El juguetero 5
Las cámaras graban cada azote, pero el verdadero juego comienza cuando el amo baja de la torre de control. ¿Qué pasa cuando la sumisa deja de ser un objeto de prueba y empieza a reclamar su lugar? La disciplina se vuelve íntima y el castigo, una promesa de placer.
Capítulo 5
Sofía llevaba casi un día entero metida en la jaula mientras se grababa el vídeo. Y al final hablando con Concha se le pasó el enfado, aunque tuvo mucho que ver la follada que habíamos tenido en la cocina.
Ella salió de casa bajando por las escaleras y puse las cámaras en el móvil para ver como estaba Sofía. Estaba a punto de dejar de mirar para ponerme a comer cuando vi que Concha a punto de salir del taller se quedó parada, titubeó unos segundos, y se dirigió a la zona de grabación.
Seguro que va a darle otra tanta de azotes, pensé. Tendría que hablar de nuevo con ella pero prefería dejarla, eso le gustaría al cliente al ver el vídeo.
Entró en la zona, cogió la fusta y le dio en los muslos a Sofía que estaba dormitando tumbada. Enseguida se puso a cuatro patas y sacó el culo por la parte posterior de la jaula esperando sus azotes.
Concha le dio seguidos cuatro azotes fuertes, y paró.
-¿Como te llamas?-. Preguntó al tiempo que la azotó.
Sofía se quedó unos segundos pensando, se suponía que los vídeos eran anónimos y no debía aparecer su cara pero tampoco nada que la identificara.
-¡Te he preguntado como te llamas!- La volvió azotar con más fuerza haciendo que gritara.
-Sofía, me llamo Sofía-.
-No es correcto. ¿Como te llamas?- De nuevo la azotó.
-No le entiendo, me llamo Sofía-.
-No aprendes y no te han enseñado bien. Ese ya no es tu nombre, ¿como te llamas?- Preguntó de nuevo azotando un culo ya muy castigado.
-¿Puta?- Dijo esperanzada Sofía esperando que terminara su tortura.
-Eso es, te llamas puta, y zorra, y guarra. Eso es lo que eres. Grita tu nombre-. Otro azote le cayó.
-¡Puta!-.
-Muy bien puta, pero a mi debes llamarme señora siempre. Tu eres la puta de esta casa, pero yo soy la señora, ¿entiendes puta?- Esta vez el azote no fue tan fuerte.
-Sí señora-. Dijo Sofía al borde del llanto.
-Muy bien puta, no se te olvide la posición que ocupas en esta casa. Espera y no se te ocurra meter ese sucio culo en la jaula-. Concha dejó la fusta y salió de la zona de grabación.
Varias veces estuve a punto de bajar para terminar con eso, pero en realidad se estaba poniendo a prueba a Sofía y por eso dejé a Concha seguir.
Se dirigió a un armario donde tenemos muchos juguetes que se usan como muestras para nuestro catálogo. Sacó un arnés doble y se fue de nuevo a la zona de grabación. No puedo negar que me estaba excitando con la perspectiva de lo que pasaría.
Fuera de cámara, Concha se quitó los leggings, y empezó a frotarse el coño con el arnés.
-Una puta tiene que estar siempre caliente, ¿estas caliente puta?-
Sofía lo pensó unos segundos y creo que de forma involuntaria se frotó los muslos.
-No mucho señora-.
-Pues eso está mal. La puta de la casa siempre debe estar disponible y es un fallo importante que no lo estés. Así que por este fallo usaremos la puerta de atrás, que en el fondo a la puta debe encantarle también-. Se fue mientras decía eso a la parte de la ropa, se puso una máscara y cogió el lubricante.
Con una mano seguía frotándose el arnés por su coño, la otra le puso lubricante en el culo y lo extendió un poco, sin llegar a meter los dedos. Se puso el arnés y lo aseguró bien. Agarró los barrotes de la jaula, apuntó al culo de Sofía y lo metió sin brusquedad y poco a poco hasta que entró entero. Sofía soltó un grito pero no se movió. Poco movimiento tiene en la jaula pero el culo podría haberlo metido y no lo hizo.
-¿Notas esa polla puta?- Dijo Concha sin moverse con el arnés bien dentro en su coño y en el culo de Sofía.
-Sí señora-.
-Pues esa es mi polla, y seguro que la puta la va a sentir muchas veces-.
Comenzó poco a poco a meter y sacar, cada vez más rápido. Los gemidos de dolor de Sofía fueron pasando a otros de placer. Con sus manos atadas a los extremos de la jaula se agarraba a los barrotes pero eso no impedía que los empujones cada vez más fuertes de Concha le hicieran asomar la cabeza por la parte donde estaba el bebedero.
-Me gusta ese culo de zorra que tienes. Apriétalo fuerte puta que yo tengo que correrme antes de parar-.
Me pareció de lo más excitante. Concha con el arnés agarrada a los barrotes de la jaula empujando y follando el culo de Sofía que dentro de la jaula a cuatro patas y agarrada al frente le costaba aguantar la postura mientras le bailaban sus tetas. Las dos gemían cada vez que el arnés entraba en el culo.
-Aguanta puta que ya me queda poco. ¡Que gusto follarme a la guarra de la casa! ¡Aguanta que ya llega! ¡Ahhhh!-
Concha levantó la cabeza dando los últimos empujones y paró con el arnés dentro del culo.
-Ha estado bien puta. Dame las gracias por darte el placer que no mereces zorra-.
Con un último gemido de placer, Sofía sintió como el arnés salía dejando el culo bastante abierto.
-Gracias señora-.
Concha le dio un azote con la mano.
-Puedes agradecerlo mejor puta, o ¿quieres que te azote de nuevo?-
-Lo siento señora. Gracias por servirle de placer, esta puta está para eso señora-.
-Eso está mejor. Buena puta, después de que el jefe me haya follado esto ha sido la guinda. Me costará ir andando a casa. Bien hecho puta-.
Le dio un azote en el culo y saliendo de la imagen se quitó la máscara y el arnés. Mientras me pareció ver algunas lágrimas en la cara de Sofía. Concha se vistió y se marchó con una enorme sonrisa en la cara.
El lunes cuando regresara tendría que hablar con ella. No parecía que el enfado por tener a una sumisa en casa se le hubiera pasado.
Vi como Sofía se recostaba en la jaula y ahora si se la veía sollozar un poco. No soy un sádico y pensé en ir a por ella, pero la lógica me dijo que al vídeo le faltaba unas pocas horas y si fuese ahora lo estropearía y tendríamos que hacerlo de nuevo. Así que con dolor, lo reconozco, la dejé tumbada en la jaula y me puse la comida pero sin dejar de mirar la cámara.
Tras comer, Sofía ya estaba relajada, incluso asomó la cabeza para beber un buen rato. Descansé un momento sin dejar de mirarla meditando sobre unos nuevos sentimientos que me estaban rondando. El abuso de Concha me enfadó, y yo creía que era por usar a mi nueva sumisa sin mi consentimiento. Pero no, no era por eso. Apenas la conocía de una semana y ya sentía por ella un fuerte cariño, ¿o sería amor? No, amor no era, al menos eso creía, pero cariño sí.
Decidí no darle más vueltas al tema y regañar a Concha sobre la base de usar a mi sumisa sin mi permiso.
Bajé al taller y entré en la zona de grabación. Sofía estaba a cuatro patas y la pillé justo cuando estaba orinando. Me escuchó y noté como hizo esfuerzos para parar los chorros que iban resbalando por sus muslos. Cogí la fusta y le di los golpecitos para que sacara su culo entre los barrotes. Aún caían algunas gotas de su pis cuando lo hizo.
Le di unos pocos azotes no muy fuertes.
-¿Le ha gustado a la puta la jaula?-
-Sí señor-. Dijo en voz baja, creo que estaba muy avergonzada por que la viera haciendo pis.
-No te escucho puta, ¿te gustó la jaula?-
-Sí señor, me ha gustado mucho-.
-¿Te gustaría tener una para ti?-
-Si el señor lo desea yo estaría encantada… Quise decir que la puta estaría encantada-.
Solté la fusta y apagué el vídeo. Me acerqué a ella, le acaricié el culo y se lo abrí para ver si Concha lo había dejado mal, pero no, estaba perfecto así como su coño. Aunque tenía marcas de la fusta por todo el culo que tardarían algunos días en desaparecer.
Abrí la jaula y la ayudé a salir. No podía ponerse de pie, así que acerqué un sillón y le senté mientras ella estiraba brazos y piernas.
Yo desmonté la jaula para limpiarla y embalarla.
-Ahora no se está grabando, dime que te ha parecido la jaula. Es importante para modificarla o para futuros encargos-.
-No es incómoda señor. Pero pasar tantas horas y sin apenas poder moverte es una tortura sin embargo se aguanta. El bebedero es muy cómodo de usar aunque el agujero por donde se saca la cabeza quizás sea un poco pequeño y varias veces me dio miedo no poder volver a meterla-.
-Apuntaré eso. ¿Con respecto al pis?-
-Bueno señor, eso es lo que más pena me dio. Vergüenza, me dio vergüenza. Es desagradable sentirte las piernas mojadas pero lo peor es que como el pis pasa a una bandeja que está debajo, desde el primero que haces ya estás siempre oliéndolo y tardas mucho en acostumbrarte. Pero la tela del acolchado del suelo no se mojaba y eso está bien. Yo pensaba que tendría que estar siempre con el suelo mojado-.
-Bueno, descansa, cuando quieras te das una ducha y sube a casa a comer que imagino estarás hambrienta-.
-Sí señor, tengo mucha hambre. ¿Puedo hacerle una pregunta?-
-Claro, dime-.
-La señora de la limpieza...-.
-Se llama Concha-.
-Sí señor, ¿seré también sumisa de Concha?-
-No, eres mi sumisa y Concha se ha extralimitado. Hablaré con ella el lunes pero si es verdad que ella no es sumisa, quiero decirte que tendrás que hacerle caso cuando yo no esté-.
-¿Es ella su pareja señor?- Ocultó un poco la cara para no verme.
-No es mi pareja. Ella vendrá sólo para limpiar-.
-Es que ella dijo… bueno, que dijo que usted la había… pues eso que la había follado-.
La miré, me acerqué a ella y le levanté la cabeza. Me dieron ganas de besarla pero me contuve.
-¿Son celos?-
-Para ser honesta tal vez un poco, pero en realidad era sólo por saberlo señor-. Intentó apartar su mirada pero la sujeté de nuevo por la barbilla.
-La sumisa no debe tener celos. Yo puedo follar con quien quiera, eso debe quedarte claro puta-.
Creo que fui más serio de lo que pretendía.
-Sí, lo sé. Pero soy humana y a veces no puedo evitarlo señor. Pero tiene razón. Yo soy toda suya para que haga de mi lo que desee-. Puso una sonrisa falsa.
-Anda, ve a ducharte y a comer. Después si quieres te acuestas un rato. Yo tengo trabajo limpiando y embalando la jaula. Y si me da tiempo iré a correos a enviarla-.
Estaba terminando el paquete cuando la vi bajar de la casa y dirigirse a sus habitaciones. Se la veía en la cara el cansancio, tanto que creo que ni se fijó en mí. Terminé el paquete y me fui a la oficina de correos para enviarlo. Regresé como dos horas después, en el pueblo no hay oficina de correos. Pasé un rato en el despacho organizando correos y papeles, que en esta vida hay papeleo hasta para follar. Subí a casa y me puse a preparar la cena. No sabía si debía despertarla, seguro que estaba agotada. Al poco de terminar la cena y poniendo la mesa llamó a la puerta de la casa de forma suave.
-¡Pasa!-
Abrió la puerta y sin pasar del quicio me preguntó: -¿Me necesita el señor para algo? He revisado el despacho y he visto que no hay nada pendiente-.
-No, está todo hecho-.
-Bien, pues que pase una buena noche-. Se giró para marcharse.
-¿A donde vas? Entra y cenemos-.
-Ya tengo la cocina señor. Puedo hacerme algo-.
-Ya tienes la cocina y el frigorífico, pero no tienes nada dentro, así que no creo que puedas hacerte nada de cenar. Entra y siéntate-.
-Sí señor-. Lo entendió como una orden que en realidad no lo era. Se fue directa a la mesa y se sentó.
Terminaba de poner la mesa y de servir la cena que ella no le apartaba el ojo, aún debía quedarle hambre.
-Vamos a hacer una cosa. A mí no me gusta comer sólo, así que a partir de ahora los almuerzos y las cenas los haremos juntos. ¿Te parece?-
-Sí señor, como diga-.
A punto estuve de decirle que no era una orden sino una sugerencia. Esto de tener una sumisa aún no lo dominaba, tendría que leer más sobre el tema.
Al terminar de cenar y de recoger todo me tumbé en el sofá para ver algo de televisión. Entonces ella entró y se quedó de pie delante de mi.
-¿Necesita algo más el señor?-
-Nada por ahora-. Respondí con desgana pasando los canales.
-Entonces si el señor me lo permite me voy a dormir a mi habitación-.
Se quedó parada delante de mí unos segundos. Los justos para darme cuenta que era mi sumisa, que no dormía en casa y lo más importante que desde la función de Concha estaba caliente y deseando follarla. Sobre todo sabiendo que al día siguiente no se trabajaba, que era sábado y no la necesitaba caliente para ningún vídeo.
-Espera, acércate-.
Llevaba un vestido de una pieza suelto hasta poco antes de las rodillas, de esos estampados con florecitas. Se notaba que no llevaba sujetador como le había mandado, aunque la orden fue para el trabajo pero se ve que lo entendió para estar siempre así, salvo al salir a la calle.
Se acercó nerviosa y entrecerró los ojos cuando metí mi mano bajo la falda y toqué la braga que estaba húmeda. Recorrí sobre la braga la mano un par de veces acompasada por sus gemidos.
-Estás muy mojada, al menos la braga está mojada. Vamos a ver que tal estás por dentro-.
Con gemidos más fuertes abrió un poco las piernas dejando los brazos a los lados inertes.
Bajé la braga y pasé mis dedos entre sus labios para al final meterlos dentro. No estaba mojada, estaba empapada.
-Pues es verdad que estás muy mojada-.
-Lo siento señor. Llevo así desde que me metió en la jaula-.
-Sabes que cuando pruebas los juguetes puedes correrte, es más, debes hacerlo. ¿No te excitó lo suficiente Concha cuando usó el arnés?-
-Sí señor, pero usted no estaba-. Seguía gimiendo mientras mis dedos entraban despacio y salían.
-Y eso que tiene que ver, tenías permiso-.
-Es que leí que los orgasmos de la sumisa le pertenecen al amo y yo quiero que sólo le pertenezcan a usted señor. Pienso que es lo correcto, además aunque llevamos poco tiempo juntos me gusta hacerlo cuando está usted presente y aunque lo pase mal deseando correrme y no poder hacerlo, quiero ser una buena sumisa. Por eso quiero esperar a la orden del amo, o como mínimo que el amo esté presente para que sepa que se debe a él, en este caso a usted señor-.
Es la primera vez que se usaba la palabra amo, y me gustó mucho. Como también me gustó esa entrega que significa correrse sólo con el amo o cuando esté él.
-¿Te gustaría ahora correrte?-
-Sí claro señor, si me da permiso me encantaría. Estoy muy caliente-.
Aumenté mis movimientos de la mano en su coño. Me gustaba mucho escuchar el chapoteo de su flujo con mi mano al entrar.
-Puedes correrte si quieres puta-.
-Gracias señooorrrrr-.
Y sin más se agitó estando de pie, cerró los puños y gimiendo se corrió. Las piernas le temblaban y me puse yo de pie para sujetarla.
-Ponte a cuatro patas o te vas a caer-.
La ayudé a ponerse en la postura. Seguía con los ojos cerrados disfrutando de su orgasmo.
-Ahora me toca a mi-.
Levanté su vestido hasta ponerlo en la cintura y sin esperar nada saqué mi polla ya dura y se la metí haciendo que gritara del nuevo placer que la llenaba.
Bombeé un par de veces y paré. Le solté el vestido sacando sus brazos para bajarlo y dejar sus tetas colgando. Ella no podía esperar y se movía delante y atrás para seguir follando.
Le di un azote fuerte en el culo.
-Quieta puta, aquí se hace lo que digo yo, y no recuerdo haberte dicho que te muevas puta-.
Ni me contestó, se quedó quieta con débiles gemidos.
Cuando terminé de enrollarle el vestido me di cuenta de lo mojada que tenía la polla y mis muslos.
Continué follando mientras le tiraba de los pezones o dejando que las tetas bailaran la agarraba del pelo y tiraba de él.
-Señorrrr, no voy a aguantarrrr-.
-Espera a que tu señor se corra para hacerlo tú-.
Pero estaba demasiado mojada y mi polla entraba y salía sin apenas notar fricción. Quería correrme pero de esa forma iba a tardar demasiado. Así que la saqué y de un sólo empujón la metí en el culo. Sofía dio un grito por la sorpresa pero inmediatamente se puso a gemir de nuevo.
En unas pocas embestidas me corrí mirando al techo y agarrando fuerte del pelo. Ella no tardó mucho más, aún estaba eyaculando cuando noté como el esfínter me apretaba. Se calló y se quedó quieta unos dos o tres segundos, para después exhalar aullando.
Yo me salí y me quedé sentado en el suelo. Ella seguía vibrando a cuatro patas, sus piernas y brazos apenas la sujetaban hasta que se echó de lado y dejó de gemir para quedar quieta y en silencio con los ojos cerrados.
Pasados unos minutos de descanso me puse de pie.
-Date prisa en recuperarte puta. Me has dejado la polla muy sucia y deberás limpiarla-.
Abrió los ojos pero no se movió.
-Sí señor, enseguida. Siento ensuciarle, pero aún no me llegaron los enemas-.
Poco a poco se fue incorporando y me acompañó al baño. Me senté en el bidet y ella con los ojos apenas abiertos aún se puso a limpiar la polla.
-Debes tener ese culo limpio. Cualquier día no te dejaré usar el bidet y tendrás que hacerlo con la boca-.
-Sí señor-. Cerró el grifo y con suavidad me pasó una toalla.
-Bueno, ya estamos relajados los dos. Me voy a dormir-.
Me dirigí al dormitorio y ella hizo el amago de irse, pero se paró y se volvió.
-Señor, ¿que debo hacer mañana?-
-¿A que te refieres?- Le pregunté ya en la puerta de mi dormitorio y aguantando un bostezo.
-Pues no sé señor. Que si le espero en el taller o si subo a la casa-.
-Mañana es sábado, tienes dos días libres hasta el lunes. Puedes hacer lo que quieras. Si vas a subir a comer o cenar me avisas. El resto haz lo que te apetezca-.
-Como diga el señor. Hasta mañana-. Y se fue visiblemente triste.
Entonces me di cuenta que como sumisa ella esperaba que siguiera usándola. Quizás esperaba que le ordenará algo pero mi sueño me estaba venciendo, ya lo pensaría al día siguiente. Me despedí de ella y conforme me tumbé en la cama me quedé dormido profundamente.
Me levanté con energía, desayuné tranquilo mirando por la ventana el paisaje. Una de las cosas por las que dejé la ciudad. Me vestí y bajé para ir a dar un paseo por el campo como solía hacer casi todos los sábados.
Al bajar al taller me encontré a Sofía sentada en el ordenador del despacho. Pensé que estaba trabajando.
-Buenos días. ¿Que haces?-
-Buenos días señor. Estoy leyendo y encontré muchos relatos sobre como ser una buena sumisa. ¿Le molesta señor?- Me dijo muy avergonzada.
-Simplemente con hacer lo que te ordene ya es suficiente para ser una buena sumisa-. Sonreí pensando que yo debía hacer lo mismo. Me imagino que este tipo de relación no es exclusivamente follar cuando yo quiera.
-Sí señor. Pero de todas formas no tengo nada que hacer-.
-Ven-.
Se levantó y vino al otro lado de la mesa donde me encontraba yo. Llevaba un camisón muy corto y casi transparente donde se le apreciaban los pezones y unas braguitas con dibujitos.
La agarré y sin esfuerzo la giré y la incliné sobre la mesa. Levanté el camisón y le bajé las braguitas.
-Una cosa importante de una buena sumisa es no olvidar que lo es. Por eso a partir de hoy te daré todos los días unos azotes para recordártelo-.
Empecé a azotarla con la mano. Iba alternando los cachetes y después de unos pocos le pasaba la mano por el coño que se iba mojando cada vez más.
-Me encanta tener a una sumisa masoquista tan puta como tú-.
-Y a mi me gusta tenerlo a usted. Gracias señor. Soy suya para que me haga lo que desee-.
Le di unos treinta azotes, me hice un recordatorio mental de que ella los fuera contando las siguientes veces.
-Ahora ve a vestirte, ponte unos leggings y sin nada de ropa interior. Nos vamos a pasear por la sierra que es muy sano-.
-Sí señor, enseguida-. Se levantó ilusionada y muy mojada para ir a vestirse.
Apagué el ordenador y la esperé en la puerta. Fueron unos diez minutos en los que apareció con los leggings muy ajustados donde se le veían claramente los labios y una camiseta con la marca de los pezones muy visible. Pero lo que más destacaba era una amplia sonrisa en su cara.
Me miró de manera provocativa y preguntó:
-¿Le gusta como me veo?- Dijo moviendo descaradamente las tetas y moviendo las caderas.
Con una falsa molestia pronuncié un seco “no”.
De inmediato puso una mueca triste.
-Señor, creo que voy muy provocativa, ¿verdad?, y si me ve alguien tal vez piensen cosas sobre mi-.
-¿Que pensarán?- Le pregunté sonriendo.
-No sé, tal vez pensaran que soy una puta señor-.
Solté una carcajada que la hizo sonrojar.
-No te preocupes que iremos por zonas por donde nunca va nadie. Pero si alguien te viera está bien que sepan que eres una puta, porqué eso es lo que eres, ¿no?-
La mueca triste anterior la cambió por una radiante sonrisa.
-Sí señor, pero recuerde que no soy una puta cualquiera, soy Su puta-. Sonrojada y sonriendo inclinó la cabeza a un lado dejando una pose como de inocencia traviesa.
Me dieron ganas de follarla allí mismo. No sé la razón por la que me contuve, quizás aún no había aprendido bien a ser un amo.
Salimos del pueblo en dos pasos ya que mi casa y taller están en el extremo del mismo. Y cuando llevábamos unos quince minutos andando en silencio, que es como me gusta ir por el campo me sorprendió con una pregunta.
-¿Le puedo preguntar algunas cosas señor?-
-Puedes-. Dije de manera expectante.
-Señor, ¿No prefiere que le llame amo?-
-Pues...no. Por ahora señor está bien-.
-¿Por qué?-
No supe bien que contestar, así que me limité a decir “siguiente pregunta”.
A pesar de todo me miró de manera divertida y preguntó:
-¿Tendré un collar de sumisa?-
-Pues tampoco lo había pensado-.
No había meditado nada de eso porque me limitaba a pensar en ella como una sumisa que sólo estuviera dispuesta a follar cuando a mi me apeteciera. Y a darle unos azotes de vez en cuando. Pero está claro que para ella no era eso. Yo mismo había pasado de tener prisa por someterla a no saber exactamente que hacer con ella.
-Lo del collar… quizás si tenga uno para ti. Voy a hacer uno que pueda darte leves calambres...-.
No me dejó terminar.
-¡Ay! No señor, por favor. Eso no, no me gusta la electricidad, se lo ruego-.
-Vaya...- me quedé mirándola fijamente hasta que avergonzada bajó su mirada.
-No me has dejado terminar, y eso no es correcto para una sumisa-.
-Perdón señor. Le pido disculpas, pero es que ese collar me da miedo-.
-Si me hubieras dejado terminar te habría dicho que en realidad no son calambres, es más como una extraña sensación. Y me serviría para llamarte si te necesito-.
-Lo siento de nuevo señor-. Seguía con la mirada baja y muy compungida.
-No soy un sádico, hubiera dejado que tú misma me indicaras el nivel que deseas. Ahora me lo pensaré-.
-Sí señor. Haré lo que me diga. Seguro que me acostumbraré-.
-De todas formas esta salida de tono ha de castigarse. Ponte de pie de cara a ese árbol y con los brazos levantados agarrando el tronco-.
-Sí señor-.
Le bajé los leggings y le subí un poco la camiseta. Me quité el cinturón, lo doblé agarrándolo por la parte de la hebilla y comencé a azotarla.
No se movía ni un milímetro aunque soltaba algún que otro “ay”. Paré.
-Esto no es así, con cada azote debes pedir perdón por haberme interrumpido-.
-Sí señor. Perdón por haberle interrumpido-.
-No puta tonta, debes decirlo cada vez que te de un azote-.
Levanté el cinturón y cayó sobre su culo.
-Perdón por haberle interrumpido señor-.
Otro azote.
-Ay, perdón por haberle interrumpido señor-.
De nuevo cayó otro aunque decidí no ser tan rudo, su culo ya se veía colorado.
-Ay, perdón por haberle interrumpido señor-.
Cambié de lado para que no le cayeran los azotes sobre el mismo cachete.
-Ay, perdón por haberle interrumpido señor-. Zas.
-Perdón por haberle interrumpido señor-. Zas.
-Perdón por haberle interrumpido señor-.
Cuando llevaba como quince azotes en cada cachete me paré. Estaba muy excitado, al final, pensé, voy a ser un sádico.
Me bajé los pantalones y los calzoncillos. Mi polla se balanceaba muy dura mientras me acercaba a ella por detrás. La agarré por la cintura y la separé un poco del tronco del árbol. Pasé mi mano por el coño que estaba empapado. Paseé la polla por los labios, abriéndolos con el glande y haciendo que ella empezara a gemir.
-¿La puta está deseando follar?-
-Sí señor, mucho. Deseo su polla dentro-. Y diciendo eso movió sus caderas para buscar la penetración.
No la hice esperar, aunque en realidad quien no quiso esperar fui yo que de una sola embestida se la metí hasta el fondo. Con un fuerte gemido intentaba arañar la corteza del árbol. Yo llevé mis manos por dentro de su camiseta y me puse a tirar de sus pezones.
Estuve bombeando ese coño encharcado hasta que me corrí soltando mi leche bien dentro.
-Por favor señor, ¿puedo correrme?-
En ese momento estaba en la gloria corriéndome y no pude hablar pero cuando terminé me eché sobre su espalda y casi le silbé un sí.
Mi polla que estaba ya en retirada notó como el coño se contraía y sus gemidos aumentaron. Cerró los puños dejándose llevar por el placer hasta que quedó en silencio abrazada al árbol.
Me separé de ella y vi como le resbalaban chorretones de leche y flujos por sus muslos. Las rodillas se le doblaron un segundo para volver a erguirse.
-Gracias señor por darme este placer a pesar de haberle fallado. Le aseguro que deseo complacerle para ser una buena sumisa-.
-Ya iremos… irás aprendiendo poco a poco. Súbete los leggings y sigamos un rato más-.
Sacó de un bolsillo un pañuelo de papel.
-¿Que haces puta? No te he dado permiso para limpiarte, irás con eso hasta regresar a la casa-.
Me miró avergonzada y se subió los leggings que en poco tiempo acabó con una mancha de humedad entre los muslos y la entrepierna. La notaba andar molesta pero la sonrisa la llevó todo el tiempo hasta que regresamos a casa.
Continúa en
- Relato #251411— title-regex: contiguous parts (4 -> 5)
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