El juguetero 2
Sofía sabía que su trabajo implicaba más que papeles. Cuando el suelo se tiñó de su error, comprendió que su sumisión era el único precio para pertenecerle. Ahora, bajo el peso de sus azotes y su semen, no hay salida, solo obediencia.
Capítulo 2
Sofía estaba desnuda agachada sobre el suelo lamiéndolo. Me había hecho una mamada y cometió el error de escupir mi semen y ahora le tocaba tomarlo del suelo.
Era una mejicana en paro que acudió a mi entrevista de trabajo pero le descubrí una faceta sumisa que pensaba explotar y que además me sería muy útil para probar muchos de los juguetes que fabricaba.
Habían acudido dos chicas más a la entrevista, Ángeles, una directora de educación, y Rosa, una camarera. Las dos tenían potencial pero por ahora les envié un correo dando las gracias y diciéndoles que más adelante si el negocio prosperaba contaría con ellas. Ambas me respondieron estar interesadas.
Pero ahora estaba probando los límites y lo sumisa que podría ser Sofía.
Durante algunos años había fantaseado con la idea de tener una o varias sumisas con las que pudiera desahogar mis instintos, y al parecer la suerte me estaba sonriendo al traerme a mi puerta a Sofía.
Desde que la vi entrar pude notar en ella esa vena sumisa. Desde su forma de dirigirse a mi como “señor” sin pedírselo. La vergüenza con la que se había masturbado, la forma como escondía su mirada y la resignación en seguir las instrucciones de la prueba sin hacer ninguna pregunta. Todo eso no hizo más que confirmarme que tenía ante mi a una sumisa y que con algo de entrenamiento podría llegar a ser no sólo una sumisa sino una esclava 24/7 a mi servicio.
No podía pensar en otra cosa mientras la veía a cuatro patas en el suelo limpiando mi corrida con la lengua. Estaba esmerada y parecía disfrutar del momento aunque pusiera cara de asco.
Cuando terminó de limpiar el suelo y antes de que pensara nada, la agarré del pelo y la llevé a la mesa donde la puse inclinada sobre ella.
-No creas que por recoger el semen que has escupido tu castigo ha terminado. Ahora es cuando me dices si quieres marcharte sin el trabajo o seguir-.
Tumbada sobre la mesa, de forma inconsciente creo, puso sus manos por encima de su cabeza y abrió un poco las piernas dejando bien expuesto su coño y su culo.
-Quiero seguir señor-. Dijo escuetamente.
Con la mano empecé a darle una serie de azotes en el culo sin escuchar nada de ella. Cuando ya estaba rojo, después de unos diez o doce azotes en cada cachete, le pasé la mano por el coño. Seguía mojado y notaba el calor que desprendía.
-Esta es una agradable sorpresa. La muy puta se calienta con los azotes. ¿Eres masoquista puta?-
-No lo sé señor. Es la primera vez que siento esto-. Seguía sin moverse sobre la mesa y con las manos agarraba el extremo por encima de su cabeza. Soltó un gemido cuando le metí dos dedos en el coño.
-Pues me parece que sí. Creo que los azotes te han mantenido caliente y seguro que ahora deseas que te folle ¿verdad puta?-
-Sí señor, nunca me había sentido así pero me han excitado mucho los azotes. Creo que es verdad que debo ser una puta masoquista y estoy deseando que el señor me folle-. Como aseverando lo dicho abrió un poco más las piernas.
Yo estaba muy caliente así que no tardé en bajarme de nuevo los pantalones y apunté mi polla que estaba muy dura metiéndola de una sola estocada. Ambos soltamos un fuerte gemido.
Bombeé despacio agarrándola por la cintura.
-¿Estás segura entonces de querer este trabajo?-
-Sí señor-. Los dos estábamos muy excitados y nos costaba trabajo hablar.
-Me gusta lo puta que eres-. Y no dije más, la agarré fuerte y empecé a meter mi polla en un coño empapado y muy caliente acompasado por sus gemidos.
Estaba a punto de correrme cuando sus piernas empezaron a temblar y noté como el coño se contraía y daba pequeños espasmos. Ese placer en mi polla me impidió seguir y eyaculé gritando de placer para terminar echándome encima de su espalda.
Me quedé quieto un par de minutos para recuperarme. Tenía en mi cara una sonrisa no sólo por el polvo, era también por que me estaba imaginando lo agradable que sería trabajar con una mujer tan sumisa y caliente como Sofía.
Me levanté y me senté detrás de ella, en la silla que antes usó. Ella fue a incorporarse.
-Quieta donde estás puta. Vamos a hablar de las condiciones-.
Sin decir nada volvió a quedarse tumbada sobre la mesa dejando bien expuesto su culo y su coño de donde chorreaban flujos y semen por sus muslos.
-Aunque el horario es normal, a veces por cuestiones especiales se prolonga. Por ejemplo, las jaulas deben probarse durante horas. El sueldo es el que dije en el correo. ¿Estás de acuerdo?-
-Sí señor. Pero ¿podré vivir en las habitaciones? Donde estoy ahora está lejos de este pueblo y el alquiler me lo quieren subir-.
-Puedes quedarte en esas habitaciones pero están sin muebles. De todas formas puedes comprar lo que necesites, una cama, la cocina, lo que sea, yo lo pagaré y te lo iré descontando del sueldo-.
-No es necesario señor, tengo aún ahorros y en la casa de alquiler tengo algunos muebles que son míos como la cama o la mesa que si me lo permite puedo traerlos-.
-Pues haz la mudanza cuanto antes para poder empezar a trabajar. Ah, se me olvidaba una cuestión importante. Conmigo tendrás sexo siempre que yo lo quiera, eso ya ha quedado claro, ¿no?-
-Sí señor. No tengo problema con eso-.
-Pero debes saber también que algunas veces vienen clientes que quieren un juguete igual a su polla, y para eso hay que excitarlos para hacerles el molde. En esos casos tendrás que tocársela e incluso alguna vez chupársela, ¿podrás hacerlo?-
Su cara reflejó duda y un poco de angustia.
-¿Estará usted cuando tenga que hacer eso señor?-
-Sí claro-.
-Entonces no tendré problemas señor-.
-Estupendo. Aunque te enseñaré a usar la silicona, el látex e incluso el plástico para hacer moldes o el juguete, esas cosas las haré yo. Básicamente te quiero en la oficina para encargarte de los trámites administrativos, ese será la mayor parte de tu trabajo. Cuando termine un juguete es cuando tendrás que probarlo, a veces hasta en varias ocasiones. Pero la mayor parte del tiempo estarás en oficina, ¿necesitarás algún curso sobre el uso de esos programas?-
-No creo señor, en el banco los usaba todos los días-.
-Bien, pues ya puedes levantarte, vestirte y marcharte. Avísame cuando haces la mudanza pero quiero que empieces a trabajar el lunes que viene-.
-Sí señor, como diga-.
Se levantó de la mesa. Sus pezones aún los veía duros y levantados. Por todo el muslo le corría semen con flujo hasta el tobillo.
-¿Puedo pasar al aseo?-
Se la notaba aún excitada, así que decidí probar la humillación una vez más.
-No, puedes limpiarte con las bragas y te las vuelves a poner. Y por cierto, no olvides decirme siempre señor o tendré que castigarte por eso-.
Su mirada reflejó nuevamente un destello de calentura y pude comprobar que le gustaba como estaba siendo tratada.
-Sí señor, lo siento señor-.
Sentado veía como se pasaba las bragas por sus piernas y pensaba como convertirla en mi sumisa, si hacerlo directamente o poco a poco.
Terminó de vestirse después de ponerse las bragas húmedas y se marchó. Después de analizar todo lo sucedido decidí que su alma de sumisa pedía que la sometiera directamente sin necesidad de ir poco a poco.
Llevaba apenas cuatro meses con el taller abierto y me iba bien, por eso me decidí a contratar a una persona tanto para la administración como para el “control de calidad” de los juguetes. En esos primeros cuatro meses cuando necesité hacer ese control de calidad llamaba siempre a la puta del pueblo, Concha.
En realidad no era una prostituta como tal. No se anunciaba ni trabajaba en ningún burdel. Era la solterona del pueblo, de mi misma edad que tenía una pequeña tienda de comestibles y que limpiaba a veces casas, y en un pueblo tan pequeño le daba lo justo para vivir. Así que en secreto, esos secretos que todos saben y de los que sólo se habla en susurros y cotilleos, follaba a cambio de dinero, y creo que para su propio placer.
A ella recurría cuando necesitaba probar algún juguete y aunque le pagaba poco, ella nunca protestó esos pagos. Además era la que venía tres veces a la semana a limpiar mi casa. Después de contratar a Sofía por deferencia la llamé para decirle que ya no requeriría sus servicios más. Colgó el teléfono mientras se lo decía y a los diez minutos la tenía en el taller entrando como un tornado.
-¿Estás enfadado conmigo?- Lo dijo estando ella enfadada.
-En absoluto Concha. Pero el trabajo aumenta y he decidido contratar a tiempo completo a otra persona-.
-¿Es que acaso me ves vieja y por eso ya no te sirvo?-
Ella tendría pasado los cincuenta y en la cara se le notaba una vejez prematura unido a que nunca fue agraciada, sin embargo su cuerpo aunque no era voluptuoso se conservaba bastante bien. Para hacer los vídeos me servía ya que nunca le salía la cara.
-Concha, no es por eso, no seas tonta. Simplemente necesito más personal-.
-No lo entiendo ¿Es por que te dije que nada de probar juguetes de bdsm?-
-No, déjalo, no busques otras razones. Te repito que sólo es que necesito más personal. Además para esos juguetes es verdad que necesito a otra persona y son precisamente los pedidos que más me están llegando-.
-¿Y la zorra de la nueva te limpiará también la casa?-
Estaba enfadada y aunque había pensado que Sofía se encargará también de eso, prefería para calmar las aguas cambiar de idea.
-Si te calmas te iba a decir que si te interesa seguir viniendo a limpiar, yo prefiero que eso lo hagas tú que ya conoces la casa y el taller y no te vas asustar por lo que veas-.
-¿¡A limpiar!?- Casi estaba gritando del enfado que tenía.
-¿Pero tú crees que yo venía a tu casa sólo por limpiar?, ¿por probar esos juguetes teniendo yo en casa?, ¿es que no te das cuenta de lo que ando buscando? Todos los hombres sois iguales, no notáis nada y como soy la puta del pueblo para que tener un detalle con ella-. Se fue apagando pero me dejó algo asustado sin saber realmente lo que me decía, o no queriendo entenderlo.
-Perdona si alguna vez te he faltado en algo, pero no sé realmente a que te refieres Concha-.
-¿Cuantos hombres apuestos y guapos de ojos azules conoces en el pueblo?- Parecía que el enfado daba paso a cierta melancolía.
-No sé, no sé por donde vas, me estás liando-. Aunque realmente sospechaba lo que pretendía decirme. Y realmente no buscaba pareja en estos momentos ni tampoco sentía nada por ella.
-Ninguno. No hay un solo hombre atractivo en todo el pueblo. Salvo tú-. Me miró a la cara con gesto de tristeza. Y eso me horrorizó.
-Verás Concha, yo… no sé que me quieres decir-.
-Un polvo, eso es lo que quería, un sólo polvo contigo. No me interesa limpiar tu casa ni probar tus dichosos juguetes. Sólo veía como al probarlos se te endurecía la polla tras el pantalón y esperaba que alguna vez estuvieras lo suficientemente excitado para echarme un polvo. Nada de sentimientos, sólo sexo-.
-Lo siento Concha, nunca pensé eso, yo… no sé que decirte-.
-Tontos, todos los hombres sois tontos. El lunes como siempre vengo a limpiar ya que es lo único para lo que te sirvo-.
Se volvió sin decir nada más y salió del taller como entró, como un tornado.
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- Relato #251044— title-regex: contiguous parts (1 -> 2)
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