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Vuelo 69... Siempre nos quedará París (Capítulo 4)

El vuelo a París promete ser diferente. Mientras su esposa se desnuda de sus inhibiciones en la primera clase, Fran descubre que la tripulante no espera a aterrizar para hacer lo propio. En un espacio reducido y prohibido, la disciplina se rompe y el deseo toma el control.

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Vuelo 69... Siempre nos quedará París

CAPÍTULO 4 – Plan de vuelo

-Fran-

Mario y yo comprobábamos como siempre el protocolo para el despegue, con el consiguiente checklist con repaso a todo el panel, flaps, frenos, combustible, etc... además de confirmar con la torre, los datos de la inspección prevuelo.

- ¿Has visto a la secretaria de estado, Fran? - me comentó mi ayudante mientras seguíamos chequeando el panel.

- Sí, está impresionante con ese vestido negro, aunque parece una mujer algo distante, muy seria. - dije.

- ¿Tú crees? Yo creo que esta es de las que le va la marcha y se folla a todos, vamos, que te deja seco.

Por un instante recordé aquella conversación entre ella y Sonia.

- Bueno, Mario, tú siempre pensando en lo mismo. Ella es una mujer casada. - le comenté a mi ayudante.

- Uf, las peores... - dijo riendo.

- No todas las mujeres son así - respondí algo serio.

- ¿Estás seguro?

Inmediatamente pensé en Marta y desde luego mi esposa no era ni de lejos una mujer que se fuera con cualquiera, pero para Mario y su juventud, seguro que pensaba que podría follarse a cualquiera. Así pensaba yo a su edad.

Aunque ese joven copiloto siempre estaba con la testosterona disparada, yo tampoco le andaba a la zaga y lo cierto es que esa mujer resultaba muy atrayente, desde que había podido verla en el hall de la terminal, con su belleza de porte elegante, tan bien cincelada, con unos pechos rotundos, tan bien puestos y luego sabiendo que ella me había elegido a mí, entre mis compañeros pilotos, daba pie a que yo le gustaba y bastante, pero claro, eso no significaba nada... una cosa es desear y otra es actuar. Yo era un hombre felizmente casado, no podría ir más allá de un coqueteo, pero, en fin, ¿a quién no le gusta agradar? más sabiendo que es a una mujer distinguida, importante y muy bonita. Que se fijen en uno así, siempre te eleva la autoestima.

Sin embargo, sin borrar de mi mente a esa espectacular mujer, yo quería volver a pensar en Marta y en el antológico polvo que habíamos echado esa misma noche... y a pesar de que tuve que ponerme el último condón que nos quedaba en el cajón de la mesita, había sido memorable, pues mi mujer estaba desatada, además de sorprenderme cuando se presentó en el dormitorio con un conjunto de lencería que acababa de comprarse... ni el color, ni la forma, ni el tamaño de esas piezas cubriendo su monumental cuerpo eran de lejos parecidas a lo que ella suele usar... casi me caigo de espaldas al verla, pues ella evidentemente nunca se pone cosas así y menos se muestra tan efusiva, excitada hablándome del viaje, que dijo que le estaba empezando a nublar la mente... yo estaba encantado, claro, sin terminar de reconocer a mi esposa, en una faceta inédita, ni tampoco a su coño, que se había arreglado de una forma como pocas veces, dejando su pubis bien perfilado, con una tira de un mechoncito negro sobre su pubis y debajo resaltaban sus grandes labios vaginales, más visibles que nunca.

- ¿Te gusta el conjunto que me he comprado? - recordaba esas palabras de Marta, meneando las caderas de una forma juguetona como nunca, mientras yo la miraba embobado. ¡Qué maravilla de mujer tengo!

- Estás irreconocible y muy sensual, excitante y preciosa en conjunto- fue mi susurro agarrado a su cintura.

Realmente me sentí turbado con aquel polvo memorable de esa noche y de encontrar a mi mujer tan lanzada y atrevida pues no era el comportamiento normal que tenía en nuestras relaciones sexuales. Y lo primero que pensé fue: “me han cambiado de mujer”.

Recuerdo cómo me acerqué a ella como un lobo hambriento, abarcándola entre mis brazos y cómo mis manos agarraron ambos glúteos apretándolos mientras mis labios rozaban su cuello que desprendía un perfume embriagador. Yo estaba totalmente desbocado y fue ella la que me había puesto los pies sobre la tierra.

- Tranquilo Fran, sabes que no podemos hacer nada sin preservativo.

Separándose de mí abrió el cajón de la mesilla, ofreciéndome ese culazo en el que se metía la tira del tanga entre sus glúteos y sacó el último condón que nos quedaba, mientras me miraba rompió el envoltorio con sus dientes, como una niña traviesa y sacándolo se acercó a mí y empezó a masajearme la polla mientras nos besábamos, que ante la situación rápidamente empezó a engordar entre sus dedos, lo puso en la punta de mi polla y fue desenvolviéndolo a lo largo de mi tronco, hasta llegar a la base del mismo, sus dedos lo estiraron convirtiéndose en una segunda piel de mi vástago.

- ¡Uf, Marta! - resoplaba yo.

Fue ponerme el globito y follar durante un rato, escucharla gemir como nunca, sentados en la cama... ella sobre mí, en una postura insólita y sintiendo como su coño atrapaba mi polla como nunca, hasta sacarme hasta la última gota que llenó por completo el depósito del preservativo.

Pero mayor fue mi sorpresa todavía, cuando desenrolló el condón y cogiéndolo entre sus dedos lo vació sobre sus enormes pechos corriendo mi leche desparramada como el agua de un rio buscando su desembocadura. Sus manos empezaron a masajear sus pechos blanqueándolos y posteriormente pasando sus dedos por sus labios degustándolo. Yo la miraba incrédulo, mientras me guiñaba un ojo lleno de complicidad. Aquella mujer tan ardiente no parecía Marta... mi Marta.

Todavía notaba mi polla palpitante recordando ese polvo y después de que ella me prometiese que en Paris volveríamos a repetirlo. ¿Realmente ese viaje nos había transformado a todos?

Lo primero que pensé es que en la terminal del aeropuerto de Paris tenía que comprar unos condones, pues no podía perderme una oportunidad como esa, más teniendo a tanta mujer en ese avión que despertaba todos mis instintos... esa noche lo iba a dar todo con Marta. ¿Se comportaría ella de igual modo que la noche anterior?

- ¿Ya están todos abordo? - le pregunté a Marcos viendo que habíamos acabado el chequeo.

- Todo listo, Fran.

El avión que me habían asignado era un Falcon 900, que había sido comprado por la empresa al ejército, con capacidad para 20 pasajeros. Revisé la lista del pasaje, comprobando que aparte de la tripulación, viajaban mi mujer y mi hija así como la secretaria de estado con sus dos guardaespaldas, por otro lado, el director de la empresa farmacéutica Pedro Sánchez, un hombre de unos 65 años barrigón, su mujer Sandra de unos 50 años, rubia platino total, muy parlanchina, todo lo contrario que su marido, quizá para contrarrestar el aburrimiento de estar con ese hombre, que poco caso debía hacer a su mujer y parecía más atento al culo de Sonia cada vez que pasaba a su lado y a la conversación que mantenía “muy amigablemente” con su empleada, Isabel, que hacía las funciones de coordinadora por parte de la farmacéutica, como secretaría general de la empresa. Por cierto, aquella mujer también era arrebatadora, aparentaba unos 37 o 38 a simple vista, alta, pelirroja, muy simpática, pero que de vez en cuando cruzaba alguna mirada de complicidad con su jefe e incluso conmigo. Lo noté desde el primero momento en el que subió abordo. Creo que ciertamente este viaje a París se veía bien distinto a otros muchos que había realizado, no sé exactamente por qué, pero todas las mujeres me atraían más de lo normal y, además, en sus gestos, en sus miradas, parecía recibir un feed-back de su parte, al menos eso me transmitía mi calenturienta mente.

Una vez acomodados todos los pasajeros, y darnos permiso de despegue desde la torre de control pusimos en marcha los motores y nos encaminamos al área de despegue.

- Vuelo 69 listo - fueron mis palabras a la torre de control.

Iniciamos el despegue y en pocos momentos ya estábamos en el aire, después de dar la bienvenida al pasaje y comentar la duración del viaje que sería aproximadamente de dos horas, estabilizamos el avión a una altura de 14000 pies.

- Todo despejado y sin apreciación de turbulencias en el trayecto- me observó Marcos

- Perfecto – le respondí

En esos momentos entró Sonia, para informarnos que iba proceder a dar un refrigerio al pasaje, con esa sonrisa que pone nervioso a cualquiera y una mirada leonina capaz de desarmarte. Sin duda, Sonia despertaba pasiones y así lo noté cuando abandonó la cabina, puerta tras de sí, escuchando a Marcos con su sonrisa más expresiva.

- Joder, yo no entiendo que hace esta mujer con el barrigón de marido que tiene.

- Bueno, se conocen hace mucho tiempo... - mentí pues era cierto que no pegaban ni con cola.

- Vamos Fran, desde luego será por el status que le permite mantener, porque no me imagino al jefe follando con esta hembra cuando se vuelva desbocada.

- ¡Siempre estás pensando en lo mismo! Como se nota que eres joven y tienes la adrenalina a tope. - exclamé mirando a Marcos sin poder evitar igualmente una sonrisa.

- Será que tú no la tienes......¡vamos Fran, que nos conocemos! - dijo mi ayudante volviendo la vista a los instrumentos para comprobar altura y marcaciones de presión de aceite y combustible.

- ¿A qué te refieres? - pregunté.

- Bueno, no hay más que ver cómo miras a Sonia, pero es normal, cualquier hombre... incluido yo, que también me la como con la mirada... y porque no me ha dado pie nunca, pero no sé tú, yo me la follaba ahora mismo.

- ¡Qué bruto eres!

- ¿Tú no te la follabas?

- Hombre, Marcos... que está mi mujer ahí atrás.

- No digo eso... pero no puedes negar que lo piensas.

Aunque intenté mantener la compostura reconozco tenía razón, incluso algunas veces follando con Marta llegué a imaginarme a Sonia cabalgando sobre mi gimiendo como una gata en celo y no debía ser el único de la compañía seguramente en fantasear con semejante mujer y como decía Marcos, era incomprensible que fuera la esposa de Mario, un tipo algo desdeñado y poco agraciado en todos los sentidos, salvo que era el dueño de la empresa, claro.

- Te dejo al mando, voy a ver como se encuentra el pasaje, que no quiero ninguna queja- señalé a mi ayudante.

- Ok. Tranquilo, jefe. - me respondió.

Comprobé a través del pasillo que todos estaban bien acomodados, primero me acerqué a la delegada del gobierno, para preguntarle si tenía necesidad de algo. Ella estaba en una fila de asientos sentada sola, totalmente concentrada en su portátil, mientras justo detrás de ella los dos guardaespaldas charlaban amigablemente.

Me fijé en el vestido negro suelto que llevaba y que le sentaba espectacularmente, al tener las piernas cruzadas ese vestido se le había deslizado hacia arriba mostrando un hermoso muslo y no pude evitar mi vista se desviase a esas piernas de mujer realmente impresionantes y morenas de tomar bastante el sol.

- Hola, Raquel. ¿Todo bien? - le pregunté.

Esa mujer levantó su vista hacia mí y me escaneó de arriba abajo, mientras yo también aprovechaba para mirar su bello rostro. Llevaba unas gafas de pasta negra, que la hacían todavía más sexy con ese pelo recogido con un pequeño lazo.

- Muchas gracias, Fran, todo perfecto de momento – su voz sonaba firme, pero quiso sujetarme la mirada, sabiendo que el comandante de la aeronave podía sucumbir.

Siempre me he preguntado lo que tendría que lidiar una mujer como esa en negociaciones casi siempre con hombres, que se la comerían con la mirada y ella debía mantener su postura más seria y firme.

- De acuerdo, ante cualquier necesidad, ya sabe que estamos a su disposición y está Sonia para lo que disponga - no dude en preguntarle sin quitar la vista de esas piernas cruzadas.

- Muchas gracias- desviando la mirada con una sonrisa que me pareció pícara hacia la auxiliar de vuelo que estaba sirviendo bebidas y canapés a los restantes miembros del pasaje y luego a mí, pillándome de lleno en mi escaneo a sus piernas.

Después avancé por el pasillo y me acerqué al lugar donde estaban Marta y María para preguntarles que tal se encontraban.

- Muy bien, cariño... este viaje resulta excitante. - dijo mi esposa sorprendiéndome de nuevo con tanto cambio en su actitud.

- Me alegro.

- Papá, ¿quién es esa mujer con la que hablabas? - me preguntó mi hija sin desviar la mirada de Raquel, con la que acababa de hablar.

- ¿Ella? Es la representante del gobierno, que va a asistir a las reuniones, una mujer bastante estricta y dura a la hora de negociar. - le expliqué desviando la mirada hacia Raquel.

- Desde luego que dura la pone - comentó mi hija entre dientes.

- ¿Cómo? -dije a María sin entender a que se refería, a la vez que mi mujer la miró con cara de sorpresa sin entender tampoco que quería decir con eso.

- Que se la ve dura en su expresión- aclaró mi hija mirando a su madre a la vez que intentaba cambiar la expresión de su rostro.

Seguí visitando a los distintos invitados al viaje y saludándolos a la vez, al llegar al fondo del avión observé a Sonia, colocando las bandejas del ágape en el compartimiento habilitado al efecto separado del pasaje por una mampara y una puerta corredera.

- ¿Qué tal Sonia?, ¿todo en orden? - le dije observando de perfil su silueta estilizada remarcada por la camisa blanca que se ajustaba a su cuerpo y que el botón desabrochado de arriba hacía vislumbrar su sujetador de color negro que según respiraba marcaba más su pecho contra la camisa.

Ella también debió notar mi vista dirigida a ese lugar, porque cuando levanté la mirada me encontré con su sonrisa.

- Todo bien Fran.

- Me alegro, Sonia.

- Por cierto, tus chicas están encantadas con este viaje. Qué bueno que hayan podido venir, se las ve animadísimas.

- Sí, sobre todo me ha sorprendido Marta. Está desconocida y creo que en parte gracias a ti.

- Bueno, sabes que soy muy buena convenciendo y tu mujer tiene un gran potencial que tiene que saber cómo explotar. - añadió dibujando el contorno del sostén que asomaba en su canalillo.

Simulé una sonrisa, pero disimulé lo que pude, aunque ella iba a saco, como casi siempre, y para colmo yo venía con el recuerdo de esa noche tórrida con mi esposa, por lo que no ayudaba nada para que mi polla fuera pidiendo guerra.

- ¿El resto del pasaje? - le pregunté queriendo desviar el tema.

- Bien, todos, bueno, un poco exigente es el director de la empresa, que si tráeme esto y tráeme lo otro- me respondió con una sonrisa que hacía relucir su dentadura blanca.

- ¿Pedro? Bueno, por lo poco que he visto, yo creo que lo que intenta es verte de cerca – le dije con una sonrisa un poco socarrona.

- ¿Ah sí? ¿Eso es lo que intentas hacer tú ahora? - su mirada quedó clavada en mis ojos con un aire de complicidad que me desarmó, volviéndome a pillar con mis ojos en sus tetas.

Tardé en reaccionar, ante esa mirada de Sonia, mezcla de perversa y juguetona

- Yo......yo no, sólo venía a ver como transcurría el viaje- mi voz levemente tartamudeó sin saber dónde mirar y sintiéndome profundamente imantado por la atracción de esa mujer y creo que esa vez más que nunca, a pesar de los vuelos que habíamos hecho juntos.

- ¿Estás seguro, Fran? - su mirada felina de ojos grandes me absorbían a la vez que me hacía la pregunta acercándose a mí de tal forma que el calor de su aliento llegaba a mi cara.

Era realmente complicado mantener el tipo ante esa mirada y esa insinuación cargada de perversidad y aunque siempre había intentado mantener la distancia con ella, primeramente, dejándole claro que era un hombre felizmente casado, segundo por ser mi compañera y además porque era nada menos que la mujer de mi jefe.

- Sonia, tengo que volver a la cabina..........- le dije dándome la vuelta, queriendo no tentar al diablo, dispuesto a abrir la compuerta que separaba el compartimento de servicio con el resto del avión.

- Sabes que Marcos se las apaña muy bien sólo pues es muy experto…

- Sí, claro, pero...

- Fran, tú eres el comandante de la aeronave y eres el que decides en todo momento lo más conveniente para este vuelo y sabes que estoy a tus órdenes– me susurró sujetándome del brazo.

Me dí la vuelta para replicarle cuando noté sus labios sobre los míos ante mi sorpresa, incapaz de reaccionar en un principio, pero al notar esa suavidad y cómo humedecía con su lengua mis labios, no tuve más que abrir mi boca ligeramente y encontrarme en una lucha sin tregua de su lengua contra la mía.

Cuando me di cuenta, los dedos de Sonia empezaban a dibujar mi polla sobre el pantalón, palpando la notable dureza, mientras que mis manos, de forma instintiva, se aferraban a su culo por encima de esa ceñida falda de tubo.

- ¡Ay, Fran! - exclamaba ella pegada a mí, con sus pezones marcados bajo la blusa y como si esperara ese momento más que nunca.

- No podemos... - intenté decir, pero esa misma mano que acariciaba mi miembro, estaba soltando el cinturón y abriendo mi bragueta con una habilidad pasmosa.

Cuando me quise dar cuenta, mis pantalones estaban abrigando mis tobillos, al tiempo que la preciosa Sonia, tras mirarme con los ojos vidriosos, se agachaba para atrapar mi polla entre sus dedos y a mecerla sin olvidarse de mis huevos.

- Sonia... yo... Mario... Marta... - pronunciaba nombres sin poder evitar que algunas gotitas aflorasen de mi capullo.

- Sssssh... ahora estamos tú y yo, Fran... Mario estará follando con Clarita.

- ¿Pero?

- Sí, lo sé todo... tranquilo, ya ves que ha perdido el gusto.... y en cuanto a Marta, déjala que ella disfrute también en este viaje y no seas egoísta, que no sea sólo contigo, ¿no crees?

- No, Sonia... Marta no...

Justo cuando iba a decirle a Sonia que mi esposa no sería capaz de tal cosa, primero porque era una mujer muy atrapada en el tiempo, con unos valores religiosos o morales, demasiado tradicionales y lo segundo, que sería incapaz de hacer algo así a mis espaldas, incluso yo mismo, me negaría a engañarla, pero en cambio, ahí estaba yo, con esa boquita pintada de rojo atrapando mi glande, haciéndome estremecer de gusto y más todavía cuando fui viendo como mi dura verga desaparecía dentro de esa boca.

- ¡Uf, Sonia! - dije apoyando mi espalda en la puerta de ese “galley” en donde se preparaban las comidas y bebidas para el pasaje.

- Fran, tienes una polla preciosa. - dijo de pronto ella, sacándola de su boca haciéndola brillar ante sus ojos y yo creo que más que nunca... bueno y es que nunca me la habían chupado así, claro.

- Pero Sonia...

Ella no parecía escucharme y yo tampoco ponía mucho empeño, esa es la verdad y menos cuando de nuevo esos suaves labios volvían a atraparla y a tragar hasta notar como se hinchaban las venas de su cuello y a eso le sumaba un delicado toqueteo de sus uñas en mis huevos.

- ¡Joder! - exclamé yo sin creérmelo.

- ¿Te gusta Fran?... dime la verdad.

- Uf, Sonia, eres tremenda. Nunca había sentido nada igual – y era totalmente cierto.

Esa mujer parecía sentirse halagada y se esmeró en chupármela, pero muy hábilmente dejó de hacerlo cuando vio que, de seguir así, explotaría en breve y entonces se separó de mí.

- Ahora, es el momento de tu bocado. - dijo empezando a arremangarse esa falda ceñida y subiéndola por sus muslos adornados con unas medias negras, enganchadas en un coqueto liguero.

- No, Sonia... yo... - intenté explicarle viendo esa maravilla y que yo no estaba dispuesto a comerle el coño.

De pronto ella, logró subir la falda completamente, ofreciéndome su coño totalmente rasurado.

- Pero no llevas braguitas... - dije flipado.

- Claro, así es más fácil - dijo sonriendo y de un salto, con su falda por la cintura sentó su culo sobre la encimera en donde se preparaban los refrigerios, dejando sus piernas abiertas colgando.

No pude resistirme ante ese coño húmedo y abierto, que ella incluso, separaba más con sus dedos, mostrándome el interior rosáceo de ese chochito más que atrapante. Me agaché y empecé a lamerla y disfrutar de ese sabor delicioso, comiéndomelo con todas las ganas y alentado por los gemidos de ella, que intentaba apagar con el dorso de su mano.

- ¡Fóllame, Fran!, ¡quiero sentirte dentro! - exclamó entre jadeos viendo muy cercano su orgasmo.

Me puse en pie y mi polla tiesa quedaba a la altura justa de ese cálido coño. Era demasiada la tentación, aun así, quise poner cordura.

- Sonia, pero yo no...

- ¡Vamos, Fran, fóllame, lo estás deseando! - repitió separando de nuevo esos labios inflamados de su sexo.

- Pero no tengo condón...

- ¿Y quién piensa en eso ahora?

Ella misma tiró de mi polla que contactó de inmediato con ese coño al que rápidamente se fundió entrando con suma facilidad, pues estaba más que lubricada.

- ¡Guau, Sonia! - dije sintiendo mi miembro atrapado en esa estrechez.

- ¡Uf, qué polla tienes, cabronazo!

En ese momento ya no me importaba nada más, empecé a bombear contra ese coño hundiendo mi verga hasta hacerla desaparecer y sintiendo nuestras pelvis chocar incesantemente en un rítmico sonido sublime y maravilloso, nuestras miradas se cruzaban llenas de lujuria y deseo, las puntas de nuestras lenguas se buscaban entrelazando el calor intenso que nos embargaba... no hacía caso ni a que el avión había cambiado de rumbo ni que la luz de ese cubículo se encendía parpadeante con una llamada de mi copiloto, reclamando mi atención en la cabina ante algún cambio o contratiempo, ni siquiera la imagen de mi mujer tan fiel y discreta sabiendo la estaba engañando... solo quería estar dentro de esa preciosa mujer, adentrarme en esos ojos, follarla y besar esa boca de labios rojos, carnosos, suaves, calientes sintiendo al tiempo esos pezones endurecerse entre mis dedos, con media teta fuera de su sostén. Mi polla se sintió envuelta en el calor intenso de su coño y ella misma me apretó el culo corriéndose unos segundos después al notar mis descargas en su interior, con el resto de mi semen escurriéndose por sus piernas...

- Fran, Fran, Fran... - repetía esa preciosa mujer....

- Sonia. - dije volviendo a besarla aun con mi polla dentro de ella. Era una delicia.

- Fran, te llaman de cabina. - dijo señalando el interfono que seguía parpadeando.

Ella misma contestó anunciando a Marcos que yo acudiría enseguida y apresuradamente me puse los pantalones y algo sudoroso emprendí la vuelta por el pasillo en dirección a la cabina, por suerte la gente andaba algo distraída y no me prestaron demasiada atención, al menos yo no me atreví a mirar hacia atrás, sobre todo hacia el asiento de Marta.

- ¿Qué ocurre Marcos? - pregunté al llegar a cabina y mi ayudante me miró con media sonrisa.

- No, nada grave, Fran. Solo para anunciarte que hemos cambiado el rumbo a las nuevas coordenadas que nos indica Paris.

- Ah, vale. Ok. ¿Todo controlado?

- Si, todo perfecto, pero tú debías estarlo pasando muy bien.

- ¿Qué dices?

- Vamos Fran, vienes colorado, sudoroso y con tu camisa medio salida. ¿Quién ha sido la afortunada?

Le sonreí sin saber qué explicar, incapaz de reconocer esa locura y me puse a revisar todos los instrumentos de vuelo, para no tener que explicar nada y es que ni me creía haberme follado a Sonia en ese compartimento del avión.

Continuará...

Fran & Sylke