La tapia (2)
Fue solo un segundo de descuido, pero bastó para que dos miradas jóvenes la atraparan en el acto. Ahora, la tapia ya no es suficiente para esconder el deseo; la invitación a subir a casa es la única forma de cerrar la puerta al escándalo y abrirse al placer prohibido.
Abrí los ojos mientras me besaba y observe con estupor, que desde un edificio cercano nos observaban descaradamente un par de chicos de unos 16 años, como pude me separé de él y le dije… " Tenemos público, será mejor que nos vayamos, ¿me acompañas a casa?" a él le costó separarse de mi, pero asintió con la cabeza y me dijo resignadamente… " Será lo mejor"
Dimos la vuelta a la tapia, y nos dirigimos a su coche, al ponerlo en marcha su mano rozó intencionadamente mi muslo, mientras me guiñaba el ojo con picardía y me lanzaba una sonrisa diabólica, fue en ese instante cuando lo supe, supe que le invitaría a subir a mi casa con cualquier excusa.
En el trayecto sopesé la pequeña posibilidad de que él se negara a subir, pero cuando recordé sus besos, sus manos, su lengua, deseché rápidamente esa opción, además me dio tiempo a encontrar la excusa perfecta, devolverle el cd que me había prestado unos días antes.
Llegamos y detuvo su coche muy cerca de mi casa, sin estacionarlo, esperando que yo me bajara, yo le dije... "Aparca y sube conmigo, tienes que recoger tu cd" él me miró con los ojos ligeramente entrecerrados, mientras en su subconsciente analizaba la situación, después de unos segundos interminables añadió… "¿Tu sabes lo que me estás pidiendo?...¿Estás segura?... yo le mire de frente, abiertamente, al tiempo que le decía con absoluta franqueza… "Segura no, segurísima"
Él aparcó el coche, bajamos y nos dirigimos hacia mi casa, una vez allí le conduje al salón, donde están todos los cd’s, puse música y le pregunté si le apetecía tomar algo, me excitó que me dijera… "Si, a ti"
A pesar de mi aparente seguridad en mi misma, temía el momento de que me desnudara... me asustaba pensar que mi ropa interior (de un blanco virginal) no le gustara, me sentía un poco infantil, y me recriminé por no haberme puesto el sexy conjunto negro, pero... sorprendentemente... cuando descubrió mi tanga y mi corpiño blanco, sus ojos se iluminaron con un brillo perverso, la verdad es que me sentaba muy bien, se ceñía a mi cintura y envolvía mis caderas, con delicadeza, como un guante de seda, además al ser tan blanco, destacaba el tono moreno de color miel que tiene mi piel.
Al verle tan entusiasmado con mi aspecto le mentí diciéndole con picardía que me había vestido así para él, y me encantó su respuesta, acercándose a mi oído me dijo susurrando... "Aunque seas una mentirosa es un placer para mis ojos verte vestida así, y será un placer para mis manos, desnudarte" yo… ronroneando... me apreté más a él.
Sus manos volaron sobre mí, dibujando caricias por todo mi cuerpo, sus labios besaron todos y cada uno de los poros de mi piel, su sexo duro y desafiante se acercó buscando el mío, mis piernas abrazaron su cintura deseando atraparlo, deseando sentirlo dentro.
Él se introdujo en mi cuerpo con mucha lentitud, llenándome por completo, marcando un ritmo extremadamente lento, mis caderas le seguían al compás, nos movíamos despacio, con calma, disfrutando de cada entrada y cada salida, bebiendo placer, comiéndonos a besos largos y húmedos, devorándonos a besos ardientes que inflamaban nuestro deseo, arrancándonos jadeos, aumentando nuestros gemidos, multiplicando nuestras embestidas, haciéndonos alcanzar al fin, un orgasmo interminable y salvaje.
Al acabar no se movió, se quedó dentro de mí, regalándome besos y caricias repletas de ternura, por supuesto yo también le regalé palabras de amor, de una infinita dulzura...
Lo pasamos tan maravillosamente bien, que se olvidó de llevarse el cd, es una lástima… tendrá que volver otro día…
(y todo eso porque no sonó el maldito despertador)
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