La cualidad de la palabra. 28
En la vieja mansión, la tormenta no es solo externa. Guille tiene el poder de curar heridas y liberar deseos, pero cada milagro tiene un precio carnal. Mientras el mundo exterior se desmorona bajo la lluvia, él decide qué cuerpos y mentes sanará esta noche.
Como la mayoría de las invitadas era la primera vez que estaban en la casa, Doña Amparo propuso dar una vuelta para mostrarla. Todo un museo de más de cien años en el que había muebles que tenían algunos más. Mención aparte ese jarrón Ming con quinientos años.
El séquito se desplazaba comandado por doña Amparo, y como avanzadilla llevaba al mayordomo y una sirvienta que iban abriendo puertas y encendiendo luces ante la cada vez mayor oscuridad por culpa de la acumulación de amenazantes nubes. Guille iba el último, como un pastor vigilando que ninguna oveja se rezagara del rebaño. Y pronto tuvo a su lado a Miriam y una joven que dijo llamarse Cristina. Cuyo cuerpo no era tan delgado y llevaba con elegancia ese conjunto de falda y jersey. Entre ellas no se conocían, pero la edad y la soledad de la circunstancia las hacía aliadas.
Aguantaron el recorrido hasta ver la sala de caza, la de música, y al llegar al salón de baile ya se contaban anécdotas y cosas personales.
- Voy a una academia y me preparo para estudiar farmacia en la universidad el curso que viene. - Dijo Miriam dedicándoles una sonrisa.
- Pues yo estudio Historia del Arte. - Explicó Cristina. - Quiero dedicarme a restaurar obras, sobre todo cuadros, ya sea por encargo o en un museo.
- Ambas opciones están muy bien. – Elogió Guille.
Cristina le preguntó qué aspiraciones tenía y sonriendo respondió que le gustaría ser el rey del petróleo.
- ¡Vale! – Rio Miriam. - Un buen proyecto.
- ¿Y el más próximo cuál es? – Se interesó Cristina.
- Poner una gasolinera.
Las risas interrumpieron las explicaciones de doña Amparo sobre los murales, la cual simplemente dedicó una comprensiva mirada a los jóvenes.
Ya en serio, Guille dijo que estudió económicas y que actualmente estaba en prácticas en un despacho.
Mediante el empleo de la Cualidad ordenó que la visita la podrían concluir en otro momento y propuso separarse del grupo. Y claro, se las llevó a su habitación. Cerró bien el vestidor de Berta para que no curiosearan sus cosas.
- ¿Esta es tu habitación?
- Es más del doble de grande que la de mis padres.
Asombradas y con mucha curiosidad miraron el techo, ventanas, cortinas y algunos muebles.
- Cuando te acostumbras a ver todo esto desde niño ya no le prestas atención. – Dijo Guille quitando importancia a la calidad de los muebles. Ordenó. - Quitaros los jerséis y estaréis más cómodas. Y lo mismo pasa con el elástico del sujetador. Será más cómodo sin eso. Claro que luego no podréis ir contando por ahí. Será nuestro secreto.
Las dos muchachas, mostrando sonrisas y rubor, obedecieron.
Así pudo verles las tetas. Como ya sabía las de Miriam eran pequeñas. Por lo que destacaban las de Cristina sin ser realmente grandes.
Preguntó a Miriam sobre el resultado de su análisis médico, contestando que durante una semana necesitó antibióticos porque tenía un problema en el intestino. Y que actualmente tomaba vitaminas.
- Voy al gimnasio del club cada sábado. Excepto hoy, claro. Todavía no tomo anticonceptivos.
Pidió a Cristina que hablara de ella dirigiendo su exposición con pequeñas preguntas.
= Tengo veinte años.
= Cuando termine la carrera me casaré con mi actual novio. Ya está acordado entre las familias.
= Sí. Me gusta y le quiero. Éramos vírgenes cuando el verano pasado nos estrenamos.
= Lo solemos hacer una vez a la semana ya sea en su casa o en la mía.
= No le dije que ya tenía algo de experiencia en chupar pollas.
= Tres novios antes que él.
= El primero a los quince. Él tenía diecisiete. Besos y acariciarme las tetas. Me gustaba y se lo agradecía haciéndole una paja. Salimos dos o tres meses. Un verano.
= El segundo salimos desde mi cumpleaños, dieciséis. Me duró casi un año. Le dejaba que me acariciara las tetas y a veces tocarme el coño. Fue al primero que se la chupaba.
= Aunque ahora sé que es normal en esos días me parecía que la tenía enorme.
= No, no. Luego lo escupía y me enjuagaba la boca.
= Antes de los diecisiete salía con el tercero. Duramos más de un año. Menos follar hacíamos de todo. Mis padres me prohibieron seguir con él porque su familia se arruinó. No. No me importó. Ya no me gustaba tanto estar con él.
= Estuve varios meses sin novio. Sin que nadie me tocara. Mi familia se ocupó de buscarlo.
= Con el actual me casaré al terminar la carrera. Él es un año mayor. Estudia Económicas. Aquí en Zamalca.
¡Un compañero de estudios! Pensó en pedirle una foto por si lo conocía, inmediatamente decidió que era mejor que no. Continuó con el interrogatorio.
= No. Por el culo, nunca.
= No. Creo que no me gustaría. Ni quiero probarlo.
= Jamás he estado con una chica.
Se ocupó de que terminaran de desnudarse y que empezaran a acariciarse. Lo hacían estando separadas en distintas sillas. Después de que se sobaran bien les ordenó que se besaran y que las caricias fueran con besos y lengua en las tetas.
- Bien, nenas. Ahora Miriam lame y chupa el coño de Cristina hasta que tenga un orgasmo.
Guille estuvo viendo como Cristina no gozaba de la caricia por lo que le ordenó que le gustara y lo pasara muy bien. Obediente, la muchacha se corrió en tres minutos murmurando lo bien que lo pasaba. Guille ordenó que las dos disfrutaran de las carias. Miriam se corrió al poco mientras que Cristina ya no estaba excitada.
- Bien chicas. - Guille se había quitado los pantalones. - Ahora las dos vais a chuparme la polla con deleite. – Añadió más detalles. - Os gusta mucho y os turnáis para metérosla por la boca unos segundos.
El juego duró unos minutos en el que pudo apreciar que las dos chicas lo hacían bien, aunque era evidente que Cristina tenía más práctica.
- Bien, chicas. Me gusta. - Hizo que pararan para ponerse un preservativo. - Ahora Miriam siéntate sobre mí y vamos a follar. Cristina besa sus labios y chupa sus tetas. Le metes dos dedos por el culo. - Recordó que durante un tiempo esa muchacha solamente follaba por ahí a cambio de drogas, por lo que añadió: - Es algo que le gusta mucho a Miriam.
Estuvieron follando así hasta que notó que le faltaba poco y no tenía por qué retrasarlo. Miriam ya se había corrido gracias a las caricias. Le ordenó que contara hasta diez incrementando su placer y se corriera al alcanzar ese número. Y lo hizo manifestándolo con grandes suspiros y mordiéndose el puño para no gritar. Al poco lo hizo él.
Para Guille no estuvo mal mientras que la chica, acondicionada con la Cualidad, disfrutó muchísimo.
- Creo que ha sido el mejor polvo de mi vida. – Murmuraba jadeante.
Retiró el condón y miró la hora, había tiempo para más juegos antes de ir a comer.
Hizo que las dos chicas se la volvieran a chupar dejándola bien limpia de semen y ya en condiciones de continuar.
Preguntó a Cristina en qué posturas había follado y resulta que solamente en la de misionero.
¡Qué desastre! Bueno, al menos no es virgen.
Ordenó que se tumbara, se puso encima y sin más se la metió. Follaron durante unos minutos y a Cristina le pasaba como antes. No disfrutaba. Su vagina estaba seca y Guille supuso que debía dolerle.
Dejó de follarla.
Dedicó casi veinte minutos a interrogarla y así supo que siempre era así. Nunca gozaba.
- ¿Ni con tu novio?
- ¿Nunca? Lo finjo para no ofenderlo. Y le digo lo mucho que me gusta cómo me lo hace. Lo amo.
- ¿De verdad que lo amas?
Cristina le miró con los ojos muy abiertos. Su tono de voz al responder afirmativamente parecía ofendido.
Admitió que se ponía lubricante haciéndole creer al novio que era porque la tenía gorda. Así disimulaba la falta de flujo orgásmico.
- Bien, nena. Supongo que no eres gay, ¿o sí?
Cristina no estaba segura de eso, creía que no. Y Guille recordó que cuando les ordenó que se acariciaran entre ellas tampoco le iba bien.
El interrogatorio se prolongó un buen rato. Hasta que cuando faltaba media hora para bajar a comer ya averiguó que a los dieciocho años su madre la pilló masturbándose en la cama y no podía disimular porque no llevaba bragas y sus pegajosas manos olían a sexo. La bronca fue tremenda. Además, no acabó ahí, sino que la llevó ante unas monjas donde la aleccionaron sobre el pecado y el infierno cada tarde durante tres meses. Para cuando conoció a su actual novio ya era frígida. Tanto relacionar el placer de la carne con el pecado la habían convertido así.
- Lo siento. Lo siento mucho, preciosa. Pero hoy no creo que pueda ayudarte. Porque puedes estar segura que te ayudaré y serás feliz. Ahora vamos a asearnos y bajamos a esperar a las otras invitadas para ir comer.
Se arreglaron y acudieron a la puerta del comedor en el primer piso. En la recepción de la casa hizo fijarse a Cristina en un retrato al óleo. Se trataba de un hombre vestido al estilo de finales del mil setecientos sentado al lado de una chimenea.
- Mira. No tiene firma. Se compró en un lote casi de saldo hace muchos años. Alguien, una visita creo, dijo que podría ser bueno. Se llevó a analizar y sí, tiene dos siglos, se supone de Goya. Pero ese pintor ni siquiera tenía ayudantes. A nadie se puede atribuir. ¿Qué opinas?
Cristina hurgó en su bolso y sacó el teléfono que convirtió en lupa. Lo estaba observando mientras Guille preguntaba a Miriam sobre sus estudios. En eso llegaron las invitadas. Un trueno parecía anunciar el encuentro y las luces se apagaron. No era la oscuridad total, pero como suele ocurrir en esos casos, algunas mujeres se alarmaron escuchándose algunas voces de susto o asombro.
Guille supo que le tocaba hablar.
- Calma, señoras, por favor. – Acaparó la atención de todas. Ante la conformidad de doña Amparo. - Esto significa que hay un problema con la red eléctrica de la ciudad. Pero no deben preocuparse. No importa lo que tarde el ayuntamiento en solucionarlo porque en villa Montesinos estamos preparados para algo así. Tan solo serán unos minutos.
Intentó hablar con seguridad y hubo un contratiempo, la tormenta impedía la comunicación con los teléfonos móviles. No representaba un problema, pero dudó dónde estaba el interfono directo. Gracias al mayordomo lo encontró.
- Hay dos, señor. – Afirmó el hombre. - Uno en la cocina y otro en el guardarropa.
- Bien, gracias. – Iba a llamar desde el guardarropa cuando recordó que hacía de señor de la casa. Ordenó: - Por favor, llame a los guardias y pregunte cuándo dispondremos de luz.
Unos minutos más tarde el mayordomo murmuraba la respuesta a la señora y Guille. Doña Amparo hizo un gesto para que fuera su nieto quien hablara.
- Señoras, señoritas. - Pensó en añadir: Y otras caballerías, pero se contuvo, claro. - La luz se repondrá en unos minutos. Por favor, un poco de paciencia.
Algunas mujeres se asomaban a las ventanas que dan a la entrada. Más allá de lo que cubre el voladizo de la terraza del primer piso era imposible ver nada por la oscuridad y una espesa cortina de agua.
Pensó en Berta y deseó que estuviera en casa. En cuanto pudiera la llamaría. ¡No! Mejor un mensaje, no quería molestar ya que estaba con sus amigas. Recordó que el pasado verano pudo verlas desnudas en la piscina y que posiblemente en ese momento... Decidió pensar en otra cosa.
En la larga mesa del comedor había algunos candelabros a la vieja usanza. La comida fue amenizada por truenos, el vibrar de las persianas y la opinión de Cristina sobre el cuadro estudiado. Las mujeres se aburrieron pronto ante una información sobre arte que no les interesaba, y formaron corrillos con otras conversaciones.
Guille la elogió.
- Has hecho una buena valoración con una lupa como único instrumento. No recuerdo el texto del peritaje, pero debe ser similar a lo que has dicho.
Cristina, alagada, se ruborizó. No lo hizo por el elogio sino por esa mirada que recibía de un joven tan apuesto con el que poco antes habían jugado desnudos.
La mujer que estaba al lado, que por el parecido y la edad debía ser la madre, sonrió al afirmar:
- Sí, mi Cris, es muy lista. Y estudia lo que ella misma escogió como entretenimiento. - Parecía querer aclarar detalles: - Como es lógico la familia nos hemos ocupado de que tenga un buen futuro. Su novio. - Dijo el apellido como si se tratara de una buena marca de ganadería. - Está preparándose para dirigir una parte de la empresa de sus padres. Y esperamos con alegría que se unan en matrimonio en dos años.
¡Dos años! Pensó Guille. Eso será antes de que termine la carrera. Y a nadie le importará. La casarán y poco más tarde, sin cumplir los veinticinco años, parirá a quien de verdad fomente la unión de las dos familias. Todo un buen plan. Miró a la mujer sentada en medio de la hija y otra que parecía la abuela de Cristina. Esa mujer era quien la llevó ante la Inquisición. ¿Eso es amor de madre? Sintió ganas de estrangularla.
Calma. Demasiadas conversaciones cruzadas. No podía usar la Cualidad. Además, faltaba el padre, el hermano, el novio y seguramente tendrían un preacuerdo matrimonial firmado. ¡Pobre chica! Si al menos disfrutara en la cama… ¡Eso sí que podía arreglarlo! Y si continuaba la tormenta lo suficiente, encontraría el momento. Sino acordarían verse otro día, en otro lugar. Posiblemente en el club de golf. Fomentando ese encuentro se le ocurrió decir que estaba muy interesado en lo que decía del cuadro y que debían hablarlo con calma más tarde u otro día en el club.
Su familia estuvo conforme. Y esa mirada de las dos mujeres más mayores parecían decir que eran capaces de anular el acuerdo con el novio actual si se unía a Guille, un Cifuentes.
Fueron a tomar el café al gabinete en la misma planta. Estando en penumbras doña Amparo no quería que se emplease la escalera porque el generador solamente era útil para las lámparas de emergencia. Y una mujer más mayor que su abuela se situó a su lado para preguntar sobre la última vez que se empleó la sala de baile. Era evidente que la mujer tenía ganas de hablar, y posiblemente sonsacar a un joven algún chisme jugoso sobre la familia Cifuentes.
“Por suerte solamente busca chismes. – Pensó Guille. - No como doña Antonia”.
Mostrando amabilidad contestó que nunca había visto bailar a nadie ahí, porque claro no contó sobre esos días que por frío o calor no apetece estar fuera de la casa, doña Amparo y Berta hacen ahí sus ejercicios de Tai-Chi. Un ejercicio que todo el mundo confunde con un tipo de baile chino.
Al poco pidió disculpas a la mujer y salió casi corriendo del gabinete. No se alejó mucho porque, como ya supuso, Cristina y Miriam no tardaron en abandonar sus cafés para seguirle. Caminaron por los pasillos y de vez en cuando se asomaban a una habitación cuyos muebles estaban cubiertos con unas lonas ajustadas.
Llegaron a otra escalera y Guille propuso subir a su habitación. Aceptaron.
- ¿Cuántas escaleras hay?
- Además de la principal, dos más, y otras dos que en principio son para el servicio. Y no, no hay pasadizos secretos.
- ¿Cuántas habitaciones hay?
Guille ya esperaba esa pregunta. Explicó que en la planta baja que a veces llamaban el primer piso, ninguna. Todo eran despachos y salas de diverso tipo además del comedor y el salón de baile. En el primer piso y contando la principal, que no se usa, unas veinticinco. De las que cinco tienen baño independiente. Y que al menos dos habían sido reconvertidas en gabinetes. En la zona de las cocinas, esto es, en la planta a nivel del suelo, había tres habitaciones individuales, dos de matrimonio y cinco más compartidas. Si bien dijo que ninguna se empleaba actualmente, recordó que era donde don Francisco se reunía con las mujeres del servicio.
Luego estaban las boardillas, inmediatamente debajo del techo. Las supone vacías, pero puede haber algún mueble.
Llegaron a la habitación y lo primero fue ocuparse de Cristina. Durante quince minutos intentó que se liberase de los meses sometida a lo que llamaba Inquisición. Le ordenó que se quitara la falda y las bragas y que se pajeara el coño. La chica obedeció, claro, pero a los dos minutos era evidente que perdía el tiempo. Lo único conseguido es que la vulva se pusiera roja de tanto frotar.
- Vale, detente. Vamos a centrarnos en que eres una chica guapa, sana y que tienes todo el derecho a disfrutar del sexo con tu novio o con aquel que elijas. Eres mayor de edad y al margen de lo que tu familia quiera puedes escoger. Debes ser sutil si te opones y siendo tan lista lo conseguirás. Si amas a ese chico, tu novio. Sigue con él y utilízalo para tu propósito.
Se detuvo para pensar qué más decir:
- Si quieres terminar la carrera te servirá para realizarte como persona, no te sentirás inútil ante tu esposo y podrás tratarlo como un igual. Cuéntale tus aspiraciones y busca su apoyo. Si le amas goza de sus caricias, de los momentos íntimos. Conoce su cuerpo y hazle disfrutar. Que no solamente esté contigo por un acuerdo, aunque supongo que ya te ama. Pero haz que también te desee. Para conseguir esto podemos ayudarte, si nos dejas ayudarte.
Por fin Cristina habló en un murmullo, ruborizada:
- Quiero ser feliz.
- Bien. Besaros. - Incluyó a Miriam en el juego. - Y Cristina, si realmente quieres liberarte deja que te ayudemos. Y disfrutarás de tu novio.
Estuvieron besándose un rato. Incluso Miriam acarició las tetas de Cristina por encima de la ropa sin que Guille lo ordenase.
- Chicas. - Las animó. - Seguir vuestros impulsos, podéis hacer lo que os guste.
Rápidamente se desnudaron. Las caricias y los besos fueron coreados con gemidos.
- Cristina, si no quieres no tienes por qué hacerlo. Puedes cesar las caricias o disfrutar. Tú decides.
Continuaron. Parando lo suficiente para ir a la cama. Donde Cristina se puso a lamerle el sexo a Miriam.
- Lo haces muy bien. – Afirmó Miriam.
Cristina cesó un instante la caricia, lo necesario para decir:
- Tu coño es muy sabroso.
Guille se acercó. Acarició el culo de Cristina y llevó una mano hasta su vulva. Se mojó los dedos. Los llevó a la nariz y los chupó saboreándolos. No era saliva de Miriam. Se sintió bien. Para eso es la Cualidad: ayudar a cambio de un beneficio o sexo.
“¡Jope! – Pensó hinchando el pecho. - ¡Qué bien sienta ayudar!”
Se desnudó para unirse a las chicas. Follaron. Qué delicia meter el pene en una vagina lubricada por la excitación de una muchacha que tiene ganas de pasar un buen rato. Las chicas se corrieron un montón de veces tanto con Guille como entre ellas. Y Guille dos veces en sus coños, con un preservativo por medio, y la tercera en sus rostros durante una buena mamada con dos bocas a la vez.
- Ha estado bien, mis amores. Vamos a dejarlo por hoy.
Se ducharon y bajaron con las otras invitadas. A través de las ventanas podían ver que continuaba diluviando.
- ¿Dónde has estado? – Se quejó Doña Amparo ya se había fijado que regresaba acompañado. – Bueno, luego me lo dices. Habla con el mayordomo y que se prepare una habitación por persona para esta noche. Son muchas y poco el tiempo. Lo sé. Promete una gratificación por el esfuerzo. El servicio puede disponer de las habitaciones de abajo como les plazca. Además, diles que todo el tiempo que estén después del turno, aunque en verdad están atrapadas, se considera horas extra. Era evidente, el turno es de ocho horas y llevaban más de quince.
Guille convocó en el despacho al mayordomo, la cocinera y la más antigua de las sirvientas, que, como ya supuso, era la señora Paula. Expuso la decisión de la señora y que no podía hablar con ellos porque atendía a sus invitadas. Añadió:
- La cobertura de los móviles puede tardar, pero pueden emplear los fijos para llamar a casa. – Estaba seguro que ya lo habían hecho. - Espero que les encuentren bien. Y avisen que pasarán aquí la noche. Gracias. ¡Ah! Perdón, me olvidaba. Las horas extras o complemento, son hasta las once de la noche. Y mañana será el horario y sueldo habitual en domingo.
Las mujeres se movieron con presteza. Una retiraba las lonas protectoras de los muebles, dos limpiaban las habitaciones y la última hacía las camas y reponía toallas. La cocinera se unió trajinando con un carrito lleno de sábanas y toallas que rápidamente se vaciaba. Guille ayudó a retirar las lonas y empujar los carritos hasta el ascensor. Varias veces se cruzó con el mayordomo que en otro carrito llevaba más sábanas y toallas. Ya en la zona de la cocina dejaba todo en el suelo y subía por más. Fue cuando encontró que Miriam y Cristina ayudaban a hacer las camas.
- ¡Chicas! Sois realmente maravillosas. ¡Gracias!
A lo que Miriam respondió:
- Te aseguro que esto es más divertido que escuchar esas conversaciones. ¡Qué tostón!
Cristina asintió sonriendo.
En una hora las habitaciones estaban listas. Y las mujeres quedaron cansadas. Aún faltaban las suyas, hacer la cena y servirla. Por eso Guille y las dos amigas fueron a ayudar al mayordomo para montar la mesa.
- Gracias, señoritas, don Guillermo. Puedo hacerlo solo.
- Seguro que sí. Pero ante un trabajo extra, mejor si todos colaboramos.
Sin sonreír, pero mostrando agradecimiento aceptó la ayuda. Aunque tuvo que corregir la disposición de los cubiertos que las chicas colocaban sobre la mesa.
Guille encontró un momento para ir a ver al abuelo.
En la habitación había dos lámparas encendidas. Una sobre la mesa lateral que servía de escritorio y otra de pie, al lado de don Francisco, que estaba sentado en una butaca leyendo un libro. Sobre una mesita estaba el teléfono fijo, el móvil, y una linterna a pilas. El hombre iba correctamente trajeado pese a estar solo.
Sus primeras palabras fueron una queja.
- Ya veo que las invasoras no se han ido.
- Abuelo, ha sido casualidad. No se esperaba una tormenta tan violenta.
- Me estoy replanteando eso de que vengan otra vez
- Bueno. Me voy, que estás insoportable.
- Lo que estoy es encerrado en mi casa.
Guille señaló la puerta proponiendo:
- Puedes bajar y ser el califa del harén.
- Eso tampoco me va bien.
- Vale, me ocuparé de que te traigan la cena. – Propuso Guille.
- Que sea la señora Paula, que es más discreta. – Ordenó el abuelo.
Guille pensó en otra cosa, pero se guardó su opinión.
Como las invitadas no disponían de ropa con la que cambiarse para la cena, doña Amparo tampoco lo hizo.
De entre tantas visitantes, y que Guille se diera cuenta, solamente una mujer de la edad de su abuela se disculpó.
- Perdona Amparo, ya ves, entro a cenar en el comedor de tu casa vistiendo pantalón.
- Querida amiga, parafraseando al rey aquél: No podemos luchar contra los elementos.
Asidas por el brazo entraron al comedor. Guille se fijó que, si bien calzaba zapatos en lugar de zapatillas, vestía vaqueros. Sonrió sintiéndose incómodo. Si la abuela no se había vestido para la cena, él tampoco lo haría. Como si pidiera perdón a la mansión miró las paredes y la puerta de acceso al recibidor y el largo pasillo.
Después de cenar alguien dijo que mermaba la tormenta. Ya era un aguacero. Cinco mujeres se animaron en marcharse en dos coches. A Guille, y para su fastidio, le tocó acercarlos hasta la puerta. Además, y junto con doña Amparo intentar disuadirlas para que se quedasen. Aunque Guille pensaba qué si se quedaban después de haberse mojado los pies por dos veces, buscaría una escopeta y ya saldrían en coche fúnebre.
No hizo falta llegar a ese extremo. Insistieron en marcharse y doña Amparo les pidió que le enviasen un mensaje al llegar a sus casas.
- Tener cuidado. Puede haber una calle o carretera en mal estado.
Guille fue a cambiarse de calzado y pantalón.
Un par de horas más tarde Guille se duchó y se preparó para dormir. En eso la puerta de la habitación se abrió sin llamar antes. Era Miriam. Se sonrieron y ya estaban con los besos cuando llegó Cristina. Esta sí llamó y sirvió para que Miriam corriese a esconderse en el ropero.
Al poco ya estaban en la cama follando, y con la puerta cerrada con llave. A Miriam le gustaba besar a Cristina. Y ésta no ponía impedimentos con tal de disfrutar. Cuando una follaba con Guille, la otra se ocupaba de aumentar su placer con caricias y besos.
Antes de tumbarse Miriam ofreció si quería follarla por el culo.
- Ya sabes que me gusta.
- Lo haremos por el coño y en lo posición que quieras. Creo que te gusta más. ¿Verdad?
- Sí. – Volvió a ofrecer: - Pero puedes hacérmelo por donde quieras.
- Pues elijo por donde más te guste.
Sonriendo se puso bocarriba separando las piernas. Ordenó:
- Ven.
Como horas antes, se corrieron dos veces cada una. Y Guille llenó dos preservativos.
Al menos tres veces metió los dedos por el coño de Cristina para comprobar que lo pasaba bien. Sus dedos quedaban mojados de flujo.
- Chicas ha estado muy bien. Cristina, para la próxima me gustaría que me la chuparas para llegar hasta tu garganta. Creo que te gustará. Y tú, Miriam, follaremos por tu culito. Sí. Lo pasaremos bien.
Miriam sonreía al preguntar:
- ¿Tiene que ser otro día?
- Lo siento, preciosa mía. No soy un superhombre.
Cristina se acercó para darse un beso y murmuró:
- Discrepo.
- Yo también. – Dijo Miriam y planteó: - ¿Qué hombre puede follar con dos hembras tres veces al día? Al menos te has corrido ocho veces hoy, con nosotras. – Su rostro brillaba al añadir: - Debes tener a tu esposa bien contenta. La envidio.
Más tarde, las chicas se removieron perezosas en la cama. Pero Guille les ordenó ducharse, vestirse y que se marcharan a sus habitaciones.
Ya vestidas, pero antes de que salieran de la habitación, les ordenó que jamás lo hablaran con nadie, ni entre ellas.
- Chicas. Este es nuestro secreto y solo si sigue siéndolo podremos repetirlo. Si es que queréis repetir, claro.
Se miraron una a la otra. Sonrieron. Mirian, un tanto ruborizada propuso a Cristina verse en algún momento. Parecía que proponía una cita o un encuentro sexual. Cristina también se ruborizó, aceptando.
- Tendrá que ser en tu casa porque en la mía me controlan continuamente. – Añadió seria. - Ya sabes por qué.
- Antes dijiste que llevabas ahí a tu novio. – Era una pregunta de Miriam.
- Sí. Dos veces coincidió y creo que sospechan, sobre todo mi madre, pero gracias a un acuerdo matrimonial, callan.
Con esa mirada dedicada a Guille parecían buscar su aprobación.
- Chicas. Es cosa vuestra. Si así lo queréis espero sinceramente que lo paséis bien.
Se marcharon muy contentas de poder volver a follar con Guille y entre ellas en otro momento.
Antes de las diez de la mañana del domingo todas las invitadas ya se habían marchado.
En el gabinete encontró a sus abuelos. Doña Amparo contaba tanto lo sucedido en la casa cómo de otras cosas que se enteró. Entre ellas, que dos familias se fusionaban con una inversora de nombre francés, pero más tarde se enterarían que el mayor accionista era rumano.
Doña Amparo continuó con sus comentarios. Alguien se divorciaba y la fortuna quedaba dividida. Otro se retiraba dejando el negocio a su hermano. Uno, parecía que tenía que vender su chalet para obtener dinero rápido con el que modernizar su empresa. Todo eran detalles que doña Amparo sabía que su esposo almacenaba en su memoria para comprender y anticiparse a los movimientos del mercado local.
Guille escuchaba y solamente cuando don Francisco arrugaba el entrecejo sabía que ese dato podría ser importante en un futuro más o menos inmediato. Como ese de modernizar la empresa, eso significaba que daría un salto económico en cualquier momento pasando a ser competidor o cliente.
Don francisco le entregó otro pendrive con un asunto nuevo en Asturias. Aunque las oficinas estaban en Bilbao. Concretamente en Santurce. En un horrible edificio gris de siete alturas que destacaba del entorno como el monolito de la película La odisea del espacio.
- Están moviendo capital y necesitamos saber qué pretenden. Si van a invertir en barcos o compran algo.
- ¿Es la competencia?
- O un posible socio. Ya me lo dirás.
- Vale. Esta noche salgo a Ámsterdam. Lo veré a la vuelta.
- No lo aparques que para entonces ya te daré más encargos.
Guille asintió y como respuesta dijo que necesita caminar un poco y se marchó a dar un paseo.
Al quedar solos, doña Amparo casi riñe a su esposo.
- Es un muchacho, todavía.
- Es un jefe. Y se ha olvidado que los datos los debe buscar otro, debe delegar los trabajos e interpretar los resultados. Salvo el de Ámsterdam le voy a dar tres en los que debe delegar la búsqueda de datos o se volverá majareta.
- No sé. Creo que emplearía otro método para enseñarle.
- Es el que empleó mi madre, y su padre antes. Y que ya empleé con el del muchacho. Funciona. Ya verás, cariño, antes de un mes ya sea por iniciativa o agotamiento empezará a repartir el trabajo y ocuparse de estudiar los resultados que otros le entreguen.
- Comprendo. Eso o se volverá majareta.
- Con su apellido pasa a ser jefe, con el trabajo hay que mantener ese puesto o a la ruina.
Como tan solo caía una fina lluvia era suficiente el abrigo para ir hasta el garaje. No le importaba tener que esquivar algunos charcos. Solamente estaba paseando mientras respiraba aire fresco. Justo delante de la entrada al aparcamiento había un enorme charco. Tendría que acceder por el taller o le entraría agua en el calzado. Ya dentro lo comentó con un vigilante y aquel, aunque le viera desnudo follando a su esposa al lado de la piscina aquel verano, fue totalmente respetuoso.
- Si hubiese una pequeña zanja por este lado. – Señaló el hombre con la mano. - Serviría de desagüe gracias a la inclinación del terreno. El agua acabaría en los árboles de detrás.
Guille asintió. Tomó nota en su memoria para decirlo al mayordomo y éste lo ordenase al día siguiente a los de mantenimiento. Ya fuese mediante la idea del vigilante o la que se les ocurriera a los más entendidos, ese charco había que quitarlo de ahí y evitar que volviera a formarse. Ya le darían una propuesta de trabajo a la abuela.
¡Eso es! Así debía trabajar. Pensó. Desde Ámsterdam llamaría a Mundo Globo y encargaría que el departamento de investigación en nuevos proyectos buscara esos datos sobre la empresa en Santurce. Y que Desarrollo los estudiara. Haría falta un coordinador, pero ya sabía cómo funcionaba esa casa. Se ocuparían de buscar y ya con los resultados hacerle una propuesta que podría ser a favor o en contra.
El paseo por el bosque quedó desechado, era un barrizal. Y los de mantenimiento y jardineros tendrían trabajo durante varios días para normalizar los desastres que la tormenta hizo en el jardín frontal. Había unos setos arrancados, un camino cortado por el surco de lo que parecía el barranquillo de un torrente…
Guille terminaba de comer en un gabinete cuando entró la señora Paula con una cafetera y varias tazas. No lo había pedido por lo que se sorprendió preguntándose qué pretendía esa mujer.
Doña Paula se acercó dubitativa a la mesa y por fin habló:
- Don Guillermo. Perdone, si tiene un momento me gustaría hablar con usted.
Guille asintió y como parecía importante para la mujer le ofreció la cercana silla. Doña Paula la rechazó permaneciendo en pie al otro lado del escritorio.
- Verá. Tengo una hija de dieciocho años, ya para diecinueve. Al principio parecía que iba a ir a la universidad, pero lo deja. Por la tontería de dedicarse a vender ropa usada en un puesto en la calle junto el mercado central o el rastro. Ropa recogida de la basura y remendada. Ella dice que es reciclada. Y en mi opinión no deja de ser ropa de la basura. - Añadió al tiempo que hacía un gesto de fastidio: - Y ahora quiere ir a vivir a una granja o comuna. Donde en mi opinión todos van drogados todo el día. Lo llama Asociación del mundo, o algo parecido.
Paula quedó callada. Parecía a punto de llorar. Guille volvió a ofrecerle la silla. Por fin la mujer se repuso y continuó con su queja sin llegar a sentarse:
- En mi opinión, pues en verdad nada sé, ese Guía espiritual, patriarca o como le llamen es un viejo degenerado que se aprovecha de las jóvenes que están hasta el culo de porros y otras porquerías. – La mujer se disculpó sorprendida. - ¡Ah! Don Guillermo, perdone mi lenguaje.
Guille se levantó cogió de un brazo a la mujer y casi la empujó para que por fin hiciera caso y se sentara. Luego preparó dos tazas ofreciendo un café a la señora.
- Por favor, señora, continúe. La escucho.
- Pues. Quiero pedirle que la contrate varios meses en un hotel de Valencia o Barcelona. Lejos de aquí. Como no tiene estudios que sea en limpieza o hacer camas. Trabajando y tan lejos quizás se le pase la tontería sobre el sitio ese.
Guille asintió y al poco expuso otra posibilidad.
- Puede, pero también puede negarse a ir, aunque no tenga gastos de alojamiento al compartir una de las habitaciones del mismo hotel.
- ¿Compartir?
- Sí en un hotel de Barcelona hay... perdón ahora no me acuerdo del número, pero eso, hay varias habitaciones compartidas. Para el personal que trabaja en esa ciudad y vive lejos. – Era algo que leyó durante un viaje en el Peregrino a esa ciudad. - Se les descuenta doscientos euros del sueldo, pero compensa teniendo en cuenta cómo está el alquiler y el transporte en esa ciudad.
- Ya entiendo, gracias. Ahora no sé cómo decírselo a Nerea.
- Pues dígale la verdad. Que estaba preocupaba por su futuro, me consultó y le busco un trabajo, pero lo encuentro en Barcelona. Ya me dirá qué hará su hija.
- Gracias, don Guillermo.
Paula se puso en pie, y diciendo que los favores con favores se pagan, empezó a desnudarse. Guille también se levantó. La sujetó de las manos impidiendo que continuase desabrochando botones del uniforme.
- Señora. Ahora no. Pues el compromiso de follar es mediante contrato en esta casa y lo que hago por su familia no está incluido.
Paula sonrió y empleando el tuteo ofreció:
- Guillermo, guapo. Deja que te lo agradezca de la única forma que puedo. ¡Nada más tengo para ofrecerte! Voy a esforzarme más que otras veces. Más que con mi marido. Te gustará.
- Bien, señora. - Guille se quitó el jersey y en sendas patadas se desprendió del calzado. - Gracias por su regalo, intentaré que usted también disfrute del momento.
Doña Paula ya se quitaba las bragas sin dejar de sonreír.
- No. Mi joven semental. Yo no soy el regalo. El regaló será mi Nerea que la traeré para que la folles y se entere qué es un hombre de verdad, que seguro que esos drogadictos la dejan a medias. Será otro motivo para que los deje.
- Eso ya se verá, señora. Que ahora al ver sus bonitas tetas tengo ganas de jugar con usted.
Ya desnudos se retiraron al sofá.
La lengua de Paula era sabrosa. Esa mujer besaba muy bien. Mientras, ya le acariciaba las tetas y la mujer comenzaba a lanzar esos suspiros que muestran lo bien que lo pasa.
- ¡Don Guillermo! ¡Usted sabe lo que más me gusta!
A la señora Paula le gustaba notar esas manos en las tetas. Que las apretara y amasara. Su marido tan apenas las tocaba antes de follar mientras que con Guille... ¡si llevara puestas las bragas ya estarían mojadas! Notó que una mano se deslizaba por su cuerpo y llegaba a su intimidad. Separó las piernas para facilitar la caricia.
- Señora. Veo que se ha recortado el vello alrededor del sexo. Le queda muy bien.
La había separado un poco de su cuerpo para mirarla entre las piernas sin dejar de acariciar su intimidad.
- Gra... Gracias. - Respondió.
“Se ha dado cuenta. - Pensó satisfecha. - Este joven que tan solo la ve desnuda una vez a la semana o al mes se ha dado cuenta de lo que ha mostrado a su marido durante dos días y que al no enterarse tuvo que decirlo. Aquel simplemente dijo “bien”. Sin agradecer la oferta ni el trabajo. El joven Guille es un caballero”.
Volvieron a sentarse en el sofá.
Las chupadas en los pezones fueron agradables, pero ese mordisquito... era... Temió que le quedara marca, pero confió en Guille. No lo haría.
Notó el aliento al respirar tan cerca de su vulva. La lengua, los labios...
“¡Qué delicia! ¡Oh! Está atacando el bultito. ¡Es delicioso! Sí. ¡Qué bien mueve la lengua! ¿Y ese dedo? Está, está dentro. ¡Está dentro del coño! ¡De mi coño! ¡Qué bueno! ¡Qué bien lo mueve! ¡Dios, dios! ¡Qué artista! Este muchacho todo lo hace bien”.
Notó que en su interior que su cuerpo se preparaba para culminar. Y lo deseó con ganas.
“¡Dios, no tardaré!”
- ¡Ah! ¡Don Guillermo! Es... Es... Eres el diablo.
Guille disfrutó de un buen trago de flujo de la señora Paula. Estaba rico. Sin dejar que se repusiera se situó sobre su cuerpo y la penetró. Cómo ya esperaba el pene entró suave en esa calidez que lo envolvía.
- Señora. Tiene un cuerpo digno de una diosa. Gracias por dejar que disfrute de usted.
- ¡Mentira! ¡Ag! Sé que es mentira. – Gimió Paula. Su cuerpo se movía al mismo ritmo que Guille imponía. - Gracias por tan bonitas palabras, señor Guillermo. ¡Oh! ¡Qué bien se mueve!
Doña Paula tenía los ojos cerrados casi todo el tiempo. Solo los abría para sonreír a Guille, y ver en ese rostro que también lo disfrutaba. Con solamente dejarse hacer por el joven señor de la casa era un gozo tras otro. Se sentía bien. Le gustaba hasta el roce de sus tetas contra el pecho del joven, y eso que tenía poco vello.
Sí le dijeran que terminaba el contrato Montesinos y no le pagaran por estar disponible, continuaría follando con Guille solamente por el disfrute, por el placer. Notó en su interior que un nuevo orgasmo se preparaba. Iba a ser arrollador. Ordenó:
- ¡Bésame!
El largo y delicioso beso se interrumpió porque abrió la boca para gemir el orgasmo.
- ¡Uhm! ¡Sí!
Estuvo muy bien. ¡Y Guille aún no se había corrido! Todavía notaba la polla dura y larga dentro de su cuerpo con ese delicioso vaivén.
- Señora, me gustaría cambiar de posición.
- Vale. Sí. ¿Cómo le gustaría don Guillermo?
- Póngase encima y fólleme usted.
- Bien. Vale.
Es una postura que pocas veces hace y le resulta cansada, pero el señor la ha pedido y sabiendo que va a disfrutar, obedece.
Se situó con las piernas bien abiertas sobre la cadera de Guille que se había sentado en el sofá, y ella misma se metió el pene poco a poco en su cuerpo. Aunque los últimos centímetros fue dejarse caer.
- ¡Uf! ¡Nunca entró tanto!
No era cierto. Tenía la polla de Guille en el mismo sitio de siempre, pero desde otra posición. Comenzó a moverse. Ante la novedad parecía más sabroso.
- ¡Qué bien se desliza!
Guille cogió sus tetas y las amasó. Sin descuidar el culo al que le daba apretoncitos.
- Me gusta su cuerpo, señora.
Doña Paula comprendió. Por eso era el cambio de posiciones. Así podía acariciarla y darle más placer. Sí, estaba segura sin duda alguna, este chico realmente es el diablo y con la polla la llevaba al infierno.
“¡Cabrón! Para esto me ordenas esta posición. – Pensó sin dejar de moverse. – Para tenerme a tu disposición. ¡Sí! Hazme todo lo que quieras”.
- ¡Qué rico! – Gimió.
Se había corrido por segunda vez follando, y su cuerpo todavía se estremecía de placer cuando Guille avisó que pronto se correría.
Paula animó:
- ¡Adelante! ¡Disfrute!
No tuvo en cuenta que al notar el calor de los chorros de semen en su cuerpo motivarían otro orgasmo.
- ¡Ah! ¡Dios!
Dejó de mover su cadera, pero su coño continuó agitándose. Palpitando y vibrando alrededor de esa polla que tanto placer le daba. Cada descarga que notaba la hacía desear la siguiente.
- ¡Esto sí que es llenarme a tope!
Minutos más tarde una agradecida, feliz y satisfecha mujer se retiraba llevándose el servicio de café. En su mente llevaba las prometedoras palabras de Guille:
- Señora. Tengo previsto un viaje en breve. Pero puede estar segura que cuando vuelva citaré a su hija para una entrevista. ¿Nerea ha dicho? – Doña Paula asintió. – Bien. Ya verá como acepta ir a Barcelona seis meses. De nada tiene que preocuparse.
La vio cerrar la puerta. Esa sonrisa, además de mostrar satisfacción era porque había resuelto el problema de su hija
Ya tenía la maleta lista, el coche esperando en la puerta. Y el avión dispuesto en el aeropuerto. Ahora se despediría de los abuelos, y de Berta lo haría por teléfono desde el coche.
Inesperadamente sonó el móvil y era Berta. No había tiempo para verse y añoró ver esos ojos. Besar esos labios. Respirar su aliento. En la despedida se enviaron varios besos.
Tirando del asa de la maleta y mientras bajaba para ir a la puerta, iba pensando:
“Cariño. Disfruta de tus amigas, pero por favor no las prefieras. No me dejes. Te amo”.
Cenó. Estaba nervioso por lo que decidió salir a dar una vuelta. Se cambió la ropa por unos vaqueros, camiseta, una cazadora, las deportivas. Dejaba el traje que parecía el uniforme de un comercial pasando a ser como un turista o lugareño, además, llovía muy poco.
Un corto paseo y se hartó de ver barcos. ¡Todos los puertos del mundo huelen a agua sucia, gasoil y aceite quemado! Además, estaban esos guardias que le miraban con recelo.
Decidió entrar en la ciudad.
Al ser de noche había poco que ver en las calles por lo que eligió un bar al azar, para tomar una cerveza. Tarea algo difícil porque en la carta había medio centenar de nombres, y cada una con tres graduaciones diferentes, algunas cuatro. Optó por una que indicaba que era suave desechando las marcas comercializadas en España.
Dio un trago. Agria, dejando un sabor agradable y al poco quedaba como algo ahumado. Vale, le gustaba. Echó de menos algo para picar, pero parece que no es costumbre fuera de España.
En la mesa de al lado había una pareja que supuso alemana, o por lo menos a Guille le parecía que hablaban en ese idioma. El hombre, de unos treinta años, apuró su cerveza y se retiró a una mesa del fondo dónde se puso hablar con unos hombres de variada edad.
La mujer, unos diez años más mayor que su acompañante, rubia y de ojos claros, al quedar sola miró alrededor encontrándose con los ojos de Guille. Se sonrieron, pero antes que Guille pudiera moverse un joven de la edad de Guille se sentó con ella y se pusieron a hablar. Esta vez en francés, aunque era evidente que la mujer sabía poco de ese idioma.
Guille terminaba la cerveza cuando esa pareja se retiró. Y al poco, tras consultar al reloj si ya debía marcharse, la hora que mostraba le dijo que sí. Así lo hizo.
En ese momento no llovía. Caminando sin rumbo, no iba directamente al hotel, pasó por enfrente de un portal abierto y le pareció escuchar la voz de la mujer quejándose. ¿Qué pasaba? No era un héroe, pero si en algo podía ayudar… Intentaría hacerlo con la cualidad y lo poco que sabía de defensa personal.
Se asomó y, gracias a una bombilla de bajo voltaje, a unos metros más allá descubrió a la mujer del bar apoyada contra la pared, con una pierna alzada y abrazada al chico de antes.
Estaban follando.
La mujer lo miró por encima del hombro de aquel que ni se había bajado el pantalón. No dejó de follar ni de gemir. Y Guille dijo sonriendo lo poco que sabía en francés:
- Profitez-en. (Qué lo disfrute).
Se marchó al hotel.
Al día siguiente en al menos tres ocasiones estuvo tentado de dejar de correr por culpa de una lluvia que venía racheada. Unas veces apenas se notaba y otras, al golpearle la cara, resultaba molesta. La camiseta se pegó a su cuerpo.
Ya regresaba al hotel cuando de una calle lateral pasó delante una mujer también corriendo. Su ropa era muy ajustada marcando bien su torneado cuerpo. Era un bombón. Culminando esas bonitas piernas había un precioso culo. Lo siguió. Llegaron casi a la vez a la entrada del mismo hotel y el portero mantuvo la puerta abierta ya que los reconoció como clientes saludando en francés e inglés.
Fue entonces cuando la mujer se dio cuenta de la proximidad de Guille. Al parecer no le había oído ya que llevaba auriculares. Se reconocieron de verse la noche anterior en aquel bar, y en el portal. Simplemente se dijeron buenos días en francés.
Si la noche anterior le parecía guapa en ese momento era todo un monumento. Ropa ceñida, casi anulando sus tetas, pero el resto era resaltado. Piernas, cadera, culo. El pelo lo llevaba sujeto con un elástico que cubría su frente.
Por casualidad cogieron el mismo ascensor para salir en la misma planta, pero ya cada uno en diferente dirección. Tras unos pasos Guille sintió ganas de ver otra vez ese culo tan bien marcado en la ropa elástica y se giró. Se encontró que la mujer también se había girado. Se sonrieron y cada cual siguió con lo suyo.
A las ocho menos unos minutos fue a la sala de la reunión en el tercer piso. Se sintió incómodo al ver que era de los últimos en llegar. Con gran sorpresa se encontró con la mujer acompañada de aquel hombre que la dejó sola en el bar y se vieron esa mañana. Iba correctamente vestida con un serio y muy discreto traje chaqueta. El saludo a todos fue en inglés.
El anfitrión, o mediador, en un inglés con fuerte acento francés, hizo las presentaciones. La mujer era representante de Investitionen und Veträge Arno Schäfer. (Inversiones y contratas Arno Schäfer). Con sede en Múnich.
Cinco minutos más tarde se inició la maratoniana sesión. Cuatro horas seguidas de números, posiciones encontradas, explicaciones sobre más números... Guille se dedicó a escuchar, ya plantearía lo del casco en otro momento.
Al medio día, el anfitrión y también parte interesada pidió, o concedió, tiempo para comer. Disponían de dos horas. También explicó algo que todos ya se habían percatado, por la parte alemana no acudió quien ya conocían gracias a las videoconferencias, el Barón Izan, sino su esposa. La mujer que Guille ya conocía y que pilló en tan delicada situación en la oscuridad de un portal.
Estaba recogiendo la documentación empleada en la reunión, cuando en un inglés con fuerte acento alemán se dirigieron a él. Era la mujer de la noche anterior, de esa mañana. Estaba muy seria y su mirada era desafiante, casi amenazante.
- Señor. Le ruego discreción.
Lo pedía quien folla en los portales abiertos. Empleó el mismo idioma para contestar:
- Señora. Disculpe para según qué temas soy muy olvidadizo. No sé de qué me está hablando.
La mujer asintió con un gesto y se retiró.
En el bufet libre del restaurante, Guille cogió lo que su esposa le aconsejaría estando fuera de casa. Algo conocido y ligero. Quedándose con un poco de hambre antes que pasarse y sentirse pesado, sin ganas de nada. Por eso cogió un tazón con sopa, una loncha de ternera asada y verduras hervidas. Para beber, agua procurando que fuera sin gas. Buscó una mesa libre y decidió ir al fondo, cerca de una ventana desde la que se veía el puerto, que continuaba sin ser atractivo bajo un cielo gris.
Al poco llegó la mujer que representa a la Arno Schäfer y pidió sentarse en la misma mesa.
Tras ver que habían cogido para comer casi lo mismo. Se presentaron, aunque la mujer ya sabía su nombre y la importancia de la empresa que representaba. Ella se llamaba por un nombre de varias sílabas al parecer compuesto, pero podía llamarla Gilda. Naturalmente la conversación giraba sobre sus posiciones afines y encontradas sobre la construcción del barco.
- Tu agencia dispone del treinta por ciento de la participación y teniendo en cuenta que somos cuatro socios...
- Cierto, amigo mío. – Admitió la mujer. – Por eso nos arriesgamos más en este proyecto.
- Riesgo. Un detalle muy importante. Quiero asegurarme que ese casco aguantará una tormenta de las muchas que hay en el atlántico. – Con el extremo del cuchillo dio un golpecito en el borde del plato. - Que no quede dañado con la primera y rematado con la segunda. Me gustaría que durase muchos años.
- Coincido contigo, amigo Guillermo. Ahora vamos a ver los puntos en los que no coincidimos.
- Veamos.
Guille no necesitaba emplear la Cualidad. La mujer era equitativa al ofrecer y pedir. En una hora habían descubierto que estaba de acuerdo y podían presentar juntos la nueva propuesta a los otros socios. Y como sumaban el cincuenta y cuatro por ciento de la inversión podían imponer sus criterios a los demás.
En la siguiente reunión estuvieron más habladores que el mediador convenciendo a los demás. Gilda parecía disponer de la Cualidad, convencía y eliminaba dudas de los otros posibles socios con facilidad. El compañero de Gilda, que en verdad era su secretario, simplemente asentía. Pero ahora estos ponentes tenían que pedir conformidad a sus jefes por lo que el resultado quedaba para el día siguiente.
El mediador, admitiendo que también debía hacer la consulta, fue quien dijo las palabras protocolarias para cerrar la jornada.
Gilda, sonriendo complacida ante los resultados, propuso a Guille ir a tomar algo por ahí en un intento de relajarse, pero que antes tenía que hacer una llamada.
¡Es verdad! Guille no llamó a casa al medio día. Se sintió fatal y mucho más al reconocer que fue otra persona quien se lo recordaba.
Estando en medio del pasillo envió un mensaje a Berta preguntando cuándo la podía llamar. Y el aparato sonó al poco siendo ella.
- ¡Hola cariño! - Su voz era anhelante. - ¿Mucho lío?
Guille explicó el motivo por el que no la llamó. Estaba comiendo cuando un colega se puso a su lado para hablar del proyecto, acercaron posturas, y posiblemente siga adelante, pero con más seguridad.
- Pues yo fui a correr esta mañana. A la facul. Hice Tai-chi. Y salvo que paré a comer llevo todo el día estudiando.
- ¡Ah! Bien. Quizás debieras quedar con las amigas. Para no aburrirte.
- No, cariño. Cuando no estudian están con sus parejas. Violeta también tiene novio.
Luego se dijeron varias veces lo mucho que se querían y se despidieron deseándose buenas noches.
Gilda esperaba a unos pasos de distancia. Se sonrieron y despacio se dirigían al bar.
- Así que tienes una relación abierta con tu marido.
- ¡No! Aunque algo parecido. La relación es de ojos cerrados. Yo no veo lo que hace con su secretaria, y otras amistades femeninas, y él no ve lo que hago con mis amigos.
Añadió que era un matrimonio de compromiso. En el que ella aportaba la herencia e influencias de la Schäfer al ser la presidenta y el marido aportó capital, dos fábricas y el título de Barón.
Guille se sorprendió que la dueña de semejante compañía estuviera en una ponencia. La respuesta fue: aburrimiento.
- No soy de las que se quedan en el despacho leyendo los informes sobre lo que los demás hacen. Siempre procuro disponer de tiempo para participar.
- La emoción en el negocio. – Murmuró Guille.
Gilda, mediante un leve gesto señaló la mano izquierda de Guille.
- Veo que también estás casado, aunque no llevas anillo ni marca de quitártelo. - Guille asintió. - ¿Tienes una relación abierta?
- Algo parecido. - Sonrieron ante la similar frase. - Ella tiene sus amigas y yo las mías.
Por un momento Gilda parecía que no había entendido lo de las amigas de la esposa, hasta que sonriendo no preguntó.
Todas las mesas del bar estaban ocupadas con gente que parecían dedicarse a negocios brindando los acuerdos alcanzados. Aunque también los había que parecían lamer sus heridas en silencio. Lo que coloquialmente se dice: ahogaban sus penas.
Fueron a la barra. Pidieron cerveza de una marca que Guille no conocía y simplemente se aseguró que fuera suave para no perder el control. En España la cerveza suele ser de cuatro a cinco grados y medio, pero en Ámsterdam está disponible de cuatro, siete y once. Y algunas marcas de otra graduación más alta. Había que tener cuidado al pedir, al controlar.
Estuvieron hablando sobre anécdotas de otros viajes hasta que Gilda, mostrando un leve gesto con la cabeza y una sonrisa, propuso tomar una copa en su habitación. Apretó los labios intentando no sonreír cuando añadió:
- Solo hay un impedimento: no podemos subir juntos.
- Comprendo. – La miró a los ojos, luego al camarero y con disimulo alrededor. Quedaría demasiado evidente ante quienes les pueden mirar en este momento. - Te propongo que me marche primero, será cómo si me hubieras rechazado, y te veré en tu habitación en diez minutos.
- Que sean quince.
Le dijo el número, que como ya sabía coincidía en la misma planta. Y se giró dándole la espalda como si lo rechazara. Parecía una buena interpretación. Sin mirar a la mujer que en ningún momento se giró, Guille llamó al camarero, pagó las dos consumiciones y se marchó.
Continúa en
- Relato #252041— title-regex: contiguous parts (27 -> 28)
Relatos similares
- Hetero: General
Habitación 14.//
La habitación 14 no es solo un lugar, es un escenario preparado para el deseo. Él ya espera, con el jacuzzi lleno y un regalo que promete una noche…
Comparte:Bdsm suaveDominacion masculinaConexion inesperada
- Hetero: Infidelidad
LAS VUELTAS 9. Corregido.
El ingeniero nunca imaginó que un accidente en la obra lo llevaría a una red de amantes, chantajes y secretos familiares.
Comparte:Bdsm suaveRelacion jefe subordinadaPoder y control
- Hetero: Infidelidad
No tienes pelotas
A las dos de la madrugada, el calor y la rutina sexual lo empujan a salir a la calle. Allí, una vecina de dieciocho años lo espera con una propuesta…
Comparte:Relacion jefe subordinadaDominacion masculinaBdsm suave
- Hetero: General
Historias De Oficina-13-
Él creyó que la había perdido para siempre, pero ella regresó con el fuego que él necesitaba para sobrevivir.
Comparte:Bdsm suaveDominacion masculinaConexion inesperada
- Sexo con maduras
Fidel y sus maduritas 7
Fidel sabe que cruzar la línea con su jefa es un riesgo, pero la vulnerabilidad de Alba le abre la puerta a un placer prohibido.
Comparte:Relacion jefe subordinadaBdsm suaveConexion inesperada
- Hetero: Infidelidad
Una mala decisión. Parte 1
Le ofrecieron la oportunidad de su carrera, pero el precio era su dignidad. En la puerta de su despacho, la mirada de su supervisor no prometía…
Comparte:Dominacion masculinaBdsm suavePoder y control