El juguetero 4
Con solo dos días de relación, ya la tiene completamente sometida. Pero cuando la jaula se cierra y el silencio del taller se rompe con los gritos de otra, el dominio se pone a prueba.
Capítulo 4
Me desperté contento. Mi relación con Sofía en apenas dos días iba por el camino que deseaba. En realidad no fue en dos días sino en sólo uno ya había sacado lo sumisa que era y aunque le había dado un plazo de dos días que acababa esta noche, yo sabía su respuesta por como se estaba comportando.
Me quedaba por resolver el problema de contratar a una persona para la limpieza, no creo que Sofía tuviera tiempo para eso además de sus tareas administrativas del taller y de las pruebas de calidad de los juguetes. Aunque no puedo negar que imaginarla con uniforme de limpiadora, con su cofia y su minifalda, me excitaba mucho.
Después del desayuno bajé a las nueve en punto al taller. Ella ya estaba en la puerta del despacho esperando, con faldas y se apreciaba bien claro que sin sujetador tras su camisa.
-Buenos días señor-.
-Buenos días Sofía. ¿Has dormido bien?- Pregunté mientras entraba, encendía el ordenador y me sentaba en la silla del despacho apartándola de la mesa para dejar espacio y que Sofía se pusiese debajo.
-La verdad es que no muy bien señor. Anoche me dejó usted muy caliente-. Se agachó para acomodarse bajo la mesa. Todo era como si lo estuviéramos haciendo de toda la vida. Los movimientos exactos, sin explicaciones ni órdenes.
-Bueno, creo que así va a ser tu trabajo a partir de ahora. Eso lo tienes que meditar antes de darme una respuesta esta noche sobre si quieres ser sumisa o no-.
Me desabrochó el pantalón y me sacó la polla a la que le dio dos lametazos para volver su cabeza y mirarme desde abajo.
-Señor, no tengo nada que esperar a la noche. He estado pensando mucho y me gusta lo que estoy viviendo. No sé como explicárselo pero nunca sentí nada así por otro hombre como lo siento por usted. Tengo mucho deseo de ser suya y entregarme por completo. Desde mi punto de vista es algo maravilloso, me siento como en una nube de la que no me quiero bajar-. Se metió mi polla en la boca para succionar y chupar.
-Me alegra mucho tu decisión. Para mi es un mundo nuevo que exploraremos juntos-. Le puse la mano en la cabeza, pero sin empujar, sólo para sentirla. Ella sacó la polla y mirándome sonreía.
-¿Le digo algo?, nunca me había pasado que tenga tantas ganas de chuparle la polla a una persona. Me da igual si está parada o no, sólo quiero tenerla siempre en mi boca y eso nunca me pasó con nadie señor-. Sus mejillas se arrebolaron intensamente y para evitar que la mirara a la cara engulló la polla hasta la campanilla y la dejó sin mover su cabeza, sólo su lengua.
Yo me eché hacia atrás en la silla disfrutando el momento. Ya tenía a mi sumisa.
Fue una fantástica mamada. Chupaba con pasión, agarraba el glande con sus labios mientras sentía jugar a su lengua para meterla entera de nuevo. Estuvo así hasta que me corrí, y fue abundante, pero me fijé en su cara y ya no daba muestras de asco, al revés, parecía que disfrutaba tragando mi leche.
Cuando terminé de correrme y ella de tragar, sacó la polla de su boca y a pequeños y suaves lametazos me la limpió. La cogió con suavidad, como venerándola, y me la guardó en los pantalones.
-¿Desea el señor algo más?- Puso una cara de traviesa con una bella sonrisa.
-Me alegra ver el cambio que has dado. ¿Has pensado bien lo de ser sumisa entonces?-
-Sí señor. Desde que lo conocí en la entrevista no sé lo que me ocurrió. Yo venía ya algo excitada por el tipo de trabajo, me imaginaba todo el día probando juguetes sexuales. Pero al verlo, al oír su voz, algo me pasó que me mojé tanto que sentí pena y miedo de que se notara lo… puta-.
Me levanté apartándome de la mesa para dejar que ella saliera. Aunque intentaba no mirarme a la cara, se le notaba muy avergonzada con lo que estaba diciendo.
-Eso me hace inflar mucho mi ego. Y reconozco que al conocerte y descubrir que podías ser una sumisa masoquista me excitó mucho. Espero que lo hayas pensado bien y no te eches atrás porque esto no es un juego-.
-No lo haré señor. Aunque no sepa la razón, estoy deseando oír una orden suya para cumplirla, estoy deseando complacerle. Saber que le hago sentir el estar contento, o simplemente el hacerle estar más cómodo es para mi una gran satisfacción. Creo que disfruto estar disponible para todo aquello que desee mi señor a pesar de la tortura de no poder correrme o de tocarme-.
Soltó una risa pero sin levantar la vista.
-Ese es un tema que en realidad no me gusta. Me refiero a que preferiría que te corrieras pero ya sabes que necesito esa excitación en los vídeos. Y esta tarde tenemos uno importante, es una jaula y estarás en ella unas veinticuatro horas. Ahí, mientras se graba si podrás correrte pero no creo que pase, ya que estarás atada por las manos y no te podrás tocar-.
-Está bien, yo haré lo que mi señor me mande-. Dijo algo triste, y al levantarse y ponerse de pie me di cuenta que los muslos los tenía mojados.
-Vaya, veo que estás muy caliente. Y sólo ha sido con una simple mamada-. Dije dándole un azote cariñoso en el culo mientras pasaba a su lado camino de la puerta del despacho.
-Lo siento señor. Ya le dije que me encanta su polla. Además llevo caliente desde que anoche me folló el culo-.
-Si te mantienes así será bueno para el vídeo. Bueno, tú a lo tuyo y yo me voy a terminar la jaula que me gustaría empezar la grabación esta tarde-.
-Sí señor. Voy a por una toalla para ponerla en la silla y no ensuciarla-.
-No es necesaria una toalla. Lo que debes hacer es cada cierto tiempo levantarte, arrodillarte y limpiar la silla con la lengua. Hay que ser ecológicos y ahorrar agua para lavar. Y para evitar que la falda se ensucie te la levantas al sentarte-. Salí del despacho riendo. Estaba seguro de que iba a disfrutar mucho con mi sumisa.
Pasé la mañana terminando la jaula y justo al acabarla y llevarla a la zona de grabación, salió Sofía del despacho.
-Señor he terminado todo por hoy, ¿necesita algo?- Llevaba esa cara de traviesa que empezaba a reconocer.
-Acércate-.
Le fui desabrochando los botones de la camisa sin dejar de mirarla a la cara. Le agarré las dos tetas y las amasé notando sus pezones duros. Ella cerró los ojos y comenzó a gemir. Agarré sus pezones y jugué con ellos como cuando se lía un cigarrillo haciéndolos pasar entre mis dedos. Tiraba de ellos levantando las tetas o juntándolos. Abrió la boca para gemir con más fuerza.
-¿Le gusta a mi puta como le toco sus tetas de guarra?-
-Sí señor-. Seguía con los ojos cerrados e inclinaba un poco la cabeza.
Seguí jugando con una mano y la otra la metí bajo su falda. Al notarlo abrió más las piernas. Pasé por encima de sus bragas que estaban empapadas. Se las bajé un poco y acaricié directamente sus labios en busca del clítoris. Entonces abrió los ojos poniendo carita de corderito sin dejar de gemir.
Dejé la teta y pasé a acariciar su cara, mientras la otra mano sacó dos dedos que entraron en el encharcado coño. Me daba pequeños besos cuando mi mano pasaba por su boca. Los dedos seguían entrando y saliendo del coño.
-¿La puta sumisa está disfrutando?-
-Sí, mucho señor, creo que me voy a morir de gusto-. Esbozó una sonrisa. -¿Me dejará correrme?, por favor señor-. Los gemidos se mezclaban entre sus palabras y con la cadera intentaba que mis dedos la penetraran más profundo.
Con una sonrisa sádica saqué mis dedos del coño y se los puse en la boca para que me los limpiara.
-¿No crees que mi placer debe estar siempre antes que el tuyo puta?-
-Sí, perdón, tiene razón. Lo siento pero estoy muy caliente, nunca me pasó estar así de caliente y no poder correrme señor-.
-Pues no podrás hasta que estés en la jaula. Y como te veo demasiado excitada, no me atrevo a follarte porque te correrás sin remediarlo. Pero por culpa de tu mojado coño y de tus tetas yo estoy con la polla a reventar. Así que de rodillas como buena sumisa y me la mamas-.
Con cara de pena pero con mirada viciosa se arrodilló inmediatamente, me desabrochó el pantalón, me bajó los calzoncillos y como una fiera la engulló mientras me acariciaba los huevos.
-Más despacio puta o me vas a hacer daño-.
-Lo siento señor-. Bajó el ritmo y con una mano agarrando mi polla la pasaba por su cara, la engullía y de nuevo la sacaba para darse golpecitos en la mejilla.
Me sentí en el cielo. Apoyé una mano en la mesa de trabajo para evitar caerme. Ahora era yo el que cerraba los ojos y echaba mi cabeza hacia atrás.
Cuando me sintió que me iba a correr la dejó dentro de su boca y se puso a jugar con la lengua hasta que con un berrido me corrí dentro. Siguió usando la lengua y succionando hasta dejármela limpia y a mi agotado por el orgasmo.
-Esto ha sido estupendo. Cada vez la chupas mejor puta-. Desde que me dijo por la mañana que quería ser mi sumisa, había decidido llamarla siempre puta.
-Gracias mi señor. Su polla es mi pasión y me encanta sentirla dentro de mi por donde sea, pero en la boca es especial, es como si yo tuviera el control-.
-¿Una sumisa deseando tener el control?-
-Bueno, no es eso. Es que no sé como explicarlo, me refiero a tener el control de darle mejor el placer. No sé señor, pero es una sensación que me derrite y me acelera al mismo tiempo. En esos momentos en que su polla está en mi boca soy la dueña de su placer, o es así como me siento, sabiendo que soy yo quien directamente le está dando ese placer. El paladearla y saber que está disfrutando por lo que hago me hace sentirme muy agraciada de poder hacerlo-.
La agarré del brazo para ayudarla a levantarse y me fijé en sus muslos que estaban chorreando, entonces miré debajo de ella entre sus piernas en el suelo vi un charquito de sus flujos.
-Vamos a casa a comer que me has abierto mucho el apetito. Pero antes de subir limpia eso puta-. Le dije señalando el pequeño charco para humillarla.
Me dirigí a la escalera y ya estaba ella a cuatro patas lamiendo el suelo. Subí con una sonrisa.
Como el día anterior, mientras yo preparaba la comida, Sofía puso la mesa sonriendo. La veía feliz y eso me gustaba mucho. No quería a una sumisa seria que acata lo que le ordenen sin mostrar sentimientos.
-Señor, ¿puedo preguntar algo?- Dijo cuando ya estábamos comiendo sentados a la mesa.
-Claro… puta, pregunta-. Se ruborizó un poco.
-Eso de la jaula, ¿como es?-
-Pues es una jaula donde estarás tumbada, tiene altura para ponerte a cuatro patas pero no mucho más. En los extremos tiene los barrotes formando un círculo. Por uno puedes sacar la cabeza para comer, beber o mamar. El otro es algo más grande para poder sacar el culo y que te puedan follar ambos agujeros-.
-¿Es una jaula de castigo para sumisas?-
-No tiene porqué. Puedes usarla para castigar ya que al sacar el culo queda en posición para dar azotes, pero también puedes meter a la sumisa simplemente porque te apetece. Tiene además unas muñequeras para evitar que la sumisa se toque mientras está dentro-.
-Me parece muy extremo si tiene que estar todo un día-.
-El tiempo lo decide el amo, nosotros estaremos un día por el vídeo. ¿Te asusta?-
-Un poco señor. Si le digo la verdad me excita mucho pero estar todo un día me da un poco de miedo. Además, aguantar el pis debe ser una tortura-.
-Jajaja, está preparada para que no tengas que aguantarlo, de hecho al menos una vez tendrás que hacerlo para que salga en el vídeo-. Puso una cara de terror ante esa perspectiva.
-Pero no te preocupes, la parte final del suelo que está almohadillado y es impermeable, está un poco inclinada y caerá sobre una bandeja que hay al final bajo el suelo y que al terminar se puede extraer para limpiar-.
-Pero de todas formas las piernas quedaran sucias, y el pis escuece mucho-.
Me había dado cuenta que llevaba un rato sin decirme señor, pero también me di cuenta que eso no me importaba, en realidad cuando me importaba si lo decía.
-Ese escozor es parte de la tortura de la sumisa, así como ponerla a cuatro patas y con dos barras transversales, una a la altura de los pechos y otra en la cintura, de esta forma se impide que pueda cambiar de posición-.
Agachó la cabeza asustada.
-Yo haré lo que mi señor me diga, pero no creo que me guste tanto tiempo en la jaula, aunque de todas formas es parte de mi trabajo. ¿Estará siempre conmigo?-
-Pues no. Tengo otras cosas que hacer en el taller y por supuesto que dormiré en mi cama. Pero no debes asustarte por eso, el sonido estará activo y te tendré en una app del móvil. Así que si no puedes aguantar me lo dices. Podemos decidir una palabra de seguridad que cuando la digas lo pare todo-.
-Sí señor, me sentiría más segura de esa forma-.
-¿Que te parece la palabra “verga”, yo no suelo usarla y nos valdría como palabra de seguridad-.
-Esa palabra es muy sucia, no creo que sea capaz de usarla señor-.
-Pues mejor, así la usarás cuando realmente no puedas-.
-Está bien, como diga el señor-. Puso cara de pena y siguió comiendo en silencio.
El vídeo de la jaula me preocupaba. Yo no salgo nunca bajo ningún concepto en los vídeos y en este en concreto quedaría bien si follan a la sumisa estando dentro de la jaula. Y este era el problema, que es doble, ya que no sé a quien llamar para que venga a follarse a la sumisa, y tampoco sé como reaccionaría Sofía si le digo que se la va a follar otra persona que no sea yo. Es evidente, al menos desde mi punto de vista que será un vídeo muy aburrido. Son veinticuatro horas de una sumisa metida en una jaula sin hacer prácticamente nada salvo unas tres veces que tengo pensado azotarla con una fusta donde apenas se verá mi brazo. Pero fue una petición del cliente, un día entero de vídeo.
Terminamos de comer y después de recoger me eché en el sofá para mi siesta. Sofía sin decir nada se bajó al taller.
Una hora después bajé al taller y me encontré a Sofía en la zona de grabación inspeccionando la jaula.
-¿Te gusta? Espero que sí, estarás un día en ella-.
-La verdad señor es que me excita mucho, me gusta pensar que no es sólo para el vídeo sino que es para darle gusto a mi nuevo amo. Lo que me asusta un poco el tiempo que pasaré dentro sin apenas moverme y también...-
Cortó la frase y se quedó callada.
-¿Que pasa?-
-No, nada señor-.
-Vamos, dime lo que sucede, puede ser importante para hacer la jaula mejor-.
-Bueno, es que es una tontería. Pero hoy no me ha follado, y entrar en la jaula me pone muy caliente. Tal vez si me follara antes o durante el tiempo que esté en la jaula sería más llevadera la estadía ahí-.
No pude aguantar la risa.
-Jajajaja. Vaya si será puta que la única preocupación de estar metida en una jaula es si te voy a follar. Intentaré pensar en algo, pero ya sabes que yo no salgo en los vídeos-.
A pesar de la broma la veía un poco indecisa.
-¿Te asusta?-
-Un poco señor-.
-No ocurrirá nada, y ya sabes la palabra de seguridad, sólo tienes que decirla. Ahora desnúdate, este vídeo lo harás completamente desnuda-.
-¿Puedo ir antes al baño señor?-
-Puedes ir, pero antes de terminar el vídeo tendrás que hacer pis en la jaula. De todas formas aunque lo hagas ahora seguro que no aguantas todo un día-.
Mientras ella fue al baño, puse en posición la cámara y rellené de agua fresca el bebedero que tiene. El bebedero está justo al lado de donde puede sacar la cabeza, pero no puede sacar sus manos así que debe beber como lo hacen los perros.
Llegó ya desnuda y a mi indicación se metió a cuatro patas en la jaula intentando acomodarse. Para evitar que se pudiera tocar, le puse las muñequeras. Podía tumbarse en la jaula o a cuatro patas, no puede ponerse de ninguna otra forma. Una vez con las muñequeras puestas y a cuatro patas cerré la jaula.
Metí mi mano por la parte de atrás y la pasé por el coño, lo tenía muy mojado.
-Vaya, vaya. La puta estará muy asustada pero no deja de mojar la muy guarra-.
Se limitó a gemir mientras sentía mis dedos explorar.
-Te voy a poner las barras que te impiden tumbarte. Las dejaré atadas a una cuerda y antes de acostarme las quitaré-.
-Señor, ¿tengo que estar siempre en silencio?- Se arqueó lo que pudo mientras le pasaba las barras.
-No, puedes hablar todo lo que quieras pero procura no hacerlo, no quedaría bien en el vídeo. Ah, se me olvidaba, cuando sientas que te paso la fusta es que te voy a azotar, así que saca lo que puedas ese lindo culito-.
-Sí señor- dijo moviendo de manera graciosa el culo. A lo que respondí con una pequeña nalgada.
-Deja ya de insinuarte puta, no seas tan zorra que hay que trabajar-.
Le di otro azote cariñoso en el culo y me fui al taller. Además de los trabajos especiales, me llegaban otros muy normales. Muchos eran el dildo, con o sin vibración, que llevara grabado el nombre de la persona, o una fecha. Muchos me enviaban el suyo para que le añadiera protuberancias, o los más complicados para que les pusiera una forma de agarre mejor. Pero eran trabajos rápidos de hacer y me daban publicidad por el boca a boca, o dildo a dildo.
De vez en cuando miraba la cámara y veía a Sofía sin moverse en la jaula, sólo sacaba su cabeza para beber con la lengua como una perrita. No dejaba de sorprenderme lo bien que se adaptaba a la vida de sumisa.
A la hora de irme a cenar me acerqué a la zona de grabación, cogí la fusta y la pasé entre sus piernas. Ella sacó lo que pudo el culo por entre los barrotes circulares, hechos para eso. Le di unos pocos azotes pero entre que mi postura no era la idónea para no salir en pantalla, y que ella apenas podía moverse, no me gustó como salió.
Me fui por el lateral, siempre sin aparecer en la imagen, agarré las cuerdas y tiré de ellas para sacar las barras transversales a la jaula. De esta forma Sofía ya podría tumbarse pero también sacar más el culo por la parte trasera de la jaula.
De nuevo pasé la fusta por su coño. En silencio ella sacó el culo. Ahora si estaba en buena posición y además se podía ver más claro ese coño muy mojado.
Comencé a darle azotes, no muy fuertes pero lo justo para dejar pequeñas marcas rojas. Ella gemía, y aunque con cada azote instintivamente metía el culo, volvía a sacarlo de inmediato.
Después de unos treinta o más azotes, dejé la fusta. Su culo y su coño ofrecido sobresaliendo de la jaula me pusieron muy caliente y me dieron ganas de apagar la cámara para follarla. Sobretodo sabiendo que no podría follarla hasta al día siguiente por la tarde al parar la grabación.
Apagué la luz, la cámara era automática así que seguiría grabando con buena calidad a pesar de no haber nada de luz. La dejé gimiendo en la jaula y me subí a casa a cenar y después de un último vistazo a la cámara para ver que todo iba bien, me acosté.
Dos días, llevaba sólo dos días en los que Sofía me hacía una mamada al empezar el trabajo a las nueve de la mañana y ya la echaba de menos. Después de desayunar y de vestirme, bajé al taller y me pasé por la zona de grabación. Allí estaba ella, tumbada con sus manos atadas en el extremo de la jaula y durmiendo. Me sorprendió ver los muslos algo brillantes.
Me fui al despacho y desde allí me puse a ver a cámara rápida lo que había grabado por la noche. Sonreí al ver lo puta que era. En al menos cuatro ocasiones a lo largo de la noche se frotaba con los muslos y aunque muy débil se escuchaban sus gemidos.
-Buenos días cabrón-. Pasó por delante de la puerta Concha camino de la casa.
Me disponía a levantarme para darle otra tanda de azotes a Sofía cuando la cabeza de Concha volvió a asomarse por el quicio de la puerta.
-Parece que hoy no tiene mamada. La guarra no está ahí abajo, ¿verdad?-
-No se te escapa una Concha. Me alegro que hayas regresado pero ya que estás aquí tienes que cambiar tu actitud. No te quiero ver enfadada, si no te gusta te puedes ir y tan amigos, pero si te quedas debes cambiar. Empezando porque no me gusta nada que me insultes-.
-Llevas razón jefe. Perdona por lo de cabrón-. Su disculpa me pareció muy sincera, y su cambio de actitud en tan pocos segundos. Si como me dijo lo que buscaba de mí era un polvo, debió darse cuenta que de esa forma no lo lograría jamás.
-Se me ha escapado, pero no vengo con ganas de guerra. ¿Y la putita? Lo pregunto por si está aún acostada arriba y debo entrar sin hacer ruido-.
-No está arriba, está en un vídeo así que procura no hacer ruido en el taller. Dentro de un rato subo y hablamos tranquilos los dos, ¿te parece?-
-Lo que diga jefe. Pero ya no estoy enfadada, o al menos no tanto-. Sonrió y se fue.
Me levanté para darle los azotes a Sofía y al salir del despacho vi como Concha se acercaba a la zona de grabación. Además de la cámara que grababa la jaula por el lado para que se viera a la sumisa entera dentro, había otra que enfocaba toda la zona puesta por seguridad. Regresé al ordenador y las puse las dos, tenía curiosidad por que hacía Concha. No pensaba que me fuese a estropear el vídeo pero quería ver su cara cuando viese a Sofía en la jaula.
Entró en silencio y estuvo viendo un rato la jaula. Después se fijó en la fusta y la cogió acercándose a la jaula sin entrar en la zona de grabación. Antes de contratar a Sofía ya había hecho muchos vídeos con ella, así que conocía donde podía ponerse sin salir en la imagen.
Le dio unos azotes suaves para despertarla. Sofía sin saber quien era pero notando la fusta se puso a cuatro patas aún adormilada y sacó el culo como le había dicho yo.
Entonces Concha comenzó a azotarla fuerte hasta que al cuarto o quinto azote no pudo reprimirse.
-Eres una puta, seguro que estás disfrutando pedazo de guarra-.
Al oírla, Sofía metió el culo dentro de la jaula, intentando acurrucarse lo máximo posible asustada pero sin decir nada.
-¿Que haces puta? Saca ese sucio culo de nuevo que no he terminado contigo-. Golpeaba la fusta por los barrotes de la jaula.
Sofía titubeó un poco pero volvió a sacar el culo y de nuevo le empezaron a llover los azotes.
Con cada uno que caía ella gritaba y Concha sonreía llamándola puta, zorra, guarra y cualquier otro insulto que se le ocurriera.
Pensé que en el vídeo quedaría muy bien la actuación de Concha, pero ya se estaba pasando. Sofía tenía todo el culo lleno de marcas de la fusta. Hice el amago de levantarme para ir a terminar con aquello cuando Concha paró. Dejó a un lado la fusta y sin entrar en la imagen que se grababa le escupió cayendo sobre la espalda de Sofía.
-No eres más que una puta-. Se dio la vuelta y se marchó.
La alcancé en las escaleras.
-Concha, después hablaremos de esto-.
-Lo que diga jefe, pero por muchos gritos que ha dado, su coño lo tiene mojado. En el fondo le he hecho un favor a esa guarra-. Y subió a la casa.
Me pasé gran parte de la mañana haciendo las tareas administrativas. Cuando terminé me fijé en la cámara y Sofía tenía las piernas muy mojadas, demasiado para ser por la excitación.
Revisé las imágenes y vi como al poco de que Concha la azotara, se puso a cuatro patas intentando abrir las piernas lo más posible. Entonces empezó a orinar, cayendo a chorretones entre sus muslos. Con la cabeza gacha se oía como lloraba mientras se estaba orinando. Al terminar se pasó un rato levantando lo poco que podía una pierna y otra, incómoda por estar sobre su propio pis. Pero la tela con la que lo había hecho era impermeable y esa zona del suelo de la jaula estaba ligeramente inclinada, así que el pis se fue hacia un bandeja inferior de la jaula. En muy poco tiempo se secó y de nuevo se tumbó.
De todas formas las piernas estaban aún mojadas y eso me extrañó, hasta que avancé el vídeo y vi como hacía pocos minutos había vuelto a orinarse.
Cuando ya me iba a ir a comer llegaron los muebles que Sofía había pedido, entre ellos la cocina que instalaron en un momento. Me reí por dentro pensando que esos operarios tenían a la que les contrató metida en una jaula desnuda a unos metros.
Antes de subir a la comida, con mucho cuidado para no salir en imagen, fui a la zona de grabación y alargando el brazo le rellené el bebedero de agua fresca. Sofía que estaba tumbada al oírme se puso a cuatro patas y me sonrió mirándome. Me tentó darle unos azotes pero creo que Concha ya había llenado el cupo. No me gustan las marcas que quedan de los azotes que tardan en irse y creo que las de Concha estarían cruzando su culo varios días.
He de reconocer que me excitó mucho verla beber como su fuera mi perrita, mi perrita putita.
Antes de ceder a la tentación de los azotes o de follarla, me subí a casa para tener la conversación pendiente con Concha, no sin antes echar un último vistazo a Sofía que me miraba atenta. Le guiñé un ojo para darle seguridad y me esbozó una media sonrisa que me cautivó y me hizo sentir orgulloso de la putita que tenía.
Concha estaba en el cocina cuando entré, se encontraba de espaldas moviendo algo en el fuego. Llevaba unos leggings negros muy ajustados que la hacían muy atractiva, sobre todo el culo que no estando sobrado de kilos sobresalía excitando mucho.
Me escuchó y se volvió con una sonrisa.
-La comida ya está terminada jefe. Le quedan unos cinco minutos-.
-Concha, tenemos que hablar de lo que ha pasado abajo. Además yo quería hablarte de los cambios que se han producido en la casa. Pero lo primero es que me expliques que ha sido ese sadismo con la pobre Sofía-.
-¿Ese es su nombre? Sofía la puta-.
-No empieces que si vas a estar así prefiero que no vengas más-.
-Perdón, no era un insulto, ¿no soy yo Concha la puta?-
-Concha...no sigas. Yo nunca te he tratado como una puta. Los vídeos que hemos hecho eran una cuestión de trabajo. No quiero seguir por este camino, si no te gusta lo mejor es que no vuelvas-.
-Vale, ya me calmo-. Se volvió a seguir moviendo la comida. Realmente me di cuenta que se había tranquilizado y creo que no quería de ninguna forma que la echara.
-Verás, Sofía ha pasado a ser a partir de ahora mi sumisa y no sé por cuanto tiempo-.
Se volvió con el cucharón en la mano y con cara de asustada.
-¿Una sumisa? ¿La has contratado por eso de los juguetes bdsm?-
-A ver, la contraté para probar los juguetes pero resulta que le excita ser sumisa y a mi me agrada mucho tener a una sumisa. Te lo digo porque es posible que veas o escuches cosas en la casa o en el taller y para que estés avisada si decides seguir viniendo a limpiar-.
Se quedó unos segundos pensando y se volvió de nuevo a mover la comida quedando de espaldas.
-¿Y le pondrás collar y plugs y esas cosas de esclavas?¿La marcarás?-
-Pues aún no sé lo que haré. Collar seguro pero eso de marcar no creo. Además aún estamos conociéndonos, no hace ni una semana desde que la vi y un día desde que aceptó ser sumisa-.
-Pues ha ido rápido la puta-. En ese momento soltó el cucharón y se volvió. -Perdón jefe, perdón, no quise insultar. Es que me ha salido. De verdad que lo siento-.
-Vale, pero procura irte guardando esos pensamientos y esos insultos-.
-¿Podré darle órdenes a la put… sumisa?-
-No, claro que no. Es mi sumisa no tuya-.
-Una pregunta importante jefe, muy importante-. Se azoró, y creo que nunca la había visto así.
-Dime-.
-Ahora tiene a una sumisa con la que puede hacer lo que quiera, ¿alguna vez me va a follar o cree que soy ya muy vieja y fea? Lo digo porque entre otras cosas esta mañana nadie le habrá hecho su mamada-.
La cabeza no llegó a explotarme por muy poco. El cuerpo de Concha es atractivo, ya la he usado en más de una ocasión en los vídeos, pero la cara era casi de una anciana o poco le faltaba, surcada por algunas arrugas y su forma de ser bastante arisca. Pero la cabeza no me llegó a explotar cuando me di cuenta que no se estaba declarando sino que lo que buscaba desde que el lunes me lo dijo era un polvo, un simple polvo.
-No eres vieja, tienes mi edad y no me considero viejo con apenas cincuenta años. Y si no fueras atractiva no habría hecho vídeos contigo. Pero aunque el negocio está subiendo rápido no estoy para hacer gastos extras-.
-Ahora si me has tratado como una puta-.
-Lo siento no pretendía hacerlo y lo sabes, pero es que no sé a donde me quieres llevar-.
Se giró de nuevo para apagar el fuego y cerrar la cacerola.
-Pues como se suele decir quiero llevarte al huerto, pero ahora con la… sumisa creo que ya no tengo muchas opciones-. Se volvió con la cara algo colorada y una sonrisa falsa.
Llevaba desde la noche anterior caliente y deseando follarme a Sofía. Y la conversación no me estaba gustando, era todo un enredo. Así que decidí no pensarlo mucho. La agarré por la cintura y la volteé.
-Me tienes ya harto con esas insinuaciones, si quieres un polvo lo vas a tener-.
La incliné con algo de brusquedad sobre la encimera. Ella se agarró los leggings y se los bajó junto con las bragas hasta las rodillas para volver a recostarse apoyando las tetas.
Me saqué la polla y mientras con una mano me la ponía dura, con la otra se la pasaba por el coño que sin sorprenderme ya estaba muy mojado. La paseé buscando el clítoris con mi glande y cuando la escuché gemir se la metí exhalando los dos. La agarré por la cintura y comencé a follar.
-Sí jefe, dale duro a la puta. ¡Métela hasta el fondo!- Abrió los brazos como si estuviera en una cruz, llegué a asustarme por si tocaba la cacerola aún caliente de la comida.
-¡Métela! ¡Más duro, métela! ¡Folle a la puta!-
Estaba desbocada, movía los brazos hasta que los bajó para agarrar el filo de la encimera y evitar que mis empujones le dieran fuerte en la barriga.
-¡Así! ¡Dentro! ¡Rómpeme por la mitad! ¡Fóllame! ¡Más dentro! ¡Más fuerte!-
No paraba de gritar ni de gemir, y esa exaltación me calentaba mucho y mis gemidos se unieron a los suyos. Notaba como chocaba con fuerza mis caderas con su culo y como volaban mis huevos con bruscos vaivenes.
-¡Ya! ¡me corro! ¡sigue que me corro! ¡así! ¡sí, que bueno!-
Noté de forma desmedida como su coño se contraía y agarraba mi polla que sin aguantar más soltó la leche en unos empujones bruscos que sacaron el aire de ella y la dejaron lacia sobre la encimera.
-Síííí, ha sido magnífico. Tienes una polla de oro-. Dijo entrecortada y sin moverse.
Yo reculé buscando una silla para descansar. Había sido todo muy rápido, muy animal pero muy placentero al menos para mí, y por lo que la veía sin moverse también para ella.
-Ha estado genial jefe, ¿lo repetiremos?- Se levantó mirándome esperanzada.
-Claro, estará bien-.
-Me voy a lavar y me marcho. La comida está lista-.
Andando de forma cómica, ya que no se levantó los leggings se fue al baño.
Continúa en
- Relato #251288— title-regex: contiguous parts (3 -> 4)
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- Sadomaso
La puta del campamento - Parte 1
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