Degeneración Veraniega de un Matrimonio (3)
Elena creía que su matrimonio estaba a salvo, pero la piscina comunitaria se ha convertido en un escenario donde los límites se disuelven. Mientras su marido se excita viendo a su esposa ser usada como objeto de exhibición, Elena descubre que su verdadera fantasía no es la fidelidad, sino la degradación pública y el control absoluto de un desconocido.
Esta serie tiene relación con el relato “Dile a tu hermana que venga desnuda a casa” (en https://www.todorelatos.com/relato/232576/) y con la serie “Mi hermana quiere vivir con nosotros” (el primero en https://www.todorelatos.com/relato/229791/). ¡No es imprescindible para entenderlo, pero puede ayudar a mejorar el rato!
Espero que os guste el “viaje” que comienza este matrimonio;)
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Mientras las sombras se alargan un poco en la piscina comunitaria, Jose está de pie en el borde, mirando a María con ojos como platos. Sigue de espaldas a su mujer, así que no piensa en tapar su erección al escuchar a María provocarle mientras se recoloca los triángulos sobre los pezones.
— Si me quieres follar, tendrás que hacer algún esfuerzo.
A la espalda de María, las hijas de José y Elena chapotean en el agua, soltando grititos agudos en los que José no consigue distinguir palabras. La calle cercana deja algún ruido de fondo de coches, pero son los gritos de sus hijas los que le dan la esperanza de que su esposa no haya escuchado lo que le acaba de decir la vecina.
Trata de mantener la compostura y mira a María de arriba abajo. En particular, a los labios de su coño, perfectamente visibles a ambos lados de la fina tira de perlas que es el tanga de ese bañador pornográfico. María se chupa los labios y José mueve la cabeza para que, desde atrás, su mujer perciba que está ojeando a las niñas más allá del cuerpo de la vecina.
Elena, con las gafas de sol puestas y el libro sobre sus tetas, recostada en la tumbona, no percibe el movimiento. Afina el oído para distinguir el sonido que Gloria, la joven vecina, hace al engullir la polla de su cuñado en las tumbonas cercanas. Es un sonido porcino, mojado y cortante, el de un capullo tocando una garganta con ganas de tragar.
Gloria entreabre los ojos para mirar a Elena y comprobar que les está mirando, mientras Adrián empuja su cabeza contra su polla.
María sí ve a su hermana tragando el nabo de su marido. Sabiendo que Elena está despistada, levanta la mano para acariciar el pecho de Jose mientras continúa andando hasta sobrepasarlo y dirigirse a su mujer.
— ¡Nena! ¿Te ha dado hambre?
Elena sonríe, mira a María acercarse y no repara en su marido, que se gira para mirar cómo se contonean las nalgas de la vecina.
— Qué va, he almorzado. ¿Por qué?— He pensado traerme aquí cosas para compartir, nada más. Y estás guapísima, que lo sepas.
Acto seguido, se dirige a su tumbona. Elena observa su culo mientras se acerca a su marido y su hermana. La polla de Adrián vuelve a estar dentro del bañador, pero la mano de Gloria está también dentro, moviéndose claramente en sus huevos, entrando a través de la pernera.
— ¡Mira la guarra, siempre enganchada al chupete! —le dice María, con una sonrisa, a su hermana pequeña. Gloria sonríe y se dirige a los vecinos, con la cabeza apoyada en el bulto del pantalón de su cuñado.— ¿Os importa a vosotros?
Jose no responde, y Elena, maquinalmente, sonríe:
— No te preocupes, las niñas están a lo suyo — Y no sabe por qué ha dicho eso, en lugar de protestar.
El sol trepaba más alto en el cielo, alargando las sombras en la piscina mientras Jose se deleitaba con el espectáculo: las tetas de María rebotando ligeramente con cada movimiento, los pezones endurecidos bajo los triángulos del bikini, y Gloria lamiendo descaradamente el cuello de Adrián. A Elena, tumbada en su hamaca, todo le parecía cada vez más absurdo, una comedia grotesca.
Se levantó de la tumbona, ajustándose las gafas de sol, y llamó a las niñas con voz firme pero cariñosa.
— Venga, chicas, hora de ir a casa. Salid del agua ya.
Las pequeñas protestaron con grititos, chapoteando un último rato antes de obedecer. Elena las envolvió en toallas grandes, secándolas con movimientos eficientes y tratando de concentrarse plenamente en lo que estaba haciendo. “Id directas a casa, que está vuestra tía", les dijo, besándolas en la frente. Mientras tanto, Jose decidió refrescarse. Se zambulló en la piscina con un chapoteo limpio, y bucear un poco bajo el agua fría calmó su erección y su cabeza.
En cuanto las niñas desaparecieron por la puerta de la piscina, Gloria se incorporó de la tumbona con una sonrisa pícara, con el mínimo bikini siempre aparentando estar a punto de reventar, sin poder contener sus formas juveniles. Sin decir palabra, corrió hacia el borde de la piscina y se lanzó de cabeza. Emergió segundos después, sacudiendo la cabeza para salpicar gotas en todas direcciones.
María, viendo que Gloria había soltado la polla de Adrián con un último lametón juguetón, no perdió tiempo. Su mano se deslizó bajo el bañador de su marido, agarrando con firmeza el miembro aún duro, masajeándolo con movimientos lentos y expertos. Al mismo tiempo, giró la cabeza hacia Elena con una sonrisa inocente, como si nada pasara. "¿Y tú, Elena? ¿Tenéis planes para hoy o mañana?" preguntó, con la voz más casual que pudo utilizar, para aumentar el contraste con lo que estaba haciendo su mano.
Elena, a pesar de la sorpresa, aceptó la charla para no parecer grosera.
— Pues nada especial, quizás una siesta o ver una peli con las niñas. — dijo, forzando una risa ligera mientras intentaba ignorar el movimiento sutil bajo el bañador de Adrián. Jose, aún en el agua, se acercó nadando al borde de la piscina y se apoyó en él con los brazos cruzados.
— Pues sí, algo tranquilo que llevo toda la semana montando servidores y estoy reventado. — intervino, con la voz levemente ronca, tratando de unirse a la conversación sin delatar que su mirada se desviaba constantemente hacia el tanga de perlas de María.
Gloria, emergiendo del agua con sigilo, se acercó por detrás a José mientras Elena estaba distraída charlando con María. Pegó sus tetas húmedas y firmes contra la espalda del informático y su aliento rozó la oreja de él al susurrar:
— Si quieres follarte a mi hermana, ven esta noche solo a la piscina.
José tragó saliva con dificultad mientras su polla se endurecía de inmediato bajo el agua. Gloria se apartó con una risita baja y salió de la piscina, chorreando agua mientras volvía a su tumbona.
María, aún con la mano ocupada, miró a Elena con ojos juguetones.
— ¿Te importa si me quito la parte de arriba? El sol está pegando fuerte y quiero broncearme un poco más.
Elena, ruborizándose ligeramente pero queriendo parecer abierta, encogió los hombros.
— Claro, no hay problema, haz lo que quieras — respondió, aunque internamente se preguntaba por qué demonios continuaba hablando siquiera con amabilidad.
María se giró de costado en su tumbona, desatando los lazos del bikini con un movimiento fluido, dejando que sus tetas quedaran expuestas al sol. Mientras continuaban charlando sobre banalidades veraniegas, Elena no pudo evitar notar cómo la cabeza de Gloria subía y bajaba rítmicamente detrás de su hermana, engullendo de nuevo la polla de Adrián. Jose trataba de aparentar normalidad clavando los ojos en las tetas de María.
El sonido porcino de la mamada aumentó, un chapoteo mojado y gutural, cortado por los golpes del capullo de Adrián en la garganta de su cuñada.
— Oummm… ounggg… ggunnggg… ummm…
María miraba de vez en cuando hacia atrás y sonreía. Jose, hipnotizado con sus tetas desnudas, no era capaz de controlar su mirada fija y hambrienta. “Te estás follando con los ojos a la vecina en mi puta cara, eres un cerdo patético y ridículo”, pensó su mujer.
— Ugnng, glugg.. glglgoCc… unggg…
Adrián incorporó levemente el torso con un brazo. Su rostro alterado, en una mueca que parecía de ira, resultó visible para Jose y Elena, mientras que solo la coronilla de la cabeza de Gloria no emergía tras el culo de su hermana María.
— Gocc oglogg…
“Se está corriendo en la boca de su cuñada detrás de su mujer y en nuestra puta cara, el chulo de putas asqueroso”, se dijo Elena.
María guardó silencio mientras apretaba sus muslos con fuerza, escuchando cómo los grititos de su hermana tragando polla se hacían más intensos y cómo Adrián gruñía.
Tanto Jose como Elena vieron, cuando María giró la cabeza hacia abajo en la tumbona y apoyó su frente en la toalla, cómo su coño palpitaba contra las perlas mientras se corría sin tocarse. Vieron el flujo salir por su entrepierna y resbalar por su muslo hasta la tumbona.
— Ufff… —suspiró María. Y, dirigiéndose a Jose y Elena, mientras el “glug” de su hermana tragando no se había detenido del todo, añadió — Gracias por mirarme el coño. Me pone muy cachonda.
Y ni Elena ni Jose fueron capaces de decir nada.
…
..
La casa está en silencio, las niñas duermen en su cuarto y el aire acondicionado zumba en el salón.
Elena está sentada en el sofá, en pijama, mirando fijamente a una botella de agua vacía en la mesita. José pasa por el salón desde la cocina con las llaves tintineando en la mano.
— Ehm.. voy a correr un rato —dice, con una sonrisa que a Elena le parece un mal trabajo de disimulo.
Elena suspira y levanta las cejas, con los ojos entrecerrados mirando la puerta cerrarse. Sabe a dónde va. María lo está esperando en su casa o en algún sitio. Una zorra espectacular jugando con él como con un playmobil. Cuando está sola, Elena habla a la puerta en voz alta.
— Como no puedes ir directamente a su puerta, porque se ve desde aquí, tendrás que entrar por el garaje, que encima es común, pero es menos probable que yo salga y te vea. Si es que eres tonto, coño.
Se levanta, cierra los ojos y respira hondo. Gira hacia las escaleras y se dirige al piso superior, al baño de su dormitorio, hablando en un tono más bajo para que sus hijas no la escuchen desde sus habitaciones.
— Además, ni siquiera te la vas a follar tú, te va a follar ella. O igual te folla hasta el marido.
Llega a su dormitorio y mira por la ventana.
— Porque con la distancia que hay entre el chulo de putas y tú, le tienes que parecer prácticamente una mujer más. Pringao.
Elena entra al baño, se quita el pijama y se mira al espejo.
— Me sobran lo menos 10 kilos, pero por lo menos… hay buena parte en las tetas.
Entra en la ducha, abre el agua caliente y se recrea en la temperatura y el vapor a su alrededor. Levanta la cabeza para que el chorro le dé la boca y en el pecho, intentando sentir cómo se desliza por sus curvas hasta su coño.
Y ahí, a su coño, bajan sus manos cuando se apoya en la pared. Los dedos se abren paso entre los labios mojados y se permite hablar más alto que antes, protegida por dos paredes, dos puerta y el sonido del agua.
— Puto cabrón… zorra… me está poniendo los cuernos con dos putas…
El cuerpo le arde y empieza a meterse los dedos rápidamente. Se hace daño cuando la palma le golpea el clítoris. En su cabeza aparece María corriéndose para que la vean, con el sonido de fondo de la garganta de la puta de su hermana comiéndole la polla a su marido. La polla gorda de un cerdo chulo de putas y un asqueroso, gruñendo y sujetándole la cabeza a la pobre chiquilla, que es prácticamente una niña. Le sujetaba la cabeza con las dos manos y ella gruñía tragando leche.
Se ve a si misma en la piscina, con el agua hasta la cintura y el sol del atardecer tiñendo el agua. Adrián la agarra por el pelo, se da la vuelta y, sin mirarla, la saca del agua a tirones, con el cuerpo chorreando agua, las tetas temblándole al salir, los pezones endurecidos por el frío y chilla para pedir que la deje. Pero no le hace caso, la arrastra hasta la tumbona y se sienta, tirando de su cabeza como si fuese un bolso, y Elena cae de rodillas. Se saca la polla y le suelta el pelo para meterle los dos pulgares en la boca y abrírsela, dirigiendo él su cabeza hasta su capullo como si fuese un cojín o un melón con un agujero para meterla. El sabor salado se le pega en la lengua mientras él le clava los dedos en la nuca y le abre la boca con las manos. La polla entra en su garganta y no puede gritar, sólo suena como la puta de la niñata, Gloria, como una cerda tragando, ounggg, ouññggg, gluñgj…
Ella gime, sus manos se crispan en el aire, el cuerpo le tiembla mientras se levanta, la empuja contra la tumbona y se baja los pantalones del todo para cogerla de la nuca y la coronilla. Y le empuja la polla en la garganta mientras las babas caen por sus tetas gordas hasta su coño Empuja y empuja, gruñendo, con el labio superior levantado contra la nariz, como si la odiase y la quisiera matar a pollazos.
Mientras esas imágenes la invaden, Elena se masturba violentamente, pero en silencio, azotándose las tetas y la cara con una mano. Coge el teléfono de la ducha y se lo lleva a la boca. Después al coño. Y entonces vuelve a hablar en voz alta.
— Traga puta, traga… puta asquerosa.. gorda puta cornuda…
Repite en voz alta, cada vez a más volumen y entre gemidos, lo que Adrián le dice en su cabeza mientras la empuja contra el borde de la piscina a pollazos.
— Traga, puta, puta, puta maltratada cornuda gorda puta, traga…
Se atraganta, la saliva le chorrea hasta el suelo, hasta que Adrián la tumba boca abajo en la piscina, el vientre en el borde, las tetas colgando contra el agua. La agarra del pelo y estira de su cabeza hacia atrás mientras le arranca las bragas mojadas de baba.
El suelo le araña las rodillas mientras él le mete la polla por el culo de un golpe. El dolor es inmenso.
— Calla gorda puta, cornuda de mierda…
Elena se lleva el teléfono de la ducha a la cara mientras se azota el coño, y en su cabeza, Adrián le rompe el culo mientras, para callar sus gritos, le mete la cabeza en el agua. Ella chilla de dolor vaciando sus pulmones mientras se corre.
Continuará.
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