El juguetero 3
Sofía llegó para hacer los libros, pero él tenía otros planes para su sumisión. Entre la oficina y el taller, cada orden suya la hundía más en un placer prohibido que Concha no podía tolerar. Ahora, bajo el peso de sus reglas, ella aprende que su cuerpo ya no le pertenece.
Capítulo 3
El sábado me llamó Sofía para decir que al día siguiente se mudaría a las habitaciones del taller para poder empezar a trabajar el mismo lunes. Y lo estaba deseando, nada más que hacía pensar como haría para disfrutar de la sumisa que había encontrado. Aunque a decir verdad, la primera candidata, la directora, sospechaba que también fuese sumisa. Incluso la camarera con algún aliciente seguro que se dejaría hacer. Pero Sofía era diferente, era sumisa y masoquista, ideal para el trabajo pero también para desahogar mis perversiones.
El lunes a las nueve en punto bajaba al taller y ya estaba ella esperando. La llevé a la pequeña oficina.
-Empezarás con algo que deberás hacer todos los días. No puedo trabajar tranquilo si no me descargo-. Sonreí y me senté en la silla de despacho frente al ordenador.
-Así que te meterás debajo de la mesa y me harás una mamada-.
Esperaba algo de duda pero no fue así, vino hacia mi sin que yo apreciara ningún tipo de vergüenza por su parte.
Pude notar algo de timidez en la mirada pero acompañada de ese fuego que anunciaba la excitación que le causaba el momento. Cada vez estaba más seguro que había encontrado una auténtica sumisa y me estaba gustando probar su obediencia. Así que antes de meterse bajo la mesa la paré.
-Espera-. Se quedó quieta delante de mi.
-Bájate los pantalones-. Ahora si le apareció la vergüenza y lo hizo titubeando hasta bajárselos por las rodillas y se quedó mirando al suelo muy nerviosa.
-Ahora baja las bragas-. Me miró de forma fugaz y se las bajó hasta la misma altura uniendo sus manos para tapar el coño de forma inconsciente. Levantó la mirada y al encontrarla con la mía de inmediato apartó las manos.
Me acerqué lentamente haciendo más tenso el momento para ella. Le pasé la mano por el coño y ya lo tenía mojado. Con la boca cerrada gemía mientras la acariciaba.
-Esto está muy mojado, ¿te has masturbado antes?-
-Señor… esto me da mucha pena-.
-¿Pena?-
-Digo, vergüenza señor-.
-Vale, no me acostumbro a ciertas palabras. Responde, ¿te has masturbado?-
Cerró los ojos disfrutando de mis caricias y abriendo un poco las piernas.
-Sí señor. Estaba muy excitada pensando en el trabajo-.
-Pues a partir de ahora no podrás hacerlo, ni tocarte ni correrte sin mi permiso-.
-Sí señor-. Estaba absorta en mis manos y eso parece que sacaba su parte más sumisa.
-No es un capricho mio. En este trabajo cuando se hacen los vídeos cuenta mucho que se vea que estás mojada, excitada y deseando usar el juguete. ¿Lo entiendes verdad?-
-Sí señor-. Aparté mis manos y abrió los ojos poniendo una cara de pena por el placer que se le escapaba.
-Súbete los pantalones y ponte debajo de la mesa para la mamada-.
Se vistió de nuevo y se acomodó debajo de la mesa. Tras unos segundos viendo que yo no hacía nada, ella me bajó mis pantalones y el calzoncillo para sacar la polla y empezar a chuparla.
Comenzó chupando la punta, succionándola despacio poco a poco como si se tratara de un caramelo. Lamía de la base a la punta y volvía a empezar, se la metía hasta la mitad y la succionaba. Se notaba que le gustaba tener ese poder de ser dueña de mi placer. La metió entera en la boca y comenzó a succionar, tuve que darle un tirón del pelo para no correrme tan rápido y que sacara la polla de la boca. Tenía ese mirada de zorra viciosa y sabía que esa puta estaba disfrutando.
-Hay otra cosa que debes saber, no me gustan que mis trabajadoras lleven pantalones-.
Asintió y volvió a meter la polla de forma golosa. En ese momento no sabría decir quien de los dos estaba disfrutando más de la mamada.
-Y como recomendación, tampoco me gustan ese tipo de bragas de abuela, ni que lleves sujetador mientras trabajas-.
-Sí, como usted ordene-. Sacó la polla para decirlo y continuó con su lengua pasando por el glande.
En ese momento apareció en la puerta Concha.
-Buenos días, subo a la casa a limpiar-. Ella tiene llaves desde hace tiempo del taller para cuando viene a limpiar ya que a veces no estoy.
-Buenos días Concha-. Le dije intentando que no se notará mi respiración. Sofía dejó de chupar en ese momento pero puse la mano en su cabeza y la llevé de nuevo a su tarea.
-Quiero que sepas que la casa seguiré limpiándola pero las habitaciones del taller que se las limpie la guarra que has contratado-. Parecía que seguía enfadada pero no estaba para trifulcas en ese momento, así que decidí ignorarla y asentí con la cabeza más concentrado en lo que Sofía me estaba haciendo.
Se dio la vuelta y se marchó, para volver a aparecer a los pocos segundos.
-Está bajo la mesa chupándote el rabo, ¿verdad?-
-Sí Concha, será parte de su trabajo. ¿Puedes dejarme que lo disfrute?-
Me miró con odio unos segundos en los que ya no disimulé nada y se volvió para irse.
-Será zorra la muy puta-. Escuché que decía mientras iba por las escaleras a la casa.
Y creo que Sofía también lo escuchó y empezó a chupar con ansia hasta que no pude aguantar esos labios y me corrí. Puso cara de asco pero no derramó nada y tragó para pasar a chuparla despacio y dejarla bien limpia.
-Parece que ya no te molesta tanto tragar mi semen-.
-Aún no me acostumbro señor, pero le aseguro que no escupiré nunca nada. Señor, ¿puedo preguntar quien es la persona que entró?-
No quería estar dando explicaciones así que sólo me limité a decirle que era la persona de la limpieza de la casa y del taller.
Pude ver un poco de duda en su cara así que aún sin ganas regresé al tema.
-¿Por qué me haces esa pregunta?-
-Pues sé que en este trabajo no debo tener pena, bueno vergüenza, pero hace un momento notó como se la chupaba y escuché como me llamó puta. Cuando usted lo hace me calienta y hasta debo confesar que me emociona, pero viniendo de otra persona no sé, no me agrada. Además noté un poco de rencor o enojo en su tono y eso me lleva a preguntar algo adicional, ¿Tiene usted algo que ver con ella?-
La pregunta me dejó helado, no llevaba ni media hora en la oficina y ya comenzaban las preguntas o los celos, no me gustó. No había pensado hasta ese momento lo complicado de tener dos mujeres trabajando juntas, pero no podía permitir que esto siguiera.
-Concha es la persona de la limpieza y es quien antes tenía tu trabajo. No es sumisa y es normal que esté algo enfadada contigo por pensar que le has quitado el puesto. Pero se le pasará o no trabajará aquí-. Lo dije con tono serio y de enfado que percibió Sofía y al instante pude ver su gesto de arrepentimiento por la pregunta.
-Lo siento señor, no quería molestarlo-. En realidad más que molesto lo que estaba era preocupado.
-Ya está bien, si no tienes más preguntas comencemos con tu trabajo-.
Noté algo de tristeza pero se recuperó rápido. La senté a mi lado y estuve gran parte de la mañana enseñándole el programa de gestión, los correos y todos los trámites administrativos que debía llevar ella. Después me fui al taller a trabajar en unos dildos que un cliente me había pedido que debían llevar unos dispositivos para dar pequeños calambres.
Al final casi de la mañana decidí subir a la casa para hablar con Concha, no me gustaba que estuviera enfadada. Estaba en el salón limpiando las ventanas y al verme venir se giró para mirarme en silencio.
-Concha, no quiero que estés enfadada, si algo te molesta dímelo e intentaremos solucionarlo-.
-¿Has venido para follarme?-
-Pues no, no es esa mi intención, lo que quiero es que hablemos si hay algún problema-.
-Pues si no vas a follarme deja que la pobre limpiadora siga pasando su paño que es para lo único que sirve y vete con la putita-.
Entre las preguntas de Sofía y la actitud de Concha me iban a volver loco, así que decidí dejarlo pasar. Total con Concha si no entendía la situación sólo tenía que despedirla. Y con Sofía como sumisa si seguía con esos supuestos celos le enseñaría a no meterse en mis cosas a base de castigos.
Así que no quise tensar más la situación y me volví en silencio bajando de nuevo al taller.
Los dildos estaban terminados pero aún debían enfriarse antes de hacer el vídeo para su prueba. Me puse a tapizar un tablón que haría de suelo en una jaula pero al poco cambié de idea y mirando el reloj supuse que Concha estaría a punto de bajar para marcharse.
Entré en el despacho donde Sofía estaba con el ordenador. Levantó la cara y me sonrió.
-Ya lo tengo todo señor. La verdad al menos lo que he hecho hasta ahora no es muy diferente al trabajo administrativo que hacía en el banco-. Dijo acentuando en su voz el “hasta ahora”, se podía percibir cierta malicia en el comentario sobre todo cuando estaba sonriendo de forma coqueta.
Le devolví la sonrisa para acto seguido decirle en tono serio que rompió su coqueteo.
-Eso es estupendo y me alegro mucho pero me temo que has cometido un fallo. Desabróchate la camisa-.
Me miró un poco asustada para pasar a bajar la mirada por la vergüenza mientras se desabrochaba los botones dejando a la vista un sujetador muy normalito.
-Ahora ponte de pie-. Lo decía sin emoción en el tono pero de forma severa.
Apartó un poco la silla y se incorporó no sabiendo a que venía lo que le estaba diciendo.
-Te dije esta mañana que no te quería trabajando con sujetador y con pantalones. Has tenido tiempo para cambiarte en toda la mañana pero no lo has hecho-.
-Lo siento señor. Pensaba que sería a partir de esta tarde. Voy ahora a cambiarme-.
Hizo el ademán de salir del despacho pero la paré con una indicación de la mano, sin tocarla.
-Es tarde para eso. No tengo más remedio que castigarte para que vayas aprendiendo como funcionarán las cosas cuando eso pase-.
No tenía ninguna intención en ir despacito con su sometimiento, esperaba que funcionase por como se iba desarrollando la relación pero si me equivocaba y la asustaba haciendo que se fuera no me importaba mucho. En mi cabeza tenía a la directora que a lo mejor podía sustituirla.
Cuando puse el anuncio para el trabajo y cuando les hice las entrevistas no se me pasó por la cabeza tener a una sumisa, fue la forma de ser y de actuar de Sofía la que me hizo planteármelo y ahora me excitaba nada más de pensarlo.
La agarré por el brazo sin fuerza, la giré y la hice inclinarse en la mesa del ordenador. Le bajé los pantalones y las bragas sin que ella opusiera resistencia ni dijera nada. Supongo que lo esperaba y lo asumía, o lo deseaba.
Una vez en posición empecé a darle azotes con la mano. Al tercer o cuarto azote abrió un poco las piernas y comenzó a gemir levemente. No tenía prisa, así que le daba los azotes despacio viendo como su culo se iba poniendo cada vez más rojo.
Y ocurrió lo que esperaba, apareció de pronto Concha por la puerta.
-Ya me voy, la comida está...- se calló y se quedó mirando unos segundos.
-Gracias Concha, nos vemos el miércoles-. Le dije mirando fijamente su cara.
Después de ver ese culo rojo y fijarse que no tenía nada en mis manos, es decir, que se dio cuenta que no estaba probando ningún juguete, su cara cambió a indignación.
-Joder, ¿es que además de follártela la azotas? Eres un cabrón y esa una puta-. Y se volvió para irse.
Sofía no se movió pero su cara aún estando de espaldas a la puerta tenía el mismo color rojo del culo.
Salí detrás de Concha y antes de que cruzara la puerta para salir del taller la llamé.
-Concha, en esta casa muchas cosas van a cambiar. Si no te interesa volver lo entenderé-.
-Pues igual no vengo, ¿o es que te crees que estoy tan necesitada de dinero?- Y se fue dando un portazo al salir.
No me gusta llevarme mal con nadie pero no iba a permitir tener en mi casa a una persona siempre enfadada. Pensé en lo que haría si Concha volvía pero en el fondo prefería que no regresase.
Entré en el despacho y Sofía no se había movido un milímetro, y sin decir nada continué dándole azotes hasta que me di cuenta que mi polla me molestaba. Estaba dura y apretando en el pantalón.
La saqué, apunté y la metí en un coño muy mojado que me recibió abriendo un poco más las piernas y gimiendo en cada embestida. Me encanta escuchar el ruido del chapoteo de un coño cuando follo pero lo que nunca me había pasado es notar esa humedad que pasa a mi cuerpo y baja por mis muslos. Esa sensación que sentía cada vez que la penetraba al juntar mis muslos con los suyos me excitaba mucho, y absorto como estaba no me di cuenta en un principio de que los gemidos de Sofía eran ya bastante fuertes. Agarré su cintura y comencé a meterla con fuerza, tanto que me arriesgaba a hacerme daño.
-¿Recuerdas tus preguntas de esta mañana?- dije resoplando -pues gracias a eso no tendrás permiso para correrte, no me gustan los celos-.
-Porrrr favorrr señorrr, nece… necesito corr… correrme porrr favorrr-.
-No y espero que obedezcas-.
Continué follándola bruscamente concentrado en mi placer y no en el de ella.
-Señorrrr. Perdón, lo sientoooo, soy una puuuuta tonta. Por favorrrr le suplico me deje correr, ya aprendí a no preguntarrrr tonterías. Porrrr favorrrrr le suplico me deje correrrrrr. Deje correrrr a esta puta se lo ruegooooo-.
No esperaba la reacción y me gustó la súplica. Pude sentir por fin lo sumisa que era así que decidí recompensarla.
-Espera...- con mi respiración acelerada me costaba también hablar, -cuando yo lo… cuando me sientas correrme puta-.
No sufrió mucho, dicho eso a los pocos segundos me descargué en ella y sentí como su coño se contraía y sus piernas temblaban. Dejó de gemir y sus manos se agarraron fuerte al filo de la mesa mientras su orgasmo la recorría por todo el cuerpo. Yo después de cuatro o cinco embistes fuertes soltando la leche, me aparté de ella y me senté para recuperarme.
Seguía tumbada sobre la mesa con débiles temblores de sus piernas y con los ojos cerrados mostrando una cara de felicidad que me halagó mucho.
-Reposa, y cuando estés más relajada te cambias de ropa y vamos a casa a comer. Esta tarde la tienes intensa en el taller-.
Con la respiración aún muy forzada y las piernas todavía lacias, se incorporó para volverse y apoyar el culo en la mesa. Supongo que aún no se fiaba de que sus piernas le respondieran.
Con esa magia que les caracteriza a las mujeres en pocos movimientos sin quitarse la camisa desabrochó y se sacó el sujetador. Tenía la camisa desabrochada y estando sin sujetador la visión era muy erótica. No queriendo calentarme de nuevo me levanté.
-Me subo a la casa, cuando te cambies vienes para comer conmigo. Cuando tengas montada la cocina ya decidimos donde comes pero prefiero que lo hagas conmigo, no me gusta comer solo-.
-Sí señor, no tardo nada-.
Ambos salimos del despacho, ella a su habitación para ponerse una falda y yo a la casa a preparar la mesa.
Mientras preparaba la mesa para comer con Sofía estaba pensando en como ampliar el negocio para tener a otra trabajando. Posiblemente Concha no volvería, así que necesitaría a otra persona para la limpieza. Pero lo que más me preocupaba es que si quería que Sofía estuviera caliente siempre para hacer los vídeos con más morbo y con una excitación que se notara natural, no podía echar los polvos como el que acaba de hacer en el despacho.
Aún no podría contratar a nadie, el negocio iba bien pero quizás no para otra persona más. Quizás haciendo más publicidad podía tener alguien a media jornada que además de limpiar me la pudiese follar. Pero por ahora no podría ser, así que tendría que ponerme firme con Sofía y prohibirle los orgasmos. Sería una tortura para ella que no me gustaba, aunque la quisiera someter y ya prácticamente era mi sumisa, no me gusta negar ese placer.
Estábamos los dos comiendo en silencio cuando decidí poner las cartas sobre la mesa. De repente sentía prisa por tener clara la situación de ella.
-Creo que además de puta eres otra cosa-. Solté de sopetón en medio del silencio del salón.
-¿Perdón señor?- Soltó el cubierto y me miró intrigada.
-Creo que eres sumisa, de hecho estoy seguro de que eres muy sumisa-.
Bajó su mirada avergonzada y comenzó a mover inquieta sus dedos sin saber que decir.
-¿Alguna vez has sido sumisa de alguien o has jugado a ese rol?-
-No señor-. Lo dijo casi inaudible.
-¿Te excita pensar en serlo?-
-No conozco el tema, pero si es como lo que hasta ahora he hecho con usted creo que sí, aunque nunca me había pasado, pero es que con usted… no sé como explicarlo. Me excita mucho la forma en como me trata. No sé, es difícil de explicar. Tampoco sé muy bien en que consiste eso de ser sumisa, algo he visto y leído pero no sé mucho del tema-.
Me pilló, no supe que contestarle. En realidad si no cambiábamos nada es casi como si fuera mi sumisa. Dispuesta en todo momento a tener el sexo que yo quisiera, recibir los azotes sin quejarse, incluso cambió su vestimenta sin poner pegas.
¿Cual era entonces la diferencia entre lo que estábamos haciendo ese primer día o convertirla en mi sumisa? Así que para tener las cosas un poco más claras por mi parte me escapé de la forma más simple.
-Tienes la clave de la wifi del taller. Cuando tengas tiempo en los próximos dos días busca información por internet y volvemos a hablar del tema-.
-Sí, está bien señor-.
-Bueno, ahora déjame echar una siesta para bajar la comida y en una hora nos vemos en el taller que tendrás que hacer la primera prueba de un juguete-.
-Sí señor, ¿debo llevar algo o prepararme de alguna forma?-
-No, cuando eso pase ya te avisaré-.
Me ayudó a recoger y en cuanto bajó yo me eché en el sofá a pensar en cual sería la diferencia si conseguía que fuese mi sumisa.
Una hora después bajé al taller y ya me estaba esperando con visible nerviosismo. Tras un gran biombo en una esquina del taller tenía una gran cama, un sofá y todo aquello que pensé me podría servir para hacer los vídeos que se entregan con los juguetes.
Mientras Sofía me miraba nerviosa yo ponía en un trípode una cámara, enfocaba, y miraba en el ordenador que todo estuviera en orden. Pegado a la pared había un perchero portátil, de esos que se usan en las pasarelas de moda y tenía colgados numerosos conjuntos de ropa interior.
-Sofía, elije un conjunto del perchero que sea de tu talla preferiblemente negro pero sin bragas, te desnudas y te lo pones. Después elijes una de esas máscaras y te la pones también. Normalmente no aparece en la grabación la cara pero es mejor así por si hay algún error asegurarnos que no sales en la imagen-. Dije saliendo de esa zona para buscar los juguetes en el taller.
Al regresar estaba ya vestida con un conjunto casi transparente que le realzaba los pechos y dejaba ver unas bonitas piernas.
-Acércate-.
Vino hacia mí sin titubear pero con la cabeza baja.
-Cuando empecemos a grabar debes dejar de lado esa vergüenza o no saldrá bien-.
-Sí, lo sé señor, tenga en cuenta que aunque me gusta mucho el sexo, es la primera vez que hago algo así. Sé que no tardaré mucho en acostumbrarme, ya verá que no tendrá quejas, sólo le pido que tenga un poco de paciencia-. Dijo eso con una mirada pícara de niña traviesa que había comenzado a gustarme.
Al acercarse metí mi mano bajo el negligee hasta tocar su coño. No estaba muy húmedo pero resopló levemente al sentirme. Mi mano comenzó a acariciarla y con la otra la cogí de la barbilla y suavemente se la levanté para que nos miráramos a los ojos.
Ella se estaba calentando muy rápido, lo notaba en como se estaba mojando, pero yo también y mi polla intentaba buscar por donde salir. La besé un par de veces sin que ella se moviese salvo para abrir un poco sus piernas.
Cuando consideré que estaba ya lubricada la acerqué a la cama.
-Bueno, creo que ya estás lista así que podemos empezar. Tendrás que masturbarte con cuatro dildos sin vibración, empiezas por el más pequeño y sigues hasta terminar con el cuarto con el que llegarás a correrte. No importa si le pones teatro cuando te corras pero debe parecer natural, sino tendremos que repetirlo. Con cada uno debes estar al menos tres minutos, te avisaré con gestos cuando puedas cambiar-.
-Sí señor-. Cogió los dildos algo cohibida aún.
-Hay una cosa más. No vibran pero sueltan pequeños calambres, el mando a distancia lo tendré yo para probar las descargas y los patrones que trae preconfigurados-.
-¿Calambres?- Dijo volviéndose asustada.
-Sí, calambres. Pero no te preocupes que no son fuertes. El propio cliente ha pedido que sean suaves. Empieza cuando quieras, estoy grabando ya-.
Con movimientos aprensivos subió a la cama y dejó los dildos en un extremo, cogió el más pequeño se sentó y abrió las piernas frente a la cámara. Lo pasó por los labios del coño un par de veces y lo metió. Era del tamaño de un rotulador o marcador y pronto se perdió dentro dejando ver sólo su mano por donde lo sujetaba.
Comenzó a jugar con un mete saca muy erótico. Se veía que lo estaba disfrutando y de vez en cuando me miraba buscando aprobación. Entonces lo encendí y dio un fuerte grito estirando sus piernas al mismo tiempo, pero no lo sacó. Seguía masturbándose y con cada descarga gritaba y gemía pero sin dejar de meterlo. Sin embargo, por muy masoquista que fuera, eso de la electricidad no era lo suyo, se le notaba en la cara crispada, pero ella seguía sin parar de meterlo y sacarlo, a pesar del dolor le ganaba la calentura y las ganas de agradarme.
A una señal mía lo sacó y lo dejó en una parte de la cama, cogió el siguiente algo más grande pero aún no mucho, como una zanahoria normal. Desde el momento que lo metió comencé con las descargas y ella gritaba de dolor con cada una. Estas eran iguales en todos, lo única diferencia entre ellos era el tamaño.
Cuando le di la señal para coger el tercero le aprecié que tenía gotas de sudor por todo el cuerpo. Este dildo tenía el tamaño de una polla normal, quizás algo más gruesa y larga. Con esta le puse uno de los programas preestablecidos que soltaba descargas de forma aleatoria.
Cuando iba por la mitad, reclinada en la cama, metiendo y sacando el dildo y sin parar de gritar con cada descarga tuve la intención de parar todo. El cliente me había especificado la intensidad del calambre y cuando lo consulté no era de los más fuertes pero Sofía lo estaba pasando mal, muy mal. Sin embargo si lo paraba más tarde o temprano deberíamos volver a repetirlo y quizás eso fuese peor. Además ella en ningún momento se paró o dejo de mover sus manos mientras se masturbaba con el juguete. Y he de reconocer que los pezones los tenía muy levantados sobresaliendo entre los encajes, lo que significaba que a pesar del sufrimiento encontraba algo de placer.
El cuarto le costó un poco más meterlo, su tamaño ya era más grande y más grueso, era lo que se suele decir un pollón. Con él también use algunos de los programas que soltaba un calambre fuerte, dos leves, otro fuerte y así seguía. O cualquier otra composición.
Le hice por fin el gesto para que terminara pero me fijé que le estaba costando lograr correrse y que probablemente no se atrevía a simularlo. Quizás no quería arriesgarse a repetir todo ese calvario.
Busqué el programa más suave y se lo puse. Sin embargo cada descarga le sacaba un grito. Me fijé detenidamente y noté que el dildo cuando lo sacaba del coño no se notaba mojado. No estaba nada excitada y así no se correría nunca.
Una de las cosas que más les gustaba a mis clientes de los vídeos es que no tenían edición, salvo para tapar la cara. Son vídeos de una escena continua sin cortes y eso lo apreciaban mucho.
Si cortaba lo estropearía y tendríamos que repetirlo. Entonces me arriesgué con la faceta de actriz de ella. Apagué el dildo pero le gesticulaba desde atrás de la cámara que gritara simulando una descarga.
En cuanto notó que ya no había descargas y me vio gesticulando para que simulara gritos, lo entendió y comenzó a gritar de vez en cuando y a concentrarse en el enorme dildo.
Me puse frente a ella buscando que con mi mirada le diera confianza para poder terminar. Se quedó mirando a mis ojos y comenzó a disfrutar, regresaron los gemidos constantes y nuevamente se le mojó el coño. Tardó bastante, y la verdad es que el vídeo quedó al final algo falso pero lo consiguió y terminamos la grabación.
-¿Como te encuentras?- Le pregunté mientras recogía los dildos para limpiarlos.
-No muy bien señor. Los calambres no me excitan nada y me ha costado mucho. ¿Ha salido el vídeo bien?-
-Puede valer, no es de los mejores pero valdrá. Descansa sin prisas, después te aseas, terminas lo que tengas pendiente en la oficina y te puedes ir a descansar. Yo prepararé el envío y lo acerco a correos-.
Después de que limpiara y ordenara la zona de grabación, que yo no se lo había pedido, se fue desnuda al despacho. Cuando terminé el paquete y salía para llevarlo a correos la vi irse a la ducha.
Al regresar, casi anocheciendo, me la encontré sentada en las escaleras que llevaban a la casa desde el taller.
-Hola, ¿Que haces ahí sentada?- dije asombrado pues no esperaba encontrarla ahí.
-Lo estaba esperando, es que estoy un poco aburrida por qué no sé que tengo permitido señor. No tengo televisor en mi habitación y no sabía si podía subir a su casa a verla. Tampoco sabía si podía pasear por el pueblo. Le puse un wasap preguntando y como no respondió me senté a esperarlo-.
-Claro que puedes salir a pasear, no estás encerrada. Y para estas cosas mejor me llamas, no suelo mirar el móvil-. No le daría permiso para subir a mi casa sin estar yo, aún no la conocía lo bastante para dejarla.
-Lo sé pero no me animé a salir por qué pienso que en un pueblo tan pequeño tal vez todos sabrían lo que se hace aquí y quizás no fuera buena idea salir-.
-Parte de razón tienes, si te ven habrá muchos cuchicheos y no te quitarán la vista de encima. Es posible incluso que algunas personas mayores lleguen a insultarte pero de eso no pasarán. De todas formas es mejor que cojas tu coche y te vayas a otro sitio si quieres dar un paseo. Pero te recuerdo que no puedes follar ni tocarte, ni que te toquen. Te necesito caliente para los vídeos-.
-Sí señor, eso no se me olvida por desgracia es parte del trabajo-. Soltó una leve risa inclinando a un lado la cabeza.
Se levantó para dejarme paso por las escaleras. Llevaba un vestido de una pieza hasta las rodillas, suelto y con escote apreciando que no llevaba sujetador.
-Imagino que aún no tienes cocina-.
-No señor, llega mañana con algunos muebles y el refrigerador-.
-Bueno, pues sube y cenamos juntos. Y después si te apetece ponemos una película-.
-Me encanta la idea. Gracias señor-.
Se le notaba entusiasmada con mi presencia, era una chiquilla para esas cosas y comenzaba a gustarme esas actitudes.
Subimos juntos a la casa y mientras yo preparaba algo de cenar ella puso la mesa.
La cena fue casi en silencio, y cuando puse la película nos sentamos los dos en el sofá sin decir una sola palabra. Estaba un tanto aburrida la película y teniéndola a mi lado no dejaba de rondarme la idea de su sumisión. Así que decidí hablar sobre el tema antes del tiempo que le había marcado.
-Sofía-. La vi sobresaltarse por la sorpresa al romper el silencio.
-¿Está usted molesto señor?-
La pregunta me sorprendió.
-No, ¿porqué lo dices?-
-Bueno, creo que es una costumbre española,- comenzó a decir riendo disimuladamente, -pero al menos en mi país cuando se habla con el nombre completo es por qué una va molesto o va hablar de cosas serias, si no le molesta preferiría me llame Sofi-.
Le seguí el tono de broma.
-Bueno, si es así, casi mejor que te llame puta o putita para que sientas que es con cariño-.
Soltó una carcajada y me uní a ella. Comenzaba a disfrutar de esos momentos, llevaba demasiado tiempo solo y ahora el estar acompañado me vendría bien.
-Bueno Sofi, pongámonos un poco serios. ¿Te ha dado tiempo a mirar algo sobre la sumisión?- Ninguno apartábamos la vista del televisor.
-Sí señor, mientras ha estado usted fuera he estado mirando un poco-.
-¿Y que te parece?-
-Pues no lo sé señor, me da un poco de miedo. Tal vez solo leí la parte sádica, pero me da miedo dar un paso así. Aunque por otro lado debo confesar que nunca me había sentido así. Sólo al leer me calenté y me mojé-. Dijo con algo de vergüenza. -No sé si sea el momento pero también tengo que reconocer que desde el primer día que lo vi, usted me ha gustado mucho y eso me ha hecho disfrutar. Y la forma en como me ha follado estos días, ufff. Ha sacado un lado de mi que yo misma desconocía. Creo que son sus ojos azules los que me derrumban y me hacen actuar como puta-. Fue bajando el volumen de su voz mientras lo decía.
Nunca me he visto como una persona atractiva. Es cierto que mis ojos azules me han dicho que son bonitos, pero el resto de mi cuerpo no está mal pero tampoco para ser atractivo. Y mi polla no sale de lo normalito. Al menos siempre he pensado eso, pero con Concha ya son dos personas que piensan diferente y me hacen subir el ego.
Decidí pasar de largo el halago y continué.
-Sobre lo que has leído o visto, ¿te excita pensar en ser mi sumisa?-
Se movió algo inquieta en el sofá poniendo sus manos sobre su entrepierna y entrelazando nerviosa los dedos.
-Me da pena hablar de esto señor. Pero tengo que reconocer que me excita mucho. He estado en lo de la mañana al estar así pues mamándosela. Sólo de pensar en estar así a sus pies me he puesto muy caliente, señor-.
-¡Vaya!, y con semejante declaración ¿dices que nunca has sido sumisa o has jugado a serlo con nadie?-
-No señor. Ahora que lo pienso creo que alguna vez he podido serlo pero no a los niveles que he leído. Tampoco nunca me han azotado, sin embargo esta mañana lo he disfrutado mucho-.
Se giró sonriendo y susurrando.
-Debo ser muy puta ¿no señor?-
-Jajaja, me da la impresión que si lo eres y hasta ahora no te has dado cuenta-.
Alargué el brazo y metí una mano por el escote hasta apretar una teta. Sentía en la palma el pezón duro, tan duro como se estaba poniendo mi polla. Ella cerró los ojos y suspiró.
-¿Crees que si te follo ahora, mañana estarás caliente para hacer otro vídeo?-
Sin abrir los ojos y controlando su respiración mientras mi mano amasaba la teta, dejó caer sus manos a los lados.
-Por supuesto que si, ¿sabe?, siempre estoy caliente cuando usted está cerca. Pero,- dijo con voz un poco triste, -aunque si el vídeo es con los vibradores de calambres lo más seguro es que no esté muy caliente. Lo siento señor-.
Abrió los ojos poniendo carita de pena.
-No te preocupes, ese vídeo ya se envió. Es para otro juguete que terminaré a media mañana. Es una jaula y es complicado porque tendrás que estar casi un día entero metido en ella-.
Me miró fijamente unos segundos.
-Esta bien, yo haré lo que usted me diga señor. Me da un poco de pena, digo vergüenza, porque en los vídeos que miraba esta tarde vi como usan las jaulas. Y tengo sentimientos encontrados de miedo y excitación, pero puede estar seguro que estaré preparada-.
-Estupendo, me gusta que seas tan puta-.
Esbocé una sonrisa viendo que eso le gustaba. Quería que se sintiera tranquila en la nueva situación, después de todo tanto el trabajo como la tarea de ser sumisa conllevaban mucha confianza de ambas partes.
Saqué la mano y me desabroché el pantalón. Me bajé un poco el calzoncillo para dejar libre a la polla que estaba ya muy dura. Pasé mi mano por su espalda hasta la nuca y empujé su cabeza para que me la chupara. Pero nada más sentir como engullía mi polla me di cuenta de lo dura que la tenía y no buscaba una mamada por muy bien que estuviera moviendo su lengua.
-Ponte delante de mí a cuatro patas y te bajas las bragas... puta-. Tendría que acostumbrarme a llamarla puta, eso le excitaba como ya había comprobado.
Sacó la polla no sin antes darle un lametazo al glande y obedeció la orden sumisamente.
-Señor, sabe, me gusta mucho chuparle la polla, aunque no esté parada me encanta-. Dijo con un hilo de voz mientras se ponía a cuatro patas. Se subió el vestido y bajó sus bragas abriendo sus piernas y dejándolas muy estiradas.
Ante mi apareció ese hermoso culo cuyo color era cada vez más tostado según se acercaba al agujero. Y bajo él el coño del mismo color, hinchado y jugoso. No necesitaba fijarme mucho para apreciar lo húmedo que estaba, brillaba de sus flujos.
Me arrodillé detrás de ella y se la fui metiendo poco a poco por el coño. Notaba como sus pliegues se iban abriendo según avanzaba mi glande.
Puse mis manos en sus cachetes y los abrí un poco, lo suficiente para ver su agujero y desearlo.
-Sofi, en el cuestionario me dijiste que no eres virgen del culo, ¿verdad?-
Yo no me movía apenas, simplemente dejaba mi polla entera dentro de ella que al hacerle esa pregunta si se movió un poco inquieta.
-Así es señor, no soy virgen del culo, pero fue hace tiempo y las veces que lo hice no me gustó, me dolió mucho y no fue placentero. Pero creo que sé lo que espera de mi, así que mi señor puede usarlo si quiere. Le prometo que aguantaré, aunque me preocupa que no estaba preparada y no está limpio-.
No puedo negar que me encantó eso de “mi señor”, creo que incluso mi polla engordó más con esas palabras.
Sin pensarlo más la saqué y pasé el glande por su labios queriendo recoger sus flujos. La apunté a su agujero y comencé a presionar.
Ella intentó abrir más las piernas sin conseguirlo por las bragas, pero de los gemidos pasó a pequeños ayes. Conseguí meter el glande pero estaba claro que sin lubricante a ambos nos dolería.
La saqué y me levanté a buscar el lubricante.
Al regresar se había quitado las bragas y tenía las piernas más abiertas. Me gustaba verla cada vez más entregada y dispuesta a servirme.
-Pero que puta eres-. Dije tratando de humillarla.
-Usted me pone así señor. Puede hacer conmigo lo que quiera, pero le ruego que sea delicado con mi culito, aunque no es virgen tiene mucho que no entra nada por ahí-.
Otra frase más de sumisa que me excitó.
Puse lubricante y la fui metiendo poco a poco. Ese culo me volvía loco, tan redondo y sabroso y como descubrí, tan tragón pues sin apenas empujar tragó mi polla entera como succionándola.
-¿Te hace daño puta?- Quería follarme ese culo pero no pretendía lastimarla.
-No señor. Su polla nunca me hace daño-. Dijo entre gemidos.
-¿No dijiste que las otras veces te dolió?- Yo no me movía, de hecho era ella la que muy lentamente estaba oscilando sus caderas.
-Sí señor, pero ahora no me duele. Bueno, duele pero es soportable. Es que usted me pone muy caliente o debo ser muy puta porque me está gustando mucho-. Soltó una pequeña risa y siguió con jadeos.
-Eso parece. Así que démosle polla a la puta-.
Comencé a empujar hasta el fondo, notaba mis huevos chocar en su coño y mojarse. La agarré fuerte por la cintura y fui subiendo el ritmo. Mis gemidos y los suyos se mezclaban con las palmadas de los muslos al chocar y el chop de mis huevos contra su coño.
Su culo apretó mi polla haciendo que redujera los embistes.
-¡Dios voy a correrme!-. Gritó.
Paré un poco las embestidas y dije entre jadeos, -No puedes correrte puta, no sin mi permiso. A partir de ahora tus orgasmos son sólo míos-.
Después de eso continué follando violentamente su culo. Haciéndola gemir de dolor y placer cada vez más.
-Señoooor, ¿puedoooo corrermeee?-
-No puedes puta-. Y tras eso solté un bramido mientras la llenaba de mi leche. Fue intenso y en cuatro o cinco embestidas me quedé seco y lacio.
Ella seguía moviendo sus caderas buscando más placer mientras sentía todavía mi polla dentro de su culo.
Pasó un minuto hasta que me recobré, saqué la polla y me levanté.
Ella giró su cabeza anhelante, con una mirada de lujuria y su boca abierta por la respiración.
-Sígueme-. Fue lo único que le dije.
Cuando estaba entrando en el baño me di cuenta que me seguía a cuatro patas.
-¿Que haces andando así?-
-Es que leí que las sumisas deben ir tras su amo a cuatro patas. ¿Le molesta?-
No contesté y no quise darle importancia en ese momento ni seguir esa conversación, aunque reconozco que cada vez me sentía más complacido por esa mujer.
Me senté en el bidet.
-Limpia mi polla, está muy sucia-.
No lo dudó ni un segundo y abriendo el grifo la puso bajo el agua y la frotó con delicadeza.
Pude ver que su cara se ponía roja con un gesto algo triste.
-¿Ahora que pasa?-
-Lo siento señor, es que no sabía que me follaría por ahí y no lo tenía limpio-.
-No te preocupes, pero a partir de mañana todos los días deberás limpiarlo. Tienes un culo muy excitante y creo que lo usaré más de una vez-. Le levanté un poco el vestido y mientras ella me limpiaba le acaricié los cachetes. Pude ver cierto rasgo de felicidad en su cara.
-Sí señor, así será. Me ha gustado mucho que me folle por el culo, pero tendré que comprar edemas y me parece que en este pueblo no hay farmacia. ¿Cual es el pueblo más cercano?-
-No vayas a ninguna farmacia, no es necesario. Lo pides por internet y los cargos los haces a la empresa ya que son herramientas de trabajo-. Le sonreí y me puse de pie.
Cogió una toalla y me secó la polla. Estaba seguro por su mirada que lo que quería era metérsela en la boca. Pero ya había sido mucho por hoy. Después de todo su trabajo era estar siempre caliente para los vídeos y por supuesto ahora para mi.
-Me voy a la cama. Recuerda que no puedes tocarte-.
-Sí señor, está bien. Me voy muy caliente, creo que me costará trabajo dormir-. Dijo con cara de puchero pero con esa sonrisa coqueta de niña traviesa. Se volvió rápido para darme un beso en la mejilla, dijo buenas noches y se marchó a sus habitaciones.
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