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Quiero ser cornudo (Cap. 17)

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<p><strong>NOTA DEL AUTOR:</strong></p> <p>Puedes encontrar la novela completa en Amazon:</p> <p><a href="https://www.amazon.es/dp/B0G1YN374L">https://www.amazon.es/dp/B0G1YN374L</a></p> <p><strong>CAPÍTULO 17</strong><strong></strong></p> <p><strong>JOSYMI S.L.</strong></p> <p>Las siguientes dos semanas fueron completamente irrelevantes en sus vidas, levantarse, trabajar, comer, volver a trabajar, regresar a casa, volver a comer y acostarse, sin esperanzas de que el día siguiente fuera a ser distinto.</p> <p>A la noche de la segunda semana, Nando y Lidia intentaron hacer el amor, pero entre el cansancio y la falta de excitación, fue un polvo anodino que apenas logró que se relajaran.</p> <p>El lunes siguiente, Lidia, recibió un mensaje de Josymi SL citándola en su sede para iniciar el estudio de fiscalidad para el que tanto se había preparado. Por un momento se puso muy nerviosa y se imaginó estar ella sola en el despacho de Miguel y la invadió un sudor frio que casi le hiela la sangre.</p> <p>Entonces se acordó de la última discusión con Nando y se arrepintió de no haber hecho caso a su instinto, renunciar al empleo y bloquear definitivamente el contacto con Miguel.</p> <p>El sonido del interfono interrumpió sus pensamientos y la hicieron regresar a la realidad:</p> <p>–El señor Medina la espera en la sala de conferencias.</p> <p>Inmediatamente se levantó y con el objetivo de no hacerle esperar, se dirigió rápido hacia la sala de conferencias. Al entrar, el señor Medina le tendió la mano.</p> <p>–Señora Almeda, ¿ha recibido la notificación de que mañana tenemos una cita en la sede central de Josymi SL a las 9AM?.</p> <p>–Sí, estoy al corriente.</p> <p>–Perfecto, yo también asistiré para guiarla si hace falta pero por motivos personales me retrasaré un par de horas. Empiecen sin mí que yo me uniré a la reunión en cuanto pueda.</p> <p>El señor Medina le tendió la mano y se retiró dejándola aún sentada pero un poco más relajada... “Bueno, al menos no estaré sola”, pensó.</p> <p>* * * * *</p> <p>Puntualmente, Lidia, llegó a la sede de Josymi SL y se presentó en la recepción. La sede aún estaba en obras, la mayoría de los despachos parecían terminados pero los instaladores aún colocaban paneles del falso techo y cableaban las paredes.</p> <p>La acompañaron por un largo pasillo hasta el despacho de Miguel. Al verlo, sintió un profundo alivio porque el despacho era completamente abierto, grandes cristaleras permitían ver su interior e impedían que Miguel pudiera tener la tentación de buscar un “contacto” íntimo.</p> <p>–Señor Miguel Sánchez, ha llegado la señora Almeda – le comunicó a Miguel su secretaria.</p> <p>–Gracias, hágala pasar.</p> <p>El despacho era bastante grande, con una mesa central, varios armarios en una de las pareces y en la otra, una mesa de trabajo con varios ordenadores y una cristalera desde la que se veía buena parte de la ciudad.</p> <p>Pero cuando la secretaria se retiró, su alivio por lo expuesto del despacho de disipó inmediatamente porque, con un botón, Miguel oscureció completamente las ventanas.</p> <p>–Hola amor – dijo sin poder contenerse – te he echado mucho de menos.</p> <p>Lidia se ruborizó.</p> <p>–Veo que has venido sola. Me habían dicho que también vendría un responsable de la gestoría, mejor así – añadió con una sonrisa viciosa en los labios.</p> <p>–¡Ui! ¡ui! ¡ui! no te emociones. El señor Medina vendrá en cualquier momento – respondió mintiendo sin remordimientos - Me ha mandado un mensaje diciendo que se retrasaría un poco y que empezásemos sin él.</p> <p>–Vaya... - respondió mientras se borraba la sonrisa de su cara – que fastidio.</p> <p>–Por cierto, aún tengo una cosa tuya – le dijo mientras le enseñaba las bragas que intercambio hace meses en la sala de conferencias – pero están limpias y me gustaría cambiarlas por otras más... - hizo una pausa deliberadamente larga y continuó – más... húmedas.</p> <p>Y de hecho lo estaban porque la visita a Josymi en pleno “territorio enemigo” la había mantenido excitada desde que se había despertado. Lidia, temía que Miguel, en cualquier momento, pudiera salir con alguna situación morbosa y desde el mismo instante en que puso un pie en el interior del edificio su vagina empezó a humedecerse y el corazón a latir aceleradamente.</p> <p>–Ni hablar, podrían vernos. Y en cualquier momento va a llegar el señor Almeda.</p> <p>Aquella excusa no acabó de convencer a Miguel, pero decidió no insistir y esperar una ocasión más propicia.</p> <p>Se pusieron manos a la obra, Miguel le facilitó montones de documentos y, los que no tenía disponibles, los solicitaron a la secretaria que, diligentemente, les entregaba montañas de papeles.</p> <p>Estuvieron tres horas codo con codo, con la calculadora en la mano y, finalmente, Lidia preparó un esquema con los puntos más relevantes y un resumen con las líneas a seguir.</p> <p>–Bueno, parece que ya estamos, aunque aún no ha venido tu amigo, ¿no será que me has engañado?</p> <p>Apenas había terminado la pregunta y sin darle tiempo a Lidia para poner cara de ofendida, el timbre del interfono sonó.</p> <p>–El señor Medina ha llegado – dijo la secretaria.</p> <p>–Hágalo pasar, por favor – respondió Miguel.</p> <p>Cuando el señor Medina entró, no reparó en la cara sonrojada de Lidia, primero le dio la mano a Miguel y luego a Lidia.</p> <p>Después de una breve charla, el señor Medina empezó a repasar la documentación con la seguridad de una persona acostumbrada a este tipo de asesoramiento. Apenas tardó media hora en repasar toda la información y, al finalizar, leyó con mucho detenimiento las conclusiones de Lidia y sus recomendaciones. Cuando terminó, levantó la mirada de los papeles y dirigiéndose a Lidia dijo:</p> <p>–Muy bien, señora Almeda, ha hecho un trabajo excelente. No puedo realizar ninguna corrección más allá de pequeños detalles. Sus conclusiones son correctas y su línea de acción es acertada.</p> <p>Después de una brevísima pausa, dirigiéndose a Miguel, añadió:</p> <p>–Por lo que a mí respecta puedo regresar al despacho tranquilo; está en buenas manos señor Sánchez, – y de nuevo dirigiéndose a Lidia, finalizó, – ¿dispone de transporte para regresar o prefiere que la lleve al despacho?</p> <p>–No hace falta señor Medina, muchas gracias, he venido en transporte privado.</p> <p>Y sin más, el señor Medina se fue del despacho.</p> <p>–¿Satisfecha? – preguntó Miguel.</p> <p>–¿Satisfecha? Satisfecha es poco, ¡Estoy flotando! Dios, estaba muerta de miedo, la peor media hora de mi vida. Cada gesto, cada expresión que hacía mientras revisaba mi trabajo me hacía temblar. Ha sido el peor examen de mi vida.</p> <p>–Bueno, esto se merece una buena comida. ¿Qué te parece si te invito a comer a un japonés?</p> <p>–No soy mucho de sushi pero venga, adelante. Después de este mal rato me lo merezco.</p> <p>Salieron juntos de la sede de Josymi SL hablando del tiempo y de que parecía que vendría un verano caluroso. Apenas anduvieron cuatro manzanas cuando Miguel se desvió hacia un restaurante con decoración oriental.</p> <p>–Mesa para dos en un kotatsu, por favor.</p> <p>Lidia se lo miró extrañada y aún puso una cara de más sorpresa cuando los guiaron a una habitación con una mesa baja y dos cojines en el suelo.</p> <p>–¿No iremos a comer en el suelo? – dijo incrédula.</p> <p>–Sí, se lo conoce como kotatsu y es el modo de comer tradicional japonés.</p> <p>–¿Y cómo se supone que debo sentarme?</p> <p>–Como quieras, aunque los cánones dicen que deberías sentarte con las dos piernas a un lado</p> <p>Lo intentó pero estaba muy incómoda, luego probó con las piernas cruzadas pero, con la falda corta, le era imposible sentarse sin enseñar la ropa interior. Empezó a sentirse incómoda sujetándose la falda intentando ocultar sus braguitas.</p> <p>–Bueno, Lidia, ahora sí que ha llegado el momento. Te devuelvo tus braguitas limpias a cambio de las que llevas puestas.</p> <p>–¡Ni hablar! – exclamó ofendida.</p> <p>–No es una petición, Lidia. ¡Es una orden! – Sus últimas palabras sonaron imperativas aunque no amenazadoras.</p> <p>Lidia se sentía muy incómoda, la posición, pero sobre todo, el morbo de sentirse dominada, de no poder desobedecer una orden humedecía sus bragas y erizaba sus pezones.</p> <p>Miró a un lado y a otro comprobando que nadie los pudiera ver y, obedientemente, se las quitó. Pero ahora, al sentarse le mostraba a Miguel su coñito y sus intentos para ocultarlo con la falda era completamente inútiles.</p> <p>Miguel se guardó su trofeo y no le entregó las otras a cambio. Justo en aquel momento entró la camarera.</p> <p>–¿Ya saben lo que van a pedir?</p> <p>–Sí, el variado de sushi completo – y la chica se retiró aunque antes de irse pudo ver perfectamente el coñito de lidia que intentaba, infructuosamente, ocultarlo.</p> <p>El corazón de Lidia latía con fuerza y acelerado. Sus mejillas se estaban sonrojando con un tono inusualmente marcado.</p> <p>–Ya tienes lo que querías. ¡Qué vergüenza! Me lo ha visto todo. Ahora devuélveme las otras.</p> <p>–¡Ni hablar! Si te portas bien te las devolveré al salir.</p> <p>Lidia intentó recolocarse. Otro intento de poner las piernas a un costado, pero perdía el equilibrio, o se le dormía una pierna, o le hacía daño la otra. Finalmente se rindió, se sentó con las piernas cruzadas y esta vez, ni siquiera intento ocultar su sexo.</p> <p>Una enorme sonrisa se dibujó en el rostro de Miguel. Pocos minutos después les sirvieron una bandeja llena de sushi, sashimi y otras delicatesen que Lidia no conocía. La acompañaba una cerveza japonesa fría y varios boles con salsas diversas.</p> <p>La comida no solo estaba buena, estaba deliciosa. Lidia había probado varias veces sushi, pero nunca como aquel. Las salsas eran exquisitas, el sushi a la temperatura y con la textura perfecta. Todo estaba tan delicioso que terminó por olvidarse que estaba prácticamente desnuda y dejó de esforzarse en ocultar sus vergüenzas e, impúdica, le mostró su sexo sin contemplaciones a Miguel, que no sólo disfrutaba de un sushi delicioso, sino que también disfrutaba de unas vistas espectaculares.</p> <p>Varios camareros entraron y salieron varias veces pero, a pesar de poder ver perfectamente el dilatado coñito de Lidia, ninguno hizo mención alguno ni permitió que se reflejase sorpresa en su rostro.</p> <p>Al terminar, Miguel se incorporó y se sentó al lado de Lidia, abrazándola por la espalda e intentando acercar su boca a la de ella.</p> <p>–Aquí no, por favor, – se resistió Lidia, –pueden entrar en cualquier momento.</p> <p>–Vamos a mi apartamento. Sólo está a diez minutos – propuso Miguel.</p> <p>Lidia no pudo evitar que sus labios se unieran y permitió que una mano acariciase superficialmente su coñito empapando de líquido los dedos de Miguel. Se sentía explotar de deseo, su sexo era un manantial de fluidos y aquel ligero contacto la hacía estremecer como una quinceañera.</p> <p>Tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para separarse de Miguel y levantarse.</p> <p>–Lo siento Miguel, pero no puedo. No aquí. No así. Cuando hicimos las paces con Nando después de lo de la playa, me suplicó que esto no volviera a suceder sin él.</p> <p>–¿¿¿Cómo???</p> <p>–Pues eso, ya sabes, quiere ser cornudo y vivirlo en primera persona. Él está decidido y yo... - hizo una pausa.</p> <p>Los fluidos vaginales de su sexo resbalaban por las piernas de Lidia como si fueran lágrimas.</p> <p>–Y yo... yo también. ¡Ya está! Ya lo he dicho. Deseo hacer el amor contigo, deseo sentirte dentro y que me folles como si fuera tuya. Deseo follar ahora mismo... pero no puedo sin él.</p> <p>Mientras lo decía sé acarició su coño con la mano y notó su humedad; tuvo que cerrar las piernas con fuerza para detener el rio de fluidos.</p> <p>Cuando él la abrazó notó como el cuerpo de Lidia temblaba como si estuviera disfrutando de un orgasmo e intentando ocultarlo.</p> <p>–Entonces, ¿Cuándo? Te quiero, te deseo, no puedo esperar más.</p> <p>–Pronto – respondió Lidia echando a correr sin mirar atrás.</p> <p>Se fue del restaurante casi a la carrera dejando atónito a Miguel que renunció a alcanzarla. Pagó la comida y regresó a su oficina con la polla tan dura que su pantalón apenas podía contenerla.</p> <p>Se encerró en la oficina, oscureció los cristales y mirando las pocas fotos de Lidia que tenía, se masturbó hasta correrse sobre el escritorio.</p>