Un solo día para cambiar una vida
Tras sobrevivir a un atraco, Carmen siente que su vida está muerta. En la comisaría, una mirada y una mano en la oscuridad de una furgoneta encienden una chispa prohibida. Esa noche, en una nave industrial, dejará atrás a su marido para entregarse a dos desconocidos en un acto de lujuria cruda que cambiará su destino para siempre.
Este es mi primer relato, espero no se me hayan pasado demasiadas faltas de ortografía y también espero que os guste
CAP 1
Sentada en ese suelo frío, nunca se había planteado su vida como lo hacía en esos momentos, Carmen a sus 37 años, con un hijo de 5 y casada desde hacía 7 estaba observando su vida como si fuese la de otra persona, con la perspectiva distorsionada de una situación que al levantarse por la mañana jamás pensó sufrir.
Se vio triste, anclada en una monotonía que no la llenaba; ella quiso ser madre, ella quiso casarse, en eso su marido se dejaba llevar, ninguna de las dos cosas, ni la de ser madre ni la de ser esposa la satisfacía, se encontró en esos minutos de tensión en los que temía seriamente por su vida, con una desconcertante clarividencia de cómo no quería seguir como lo había hecho hasta ahora.
Se encogió aún más en el rincón en el que estaba y la sangre que la rodeaba le pareció más roja que nunca, habría unas doce personas junto a ella, todas llorando o cabizbajas y durante varios momentos pensó que iba a morir allí en ese suelo frío de la entidad bancaria junto a desconocidos y estaba allí en ese preciso momento por culpa de su marido que era quien siempre hacía estas gestiones.
El ruido de las sirenas inundaba la calle, los dos atracadores le parecían sobrepasados por la situación, el vigilante sigue sangrando junto a ella no parece que su vida peligre pero no sabe cuanto podría aguantar sin atención médica.
Hace ya una hora que están allí sentados, el cerebro trabaja rápido, además del repaso a los últimos años y lo poco que le ha gustado su vida, empieza a fijarse en los demás rehenes, gente como ella, gente que al despedirse de su parejas o seres queridos esta mañana, no pensaron que podría ser la última. No sintió pena por no haberse despedido con un te quiero, ha salido con prisas y cabreada por tener que ir al banco, sabe que su marido la quiere, y sabe que sobre todo adora a su hijo, por un momento se ve en un segundo plano y rápidamente descarta ese pensamiento, es fruto de la situación se dice, la policía tensa mucho el ambiente los dos atracadores no parecen demasiado listos pero si lo bastantes peligrosos como para haberle disparado al pobre hombre que tenía junto a ella. Les piden que dejen salir al herido como muestra de buena voluntad, para poder atender a sus demandas y efectivamente no son muy listos, en vez de utilizar a uno de los rehenes, lo acerca a la puerta el más joven, cuando abre para que salga dos policías consiguen reducirlo y entran tres más en el banco apuntando al que quedaba que finalmente se entrega.
Carmen pudo escapar del revuelo mediático y de las preguntas de la Policía con el compromiso de que esa misma tarde, se pasaría por la comisaría para declarar y que así cerraran el informe.
Ya en casa se duchó, se hizo un café, solo eran las doce del mediodía.
Javier había recibido la llamada de Carmen, estaba muy nerviosa para hacerle un relato conciso, solo decía un atraco, un herido, mucho miedo, nada coherente, dijo que ya iba para casa y que no se tomara el café mejor un poleo menta o una manzanilla, Carmen pensó que llevaba razón, mejor una infusión, le gustó que pensara en ese detalle, quizá ayer mismo hubiese pensado que si le apetecía café, se tomaría un café, se dio cuenta de cómo le estaba afectando lo vivido en el puto banco
Javier llegó volando, catorce multas le podrían haber puesto, pero por teléfono la notó muy afectada, como coño no iba a estar afectada pensó, tenia un cabreo de mil demonios por que le hicieron pasar a su Carmen.
Casi le rompe dos costillas a Carmen del abrazo que le dio nada más verla, se separó de él molesta diciéndole un “que bruto eres hijo”, ya más tranquilos ella le fue contando todo lo que pasó en el banco, le sirvió para ordenar en el tiempo como fue pasando todo para la declaración de esa tarde en comisaría. Javier se llevaba las manos a la cabeza según iba contando y solo salía de su boca “que par de hijos de puta”, lo dijo por lo menos diez veces, incluso tuvo ella que tranquilizarlo diciéndole que ya veía que estaba bien, se deshizo en atenciones con Carmen que si quería acostarse, o comer algo, hasta un masaje se ofreció a darle, masaje que ella no quería porque luego no había forma de pararlo, indefectiblemente sus manos iban al culo y de ahí a querer tema era todo uno y no le apetecía para nada con lo que llevaba encima.
Por supuesto Javier dijo de acompañarla a comisaría que dejaría el niño en casa de un compañero del colegio, Carmen le dijo que mejor se quedara él con el niño, que no sabía cuánto iba a tardar, que allí estaban bastantes retenidos y que estaría más tranquila si sabía que ellos estaban en casa. La realidad es que lo encontró pegajoso, demasiado atento y la escusa del niño le sirvió para que la dejara respirar.
Llego a la comisaría pronto, pasadas las tres de la tarde, estaba nerviosa no sabía cómo le iba a afectar revivir los hechos delante de policías y no tenía ganas de pasar un mal rato, eran un montón de rehenes y los habían pillado, tan poco va a ser un interrogatorio, se iba diciendo para tranquilizarse.
Nada más entrar la acompañaron a una sala en la no estaba sola, allí estaban varios de los que sufrieron con ella el atraco esa mañana. Estaba una repelente mujer que solo quería acabar ya, un chaval muy joven con los cascos puestos, dos señoras mayores que todavía tenían el miedo en el cuerpo y un chaval y un hombre que parecían conocerse bien, el mayor de unos 45 años alto con entradas pero bien de físico y el más joven de unos veintitantos muy delgado, vestido con ropa de trabajo. Al poco tiempo de estar allí sabía que trabajan en la misma empresa, uno el jefe y el chaval en mantenimiento.
Carmen no era una belleza, tan poco era fea, su cuerpo si era algo que ella sabía que gustaba, excepto las tetas, tenía pocas y un poco caídas por la lactancia, si por ella fuese se habría operado el pecho, pero Javier decía que así eran perfectas y que se dejara de quirófanos. El culo era su mejor recurso era redondo y alto y según conque pantalones un imán de babosos, piernas robustas y no le sobraba ni un solo kilo. El caso es que el chaval joven no dejaba de mirarle las piernas, llevaba una falda corta, no minifalda, con algo de vuelo que al sentarse y cruzar las piernas se subía lo justo como para que fuese mirada y remirada.
La agente que les tomaba declaración era bastante agradable y lo que se preveía como un mal rato no lo fue para nada, acabaron pronto, antes de las cuatro y media estaban fuera. Alguien dijo de tomar un café junto a la comisaría, ella iba a pasar pero el chaval la volvió a mirar y después de la mañana que había pasado y el repaso a su vida se dijo que porque no.
Seis fueron a la cafetería incluido el chaval de mantenimiento y su jefe que estaba más al teléfono que en la conversación. Se contaron cosas, cosas que no se contarían antes de lo vivido, Carmen se dió cuenta que la gente después de una experiencia traumática empatiza mucho con quien sufrió lo mismo y la conversación se alargó casi dos horas, la gente se fue yendo y Carmen le devolvió un whatsapp a Javier diciéndole que la cosa se estaba alargando en comisaría. Se encontró que no quería volver a casa y contarle a Javier como había sido la declaración, se sintió cómoda con el chaval y cuando el jefe dejó el teléfono descubrió que tenía una conversación amena y que tenían muchos puntos en común.
Eran cerca de las siete y ya iba cada uno a su casa, Carmen fue en taxi, no quiso conducir, el chaval y su jefe tenían la furgoneta allí aparcada y la podían llevar, no le pareció mal. Cuando llego a la furgoneta era una con la parte de atrás sin asientos y sin acceso desde la cabina el asiento era como un sofá corrido para tres personas, tres personas que iban a estar muy juntas. Se quedó quieta al verlo, iba a poner una excusa pero el chaval le dijo que la nave de la empresa estaba a dos minutos y su jefe se iría con su coche, él la llevaría a casa y le sonrió de una manera que nunca llegó a pensar que le gustaría, antes de darse cuenta estaba en furgoneta entre el jefe que conducía y el chaval junto a la puerta.
Y en ese trayecto que le habían dicho que era de dos minutos, una mano fue a su muslo, acariciaba la piel entre sus piernas subía y bajaba desde la rodilla hasta rozar su entrepierna. Carmen se puso rígida miró al chaval y seguía mirando al frente, como si no fuera con él, pero la mano seguía acariciando su entrepierna, cerró los ojos y se encontró con su vida puesta patas arriba, como esa mañana se dió cuenta que si bien quería a su marido y por supuesto a su hijo, también quería vivir algo distinto, experimentar sensaciones que la Carmen de antes de ayer ni se hubiera planteado y así con los ojos cerrados, sintió otra mano en la otra pierna que también rozaba la tela del tanga y entonces, en ese preciso momento, se abandonó, se olvidó de Javier, se olvidó de lo que podría suponer romper esa familia y se dejó llevar por las sensaciones, sensaciones que hacían que flotara en esa furgoneta con dos hombres en los que ni en sus más íntimas fantasías habrían estado presentes.
CAP 2
Cuando entró en la nave, fueron directos a la oficina del jefe, estaba como en un altillo, y ni recordaba haber subido los escalones, su cuerpo era toqueteado, manoseado, palpado por cuatro manos que iban buscando carne desde la más absoluta lujuria. Ni siquiera podría haber alegado enajenación, Carmen estaba plenamente lúcida, se separó de ellos y dijo, “esto pasará solo esta vez, nada que yo no quiera va a pasar y es por lo vivido esta mañana que quiero experimentar lo que hasta ahora no he hecho”, los dos asintieron y ella se arrodilló le sacó la polla a los dos y empezó a comérselas a la vez, el chaval tenía una polla decente, más o menos como la de Javier pero el jefe tenía un pollón importante, chupaba y lamía la polla por todo el tronco y el glande, se metía los huevos en la boca pensaba, mira otra fantasía tachada de la lista me va a follar una polla como las del porno que he visto con Javier.
El chaval tuvo poco aguante, avisó de que se corría y Carmen supo que iba a tragar leche caliente, no era algo que le agradase, con Javier nunca llegó a tragarse una corrida, solía escupir siempre que en la mamada se le escapaba el primer tiro, lo demás, al vientre plano que tenía, a Javier le gustaba llenarle el ombligo de leche.
El jefe era distinto, tenía más tablas y sobre todo menos capacidad de recuperación, por eso paraba la mamada para no correrse. En el sofá la pusieron a cuatro patas y mientras el pollón se la follaba, le comía la polla al chaval para que se le pusiese dura, cosa que pasó en pocas chupadas, se dio cuenta que la polla del jefe era demasiado grande no entraba entera, le molestaba y no era muy placentero el bombeo, pero Carmen no dijo nada, tampoco dijo nada cuando empezó a azotarla y a decirle que menuda puta estaba hecha, y por supuesto tampoco dijo nada cuando le metió un dedo en el culo, no fue agresivo, iba tanteando luego otro y hasta que le follaron el culo primero el chaval, por el tamaño y luego el jefe, costó, porque le dolió un montón, pero con las dos pollas dentro de ella se corrieron los tres a la vez
Con Javier no había hecho nada de eso, no porque no lo dejara, sino porque le dijo que no encontraba placentero, ni tragar semen, ni que se la metieran en el culo, Javier no volvió a pedirlo, pero hoy era día de dejar a la esposa fuera y actuar como la nueva Carmen sintiéndose viva buscando un sexo que nunca pensó que le satisfaría
Junto al despacho había un baño con un plato de ducha bastante grande llevaban ya dos horas follando eran casi las diez de la noche y Carmen dijo que ya estaba bien, fueron al baño y Carmen se metió en la ducha con los dos, los tres sabían que aquello no había terminado, de pronto sintió por sus piernas un líquido caliente, se estaban meando sobre ella, los dos además y sin saber exactamente porqué, se agachó para que la mearan entera, sentía el líquido amarillo y muy caliente por su espalda por sus tetas, cogió la polla del chaval que ya estaba empalmado y el chorro le daba en la cara y se la apuntó a la boca dió dos buenos tragos y volvió a dirigir el chorro por todo el cuerpo, cuando acabaron se dio la vuelta, se metió la polla del jefe en la boca mientras este le cogía la cabeza y se la follaba, el chaval iba alternando culo y coño hasta que se corrió sobre ella, el jefe descargó en la boca y Carmen volvió a tragar semen. El pequeño baño olía a cuadra, entre los meados, la mierda que salía del culo de Carmen y el olor a sexo en una habitación cerrada. Se ducharon los tres por turnos y salieron de allí, el jefe se quedó cerrando la nave, o eso dijo y el chaval llevó a Carmen a su casa, eran ya las 11 de la noche.
En el camino de vuelta no hubo conversación alguna, Carmen se bajo dos calles antes de la suya por si acaso y además no tenían ni su móvil ni forma de contactarla.
CAP 3
Desde la furgoneta a la casa fue pensando que había pasado esa tarde y como había supuesto un punto de inflexión en su vida.
Al entrar en casa, Javier estaba esperándola con la cena hecha, el niño ya estaba dormido desde hacía horas y Carmen le dijo que había sido duro, que estaba cansada, iba a darse una ducha y vería si cenaba algo o se iba a la cama, tenía que ducharse si o si, Javier era un maniático de los olores, si detectaba un jabón distinto iba a preguntar seguro.
En la ducha empezó a rememorar la tarde de sexo con los dos desconocidos, y no se sintió cómoda, pero para nada le gustaba la sensación que tenía, recordar el sabor del pis, verse azotada, se miró el culo y lo tenía rojo aún, el esfinter dado de sí, le dolía horrores, y el pensar que fue ella la que se dejó hacer todas esas guarradas, sí, ahora le parecían guarradas, había ido a ver al niño y le dió un beso en la frente estando dormido, pensó que tendría restos de semen o de meados en la boca con que había besado a su niño y mientras se secaba tuvo una arcada y vomitó en el vater. Javier entró a ver cómo estaba, afortunadamente estaba con el albornoz puesto y no podría ver marcas en su cuerpo, le dijo que no cenara, que le haría una manzanilla, Carmen aprovecho para ponerse un pijama que no dejara nada que ver.
Se tomó la manzanilla con dos galletas y abrazada a Javier se durmió pronto.
Javier no pudo dormir nada esa noche.
A la mañana siguiente cuando Carmen se despertó Javier se había ido a trabajar y había llevado al niño al colegio, le dejó una nota avisándola. Carmen se había cogido el día, su jefa le dijo que no fuese hoy a trabajar y que descansase bien.
Y entonces justo en ese momento sola en casa, acostada en la cama, se dió la vuelta y le vino el olor de la almohada de Javier y la catarata de sentimientos encontrados era imposible de detener, todo aquello que le parecía una mierda con respecto a su vida ahora tenía todo el sentido. Lloró y lloró durante horas, se dió cuenta que el pollón del jefe le molestaba más que hacerla disfrutar, que los azotes no le provocaban ni el más mínimo placer, que el dolor que sentía en el culo aunque dejara de sentirlo por la práctica no era algo que le gustara ni llegaría a gustarle, como Javier en todos estos años siempre la había respetado, tenía el sexo que ella quería, de la manera que ella quería y con la frecuencia que ella quería y no podía quejarse, si por Javier fuese cada mañana tendrían su mañanero, jamás cuestionó su ropa, ni sus salidas con amigos y amigas y sobre todo jamás le sería infiel, aunque solo fuese por carácter, solía decir que, que pereza buscarse una amante y andar mintiendo e inventando, claramente no le merecía la pena, Carmen siempre le decía que era vago hasta para eso, no era vagancia Javier no necesitaba más, con Carmen, su Carmen, hasta el fin de los tiempos, y ella lo había mandado todo a la mierda por una tarde de sexo desenfrenado. Se maldijo mil veces, se dejó hacer de todo, hasta le metieron una figura decorativa por el culo mientras la follaban, les chupó el culo, le escupieron en la boca mil veces, se dejó retorcer los pezones hasta que se le saltaron las lágrimas recordaba las manos ásperas del chaval, tan distintas a las de Javier que eran tan suaves y todo porqué, por vivir algo que no quería dejar de sentir?
Tenía claro que eso no volvería a pasar, volvió a ducharse y restregarse el cuerpo con fuerza, se limpió el coño varias veces se enjuagó la boca otras tantas, y así de pronto, se dió cuenta que no usaron condones, ella tomaba pastillas y con Javier no necesitaba, pero en que coño estaba pensando!!??
Se vistió y fue a un laboratorio privado a hacerse pruebas para posibles ETS.
Carmen solo pensaba que no había podido caer más bajo, que Javier no lo merecía y que sin duda todo vino por la experiencia traumática del secuestro en el banco, tenía claro que no solo no le había compensado, sino que no tenía una sensación de haber disfrutado, la sensación era de angustia y miedo sobre todo mucho miedo si Javier se enterase.
Los días fueron pasando, volvió al trabajo y la rutina del día a día, esa que tanto detestaba y que ahora entendía que no podía vivir sin ella. Afortunadamente Javier no la buscó para tener sexo y las marcas de su cuerpo desaparecieron, el análisis reveló una infección vaginal que solventó con antibiótico y pasó un mes, un mes que le ayudó a entender que era muy querida como esposa y que el día a día tan monótono que vió al repasar su vida, estaba en su mano cambiarlo, recibir a Javier con lencería, un viaje de fin de semana inesperado, ver una serie pegada a él en vez de en la otra esquina del sofá, pequeños gestos que la llenaban de alegría y se encontró a sí misma pensando que de todo aquel día de mierda, podía sacar algo positivo, estaba más contenta, deseando llegar a casa, jugar con su hijo y disfrutar con su marido. Solo había un pero, en todo este mes Javier no la había buscado ni una sola vez y dándole vueltas era demasiado respeto, demasiado espacio para lo q le gustaba a Javier jugar con ella.
CAP 4
Cuando le llegó el whatsapp de Carmen que iba para largo, recordó que varias veces en situaciones de estrés o de tensión, un bocadillo de jamón le sentaba como Dios, serían casi las seis y media y no estaba detenida ni nada por el estilo, así que podría llevarle la cena, que apenas había comido. Fue al supermercado debajo de casa y compró pan caliente, recién hecho, tuvo que esperar un cuarto de hora a que saliera pero le mereció la pena, se llevó el pan a casa cortó un poco de jamón, que no tenga blanco como le gusta a Carmen, un poco de aceite en el pan, un tomate en rodajas, lo hizo dos trozos, los envolvió en papel de aluminio, echó dos servilletas por si el aceite manchaba, y una botella de agua, cogió al niño que le ayudó a hacer el bocadillo a mami y fueron en el coche a la comisaría, a llevarle la cena a Carmen, cuando se bajaron y Javier preguntó al agente que estaba en la puerta, puso cara rara, descolgó el teléfono, hizo una consulta y volvió para decirle a Javier que las declaraciones se tomaron a primera hora de la tarde y no quedaba nadie por declarar desde hacía ya un par de horas.
Javier se retiró de la puerta de la comisaría un poco contrariado y cuando iba a llamar a Carmen, la vió salir de una cafetería en la acera de enfrente de la avenida con dos hombres, uno mayor que ellos de unos cuarenta y tantos años y el otro joven con ropa de trabajo, como un mecánico o algo así. Iba a acercarse cuando se acercaron a una furgoneta y se subieron los tres con Carmen en medio, Javier sabe cómo son esas furgonetas y la forma de sus asientos. Cogió al niño en brazos, lo puso en su sillita y arrancó el coche para ir a casa, ya hablaría con Carmen después. No pretendía seguirlos ni nada parecido, pero vió a la furgoneta unos coches delante que tomaba un desvío que no era para nada el camino a su casa, Javier tomó el mismo desvío y vió cómo paraban en una nave rotulada como la furgoneta con un logo en naranja. Esperó, dió tiempo a que salieran, le dejó al niño su teléfono para que jugara y no estuviera pendiente de su estado de ánimo, a los veinte minutos de estar allí parado en un polígono en el que no había nadie, solo una luz encendida en lo que parecía el piso de arriba de la nave, Javier decidió irse, llegó a casa bañó al crío con esmero, disfrutó de sus risas, le hacía cosquillas al secarlo y poniéndole el pijama, la risa del niño era el mejor bálsamo, le dió la cena, comió algo con él y lo acostó, le leyó todos los cuentos que quiso hasta que se quedó frito. Volvió a la cocina, recogió todo y tiró a la basura el bocadillo de jamón Javier pensó que no volvería a comer jamón en mucho tiempo.
Tarde, muy tarde llegó Carmen, se fue directa a la ducha, Javier ni siquiera podría recordar la escusa que le dijo, la escuchó vomitar y le hizo una manzanilla, Carmen le pidió que se acostara con ella y se durmió pegada a él.
Toda la noche la pasó Javier pensando y lloró, le avergonzó hacerlo y posiblemente lo negaría en un futuro, pero lloró y no por que los hombres no lloran ni chorradas de esas, el problema es que lloró por Carmen y pensaba que no se lo merecía
No dejó de analizar cada día, por si era continuado el engaño o había sido algo puntual del día de hoy. La verdad es que no había lagunas de tiempo, siempre sabían donde estaban cada uno todo el tiempo, no era algo buscado, era natural en ellos buscarse mucho durante el día, comunicaciones frecuentes sin más interés que mantener el contacto, aunque se hubiesen visto hace un par de horas. Entonces que ha podido pasar? Buscó la empresa por si la habían contratado en el edificio, o en la empresa de Carmen, pero no, en su página web decía que llevaban el mantenimiento de maquinaria de frío industrial y ni por asomo su entorno tenía algo que ver con el frío industrial.
Ya entrada la madrugada, se dió cuenta de que el único hecho que se salía de su día a día era el atraco y además estaban frente a la comisaría, posiblemente la experiencia de estar cerca de la muerte habría llevado a Carmen a hacer lo que hizo, también es cierto que realmente Javier no había visto lo que hizo, se llamó a si mismo imbécil por dudar de su razonamiento, Carmen llegó dos horas después de entrar en la nave en la que él estuvo más de 20 minutos esperando, poco que añadir señoría, es culpable.
Las semanas fueron pasando y Carmen era otra, si bien los primeros días estaba apagada ahora estaba radiante, le dedicaba más tiempo al niño no descartaba hacer planes, estuvieron de fin de semana, las cenas tenían chispa, pero Javier era incapaz de intimar con su mujer, se esforzó en ello pero pensar en lo q allí pudo haber pasado le carcomía por dentro.
Había pasado ya un mes y era un mes sin sexo, que si bien no era un desesperado, si tenía sus necesidades y estando en casa con Carmen dormida en la cama y el en el sofá se metió en una famosa página de vídeos porno y mirando, mirando le salieron varios vídeos amateurs con malos enfoques y con actores que claramente no eran profesionales, había uno con buenas valoraciones de dos hombres y una mujer, pinchó para verlo como tantas veces lo había hecho con otros y no pudo dejar de mirar algo que le era familiar, las caras estaban pixeladas pero el cuerpo de Carmen lo conocería en cualquier sitio, además tenía la cicatriz de la cesárea que le hicieron porque no pudo ser parto natural.
Lo que Javier vió allí no lo olvidará jamás, como se desvivía por aquel miembro enorme y como se dejaba hacer sin queja alguna, vió como le daban por culo, como se la follaron los dos a la vez. como se tragó la corrida del más joven, como le escupían en la boca y encantada se lo tragaba, como le azotaban el culo y le retorcían los pezones, prácticas que a él ni por asomo le dejaría ni siquiera intentar. Afortunadamente Javier no vio lo que pasó en el baño, allí no debía haber cámaras, seguramente hubiese vomitado como lo hizo Carmen.
Y entonces, ese mes de infierno del q estaba saliendo con Carmen cada vez más implicada, más contenta, más atenta, cuando estaba dispuesto a dar por bueno aquello que pasara en esa maldita nave, porque iba a redundar en un mejor día a día con Carmen, se encontró que quizá no era tan buena persona como pensaba, por no poder dejar pasar todo aquello que había visto.
En su cabeza nunca habría sido un cornudo consentidor, pero llegó a entender que el hecho que provocó la infidelidad fue completamente extraordinario y cuando tienes una experiencia cercana a la muerte hay gente que cambia de religión, de trabajo, de vida y Carmen se dejó llevar por esa tarde y no volvió a hacerlo y posiblemente no volvería a hacerlo, pero Javier no podía borrar de su mente las imágenes y los sonidos de esa nave con aquellos dos.
Solo una semana después, la peor semana de su vida, Javier pidió el divorcio.
CAP 5
Para más inri le habían dado un golpe por detrás en el coche, no fue nada, solo el paragolpes y la luz de marcha atrás, pero Carmen se asustó porque podría haber ido con el niño, pensó que vaya racha llevaba, el caso es que el coche funcionaba perfectamente y unos días después el seguro la mandó a un centro de peritaje para le vieran los daños e indicarle un taller donde arreglarlos. Javier le preguntó si la acompañaba, podía pedir un favor en el trabajo para llevar él el coche, o ir con ella, pero Carmen agradeciendo el gesto, gesto que había tenido desde que se conocieron y ella dejó de valorar hasta la fatídica tarde, le dijo que no hacía falta, esa tarde cogió al niño, lo ató bien en su sillita y puso en el gps la dirección que le proporcionó la aseguradora.
Cuando llegaron había dos coches por delante y esperaron a que les indicaran, el pequeño dijo que a que esperaban otra vez allí. Carmen miró al niño y le dijo “como que otra vez”, el niño le explicó que ya estuvo allí con papá hace unos días, Carmen no recordaba que Javier hubiese llevado al niño por allí, seguían dentro del coche esperando y el niño pidió el teléfono a su madre igual que papá se lo dejó cuando estuvieron esperando tanto rato. Carmen volvió a preguntarle si sabía a quien esperaban y el niño no supo decirle solo que era aquella “casa” con la furgoneta con el dibujo naranja. A Carmen se le fue la vida en ese momento, tragó saliva y dijo que cuando fue eso, el niño dijo que una noche que ella no estaba y le hicieron un bocadillo de jamón, lo llevaron a la policia y el niño le dijo “pero ya no estabas, luego vinimos aquí, lo sé por la furgoneta con el dibujo naranja, papá me dejó el teléfono pero no vino nadie y nos volvimos a casa”
Y ese fue el fin de su vida como quería que fuese, ahora entendía la distancia de Javier, que no le tocase el culo al cruzarse en la cocina, que no quisiera meterse en la ducha con ella, que no apareciera como por casualidad en el dormitorio cuando se estaba cambiando, todo pasó a tener sentido y Carmen solo quería morirse
Hizo el trámite del seguro, le ofrecieron un taller en esa misma calle, ella pidió otro a diez km de distancia. Aún quedaba el volver a casa.
Y como Murphy dice, todo lo que puede ir a peor irá a peor. Cuando llegó a casa Javier no estaba, le llegó un whatsapp diciendo que esa noche se quedaría con sus padres y que mañana se verían y aquí las tornas se invirtieron, esa noche Javier en su antigua habitación logró quedarse dormido y Carmen en su cama no logró pegar ojo, ocupó el lado de Javier en la cama para intentar mitigar el dolor que le producía su ausencia
Por la mañana ya en el trabajo a Carmen le llegó por correo certificado una petición de divorcio de Javier, su todavía marido, con una petición de la venta de la casa común y la custodia compartida del pequeño y la vida de esa familia, como tantas de este mundo se deshizo por completo, Carmen no puso pegas, Javier no hizo sangre, no la acusó de nada, ambos sabían las razones, fue de los divorcios más civilizados que ambos bufetes de abogados habían llevado
Cinco años después ambos siguen igual, la relación es buena, se ven de vez cuando por el niño, nunca han tenido una diferencia con respecto a eso.
Javier ha tenido citas que no le han llenado ni la mitad de lo que disfrutaba simplemente acariciando y dándole a Carmen esos masajes que ella se dejaba dar, sabiendo que él no tenía ni idea de dar masajes y que era el preludio de un revolcón de casados enamorados y Carmen también ha follado sin disfrutar del sexo, ya tuvo sexo, toda una tarde de sexo y cuando lo tuvo, ya solo quería hacer el amor, lástima no haberse dado cuenta antes.
Los dos, Carmen y Javier son muy infelices, Carmen por dejarse llevar aún sabiendo lo que arriesgaba, bueno realmente no supo lo que arriesgaba hasta que volvió esa noche a casa y se dió cuenta de que lo que quería, lo tenía delante de las narices y Javier por no ser capaz de perdonar, por no poder borrar de cabeza ese maldito vídeo que le jodió la vida, sí, para Javier fue la visión del vídeo lo que le hizo dar el paso y divorciarse, la infidelidad le hizo plantearse muchas cosas y poner en una balanza cuanto podría llegar a perder por esa única tarde que hasta ver el vídeo la imaginó, pero no lo podía asegurar, a eso se llegó a agarrar, cuando vió lo que vió, no lo pudo soportar, su intimidad con Carmen nunca iba a ser la misma, durante un tiempo iría bien y pasado ese par de meses, el día q a él le apeteciese correrse en su boca ¿ella lo haría con gusto, lo rechazaría como otras veces y el le echaría en cara lo que la había visto hacer? Eso los destrozaría de verdad, al menos ahora la relación desde la distancia y con un hijo en común era la que debía ser. Además tampoco sería justo para Carmen convivir con un marido que no se entrega y Javier tenía muchos defectos, pero una vez que supo que Carmen iba a ser su Carmen, el resto del mundo pasó a un segundo plano.
Más que buscar culpables, segundas oportunidades o maneras de encontrar cómo sobrellevar la situación, la cuestión es; merece la pena quedarte anclado en esa relación que sabes, ambos saben en el fondo de su corazón, que no será lo mismo? podemos dedicar nuestra energía y predisposición a abrirnos a más gente?
Sobre el papel parece sencillo, pero la gestión de los sentimientos no tiene manual, ni hay tutoriales en YouTube, cada persona es un mundo y cada relación tiene un equilibrio que desde fuera no somos capaces de ver.
Y al final hay dos buenas personas que se quieren más, pero mucho más que tantos y tantos matrimonios de fachada, pero que saben que se rompió algo y ahí siguen, en un standby emocional que no los deja avanzar y ser felices de verdad.
Y es una pena, pero la vida es la que es y no queda otra que ser consecuente con tu sentir aunque te lleve a la amargura. Dicen que más vale penar por amor que no haber amado, pocos ejemplos mejores que este.
Un saludo
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