La Flama Púrpura 01: Familia Normal
Lleva dieciocho años siendo la mujer perfecta, pero la cama se ha convertido en un desierto. Cuando el deseo de él se desvanece, el de ella solo crece, y esta noche decide que no se conformará con menos.
En la preparatoria, Dani Rivas era popular. Con un impresionante uno setenta y cuatro de altura, ella también tenía unas facciones finas y penetrantes ojos azules. También era la estrella del equipo de voleibol, por lo que se mantenía en excelente condición. No era la más dedicada de las estudiantes, pero no tenía problema alguno con las materias. Tenía un buen círculo de amigas y tenía sus miras en pertenecer al equipo nacional de voleibol cuando se graduara. Eso requeriría más trabajo y un mayor sacrificio, pero Dani tenía confianza en sí misma y sus habilidades como jugadora.
Sus facciones angelicales y ojos azules no eran los únicos atractivos en Dani, tampoco su cabello castaño claro que lo usaba en un estilo corto para que no le impidiera jugar. Sus atributos físicos sobresaltaban después de años de jugar y cuidar su dieta: Unas piernas largas y torneadas, un abdomen plano, unas nalgas redondas y paradas, y sus pechos, aunque no muy grandes, en comparación de los de sus amigas, despertaban pasiones en más de alguno en la escuela. A Dani nunca le hacían falta pretendientes, y no era inusual encontrarse con cartas de amor en su mochila, o hasta regalos en su mesa de trabajo. La verdad que no era tan discreta es que Dani tenía novio: Eduardo Castillo.
Eduardo era un año mayor que Dani. Quizás unos cuantos centímetros más alto que ella, de ojos y cabello castaños. Eduardo tenía dos pasiones además de Dani a pesar de su relativa corta edad: El fútbol y la mecánica. Desde muy pequeño, Eduardo disfrutaba de los domingos familiares que siempre involucraban al menos un partido de fútbol jugado y uno visto. Ya había asistido a varios encuentros en vivo y su mayor tesoro era una camiseta autografiada por todos los miembros de la selección nacional. Eduardo también había crecido rodeado de automóviles y motocicletas, desarrollando un gusto por estas últimas. Una Navidad, su familia le obsequió su primera motocicleta y desde entonces, Eduardo comenzó a aprender mecánica, decidiendo que en el futuro se especializaría como un mecánico en motocicletas.
Él también era el portero del equipo de fútbol de la escuela, lo que le faltaba en altura lo compensaba con velocidad y reflejos rápidos. A pesar de que era buen jugador y que le fascinaba el fútbol, Eduardo no se veía a sí mismo como un jugador profesional, su interés ya estaba decidido.
Para el resto de la escuela, y a pesar de los celos y frustraciones que otros pudieran sentir, Eduardo y Dani eran una pareja ideal y siempre se les veía juntos. Dani acudía a los juegos de Eduardo y él hacía lo propio con ella, siempre salían juntos y lo que era más importante: Las familias de ambos estaban en excelentes términos entre ellas. La relación evolucionó de tal forma que Dani y Eduardo tuvieron sexo por primera vez durante uno de los bailes escolares. Ninguno de los dos sabía lo que estaba haciendo, pero el amor y la atracción que sentían el uno por el otro compensó cualquier falla. Eduardo estaba aún más fascinada con Dani: Su piel era suave, sus formas hacían que la lujuria se apoderara de él y de cualquier otro que la viera, y a pesar de que su uniforme de voleibol era ajustado a la piel y resaltaba su físico, verla desnuda ante él era una experiencia completamente diferente. Para Eduardo, eso significó perder su virginidad y poder presumir con sus amigos que ya era todo un hombre. Para Dani, eso significó por fin salir de dudas acerca del sexo, quizás para ella fue más que unos minutos de acción frenética y novata por parte de Eduardo, era algo completamente diferente a lo que sus amigas le habían dicho.
Dani pensaba que era nada más que el amor que sentía por Eduardo, después de todo la culminación romántica de toda chica es tener sexo con quien ella ama, ¿Cierto? Pero para Dani algo más había sucedido desde la primera vez que estuvo con él. Le había gustado, demasiado. No había alcanzado el orgasmo, pero cada movimiento, cada sonido, el olor, y la desesperación en los movimientos de Eduardo habían causado un inesperado efecto en ella. Necesitaba más, deseaba más. Eduardo no podía estar más satisfecho: Su chica lo deseaba, no podía pasar un día sin sentirlo dentro de ella, y Eduardo estaba feliz de cumplir con los deseos de Dani. Ellos encontraban cualquier excusa, cualquier momento, y cualquier lugar para estar juntos, a veces hasta más de una vez por día si la oportunidad lo permitía. Hasta que un día, las consecuencias de esos deseos desbocados se hicieron presentes: Dani estaba embarazada.
Las cosas cambiaron brutalmente para la joven pareja. Sus familias estaban decepcionadas como era de esperarse, los sueños de Dani de ser una estrella del voleibol se desvanecieron por completo, y Eduardo tendría que tomar responsabilidad también. Para cuando llegó el momento de graduarse, la pareja ya tenía a una hermosa bebé con ellos, a la que habían bautizado con el nombre de Jessy. El matrimonio sucedió poco después de la graduación en una ceremonia discreta donde solo las familias de ambos estuvieron presentes. A pesar de los obstáculos que ambos enfrentaron, Dani y Eduardo tomaron su rol de padres jóvenes en serio e hicieron el mejor papel que pudieron. Sus familias los apoyaron, en especial a Eduardo, con la promesa que mientras Eduardo se concentrara y comprometiera con su familia, él podría cursar la universidad, especializarse en mecánica como siempre lo había deseado, y convertirse en el jefe de familia Al comprometerse con esa promesa, las familias de ambos procuraron una modesta casa para la joven pareja en una zona segura de la ciudad.
Dani se apegó a su rol de ama de casa, aunque resentía que a diferencia de Eduardo, ella no podría enrolarse en una buena universidad para especializarse en algo, también reconocía que tenía un papel al cual apegarse. Su amor por su esposo y su hija la mantuvo enfocada, y a pesar de que solo jugaba voleibol de forma habitual, no dejó de ejercitarse y cuidar su dieta, llegando incluso a registrarse en un gimnasio local al cual asistía tres veces a la semana. Su deseo sexual tampoco disminuyó, y cada vez que Eduardo regresaba a casa, ella lo recibía en atuendos sugerentes, o completamente desnuda. La euforia y lujuria de Dani parecía ser tal que daba la impresión que a veces ella usaba a Eduardo para alcanzar su propia satisfacción.
Este comportamiento, sin embargo, resultó en la llegada de un segundo embarazo: Carlos. Dani no podía estar más contenta, tendría la parejita de niños que siempre había querido. Eduardo parecía contento también, pero en ese momento algo comenzó a morir lentamente dentro de él.
Debido al poco control que ambos tenían, Dani decidió someterse a una cirugía anticonceptiva permanente. Después de todo, ella parecía ser quien más era susceptible a la lujuria, y además prefería tener absoluto control.
Dieciocho años han pasado desde que nació Jessy, cambiando las vidas de Dani y Eduardo para siempre, pero durante ese tiempo, muchas más cosas han cambiado. Eduardo era jefe de mecánicos en un taller perteneciente a una renombrada marca internacional de motocicletas y había sido ascendido a gerente de mantenimiento del mismo. Ese ascenso representaba una mejor paga, pero una miriada de responsabilidades que venían incluidas. Ahora Eduardo tenía que viajar al menos una vez por semana a talleres dentro del estado, esos viajes eran usualmente cortos, se iba un día para regresar al día siguiente. Pero de vez en cuando, tenía que asistir a eventos de demostración que requerían que estuviera lejos por tres días, a veces más dependiendo el tipo de evento que la marca presentara. Esto también representó menos tiempo con su familia, en especial con Dani. Cuando llegaba de trabajar estaba exhausto, y si llegaban a tener sexo, Eduardo lo veía como una tarea doméstica más que hacía con desgano con tal que Dani estuviera contenta, usualmente él terminaba dormido después de la faena.
Ni que decir de su estado físico, con mayores responsabilidades en su trabajo, no le quedaba tiempo de volver a jugar fútbol, aunque los domingos seguían siendo los tradicionales domingos en familia que involucraban al menos un juego, no eran exactamente lo mismo. También había adquirido el hábito de beber alcohol con frecuencia, aunque afortunadamente siempre durante un partido televisado o eventos sociales. Eduardo comenzó a aumentar de peso, y su cabello comenzó a adelgazar, y a pesar de no tener ni siquiera cuarenta años de edad, era evidente que la tensión de su trabajo y el hecho de haber tenido familia tan joven estaban haciendo que envejeciera más rápido.
Con Dani las cosas eran diferentes. Tenía amor para dar a cubetadas para sus hijos: Jessy era extrovertida, siempre estaba bailando y cantando. No le costaba hacer amigos y podía hablar con cualquier persona de cualquier tema. También como ella, no era exactamente la mejor estudiante en la escuela, pero no había llegado a reprobar alguna materia. Jessy había heredado dos cosas de su madre: Sus ojos azules y su físico. Jessy era casi tan alta como Dani y eso hacía que resaltara más. Carlos era todo lo opuesto, era tímido y le costaba hacer amigos. Había heredado el físico de su padre y nada más. Eduardo había intentado inculcarle el amor al fútbol durante años, pero para frustración propia, Carlos nunca disfrutó un solo partido, prefiriendo pasar más tiempo jugando videojuegos o navegando el Internet. La virtud que salvaba a Carlos es que era un excelente estudiante desde chico, y sus calificaciones, así como sus prospectos para el futuro, no eran motivo de preocupación para sus padres.
A diferencia de Carlos, el tiempo había sido increíblemente generoso con Dani: Siempre se mantenía ocupada y tenía una rutina saludable. La casa de la familia Castillo Rivas no era grande, por lo cual no le tomaba mucho tiempo limpiarla después que su familia se había ido tanto al trabajo como a la escuela. Siempre hacía tiempo para salir con sus amigas con las cuales nunca perdió el contacto, sus hijos incluso las llamaban tías, por lo frecuente que visitaban a Dani. Dani pasaba entre una y dos horas en el gimnasio, y cuando no iba, salía a trotar al parque. Ella trataba de que su familiar comiera más saludable, pero no intentaba imponer su dieta, la cual algunas personas podrían considerar ‘demasiado’ saludable. Después de dieciocho años, el cuerpo de Dani era incluso más espectacular, sus curvas se acentuaban más e incluso sus senos habían crecido y llenaban su escote maravillosamente. Era como si hubiese tomado los aspectos positivos del embarazo, el postparto, acondicionamiento físico, y una dieta saludable, y los hubiera combinado en una figura seductora que exudaba sensualidad y deseo. Dani ya usaba su cabello en un estilo largo, sus días de jugar voleibol en un equipo habían quedado atrás, y sus sueños de ser jugadora del equipo nacional habían sido intercambiados por la realidad de ser una madre de casa, una esposa, y una mujer realizada.
Pero no todo era miel sobre hojuelas para la joven madre, en particular, su relación con su esposo. Ella tenía conflictos por decirlo de una forma. Eduardo había mantenido su compromiso con ella y con su familia. Se había tirado a matar con tal de poder proveer una buena vida a todos bajo su techo. También había hecho sacrificios y se había adaptado. Nunca se detuvo y siempre buscó una forma de llegar más alto. Él amaba a su esposa y a su familia, Dani nunca tuvo duda al respecto, ella lo amaba también. Pero no pasaban tiempo juntos como lo habían hecho en el pasado. Al principio ella entendió, tenían dos hijos muy jóvenes que necesitaban atención y supervisión, pero ahora que ya tenían dieciséis y dieciocho años de edad y que estaban comenzando a hacer sus rutinas alejadas de la familia, ella pensó que esas noches de amor, las cenas, las salidas románticas, o incluso las caminatas en el parque regresarían. Pero estaba equivocada. Eduardo siempre estaba exhausto después de trabajar, le costaba trabajo mantener una conversación con su familiar durante la cena, y en las noches Dani sabía lo que le esperaba “Hoy no amor, me tengo que levantar temprano” o “Nena, por favor, estoy exhausto”. Una noche se le ocurrió no preguntar, simplemente lo sujetó del cuello de la camisa y lo empujó a la cama. Antes que Eduardo pudiera protestar, ella ya le había abierto la camisa y le estaba besando el torso lentamente. Sus ojos estaban llenos de lujuria y no dejaban de verlo. Dani comenzó a besar y lamer su cuello mientras sus manos lentamente desabrochaban su pantalón. “Dani, espera… Nena, por favor…”.
Las quejas de Eduardo se mezclaban con sus gemidos, lo cual Dani interpretó como una buena señal, ella se desvistió por completo. Eduardo no podía quitarle los ojos de encima a esa diosa de la lujuria que tenía ante él, con un movimiento suave y seductor, ella tomó sus manos y las puso sobre sus generosas tetas “Wow…” Dani pudo ver como Eduardo tragó saliva y no quitó sus manos de sus tetas. Mordiendo su labio, Dani jaló los pantalones y calzoncillos de Eduardo hacia abajo, liberando su verga que se había endurecido por los besos y caricias de Dani. “Bebé, métemela” Dani no esperó para escuchar lo que Eduardo iba a decir, tomó la verga erecta de Eduardo con su mano y la apuntó a la entrada de su húmeda vagina. Con un empujón suave, la deslizó completamente “¡Mm…!” En cuanto lo sintió dentro de ella, Dani comenzó a mover sus caderas lentamente al principio, sintiendo como Eduardo se ponía más duro, como si reconociera la sensación que no sabía que le hacía falta. Eduardo dejó salir un gemido de sus labios, sus manos masajeaban las tetas de Dani, ocasionalmente pellizcando sus pezones. Dani gimió de nuevo, acelerando sus movimientos “Oh Sí… Así bebé, ¡Dame más!” Pronto, los movimientos comenzaron a mezclarse con los ruidos de ambos e incluso de la cama. “Dani, nena… Los niños… ¡Nos van a escuchar!” Dani cabalgaba a Eduardo, sintiendo una sensación que extrañaba sobremanera. Cuando escuchó su súplica, Dani casi se detiene en seco, seguramente no había problema con que los escucharan, ¿Cierto? Después de todo, no era como si sus hijos no habían sido educados con una mentalidad abierta y con un océano de información disponible para ellos. “¡Que nos escuchen!” Dani siseó, siendo presa de su lujuria “¡Sígueme cogiendo, y que escuchen lo que escuchen!” Dani tomó la mano derecha de Eduardo y la depositó sobre su carnoso trasero “Oh… Dios mío…” Ella disfrutó escuchar las exclamaciones de su esposo, sintió el apretón en su nalga. Eduardo era un hombre de culos, siempre sintió debilidad por ellos, y con el físico de Dani, era natural que siempre estuviera ahí cuando Dani quería tener sexo. Por un momento, ella revivió esos días cuando Eduardo no podía quitarle las manos de encima e incluso la toqueteaba a escondidas.
“¡Cógeme más! ¡Así, nene…! ¡No pares!” Con los gemidos de ambos, así como los ruidos de la cama, Dani se sentía más y más cerca al orgasmo. Escuchaba los sonidos de aplausos cada vez que las bolas de Eduardo chocaban con su culo, podía ver como Eduardo estaba sudando sin poderle quitar los ojos de encima “¡Sí! ¡Ya casi! ¡Un poco más!” Y justo cuando Dani estaba a punto de alcanzar la gloria, sintió las manos de Eduardo en su culo, apretándolo y viniéndose dentro de ella “¡Ah, mierda!” Él la besó mientras eyaculaba, Dani acarició sus adelgazados cabellos mientras se recuperaba. La enjundia e intensidad de la joven esposa se desvanecieron por completo, y después llegó el silencio.
Dani debería sentirse agradecida de que ese encuentro hubiera pasado en lo absoluto. Si se lo hubiera pedido, su esposo le habría recordado lo cansado que estaba y lo temprano que tenía que levantarse para irse a trabajar. Pero a pesar de que él finalmente la tocó después de mucho tiempo, ella aún estaba frustrada. Posiblemente más que antes. Él había obtenido su placer, ¿Pero ella? Si hubiese resistido unos cuantos segundos más antes que se viniera en ella, ambos podrían haber disfrutado de un placer mutuo que debería suceder más seguido. Con un suspiro, Dani intentó convencerse de que la faena no había sido tan mala, pero cuando volteó a ver a su esposo, él ya se había quedado dormido.
Ella había escuchado todos los chistes y comentarios acerca del matrimonio: Los esposos se hacen calvos, las esposas engordan, y el sexo ya no sucede porque las esposas pierden intereses y castigan a los esposos con la falta de sexo. Ese último lo había escuchado más seguido que cualquier otro chiste. Sonriendo de una manera frustrada y sacudiendo la cabeza, Dani pensó que a quienquiera que se le haya ocurrido ese chiste, no conocía su caso.
Suspirando de nuevo, Dani arropa a su esposo después de limpiarse e intenta dormirse también. Pero esa flama dentro de ella no se apagaba, aún estaba caliente, su cuerpo aún estaba sensible, un ligero rozón en sus pezones la hizo gemir silenciosamente, su vagina quería más. Mordiéndose el labio inferior, Dani comenzó a tocarse. Cerrando sus ojos para imaginarse mejores tiempos: Un Eduardo que la tomara y la hiciera suya múltiples veces, una verga dura que la penetrara una y otra vez, un amante que le besara el cuello mientras la penetraba y la sujetaba contra su cuerpo, otro amante que le deslizara una verga grande y dura en su boca para mantenerla callada mientras el primer amante la bombeaba sin piedad. Esa última fantasía hizo más que los esfuerzos de Eduardo habían hecho, llevándola al clímax sexual con un gemido ahogado.
Dani abrió sus ojos, Eduardo ya había comenzado a roncar. Ella siempre fantaseaba con Eduardo y sus mejores días, y eso siempre había sido suficiente para alcanzar el orgasmo, pero, ¿De dónde habían venido esos otros pensamientos? Dos amantes, hombres sin rostro, que le hacían lo que Eduardo nunca querría, o peor, nunca podría hacer. Pero eso era ridículo, solo era una fantasía y nada más, ¿Cierto?
Dani no lo sabía en ese momento, pero la flama que ardía dentro de ella pronto la pondrían a ella y a su familiar en un camino hacia las perversiones, el engaño, el placer prohibido, y quizás hasta el desamor.
(¡Este es el primer relato que publico en esta Web! Aunque tengo una visión de hacer una serie con los personajes aquí mencionados, no estoy muy segura de hasta donde llegaré o qué categorías usaré en el futuro, pero espero que les guste el relato. Desafortunadamente, no tengo una agenda que detalle cada cuando publicaré una entrega más, pero intentaré que no pase mucho tiempo entre una y otra).
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