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Dominaciónmar 2026

El juguetero 1

No buscaba solo manos para limpiar, sino almas para obedecer. Entre tres candidatas, solo una tenía la vergüenza muerta y el cuerpo listo para ser moldeado. La entrevista no terminó con un contrato, sino con una orden.

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Este es mi tercer libro y tiene 29 capítulos de una extensión similar cada uno de ellos. Al igual que los anteriores, al finalizar su publicación en esta web me lo podeís pedir que lo envio en pdf. Espero que lo disfruteís.

Capítulo 1

No me gusta la gran ciudad. He vivido en ella hasta mis cincuenta años ganando mucho dinero y en un trabajo que me gustaba mucho pero en la gran ciudad me asfixiaba. Empecé como trabajador en un fábrica de productos de silicona, especialmente para hostelería. Al poco se amplió con el látex, sobre todo guantes. Después de quince años en la fábrica pasé a marketing y finalmente a jefe del departamento. Disfrutaba en mi trabajo pero la ciudad me estaba matando lentamente.

Y sin planearlo me llegó la ocasión de irme, mi relación sentimental se rompió y ese fue el punto de salida. Dejé el trabajo y me fui a un pueblo pequeño en la sierra. Allí compré una casa cuya planta baja era un enorme establo. La acondicioné entera dejando la primera planta para vivir y el establo lo convertí en un taller, pero en un taller muy peculiar.

Me propuse fabricar juguetes sexuales, no obstante sabiendo la enorme competencia me centré en juguetes personalizados, hechos a medida del cliente con sus instrucciones y vídeos explicativos que podrían a la vez servirle para excitarse mientras los ve.

El negocio crecía y hasta ahora había usado a una puta del pueblo para los vídeos pero necesitaba a una chica que además de probar los juguetes y hacer los vídeos me hiciera la administración. Puse un anuncio diciendo simplemente: “Se necesita ayudante para realizar pruebas de calidad”. Recibí muchos correos y respondí a todos que el control de calidad era para juguetes eróticos y que el trabajo consistía en usarlos. No puse nada más.

Me devolvieron el correo apenas unas diez chicas. A esas ya les expliqué con más detalle el trabajo, una empresa pequeña, con juguetes o accesorios sexuales y que las pruebas tendría que hacerlas en el taller delante de mí. Les puse el horario y el sueldo que era bastante alto, incluso la posibilidad de poder alojarse en el taller donde había añadido un par de habitaciones con baño y acceso directo al exterior.

Sólo seis me devolvieron el correo estando interesadas. Les envié un cuestionario con preguntas muy específicas. Como si eran vírgenes oralmente o analmente, si les excitaba el bdsm (eran los juguetes más demandados), si se excitaban con la humillación o con los azotes, además de preguntas más personales como en que trabajan o si tienen pareja o hijos.

Tres me llegaron con todo contestado y diciendo estar interesadas. Una directora de un centro educativo, una camarera panameña y una trabajadora bancaria ahora en paro de México.

A las tres las cité para una entrevista personal y les dije que se incluiría grabar para ver como prueban un juguete. Y las tres acudieron.

La directora fue la primera, Ángeles, menuda de pelo rubio y ojos claros algo mayor en edad y muy tímida. Estaba casada pero le excitaba mucho la idea del trabajo. Le pedí que se desnudara para seguir la entrevista y con mucha vergüenza lo hizo. Estaba sentada con las manos cubriendo el coño que se apreciaba cuidado pero no rasurado.

-Ahora tienes un buen trabajo, eres funcionaria luego creo que no necesitas este trabajo por el dinero. ¿Porqué has venido entonces?-.

Se movió inquieta en la silla y se ruborizó bajando la mirada sin que le salieran las palabras.

-Verás Ángeles, en este trabajo la vergüenza debes dejarla fuera sino no me sirves-.

-Perdona, creo que lo superaré. La verdad es que me excita mucho y en mi matrimonio ya no hay ese calor que busco, creo que nunca lo hubo. Quizás necesite algo más fuerte-. Lo dijo todo bajando cada vez más el volumen de su voz.

Después de algunas preguntas sobre que estaría y que no dispuesta a hacer la mandé levantar.

-Pon las manos a los lados, debo comprobar la facilidad que tienes para excitarte, algunos juguetes deben ser probados sin lubricante-.

-Esto me da mucha vergüenza-. Dijo haciendo lo que le había pedido.

-Este no es un trabajo donde se pueda pasar vergüenza-. Le decía mientras pasaba mi mano por su coño y lo notaba húmedo.

-Creo que lo iré superando con el tiempo. Ahhhh-. Se le escapó ese gemido cuando uno de mis dedos entró a explorar.

Estaba lo suficientemente mojada para usar un juguete sin necesitar lubricante. Le di uno con forma de polla, sin vibración. Era una copia de la polla de un cliente que cuando lo vio insistió que le tomé el molde mal, era pequeña y no la quiso. Tuve que agrandarla para satisfacerle.

-Toma, mastúrbate hasta correrte sentada en la silla-. Me senté frente a ella que con la mirada en el suelo comenzó a meterla y sacarla pero sin apenas gemir.

No pasó mucho tiempo cuando su gemidos eran más fuertes y levantando un poco la cabeza se quedó mirándome directamente a la cara hasta que se corrió dejando la polla dentro y bajando de nuevo la mirada.

Le di tiempo para recuperarse y continué la entrevista.

-Todos los juguetes que vendo llevan incluido uno o más vídeos de su uso. ¿Tendrás problemas con eso?-

Levantó la cara algo asustada y con la respiración aún entrecortada, así que para calmarla continué.

-No te preocupes que en las grabaciones la cara siempre está tapada por máscaras o la difumino en la grabación. Pero aún así la vergüenza debes perderla al menos conmigo-.

-Lo haré, es que aún no me acostumbro. Es nuevo para mí pero no tengo dudas de que lo haré-.

-¿Si te contrato piensas dejar tu actual trabajo?-

-Pensaba intentar compatibilizarlos. Si le viene bien podría venir por las tardes-.

-Bien, pues lo pensaré. Ya te llamaré-.

-¿Puedo pasar al aseo para limpiarme un poco?-

-No, este es un trabajo que a veces es muy sucio y debes acostumbrate a eso-.

Su cara reflejaba asombro pero resignada se vistió y se marchó.

Unas horas más tarde llegó Rosa, la camarera. Una mulata bajita con los labios carnosos y morena tanto de pelo como de piel. A ella no se le veía vergüenza alguna y se desnudó rápido sin taparse nada mientras continuaba la entrevista. Aunque era muy joven, su culo era algo plano y es probable que no quedase bien en según que vídeos.

La hice levantarse también y cuando acerqué mi mano para tocar su rasurado coño, abrió ostensiblemente las piernas y se mordió los labios poniendo una cara de lujuria.

-Veo que te gusta el sexo, estás muy mojada-. Le dije cuando mi mano salió de entre sus labios.

-Me gusta mucho y este sería para mí un trabajo soñado y no el de camarera-. Inclinó la cabeza a un lado y sacó la punta de su lengua para pasearla por sus labios.

Se notaba que era una mujer abierta a probar y disfrutar del sexo y eso podría venirme bastante bien, así que continué con la entrevista ilusionado.

-Toma, siéntate y mastúrbate hasta que te corras-. Le di el dildo con forma de polla y me senté frente a ella.

Se sentó con las piernas muy abiertas metiendo lentamente el dildo y sacándolo. Después de varias veces y sin apartar la mirada de mí, lo llevó a su boca y lo lamió un rato. No le había pedido eso pero esa acción me gustó bastante. Lo volvió a llevar al coño y empezó a follarse más rápido gimiendo cada vez que entraba. Cerró sus ojos y se corrió con fuertes gritos. Al terminar despacio se llevó el dildo de nuevo a la boca para lamerlo. Debió notar que antes me había gustado el gesto.

-En el trabajo tendrás que hacer vídeos, ¿eso es un problema?-

-No, en absoluto. No es algo que me preocupe-.

-De todas formas tu cara nunca saldrá en los vídeos. En caso de contratarte ¿Piensas dejar tu actual trabajo?-

-Si el sueldo es bueno lo dejaré encantada. Aunque de ser posible me gustaría continuar los fines de semana un tiempo si no le importa. Es cuando necesitan más personal en el bar y no quisiera dejarlos tirados por ahora-.

-En principio eso no me importa. Puedes vestirte, ya te llamaré-.

-Gracias por la oportunidad, estoy deseando mucho trabajar aquí-.

Nos despedimos y al poco llegó la tercera candidata.

Con pelo muy moreno y rasgos marcados se sentó muy cohibida frente a mi. La mandé desnudarse para continuar la entrevista. No dijo nada pero se veía muy nerviosa y cuando se sentó puso sus manos tapando su coño sin rasurar aunque se notaba que era más por esos nervios y que no sabía que hacer con las manos.

En su cuestionario, Sofía, indicaba que había trabajado durante años en un banco pero cuando este fue absorbido por otro se quedó en la calle. Vino a España a buscar trabajo y por ahora no le había ido bien.

Cuando le hice algunas preguntas sobre azotes o ataduras me respondía suspirando débilmente demostrando una ligera excitación con las preguntas. Inmediatamente la catalogué como sumisa y a mi pervertida mente se le ocurrió como contratarla de otra forma más conveniente a mis deseos.

La mandé levantar, le aparte en silencio las manos y pasé por un coño de piel muy morena mi mano que salió empapada. Le metí un dedo y no pudo evitar gemir y cerrar los ojos.

-Vaya, estás chorreando. Me parece que hemos dado con una buena puta-. Le dije arriesgándome.

-¿Te molesta que utilice la palabra puta?-

-No señor, no me molesta-. Me respondía con los ojos sin abrir. -En realidad comienzo a creer que soy muy puta. Nunca me había pasado esto, a lo mejor es por sus preguntas que me han excitado mucho o por usted que… no sé creo que las preguntas me excitaron-.

-Toma,- le di el dildo, -siéntate y mastúrbate hasta correrte-. Me senté frente a ella.

Cogió el dildo y se sentó pero lo miraba como no sabiendo que hacer.

-¿Ocurre algo?-

-Lo siento señor, pero es que me da mucha pena-.

-¿Pena?-

-Perdón, quiero decir que me da vergüenza señor-.

-Este no es un trabajo para la vergüenza, si no consigues superarla entonces no sirves-.

-Lo sé señor, deme sólo un minuto por favor-.

-Definitivamente no me sirves, vístete-.

-No por favor señor, deje que lo intente. Es que nunca he hecho esto delante de nadie. Se lo ruego-.

Realmente la veía avergonzada, no sé si por dejarse llevar por la calentura del momento y con ello demostrar que realmente era una buena puta o por la de encontrarse frente a un desconocido solicitando un empleo que aunque se veía que le atraía no era para nada lo que estaba acostumbrada a hacer para ganarse la vida.

Rompiendo esa timidez comenzó a pasarse el dildo por el coño como queriendo mojarlo, pero no acababa de metérselo.

Había algo en ella que llamaba mi atención, a pesar de eso en ese momento no tenía mucha paciencia. Así que decidí presionarla para continuar o terminar con esto de una vez.

-Para ser tan puta como parecías tienes demasiada timidez. Si sigues así tardarás un tiempo que yo no tengo. ¡Metelo ya puta!-

Probablemente con esa orden otra chica se hubiera acobardado y se hubiera marchado. Sin embargo ella se quedó, bajó la mirada y pude ver como sus pezones se pusieron duros como una piedra reflejando su excitación.

Y exhalando lo metió entero sonando claramente el chapoteo de lo mojada que estaba. Con las piernas algo cerradas, así como sus ojos, comenzó a follarse con el dildo. Sus gemidos se mezclaban con el sonido del coño mojado, tanto que se veía claramente como el flujo le bajaba por los muslos hasta la silla.

Sin abrir los ojos en ningún momento le llegó el orgasmo haciendo temblar sus piernas de forma tan brusca que temí se cayese de la silla. La dejé descansar unos minutos.

-En este trabajo se tienen que hacer vídeos, y aunque la cara no sale nunca, visto como te has comportado hoy quizás no puedas hacerlo-.

Se quedó pensativa un momento analizando la situación. Sus mejillas se veían sonrojadas por la corrida anterior subiendo el tono del color por la pregunta. Aún no podía hablar bien por la corrida o quizás por la vergüenza y hablaba con voz entrecortada.

-Podré señor, sólo es pena pero lo superaré, se lo aseguro. Este trabajo me interesa más de lo que usted imagina-.

-Bien, pues vístete y ya te llamaré-.

-Señor,- dijo con voz tímida, -tengo una duda, y es que en el anuncio decía que había posibilidad de alojamiento-.

Sin pensarlo me lo puso en bandeja y decidí explotarlo.

-Sí, al fondo hay dos habitaciones con un baño, en una se puede poner un dormitorio y en la otra montar una cocina salón. Esa tiene tres puertas, una al dormitorio, una al taller y otra directamente a la calle. Pero son reservadas para las que acepten el trabajo con todos los términos. ¿Te interesa?-

-Sí señor, es una de las razones por las que me interesó este empleo. Además de que me excitó mucho pensar en las miles de formas en las que se pueden probar este tipo de juguetes-. Sonrió levemente al decir eso.

-Le aseguro que se me pasará la pena, perdón, la vergüenza-. Y entonces se dio cuenta de mis palabras. -¿Cuales son todos los términos?-

-Pues verás, en este trabajo por lo que hacemos y como lo hacemos hay veces que uno acaba muy acalorado y así no se puede trabajar en condiciones. Así que una de las tareas de mi ayudante debe ser el desahogarme, ¿entiendes?- Lo dije casi sin mirarla, como si fuera algo de lo más normal pero dejando claro que si ella no lo aceptara no la contrataría.

-¿Qué tendría exactamente que hacer señor?- Preguntó algo ansiosa.

Me volví para mirarla a la cara como dando a entender que estaba sopesando si explicárselo o no.

-Pues que va a ser, que tendrás sexo conmigo. Pero no creo que con tu forma de ser estés dispuesta-.

Lo pensó pero no mucho tiempo.

-No quiero que piense mal de mi señor. No soy de ese tipo de mujer que tiene sexo a la mínima insinuación. Tampoco estoy tan necesitada de trabajo. Si lo hago es por qué me excita este empleo, me parece muy morboso que te paguen por usar juguetes y si follar con usted está incluido en el trabajo no creo que tenga problemas-. Esbozó una tímida sonrisa.

-Bien, entonces continuemos ¿Te han azotado alguna vez?- Me acerqué a ella que seguía sentada con el dildo entre las piernas.

-No señor, sólo algunos azotes mientras tengo sexo pero azotar como creo que se refiere no-.

Le agarré la mandíbula y le levanté la cara. Después llevé una mano a su teta y agarré un pezón del cual tiré obligándola a levantarse.

-Aquí se hacen muchos tipos de juguetes-. Le dije mirándola a la cara y bajando mi mano por su barriga hasta llegar a los muslos.

-La mayoría son de bdsm y todo lo que sale de mi taller tiene que pasar por un exhaustivo control de calidad-. Le dí unos golpecitos en los muslos para que abriera las piernas.

-Fabricamos todo tipo de látigos, fustas o palas y para probarlos no valen unos azotitos, se dan muchos y fuertes-. Pasé mi mano por su coño mojado del orgasmo y ella entreabrió la boca y cerró los ojos de nuevo.

-Abre los ojos y mírame a la cara-. Lo hizo pero su respiración dejaba claro que se estaba excitando de nuevo.

-¿Estarías dispuesta a ser azotada con fustas, palas o látigos? Debes plantearte que no todo será placentero, habrá dolor y mucho. Aunque como te dije antes creo que estoy frente a una puta masoquista. ¿Que piensas?- Añadí lo de masoquista para ver que me respondía.

-No lo sé señor, como le he dicho nunca me han azotado. Pero realmente quiero intentarlo, quiero tener la oportunidad de probar si es usted quien lo hace-.

Su voz era una mezcla de duda y horror, todo mezclado con excitación que se notaba en su respiración, en sus duros pezones y en su coño chorreante.

-Como ves es un trabajo donde es muy fácil excitarse. Y por esa razón, antes, durante o después de las pruebas necesite desahogarme. Esa es la ayudante que necesito y para esa están pensadas las habitaciones-.

-Puedo hacerlo señor-. Dijo algo bajito bajando de nuevo la mirada mientras yo seguía acariciando su coño y presionando levemente el clítoris.

-Te repito que no son solo azotes. ¡Levanta la cara y mírame puta!- Reaccionó rápido. Desnuda de pie, con las piernas algo abiertas y los brazos a los lados me miraba sintiendo mis dedos pasearse por el coño con cara de lujuria.

-Además de azotes hay que probar jaulas, sistemas de ataduras, collares, plugs, un sin fin de juguetes y por supuesto a mi. ¿Crees que podrás puta?-

Le metí dos dedos en un coño que estaba muy mojado y agarró mi mano para follarse más fuerte.

-Suelta puta, sólo haz lo que te ordene-.

-Sí señor, lo siento, lo haré-. De nuevo cerró los ojos y dejó sus brazos a los lados.

Creo que sin querer había encontrado la palabra mágica, puta, ya que era decirlo y excitarse. Sus gemidos no tardaron en salir de forma incontrolada mientras sonaba el característico “chop” de tener el coño empapado. Su rostro se transformaba apareciendo una guarra llena de lujuria.

Quedaba la prueba final pero estaba seguro que tenía a la trabajadora perfecta para mi.

Saqué mi mano y la alce a la altura de su boca. Abrió los ojos implorando que siguiera pero lo entendió rápido y se puso a lamer mis dedos.

-Tengo buenas noticias para ti. Me has calentado mucho puta. Hazme una mamada-. Se lo dije muy serio apartando mi mano de su cara y sin moverme.

No lo pensó, se agachó y al ver que yo no hacía nada, me desabrochó el pantalón, lo bajó un poco, después el calzoncillo hasta que salió mi polla ya erecta. La miró como analizándola y la metió en la boca. Una mano la puso sobre mi muslo y con la otra se ayudaba en la mamada.

-Chupas bien, pero las auténticas sumisas lo hacen de rodillas-. Era la palabra clave y con ella vería como se comportaría. Y lo hizo, se puso de rodillas sin dejar de mamármela.

Puse mi mano sobre su cabeza y le agarré del pelo para ir dirigiendo la mamada. Al poco pasé a follármela directamente por la boca. Le caían las babas sobre sus tetas pero seguía mi ritmo sin quejarse. Yo estaba muy caliente de toda la mañana con las entrevistas así que no duré mucho y me corrí dentro de su boca gruñendo y soltándole el pelo.

Cuando terminé de correrme, ella se volvió a un lado y escupió todo el semen.

-Eso no me ha gustado nada puta. Mi semen es valioso y no deberías escupirlo-. No lo dije lo suficientemente serio por estar aún recuperando la respiración por el orgasmo pero a pesar de eso ella se asustó.

-Lo siento, es que nunca lo he tragado-. Me puso cara de pena.

-¿Que crees que deberías hacer entonces?- Me subí el calzoncillo y los pantalones.

Se quedó mirando a mi cara pensando un rato mientras yo me vestía.

-¿Y bien puta?, ¿que vas a hacer para solucionar el error?-

-¿Lo chupo del suelo señor?- Puso cara de horror cuando me lo dijo.

-Exacto, ya estás tardando puta-.

Se agachó y se puso a lamer el suelo donde había escupido mi semen. Cada lengüetazo que daba ponía expresión de asco, incluso alguna vez le vinieron arcadas. Mientras, yo seguía de pie a su lado viendo como lo hacía y contento de conseguir una trabajadora sumisa con la que seguro me lo iba a pasar muy bien.