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Lucía cornea a su marido en su aniversario (3)

El aniversario debería ser una celebración, pero Lucía tiene secretos que arderán bajo el sol. Entre la mirada de un vecino y las promesas de un amante, la playa se convierte en un escenario de placer prohibido donde el control se pierde y los límites se desdibujan.

Loviano10K vistas8.0· 6 votos

La siguiente parada era una costa maravillosa famosa por sus enormes playas infinitas. Bajamos del bus y nos dirigimos a unos bungalows donde nos alojaríamos a unos 200 metros de la playa. -Por fin playa -me dijo Pedro emocionado. -Sí, con lo que te gusta a ti tomar el sol. -Me encanta cariño, pero me encanta más tomarte a ti -dijo mientras se acercaba por detrás y me agarraba por la cintura. Pedro me dirigió hacia la pared donde había una ventana que daba al bungalow de al lado. Aunque había un estor que hacía las veces de cortina, se podía ver perfectamente el bungalow de al lado por la amplia rendija que dejaba con el cristal. Mientras notaba como Pedro bajaba mis bragas y su lengua empezaba a remojar mi coño, vi que la puerta de bungalow se abría y salía una chico muy joven en bañador; quizás tuviera los 18 recién cumplidos o eso quise pensar yo. Era muy guapete y tenía un cuerpo fibrado de gimnasio con todos los músculos enormemente marcados. Mientras observaba ese cuerpo que parecía una escultura griega, noté como Pedro me penetraba. Me empezó a follar contra el marco de la ventana con fuerza y yo no quitaba ojo del vecinito que nos había tocado. Recorría con mi mirada todo su cuerpo una y otra vez y me imaginaba lamiendo los surcos que marcaban sus músculos. Para mi alegría, el muchacho se sentó en una gran silla de paja que había a la entrada de su puerta y se puso a mirar el movil sin percatarse ni de mí, ni de mi situación.... su cara se escondía detrás del aparato y solo podía verle repanchingado en ese asiento. Sus piernas estaban separadas, abiertas hacia mí y yo miraba su el hueco que dejaba su bañador y su muslo en busca de algo de la carne de sus genitales... aunque no veía nada me lo imaginaba todo. Mientras Pedro aumentaba su velocidad, llevé mi mano a mi clitoris y me imaginé de rodillas entre las piernas del muchacho. Seguro que alguna jovencita ya le habría comido la polla, pero estaba también segura de que no habría experimentado lo que yo podía darle con la boca. Describía en mi mente todas las birguerías que le haría con mi lengua y mis labios cuando entre la follada de Pedro y mi mano me llegó un orgasmo casi inesperado a mi coño. -¿Ya tan pronto te corres, cariño? Cómo se nota que estás necesitada... hace tantos días. Las palabras de Pedro me provocaron un morbo tremendo; si supiera los orgasmos que en esos 3 días había experimentado a manos de mis nuevos amigos, se quedaría helado... todo se mezclaba en mi mente mientras disfrutaba del momento intensamente. Verme correr hizo que Pedro se viniera arriba y me empotró con fuerza y sin darme cuenta golpeé con mi mano el cristal para evitar que mi cara se estampara contra él. De repente, el muchacho bajó el móvil y clavó sus ojos en mi cara y se quedó petrificado. Lejos de esconderme o disimular le sostuve la mirada. La situación me resultó tan morbosa que me llevé lentamente la mano a la camisa y me desabroché los botones justos para sacarme un pecho. Pedro pensó que lo hacía para él y rápidamente llevó su mano y me lo estrujó. El muchachito, en vez de disimular, me miraba desde detrás del movil descaradamente y pude intuir cómo una ligera sonrisa se dibujaba en su cara. Mantuve esa posición por un par de minutos mientras veía como un interesante bulto emergía del pantalón de aquel jovencito... mientras seguía dejando volar mi imaginación y ayudado por la polla de mi marido un gran orgasmo me invadió. Pedro, al sentirlo, se unió y se corrió dentro de mí. Cuando pude recomponerme del orgasmo, guiñé el ojo a mi amiguito quien seguía mirándome fijamente inmóvil. Pedro dejó de jadear y se acercó a mi cuello para besarme, tuve miedo que descubriera a mi espectador así que giré rápidamente y le comí la boca separándonos de la pared y la ventana. ¡Qué experiencia mas extraña había vivido! Si me hubieran contado hace unos días no me lo hubiera creído. Sin embargo, mis recientes experiencias habían despertado una parte de mí que dormía...una parte maravillosa. Después de recomponernos, decidimos bajar a la playa. Teníamos el día libre y nuestro plan era pasar el mayor tiempo posible al sol. Pedro era un entusiasta de tomar el sol y yo no me quedaba atrás. Me puse un bañador nuevo que había comprado para la ocasión. Como íbamos de viaje y nadie nos conocía Pedro se había dado el lujo de comprarme uno que mostrará mis atributos sin pudor. Nunca me lo hubiera puesto en las playas que frecuentamos, pero había accedido por las circunstancias y nuestro supuesto anonimato. La copa del bikini hacia que mis pechos se vieran mas que apetecibles y la forma de la braga dejaba una cantidad enorme de carne a la vista... no era un bañador para una mujer de casi cuarenta, pero he de reconocer que me encantaba lucirlo. Cuando llegamos a la playa, buscamos un lugar cercano a unas rocas para que frenara el viento. Nos ubicamos ahí y nos tumbamos al sol. Entonces, me vibro el móvil. Era Julen. Era una foto. Me aseguré que Pedro estaba a lo suyo y la abrí. Era su pierna que vestía un bañador azul y de su pernera dejaba salir su capullo. Madre mía qué foto!!! "Necesito que me eches crema" ¿Julen estaba en la playa? Me giré para buscarlo pero no lo vi. Entonces me mandó otra foto. Al abrirla salíamos nosotros vistos desde detrás. Me giré y pude localizarlo. Aunque lejos, me saludó con la mano. Rápidamente me volví para que Pedro no viera nada. "Os he seguido. Me muero de ganas de verte en bañador". Sin pensarlo mucho le respondí: "Y yo de que me veas". "Vamos al agua" me respondió. Dudé qué responder. Pero desde luego con Pedro a mi lado no podía meterme al agua con él. Sabía que en breve se quedaría dormido, pero mientras tanto debía disimular. -Cariño, voy a pasear un poco, te vienes? -No!! Voy a relajarme un poco. Después del polvito de esta mañana necesito coger fuerzas para la noche! -Mmm así me gusta. Escribí a Julen: "voy a caminar, sígueme disimuladamente". Besé en los labios a Pedro mientras mi coño ya estaba húmedo pensando en las cosas que podrían pasar con Julen y le bajé las gafas de sol. -Descansa amorcito y coge fuerzas para esta noche. Comencé a caminar por la orilla con paso presto. No quería descubrir a Julen, por lo que no miré hacia él aunque moría de ganas de verle acercarse. Cuando estuve suficientemente lejos, me giré y le vi caminando hacia mí; volteé un poco más la cabeza y pude ver a Pedro acostado. "Estará ya roncando" pensé. Me alejé un poco más y oí a Julen: -Qué rápido andas, jodida. -Espera un poco, joder -le dije disimuladamente. Mi objetivo era llegar a unas rocas que separaban una parte de la playa de otra; me sentiría más segura al otro lado que era mas rocosa. Seguro que habría menos gente también. Aceleré y pasé al otro lado sin dificultad. Efectivamente, ahí estábamos completamente a salvo. Aunque habia alguna personas, la arena escaseaba y una enorme pared ascendia formando un acantilado lleno de recovecos. Además, era imposible que Pedro nos viera. Al instante apareció Julen y de un salto se abalanzó sobre mí. Su energía me encantaba. Me abrazó con fuerza aplastando mis pechos contra su torso y me besó con pasión. Sus grandes manos me abrazaban la espalda y subían y bajaban por ella. Me moría de ganas de que bajaran hasta mi culo, pero se resistía. -Qué ganas te tengo - me dijo mientras frotaba su enorme polla que ya estaba adquiriendo vida debajo de su bañador contra mí. Ese bikini me está poniendo malísimo. Vaya tetas que tienes. -Son tuyas, disfrútalas. -Ya quisiera!! -dijo mirando hacia las pocas personas que estaban en esa zona de la playa. -Vamos al agua a ver cómo te puedo ayudar -le respondí. Me cogió de la mano y corrimos hacia el agua. Entramos hasta que el agua nos llegaba por el pecho. Nos seguimos besando con pasión un largo rato. Me encantaba saborear esa boca y esa lengua a la vez que apretaba su cuerpo contra el mío. En el agua, sus manos bajaron rápidamente hasta mi culo y comenzó a sobármelo sin apuro. Separé mis piernas y coloque una de las suyas en medio agarrándome a ella con fuerza. El vaivén del agua facilitaba el movimiento de roce de mi clitoris contra su pierna. Me estaba empezando a poner malísima. En mi cadera se clavaba su enorme polla, ya absolutamente iniesta y no pude por mas que meter mi mano por su bañador y sujetarla tratando de pajearle lo mejor que podía. Los besos continuaron un rato mas; el roce de mi entrepierna con su pierna me estaba volviendo loca y no pude soportarlo más, necesitaba ser penetrada. -Meteme la polla Julen. -¿Ahora, cariño? -Ahora mismo Separé mis piernas y me puse a horcajadas sobre su cadera abrazándome a su cuello. Se agarró la polla y la colocó a la entrada de mi coño y yo, venciendo la resistencia del agua, me senté en ella. Julen me sujetaba por el culo y me apretaba contra él. Con ella dentro el placer se multiplicó y la pasión de los besos creció aún más. Aunque no podíamos movernos mucho, entre los dos haciamos todo el esfuerzo que podíamos para darnos el máximo placer y, sin duda, lo conseguíamos. -Necesito más movimiento -dijo Julen mientras bajaba las manos hasta detrás de mis rodillas para poder darme con más profundidad. Al levantarme más, la penetración tenía más recorrido y el placer se multiplicaba. Me encantaba ver cómo se esforzaba por darme placer y cómo lo extraía él de mi coño. Tras unos maravillosos minutos, con un gesto imprevisto, sacó su polla de mi coño. -Vamos a las rocas -dijo mirando hacia unas formaciones rocosas que había al fondo de la playa. -¿Vas a salir del agua así de empalmado? -Me la suda cariño, quiero follarte bien follada. Ve tú primero hacia allí -me dijo señalando una especie de cueva entre las rocas. Salí del agua y me dirigí a la zona que me había dicho. Efectivamente, parecía una pequeña cueva. La marea estaba subiendo así que estaba entrando algo de agua. Julen espero un poco, supuse para que le bajara la erección. No aguantó mucho y salió. Aunque su erección había bajado algo, su polla era imponente. Entró en la cuevita y nos adentramos a una zona en penumbra. En cuanto nos sentimos seguros me puse en cuclillas y me metí su polla en la boca. Empecé a comer le con intensidad usando mis dos manos. Se le puso tan dura que parecía que podía colgarme de ella. El sabor salado del mas mas de su líquido preseminal inundaban mi boca y yo solo sentía que necesitaba más y más. Intentaba metétermela lo más profundo posible y que tocara el fondo de mi garganta, aún así mis manos quedaban con parte de su polla fuera. Sus huevos me golpeaban una y otra vez en la mano como si reclamaran mi atención y, les hice el caso que reclamaban. Los lamí y chupe, una y otra vez mientras mis manos seguían mastrubando aquel poste. Me encantaba comerte el escroto y con la punta de mi lengua le presionaba el perineo en un gesto que veía que le volvía loco. Poco a poco, sin darme cuenta, mi lengua iba rozando su ano y me sentía tan sucia haciendo aquello que notaba como latía mi clítoris. En un momento de locura, agarré sus muslos y le giré. Empecé a besar sus nalgas y a manosearlas todo lo que podía. Julen estaba descolocado y, girando la cabeza me miraba enloquecido. Empecé a lamerle la raja del culo de arriba a abajo una y otra vez, alternaba con besos en sus glúteos y pequeños mordisquitos. Me encantaba su culo, durito y redondo; mis manos se volvian locas apretantando esos gluteos de futbolista amateur. Después de un ratito, me centré en su raja. Al principio lamía rápido, pero después enlentecí mi movimiento para poder alargar mi lengua al pasar por su ano. Tras unos minutos limpiándole la raja y besando y lamiendo sus glúteos me armé de valor e hice algo que no tenía pensado hacer a ningún otro hombre aparte de a Pedro: le separé los glúteos y empecé a besarle el ano. Sus ojos se clavaron en mí y se agarró la polla. Besé como una loca ese ano y sin casi darme cuenta mi lengua estaba tratando de entrar en su agujero. Noté cómo Julen respingó su culto hacia atrás para ponérmelo más fácil y me volvió loca. Mi lengua ya no atendía a razón, solo quería limpiar el interior de ese agujero y mis dedos le ayudaban separando lo mas posible la carne cercana a su agujero. Ponía mi lengua en punta y como si fuera una pequeña polla le penetraba una y otra vez. Cada cierto tiempo metía mi lengua en la boca y saboreba lo que ese ano me ofrecía. El mientras se masturbaba muy despacio... Nunca había sentido algo parecido. Me sentía tan extremadamente cerda. Habría estado así horas pero tenía el coño tan dilatado y ansioso que tuve que detenerme. Le pedí que se sentará en una gran roca lisa que había cerca de nosotros y sin mediar palabra me senté sobre aquella bara iniesta que me empaló el coño hasta el fondo. Sentí un dolor profundo pero no podía detenerme. Estaba fuera de mí, estaba enloquecida... botaba, me frotaba, le besaba, le lamia, le tiraba del pelo... Julen me agarraba el culo y simplemente seguía el movimiento de vaivén de mi cintura mientras gemia. -Lucía, me vas a hacer correr. -No, aun no. Espera. Me levanté, le di mi culo y me senté sobre su polla de espaldas. -agarrame las tetas. Julen obedeció. Empecé a follarle de espaldas y me llevé la mano al clitoris. Empujaba su polla contra el fondo de mi coño y una mezcla de dolor y placer me estremecían. -Sóbame las tetas! Son tuyas, sóbalas fuerte amor -le ordené arrebatada. Julen obedecia y me estrujaba con fuerza las tetas. Un orgasmo descomunal comenzó a surgir en mi coño que solo hizo meterme aquella estaca con más fuerza en mi interior, casi con violencia, pero no podía controlarme... mientras me corría me dejé caer hacia atrás sobre él y sus enormes manos me abrazaban y recorrían todo mi cuerpo desde mi pubis hasta mi cuello mientras me besaba el cuello por detrás. Cuando terminé de correrme me di la vuelta, me puse entre sus piernas y puse mis tetas alrededor de su polla y empecé a hacerle una cubana mientras me comía su capullo. No tardó en venirse en mi boca. Hice todos los esfuerzos del mundo por no perder ni una gota de ese valioso néctar. Necesitaba todo aquel líquido dentro de mí... Julen cayó rendido hacia atras mientras no me quitaba la mirada... -¿cómo puedes dar tanto placer? Me preguntó exhausto. -A ti te daría todo el del mundo, le respondí mientras le besaba en la boca y me ponía el bañador. -Luego te veo. Pedro me espera. Salí de aquella cuevita inolvidable y volví a la playa donde descansaba Pedro. Ahí seguía... soñando. Le desperté con un beso. -Vamos, ¿te apetece un baño, cariño? Tras esa mañana tan intensa volvimos al bungalow. Justo al entrar, vi al niño guapo del vecino que, sin pudor ninguno me miró de arriba a abajo varias veces para terminar mirandome a la cara y sonreírme descaradamente. Menos mal que Pedro iba pendiente del partido que estaba viendo en el móvil que si no seguro que me hubiera hecho algún comentario. Entramos al bungalow y, tras dejar las cosas, Pedro se despidió porque iba a ver el partido a un bar que habíamos visto de camino. -En cuanto termine vengo cariño. -Vale! No tengas prisa que yo me voy a dar una ducha y a tomar el sol un poco. Pedro se marchó y me dirigía a la ducha cuando alguien golpeó la puerta. Pensé que Pedro se había dejado algo y fui a abrirle pero para mi sorpresa, era el jovencito del Bungalow de al lado. Venía con un bañador cortito y con el torso al aire. De cerca aun se le marcaban mas los músculos. Parecía sacado de un anuncio de colonias de Navidad... era una auténtica escultura griega... -Hola! Me llamo Hugo. -Hola... yo Lucía -respondí extrañada. -Tu marido acaba de marcharse. ¿Puedo pasar para enseñarte algo? No entendía nada. ¿De qué iba este joven guaperas? -Si, se fue al bar a ver el fútbol ¿Qué me quieres enseñar? Mi vecinito entró con paso firme mientras sacaba su móvil y yo le veía pasar delante de mí camino al sofá. -Ven siéntate aquí y mira este video. Me senté al lado del jovencito y este buscó en su móvil y me puso un video. -Mira qué bien sales. El video arrancó. ¡No daba crédito a lo que estaba viendo! Me había grabado mientras Pedro me estaba follando y lo peor era que yo no hacía mas que mirar fijamente a la cámara de Hugo. -¡Borra ese video ahora mismo! ¡No tienes derecho a tener ese video! Soy una mujer casada y soy madre; ¿Qué pretendes? -¿Eres una mamá? -Sí -respondí mientras veía una sonrisa aparecer en su cara. -No es nada ilegal. Además, me estás mirando tan fijamente que cualquiera diría que no sabías que te estaba grabando. -Bórralo, por favor. -¿Por favor? No, creo que lo que voy a hacer es compartirlo con mis amigos... en nada vas a ser famosa, con esa cara y ese cuerpo te van a llover ofertas de las mejores pornograficas. -Hugo, no me vaciles, no harás eso. -¿Por que no? Yo sabía que si estaba ahí y aún no lo había hecho querría chantajearme. -¿Cuánto quieres? -le dije mientras me dirigía a mi bolso. -Mira, tengo 300€ y puedo sacar 500€ del cajero. ¿Te parece bien? - No quiero dinero. Ven siéntate. Me senté al lado de él en el sofá y me miró la camiseta, justo a la altura del pecho. No me quitaba ojo. Entonces entendí lo que quería. Llevaba una camiseta encima del bañador y un pantalón corto. -¿Quieres que me quite la camiseta? El simplemente sonrió. Me quite la camiseta mientras mi corazón se aceleraba. Hugo me miró las tetas que ese fantástico bañador me hacían. Sus ojos alternaban de un pecho a otro. Con lo guapo que era estaba seguro que no era virgen, pero también estaba segura de que nunca habría estado con una mujer experimentada como yo. -Quiero ver más -Me dijo sin levantar la mirada. -nunca he visto las tetas de una madre de cerca No estaba en mis planes enseñarle más, pero tampoco quería hacerme viral. Entonces, despacio, me llevé las manos atrás y me desabroché el bikini. Después, con un pequeño gesto me lo dejé caer sobre mis rodillas. -¿Satisfecho? Ahora borra el vídeo delante de mí. Hugo no parecía estar por la labor. -Quiero tocarlas. Quiero tocar tus tetas de madre. Madre mía. Ese chaval quería tocarme el pecho. Me estaba chantajeando de mala manera. -No Hugo. Eres muy joven, esto no puede ser. -Tengo 19 años. ¿Te enseño el carnet? -No puedes chantajearme así. -Claro que puedo. De hecho, voy a tocarte los pechos y no te vas a mover. Me quedé quieta y Hugo llevo una de sus manos a mi pecho izquierdo. Al principio me lo tocó despacio, pasando su palma por el borde exterior. Después, llevo su palma hasta mi pezón y comenzó a rozarlo hasta que se puso duro. Entonces, me lo pellizco una vez, después otra y después me lo agarró y tiró hacia él. Mi pezón quedó completamente iniesto. Luego fue con la otra mano al otro pecho e hizo lo mismo. Cuando tuvo los dos pezones tiesos los agarró a la vez y los sacudió varias veces haciéndome vibrar todas las tetas. -Me las voy a comer un poco. Yo no sabía como reaccionar. Me quedé muda. Hugo se acercó hasta uno de mis pezones y mientras sobaba el otro comenzó a succionarme el pezón. Lo hacía con intensidad. Después,.cambió al otro y repitió la misma operación. ¿Cómo podía pasar esto? Tenía al jovencito guapetón comiendo las tetas sin previo aviso y yo... con el coño mojado de tanto descaro. Tras unos minutos de alternar decidió juntármelas y pasar la lengua y la boca como un poseso entre mi canalillo, mientras sus manos me aprisionaban las areolas y me pellizcaban los pezones; en algunos lamentazos alcanzaba mi cuello y se me ponía la carne de gallina. Sus acometidas cada vez se volvían mas intensas. Yo no quería seguir, no podía imaginarme haciendo nada con un chico tan joven... pero estaba tan bueno y su ímpetu era tal que me tenía muy confundida. Mientras trataba de controlar mis pensamientos paró de golpe y me mandó levantarme. -Hugo, yo creo que vale ya. Esto es demasiado. -Ponte de pie y gírate. Su tono no dejaba dudas. Obedecí. Hugo se quedó sentado y empezó a tocarme las piernas llegando hasta mi pantaloncito una y otra vez. Después, empezó a amasarme el culo. Dios mío, que sensación. Me manoseaba el culo con tantas ganas que me estaba poniendo fatal. Me desabrochó el pantaloncito y me lo bajó para continuar haciendo lo mismo pero sin el pantalón por medio. -Me encanta tu culo, nunca había tocado uno tan grande. No supe cómo tomarme aquello, pero me excitó pensar que las jovencitas no tenía ni un culo ni unas tetas de madre como yo y eso a ese muchachito le encantaba. A sus manos siguió su boca, su lengua y su saliba por todo mis gluteos. De repente, paró y mientras giraba la cabeza para ver qué pasaba me asestó un sonoro azote en mi gluteo derecho. -Hugo! Eso ha dolido. -Es lo que hay, aguanta un poco y calla, que si no, te doy mas fuerte. ¿Cómo podía ser tan descarado? Otro azote me golpeó en la otra nalga. Guardé silencio y contuve la respiración. Entonces me golpeó las dos nalgas al mismo tiempo; una vez, otra vez y una tercera... -Me encanta ver estas nalgas de madre rojitas -dijo mientras me daba una cuarta vez. A pesar de los golpes, Mi coño no dejaba de chorrear y, de alguna forma, me daba un morbo terrible que aquel joven muchacho dispusiera de mi culo a su antojo... Estaba pensando cómo proceder cuando sus manos, que estaban en mis caderas, me giraron de golpe. Me observó el vientre y empezó a pasar su lengua por mi abdomen mientras acariciaba mi culo. Bajó la braga del bañador y observó mi flujo. - Veo que mis azotes te han gustado... Yo estaba avergonzada y no dije nada. Hugo comenzó a acariciarme el interior de mi muslo y subió hasta mi coño. Tras rozármelo ligeramente, introdujo dos dedos dentro. -Joder, pues si que estás mojada. Yo no sabía qué decir y mi respiración se aceleraba. Sus dedos comenzaron a moverse dentro de mí coño. Rebuscada y rebuscaba y mis piernas flojeaban por instantes. -Hugo por favor... -dije con la voz entrecortada. -Sé que estás disfrutando, calla. Entonces, mientras me rebuscaba, acercó su boca a mi clitoris y me pegó un lametazo. El gemido que emití no dejaba duda del gusto que me estaba dando. Me apoyó contra la mesa. -Sube y separa las piernas. Me tumbe en la mesa y el chaval comenzó a comerme el coño mientras me penetraba con sus dedos. ¡Qué comida de coño me estaba haciendo! Yo trataba de contener mis gemidos por vergüenza, pero no lo hacía muy bien. -Me encanta comerme este coño de madre. "Y a mí que me lo estuviera comiendo..." pensé. Si hubiera seguido un minuto más, me hubiera corrido, pero paró y se retiró. -Te toca -dijo tocándose la polla por encima del bañador. -Hugo, eso va a poder ser, basta ya con esto -dije mientras me incorporaba y me moría de ganas de ver esa polla. Hugo hizo caso omiso a mis palabras, como si supiera que todo lo que decía era simplemente fingido. -Siéntate en la silla. Obedecí y se colocó delante de mí. Comenzó a tocarse de nuevo por encima del bañador y me llevó su mano izquierda hasta mis labios. Con su dedo gordo los repasó varias veces hasta que lo introdujo dentro de la boca y empezó a meterlo y sacarlo aprentando contra mí lengua. Instintivamente mis labios se colocaron como para chuparle el dedo... qué vergüenza cuando vi que se había dado cuenta y me sonreía. El bulto de su pantalón era ya más que evidente y, cuando estuvo satisfecho, sacó su dedo de mi boca y comenzó a bajarse lentamente el bañador y a mover la cadera como si me hiciera un streaptes.... -¿quieres ver más? Me moría de ganas pero me callé. -Se que quieres ver más. Además, estoy seguro de que te va a sorprender mi juguete. Seguí callada. Acerca tu lengua y repasa mi abdomen. Mis ganas eran enormes pero algo me frenaba. Entonces, me agarró del pelo y me acercó la boca a su abdomen. -Hazlo, te mueres de ganas. Saca la lengua si no quieres volverte viral. Saqué la lengua agarrándome a su excusa y empecé a lamer su abdomen. Mi lengua recorría los bultos de sus abdominales; mi excitación crecía por momentos y sin darme cuenta de nuevo, mis lametazos empezaron a incluir besos, al principio tímidos y después mas intensos. El bulto de su pantalón no hacía mas que crecer y por momentos me daba en el mentón. De repente, noté su mano empujar mi frente hacia atrás y separarme de seguir disfrutando de ese abdomen escultural. Comenzó a mover su cintura en círculos mientras me clavaba la mirada. -Pídemelo -me dijo sin quitarme la mirada de los ojos. -Pídemelo -me insistió. Yo estaba bloqueada hasta que un inesperado azote en la mejilla me despertó. -¡Pídemelo! Ese azote me vino muy bien, al final, cedí. -Enseñame tu polla. Él sonrió y siguió con su contorneo. -Con educación, como una buena madre. -Enseñame tu polla, por favor. De nuevo sonrió y comenzó a bajarse el bañador sin dejar de mover la cadera. Poco a poco la parte de arriba de su polla apareció. El jovencito estaba totalmente depilado, sin un solo vello púbico que anunciara la llegada de esa carne que tanto ansiaba ver. Según bajaba, mi asombro aumentaba: aquella polla era descomunalmente gorda. Cuando acabó de bajarse el bañador, el espectáculo era digno de una película de adultos. ¿Cómo podía tener aquel muchacho una polla así de gorda, y además iniesta? Bendita juventud... Vio mi cara de asombro. -Nunca pensé que una madre con experiencia como tú se sorprendiera de ver una polla jajaja, aunque sinceramente, me imaginaba que nunca te hubieras encontrado una como la mía... ¿verdad? -No, la verdad es que no. -Y qué te parece... -Pues... no sé, es muy gorda. -¿Quieres tocarla? Callé. -Tócala. Sujétala a ver si la abarcas con la mano. Aunque quería hacerlo, mis manos no se movieron hasta que, acercando su pelvis hacia mí cara, movió bruscamente su cadera y me azotó la cara con aquella morcilla de color marrón clarito. -Agárrala. Mi mano se levantó tímidamente hacia ella y la agarró. Mi mano no la abarcaba, como suponía. Mis dedos no se juntaban. -Ahora, con la otra también. Subí mi otra mano y la agarré. Tenía mis dos manos agarrando aquel mástil quietas. Entonces, Hugo comenzó a mover la cadera y a masturbarse con mis manos quietas. Estuvo un rato cuando observé que una gota salía de su prepucio. -Chúpala -Hugo, por favor -Chúpala, ¡coño! Me moría de ganas de hacerlo y no ofrecí más resistencia. Acerqué mis labios mientras tiraba de su prepucio hacia atras y, haciendo un círculo con ellos, tapé su agujero y succioné su néctar. Estaba hasta dulce. Él aprovechó ese instante para sujetarme la cabeza con una mano y el mentón con la otra y a la orden de "abre", me introdujo su capullo en la boca. Era enormemente gorda. No opuse ninguna resistencia y comencé a chuparle el capullo mientras le masturbaba la polla. Para mi sorpresa, aquello se puso aún más duro. Me encantaba tener aquel pollón entre mis manos y mi boca y ver como aquel muchacho que podía tener a cualquier jovencita, se estaba derritiendo con mi mamada. -Joder, cómo la chupas... ¿la chupan así todas las madres? Joder, qué sensación, cómo lo haces... no pares. Sus comentarios solo hacían crecer mis ganas de dar gusto a ese gordo pollón hasta el infinito. Mientras le comía y msturbaba con una mano, con la otra tocaba y acariciaba su abdomen, algo estaba poseyéndome y Hugo se dio cuenta. Para! -dijo tirando de su pelvis hacia atrás. Ponte en la mesa y separa las piernas Me incorporé y me puse como me dijo. Colocó su polla delante de mí coño y apretó. Aunque estaba empapada, la entrada de algo tan gordo, unido a su falta de delicadeza, me hizo ver las estrellas. -Con cuidado por favor -Aguanta un poco que en un rato no vas a querer cuidados... Y así fue; el dolor inicial dio paso a un placer indescriptible. Las paredes sobreextendidas de mi coño me transmitian un placer enorme. Sus embestidas eran brutales. Sus manos agarraron mis pechos y la profundidad de sus metidas aumentó mientras tiraba de mí hacia el usándolos como agarraderas. Su cadera aumentaba de velocidad y su mirada no se apartaba de mis ojos. -Voy a llenar a esta madre con mi leche. Cuando escuché sus palabras, en mi coño comenzó a formarse un enorme orgasmo. Con solo llevar mi mano a mi clitoris el orgasmo se desencadenó. -Llena mi coño con tu leche -le grité. Es tuyo, llénalo! Llénalo por favor. Mientras le suplicaba su leche, sus manos me agarraron mas fuertes y sus embestidas se volvieron mas intensas y profundas. -Me corro, me corro -me gritó. Mi corrida continuaba y saber que Hugo me estaba llenando con su semen aumentó el placer que mi coño me estaba diapensando. Cuando Hugo terminó de correrse, se dejó caer sobre mí; su cabeza llegana a mis pechos y con mis mano le abracé mientras le notaba jadear. -Joder, qué corrida -me dijo. Yo, con la voz entrecortada por el orgasmo respondí con un tímido "Sí". Tras unos par de minutos en esa posición, si sacar su polla, se levantó y me ayudó a incorporarme. Entonces, sacó su polla despacio mientras me besaba. Cuando la tuvo fuera, dio un paso atrás. Yo admiraba la estampa, con la luz que entraba por el ventanal, aquel cuerpo escultural era algo fuera de lo normal donde a esos músculos se unía una polla así de gorda. ¿Alguna vez volvería a ser follada por alguien como ese chaval? Cuando ese pensamiento me recorrió me bajé de la mesa y me puse de rodillas delante de él. Cogí su polla y sin mediar palabra, me la introduje de nuevo en la boca. Hugo me miró sorprendido pero no dijo nada. -Aun queda partido -le dije mirando el reloj y pensando en Pedro. Comencé a mamarte la polla. Quería tenerla dura otra vez y en menos de dos minutos la tuve. Me tumbé en la mesa ofreciéndole mi culo. -penetrame otra vez, por favor. Hugo no dudo, se acercó y me perforó. Ahí lo tienes, dijo mientras me agarraba fuerte de la cintura. Me penetró y me empotró contra la mesa sin piedad. Alternaba sus metidas con azotes y el placer se mezclaba con el dolor de las nalgadas. Era tan intensa la sensación que me llegó un orgasmo inesperado y Hugo, al notarlo, aumentó la velocidad y me provocó un placer intensisimo. Al terminar de correrme mis piernas me fallaban y sus embestidas me producían demasiada sensación. -Para por favor -le suplique. Hugo se retiró y yo me di la vuelta y me senté en la silla. Alargué mi mano y, cogiéndole la polla, me la acerqué hasta la boca y comencé a mamársela. No pararía hasta que me dejara toda su leche en el estómago. Cogí una de sus manos y me la coloqué detrás de la cabeza y cogí la otra y me la llevé hasta un pecho. Quería que dispusiera de mí como le quisiera. Él lo notó y con su manos detrás de mi cabeza empezó a follarme la boca. El grosor de su polla iba a desencajarme la mandíbula, pero no me importaba, yo solo abría y abría tratando de que entrará lo más profundo posible. Al poco tiempo conseguí que comenzara a correrse y tragué satisfecha todo aquel semen dulce de aquel dulce muchacho.

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