La puta del campamento - Parte 1
No esperaba encontrarla así, desnuda y atada, arrastrándose entre los arbustos. Pero cuando sus ojos se encontraron con los míos, supe que no era un accidente. Era una oferta. Y yo nunca digo que no a una tentación tan clara.
Acababa de sentarme después de preparar el campamento cuando ella salió a trompicones de entre los arbustos.
Como cada año, yo junto a unos amigos nos ibamos una semana a acampar a la montaña. Había sido el primero en llegar y como no, me tocaba preparar todo el campamento a mi mientras mis amigos llegaban. Jorge y Juan eran los responsables de traer la cerveza y el alcohol, mientras que a Carlos le encargamos traer una buena cantidad de comida para que no nos faltara nada durante la semana.
Hice una pasada observando el campamento, satisfecho de que las tiendas estaban bien y que los sacos de dormir de cada uno estaban en las tiendas correctas. Cuando me giré, ella estaba atravesando los arbustos. Parpadeó ante el brillo del claro y cuando me vio y gimió, registré en mi cerebro lo que llevaba puesto. Más bien, lo que ella no llevaba puesto ya que estaba desnuda y descalza, su piel mostraba rasguños causados por la maleza por la que había caminado.
Sonreí, dejando que mis ojos se fijaran en su cuerpo curvilíneo, piel pálida y cabello oscuro trenzado hasta la mitad de su espalda. Me di cuenta de algunas otras cosas también. Primero de un collar de acero ancho alrededor de su cuello con un juego de llaves unidas al anillo frontal por un broche de presión. En segundo lugar, llevaba una mordaza de anillo que le obligaba a mantener la boca abierta, la saliva le corría por la barbilla y se mezclaba con el sudor en su pecho desnudo. Sus brazos estaban tirados hacia atrás de una manera que sugería que tenía las muñecas atada, forzandola a echar su pecho aún más hacia afuera, sus pezones estaban erectos. Bandas a juego con su collar rodeaban sus tobillos, pequeños candados tintinearon cuando dio otro paso. Se quedó muy quieta, mirándome, el miedo era evidente en su rostro, incluso a través del rubor de la vergüenza.
Me reí, señalándole. "Ven, cariño. Es demasiado tarde para que hagas otra cosa ahora. Estoy bastante seguro de que puedo correr más rápido que tú en este momento, así que no merece la pena intentar escapar". Miró alrededor del campamento rápidamente antes de caminar lentamente hacia mí. Se paró frente a mi, temblando un poco, no de frio, si no de vergüenza. "Date la vuelta, cariño. Déjame ver en lo que te has metido". Se dio la vuelta lentamente y vi sus muñecas rodeadas por más acero con pequeñas cerraduras asegurándose de que no pudiera separar las muñecas y una cadena que iba directa desde ellas hasta la parte posterior de su cuello. Cuando se giro por completo, miré entre sus piernas y me reí entre dientes de nuevo ante la obvia humedad que cubría el interior de sus muslos.
"Supongo que mi primera pregunta debería ser si está, huyendo de alguien. ¿Tratas de escapar?"
Se sonrojó aún más, apartando la mirada mientras sacudía la cabeza ligeramente.
"¿Un reto entonces?" Ella asintió. "Y tuviste ayuda, supongo, ya que no creo que seas lo suficientemente flexible para poner tus manos de esa forma". Ella asintió de nuevo. "¿Tu amigo todavía está cerca? ¿Te reunirás con él en alguna parte?" Respiró hondo, cerró los ojos y luego sacudió la cabeza. No pude evitar reírme. "Solo para que quede claro. ¿Estás atada por alguna fantasia de quedarte a merced de cualquier desconocido que te encuentre?" Un pequeño sollozo escapó de sus labios abiertos mientras asentía de nuevo.
"Bueno, cariño, quizá estas en tu dia de suerte. Tengo tres amigos de camino, y no tengo dudas de que estarán encantados de cumplir tu fantasía".
El escalofrío que recorrió su cuerpo, el pequeño gemido de su boca, el líquido extra entre sus piernas, todo me dijo lo que pensaba de lo que acababa de decir.
Sonreí, mientras me sentaba en una de las sillas que había preparado anteriormente. Señalé el suelo frente a mí. "Lo primero es lo primero. Arrodíllate". Ella lo hizo, quedándose muy quieta. Aflojé la mordaza lo suficiente para sacarla de su boca, dejándo que descansara sobre su pecho. Movió la mandíbula varias veces, tosiendo, tragando y humedeciendo el interior de su boca de nuevo. Mientras lo hacía, saqué mi teléfono. "Dame el número de tu amigo". Levantó la vista, sorprendida, antes de darme lentamente el número. Presioné a "Llamar" y sostuve el teléfono en su oreja. "No tienes que decir tu nombre o el de ellos, pero hazles saber que te han encontrado y que quiero hablar con ellos". Ella asintió cuando escuché la conexión de la llamada.
"Hola. Soy yo. Sí, estoy bien. El chico quiere hablar contigo. No sé. Llamó y me dijo que quería hablar contigo".
Ella me miró y asintió, y tomé el teléfono de nuevo, inclinándome hacia atrás y mirando a la pequeña belleza a mis pies mientras hablaba. "Mi nombre es Alex. Ahora tienes mi número y yo el tuyo. Mis amigos y yo vamos a acampar aquí durante una semana, y tu amiga se unirá a nosotros. Le daré una 'palabra segura' en caso de que las cosas se pongan difíciles para ella y se vuelve demasiado. Si ella la dice, todo se detendrá, la desataré, ella te llamará y vendrás a buscarla. Siéntete libre de llamar y ver cómo está cuando quieras. Le doy una palabra de seguridad como cortesía, porque la forma en que entró en mi campamento, podría haberla vendido y tenerla en cualquier lugar del mundo antes de que nadie supiera que se había ido. Recuérdalo la próxima vez para tener más cuidado. Sin embargo, te la devolveré relativamente ilesa. Si entiendes y estás de acuerdo con todo, solo cuelga". La voz de una mujer se rió antes de que la llamada se cortara.
Sonreí a mi nuevo juguete. "¿Entiendes todo?" Sus ojos estaban muy abiertos mientras asentía. "Bien. ¿Hay algo que quieras que sepa antes de que comencemos? ¿Algo que se te ocurra que te haga decir tu palabra de seguridad de inmediato?" De nuevo, hizo una pausa antes de negar con la cabeza. "Bien. Tu palabra segura es 'balooga'. Dila".
"Balooga", repitió en voz baja.
Asenti. "Buena chica. Cuando digas eso, todo lo que esté pasando se detendrá, te desataremos y llamaremos a tu amiga para que te recoja. Sin preguntas. Pero recuerda, una vez que lo digas, el juego terminará. No hay vuelta atrás. ¿Entiendes?"
Ella asintió.
"Dilo. Dime que lo entiendes".
"Sí, lo entiendo. Si digo 'balooga', me voy a casa".
Sonreí, extendiendo la mano hacia adelante de nuevo para recolocarle la mordaza del anillo. "Buena chica. Ahora, dilo una vez más, para que pueda escucharlo con la mordaza puesta". Ajusté la correa en su lugar, el anillo le obligó a abrir bien la boca.
"Rahroorah..." balbuceó, sonrojándose.
"Buena chica. Simplemente te llamarán 'puta' mientras estés aquí. Harás lo que digamos, cuando digamos y cómo digamos, sin cuestionarnos". Puta asintió la baba ya comenzaba a correr por su barbilla de nuevo. Me puse de pie, rodeándola mientras me quitaba la camisa por la cabeza y me quitaba las botas. Sus ojos me siguieron, la comprensión comenzaba a iluminar sus mejillas mientras mis pantalones y ropa interior se deslizaban por mis piernas.
Señalé la hielera. "Coloca tu estómago en la tapa, dejando que tus tetas cuelguen por el borde". Caminó sobre sus rodillas cumpliendo la orden. Me arrodillé frente a ella, deslizando lentamente mi polla al interior de su boca. "Esa mordaza no me va a servir por mucho tiempo, a menos que quiera tener mi polla atrapada en tu garganta". Empujé más adentro, sintiendo su garganta adaptarse a mi polla poco a poco. Su boca se hizo agua alrededor de mi polla, su baba corría por mis huevos mientras presionaba su nariz contra mi hueso púbico. La mantuve en esa posición durante un instante. Lentamente me eché hacia atrás, sosteniendo su cabeza gracias a su trenza, disfrutando el sonido de su tos mientras podía respirar de nuevo. Le di un segundo para recuperar el aliento.
Mi mano apretando su pelo fue la única advertencia que le di cuando metí todo mi pene en su garganta de nuevo, tomando rápidamente un ritmo rápido y áspero.. Solo pude follarle la cara durante un minuto antes de tener que retirarme para que el anillo que mantenía su boca abierta no se convirtiera en un anillo para mi pene y le acabara ahogando. Retrocedí, dejando caer su cabeza y moviéndome detrás de ella mientras tosía y respiraba pesadamente.
Deslicé mi polla cubierta de saliva a lo largo de su culo y coño, extendiendo y mezclando la humedad. Ella gimió, su cabeza se levantó un poco, su cuerpo temblaba. "Primero voy a follarte el culo, luego voy a correrme en lo más profundo de tu coño.” Sostuve la punta de mi polla contra la entrada de su culo y comencé a empujar, dejando que su saliva lubricara el camino. Su culo estaba apretado y ella gritó, pero empujó su cadera hacia mí. Entre por completo en su interior y ella gritó cuando su trasero se estrelló contra mis caderas. Ella no se movió durante unos segundos, su cuerpo temblaba. Podía sentir su interior doblarse a mi alrededor.
"¿Ya te rindes, puta?" Pregunté. Sacudió la cabeza y comenzó a moverse lo poco que pudo, comenzando a follarme. Agarré sus caderas con ambas manos y comencé a tomar el control yo, embistiendola con todas mis fuerzas. Gritaba con cada embestida, sus manos trataban inútilmente de librarse de las ataduras, sus tetas se mecían y golpeaban la hielera. Me acerqué y le libere de la mordaza, dejando que las correas colgaran, el anillo permaneció en su boca por su propia elección. Le sentí temblar y comenzar a arquear a la espalda cuando su orgasmo llegó. Sus gritos resonaron a través de los árboles, y me alegré de haber elegido un lugar apartado para montar el campamento.
Podía sentir como mi orgasmo llegaba también, así que saque la polla de su culo. Ella jadeó, el anillo casi se soltó de sus dientes. Sin previo aviso o preparación, enterré mi polla en su coño de un solo golpe. La cabeza de Puta se levantó de golpe, su espalda se arqueó, sus brazos se estiraron contra sus cadenas. Su coño aún estaba apretado, húmedo, cálido, pulsando alrededor de mi polla mientras la empujaba hacia su interior. Fui bestial, embistiéndola, reclamando a esa perra como mía. Deslicé mi brazo derecho debajo de su pecho y lleve mi mano hasta su cuello, para rodearlo con fuerza, obligando a que su torso subiera acercandose al mio. Le levanté con cada golpe.
Gruñí contra su oído: "Pase lo que pase esta semana, puta. Vas a tener algo para recordarnos por un tiempo, un largo tiempo." Podía sentir su cuerpo respondiendo a mi promesa, relajándose contra mí justo antes de que otro orgasmo le invadiera. Al momento me corrí yo también. Mi cuerpo tembló mientras la llenaba con mi semen. Podía sentir nuestros fluidos combinados filtrándose alrededor de mi pene, bajando por nuestras piernas.
Permanecimos en aquella posición juntos durante unos minutos mientras nuestra respiración se estabilizaba, nuestros cuerpos se turnaban para temblar en respuesta al otro. Mordisqueé el costado de su cuello, mis dedos presionando contra su clítoris para mantenerla excitada, incluso cuando podía sentir que mi miembro se ablandaba lo empezaba a mover en su interior.
Le guié hacia abajo para que descansara encima de la hielera, luego moví su trenza a un lado para mirar su cuello. La cadena que sostenía sus muñecas estaba enrollada a través de los anillos del collar. Me encargué de dejar que sus manos quedaran libres, riéndome entre dientes mientras movía los brazos. Mi pene terminó de deslizarse fuera de ella. Le escuché gemir suavemente cuando me puse de pie y me dirigí hacia mi camioneta.
"Recoge mi ropa y déjala en mi silla. Vamos a limpiarte un poco antes de que lleguen los demás, Puta". Le miré por el rabillo del ojo mientras obedecía. Fue rápida en la tarea y no separó las rodillas del suelo ni un instante mientras se arrastraba a cumplir sus ordenes. Cuando me giré hacia ella, estaba arrodillada junto a mi silla, con las manos entrelazadas en la parte baja de la espalda, sus ojos mirando hacia abajo, mi ropa doblada y con buen aspecto a pesar de acabar de recogerla de la tierra.
"Buena chica", dije mientras mientras agarraba su collar con firmeza. Lo levanté un poco, y ella se puso en pie al momento. "Has sido bien entrenado, ¿no es así, Puta? Bien. Hará que esta semana sea más divertida para todos nosotros".
Una de las razones por las que elegí este sitio fue el arroyo que pasaba cerca. Era lo suficientemente profundo para nadar cómodamente. Cuando llegamos al arroyó, solté el collar y me giré hacia mi nueva mascota.
"Límpiame, Puta".
Rápidamente se arrodilló en el agua y usó su boca y lengua para limpiar la mayor parte de los restos de nuestro sexo anterior de mi polla, testículos y piernas. Me quedé con las manos en las caderas, observando su trabajo, disfrutando de lo bien que usaba la boca, complacido de ver cuánto parecía disfrutar de su tarea. Una vez que pareció satisfecha con su baño de lengua, recogió puñados de agua del arroyo y me enjuagó limpiando los restos de saliva. Sus atenciones fueron suficientes para excitarme de nuevo, mi pene creció y endureció mientras ella hacía su trabajo. Cuando terminó, se sentó sobre sus talones, mirando mi erección y levantando la mirada interrogativamente.
Con una risita le dije: "No, zorra. Todavía no. Necesitamos que te limpies primero". Me senté con el agua llegando a la altura de mi cadera, indicándole que se sentara entre mis piernas. Le coloqué recostada contra mí. Tomé agua sobre su pecho, enjuagando y quitándole la baba y el sudor. Podía sentir su confusión, y eso me hizo sonreír. "Le prometí a la mujer por teléfono que te devolvería en relativamente buenas condiciones. Me gusta que mis juguetes estén limpios y en buen estado. No te mimaré así a menudo. Pero me complace hacerlo ahora" Terminé de lavarla y nos relajamos allí, observando cómo el arroyo pasaba lentamente.
Escuché un motor en dirección al campamento y suspiré. "Vamos, Puta. Es hora de presentarte el resto de las pollas que te follarás esta semana". Nos pusimos de pie y le conduje de vuelta al campamento guiandole con el collar.
Juan y Jorge estaban descargando sus coches cuando Puta y yo aparecimos a traves de los arboles. Jorge nos miró en silencio y Juan no pareció notarnos en absoluto hasta que hablé.
"Puta, lleva mi ropa a mi tienda, luego ayúdales a descargar". Juan se giró, parecía confundido y sorprendido al ver a Puta seguir las ordenes. Ambos chicos miraron a la chica desnuda, esposada y con collar. "Os lo explicaré en un momento. Primero descarguemos y acordémonos. ¿Dónde está Carlos?"
Jorge señaló hacia los árboles mientras dejaba su carga. "Llego con unas ganas de mear que no podía aguantar". Charlamos con calma mientras bajaban los suministros, Puta era muy buena ayudando a descargar. Carlos regresó de mear y nosotros nos reímos con su reacción al ver a Puta. Una vez que todo estuvo descargado y los coches aparcados, todos nos sentamos. Puta, sin instrucciones, cogió y abrió cervezas frescas para todos nosotros antes de arrodillarse junto a mi silla.
Todos los chicos se miraron antes de que Jorge hablara. "¿Qué diablos, Alex? ¿Dónde contrataste a la puta? De hecho, ¿Por qué la contrataste? ¿Y cuánto nos tocará pagar a nosotros?".
Sonreí mientras bebía mi cerveza, disfrutando ver el color rojizo dominar la cara de Puta. "Nada. Ella no es una puta, y yo no la contraté. Ella, literalmente, entró al campamento más o menos como está ahora. Se ha ofrecido como voluntaria para ser nuestra puta del campamento durante toda la semana. Le he dado su palabra de seguridad, balooga, por cierto, y se lo he dejado lo más claro posible a ella y su amiga". Miré hacia Puta. "Zorra, estos son los señores Juan, Carlos y Jorge. Te referirás a ellos apropiadamente, obedécelos. Caballeros, conozcan a Puta. Úsadla como queráis, pero sin dañarle la piel ni dejarle marcas permanentes. Prometí devolverla ilesa.." Puta se volvió hacia cada uno de ellos mientras yo le señalaba quién era quién. Sonreí cuando le vi lamerse los labios rápidamente, luego se sonrojó cuando se dio cuenta de su acto reflejo.
Sujeté el collar de Puta. "Nos ayudaste a descargar, así que sabrás donde está todo sin problema. Solo planeamos la comida de una semana para nosotros cuatro. Si se nos acaba antes de que termine la semana, nos vas a conseguir más. De momento preparanos la comida". Puta se mordió el labio con gracia ante mi amenaza, susurrando: "Sí, señor", antes de ponerse de pie e ir a cumplir sus ordenes. Continuamos charlando, mirando a Puta, azotandole el trasero cuando se acercaba o pellizcándole los pezones. Ella chillaba un poco, gemía suavemente, pero seguía preparando la comida. Pude ver los labios de su coño comenzando a hincharse mientras nos burlabamos de ella.
"¿Cómo está? Sé que la probaste antes de que llegáramos aquí, hijo de puta", dijo Jorge. "Quiero decir, estás desnudo, y ella casi se ha pegado a ti".
"Ella está bien entrenada. Si puede cocinar medianamente decentemente y continúa como lo ha hecho, podría llevarmela a casa y quedármela". Sonreí.
Juan sonrió, lamiéndose los labios y moviéndose en su silla. "¿Cuándo tendremos nuestro turno?"
"Bueno, no vas a follartela mientras hace la cena, idiota", respondió Carlos. Parecía que también se estaba poniendo cómodo. Incluso se desnudo imitiandome.
Juan y Jorge nos miraron, luego el uno al otro y casi corrieron hacia sus tiendas, riéndose y quitándose la ropa. Negué con la cabeza y me reí entre dientes, mirándolos.
Puta repartió platos y cervezas frescas antes de arrodillarse a mi lado. Los primeros bocados se encontraron con un coro de "¡Oh, Dios mío!", "¡Esto es delicioso!" y "¿Podemos quedarnos con ella?" Luego, el campamento quedó en silencio salvo por el sonido de los platos raspados por los cubiertos. Puta se arrodilló en silencio, sin haberse servido nada. Miré las cacerolas y noté que no había dejado ninguna. Le entregué mi plato sin terminar. Ella lo tomó, mirándome un poco confundida. Me incliné y susurré: "Come. Y si piensas en quedarte sin comer otra vez, serás severamente castigada. Ninguno de nosotros va a morirse de hambre por darte algo de nuestras porciones. Ahora come".
Ella susurró: "Sí, señor. Gracias, señor", y devoró mi plato.
Puta recogió todos los platos y los llevó al arroyo para lavarlos mientras nos sentábamos en el resplandor de una pequeña hoguera que habiamos preparado. "Alex, si no te llevas a esa chica a casa, lo haré yo", dijo Jorge.
"Oh, estoy seguro de que a tu novia le encantará eso", replicó Juan. "Hola, cariño. Mira lo que traje a casa". Todos nos reímos.
"Muy bien, muchachos. ¿Quién quiere ser el primero en probar a nuestra pequeña Puta? Sé que todos estais ansiosos por hundir vuestras pollas en ella", dije cuando regresó a mi lado. Los demás se miraron unos a otros, cada uno esperando a que alguno de los otros hablara.
"Oh, por el amor de Dios. Puta, sobre la hielera", ordené. "Juan, tú te encargas de su boca y Carlos la monta. Mike, tú sustituirás a quiena cabe primero. ¿Tengo que deciros todo, cabrones?"
Puta se arrastró hasta apoyarse en la hielera. Carlos y Juan se miraron atónitos por un momento antes de moverse hacia donde les había indicado. Ese fue todo el empujón que necesitaban. Carlos eligió su coño para comenzar, mientras que Juan introdujo su polla hasta la garganta de Puta. No pasó mucho tiempo antes de que los tres estuvieran jadeando y gimiendo, los hombres acabarón arrojando su semen en el interior de nuestro juguete sexual. Jorge y yo fuimos los siguientes. Yo decidí tomar la boca, mientras que Jorge tomó su coño y culo, de manera intercalada. No duró mucho antes de correrse en su interior con un gruñido, y se hizo a un lado para dejar que Carlos tuviera de nuevo un turno para montar a nuestra perra. Carlos estaba cogiendo ritmo cuando me corrí en su boca. Retrocedí y Juan tomó mi lugar de nuevo.
Nos turnamos con ella durante lo que parecieron horas, corriéndonos dentro de todos sus agujeros, en su cara, culo y tetas. Para el momento en que todos nos cansamos, cada uno de nosotros se había corrido cuatro o cinco veces en la pequeña Puta. Estaba cubierta de sudor y semen, goteando baba y semen de su coño y boca. Cuando se recuperó lo suficiente como para ponerse de pie, caminé con ella hasta el arroyo y la lavé de nuevo.
El sol se había puesto y todos los muchachos se habían metido en sus tiendas cuando regresamos. Me senté, viendo cómo se apagaba el fuego, bebiendo una cerveza y acariciando el cabello de Puta mientras ella se arrodillaba junto a mi silla
"¿Dónde quieres dormir esta noche, Puta?" Pregunté.
Ella me miró, casi tímida por primera vez desde que apareció. Suavemente, susurró: "Con usted, si le place... Amo..." Me miró mientras esperaba una respuesta.
Sonreí, tirando juguetonamente de su collar. "Ten cuidado al usar esa palabra, Puta. Te daría la bienvenida a mi casa como mi mascota". Me levante de mi silla. "Apaga el fuego y prepara la cama. Necesito ir a mear". Me dirigí a los arbustos cuando me llamó en voz baja.
"Amo", susurró ella, "Yo… Podría… Quiero decir… Si mi amo quisiera…" Su voz se apagó mientras se sonrojaba y miraba hacia abajo. Me giré hacia ella, observándola. Se arrastró hasta arrodillarse frente a mí, levantó la cabeza y abrió la boca de par en par.
Me reí. "Eres una verdaderazorra, ¿no?" Puse la punta de mi polla justo en sus labios y me relajé. Nunca antes había probado este tipo de practicas, pero había algo especial al ver a esta mujer dispuesta a dejarme orinar en su boca abierta. La expresión de su rostro mientras tragaba bocado tras bocado mostraba su humillación y alegría combinadas por haber sido utilizada de esa manera. Mientras el liquido empezaba a bajar en cantidad, ella cerró sus labios alrededor de mi cabeza, chupando las últimas gotas. Se volvió hacia el fuego para terminar, eructando y riendo suavemente. Me quedé allí, mirándola, mi pene se endurecía de nuevo pensando en esa pequeña zorra siendo mía durante seis días más.
Se arrastró hasta mi tienda, cepillándose antes de entrar. Revisé mi teléfono, lo conecté al cargador de mi camioneta antes de ir a mi tienda. Mi saco de dormir estaba extendido y abierto, todo bien preparado. Puta se arrodilló a un lado, esperándome. Me acosté, tirando de ella hacia abajo en forma de cuchara frente a mí y cubriéndonos a ambos. De hecho, ronroneó un poco, sintiendo mi erección contra las nalgas antes de mover las caderas, agachándose y deslizándola en su coño con un suave gemido. Envolví mis brazos alrededor de ella y caí rendido.
Espero que todos hayáis disfrutado de esta historia. Os dejo a todos mi correo por si quereis dejarme sugerencias, consejos o comentarme cualquier cosa: [email protected]
Relatos similares
- Dominación
Mi sublime profesor de filosofía IV
La clase se vacía, pero la lección de Ramón apenas comienza. Ella pensaba que pedir perdón bastaba, pero él tiene otros métodos para enseñarle a…
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaHeterosexual general
- Dominación
Un Cuento de 24/7: Encuentros (1/3)
Claudia nunca imaginó que su noche de cumpleaños terminaría a cuatro patas en un descampado, mientras su amo la usaba como juguete antes de llegar a…
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaSumision consentida
- Dominación
Cedid@
Luis le dio a elegir entre el castigo conocido o una sorpresa. Ella eligió la sorpresa, sin saber que la dirección la llevaría a una casa aislada…
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaSumision consentida
- Dominación
La perra de mis vecinos 7
Deja a su familia y sube al ascensor sabiendo que no volverá a ser la misma mujer al bajar. En el piso de los vecinos, la ropa interior desaparece y…
Comparte:Bdsm plenoGangbangDominacion masculina
- Dominación
De matrimonio roto a matrimonio sumiso y feliz II
Les dije que sus vidas cambiarían para siempre, pasando a mis manos. No esperaban que la primera prueba fuera tan brutal, ni que el precio de su…
Comparte:Dominacion masculinaBdsm plenoSumision consentida
- Dominación
Cuando Raquel conocio a Cristina y Manolo IV
No es solo una visita, es una toma de posesión. Cuando cruzas la puerta, dejas de ser tú para convertirte en lo que yo decida que seas.
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaSumision consentida