Degeneración Veraniega de un Matrimonio (4)
La luna ilumina la piscina vacía, pero el silencio es una mentira. Jose llega creyendo que es el protagonista de su fantasía, solo para encontrar a su vecina y a su cuñada ya en plena acción con el marido de ella. La invitación no es para observar, sino para participar, y la noche promete ser más complicada de lo que imaginaba.
Esta serie tiene una estrechita relación con el relato “Dile a tu hermana que venga desnuda a casa” (en https://www.todorelatos.com/relato/232576/) y con la serie “Mi hermana quiere vivir con nosotros” (el primero en https://www.todorelatos.com/relato/229791/). ¡No es imprescindible para entenderlo, pero puede ayudar a mejorar el rato!
Espero que os guste el “viaje” que comienza este matrimonio;)
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La luna cuelga alta sobre la piscina comunitaria y un resplandor plateado corta el agua, negra y demasiado quieta. Jose camina por el césped y se arrepiente de haber entrado descalzo en el recinto de la piscina, dejando las zapatillas deportivas a la entrada. Es medianoche y el silencio sólo lo rompe el zumbido de las luces y un grillo lejano. Ni siquiera alcanza a escuchar la carretera. La quietud, una de las ventajas de la urbanización, ahora le produce escalofríos.
Pero la excitación es mayor, y las palabras le queman en la cabeza: “Si quieres follarte a mi hermana, ven esta noche sólo a la piscina”. Sólo.
Ha dejado a Elena en casa para salir a correr, y no sabe si esto es una trampa o un sueño, pero siente que su polla va a explotar. “Estoy zumbado por venir aquí”, piensa, mientras los pasos se le hacen pesados y el pecho le aprieta. “Elena se va a dar cuenta, va a venir y me va a ver”. Llega al borde de la piscina y para en seco, con un nudo en la garganta y la polla latiéndole con demasiada fuerza.
Al otro lado, María y Gloria están de rodillas en el césped, delante de Adrián, de pie y con las piernas ligeramente abiertas. No lleva pantalones. Sus huevos están en la boca de Gloria, y la cabeza de María tapa casi por completo la polla de su marido.
El estriado ventral de Jose chillaba pidiendo atención para los culos, pero la amígdala pronto hizo caso al área fusiforme y buscó, en la penumbra, inspeccionar la cara de su peligroso vecino. Comenzó a girar por la orilla de la piscina hacia ellos observando el rostro semioculto tras el humo del cigarrillo. Adrián le estaba mirando, y sonreía. Y Jose, considerándolo una validación, empezó a andar hacia ellos girando alrededor de la piscina.
Las dos hermanas alternan como un equipo. María saca un poco de rabo de su boca y Gloria lanza su lengua hacia la base, succionando ruidosamete el tronco. María agarra los huevos de su marido y los masajea, mientras Gloria busca con sus manos los culos de su hermana y su cuñado. María saca la polla de su boca para llevar su mano izquierda sobre el capullo, masajeando en círculos, para luego golpear la cara de su hermana con él. Al ver su rabo enfilado hacia su cuñada, Adrián la coge de la cabeza y la atrae violentamente para que trague el trancazo, GggoCCcjj…. Y su hermana corre a dar un lametón desde la cara de Gloria hasta los huevos de su marido, volviendo a atraparlos y succionar…
Y entonces Jose se da cuenta de que debería, estando cada vez más cerca, volver a chequear la sonrisa de Adrián. Él le sonríe con los dos lados de la cara, y Jose se da cuenta de que nunca le ha visto reír con los dos lados de la cara. Le da un aspecto amable, y Jose se siente reconfortado. No puede evitar sonreírle de vuelta.
Y cuando está a pocos metros, el coño de María parece brillar, haciendo círculos mientras ella chupa los huevos con ansia. Agarra el culo de Adrián mientras agarra el coño de su hermana. La polla de Jose late con fuerza y él no sabe qué hacer. Su vecina lo saca de sus casillas. Ese culo, esa piel clara, y esa cara de zorra. Está aquí, sobre todo, por ella.
El gorgojeo de la garganta de Gloria se detiene cuando saca el rabo de su garganta y escupe en él, restregando su cara por el tronco y girándose para ver venir a Jose. Más carnosa que su hermana pero aún delgada, a su vecino le parece que sus enormes bufas son aún más grandes de lo normal. No hace mucho tiempo, Jose la vio llegar desnuda a la casa de su hermana y arrodillarse en la puerta, a la vista de todos los vecinos, para que su cuñado le follase la boca.
Jose se pregunta qué hace a esas horas dejando a su mujer en casa para venir a follarse a la vecina. Y se responde que, probablemente, sólo ha venido a que se rían de él. Es la primera vez que ese pensamiento aparece desde que la niñata lo emplazó hace horas, en la piscina.
Adrián le hace una seña con la mano para que se acerque. Y, aunque mantiene la sonrisa amable, uno de los nuevos embates de su mujer y su cuñada, chupándole cada una un cojón, le sacan un gruñido y le frunce el ceño. Después, señala con el dedo índice el culo de su mujer insistentemente, sin dejar de mirar al vecino.
Jose respira hondo y da un paso adelante.
María y Gloria comienzan a lamer el tronco del rabo hasta encontrarse en el capullo, enroscando sus lenguas en una coreografía perfecta que ahora Jose ve con total claridad. De repente, sin dejar de chupar el glande de su marido y la boca de su hermana, lleva las manos a sus nalgas y se abre con fuerza, mostrando su ojete y abriendo su coño. Sus rodillas giran un poco, sus pies van hacia fuera, y Jose lo entiende, pero no se atreve.
— Tío Jose, coño, que te la folles… — dice Adrián.
Y la respiración excitada de Jose se desata de buena parte de los nervios, para acelerarse mientras se baja el bañador e hinca las rodillas tras María.
Se toma un momento para acariciar su culo perfecto y su polla, ya un mástil doloroso, se dirige al coño mientras él acaricia la espalda de su vecina. La mano izquierda de Gloria viaja al hombro de Jose mientras este coloca su rabo en la raja de María.
Jose respira entrecortado e inclina levemente la cabeza al empalarla. La caricia de la cuñada le hace sentir fuerte y siente las paredes del coño ceder a su verga, mucho más calientes de lo que esperaba. No le cuesta meterla completa, y María gime con el capullo de Adrián en el interior de su mejilla mientras el vecino empieza a percutirla con salvajismo. Su marido la agarra del pelo y la aleja de su polla, momento que Gloria aprovecha para lanzarse a comerle la boca a su hermana mientras su mano derecha agarra la trancaza de su cuñado.
— Dale duro, nene. — Le dice Adrián, mientras suelta el pelo de María, que le mira riendo y con la lengua fuera.
Jose ve cómo Adrián les observa, a él y a su mujer, mientras lleva las dos manos a Gloria. Agarra su pelo y su cuello y avanza con el rabo contra su boca. Un segundo después, Jose no se explica cómo puede haberle metido todo eso de un golpe hasta ahogar el grito de la joven tetona.
Los pollazos de Jose se acompañan de María lanzándole el culo, aunque a él le cuesta acompasarse a lo que su vecina busca, unir la fuerza de las embestidas de él a las suyas propias. Pero lo intenta, mientras Adrián frente a ellos agarra con las dos manazas la cabeza de su cuñada y parece que el cuerpo de la joven cuelga de las embestidas de la polla en su garganta. Casi no hace un ruido, un leve glocgc… Y su culo parece convulsionar. Jose no sabe si por asfixia o por un orgasmo.
…
Mientras tanto, Elena mira fijamente la puerta de su casa, desde el sofá de su salón. Las gigantescas tetas de Elena botan mientras ella se folla el coño violentamente con el regalo que María, su vecina, le hizo hace un par de años. Gruñe cada vez que se mete la polla de silicona hecha con el molde del rabo de su vecino Adrián. El pelo mojado gotea sobre su cuerpo hasta que ella, cada pocos segundos, se da un guantazo en la cara, expandiendo el agua por el sofá.
Sus hijas, en el silencio de la noche, pueden escuchar desde sus habitaciones los quejidos, gruñidos y guarradas que salen de la boca de su madre, aunque sólo podrían entenderlos con claridad si saliesen al pasillo central, y no correrán ese riesgo.
— ¡Puta.. gorda cornuda!… Ahfff… Cabróncabróncerrrdo… puta gorda bollera maltratada… tragaputa… uomGGloGjjj…
Saca el pollón de silicona realista y ataca su garganta con su propio sabor mientras empieza a darse azotes en el coño que desparraman la corrida por el asiento del sofá.
Continuará.
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