Degeneración Veraniega de un Matrimonio (6)
Jose creía que era solo una noche de verano, pero la piscina se convierte en su tribunal. Mientras Adrián lo humilla a la vista de todos, Jose descubre que su propia esposa ha preparado un castigo mucho más íntimo y degradante para su regreso.
Esta serie tiene relación con el relato “Dile a tu hermana que venga desnuda a casa” (en https://www.todorelatos.com/relato/232576/) y con la serie “Mi hermana quiere vivir con nosotros” (el primero en https://www.todorelatos.com/relato/229791/). ¡No es imprescindible para entenderlo, pero puede ayudar a mejorar el rato!
Espero que os guste el “viaje” que comienza este matrimonio;)
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Jose jadeaba de rodillas en el césped, perlado de sudor. Miraba incrédulo el culo lefado de María que, furiosa a cuatro patas, ahora se azotaba el coño desde abajo mientras volvía a comerle la boca a su hermana.
— Aoummm… que boquita de puta tienes, nena… el cornudo este no se la merece oumm…
Jose giraba la cabeza hacia la puerta del recinto de la piscina, como si mirase atrás, a su casa, a su mujer… mientras Adrián seguía, con parsimoniosa brutalidad, clavando el rabo hasta los huevos en el culo de Gloria, que gemía mientras succionaba la lengua de su hermana, glcgg… agghh… María agarró su pelo, sacó su lengua y le escupió dentro de la boca abierta.
— Traga puta, que todavía queda noche. — dijo, restregándole las babas de ambas por la cara y dándole un guantazo. — Y me vas a comer el coño, que al maricón este se le ha caído la leche.
El culo enrojecido de la chiquilla brillaba, húmedo, mientras María soltaba la boca de su hermana y giraba despacio para ponerle el coño en la boca. Su cabeza se volvió así, burlona, hacia Jose.
Le tiró del pelo para levantar su cabeza porque, en los pocos segundos que se volvía
— Al cornudo se le cae la lefa…
Jose no entendía por qué él era el cornudo. Adrián había dado a entender que había también polla para su mujer, pero no que se la hubiera follado ya. Quería pensar que era una bravuconada. Comenzaba a sentir una punzada de celos, mirando a Adrián, ahora que se había corrido. Sin embargo, no pudo seguir pensando cuando María se tendió en el césped boca arriba y su piel blanca brilló, contrastando con todo el entorno, absorbiendo más luz de las farolas que cualquier otro objeto o cuerpo. Miró su coño acercarse a la boca de Gloria, que lo esperaba con la lengua fuera, y volvió hipnotizado por su vientre a sus tetas, recreándose en sus pezones rosados y perfectos.
Gloria plantó los codos en el césped para recibir el conejo de su hermana y empezó a meterle la lengua como un cerdo buscando trufas mientras su cuñado entraba y salía de su ojete.
— Que culo más rico de puta tienes, prima, joder…
Y Gloria gimió al oírlo mientras su hermana le restregaba el coño por la cara y agarraba su cabeza, atrayéndola.
— Ven inútil, ponme el culo en la cara… — Le dijo María a su vecino, sosteniendo en apnea a su hermana, mmmmffff… enterrada en su chocho.
Jose la miró, incrédulo. Cayó en la cuente de que aún no había hablado desde que llegó. Ni una palabra. Sólo había emitido gemidos y gruñidos follándole el coño a María y un estertor al correrse.
— Despierta tío… Aaaahhhh — dijo Adrián, bajando para enterrar el rabo en el culo de su cuñada y apoyando todo su cuerpo en ella hasta resoplarle directamente en el cuello — Cariño, perdónalo, que está pensando en su mujer y en la follada que le voy a pegar… — Jose escuchaba con estupefacción; María, con una sonrisa abierta y la lengua extendida.
— ¡Mejor! Ven aquí idiota… — gritó mirando hacia atrás.
Jose cambió su vista seis veces de foco: de la cara de María a la de Adrián y vuelta a María, pasando por la cabeza de su cuñada, aunque ¿Adrián le había dicho “prima”? No era más raro que lo demás, así que… simplemente obedeció. Anduvo unos pasitos de rodillas hasta acercarse a María lentamente, porque no entendía qué le pedía.
— ¡Que me traigas el culo y los huevos a la boca, coño! Repitió ella.
Jose intentó mantener una expresión apropiada, o al menos no ridícula, mirándola fijamente antes de obedecer. Pero no funcionó. La sonrisa de María se amplió en una carcajada casi muda, en un espasmo pectoral ahogado por su boca abierta y su lengua extendida, mientras alargaba la mano hacia él, atrayendo sus muslos hacia abajo para que su culo y sus huevos llegasen hasta su boca estando tumbada. Porque él no acababa de bajar con confianza.
— Oummmlaaamm…. ggouGgguuu..
— Aahhhh… que marrana eres, amor mío… — Adrián lamió el cuello de su cuñada. Aún no había salido de su culo, y María reaccionó al amoroso cumplido gritando tras atrapar los dos huevos de su vecino con la boca.
— ¡UGGGOGUUGOOGGGG!
Gloría devoraba el coño de su hermana como un cerdo buscando trufas y Jose empezó a soltar estertores mientras María le chupaba el culo y los huevos y llevaba su mano para sobarle la polla, aún flácida.
Llevó su otra mano a la cabeza de Gloria y, sin cuidado, agarró su pelo en un manojo descuidado para apretarla contra sí, haciéndole proferir un gemido de dolor; pero la joven no dejó por un segundo de mover su lengua en el conejo de su hermana emitiendo ahogados sonidos porcinos. Sus tetas se aplastaban contra el césped, enculada e hincada entre las piernas de María, mientras Jose empezaba, de nuevo, a gemir.
Recibía los lametones de María con las piernas abiertas, observando sus tetas y el culo relleno de Gloria. Pero ahora, sobre todo, miraba incrédulo la gorda polla de Adrián respecto al tamaño de la joven… y la expresión en la cara del hombre. Por unos minutos volvía a ser la cara amable, a pesar de los gruñidos y los azotes. Particularmente al bajar sobre su cuñada.
— Has oído bien, eh? Me voy a follar a tu mujer…
Al escucharle, las dos mujeres aumentaron los alaridos ahogados, una por los huevos de Jose y otra por el coño de la primera. Jose no decía nada, sólo intentaba mantener el equilibrio mientras su polla se volvía a poner dura.
— Así le voy a romper el culo… - Y lo dijo al bajar con fuerza contra Gloria, que gritó de dolor, de nuevo sin parar de dar lengüetazos.
Cuando Jose empezaba a tenerla dura de nuevo, María le hincó la lengua en el ojete y le apretó las pelotas con fuerza. Jose no había acabado de soltar un largo quejido cuando su vecina abandonó la tarea y le empujó hacia atrás. Él se levantó con las piernas, obediente, y dio de inmediato un pasito de rodilla hacia atrás.
Mientras Adrián daba la vuelta a Gloria, y sus melones botaban como flanes al girar, María se incorporó, andando también con las rodillas hasta subirse a horcajadas sobre su hermana. Jose no sabía que hacer, salvo mirar la polla de Adrián, brillante de baba y flujos. Y a las dos hermanas comenzar a comerse la boca mientras él comenzaba a metérsela a una, luego a la otra, una y otra vez.
María sólo tuvo que darle la indicación a su vecino una vez.
— Ya te puedes ir, pichulín.
…
Volvió despacio, tratando de no hacer resonar sus chanclas contra las baldosas. Las imágenes de la última hora y el arrepentimiento propio de los huevos vacíos se cebaron en los pocos cientos de metros que separaban el recinto de la piscina de la puerta de su casa.
Abrió con cuidado, creyendo haber estudiado su aproximación. Primero se lavaría un poco en al aseo de abajo, después subiría directo a ducharse. Si Elena estaba despierta, hablaría con ella con normalidad y empezaría a contarle algo mientras se metía a la ducha en el baño del dormitorio suite.
Al revisar su plan, la torpeza de este le heló la sangre. Y la cara de Adrián repitiendo que se iba a follar a Elena se clavó en su mente, retorciéndole el estómago de angustia.
Pero al escuchar la voz de su mujer, su sangre se heló de verdad.
— Párate ahí.
Jose se giró levantando la mano y separando sus dedos a los lados en grupos de dos, en su habitual saludo a lo Star Treck.
— Bájate los pantalones.
— Nena, estoy cansado…
Pero Elena salía de las sombras del sofá para, con la luz que entraba desde las farolas de la calle, dirigirse a su marido.
— Te bajas los pantalones o los metes en una maleta y te largas.
Jose estuvo seguro de que lo sabía. Probablemente lo había visto.
— Si eres más tonto, no naces. — dijo ella. — Que te los bajes.
Y Jose obedeció.
Elena estaba desnuda. Sus curvas brillaban de sudor, y Jose vio algo en su mano. No consiguió determinar qué era hasta que su mujer lo levantó para azotarle la cara con ello. Era el dildo empapado de flujos que ella había estado usando la última hora, hecho con el molde de la polla de Adrián.
Le acarició la cara a su marido con él mientras le miraba fijamente. Su otra mano viajó hasta la polla de su marido.
— Te vas a meter esta tranca entera en la boca mientras yo saboreo a la vecina.
...
Entretanto, Adrián continuaba en la piscina, sentado en la tumbona mientras su esposa y su cuñada se afanaban en acabar de vaciar sus huevos con la boca entre los dos. Su teléfono, a su lado sobre su bolso, sonó. Le gustaba coger llamadas con el sonido de las dos hermanas comiéndole el nabo, así que pulsó el botón de aceptar la llamada.
— Diga.
— ¡Hola primo! Cuanto tiempo.
Adrién hizo una pausa, y gruñó más bajo de lo normal, lo que hizo que tanto María como Gloria aguzasen el oído y María buscase su mirada mientras lamía su capullo en círculos. Tardó unos segundos en contestar.
— ¿Susana?
Continuará.
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