Xtories

Esposa madura pillada follando con otro

Maribel sabía que su marido no volvería a tiempo. Sabía que él creía tener el control de su vida y su cuerpo. Pero esa tarde, la puerta se abrió de par en par y el destino, vestido de lencería morada, esperaba al joven que la miraba con hambre.

Valenciano40K vistas9.0· 22 votos

En este tiempo he observado varios tipos de situaciones, llegando a unas conclusiones en las que, seguro que no muchos estarán de acuerdo, pero las voy a escribir. Los hombres por lo general creen que sus novias, parejas, esposas tienen un grado de ingenuidad muy alto y que por eso es fácil engañarlas y que no se enteren. La realidad es bien distinta, es más fácil que una mujer ponga los cuernos y el marido no se entere que, al contrario, que una cosa es que la mujer se haga la tonta y otra que no se entere. Si a esto se le añade que el hombre siempre piensa que su compañera de vida es inmaculada y que jamás le pondría los cuernos, facilitan el engaño. Un rasgo general es que las mujeres, aunque no lo quieran ver los hombres, cuando pasan unos años de convivencia se van sintiendo desatendidas, en otros casos la monotonía come la relación y en otros las dos cosas. Un amigo con muchos años de casado, pero muchos, me decía que la pareja es una carrera estilo maratón, nada de 100 metros lisos. Que en el maratón hay zonas de avituallamiento donde coger agua, glucosa... para poder soportar la carrera y llegar a la meta, pues en la pareja el agua, la glucosa es introducir a un tercero en la pareja, porque revitaliza, rompe la monotonía y divierte.

Porque una cosa es la lealtad y otra la fidelidad. Se puede amar a alguien con locura y por estar con otro no quiere decir que no se ame. De los “cuernos” solo hay que elegir el papel que se quiere jugar. Lo importante es verlo como algo aporta, que suma y no resta. He visto mucha más felicidad, complicidad, entendimiento y amor en parejas que viven el “compartir” que en parejas 100% monógamas. Al principio puede parecer muy difícil, complicado, sobre todo para el hombre que en su fuero interno y aunque no quiera reconocerlo, piensa que es como si perder parte de una propiedad. No hay que controlar, ni pensar en los de fuera, lo que puedan decir, hay que avanzar. Y todo esto viene por lo que me sucedió, por la pillada.

Cuando en la comida vi a Maribel (leer relato anterior) me gusto. No es una mujer diez, ni top model ni nada que se le parezca. Pero tiene algo que les falta a muchas, su mirada, su cara, sus expresiones. Es una mujerona entradita en kilos, belleza que desborda, como he dicho mirada especial, vivaracha y juguetona, de esas miradas que te miran y te están follando con la vista. Cuando me llamó invitándome a tomar café a las cuatro de la tarde y anunciándome que su marido estaría de viaje, blanco y en botella. Ya había recopilado información sobre ella y había una cosa que me gustaba, para nadie resultaba indiferente, o era una bellísima persona o era simplemente una hija de puta. Lo importante es que DONDE HAY LOZANÍA HAY ALEGRIA y con Maribel sucedía eso. Pero además en eso coincidían todos que era muy mandona, con mucho carácter, dominante y las malas lenguas decían que al marido lo puteaba como a nadie. Por eso quise saber un poco más de su marido y buceé por Google. Su aspecto físico era normal, solo con una caída considerable de pelo y profesionalmente estaba bien posicionado.

Ahora empezaba a lucubrar como iría vestida y como seria su recibimiento. Mi lucubración me llevo a que me recibiría con un vestuario de seducción, pero sin exagerar y que no me pondría palos en las ruedas dejándome llevar la iniciativa. Como llegue antes de lo previsto, me di una vuelta hasta que fue la hora, entonces llame y se abrió sin preguntarme nadie nada, supongo que porque era un video portero. Llego a la planta y la puerta está abierta, para ser más exactos entornada, se abre sin verse a nadie. Entro y de momento no he acertado, porque Maribel me ha recibido tapándose con la puerta, en ropa interior, lentecería de color morado, una diminuta braguita que tapaba poco por delante y nada por detrás. Un sujetador trasparente que le costaba sujetar las dos tetazas que tenía, los pezones eran enormes en todos los sentidos. Medias hasta un poco más arriba de la mitad del muslo y una bata trasparente que le llegaba hasta los tobillos, sujeta con un solo enganche, porque no se veía botón. Mi rabo nada más verla ya se puso firmes. Ahora me daba cuenta de que estaba menos gordita de lo que me había parecido, estaba robusta. Me dice que la siga y es cuando veo el culazo que tiene, está pidiendo a gritos que se lo castiguen en todos los sentidos, se sienta enfrente de mí, cruza las piernas y me está costando no tirarme encima de ella, sirve unas copitas de alcohol y quiere hablar conmigo.

- No pienses que esto de invitar a hombres a mi casa a tomar café es algo habitual en mí, porque en esta casa sin estar mi marido no entra nadie del sexo masculino. - No pienso en eso, es más me da igual. - Supongo que querrás saber porque he hecho una excepción contigo y el motivo. - No te molestes, pero la verdad es que no. - Da igual te lo voy a decir, mi marido es un poco indolente, blando, no sé cómo decirlo para que me entiendas. - Déjame a ver si lo entiendo. Tu marido te tiene desatendida, apenas folláis y me da que las veces que lo hacéis te quedas a la luna de Valencia. - Eres directo y sin pelos en la lengua, pero básicamente sí, es eso. Qué opinas? - Que te entiendo, que tú eres demasiado puta para estar a dos velas, que tu marido no lo quiere entender y necesitas que alguien te folle en condiciones como mereces. Si lo vi en tu cara, por eso me gustaste. - No soy ninguna puta, eso me ofende y no me gusta que vayas por ahí. (muy ofendida) - Si me he equivocado, entonces no debo de estar aquí, porque he venido a follarme a la puta que vi con mis ojos, rebosando necesidad de ser follada y mi rabo también se ha equivocado, porque está a punto de reventar.

Sabía que no me había equivocado y su mirada me lo refrendaba. En ese momento lo que hice fue la prueba del algodón, porque si no se es tan puta como pensaba, no me hubiera recibido de esa manera. Me desabrocho el pantalón, lo bajó un poco y dejo mi rabo a su vista. No dice nada, solo mira y no puede evitar morderse el labio inferior. Es cuando le digo —vamos putita ven a comer este rabo que a los dos nos hace mucha falta, pero quítate el sujetador y ven a gatas que vea esas tetas que me voy a comer bamboleando— pone una sonrisa de perversión, se quita el sujetador, sus tetas están un poco caídas, pero lo que me fascinan son sus pezones, anchos, largos y gordos. Viene como le he dicho, despacio y mirándome, ya se le han ido las tonterías. Agarra mi rabo con las dos manos y sobresale de ellas, empieza a lamer el capullo, parece que se come un helado. Le pregunto —que diría tu marido si te viera comiendo este “helado”— se lo mete por primera en la boca y bastante, hace varias entradas y salidas, se lo saca y me dice con su sonrisa y voz de zorra —Ricardo me diría pues que soy una puta infiel como mínimo— se vuelve a meter mi rabo en su boca y me hace una garganta profunda. Que placer más grande me está dando.

Si hay algo que me pone cachondo a mas no poder, son las mujeres que son muy zorras y que no se cortan, que llevan iniciativa. Quiero comerme su coño, pero ella me dice que necesita algo dentro de su coño, que no aguanta más. Me levanto me quito los pantalones y me colocó un condón, se coloca encima de mis piernas, abre las suyas bien, agarra mi rabo y se lo coloca en la entrada, me dice que la deje a ella sola, se mete la puntita, se sale un poco, vuelve a meterse un poco más de rabo, se sale, esta “jugando” un rato, hasta que de una embestida le meto todo el rabo, —QUE MAMOMANZO QUE ERES, como lo estoy notando, que barbaridad, QUÉ GUSTAZO MADRE MÍA— se movía con suavidad, giraba sus caderas como un péndulo, dándome un placer extraordinario. Me gustaba ver como ella misma se comía sus pezones, lo hacía guarramente, estábamos los dos en el máximo apogeo del placer cuando oigo la voz entrecortada, pero de enfado de un tío que dice —¡QUE COJONES ES ESTO¡?— pregunta de lo más absurda que se puede hacer.

Es Ricardo el marido, que va todo trajeado y con una maleta de viaje. Si la pregunta era tonta, la respuesta era de lo más inaudita y como si fuera un chiste —Ricardo NO ES LO QUÉ PARECE, no te amontones que todo tiene una explicación— no me quería reír, pero era para reírse, pero me contenía porque a él le caía una lagrima y se estaba conteniendo para no llorar. A todo esto, ella no se había quitado de encima y con más suavidad seguía moviéndose. Ricardo... —no me amontonaré, pero ya me dirás que explicación me puedes dar a estar desnuda encima de un joven que también esta desnudo, estáis en nuestra cama y me estás siendo infiel, poniéndome como un ciervo, que es lo que no parece, que eres una ¡PUTA!?— no me podía creer lo que pasaba, pero mucho menos el diálogo tan civilizado y las tonterías que se decían y se preguntaban. Maribel no se rendía y si él era medio lelo ella era muy descarada y su desfachatez no tenía límites —Ricardo es que técnicamente no te soy infiel y de cuernos nada. Ya te dije y te avise que, si no te espabilabas en la cama, en el momento que encontrara alguien que me atrajera y fuera recíproco pasaría esto, pues llego ese día y cuernos no son, porque tienes la libertad de quedarte, de verlo y... lo que sea— Ricardo como si le hubiesen vencido solo dijo —COOOOÑO MARIBEL... creía que lo decías en broma—

Se quedó callado y se limpiaba esas incipientes lágrimas. Maribel reinicia el ritmo de follada y su marido mira alucinado, creo que esperaba que ella se hubiese levantado y ahora le está mirando directamente a él y le dice con voz muy sensual —fíjate si te he respetado, que sabes que no me gustan los condones, que me gusta sin nada y lo estamos haciendo con protección— no me podía creer que alguien tuviera tanto morro. Pero no se queda conforme y le dice —pero no quiero que sufras, si no quieres verme pues vete que ahora salimos y si te quieres quedar, desnúdate y olvídate de todo— se levanta y se va. Ella me mira sonriendo, con la sonrisa más malévola que he visto nunca y me hace gestos de que volverá. Efectivamente regresa y desnudo, Maribel pone sonrisa de satisfacción y me folla más agresivamente, hace que su marido se ponga apoyado en la cabecera de la cama y es cuando le dice —siempre te he dicho que tienes una pollita bonita, pero pollita, ya verás lo que tiene Pelayo, esto sí que es una polla en condiciones— es cuando la ver que todo está bien, aparto a Maribel que me mira extrañada.

La muevo con facilidad, le digo —ponte a cuatro patas, que tu marido vea la cara de zorra que se te va a poner poniéndole los cuernos— ahora miro a su marido que me está mirando el rabo y ella que se da cuenta le dice —sin protección se ve mejor, quieres ver la polla mejor?— él no contesta y ella me quita el condón, la agarra con deseo y le dice —reconócelo, es muy bonita y fíjate esta vena que le recorre la polla es casi del tamaño de tu polla— le meto el rabo sin preguntar más y ella suelta un ligero chillido y ahora azoto el culo de su mujer, a él se le queda la boca abierta viendo como azoto a su mujer, pero mucho más viendo como su mujer lo recibe con placer. Cada “viaje” que le doy la acerca más a su marido, que la tiene de frente y puede ver su cara que, si es como la que pone el, los dos estarán contentos. No se atreve a tocarse has que le digo —vamos Ricardo, no seas lelo, aprovecha tus cuernos y libérate, hazte una paja para que la puta de tu mujer vea lo cornudo que puedes ser— no me hace caso de inmediato pero un poco después se hace una paja en los morros de su mujer. Maribel le dice —ni se te ocurra correrte mamonazo, que quiero que tú también me llenes—

Maribel nos indica con sus gritos, espasmos que está a punto de correrse y nos corremos los dos a la vez. Se queda tumbada boca abajo y dice —esto si es follar, esto si es correrse... MENUDO POLVAZO, Ricardo ahora tú, ponte encima— Ricardo se pone encima de ella y la folla estando tumbada boca abajo y le pregunta a su marido —como te mueves, veo que te gusta llenarte de la corrida de Pelayo, pues sigue y lléname tu también, que morboso, me pone a cien— Ricardo no tarda nada en correrse lo sustancial es que se corre gritando —AAHH ¡PUTA! AAHH ¡PUTA! AAHH ¡PUTA! AAHH ¡PUUUUUUUUTA!— y se quedó quieto sobre su espalda.

Maribel se menea un poco para que él se quite de encima. Su marido que esta con un hilo de voz quiere saber si es su primera vez como cornudo y la respuesta que ella le dio me hizo creerla —para tu alivio es la primera vez, porque ningún hombre ni ninguna mujer se han atrevido a acercarse a mí, que por lo que se ve debió de dar miedo, a excepción de Pelayo que comprendió mis necesidades nada más verme— eso parece que le dio un poco de alivio. Lo siguiente fue irnos a dar una ducha rápida o eso era mi intención. Maribel le dijo a su marido que siguiera descansando, se vino conmigo al balo, nos metimos juntos en la minúscula ducha y nos empezamos a meter mano, consiguiendo que mi razón se levantase en armas. Tenía en una balda de la ducha bote de crema para la piel y me lo dio diciéndome a ver si sabía para que servía. Me eché en una mano y empecé a ponérselo en el culo. Poco después apuntaba con mi rabo a la entrada de su culo y poco después, ella empezaba a suspirar con profundidad, a irme indicando la fuerza con que tenía que ir entrando y en cuanto se despisto, mi rabo entro hasta el fondo de su culo.

Ricardo entro al escuchar parte de los alaridos que empezaba a dar Maribel, mi rabo rellenaba el culo de su mujer y esta solo gritaba pidiendo que fuera más deprisa. Ricardo nos decía —porque lo veo, si no diría que era imposible que todo ese pedazo de carne entrara en el culo de mi mujer— me aguante la risa diciendo —pues sabía que el entraría esto y más, solo las que son muy putas saben recibir un rabo como el mío— nos corrimos, me salgo de ella y se queda inclinada, Ricardo al verla por detrás dice —como te han dejado abierto el ojete, madre mía— su mujer no dice nada, pero tiene una sonrisa de felicidad. Estuvimos follando unas veces solos y otras en presencia de su marido hasta la una de la madrugada, que ella decía —quería agotarte, pero me has dejado echa unos zorros, estoy para el arrastre, pero muy feliz— comprendí que era hora de despedirme y en mi despedida les dije que cuando quisieran podíamos vernos de nuevo, Ricardo me dijo —es algo que lo veo difícil— y ella al terminar el replico —ya te digo yo que sí, es que este todavía no se ha adaptado a que es mi cornudo, pero en poco tiempo le pongo en onda— y ella se quedó en la cama y el me acompañó a la puerta, diciendo algo muy significativo y encogiendo los hombros —las mujeres son las que mandan y si no es que no son mujeres—