Reggaeton en la discoteca
Él solo quería verla bailar, pero lo que encontró en la pista fue mucho más que un baile. Ahora, con el rastro de otro hombre en su cuerpo y sus propias manos sobre su polla, le pregunta: ¿hasta dónde está dispuesto a mirar para no perderla?
NOTA DEL AUTOR:
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Reggaeton en la discoteca
—Hola amigos, quiero contaros mi primera y, hasta ahora, única experiencia con las infidelidades. Lo que voy a contarles sucedió hace una semana y aún no lo he digerido del todo; tal vez por esto, lo comparto con todos vosotros.
* * * * *
Susana y yo, somos una pareja de desde hace más de 20 años y nos gusta salir por la noche. Tenemos 35 y 37 años respectivamente, y nuestro hijo de 15, ya es lo suficientemente mayor como para que pueda quedarse a solas en casa durante unas horas.
A mi mujer le encanta bailar y, francamente, se le da muy bien. Yo, en cambio, soy más bien patoso y, a pesar de poner en ello todo mi empeño, soy un lastre para ella. Por eso, no es extraño que después de unas cuantas canciones yo me retire y Susana continue bailando sola.
Y hace tres meses, en una de estas ocasiones en que Susana bailaba sola haciéndose la dueña de la pista, un chico intentó acercarse para bailar con ella.
Al verlo, se me heló la sangre, me empapé de sudor frio y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo así que me acerqué apresuradamente para interrumpir aquel acercamiento pero, cuando estaba a solo un par de pasos de ellos, sentí un flash de excitación y me quedé clavado mirándolos.
Durante unos pasos, Susana revoloteó alrededor del chico para luego, disimuladamente alejarse y volver a bailar solo. El chico entendió la indirecta y poco después se alejó para unirse en la barra a un grupo de jóvenes.
Aquel suceso me marcó más de lo que en principio quería creer pero el echo es que, desde entonces, tendí a dejar que Susana bailara sola mientras yo no la perdía de vista con la esperanza de que volviera a repetirse la situación.
Y así sucedió, ya que unos días después, otro chico se acercó a ella y empezaron a bailar juntos. Esta vez, Susana, aceptó al chico como pareja de baile que, realmente, era muy habilidoso. Pero cuando empezó a alargar la mano más de lo debido Susana, se alejó para continuar su baile en solitario.
Y al igual que la primera vez, ver como intentaban seducir a mi mujer me excitó tanto que la polla se me endureció como cuando era un adolescente. Y aquella sensación me gustó.
Al regresar a casa le comenté a Susana que había visto la escena pero ella le restó importancia.
—Sí, algunos tíos son muy pegajosos— respondió.
—Si tu bailaras conmigo esto no sucedería— me reprendió.
—Sabes que soy muy patoso y cuando bailas conmigo soy un lastre.
—Podrías aprender— respondió ella.
—No. Sabes que no. Tengo muchas habilidades, pero el ritmo no es una de ellas— argumenté.
—En esto llevas razón.
—Además, no me ofende que prefieras bailar sola... o con otros— acabé confesando.
—¡No, no, no! — exclamó ella, —que entonces se piensan lo que no es.
—¿Como el chico de hoy?
—Sí, como el chico de hoy. ¡Me agarró por el culo! — exclamó ofendida.
—¿Y te gustó? – insistí.
—¿Cómo puedes pensar una cosa así? Además... era un bollicao... ¡Ni que fuera una asaltacunas! — respondió riéndose.
* * * * *
La conversación no fue más allá per desde entonces, todos los viernes, cuando aprovechábamos para salir, yo repetía mi estrategia; bailaba con ella una canción y disimuladamente me alejaba a una distancia prudencial para poder seguir sus evoluciones sin ser visto.
Y cada noche, algún chico intenta entablar conversación con ella.
Y cada vez que veía como alguien se acercaba a ella mi corazón daba un brinco y se aceleraba; tenía la insana fantasía de que ella lo aceptara como pareja de baile y se restregaran lujuriosamente delante de mí. Pero nunca iba a más porque Susana, con más o menos sutileza, se apartaba sin darles ninguna oportunidad.
—Ostras Susana, — exclamé al salir de la discoteca, —hoy como mínimo se te han acercado tres.
—¿Tres? No, fueron cinco. Son muy pesados.
—Ostras pues me lo perdí, ¿sucedió algo interesante?
—Pues no, como todos los demás, intentar tocar cacho. Este ambiente de Regaetton es muy machista. Están todos muy salidos; creo que tendremos que cambiar de estilo. ¿Vamos a un local de Country?
—¡Ni hablar! — exclamé, —me gusta ver cómo te entran... y me gustaría... que les siguieras un poco más el juego.
- ¿Cómo? ¿Quieres que perreé con ellos? — exclamó mitad confundida y mitad ofendida.
—¿Por qué no? — contesté dubitativo.
—¡Venga ya!... ¿no estarás hablando en serio? Tú también eres un salido... y como continúes insistiendo serás un salido divorciado.
Ante la convicción con la que respondió mi mujer, opté por guardar silencio y no insistir más aunque, como todo buen mirón, no perdí la esperanza.
* * * * *
Y el viernes todo explotó. De eso hace ahora una semana y son los hechos que quiero contarles para que puedan orientarme.
Esa noche la pista estaba más llena de lo habitual, yo ni siquiera hice el intento de bailar con Susana así que ella, desde un principio se apoderó de su pequeña parcela en la pista para bailar a placer.
Yo me dirigí a la barra para pedir un cubata y cuando me lo sirvieron no fui capaz de encontrar a Susana. Su rincón preferido estaba ocupado por una pareja y ella no aparecía por ningún sitio.
Inmediatamente mi corazón dio un vuelco. Me acerqué a la pista y poco después, entre la muchedumbre pude ver su característica cabellera.
Junto a ella bailaba un hombre de unos 50 años, un poco mayor que nosotros, alto y fuerte. Cuando lo vi se me volvió a acelerar el corazón; estaba seguro de que Susana no tardaría ni un minuto en tomar distancia, pero para mi sorpresa no lo hizo.
Estuvieron bailando unos minutos, y cada vez se acercaban un poco más, hasta que sencillamente unieron sus cuerpos y se enfrascaron en un baile muy sensual… casi sexual.
La polla se me disparó, no podía quitarles ojos… y me acerqué disimuladamente para tener una vista más clara.
Aquello no era un baile entre dos desconocidos, era mucho más; él metía una pierna entre las piernas de Susana, le agarraba el culo con la mano izquierda y con la derecha casi le sujetaba un pecho.
Susana tenía las mejillas rojas; seguro que notaba el paquete de aquel tío restregándose sobre su pierna, pero se dejaba hacer... Tuve la sensación de que me buscó en la barra, donde había estado instantes antes, y al no verme continuó bailando.
Estuvieron así cuatro o cinco canciones; para entonces, aquel tío se había repasado todo el cuerpo de Susana, le había tocado el culo, las tetas, incluso le había tocado el coño por encima de la falda mientras le besaba el cuello.
Si no fuera porque estábamos en un local público me habría sacado la polla allí mismo y me hubiera corrido mirando como manoseaban a Susana.
Cuando terminó la última canción, él la abrazó fuertemente y le dio un morreo en la boca. Susana intentó zafarse pero pronto desistió y aceptó el beso entrelazando sus lenguas. Además, como Susana era un poco más baja, el hombre aprovechó el momento de intimidad para agarrarla por el culo y levantarla ligeramente
Finalmente, exhaustos con el baile, se retiraron de la pista en dirección a la zona de reservados donde había unos sofás, la música era más relajante y la luz más tenue.
Al hacerlo, pasaron junto a mí y Susana me escrutó de reojo buscando mi consentimiento. Con un leve asentimiento con mi cabeza le hice saber que aceptaba seguir adelante.
Él se sentó en el sofá más cercano y tiró de ella para que se colocara a horcajadas sobre sus piernas. La falda se levantó hasta la cintura y Susana quedó sentada con las piernas abiertas sobre el regazó del hombre. Sin duda, debió notar a la perfección la humedad y el calor del coñito de Susana protegido, únicamente, por sus braguitas de lencería fina.
Yo no pude acceder a la zona de reservados y tuve que limitarme a mirar desde la distancia lo que sucedía entre las sombras.
Susana se abrazó al hombre apoyando sus pechos sobre su musculoso torso y acercando su cara a él lo besó.
El hombre respondió al beso sujetándola por la cabeza y entrelazando sus lenguas. Casi podía oír sus jadeos del húmedo morreo. Un borracho que pasaba junto a mí me empujó y casi pierdo el equilibrio pero el caso es que cuando volví a enfocar mi vista en la pareja, él le acariciaba la espalda, descendía lentamente hasta que, finalmente, se colaba bajo su falda para acariciarla a placer el tierno culo.
Absorto con el espectáculo, no me percaté de que mi actividad como mirón llamó la atención de un vigilante que, cuando estuvo junto a mí, me sujetó por el hombro.
—¿Le divierte el espectáculo? — dijo con tono severo.
—Yo... yo... yo... — intenté responder tartamudeando.
—Vaya circulando o lo hecho de la discoteca.
—¡Pero es mi mujer! — exclamé aterrorizado ante la perspectiva de ser expulsado del local.
—¿No irá a montar un espectáculo? — dijo él mirándome inquisitivamente.
—No, no... solo quiero ver que hacen.
—¿Eres un mirón? ¿un cornudo mirón? — preguntó.
—Sí— respondí encogiéndome de hombros.
—Eso deberé comprobarlo, un segundo.
Y se alejó de mí para acercarse a la pareja, le dijo algo al oído de Susana y esta asintió con la cabeza.
Poco después el vigilante se acercó y dijo:
—Puede pasar, pero manténgase a distancia y no vaya a montar un espectáculo.
Me senté en donde me indicó el vigilante, un sofá junto la esquina desde donde podía ver a Susana aunque la zona era tan oscura que apenas podía distinguirlos; sus movimientos eran lentos y furtivos pero, sin duda, se estaban restregando entre ellos a placer.
De nuevo el hombre besó a Susana uniendo sus labios mojados. Primero fue un beso tímido pero pronto se comieron la boca en un morreo obsceno.
Ahora sí, el la sala de reservados podía escucharlos perfectamente, podía escuchar sus besos y como cuchicheaban.
—¡Ummmmmm!!! — y jadeos, también oía ahogados jadeos que se escapaban de los labios de Susana.
Debido a la oscuridad era incapaz de vislumbrar las evoluciones de la pareja aunque sus movimientos eran muy sospechosos y si no fuera porque él llevaba puestos unos pantalones tejanos juraría que se la estaba follando.
—¡Ummmmmm!!!
Lo que si estaba claro es que las manos del hombre no se detenían ante nada y exploraban todos los rincones de Susana y eso, para mi polla, era más que suficiente, porque estaba a punto de reventar.
Estuvieron así durante más de quince minutos, morreándose, manoseándose y restregándose uno al otro hasta que, finalmente, Susana se levantó, me hizo señas para que la siguiera y nos fuimos hacia el coche.
Cuando entramos, me quité los pantalones y le pedí que me la chupara, pero Susana, me miró, agarró mi polla con su mano y me dijo:
—Tengo que confesarte una cosa.
Me la miré con cara interrogativa.
—¿Te ha gustado verme bailar tan pegada a Roberto? — dijo con tono seductor.
—¿Así se llama? Sí, mira como tengo la polla. Es un milagro que no me haya corrido sólo con verte.
—La verdad es que yo no quería; pero se me acercó Roberto, era guapo, simpático y tú me habías pedido que dejara que se acercaran. Pero esta vez fue distinto.
—Roberto no era un adolescente torpe, todo lo contrario. Sabía bailar muy bien, me dominaba, me dirigía y era muy sensual y atractivo.
Mientras me lo contaba su mano acariciaba mi polla lentamente sin dejar que me corriera.
—Entonces empezó a pegarse y bailamos realmente juntos; me acariciaba la espalda y me sentía enloquecer. Pude notar su pene, estaba muy duro, y cada vez, me apretaba más y más.
—Perreamos un buen rato y me metió mano donde quiso.
—Me acarició la espalda, las tetas y, cuando bajó hasta el culo y se metió debajo de la falda, notó que hoy no llevaba bragas... si... no me mires así... estaban sucias, tenía prisa y salí sin ellas.
“¡¿Cómo?! Había bailado sin bragas… y entonces… ¿en el sofá? ¿Qué pasó realmente? “pensé con el corazón a punto de explotar.
—Sé que lo notó inmediatamente, porque me agarró de las nalgas y se acercó tanto que noté su polla clavándose. Si no fuera por su pantalón me la habría metido allí mismo hasta el fondo. Me hizo un repaso de arriba abajo, me temblaban las piernas así que no aguanté más y le supliqué de ir a los sofás.
—Entonces te vi muy cerca, te miré de reojo y como no decías nada supuse que me dabas vía libre.
Me miró con vicio, su cara ardía y con su lengua lamió por encima mi polla.
—Al sentarnos al sofá, al principio no sucedió nada, me acariciaba y besaba el cuello sin parar pero yo estaba sentada directamente sobre su polla y podía notarla completamente. Entonces él se bajó la bragueta y disimuladamente se la sacó.
Al oír aquella frase, casi se me detiene el corazón de un infarto.
“¡¿Cómo?! ¿Él con la polla fuera y ella sin bragas? Aquello no podía acabar bien”
—Era enorme…. Sí, mucho más larga y gruesa que la tuya. Más o menos era así.
Y con la mano alargó metafóricamente mi polla al menos hasta el doble de lo que era.
—Pero no dejé que me la metiera, se la agarré con la mano y le hice una para.
“Ufff, menos mal” pensé.
—Entonces vino el vigilante y me dijo si te dejábamos pasar.
—“Un señor dice que es su marido y quiere entrar, ¿le dejo pasar?” me preguntó.
—Y también lo escuchó Roberto que me dijo “que pase y mire”.
—Entonces, cuando te sentaste ya no pude resistirme más, mi coño estaba empapado y notaba aquella polla caliente tan cerca... que al final permití que me la metiera.
—¡Uauuuu, que gozada! Dios mío, como se sentía aquella polla… era enorme.
—Nos movíamos lentamente, no queríamos que, aparte de ti, nadie viera que estábamos follando. Pero sentir aquella cosa dentro es lo mejor que me ha pasado nunca. Aún me estremezco.
Entonces Susana se detuvo, dejó de masturbarme para agarrar fuertemente mi polla por la base y dijo:
—¿Me dejaras repetir? Voy caliente como una perra.
Me quedé de pierda, con la polla palpitando. Estaba más dura y gorda de lo que nunca había estado. Necesitaba correrme, pero Susana solo apretaba la polla sin menearla.
—Mira — dijo, y me enseño su coño aun lleno de leche de Roberto.
Y entonces me corrí como nunca lo había hecho. Un chorro de leche salió disparado y alcanzando el techo del coche y manchando toda la tapicería. Susana aprovechó para meneármela con fuerza facilitando que vaciara los restos de semen de mis testículos y, sacando la lengua, lamió la leche que quedaba en mi polla hasta dejarla brillante.
—Ummmmmm... — jadeó al saborear mi semen.
* * * * *
—¿Qué hago queridos amigos? ¿Le permito volver a ver a Roberto?
—Si se lo permito, se la va a follar sin restricciones, probablemente en mi propia cama, tal vez me dejen verlo o tal vez no.
—Seguro que Susana se la va a chupar, y dejará que se corra en su cara y en su boca; tal vez incluso le permita sodomizarla por primera vez.
—¿Hasta dónde serán capaces de llegar? ¿Me obligará a limpiarle el coño lleno de lefa?
—No sé si estoy preparado para todo eso. Sin duda verla en brazos de otro me excita pero ¿hasta dónde soy capaz de llegar sin quebrarme?
—Y si no se lo permito... ¿me continuará siendo fiel o empezará a follárselo furtivamente?
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