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Degeneración Veraniega de un Matrimonio (5)

El césped se vuelve el escenario de un juego prohibido donde los límites del matrimonio se borran bajo el peso de los cuerpos. Mientras José pierde el control ante la succión de su esposa y la sumisión de la hermana, Elena espera en la oscuridad, pagando el precio de su silencio con dolor y placer.

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Esta serie tiene relación con el relato “Dile a tu hermana que venga desnuda a casa” (en https://www.todorelatos.com/relato/232576/) y con la serie “Mi hermana quiere vivir con nosotros” (el primero en https://www.todorelatos.com/relato/229791/). ¡No es imprescindible para entenderlo, pero puede ayudar a mejorar el rato! Espero que os guste el “viaje” que comienza este matrimonio;)

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Capítulos anteriores

— 1 — https://www.todorelatos.com/relato/241351/

— 2 — https://www.todorelatos.com/relato/241689/

— 3 — https://www.todorelatos.com/relato/242208/

— 4 — https://www.todorelatos.com/relato/243654/

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José empuja en el coño de María, de rodillas, y ella se lanza con el culo contra su polla intentando acompasar los movimientos. Pero Jose es torpe y, tras seguirse con el empuje cambiado dos veces y perdiendo con ello la penetración, María ruge y lleva su mano hacia atrás. Le araña la espalda para bajar hasta su culo y le aprieta contra ella.

Y entonces José siente algo de lo que sólo había oído hablar. Ninguna de las cinco amantes que tuvo en su vida, contando a su actual esposa, ni de las ocasiones prostitutas, se la ha chupado con el coño. Cuando su vecina lo atrapa, parece estar absorbiéndole. Las paredes de María se cierran sobre él no solo al unísono, sino desde el exterior al interior, succionándole la polla desde dentro. Segura de tener a su presa encepada con el coño, recupera la mano que clavaba los dedos en el culo de su vecino y la lleva bajo su cuerpo para agarrar sus huevos.

Adrián y María llevan su cabeza hacia atrás al unísono, pero sólo María abre la boca

— Aassí puto… aaassí… aahh…

Tratando de aguantar para no correrse mientras las oleadas de mamada vaginal le hacen temer perder el equilibrio, Jose fija la vista al frente, en su vecino machacando la boca de su cuñada.

— GlCcggg… Clcccgg..

El sonido sale de la garganta de Gloria, ahora con las dos manos caídas a los lados. Sólo sus manos parecen vivas, clavándose los dedos en sus propias nalgas. Adrián no la está mirando, sólo mantiene las dos manos en su cabeza mientras empuja en su boca. Jose no puede ahora ver su polla, sólo la espalda de ella y su espectacular culo casi a ras de suelo.

Con la luz disponible, Jose no sabría decir si la joven empieza a correrse o se está meando mientras le revientan la boca a vergazos. Aunque las rodillas de Gloria están en el suelo, su coño manando sigue bajando y parece que todo su tronco cuelgue de la presa que su cuñado ejerce sobre su cabeza. Los empujones mueven todo su tren superior y parecen repetirse en convulsiones del tren inferior.

Y una succión violenta de María le levanta de nuevo la cabeza a Jose, casi forzándolo a ver la expresión de Adrián. Vuelve a tener la mirada chulesca de siempre. Pero no lo mira a él, sino a su mujer. Su vecino en ese momento le parece un gigante, aunque es más bajo que él.

En ese momento, una de las manos del vecino se mueve por la cabeza de su cuñada hasta su nuca, apretándole violentamente contra sí. Gloria que tiene que sostenerse de nuevo, tensa un poco las piernas para ello y lleva las manos a los muslos del hombre para equilibrarse.

María ríe mirando a su marido y Jose empieza a moverse de nuevo contra la succión de María, que aprieta su coño contra la polla del informático y lo mantiene apretado, hasta que a este se le hace difícil la creciente penetración.

— Aaaaasí… aprieta machote… damee… — gime María, provocando a Jose y presionándolo por dentro, mientras su hermana comienza a emitir ruidos de tragada y Adrián espira aire mientras se corre en la garganta de la joven.

— Glogg… glugg... ughogghh... — el sonido hace que Jose casi se corra, y comienza a embestir a María con más fuerza, inclinándose sobre ella.

— Mm… ahh… así… dame… — María clava los codos en el césped y comienza a abrir las piernas, dejándose tumbar por los empujones de Jose en su coño.

Este va inclinándose sobre la espalda de María hasta que tiene que apoyar las manos en el césped y ella extiende la manos hasta apoyar las tetas, abriendo las piernas hasta los cuarenta y cinco grados, dejando espacio para las rodillas de Jose. Y cuando él, siguiéndola hacia abajo de empujón en empujón, se da cuenta de que está completamente tumbada en su torso y abriéndole las piernas como una muñeca, gruñe con los ojos como platos.

— Aufff… dios… joder…

Mira el culo de María debajo de él, apretarse hacia arriba con las embestidas, y la cara de su vecina ladearse sonriendo sobre el césped, gimiendo y sonriendo, mirándolo de reojo.

— Ven… venga puto… dame más fuerte… ahh… puto cornudo…

Jose sigue embistiéndola, mientras frunce el ceño y trata de sacar fuerzas para darle más fuerte. No sabe qué quiere decir, pero no puede parar. De repente, clava la polla todo lo posible en María, como si pudiese pesar más, intentando empujarla a pollazos hacia adelante. Pero se detiene al escuchar el grito de Gloria al caer delante de él.

— Ah!!

La joven tetona ha sido arrojada de un empujón por Adrián contra María en el césped. La ha girado por la cabeza y la ha empujado con el pie en la espalda para arrojarla. La cara de Gloria está empapada y su boca gotea babas y semen mientras, tras haber caído de plano con las manos, los codos y las tetas, gatea acercándose a su hermana.

María sonríe sacando la lengua y Jose empieza bombear en su coño, en golpes más lentos, intentando hacerlo con más fuerza.

“Cornudo, puto cornudo”, piensa. “Me ha llamado cornudo”.

Gloria inclina la cabeza hacia su derecha conforme se acerca a la cara de su hermana, inclinándose para, más que besarla, llevar su lengua a su boca. Y, de repente, Jose está sobre María viendo cómo chupa la lengua de su hermana repleta de babas y semen.

Adrián avanza despacio hacia ellos y comienza a arrodillarse tras Gloria. Cuando hinca la primera rodilla en el césped lanza de inmediato un azote a su culo, y Jose puede sentir cómo ese golpe llega al cuerpo de María, pasando por el culo y la cabeza de su hermana y, a través de un gemido gritado de boca a boca, tomando forma en la espalda de la morena como un espasmo, seguido de la presión casi insoportable de su coño contra el miembro que, más que estarla follando, está ella succionando.

Adrián levanta la mano derecha y, con fuerza, golpea el interior del muslo izquierdo de Gloria, haciendo que esta clave la lengua en la boca de María, aplastando su cabeza contra ella. De nuevo, el manotazo inverso, y María la atrae más aún, ahogando en su boca el grito de su hermana mientras le chupa la lengua como si fuera una polla.

Y mientras Gloria levanta el culo para acomodarlo y abre las piernas a tope, cuando Adrián abre las suyas y clava las manos apuntando el rabo al coño de su cuñada, Jose lo ve bajar sobre ella, y puede ver a contraluz el enorme rabo de su vecino, gordo, venoso y brillante de babas, bajando sobre el contorno iluminado de la raja del culo de la joven tetona, algo más allá de la vecina que se está follando chupando la boca enlefada de su hermana.

Y no aguanta más. Sabe que va a explotar irremediablemente y sale del coño de María para correrse en su culo. Apoya la frente en su espalda y se agarra la polla, gruñendo y pulsándose la base en un intento infructuoso por detener la eyaculación.

— ¿Pero qué haces, subnormal??! — María ha soltado la boca de su hermana para girarse hacia Jose, con la cabeza apoyada tras su nuca.

En ese preciso instante, en casa de Jose, en la esquina de su sótano, detrás del coche, Elena está acurrucada de costado en posición fetal. Tiene metido en el culo un plug del que su marido no sabe nada. En el coño, clavada, la polla de silicona que María le regaló.

Su mejilla izquierda descansa sobre su pelo aún húmedo y sobre el suelo. Lleva un pañuelo atado en la cabeza, tapándole los ojos. En la boca, hechas una bola, unas bragas usadas por ella misma, aunque imagina que el sabor que llena su garganta y sus fosas nasales es el del sudor del coño de María.

Su mano izquierda agarra su pecho derecho, clavándose levemente las uñas, y tira de su pezón hasta que duele. Con la mano derecha, sin mucha fuerza pero procurando la máxima sonoridad, se da bofetadas cada pocos segundos, rítmicamente, mientras continúa insultándose a sí misma en voz baja.

— Puta inútil… ni chupar pollas sabes.. no te lo mereces… guarragorda.. cornuda mierdosa…

Y, aunque lo intenta, no puede evitar sonreír.

Adrián también sonríe mientras entierra el rabo en el culo de su cuñada y cae sobre ella hasta enterrarle el trancazo completo en el ojete. Después de un gruñido de satisfacción, cuando siente sus huevos aplastarse contra Gloria y llegar a la humedad de su coño, se dirige a su mujer, que rebufa blasfemando mientras Jose se levanta tras ella con cara de susto, aún eyaculando sobre su culo.

— No te preocupes… Amor mío. Hay polla suficiente para ti, para tu hermana y para su mujer.

Continuará.

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