Un encuentro inesperado y ansiado 21
No es solo su Ama quien decide su destino. Cuando la señora Mónica toma la correa, la narradora comprende que su cuerpo ya no le pertenece solo a una, sino a un juego donde el dolor y la obediencia se entrelazan sin piedad.
Realmente te diré que sueño con ese día.
¿Quieres un cigarrillo Mónica?
Si claro.
Les di a cada una su cigarrillo y me puse entre ambas con mi boca abierta esperando ser usado como su cenicero. Ellas fumaban y llenaban mi boca de ceniza.
Hay otra cuestión que te quiero enseñar.
Perra enséñale la marca y el collar.
Primero me levanté mostrándole la marca que me había hecho mi Ama con su cigarrillo. Después me arrodillé y le enseñé el collar con la placa grabada.
Que pronto le has hecho una marca. Pero has pensado en otro tipo de Mara más duradera.
Lo he estado pensando pero aún no me he decidido. ¿Se te ocurre a ti alguna?
Pues conozco un tatuador que también hace perforaciones. Es muy serio y sus medidas de higiene y seguridad son muy buenas.
Dame su dirección.
No es necesario puedo llamarlo y preguntarle. También va a los domicilios si lo deseas.
Eso es fabuloso. Llámalo.
Me pregunta si quieres que pase esta tarde y habláis sobre lo que quieres hacerle a tu perra.
Sería genial. ¿A qué hora puede pasar?
Dice que en cuanto cierre el estudio vendrá. Ya le he dado tu dirección. Y… ¿ me dejas que disfrute un poco de ella?
Está bien te lo has ganado. Te gustaría que fuéramos a la “habitación”.
Paula como no me va a gustar.
Bien. Perra acompáñanos.
Me quedé mirando a mi Ama. Creía que no iba a permitir que nadie más que ella me utilizara. Fui tras ellas. Era mi Ama la que tiraba de la correa. Al llegar abrió la habitación y pasamos dentro.
¿Puedo atarlo a la cruz?
Lo que quieras.
La señora Mónica me mandó desnudar. Le tomó la correa a mi Ama y me llevó hasta la cruz pero la que estaba sobre una plataforma giratoria. Me esposó de manos y pies. Mientras, mi Ama salió de la habitación para vestirse como a ella le gustaba y luego volver y sentarse cruzando sus piernas y encendiendo otro cigarrillo.
Me gusta tenerlo así.
La señora Mónica giró la plataforma para extraerme el plug. Lo dejó en la mesa y cogiendo unos succionadores de pezones los fijó en cada uno de ellos. El dolor era fuerte al tenerlos quemados por el cigarro de mi Ama.
Juguemos Paula a ver quien se los quita antes usando el látigo largo. ¿Te apetece?
Mi perra, que opinas tú.
Mi Ama si a usted le apetece y le atrae ya sabe que estoy aquí para servirle en sus gustos.
Está bien Mónica pero le taparé los ojos, quiero que sienta cada latigazo sin saber cuando le va a dar.
Me puso una anteojera que impedía cualquier visión.
Empiezas tú o yo, Paula.
Esperaba escuchar una respuesta pero lo que escuché fue el látigo en mi pecho. Así estuvieron sin cesar hasta que escuché como mi Ama Paula celebraba el haber sido ella quien me arrancara de los pezones los succionadores.
Están llamando a la puerta.
Iré yo que le conozco.
Al rato escuché la voz del conocido de Mónica fuera de la habitación ya que habían dejado la puerta abierta.
Sentémonos y hablemos. Yo quisiera marcarle de una forma duradera en el tiempo. No he pensado en una forma concreta, por eso le ha llamado Mónica.
Pues hay muchas formas. Desde la marca a fuego hasta un tatuaje pasando por el anillado.
A fuego creo que por ahora es algo demasiado fuerte. Más adelante puede ser que lo haga. Me inclino por el tatuaje.
¿Dónde sería?
Me gustaría uno en el culo y otro en el pubis.
Muy bien pues cuando quieras Mónica sabe dónde está mi estudio.
Gracias por venir. Pronto nos veremos. Adiós, Mónica te acompañará.
Mi Ama entró en la habitación y acercándose a mi me preguntó.
¿Lo has escuchado?
He decidido que voy a marcarte de una forma permanente.
¿Lo hará con fuego, mi Ama?
Ja, ja, ja te has asustado al oírlo, ¿verdad? ¿Y si lo hubiera decidido?
Si fuera su deseo lo aceptaría no lo dude aunque temblaría solo de pensarlo.
Puede que algún día te haga marcar a fuego. Pero por ahora será con un tatuaje.
Gracias mi Ama
Mónica llegó a la habitación, lo supe por su voz ya que aún estaba con los ojos tapados. De pronto hubo un silencio largo. No sabía que estarían haciendo. Sentí unas manos que anudaban un cordón alrededor de mis genitales para después tirar de ellos. ¿Serían las manos de mi Ama? Otras manos me cogían por la cadera. Era todo muy morboso al sentirlo sin poder verles. En ese pensamiento estaba cuando noté como algo penetraba mi culo de una forma rápida y sin miramientos.
Agggg mi Ama, me dijo que sería todo de forma lenta, despacio, siguiendo el tratamiento.
Una mano tapó mi boca mientras ese objeto entraba y salía de mi culo sin cesar.
Al cabo de un buen rato escuché un grito similar al que mi Ama emitía tras alcanzar su orgasmo, pero no estaba seguro de quien procedía. Unas manos quitaron la anteojera de mis ojos. Lo primero que vi fue a mi Ama.
Lo siento mucho mi Ama, perdóneme por favor. Ha sido tan de repente que no me he sabido controlar.
No te preocupes eso lo podremos solucionar más tarde, a solas. Ahora míranos.
Se sentó junto a Mónica y se fumaron un cigarrillo mientras yo seguía atado a la cruz. Desde allí pude ver que en la mesa había un arnés doble lo cual me hacía entender el porqué de ese grito tan fuerte. Quien hubiera usado ese arnés había tenido un orgasmo a la vez que me follaba. ¿Había sido mi Ama o Mónica? Las miré fijamente a las dos con el fin de saber quien de las dos había sido.
¿Te ha gustado, perra?, me preguntó mi Ama. Le respondí con otra pregunta.
Mí Ama, ¿ha disfrutado usted?
Si, mucho mi perra.
Entonces yo también.
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