Me cogen los amigos de mi marido en reunión
La fiesta ya había comenzado cuando Angela decidió que la noche no terminaría con una simple cena. Con el alcohol corriendo y los límites borrados, transformó la sala de su casa en un escenario de placer crudo, obligando a su esposo a ser el testigo silencioso de su propia degradación.
Soy una mujer de 30 años, casada, siempre fui muy activa, me gusta tener relaciones con muchos hombres y también con mujeres. Me llamo Angela, y mi esposo es Pablo, un poco lento en la vida y poco despierto sexualmente. Deben entender que me casé con él porque necesitaba sentar cabeza con un buen hombre, llevar una vida cómoda y tranquila, que, los malotes, con quienes siempre me gustó estar, no me puedo permitir. Si bien no tengo la mayor solvencia económica, el estar casada con él me da una estabilidad que no tendría si me hubiera quedado con alguno de los delincuentes con quienes llegué a relacionarme.
Me gusta pensar también que mi marido es mi mecenas del sexo, es un concepto gracioso, el paga y yo lo hago. En alguna ocasión se me ocurrió pedirle que se quedara escuchando mis relaciones fuera de la recamara y lo hizo sin chistar, por dentro sentí un impulso fuerte para humillarlo más, me faltó poco para decirle que viniera a levantar nuestro desorden, pero para siguientes ocasiones sí le fui exigiendo que levantara, que metiera a lavar mi ropa, que atienda a los invitados, etc. eso bajo el marco en que también sale a trabajar para poder mantener la casa y darme mis gustos. Al principio le dije que quería estar atractiva para él, pero poco a poco le fui diciendo abiertamente que me compre ropa y lencería aunque él nunca llegaría a ver de qué se trata, lo hice comprar juguetes para dominarlo, incluso también juguetes para que algunos de mis amantes me sometan delante de él.
Mi marido fue cornudo desde que lo conocí, me gustaba tenerlo cerca como algo seguro, alguien en quien confiar y apoyarme, pero nunca accedí a sus insinuaciones sexuales, me gustaba hacerme la santa o la ofendida para que se espantara y retrocediera un poco. Claro que después de eso yo iba a acostarme con uno que otro amigo con quien hubo historias previas. Por cosas de la vida Pablo siempre estuvo ahí y le fui dando un poco de lo que me pedía para cautivarlo, siempre quedó enganchado, y siempre pude jugar y manipularlo, hasta llegar a decirle, con todas sus letras, que era un verdadero cornudo, y que si quería seguir conmigo tenía que acceder a todos mis caprichos, si no, me iría y no volvería a verme. El pobre suplicaba de rodillas que no me fuera.
- Ya sabes que hacer – lo miraba hacia abajo – tienes que cumplirle a esta hembra sus caprichos, y tienes que aceptar que yo no puedo vivir sin los hombres de quienes te hablé, yo soy como una esclava para ellos, pero ellos me hacen feliz, contigo, solamente, no puedo serlo.
Pablo no dijo nada pero decidió quedarse. Así fue como la historia fue caminando. Me volví más descarada y aplastante con él, no tenía el menor reparo en exprimir todo su autoestima. Sin embargo también pude destacar sus virtudes como hombre responsable y cariñoso, atento, serio y educado, lo cual a mí me da lo que necesito como estabilidad social y económica, puedo ser una señora respetable ante los ojos de la gente, y ser la chica buena que su familia espera de mí. Creo que a mi manera es alguien a quien quiero mucho, aunque a veces no se pueda entender así.
Volviendo a nuestra actualidad, a Pablo no le queda otra que aguantar como follamos mis amantes y yo en la cama matrimonial. Esto es debido a que soy una mujer muy activa, siempre me ha gustado mantener relaciones diariamente, él suele ser nervioso y le cuesta trabajo llevar mi ritmo. Aún así es muy cariñoso y siempre cumple mis caprichos. A veces sale de mí lo sádica y trato muy mal al pobre hombre, lo insulto, lo regaño, le ordeno cosas, él siempre está ahí para hacer caso de mis demandas. Me he dedicado a estirar la liga, a ver hasta donde se rompe, y él cornudo siempre rebasa sus propios límites, eso me da carta blanca para hacer y deshacer, disponer de su dinero y traer hombres a la casa, hombres cuyo gran valor es el saber coger como animales y hacerme entregar mi cuerpo como una trastornada a verdaderas orgias dentro de mi propia casa, mientras él trabaja o hace cualquier cosa.
Aún recuerdo la primera vez que dejé que durmiera conmigo uno de mis amantes de antes de conocerlo. Mi marido no daba crédito a como su mujer lo mandaba a dormir a la sala, sin posibilidad de poder entrar en toda la noche, eso sí, me encargué de hacer el mayor ruido posible para asegurarme de que se enterara lo que hacíamos. Fue una verdadera noche de sexo, a veces dormíamos un poco y despertábamos para seguir teniendo sexo, bajo ese concepto el cornudo se fue a trabajar y me quedé con mi amante gran parte del día.
Algunas veces dejo a mi marido mirar, aunque la mayoría solo lo dejo escuchar, otras tantas él ni se entera. Lo cierto es que disfruto tanto el sexo sin él que decidí, ponerle un cinturón de castidad para que no pueda ni masturbarse. Eso lo convierte en un verdadero perrito lambiscón todo el tiempo, mientras lo dejo lamerme partes de mi cuerpo le cuento sobre amantes míos que el no conocía, le cuento sobre los primeros cuernos que le puse sin que él lo supiera, le cuento sobre como me apetece tener todo tipo de encuentros y todo tipo de prácticas.
A él le encanta verme cuando me pongo a beber, a él también le gusta tomar, no puede controlarse cuando se alcoholiza y se embriaga bastante rápido, en esos momentos, suelo ponerme grosera y muy altanera, prepotente e impertinente con él. Estando ebrios los dos, lo trato mil veces peor.
Una ocasión con sus amigos en casa decidimos invitarlos a comer y ver una final de futbol, a mí en lo particular no me gusta, pero es divertido verlos pelear a modo juego. Los nombres de los equipo los tengo bastante poco claros, pero puedo decir que en esos momentos la cerveza corría bastante, luego sacamos la botella de vino y las discusiones no se hicieron esperar. Yo, conocedora de la situación, decidí empezar a meter más cizaña, enganchando a los amigos solteros de mi esposo, sobre todo para que se quedaran hasta el último y ver si podíamos hacer algo divertido.
Al final una pareja decidió quedarse, Alejandro y Clara, pero también se quedaron Flavio y el gordo, que no sabía como se llama pero así le dicen. Se me hizo divertido pensar que, así como estábamos, la situación se prestaba para un doble trío HMH, pero las cosas son de otro modo, la realidad es que mi marido no tiene permitido participar en estos juegos para gente adulta y fuerte sexualmente, así que, él tomado y excitado va a ver como se divierte su esposa con sus amigos, sin formar parte.
Primeramente al entrar en confianza con la gente que se quedó decidimos poner un poco de música y platicar. Nos fuimos conociendo un poco más, hablamos de temas un poco mas mundanos y nos permitimos reírnos cada vez más. En ese ambiente cada vez más cargado fue que notaba a los hombres presentes mirarme los pechos o las piernas cuando las cruzaba, puedo decir que tenía unos zapatos altos bonitos, que me hacían verme fuerte y dominante, al menos así me sentía yo, con un pantalón de mezclilla bastante entallado, como me gusta vestir, con una blusa muy casual.
Los hombres presentes también poco a poco fueron cambiando los comentarios moralistas y tímidos por unos retadores hacia mi marido, empezaban a lanzarme miradas más descaradas y los comentarios aduladores no se hicieron esperar. Pablo no tenía otra opción más que entrar en el juego y decir que me ha visto tener sexo con bastantes hombres y que no le molesta, incluso se excita, con una simple mirada lo obligué a aclararlo. Posiblemente el alcohol fue lo que nos ayudó a dar ese paso de manera concisa y segura, poco me importó qué pensaran sus amigos, o qué limites tuvieran, solo lo hice, y por su puesto que él no tuvo los tamaños para detener la situación y argumentar lo contrario.
Para todo esto debo decir que me acerqué a Clara para sondearla, la conversación había subido de tono y quería ver qué tan pervertida es ella. Como era de esperarse, se mantenía un poco tímida al inicio, pero también con algo de cinismo cuando platicábamos de mi realidad sexual, se veía animada y risueña, pero nerviosa, hacía comentarios sarcásticos de la situación con Pablo como sumiso, y se mantenía expectante al progreso de la charla. Por otra parte Alejandro, sin miedo, se animó a romper la tensión y se acercó a besarme el cuello, a jugar y lamerlo
- ¿Qué pasa, Alejandro? – Le dije.
- Pasa que eres una zorra deliciosa, y ya nos quedó claro que pablito es un tonto, así que te voy a follar delante de él – contesto.
- Ay Alejandro, como eres – ambos nos empezamos a reír bastante.
Para ese momento notaba un poco incómoda a Clara, pero la animé a acercarse, con la punta del pie le recorrí la parte inferior de la pierna, la seduje con la mirada y me quise portar cariñosa en la medida que los lengüetazos de su esposo me lo permitían, mientras yo la seguía tocando con delicadeza, su marido me metía mano en la blusa, sentí demasiado rico, entonces dije muy suavemente:
- ¡Que rico me tocas! Quiero que me toques más.
- Tengo más formas de tocarte.
Me levanté de mi asiento apartándolo, fui hacia donde Clara y la animé a tocarme, entonces la empecé a besar en los labios, ella se animó a tocarme también y en cuestión de segundos estábamos fajando.
- ¡Ahora sí va a empezar la fiesta! – Hablé en voz alta.
En ese momento se me ocurrió llamar a una amiga, mi amiga Romina de la universidad, tiene amplio historial de travesuras, cochinadas y cuernos para su marido, una compañera de mil batallas. Es la mujer perfecta para esta situación. Decidí poner manos a la obra, mientras veía a Flavio y gordo seguir tomando, sonriendo y divertidos con la escena. Marqué a Romina, por teléfono, enfrente de todos, le dije que no podía fallar, le conté todo y la situación le pareció sumamente morbosa, ella encantada dijo que estaba ayudando a uno de sus hijos a terminar su tarea pero en cualquier momento terminaba y venía para acá en seguida. Ella estaría lista para venir a mi casa a hacer de las suyas, lo sabía.
Al colgar me acerqué a mi marido a preguntarle como veía todo esto, él me dijo que yo no tengo remedio pero no pensaba que hiciera algo así frente a sus amigos, le tuve que debatir con una buena cachetada, que procedí a limar con unos besos y unos chistes para que no se tornara tenso para los no acostumbrados presentes.
- Quiero que le digas a tus amigos que esto es muy normal en esta casa, y que de ahora en adelante deben aceptar esa vida que has decidido llevar, en una de esas a ellos también les gusta venir de vez en cuando a recibir la hospitalidad que puedo ofrecer – ordené.
- Bueno muchachos, ya oyeron a la señora, me gusta complacerla en todo, y ella es quien toma las decisiones aquí, no tienen idea de qué tan guarra puede llegar a ser, una verdadera sucia…
Al mismo tiempo que Alejandro reía el comentario desde el otro sofá, no tuve más remedio que propinarle otra buena bofetada que le volteó toda la cara.
- No se te olvide tratarme con el respeto que me merezco – recriminé, olvidando que el shock del momento podía haberlo descalibrado un poco frente a sus amigos – Recuerda que eres el cornudo y como cornudo debes respetarme a mí, a mis amigos y a mis amantes.
- Cariño tienes razón – se disculpó pablo – se me olvidaba que soy tu perro faldero, tu buey personal, una mascota, y yo no puedo utilizar malas palabras.
- Como castigo te quedarás mirando a la pared con mis bragas en la cara.
En ese momento no podía quitarme las bragas debido a mis jeans pero lo jalé de las orejas, hacia la esquina de la sala, un gesto que todos rieron y festejaron, incluso Clara, lo cual me dio a entender que es más loca de lo que aparenta. Deje a pablo de rodillas mirando a la pared.
Procedí a bajar mis pantalones negros de mezclilla, le pedí ayuda a gordo y Flavio para quitarme los tacones, me desvestí, y terminada la labor dejé mi ropa interior en el sillón sin acordarme para qué la iba a utilizar. Me dispuse a besar a Alejandro en la boca y espeté a Clara:
- Pedazo de guarra ¿Qué estas esperando para venir a lamerme?
Todos rieron mi atrevimiento para con ella, y fue su propio marido el que se levanto a tomarla de la mano y de la cabeza para hacerme sexo oral, ellos dos se empezaron a sonreír mutuamente, se miraban fijamente, y yo tomé a Alejandro de la camisa para que me besara a mí, quería tener la atención de todos, me encantaba la idea de estar desnuda frente a otras personas, me encantaba la idea de ser la única desnuda, sentirme dominante y controladora de la escena. Animé a Alejandro a ponerse creativo con las manos y estimuló con cierta insistencia mis pezones, al grado que me empecé a calentar muchísimo.
Al poco tiempo apareció la perra de Romina tocando el timbre, le dije a los muchachos, que estaban mirándonos, que fueran a abrir la puerta, los dos se levantaron, ebrios como estaban, lo más rápido que pudieron. Al verla se notó que se había vestido para la ocasión
- ¡Te desvestiste para la ocasión! – dijo fuertemente Alejandro.
- Me desvestí para ti, chiquito – contestó Romina cachando el juego, ella caminaba hacia el sofá con el par de tontos que le abrió la puerta.
Agarré la cara de Alejandro y lo atraje para que me siguiera masajeando los pechos, sin embargo, de un momento a otro, decidí que lo mejor era levantarme a recibir a mi amiga como es debido.
Al saludarnos nos besamos en la mejilla y nos dimos un gran abrazo, ella me empezó a festejar el abrirme a más gente con mis juegos y fantasías, ella se había quedado con una versión más clandestina de mis festejos, esto era otro nivel, y así se estaba haciendo realmente. Le alabé que apareciera atrevida como venía, una blusa super ligera con un minishort de licra, calzada con nada menos que unas sandalias de lo más común.
- Perdón amiga pero estaba poniéndome cómoda, con este calor, y finalmente vengo en la camioneta, me lo quise permitir.
- Amiga, aquí es tu casa y tu puedes venir desnuda si quieres, para lo que te va a servir la ropa…
Después de todas esas formalidades me acerqué a Alejando y Clara y los presenté con Romina, él se portó gracioso y atento con ella, al parecer hubo algo de química amistosa. Por otro lado me llevé a Clara con Flavio y Gordo y les ofrecí más de beber.
Yo quería embriagar a Clara para desenvolverla un poco más, ganas de jugar tenía pero seguía sintiéndose insegura, así que propuse unos tragos de fondo, le dije: Clarita, aquí las mujeres mandamos, quiero verte disfrutar al máximo. Así que le metí mano por debajo del vestido, empecé a jugar con su clítoris, en un instante procedí a meterle los dedos lentamente. Le dije como estaban permitidas todas las guarradas que quiera, que no hay límites que yo sé que ella quiere hacer de todo.
Llamé a gordo que se acercara y le pregunté su nombre, Julio – me dijo – mira Julio, quiero que te saques la verga y me la pongas en la cara. Rápidamente lo hizo, me puso su verga en la cara, no estaba nada mal, me puse a lamerla un poco mientras seguía dedeando a Clara. Luego llamé a Flavio y le dije: señor Flavio ponga su pene en la cara de Clara, vamos a ver quien la tiene más grande. Casi al instante de haberse sacado el pene, clara comenzó a lamerlo con intensidad, le saqué las bragas a ella y dejé que Julio la penetrara. Era hermoso ver a esa mujer, aún vestida, con las piernas todas abiertas, chupando pene y siendo penetrada. Ayudé a quitarle el vestido y a pellizcarle los pezones, en una de esas, de forma improvisada, le derramé tequila directamente en la boca, metiéndola en aprietos para no derramarlo, era como ver a una ramera de la calle ser humillada, finalmente le di un beso y lamí un poco del tequila de su cara y me levanté.
Era tiempo de dedicarme a mis otros invitados, no sin antes echar un vistazo a mi marido, no quería que perdiera detalle de la situación, aunque solo sería escuchando. Tomé mi ropa interior y se la coloqué como máscara en la cara. Te tocará estar oliendo mis fluidos todo este tiempo – le dije.
Finalmente llegué con la pareja estrella de la noche a poner atención de como follaban, efectivamente, Ale y Ro no vinieron a perder el tiempo ¡Estaban follando! Y por su puesto que no me sorprendía. Había visto de paso que ya se habían practicado un poco de sexo oral de manera mutua, Alejandro la había abofeteado un par de veces, la apretaba por el cuello, la había dedeado, y hasta escupido, cuando me acerco la tiene en cuatro sobre el descansabrazos del sillón, se están dando amor a lo lindo.
- Llámame perra – dijo Romina – llámame perra, enfrente de tu esposa, se la están dando entre dos.
En ese momento me acerco a ellos y tomo a Romina del pelo, llevándola a mi entrepierna y dejándola en una posición poco cómoda, me acuesto en el sillón y en ese momento ella me empieza a lamer como si fuera un perrito tomando agua – mueve la cabeza como una tarada – ella lo hace con un encanto único.
- Dale duro Ale – acorté su nombre – hoy vas a ser nuestro macho.
Sin pensarlo más tiempo le empezó a dar unas buenas embestidas, tanto que mi amiga empezó a gemir sin parar, descuidando su labor conmigo. En eso volteo a ver a Clara, quien mira con un ligero aire de celos a su marido, y pone a gemirse de manera más desenfrenada. Me mira a mí también con un poco de enemistad.
- No seas mosca muerta – la desafié – aprovecha que te están dando hasta para llevar, como una autentica guarra, eso es lo que eres, una guarra, y aquí estamos todos para atestiguarlo, puta.
Mis palabras hicieron que le cambiara el semblante, parece ser que sí se excitó más – algo más que me tocaba descubrir de ella, y también hicieron que los machos en cuestión aceleraran el ritmo de sus embestidas. Uno de los borrachos se vino, más específicamente el gordo, le tuve que decir que se fuera de mi casa porque es una casa de machos, él único precoz es mi marido y no tiene derecho de venirse. Todo mundo le hacía burla mientras se vestía. Él seguramente ya se sentiría bien servido también.
Finalmente me acerqué a la cara de Romina y nos empezamos a besar como autenticas degeneradas, nos fuimos sentando lentamente y nos miramos con una cara de perversión indescriptible – como es que te desnudaste tan rápido, Romina – le pregunté – ya sabes – no traía mucho qué quitarme – respondió.
Invité a Ale a colocar su miembro entre nuestras bocas para recompensarlo.
- Son un verdadero par de cerdas – nos dijo Alejandro – todavía me falta la cogida para mi mujer.
- Ya se la han estado cogiendo en varias posiciones- repliqué.
- Esa insaciable va a querer más, pero ahorita estoy a gusto recibiendo una mamada.
- Hoy no lo harás con ella, nos tienes a nosotras.
Con esas palabras clara siguió volteando hacia nosotros, al tiempo que le decía a su marido que lo amaba, que estaba dispuesta a recibir sus cogidas siempre que quiera.
En ese momento veo que pablo desobedeció mis instrucciones, pues no se encontraba en su esquina y decidió quedarse al lado nuestro mirando como un tonto, con mi calzón en la cara. Me quedo mirándolo y me dice que se cansó de estar hincado.
- Así que tan fácil te levantas y desobedeces, cabrón – me levanto poco a poco y lo miro fijamente a los ojos - ¿No sabes quien manda aquí, verdad?
- Perdón Angela, perdón, no pude resistir venir a ver – nervioso y empalmado se queda parado mirándome con cara de angustia.
- Veo que estas muy excitado. Pues te va a tocar ver como todos nos divertimos y tú tendrás que servirnos de esclavo. Serás esclavo de Alejandro, de Romina, de Clara, hasta de Flavio, y yo te tendré que azotar que humillar frente a todos para que no se te ocurra volver a desobedecerme.
Cuando los demás vieron a Pablo escuchando mis palabras todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo para ponerse a mirar lo que vendría.
Es mi primer relato. Quiero saber tu opinión, también si quieres conocer la continuación. Escríbeme.
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