Fantasías sexuales de españolas 2 (Vicky 10) XIV
Cuando el cáncer de Paqui lo cambió todo, su hermana Alba apareció en su cama con una propuesta imposible: darle un hijo. Alex pensó que era una locura, hasta que entendió que era la única forma de que ella fuera madre y él, padre. Ahora, entre el duelo y la nueva vida, la línea entre familia y amantes se ha borrado para siempre.
Aquella fue la última ocasión que mi mujer se acostó con otro hombre. Es cierto que sus fantasías no desaparecieron de golpe: durante un tiempo las incluimos en nuestros juegos sexuales, pero poco a poco se fueron enfriando, ya no era eso lo que le ponía a Paqui. Fue una fase en la que ambos maduramos como pareja. Ya llevábamos bastante tiempo juntos, no éramos unos jóvenes, el trabajo, la responsabilidad de llevar adelante un hogar y el intento de convertirnos en padres, nos habían vuelto más responsables, más calmados y el sexo que buscábamos era el de la conexión con la persona que mejor conoces, un sexo mucho más tranquilo donde el morbo cedía lugar a la intensidad, y lo desconocido y sorpresivo cedía terreno a lo conocido y añorado. No queríamos sorpresas, ni cosas que nos hicieran sentir mal, ni riesgos. En esa época queríamos concebir y ese deseo se convirtió en necesidad para Paqui. Cada polvo que echábamos tenía que ser eyaculando dentro y, al placer que obteníamos ambos, se añadía la ilusión de pensar que cada vez podía ser la definitiva. Nuestra relación experimentó un cambio a raíz de aquello y la idea de ser padres fue la que nos ocupó de nuevo, tanto sentimental como sexualmente hablando.
Durante varios meses más seguimos intentándolo sin resultado. Finalmente decidimos acudir a un especialista. Parece que había algún problema de fertilidad y no sabíamos cuál de los dos lo tenía. Tras someternos a las distintas pruebas nos encontramos con un golpe inesperado: era Paqui quien no podía concebir y el motivo era un tumor en los ovarios. En un primer momento parecía estar localizado y la intervención quirúrgica nos dio esperanzas de que el problema quedara eliminado, aunque el análisis determinó que era maligno. Fue un duro golpe que no obstante encajamos con ánimo y ganas de superarlo. Mi mujer y yo estábamos más unidos que nunca. Cuando nuestra vida volvió a la normalidad seguimos haciendo el amor con más intensidad, conscientes de la fragilidad de la salud y también de nuestra propia existencia, de cómo te puede cambiar la vida de un día a otro y de cómo puedes adaptarte para vivir lo más intensamente posible, enfocándote a lo realmente importante y dejando de lado todo lo demás, todo lo que supone un lastre.
Fue en esas circunstancias, cuando después de mucho tiempo sin que pasara por nuestra cama, volvió a aparecer Alba. Y es en ese contexto donde tenemos que buscar la explicación de lo que sucedió, difícil de entender desde otra perspectiva y en otra situación que no fuera aquella. Ella había vuelto a estar muy unida a su hermana, en realidad nunca habían dejado de estarlo, pero a raíz de la enfermedad volvieron a estrechar lazos. Nos visitaba con mucha frecuencia y nos acompañaba en muchas de las visitas al médico. Empezó a pasar algunas temporadas con nosotros en casa y recuperamos de nuevo la intimidad y la sintonía, tras una larga temporada en la que ella hacía su doble vida: por un lado, feliz en su hogar con su marido y por otro buscándose algún que otro amante ocasional.
Una noche se metió en nuestra cama. Parecía que no había pasado el tiempo y que volvíamos unos años atrás, cuando empezamos a formar nuestro particular trío. Como la primera vez, yo no supe muy bien cómo reaccionar. Estaba preocupado por Paqui y nuestras relaciones ya no eran tan intensas. Más bien buscábamos apoyarnos el uno al otro, darnos cariño y ánimos. Pero ella, como en aquella ocasión, me empujó hacia su hermana. Follamos de forma suave, buscando más las caricias que el placer intenso del orgasmo. Sólo casi al final, cuando ella se montó sobre mí y empezó a cabalgarme, entramos en un frenesí apresurado por obtener el clímax. Nuestros cuerpos se sincronizaron y cuando sentí que ella se corría, yo me fui también, intentando avisarla para que descabalgara. No hizo caso y continuó, lo que prácticamente me forzó a cogerla de las caderas y empujarla a un lado. Pero ella se mantuvo pegada a mí, cerrando sus muslos contra mi cintura y evitando que mi verga saliera, o al menos que saliera del todo, propiciando que parte de mi corrida acabara dentro de su vagina.
- ¿Qué haces? - le pregunté - ¿Estás tomando anticonceptivos?
Ella negó con la cabeza mientras yo por fin conseguía desasirme de su abrazo y despegarme, saliendo de su interior.
- Estás loca. Puedes quedar embarazada.
Paqui parecía estar tan sorprendida como yo y miraba con más desconcierto que enfado a su hermana.
- No me importaría. De hecho, es lo que quiero: tener un hijo.
- ¡Joder! ¡Pues tenlo con tu marido!
- Eso no es posible. Él nunca me dará un hijo.
- Hay formas. Puedes hacer una gestación con inseminación. Emil se puede permitir pagarla.
- No se trata de una cuestión económica. No quiere bajo ningún concepto ser padre. Es algo a lo que le tiene pánico.
- ¿Y la solución es que lleves el hijo de otro a casa?
- Para él sí. Está dispuesto a reconocerlo como propio, pero no quiere que sea suyo. No desea ninguna dependencia emocional en ese sentido.
- Alba, seguro que no te faltan donantes, puedes tenerlo con quien quieras si al final ese es tu deseo, pero conmigo no.
- Es que yo no quiero tenerlo con cualquiera, quiero que ese hijo sea también vuestro.
Los dos nos quedamos pasmados. Yo mezclé la sorpresa por su actitud clara y decidida con un rechazo instintivo. Tanto más cuando ella parecía hablar totalmente en serio. Por el contrario, Paqui, ante esa declaración inesperada mostró una súbita curiosidad que poco a poco se transformó en interés.
- Lo he pensado y no quiero tener un hijo de un desconocido. Vosotros también lleváis tiempo buscando un hijo, seríais algo más que sus tíos. Necesitaré ayuda para criarlo, lo deseo mucho, pero temo verme sola y sé que mi marido no se va a involucrar. Nosotros seremos su familia de verdad, si algo me pasa a mí estaréis vosotros para cuidarlo y sé que lo cuidareis como si fuera un hijo propio.
- Será también vuestro hijo – rectificó con tono muy sentido.
- Eso es una locura.
Me giré hacia mi esposa y me sorprendió ver que Paqui no se manifestaba con tanta vehemencia como yo.
- Si quieres tener un hijo nosotros te apoyaremos y lo cuidaremos como nuestro, no te preocupes que siempre seremos su familia, pero esto...
- Estoy convencida de que es lo mejor. Nuestros lazos serán más fuertes, es la única forma de que tenga un padre de verdad y también a la única forma de que tú seas madre ¿o es que prefieres adoptar?
Yo seguía perplejo. Parecía tenerlo todo pensado. Ella sabía que nosotros habíamos hablado en algunas ocasiones de adoptar.
- Y ¿Qué le diremos a ese hijo? ¿Cómo lo vamos a explicar todo esto cuando sea mayor?
Poniéndole sobre la mesa los contras de esa decisión me sitúe sin querer en el escenario de haber aceptado, lo que animó a Alba.
- Encontraremos la forma, cuando sea mayor lo entenderá. Por favor, necesito una familia de verdad. Las cosas entre mi marido y yo van bien, cada uno hemos encontrado nuestro sitio y con un hijo sería completamente feliz.
- ¿Que las cosas van bien? ¡Ostias, Alba! tu marido es homosexual, tiene su novio de toda la vida, incluso de antes de conocerte, tú te acuestas con tu cuñado, y ya tienes una colección de amantes y no llevas ni tres años casada… ¿Me quieres explicar qué es lo que va bien en tu matrimonio?
- Pues va bien que estoy contenta con él y que lo único que tengo que hacer es buscar aquello que me falta para es ser feliz del todo. Necesito un hombre: pues lo busco; necesito un hombre especial: pues te tengo a ti; necesito que me entiendan: pues tengo a mi hermana; quiero vivir bien, tener un buen piso y un marido ideal salvo por los asuntos de cama: pues ya lo tengo. Lo único que me falta es un hijo y no quiero tenerlo con cualquiera. Esta es la mejor solución, de verdad que le he dado muchas vueltas. Vosotros queréis un hijo y no podéis tenerlo. Entre los tres le daríamos todo el cariño del mundo y mi marido le daría todo lo demás.
Miré a mi mujer que seguía callada, entre atónita y preocupada. Me dio la impresión de que trataba no sólo de asimilar, sino también de valorar la propuesta de su hermana.
- ¡Venga, di algo! ¡No me digas que tú también estás de acuerdo!
- No, no lo habíamos hablado.
- Y ¿qué opinas de esta locura?
Se limitó a resoplar sin responder y miró hacia un lado, como si ahí estuviera la respuesta, colgada de la ventana del dormitorio.
- No me lo puedo creer… - comenté mientras me levantaba y me iba al baño.
Acabé en el salón, sentado sirviéndome una copa. Ellas se quedaron hablando y al final todo terminó como el día que Alba nos había confesado que su marido era homosexual: con los tres tomando un licor alrededor de la mesa.
- Solo os pido que lo valoréis, por favor, pensadlo. Voy a tener un hijo sea como sea, así que me gustaría que fuera de la mejor forma posible y con la gente a la que quiero.
- Ya hemos tenido bastante por esta noche, vamos a reposar esto y a tranquilizarnos todos un poco - comentó Paqui antes de levantarse y tirar de mí hacia la cama.
El asunto quedó en suspenso durante los dos o tres días que Alba siguió con nosotros en casa. Era evidente que entre las dos hermanas lo hablaban, pero a mí me dejaban al margen y conmigo delante ninguna de las dos volvió a mencionar el tema, como si ambas (como sucedía casi siempre), esperaran a tener una postura común frente al tema antes de tratarlo con nadie más. Las hermanas seguían formando piña. Paqui me quería, seguíamos enamorados, pero el vínculo con su hermana era fijo e inalterable.
No compartimos cama con Alba en estos días y cuando ella se fue, me dio un abrazo con cariño. Le pregunté si todo estaba bien y me dijo que sí, que todo estaba bien, que no me preocupara. Esa misma noche en la cena, ya relajados y tranquilos, Paqui sacó el tema. Observé con sorpresa que parecía estar de acuerdo con su hermana y que no le parecía tan mal la propuesta, una vez superada la sorpresa inicial.
- Después de todo no es tan mala idea, habíamos pensado en adoptar… Ya que yo no puedo tener hijos, si Alba lo tiene y es tuyo, sería también casi como si fuera mío.
- Tú lo has dicho: casi, pero no sería tuyo.
- Uno adoptado no sería de ninguno de los dos.
- ¿Y eso que tiene que ver? El hijo no es de quien lo pare ni de quien lo engendra, el hijo es de quién lo cuida.
- Sería tuyo ¿no quieres tener un hijo propio?
Primero la sangre, antes de nada. Mejor un hijo tuyo y de mi hermana que uno adoptado era lo que me decía. Me sorprendían aquellos restos de clasicismo burgués que todavía quedaban en ella. A fuego se lo habían inculcado sus padres y en especial su madre.
- ¿Y qué hacemos con Alba? ¿Me caso también con ella y así ya todo bien?
- No seas borde. Alba está dispuesta a compartirlo con nosotros, ya la oíste el otro día. Seremos una familia.
- ¿Pero tú te estás oyendo? ¿Cómo que una familia? ¿Que lo vamos a tener quince días cada uno? Ese niño vivirá con ella y solo lo veremos de visita.
- Vendrá aquí a pasar temporadas. Al principio yo me iré a ayudarla y después también iremos a verlo, están muy cerca. Alba nos necesita y creo que a nosotros también nos vendría bien, sabes que nos falta algo más.
- No nos falta nada, nos tenemos el uno al otro.
- Alex, yo ya me he llevado un susto gordo y me he dado cuenta de las cosas importantes de la vida. Si lo que te preocupa es el qué dirán los demás ya te digo yo que me lo paso por el coño todo. A mí solo me importa ser feliz. Que seamos felices – rectificó - Y ese niño puede ayudarnos a todos.
- No sé, no lo veo, para mí las cosas no son tan simples.
- Porque tú no has tenido un cáncer. Créeme que cuando te dan una noticia de esas se te aclaran mucho las ideas y te quedas solo con lo importante.
- Deja de decirme qué es lo importante y qué no lo es. Yo he estado a tu lado todo el tiempo y sé de sobra por lo que has pasado ¿O es que yo no lo he pasado mal?
Ella me abrazó, me besó en la mejilla y pegó su frente a la mía.
- No te enfades cariño, no te estoy echando nada en cara. Tú y mi hermana sois lo mejor de mi vida.
Entonces quise pensar que el orden importaba. Aún en aquellas circunstancias podría sentirme celoso de su hermana, la única capaz de robarme el cariño de mi mujer. Que me hubiera puesto a mí primero era algo que me reconfortaba, aunque ahora sé que en el fondo era un “yo no estaba por delante de Alba lo mismo que ella tampoco estaba por delante de mí”. Ahora lo entiendo, entiendo a Paqui y lamento haber sido tan celoso y egoísta en aquel momento. No podía obligarla a elegir entre su hermana y yo, éramos las dos patas en las que se apoyaba su vida y no podía forzarla a optar. Faltaba una tercera pata para que todo fuera estable y ella pensaba que sería ese hijo que tendría Alba y que estaba dispuesta a compartir con nosotros.
Así pues, durante los días siguientes redobló sus intentos de hacerme cambiar de idea. Dejó claro que respetaría mi decisión si yo no quería, lo que no le impidió seguir intentando convencerme cada vez de forma más vehemente. Poco a poco, mirándolo fríamente y desde su punto de vista quise entenderla. Ella deseaba un hijo, alguien de su sangre, formaba parte de su educación y de su forma de ver las cosas. Y un hijo de su hermana y mío era lo más parecido que podría tener nunca, aunque no pudiera hacer de madre a tiempo total.
Finalmente acabé claudicando. Paqui supo hacerlo bien, haciéndome ver que mis deseos de tener un hijo propio se podían ver cumplidos, vendiéndome las ventajas de la situación y endulzándome los inconvenientes. Debo reconocer (no sería honesto no hacerlo) que había un componente morboso en todo ello. Follar con Alba a pelo con la idea de embarazarla, era una fantasía que yo no había previsto y que de repente se había instalado en mi cabeza, generando un gran morbo y una gran excitación. Pero no dejaba de ser una fantasía y yo, que tenía siempre una mente práctica, me planteaba como sería todo aquello si lo llevábamos a cabo y cuantos problemas podría ocasionarnos a nosotros y a la criatura. Sin embargo, al fin me convencí que la familia éramos nosotros solos, que los demás no importaban, lo mismo que no nos hubiera importado lo que pudieran pensar si alguien llegaba a enterarse de que mi mujer había tenido sexo con otros hombres, o que yo me acostaba con mi cuñada. Es decir, nos hubiese importado porque no es agradable que te señalen, pero no afectaba a lo que éramos ni a los sentimientos que nos unían, y eso fue lo que me acabo decidir. Éramos familia, en eso tenían razón y entre los tres podríamos cuidar perfectamente a un hijo aunque fuera de una forma un poco particular. No obstante, puse mis condiciones.
- El niño sabrá que soy su padre desde el primer momento, no me voy a ocultar ni quiero ser su tío. Yo seré su padre y él estará al corriente desde pequeño, no nos esconderemos. Nos inventaremos cualquier historia, como que Alba yo fuimos pareja antes de que se casara y que se quedó embarazada y luego rompimos, no me importa como lo hagamos, pero cuando él me vea no me verá como un extraño. Si somos familia, somos familia a todos los efectos. Lo que le contéis al resto de la familia y de la gente me da igual, pero si tengo un hijo no disimularé ante él. Que Alba lo hable con su marido y lo tenga claro. Si es mi hijo llevará a mis apellidos.
Paqui asintió preocupada. Aquello no le iba a gustar a su hermana. Concertamos una reunión exclusivamente para hablar ese tema y al final llegamos a un acuerdo: llevaría los apellidos de su marido y de cara a la familia y a todos sería su hijo, aunque su marido estaba de acuerdo en que la criatura supiera desde pequeña quien era su padre real. Cuando fuera mayor de edad podría decidir si se cambiaba de apellidos o se quedaba con los mismos.
El acuerdo era precario y no nos quedó demasiado claro que iba a pasar con las familias, que seguramente no verían con buenos ojos nada de esto y sospecharían, pero ya habíamos decidido que nos daba igual lo que pensaran los demás, incluido nuestro círculo más cercano. La familia de Emil no diría nada porque, de la misma forma que sabían que su hijo era homosexual y ya eran conscientes de que su matrimonio era un paripé y lo aceptaban, seguramente también tendrían que consentir esto. Respecto a la familia de mi mujer sería fácil engañarlos al principio. Luego, quizás la cosa sería más complicada, pero no podíamos subestimar su capacidad de mirar para otro lado con tal de guardar las apariencias y salvar las formas del matrimonio de su hija. La verdad, todo estaba muy cogido con pinzas, no sabíamos muy bien cómo iba a funcionar aquello, pero la ilusión por concebir y traer a nuestro particular trío una nueva vida, superó todos los recelos.
Pasaron unos días hasta que recibí la visita inesperada de Alba. En ese momento Paqui se encontraba trabajando (tenía jornada partida) y mi cuñada se presentó justo al mediodía, cuando yo acababa de llegar a casa. Esperó paciente a que yo almorzara y justo después me arrastró a la cama literalmente. Durante un tiempo había tomado anticonceptivos, pero hacía meses que los había dejado. Las pastillas le quitaban las ganas de tener sexo, pero ahora que no las tomaba la encontré especialmente efervescente. Me comentó que era porque estaba en días fértiles. No necesitaba llevar las cuentas ni los cálculos porque se sentía especialmente excitada, cosa que siempre le pasaba cuando ovulaba.
Follamos de forma intensa, ella subida sobre mí, bien agarrada a mi cuello y dando botes mientras yo la sostenía por las nalgas. Realmente estaba desatada, pero no como otras veces por el deseo solo, tenía ganas acumuladas porque según ella misma nos había contado, llevaba ya tiempo sin tener amantes. Pero había otro apetito más flotando en el aire, un anhelo, una expectativa transformada en ganas. Cuando los dos estuvimos a punto de llegar al orgasmo ella se detuvo, sudorosa, con sus pechos al aire y los pezones rosados enhiestos, el pelo pegado a la cara. Estaba bella como siempre. Salió de mí, se tumbó en la cama, se puso un cojín debajo de las nalgas para que su sexo quedara bien elevado y se abrió esperándome.
- Venga, venga - me reclamó con urgencia para que no se nos pasara la excitación a ninguno de los dos.
Me situé entre sus piernas frotando mi verga contra sus labios mayores, jugando a estar parado y estimulando el clítoris con el roce de mi polla, pero ella tiró de mí. No quería juegos. Le metí la punta y en aquella posición, probé a meterla y a sacarla cada vez un poquito más, hasta que al final acabó toda adentro, con mis huevos dando en su perineo. En aquella postura penetraba hasta el fondo, bien y sin restricciones. Era muy excitante, tanto que pronto alcanzamos el punto donde lo habíamos dejado. Empecé a darle fuerte y aunque la posición no era la más cómoda para ella, con el culo tan levantado, enseguida se puso a punto de orgasmo también, simplemente al ver que yo me iba a correr.
Sentí como un pinchazo por detrás y pude notar como mi semen, que recorría mi falo desde la base hasta la punta, empezaba a brotar caliente. Pude percibir como mi leche rebosaba por sus labios vaginales. Alba me volvió a atraer contra sí misma. No quería que la sacara, no quería que se desperdiciara ni una gota. Se la metió dentro y se masturbó con furia hasta llegar al orgasmo con mi polla en el interior. Sus contracciones de placer ayudaban a atraer el esperma al útero. Así permanecimos enganchados un buen rato, sudorosos y enajenados por el goce.
Cuando me salí de ella levantó un poco el culo, dejando que sus nalgas escurrieran del cojín hasta tocar el colchón y luego cruzó las piernas, poniéndolas sobre el mismo. De esa manera se tiró un buen rato, con los muslos en alto, de forma que permaneciera el semen lo más posible en su interior y lo más hondo posible. No sé si aquello era efectivo y si realmente aumentaba tanto las probabilidades como ella decía, pero estuvo bastante tiempo. Luego se aseó, retirando los restos que fluían de su interior sin lavarse por dentro. Se colocó sus braguitas y esperamos a que viniera Paqui.
Aquella noche volvimos a repetir. Mi mujer nos cedió la cama de matrimonio. Ella se fue a dormir al cuarto.
- Creo que esta noche vais a dormir poco - dijo - así que allí estaré más tranquila.
Tenía razón: lo hicimos al acostarnos, en medio de la noche cuando Alba se despertó para ir al aseo y luego también por la mañana, antes de irme a trabajar. Tras el último me fui somnoliento y agotado a dar una ducha para ver si conseguía espabilarme. Ese polvo al amanecer fue más tranquilo, pausado, con más cariño. Había una cierta conexión, un entendimiento que iba más allá de lo físico entre Alba y yo, la sensación de que además de sexo, compartíamos un importante objetivo común. Y eso se notaba. Aparte de estar muy caliente, ella se mostraba más cariñosa conmigo, como si ese fuera un lujo que antes no se podía permitir, como si fuera una barrera que no quería traspasar para no molestar a su hermana, pero que ahora consideraba necesario romper porque al fin y al cabo íbamos a ser padres. Y al romperla se dio cuenta de que le gustaba, de que esas caricias que iban más allá de lo sexual y que en realidad eran gestos de cariño, construían una especie de comunión entre dos personas que conectan a nivel sentimental, aunque solo sea por el hecho de decidir tener un hijo en común. Todo ello era algo que le resultaba muy placentero.
Los cuatro o cinco siguientes fueron igual. Alba estaba en casa todo el tiempo que podía coincidir conmigo, aprovechando cualquier oportunidad de tener sexo, dándome el descanso justo para que pudiera reponerme ante otro nuevo asalto. A mí me inquietaba mucho que mi mujer estuviera pasando esos días en la habitación de invitados, pero Paqui no parecía en absoluto molesta y tampoco requirió mis atenciones, consciente de que debía reservarme para su hermana. Todo esto me resultaba un poco molesto porque no quería dejar de lado a mi mujer, que era al fin y al cabo de la que estaba realmente enamorado. Aunque ella insistía a la par que Alba me reclamaba en el lecho. Fueron días un poco frenéticos y agotadores, en los que llegó un momento en que para mí aquello se convirtió casi en un trabajo, al contrario que Alba que disfrutó con todos los encuentros, aunque también acababa agotada.
El último día insistí en que mi mujer volviera conmigo y no solo a dormir. Mi último aliento antes de declararme rendido, mi última erección y mi último polvo ese día fue para ella y no admití otra opción. Me costó correrme, estaba agotado, aunque conseguí una erección para poder satisfacerla a ella que estaba muy caliente.
- ¡Ya está bien de darle al dedo ostia! - me dijo contenta mientras la penetraba.
Fue una cuestión de voluntad conseguir correrme, aunque al final lo logré y nos dormimos abrazados. Alba no apareció en toda la noche, se ve que también estaba muy cansada y durmió de un tirón, tan profundamente que cuando se levantó ya me había ido a trabajar.
Yo pensaba que igual intentaba mantener ese ritmo todo el tiempo, pero ella había elaborado una estrategia muy clara, y era reservarse la oportunidad y las ganas para los días en que estaría ovulando. Así también me daba descanso porque si estábamos todo el mes con esa cadencia me iba a llevar por delante, comentaba en tono de broma.
De esa forma transcurrieron cuatro meses aproximadamente, en los cuales había una semana en la que prácticamente Alba se venía a vivir con nosotros y a mí me dejaba más seco que las espinas de un cactus. Fue curioso, pero precisamente el cuarto mes fue el que aflojamos un poco, porque a mí una semana en ese plan ya me venía larga. Empezábamos muy fuerte y todo era muy intenso y muy morboso, con una gran complicidad entre Alba y yo, que iba ya más allá estableciendo un vínculo de sentimientos que no eran de amor intenso, como podría ser el que tenía con mi esposa, pero sí de cariño y de afecto, de compartir algo tan importante como una próxima maternidad. Luego, la cosa se iba tranquilizando un poco a medida que nos desgastábamos en cada cuerpo a cuerpo. Y digo que fue curioso porque fue precisamente ese mes que bajamos un poquito el ritmo fue cuando acertamos y ella se quedó embarazada.
Al mes siguiente no se notó tan excitada cuando se suponía que le tocaba ovular y poco más adelante tuvo su primera falta. La noticia se recibió con alegría en ambas familias. Si sospecharon algo raro no lo dieron a entender y por el contrario todos se volcaron con Alba, especialmente la familia materna. Emil cumplió con lo esperado y aunque no se le veía excesivamente entusiasmado, tampoco mostró disgusto o enfado, asumiendo que, al menos sobre el papel, él era el responsable de la criatura. Parecía incluso contento de ver feliz y eufórica a Alba, que por fin había logrado su propósito. Eso le garantizaba a él una tranquilidad y una estabilidad para continuar con su doble vida, que seguramente se había visto amenazada a raíz del desánimo de mi cuñada y de sus intenciones de ser madre.
Como un preludio de lo que luego llegaría, Alba pasaba mucho tiempo con nosotros y tanto su hermana como yo la acompañábamos a las citas médicas, compartiendo todos los avances y las vicisitudes del embarazo. El vínculo se estrechó notablemente entre nosotros tres. Recuerdo en una ocasión que cenábamos juntos y Alba estaba un poco sensible con los cambios hormonales, se mostró ese día un poco inquieta acerca de cómo afrontar las dificultades del parto y de la crianza posterior del niño.
- Nosotros estaremos siempre a tu lado - le dijimos - no te preocupes.
Recuerdo que al final acabó sonriendo y contestó:
- Vosotros dos sois mi familia.
Lo afirmó de forma rotunda, inapelable, dejando bien claro que su círculo más inmediato éramos solo nosotros. Ni siquiera sus padres o su marido, o ninguna amiga o amante que pudiera tener, nosotros éramos su familia y nadie más.
Durante el embarazo yo pensé que la actividad sexual iría a menos y una vez conseguido el objetivo todo se tranquilizaría, pero nada más lejos de la realidad. No de forma tan intensa como cuando estaba en la fase de inseminación, pero los encuentros con Alba continuaban. El embarazo le estaba sentando muy bien y entre los cambios que le produjo, fue que, quitando las primeras semanas que tuvo vómitos y tardó en estabilizarse un poco, los meses siguientes se encontraba con muchas ganas de tener sexo.
- Oye, que tú ya estás embarazada ¡haz el favor de salir de mi cama! - le llegó a decir Paqui en torno de broma porque se metía allí con nosotros cada dos por tres.
Tuvimos muchas sesiones de sexo. Ella estaba más mojada que de costumbre y follársela era como meter la polla en mantequilla, casi siempre llegaba al orgasmo primero y había veces que repetía, masturbándose con furia cuando yo acababa para conseguir correrse de nuevo. Luego se quedaba acurrucada junto a nosotros y le gustaba que la cogiéramos por la cintura, poniendo las manos en su barriga, haciendo sándwich entre Paqui y yo. Tiempo después me comentó que esa fue una de las mejores etapas de su vida. Era dichosa durmiendo entre nosotros dos, satisfecha y sintiendo que una vida crecía en su interior.
En esa época Paqui y yo también fuimos felices. La espera nos tenía ilusionados y borraba las dudas y los problemas que se pudieran avecinar. Es como una fantasía en la que tú construyes solo la parte bonita. Poco sospechábamos que la vida nos iba a jugar una mala pasada e íbamos a disfrutar poco de la felicidad de ver a la hija de Alba nacer. Alba no quiso saber el sexo hasta el final y aunque lo cierto es que de alguna manera todos esperábamos un niño, tú nos sorprendiste viniendo al mundo con tu pelo castaño, tus ojos claros y tu facilidad para sonreír ya desde la cuna.
Prácticamente desde el primer mes, Alba se trasladó a nuestra casa y vivió con nosotros. A nadie pareció extrañarle que buscara la ayuda de su hermana en esas primeras semanas tan difíciles para una madre primeriza, pero lo cierto es que nuestra niña dormía como una bendita, comía bien, era tranquila, alegre, y nos permitía disfrutar de ella sin muchos sobresaltos. La familia estaba encantada y el segundo mes nosotros íbamos casi todos los días a verla a casa de Alba. Casi nunca coincidíamos con su marido, que pasaba la mayor parte del tiempo de gira o cumpliendo con sus compromisos y que en las pocas veces que nos vimos, se mostró cordial y sinceramente contento por Alba, aunque en ningún momento se implicó en el cuidado de la niña. Nadie se lo reprochó ni tampoco lo esperábamos, nos bastaba con que nos dejaran a nosotros ocuparnos y ser felices. Y durante esos dos primeros meses lo fuimos hasta que la vida nos volvió a mostrar su cara más dura, haciéndonos saber que lo mismo que viene una alegría viene una desgracia.
A Paqui le volvieron a diagnosticar cáncer, se le había vuelto a reproducir. Y en este caso con metástasis. Fue imparable e implacable. Todo vino demasiado rápido. El tratamiento tuvo que ser agresivo y los efectos secundarios poco a poco la fueron desconectando de todo lo que no fuera medicación para el dolor y paliativos. Fue duro, muy duro. Nuestra única alegría fuiste tú. La luz que brillaba en aquel cuarto oscuro y que nos iluminaba en aquellos días donde todo parecía siniestro y doloroso. Eras el único descanso de nuestro corazón y la esperanza de un futuro más allá de la inevitable muerte de Paqui.
El final fue quizás lo menos doloroso porque se fue sin sufrir, anestesiada, agradecida y rodeada de cariño. Nos dejó a todos huérfanos. Tú perdiste una madre, Alba perdió a su hermana del alma, la única persona con la que realmente había conectado y se había sentido en comunión, y yo perdí al amor de mi vida. Tú nos ayudaste a sobreponernos porque teníamos que cuidar de ti, hacer que fueras feliz, evitar que tu sonrisa se apagara, de modo que nos volcamos en tu cuidado, yo ya con poco disimulo, pasando cada vez más tiempo contigo y ayudando a Alba en todo lo necesario. Cuando coincidía con tu padrastro la situación se me antojaba incómoda. Por algún motivo, la falta de mi esposa hacía que me doliera fingir que yo no era tu padre. Aunque tú todavía no tuvieras capacidad para entender nada, se me hacía insoportable que crecieras viéndome como el tío Alex. Con tu tía Paqui era distinto porque formamos un triángulo perfecto y no quería romper el equilibrio. Pero ahora te necesitaba sin reservas, quería tenerte a mi lado todo el rato. Tú y tu madre erais mi único consuelo. Así se lo expresé el día que agobiado y triste por la vuelta de Emil me fui a dormir a mi casa dejándoos a las dos solas aquella noche.
- Quédate si quieres - me dijo Alba al verme tan mal – a Emil no le importa.
- Pero a mí sí. Me gustaría que mi hija se viniera a casa. No soporto estar separado de ella.
- Lo sé. Te entiendo.
- Seguramente eres la única que me entiende porque tú también querías a Paqui.
- Si quieres podemos irnos las dos unos días hasta que estés mejor.
- No voy a estar mejor. No si estoy solo. Quiero que mi hija se venga para siempre.
- Y yo ¿qué haría sin ella?
- Para ti también hay sitio. En mi casa y en mi corazón. No puedo darte todo lo que te da Emil pero tendréis las dos lo suficiente y sobre todo me tendréis a mí, sin reservas, sin limitaciones, lo daré todo por ella y también por ti si quieres venir.
- Alex, yo no soy mi hermana.
- Lo sé, tú eres distinta. No quiero que seas Paqui, me conformo con que seas tú. No te pido que te enamores de mí, solo digo que también te necesito. Prometo quererte y cuidarte. Sé que podría funcionar.
Ella me miró entre escéptica y sorprendida por la propuesta.
- Escúchame: cuando me enamoré de tu hermana tampoco tenía muy claro si podía funcionar. Sé que ella te ha contado todas nuestras intimidadas lo mismo que nosotros sabemos las tuyas. Lo que me atraía de Paqui, aparte de su físico, era simplemente que yo le gustaba y nunca ninguna chica hasta entonces había mostrado un interés de ese tipo hacia mí. No tenía nada claro que toda aquella combinación se fuera a transformar en cariño y ese cariño en amor. No fue un flechazo, fue una atracción al principio, pero pronto me di cuenta que podíamos congeniar, que lo nuestro podía ser mucho más profundo y duradero y no me equivoqué: mi intuición nunca me falló.
>> Sabes que hemos tenido que pasar por algunas pruebas. Tú y yo nos hemos acostado en innumerables ocasiones y eso no nos separó, como tampoco nos distanció que ella tuviera sexo con otros hombres.
>>Fuimos capaces de construir un hogar. Tú mejor que nadie lo sabes. Si la gente supiera nuestras intimidades, todos nos señalarían con el dedo y dirían que somos un fracaso de familia, pero nosotros sabemos que no, que precisamente por ser como somos, somos felices, estamos más unidos que nunca y nuestros lazos son los más fuertes.
>>Tú no eres tu hermana, tienes razón, pero eres familia, mi única y verdadera familia junto a mi hija. Quiero tenerla a mi lado y me gustaría que tú también estuvieras. En la última conversación coherente que pude tener con Paqui ella me dijo que había sido feliz, ese era su resumen: “he sido feliz”. Ese era el mantra, la única frase que era capaz de entenderle cuando estaba fuertemente medicada y desvariaba en los últimos días.
Se me hizo un nudo en la garganta. Tenía la necesidad de seguir hablando, de seguir confesándome con mi cuñada, de intentar convencerla, pero no pude hacer nada de esto. Simplemente en ese momento ya me vine abajo. La imagen de mi mujer yéndose en los últimos días fue demasiado para mí y me limité a pegar la barbilla a mi pecho y a dejar que las lágrimas corrieran por mis mejillas, hasta que sentí el cálido abrazo de Alba. La estreché contra mí y solo pude estar así, envuelto en sus brazos, temblando, rompiéndome por dentro, pero a la vez sacando fuera todo el dolor que sentía.
Esa noche nos despedimos y volví a mi casa solo. Durante una semana no fui a ver a mi hija ni contesté las llamadas de Alba. “No puedo”, fue lo único que pude escribirle en el whatsapp. Me limitaba a ir a trabajar, a comer y a quedarme en el sofá mirando sin ver la tele, a escuchar música sin oírla, a acostarme sin dormir. Necesitaba descanso, que mi cuerpo irradiara todo el sufrimiento y toda la rabia hasta que al final quedara inerte pero libre de todo ese dolor. Comprendí que eso no sucedería jamás del todo porque para ello necesitaba olvidar y yo jamás olvidaría, pero al menos esperaba que alcanzara unos límites soportables que me permitieran volver a la vida. A una vida sin mi mujer, pero donde todavía estaba mi hija que era lo que me empujaba hacia adelante.
Así hasta que una tarde sonó el timbre de casa. Era Alba que traía en brazos a Vicky. Me la pasó, la tomé en los míos, la abracé y la besé y me senté con ella en los brazos.
- Gracias - le dije a mi cuñada que lanzó una mirada desaprobatoria alrededor.
- Aquí huele a cerrado, está todo hecho un desastre.
- Últimamente no he tenido muchas ganas de limpiar.
- Ya se nota. Bueno, eso va a cambiar. Bajo a por las maletas y enseguida estoy aquí.
- ¿Maletas?
- Sí, he venido para quedarme.
- Pero ¿Cómo?
- ¿Qué pasa? ¿No me habías invitado a venirme a vivir contigo?
- Claro, pero ¿y tu marido?
- Mi marido ya no importa. Le he dicho que me iba: lo nuestro ya no da más de sí.
- Lo siento.
- Yo creo que él no. Parecía liberado cuando se lo dije. Es hora de que también tome sus decisiones y se enfrente a sus fantasmas.
- ¿Y tu familia?
- Vale, esos sí que son mis fantasmas, pero sinceramente me da todo igual, tú tenías razón: lo que importa es que nosotros somos familia y lo que piensen los demás me trae sin cuidado. Esta niña necesita un padre de verdad y yo necesito un hombre también de verdad. Estoy harta y asqueada de todo, no quiero seguir viviendo una farsa. La verdad duele, pero es real y yo quiero vivir en un mundo real, con alguien real acostado a mi lado.
No nos dijimos mucho más. Trajo sus maletas efectivamente y no venía con mucho equipaje. Había dejado el lujo atrás. La apuesta era fuerte para ella porque la habían educado para conseguir cosas materiales, una buena posición y cuidar unas excelentes apariencias, pero también la recompensa era grande según Alba. Desde ese momento jamás se quejó del sitio donde vivíamos, del dinero que ganábamos, ni de las comodidades a las que había renunciado. Siempre que yo sacaba el tema, ella se limitaba a contestar que había salido ganando y que estaba contenta.
Esa noche dormimos los tres juntos en la cama y los días siguientes también, hasta que por fin pasamos la niña a su cunita. Esa noche fue la primera que volvimos a tener sexo y esta vez fue algo más que eso. Hicimos el amor. Despacio, parecía que no teníamos muchas ganas al principio, concentrándonos más en las caricias y en el cariño que en el morbo y en el placer. No tuvimos un orgasmo salvaje pero sí fue liberador para los dos y nos quedamos abrazados un largo rato.
- ¿La echas de menos? – me preguntó en un susurro, como si así, al mentarla bajito doliera menos su ausencia.
- Claro que la echo de menos ¿tú no?
- Sí, yo también. Pero ¿sabes? Creo que, aunque ya no esté, Paqui estaría contenta de vernos juntos y también orgullosa de cómo estamos criando a nuestra hija.
Ella sonrió por fin después de tantas semanas y se acurrucó un poco más contra mí.
Y así hemos llegado hasta hoy. Si te lo preguntas te diré que no ha vuelto a haber juegos extraños en nuestra pareja. Nos hemos sido fieles el uno al otro. Aunque a veces lo hemos comentado, no nos ha apetecido intentar nada relacionado con el mundo liberal. Yo diría que Alba incluso se ha vuelto un poco conservadora y celosa. Como si pensara que yo podría tener ojos para otras y que la simple atracción física pudiera separarme de ella. Pero eso no va a suceder. Nunca. Somos una familia.
Esto es todo cuanto quería que supieras de nosotros. Desde que has tenido uso de razón nos has visto siempre juntos y siempre nos has oído hablar de tu tía Paqui. También sabes que la familia te quiere, aunque a veces pueden parecer un poco distantes y que de vez en cuando surgen rumores sobre el pasado. Ahora ya sabes toda la verdad, una verdad que puede resumirse en que eres producto del amor y que no debes tenerle miedo a vivir. Nosotros te querremos siempre, hagas lo que hagas. De forma que no tengas miedo de tener fantasías, ni de arriesgarte a llevarlas a cabo si es lo que realmente deseas, ni pienses en el qué dirán. Tu misma eres el mejor ejemplo de que la vida puede traer cosas maravillosas a pesar de los reveses.
Te quiero hija.
-------------------------------------------------------------- FIN --------------------------------
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