la regla es clara: no solo observar, sino participar. ¿Podrá Daniel separar el amor del espectáculo?

unpluged10K vistas8.7· 21 votos

(Quinces días antes del momento actual)

-Daniel-

Lucía estaba en el baño, terminando de ducharse.

-Daniel-

-Dime-

-¿Puedes venir un momento? Necesito que me ayudes

Me acerque al baño y abrí la puerta. Lucía estaba desnuda, con una toalla que volvía su hermosa cabellera negra. Tenía una pierna en el vidé y se estaba arreglando el vello púbico con una cuchilla.

-¿Me puedes repasar esta parte? No llego bien y no me gusta que se quede ningún pelo de más en esta zona.

Cogí la cuchilla y me agaché frente a su coño. Ella levantó la pierna en esta ocasión apoyándola en el lavabo. Su coño quedó perfectamente expuesto junto a mi cara. Con mi mano izquierda mantuve apartado sus labios mientras con la otra fui pasando la cuchilla lo más cerca posible a estos y acercándome hasta el perineo.

-Gracias-

Su coño era precioso, me encantaba. Se lo acicalaba con frecuencia.

-¿Me echas crema en la espalda?

Cogí el bote de crema hidratante, Me eché un poco en las manos y empecé a extendérsela por la espalda. El espejo grande del lavabo me permitía verla mientras lo hacía. Los pezones se mantenían contraídos en sus pechos. Lucía me miraba a los ojos a través del espejo.

-Esta tarde voy a traer compañía. Quiero que estés presente.-

-¿Presente?-

Detuve mis manos sobre su espalda y me quedé atónito

-Sí, quiero que estés junto a mi lado mientras follamos.-

Reanudé el movimiento de mis manos, ahora cabizbajo y pensativo. Cuando terminé me fui al salón. Un rato después aparecía Lucía, sencilla pero despampanante como siempre, con un pantalón y una blusa blanca.

Se acercó, me dio un beso en los labios y me acarició la cara.

-Nos vemos más tarde- y salió por la puerta.

Me quedé nervioso y desconcertado. Lucía iba a traer a otro hombre para follar en nuestra casa y yo tenía que estar presente. Mi cabeza daba vueltas imaginando su llegada, imaginando mis reacciones, imaginándomela a ella. Empecé a notar acidez en el estómago.

Me senté en el sofá con las manos en la cabeza intentando recuperar el control y la tranquilidad. Sabía que tarde o temprano la cosa empeoraría y Lucía plantearía nuevos escenarios.

Habían pasado un par de horas. Me había quedado en el sofá viendo la televisión. Había recuperado la compostura y me había hecho a la idea de tener que presenciar como mi mujer follaba con otro en nuestra cama.

Las llaves sonaron en la cerradura. Lucía entro sonriente hablando con su acompañante. Entró al salón y tras ella un joven alto, moreno, de ellos que llevan un tiempo ya de gimnasio.

-Hola. Éste es Pedro. Pedro, éste es mi marido, Daniel.

-Encantado, tío.

-Hola- dije yo.

-Vamos al dormitorio- Y avanzó por el pasillo arrastrando tras de sí al desconocido que acaba de presentarme.

-Vamos, Daniel- Me llamo desde el fondo del pasillo

Me levanté y sin tenerlas todas conmigo atravesé el pasillo y entré en nuestra habitación.

Lucía estaba de pie junto a la cama, morreándose con el tal Pedro que le estaba magreando el culo. Lucía le quitó la camiseta y se deshizo de su blusa. Él le desabrochó el sujetador y empezó a tocarle los pechos y a chuparle los pezones.

Lucía le agarraba la cabeza con una mano, con la otra le tocaba la polla por encima del pantalón e iniciaba los movimientos para desabrochárselo.

Me miró con media sonrisa.

-¿A qué esperas? Desnúdate

Yo estaba absorto, estaba viendo como mi mujer se daba el lote y se terminaba de desnudar. Pedro también se había quitado ya la ropa. Tenía una polla considerable, sin ningún bello y preparada para la batalla.

Me fui quitando la ropa, con una sensación de vergüenza, muy lejos de lo que sentía cuando me desnudaba con Lucía antes de follar.

Ella se había tumbado en la cama, boca arriba. Abrió las piernas y miró a Raúl.

Raúl agarró a mi mujer por ambos muslos, abrió más sus piernas y metió la cabeza entre ellas, cubriendo el coño de Lucía con su boca.

Lucía dejó caer la cabeza hacía detrás y soltó un gemido de placer. Alargó su brazo y lo puso sobre el pelo de Raúl. Hizo un par de movimientos con su pelvis y se giró para mirarme.

Su cara era toda lujuria y excitación. Yo estaba de pie, mirando, desconcertado, mi polla miraba al suelo, muerta, desconectada de todo aquello.

-Si te empalmas, también podrás follarme- Me susurro Lucía.

Raúl se tumbó sobre ella y le metió la polla. Ella lo agarraba por la cintura, recibiendo las embestidas. De vez en cuando le agarraba el culo y pedía que se la metiera más fuerte. Cambió de postura, se puso encima y empezó a galopar, con un movimiento de pelvis hacía detrás y hacía delante.

Si te empalmas, también podrás follarme. Repetí la voz de Lucía en mi cabeza.

Empecé a tocármela, pero no podía dejar de pensar que era a mi mujer a la que se estaban follando. Empecé a recuperar en mi mente imágenes de cuando follábamos, cerré los ojos y aunque la estaba oyendo gemir, imaginaba que estaba follando conmigo.

Al abrir los ojos seguía viendo a mi mujer follando con aquel hombre. Lo besaba y se agachaba para chuparle los pezones. Empecé a desconectar de esa realidad y me imaginé viendo una película porno. Rechacé la idea de que era mi mujer la que se movía sobre aquella polla, me centré en los gemidos de placer que salían de su boca, la cara de vicio con la que aquél hombre le sobaba los pechos mientras su pollo aparecía y desaparecía en el interior del coño húmedo de Lucía.

Empecé a empalmarme. Miraba sus cuerpos desnudos mientras movía la mano que agarraba mi polla que empezaba a ponerse dura.

Lucía desvió su mirada hacía mí, bajo la vista hacía mi polla y sonrió.

-Así me gusta-

Raúl le dio la vuelta y la volvió a tumbar en la cama. Sacaba y metía su polla en el coño de Lucía, que no paraba de gemir, cachondísima. El ritmo fue cambiando, se aceleró, estaba a punto de correrse. Dio dos embestidas, fuertes, soltó un gemido y se dejó caer sobre Lucía que le acariciaba la espalda y lo besaba.

Raúl se levantó de la cama. Lucía me miró. Yo seguía con la polla erecta pajeándome.

-Te toca-

Me acerqué a la cama y me coloqué entre sus piernas.

-Fóllame, lo vas a encontrar calentito-

Separó las piernas y un hilo de leche empezaba a asomar por su vagina.

Volvía a conectar con las imágenes del porno que tantas veces había visto. Era un coño deseoso de que se lo follaran, era una mujer caliente que pedía polla.

Me tumbe sobre ella y empecé a follármela. Lucía agarró mi culo empujándome hacía ella.

-Sí, sí, fóllame

Me centré en follarla, en el calor de su coño, que chorreaba todo lo que tenía en su interior. Le día la vuelta y la puse a cuatro patas. Con una mano en su nuca y otra en la cadera empecé a empujar. Mi polla estaba durísima. Estaba invadido por un desenfreno sexual, sin ningún atisbo de conexión emocional con aquel cuerpo que estaba tomando.

Lucía parecía disfrutar con aquello. Gemía. Miró a Raúl, le sonrió y le hizo un gesto. Se acercó y lucia le agarró los huevos y se metió su polla en la boca.

Raúl levanto la cabeza y me miró de frente.

-joder, que mujer tienes-

Me corrí, me corrí en el coño de mi mujer que permanecía a cuatro patas. Me corrí mientras ella le comía la polla a Raúl.

Me dejé caer hacía atrás. Ella seguía en la misma postura chupando aquella polla.

Pude ver como su coño, abierto de tanto follar, empezaba a deshacerse de las corridas que tenía en su interior. Hilos y gotas de semen caían sobre sus muslos y las sábanas.

Me tumbé mirando al techo, contrariado. ¿Qué había hecho? No era yo, parecía que no había follado con Lucía. Era un cuerpo, un coño. Era un sexo distinto.

Me quedé tumbado mirando al techo mientras escuchaba los últimos gemidos de Raúl.

Acababa de correrse en la boca de mi mujer.

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