Mi ex, su novia y yo. 2
Roberto la esperaba en el restaurante, pero no para cenar. Isa llegó sabiendo que sería el postre, sin imaginar que el plato principal sería su propia degradación bajo la mesa, mientras su ex y su novia la observaban.
Todo el día esperando su mensaje. ¿Por qué no me escribe? Dijo que me mandaría las fotos como recuerdo… aunque no quiera nada, no dejaría pasar la ocasión de recordarme lo que había hecho. ¿Cómo pude hacer eso?
Tuve que lavar a mano el pantalón. No podía dejar que mi madre viese la mancha sospechosa en mi culo. Pobre taxista cuando vea el asiento…
No me quitaba de la cabeza lo que había hecho. ¿Cómo había caído tan bajo? Si se lo cuenta a alguien… No, no lo va a contar. No querrá que su novia se entere. Debería ser un consuelo para mí… pero no. ¡Maldita Nadia!
Eran las 11 de la noche y no me había escrito. Le había desbloqueado, pero él a mí no. Si algo me martirizaba más que haber perdido mi orgullo. Más incluso que el dolor de mi culo. Era haberlo hecho para nada… Así pues, sentada en el bidé, con el culo en remojo para aliviar la quemazón, le escribí.
- ¿Me debes algo no?
No hubo respuesta. Toda la noche pensando en él, odiándole, odiando a esa zorra. Había suplicado a mi ex para nada. Me había humillado, dejado que me rompiese el culo… Maldiciendo al cabrón de mi Roberto, y de lado por el dolor de mi trasero, me dormí.
- ¿El qué? – me escribió.
Me había desbloqueado y contestado. Era media mañana, había dormido todo lo que no lo hice ayer. Por suerte dejé el trabajo. Viviendo en casa de mis padres no lo necesitaba. Me hice la dura, me esperaría a contestarle. Una hora más tarde no pude aguantar y le escribí.
- ¿No sé… tú qué crees?
- No tengo ni idea. Yo creo que ayer ya te di todo lo que viniste a buscar. – me contestó, dos horas después.
- Dijiste que me mandarías las fotos.
Después de unos cuantos emoticonos descojonándose de mí, me envió las fotos. Aparecía yo de rodillas en su cama, con el tanga en la boca. Otras desde atrás, mi culo estaba muy abierto y su semen se derramaba de él. Estaba patética, pero faltaba el vídeo.
- Falta algo ¿no?
- ¿Qué pasa que quieres escuchar como gemías con el culo reventado y las bragas de otra en la boca?
¡Bien! Si me escribía así era porque estaba caliente. Lo malo es que a mí también me ponía que mi ex me dijera esas cosas. Pero no podía dejar que se diera cuenta. Aún me quedaba un poco de orgullo.
- Soy yo la protagonista del vídeo. Debería tenerlo yo, no tú.
- Y yo soy el director. De no ser por mí, tú no serías así de guarra.
- Te lo tienes muy creído…
- ¿Yo? ¿Por qué? ¿Porque mi ex viene a mi casa suplicando por mi polla?
Él muy cabrón estaba disfrutando. Era de esperar… había caído muy bajo… Me ardía el orgullo al ver su chulería, pero por otro lado… no sé… es complicado.
- Bueno vale. Tienes derecho a tenerlo todo. Pero yo también. Mándame todo lo que grabaste.
- ¿Cómo se pide?
- Por favor.
- Por favor, ¿qué?
¡Cabrón chulo de mierda! Siempre lo había sido como novio, mucho peor como ex. Debí echarme atrás, pero me gustaba demasiado. Me gustaba demasiado él. Y me gustaba demasiado esa sensación de estar a su merced.
- Por favor, Rober, ¿puedes mandarme los vídeos que me grabaste desnuda?
- Bueno… no está mal. Pero la próxima vez sé más explícita. Que quede claro que son los vídeos donde me suplicas que te folle como una perra cachonda y desesperada.
Mordiéndome los labios comencé a recibir los vídeos y varias fotos. Dentro de lo ridículo y humillante que me veía, estaba sexy… excepto las fotos donde se veía mi sexo sin depilar. Al verme de rodillas hablando a cámara comencé a calentarme. Necesitaba repetir aquello. Volverme a sentirme así de caliente. Tan desesperada por una polla. Tan sumisa de ese cabrón que era mi ex.
- ¿Cuándo vamos a repetirlo? – escribí sin querer pensar lo que estaba haciendo.
- ¿Ya echas de menos mi polla? ¿O es el coño de mi novia el que te tiene loquita?
Era el momento para bloquearle y mandarlo todo a la mierda. Pero ya era tarde. Ya me había encendido. Mi cuerpo me pedía volver a estar con él. Que jugase conmigo. Ser su juguete para su diversión y mi placer.
- Deberías probar el mío. Ya está depiladito, como a ti te gusta.
- ¿Sí? ¿Te has depilado para mí? Enséñamelo.
¡Mierda! Era mentira. Entre echarme pomada en el ano y pensar en él, no había tenido tiempo para depilarme. Ahora no podía, esa cantidad de pelo me llevaría un buen rato y necesitaba la maquinilla eléctrica de mi padre. Pensándolo bien…
- ¿Quieres verlo? Pues quedemos. Lo podrás ver, tocar, saborear…
- Ya sé que puedo hacer todo eso. Eres mía. Por eso quiero que obedezcas y me mandes una foto.
- Si lo quieres, ven a buscarlo.
No contestó. Ni en ese momento ni en toda la mañana. En cuanto pude me depilé. La verdad que estaba muy sexy, rosadito, mojado, muy mojado… Estaba muy cachonda… Fui a mi habitación y me desnudé frente al espejo. ¡Joder estoy muy buena! ¿Por qué prefería a esa morena? Sí… ella también tiene un buen cuerpo. ¿Las tetas? Parecían grandes y firmes, seguro que operada… Era guapa sí… Sin darme cuenta mis manos acariciaban mi piel. Una amasaba mis pechos con fuerza y la otra recorría con mimo la parte recién depilada. ¿Me estaba tocando pensando en él o en ella?
No pude más, me tumbé en la cama y continué. Me tocaba muy despacio, acariciándome sin prisa. Quería ponerme muy cachonda, llevarme al punto de perder la cabeza. Como me pasaba con él. No lo conseguí, pero quedé muy cerca. Me faltaba algo, me faltaba él. Su morbo, su chulería, su imaginación. Sabiendo que perdería la batalla, de una guerra que nunca podría ganar, lo hice. Me hice una foto tumbada en la cama, con el móvil entre las piernas, asegurándome que se me viera entera. Quería mi coñito depilado en primer plano. Pero me ponía muy cachonda que me viese completamente desnuda. Que me viese la cara…
Vio la foto, estaba en línea. Pero no escribía… Seguí tocándome viendo la pantalla del móvil. Revisaba la conversación, leyendo sus frases chulescas y dominantes. Viendo como yo me dejaba vacilar por mi ex. Viendo las fotos que me había mandado sin entrar en ellas. No quería perderme el mensaje. ¿Por qué no contestaba? ¡Joder estaba muy cachonda! Tenía que tocarme muy despacio para no correrme. No quería hacerlo todavía. Quería seguir así de desesperada para él. Para contestar como a él le gustaba. Y llegó el mensaje.
- Definitivamente, mucho mejor así sin pelos.
- Es tuyo. Ven a por él.
- Hoy no puedo. He quedado con Nadia. Nos vamos a cenar. Ya hablaremos.
Y así me dejó. Desnuda y espatarrada en mi cama, con cara de imbécil. Ni siquiera me apetecía seguir tocándome, mi excitación se vino abajo. Había pasado de mí. ¡Otra vez! ¡Pues que le den! Lo tenía muy claro. En ese momento al menos. Después vino una idea a mi cabeza. No podía hacer eso. No debía… La idea daba vueltas y vueltas cobrando más intensidad. Más peso en mi acalorada cabecita. Era caer muy bajo, pero después de todo… Era lo único que funcionaba con él.
Eran las 8 de la tarde. Si habían quedado para cenar no tenía mucho tiempo. Mis manos temblaban con el móvil en ellas. ¡Era ahora o nunca! Así me mentí a mí misma. La verdad es que no podía resistirme. Le necesitaba. Tenía que desencantarle de esa zorra. Y sabía cómo hacerlo.
- Me dijiste que podría limpiarte la polla después de follar con ella. ¿Sigue en pie esa promesa?
- ¿Vendrías a mi casa a limpiarme la polla después de follar con ella? No te voy a follar. Solo vienes, me la chupas y te vas.
- Sí. – le contesté, siendo consciente que quedaba a la altura de una zorra desesperada.
- Me alegra saber eso. Pero tengo un plan mejor. Nadia me acaba de decir que no puede quedar hoy. Y ya tengo la reserva hecha. ¿Quieres cenar conmigo?
Grité tan alto que mi madre se asustó. Por supuesto dije que sí y como un torbellino me duché y preparé para mi cita. Me puse el vestido más elegante y a la vez más sexy que tenía. Un vestido negro con un buen escote, ceñido, muy ceñido. Y tan corto que si se caía algo tenía que dejarlo en el suelo. Los tacones más altos y sensuales que tenía. Tuve en mis manos un precioso conjunto de lencería negro. Pero conociendo sus gustos como los conocía. Me decanté por algo más sencillo, pero mucho más morboso.
Llegué al romántico restaurante 15 minutos antes de la hora acordada. Pensé esperarle fuera, pero en mi afán con sorprenderle no traje abrigo ninguno. Fui muy decidida a pedir nuestra mesa reservada, pero no había ninguna con su nombre. No podía hacerme pasar por Nadia, pues no sabía su apellido. Pero esta noche sí que me haría pasar por esa zorra en la cama de mi amado Roberto.
Fui a la barra y pedí una copa de vino. No me gustaba mucho, pero la última vez que lo tomé me fue bastante bien. Qué raro… Rober llegaba tarde. Él era muy puntual. Miré mi móvil y tenía un mensaje suyo.
- Lo siento, Isa. Al final Nadia ha podido salir antes del trabajo. No puedo decirle que no. Otro día será…
No podía ser. ¿Cómo podía hacerme esto? Me había escrito hacía 10 minutos. ¡Cabrón hijo de puta! Me quedé con el móvil en la mano sin saber que contestar. Lo mejor sería salir de allí antes de que me viese. De que viese lo guapa que me había puesto para él, para nada. Apuré la copa de vino y mi móvil vibró.
- Estás preciosa. Si llego a saber que estas tan guapa, quizás le hubiera puesto una excusa a Nadia.
- Eres un cabrón. No soy el segundo plato de nadie. – le contesté, sin poder evitar sentirme halagada por su piropo.
- Si te quedas y eres buena, puede que seas el postre.
¿Qué pretendía ese cabrón? ¿Qué me quedase allí viendo cómo cenan? ¿Cómo iba a ser el postre? Si estaba con ella… ¿Qué quiere decir con lo de ser buena? ¿Qué juego tiene en mente? No podía… no iba a quedarme allí… Los vi sentarse, justo frente a mí. A unos 5 metros tenía los ojos de él y la espalda de ella. Pedí otra copa de vino.
Míralos… como se acarician las manos… Como le sirve el vino… Sus risitas… ¿Sí? ¿Quieres que te vea como cenáis acaramelados? ¡Pues te vas a cagar! Apurando mi copa ya le había mandado por lo menos 10 mensajes. ¡Explícale a tu novia quien te escribe tanto, cabrón!
- No te enfades. Estas preciosa esta noche. Levántate, quiero verte. – me escribió.
¿Quieres verme? Pues muy bien. Bajé del taburete y posé para él. A espaldas de su novia le mostré como el vestido marcaba mis curvas. Me di la vuelta y dejé que viese mi culo ceñido por esa finísima tela. ¡Sufre disimulando! Tus ojos no pueden evitar clavarse en mi cuerpo.
- Estas increíble. Me pone mucho como se te marca el tanga con ese vestido tan apretado. Enséñamelo.
¿Qué dice? ¿Como le voy a enseñar el tanga en medio del restaurante? Le dije que no con la cabeza y no volvió a mirarme. Hijo de puta… La tercera copa estaba haciendo efecto. Solo podía pensar en él. En lo que podía pasar después si conseguía llamar su atención. Si conseguía que me eligiera a mí para pasar esa noche en lugar de a ella.
- Está bien. Pero mira. – le escribí.
Después de unos minutos miró el mensaje. Sus ojos volvían a seguirme, disimulando para ella. Dejé caer una servilleta. Me puse de espaldas a su mesa y muy lentamente me agaché sin doblar las rodillas. Notaba como el vestido subía por mis nalgas, dejando buena parte de mi culo al descubierto. Con una sensación extraña, medio de vergüenza extrema y también excitación, recogí lentamente la insignificante servilleta y me fui levantando poco a poco. Ya erguida miré por encima de mi hombro y le vi sonreír. ¡Lo tenía! Bajé mi vestido, que seguía mostrando la mitad de mis cachetes a todo el restaurante y me senté. No quería ver a nadie. Me moría de vergüenza. Pero esa exhibición me había encendido.
- ¿Contento?
- Mucho. Un culo precioso. Pero no he podido ver el tanga. Lo tenías bien metido en ese culazo que tienes. Quítatelo y me lo das. Nadia va a ir al baño.
- Vale. Voy a quitármelo. – le contesté emocionada.
- ¡No! Quítatelo ahí. Nadia va a ir ahora mismo. Luego no podrás dármelo.
Estaba loco, no podía hacer eso allí. Di un repaso a mi alrededor, tenía a varios que no me quitaban ojo. Seguro que habían visto como enseñaba el culo al agacharme y no querían perder la ocasión de que lo repitiera. Era imposible hacerlo disimuladamente con tanta gente alrededor mirándome. Vi como Nadia hacia el amago de levantarse, pero Rober la detuvo agarrando su mano y diciéndole algo. Me miró. Sus ojos ordenaban que me lo quitase de manera inconfundible. Dejé clavada mi vista en él. Y mirándole a los ojos, me puse en pie junto a mi asiento y metí mis manos bajo la tela del vestido. Bajé el tanga hasta los muslos y me senté para terminar de quitármelo. Mis piernas parecían más largas de lo normal. Los nervios hicieron que el hilo del tanga quedase enganchado en uno de los tacones. Y por fin lo tuve en mis manos.
Justo en ese momento Nadia se puso en pie. Cerré mi puño mientras la miraba embobada caminar. Pasó justo a mi lado, me sonrió. ¡No puede ser, no me conoce! Claro, la estaba mirando. Pensaría que soy medio tonta. O quizás que soy lesbiana y me gusta. ¡Pues que te den, tetona esmirriada! ¡Mientras tú meas, yo voy a darle mi tanga a tu novio! Esperé a que llegase al pasillo de los aseos y fui directo a la mesa.
- Quizás te resulte familiar. – le dije a Rober, entregándole el tanga.
- ¿Es el suyo? Eres una ladrona morbosa. – me dijo, al ver el tanga de Nadia que me llevé de su casa.
- Pensé que te gustaría. Ahora también tiene mi aroma. – le contesté, con voz sensual.
Su sonrisa dejaba claro que había acertado. Pensaba que viese la sorpresa sobre mi cuerpo desnudo, pero él lo quiso así. Dejó caer el tanga al suelo mientras me miraba con esa media sonrisa de tener algo en mente.
- Cógelo y así me enseñas lo otro que tienes para mí.
Sabía lo que quería. Agachándome de cuclillas sobre mis tacones, recogí el tanga de entre sus pies. En esa postura y con mi corto vestido, podía ver el chochito que había depilado para él. Estuve en esa posición bastante más tiempo de lo que sería normal. Podía sentir sus ojos entre mis muslos, haciendo que aquello que miraba se calentase. Justo lo que quería. Que desease mi coñito y se olvidase del de esa zorra.
- Ya viene. No te levantes. – me dijo nervioso.
- ¿Qué? – fue todo lo que atiné a decir por los nervios.
- Metete bajo la mesa. – dijo empujándome suavemente con sus manos.
Hice lo que me dijo, sin tiempo a distinguir si era una broma o era verdad. Pero a los pocos segundos escuché la silla de Nadia moverse y seguidamente sus piernas entrar conmigo bajo esa mesa. Debía estar blanca como la cal. ¿Dónde coño me había metido? Por suerte las mesas de ese lujoso restaurante tenían unos manteles largos que llegaban casi al suelo. Pero no podía quedarme allí toda la cena. Me alejé todo lo que pude de las largas piernas de ella, escondiéndome entre las de él. Vaya cenita romántica…
No me lo podía creer. Hablaban tranquilamente conmigo allí debajo. El cabrón de Roberto era un gran actor. Pero era mejor guionista, seguro que lo tenía todo pensado… Quería humillarme de la manera más cruel y denigrante. Estando a sus pies bajo la mesa donde ellos cenan. Viendo las desnudas piernas de su novia, mientras ellos cenan tranquilamente.
Parecían no tener prisa. Mientras ella halagaba lo buena que estaba la comida, yo sufría por mis rodillas y con un hambre del carajo. Se suponía que yo iba a estar ahí sentada, disfrutando de esa deliciosa comida con mi querido Roberto. Sentí la mano de él acariciar mi pelo, suavemente, varias veces. Como un perro… ¿Ahora era su perrita? Debajo de la mesa… no era un símil tan dispar. Su mano se apartó de mí y seguidamente volvió. No me lo podía creer. ¡Traía un trozo de comida entre sus dedos! Me estaba dando de comer como una atentica perra. Tuvo que ser el hambre. O la borrachera que llevaba por el vino. Por eso cogí la comida de sus dedos con mi boca. Y la misma justificación daré para chupar sus dedos como gesto de agradecimiento por alimentar a la perrita de debajo de la mesa. No… no me estaba excitando con eso… No…
La operación se repitió un par de veces de idéntica manera. Yo comiendo de su mano, entre sus piernas. Y luego limpiando sus dedos con mi boca, mientras escuchaba sus risitas de tortolitos. Hasta que dejó de llegar comida y con ello, la atención por su parte. Ellos hablaban muy acaramelados. Pasando de mí. ¡Pues eso se iba a acabar! Comencé a acariciar el muslo de mi ex. Subiendo mi mano hacia su entre pierna. Si no me daba de comer, lo cogería yo misma.
A medida que mis caricias abultaban su pantalón, su conversación comenzaba a ser más escueta. No podía concentrarse. Bajé la cremallera y metí mis dedos, no tardé en encontrarlo. Bajo aquella mesa, saqué el pene erecto de mi ex y comencé a chuparlo mientras él cenaba con su novia. Con mi boca llena dejé de prestar atención a la conversación. Hasta que algo que dijo me hizo levantar las orejas como un cachorrillo.
- Quítatelo y dámelo. – le dijo él a Nadia.
Sin sacar mi presa de la boca, miré hacía ella. Sus manos entraron bajo la mesa y vi como subía su vestido lo suficiente para llegar a su ropa interior. Poco a poco fue bajando un tanga rojo por sus muslos hasta sus piernas, para acabar sacándolo igual que había hecho yo en la barra del bar. Adecentó un poco su vestido, pero quedo todavía algo subido. Lo suficiente para que yo pudiera ver claramente su sexo desnudo.
- Buena chica. – escuché como le decía a su novia.
- Eres un guarro… pero me pone mucho que lo seas. – le contestó ella.
- Y solo hemos empezado. Abre bien las piernas. Siente el airecito entrar entre tus muslos. – dijo él.
Con una mamada lenta fui testigo de como ella obedecía. Subía otro poco el vestido y separó bien los muslos. Ahora sí que podía verlo todo. Era cierto… todo lo que me dijo en su casa era verdad. Rosadito, cerradito, precioso…. Y muy mojado. La muy guarra estaba empapada. Como yo…
- Acaríciate bajo la mesa. Juega con él. Ábrelo, pasa tus dedos suavemente por tu humedad. – le dijo a ella. ¿O era a mí?
No lo tenía claro. Hablaba con ella. Pero yo también estaba allí, con su polla en mi boca, viendo como su novia obedecía sus órdenes y comenzaba a acariciar y separar sus labios mojados. La imité. En mi cabeza esas ordenes eran para mí. O para ambas. Levanté lo poco que le faltaba a mi vestido para quedar en mi cintura y lo hice. Mirando como ella se tocaba. Imitando sus caricias en su rosadito chichi.
- Recoge con tu dedo lo que emana de ti y pruébalo. Veras como es más delicioso que cualquier plato de este restaurante. – decía mi ex, con esa voz ronca y sensual.
Ella lo hizo, recorriendo su rajita con la yema de su dedo, profundizando solo un poco. Yo hice lo mismo. Cuando su mano salió de debajo de la mesa, yo llevé mi dedo a mi boca. ¡Estaba delicioso! ¿Mejor que él suyo? Esa duda me mataba. ¿Por qué pensaba en su sabor? ¿Por qué seguía mirando ese brillante y rosado coñito? Entonces vi como su pierna se estiraba hacía a mí. ¿Me había descubierto? ¿Había hecho mucho ruido? Como pude me agaché en el suelo y vi como su pie descalzo iba en busca de lo que había sido mi comida.
- Pero bueno… No sabía que estabas así. – dijo ella, sorprendida a encontrarse la polla de su novio erecta y fuera del pantalón.
- Como tú me pones, amor. – contestó el muy cínico.
Tirada en el suelo, con el vestido remangado, tuve que ver como ella acariciaba lo que era mío. Esa polla que tanto deseaba. Esa zorra llevó su otro pie allí y comenzó a pajearle, por encima de mí. Literalmente le estaba pajeando con sus pies por encima de su exnovia. ¡Hija de puta! ¿Por qué seguía tocándome?
- Pidamos los postres y vayamos a un sitio más íntimo. – dijo él.
- Él único postre que quiero, lo tengo en mis pies ahora mismo. – contestó ella.
¡Yo era el postre! Me lo había prometido. Escuché como pedían la cuenta. Ella dejó de masturbarle y Rober guardó como pudo su arma en los pantalones. Me había quitado lo que tanto deseaba. Esa zorra me lo había robado. Pagaron y vi como las sillas se movieron. Me dejaron allí, sola, debajo de esa mesa y completamente cachonda. Como un topillo saqué la cabeza por debajo del mantel. Tenía que salir sin que nadie me viese. Entonces vibro mi móvil.
- Te he dejado un regalo en mi silla. Póntelo y ven al baño de mujeres.
Saqué mi mano y palpé el asiento. Recogí lo que había. El tanga rojo de Nadia. ¡No me lo podía creer! Quería que me pusiera el tanga que acababa de quitarse su novia. Era un guarro. ¿Pero quien era yo para juzgar? Me lo puse como pude allí escondida. Y con otra mirada furtiva salí corriendo de debajo de esa mesa.
Aunque me hubiera gustado decir que no me vio nadie, no fue así. Las miradas me siguieron hasta el pasillo de los aseos, mientras yo recomponía mi vestido, con ese tanga rojo debajo. Entré intentando no hacer ruido, pero pronto fui yo quien lo escuché. Unas risitas de mujer en el ultimo reservado. Fui al penúltimo y entré.
- Nos van a pillar. – decía ella.
- Pues seguro que no encuentran este plato en la carta. – contestó él.
¡Se la estaba chupando a mi lado! Me estaba devolviendo lo que yo había hecho bajo la mesa, sin ella saberlo. ¡Pues vas a tragar mis babas, zorra! Puse toda mi atención en escuchar lo que allí pasaba, sin poder verlo. Con tan solo el característico sonido de una mamada muy salivada con buenos chupetones de vez en cuando. En mi mente imaginé su carita de niña buena tragando ese rabo gordo e hinchado. La chupaba bien, muy bien. Su carita desencajada y llena de babas. Estaba mojando su tanga… otra vez….
- No puedo más. ¡Fóllame por favor! – escuché la voz de Nadia.
Le estaba pidiendo lo mismo que yo en su casa. Lo que no me quiso dar. Unos ruidos de movimientos y distinguí un jadeo de mujer. Lo estaba haciendo. Estaba follándose a su novia en los baños del restaurante, conmigo a su lado. ¿Para esto quería que viniese? ¿Para escuchar como se folla a otra? Cogí el móvil para mandarle a la mierda, pero antes de poder hacerlo me llegó una foto. Era ella, agachada contra el wáter, con el vestido remangado y su polla entrando en su rosado coñito. Ni siquiera se había quitado el tanga. ¡Espera! ¿Qué tanga? Si yo llevaba el suyo. Era negro, el mío, el suyo. El que yo me había quitado para él. La estaba follando con el tanga que yo le había dado empapado.
- Ella va a mojar tu tanga. Tú moja el suyo. – me escribió, mientras follaba a su novia.
Debí mandarle a la mierda y salir de allí. Sí… eso debí hacer. Porque agacharme sobre la taza con el vestido enrollado en mi cintura, como ella, no estaba bien. Igual que no lo estuvo tocarme en esa posición escuchando como ella jadeaba de placer a mi lado. La follada fue brutal. El chapoteo de su coño taladrado inundó todo el aseo. Por suerte no escuché a nadie. Podía desear que llegase alguien y les interrumpiera el polvo. Pero también me cortarían a mí. Y estaba disfrutando muchísimo solo con mis dedos, frotando como loca por encima de ese tanga de encaje rojo. Irritando mi recién depilado coñito. Recibí otro mensaje.
- No te corras. Te quiero desesperada para mí.
- No lo haré. Pero necesito lo mismo que le estas dando a ella.
- Pórtate bien y lo tendrás.
Con una mezcla de frustración y alegría, continue tocándome, sabiendo que no podría correrme. Mis dedos frotaban con ansia, para luego detenerse cuando me acercaba. Fue una tortura larga, escuchando como ella gemía de placer y yo denegándome mis orgasmos. Pero más lo fue cuando la escuche gritar como una loba. Se corrió siendo follada por mi ex. Y yo tuve que retener el orgasmo mordiendo mis labios. ¡Que desesperación!
Mientras escuchaba como se besaban miré mi móvil. Un mensaje suyo decía que me quitase el vestido. ¡Bien! Iba a darme lo prometido. En dos segundos me quede solo con el tanga y los zapatos. Él le dijo que saliera primero y se asegurase que no entraba ninguna mujer. Escuché como se abría su puerta y los tacones de ella andar hasta salir del baño. Acto seguido se abrió mi puerta y rápidamente me sacó de allí, para meterme en el mismo cubículo donde acababa de follar a su novia.
- Estas muy cachonda. – me dijo, metiendo su mano dentro del tanga.
- Por tu culpa. Tú eres el responsable, debes solucionarlo.
- De momento, haz lo que prometiste que harías cuando acabase de follar con mi novia.
Su polla estaba fuera del pantalón, aun tiesa. De cuclillas sobre mis tacones, agarré su miembro recién salido del coño de Nadia. Ahora no había ninguna duda. Lo había escuchado, lo había visto. Acababa de follarse a otra. Esa zorra se había corrido con su polla. Pero estaba muy cachonda para pensar con sensatez. Abrí mi boca y comencé a chupar, limpiando la polla a mi ex, del coño de su nueva novia.
El sabor era evidente. No como la última vez, estaba fresco, recién mojado. Estaba probando el coño de esa mujer. Y me gustaba. Chupé con voracidad y sin darme cuenta estaba tocándome delante de él. En poco más de un minuto tuve que parar para no correrme. Solté desesperada su polla y me agaché sobre la taza, de la misma manera que acababa de estar su novia antes. Deseaba que me follase igual que a ella.
- No puedo más. ¡Fóllame por favor! – le dije, repitiendo la frase que a ella le había funcionado tan bien.
- Ahora no puedo. Me esta esperando para llevarla a casa. Síguenos y te daré tu postre.
Salió corriendo dejándome allí, desnuda y cachonda. Fui a salir, pero escuché como alguien entraba. Cerré la puerta y quedé escondida en aquel retrete, con mi vestido en el de al lado. Escuché cerrarse una puerta, había entrado para hacer sus cosas. Salí para recoger mi ropa, pero cuando fui a abrir la puerta…
- Ocupado. – dijo desde dentro con rin tintín.
¡No podía ser! Volví a esconderme nerviosa. No sabía dónde vivía Nadia. Si no me daba tiempo de salir para seguirlos, los perdería. La mujer no sé qué estaba haciendo, pero tardaba mucho. ¡Y yo desnuda! Me desesperé. Salí de nuevo y golpeé la puerta.
- ¡Ocupado!
- Me da igual. Solo necesito el vestido. – contesté de malas formas.
La puerta se abrió y apareció una mujer de unos cuarenta años con mi vestido en la mano. Se quedó ojiplática al verme desnuda frente a ella. Cogí el vestido y me lo puse mientras salía corriendo de aquel baño. Como un miura esquive clientes y camareros hasta estar fuera. Vi como Rober y Nadia se besaban mientras esperaban a que el aparcacoches hiciera su trabajo. Un taxi llegó con una pareja, corriendo me subí a él.
- Siga a ese coche, por favor.
La misma excusa de la otra noche me sirvió para esta. Pero el camino fue más largo. Llegamos a una urbanización de pisos en la periferia. No había nada alrededor más que viviendas. Ellos aparcaron y entraron en un portal. Con la experiencia adquirida y no queriendo gastarme mis pocos ahorros en taxis, pagué y salí a la calle.
Con ese minúsculo vestido me moría de frío. ¿Cuánto tardarían? ¿Echarían otro polvo? No puede ser… Esa zorra no dejaría nada para mí. Le escribí, pero no hubo contestación. Pensé en llamarle… pero podían descubrirle. ¿Por qué estaba cubriendo su infidelidad? Debía subir ahora mismo y presentarme en casa de esa zorra. Que supiera lo que su amado Roberto estaba haciendo a sus espaldas. Así me libraría de ella. Pero le perdería a él para siempre…
Tiritando de frío vi cómo se encendía la luz del portal. Poco después apareció él. Rober me hizo señas para que entrase. ¿Estaba loco? ¿Cómo iba a entrar en la urbanización de su novia? Lo hice. Llevándome de la mano recorrimos el amplio recibidor. Pensé que íbamos al ascensor cuando le vi abrir otra puerta. Era el cuarto de basuras…
Según entramos me besó con pasión. Olvidé en el acto que estaba rodeada de contenedores de basura. Incluso que estábamos en el edificio de su novia. Me dejé llevar por su frenesí. Mis manos nerviosas no eran capaces de desabrochar los botones de su camisa. No había terminado con eso, cuando el ya sacaba por mi cabeza mi vestido, dejándome como en aquel baño.
Fui directa a lo importante. En cuanto tuve en mis manos aquella barra caliente mis rodillas comenzaron a flaquear. Era como si mi cuerpo me pidiese llevármelo a la boca al ver su miembro. Pero él no me dejó. Ya estaba yo agachándome, cuando me cogió y me dio la vuelta, para después empujar mi espalda hacia delante. Quedé con mis tetas aplastadas contra la tapa del contenedor. Sentí como apartaba el tanga rojo de Nadia y el calor de su hombría empujando en mi depilada feminidad. Me iba a follar sobre el cubo de reciclaje.
Y así fue. Su miembro entró en mí y tuve lo que tanto había añorado. Sus manos agarraron mis caderas y comenzó a bombear más fuerte. Salvaje, animal, feroz. Mi cuerpo no podía aguantarlo. Mis tetas se restregaban sobre esa tapa amarilla del contenedor. Mis piernas prácticamente colgaban por encima del suelo. Solo la basura y sus fuertes brazos evitaban que acabase contra la pared de enfrente. Era una locura. Y lo que empezó siendo unos jadeos controlados para no despertar a los vecinos de su novia, se volvieron aullidos de placer.
Tirando de mi pelo me hizo ponerme en pie. Siguió taladrándome, mientras una mano apretaba uno de mis pechos y el otro tapaba mi boca. Me volvía loca esa vigorosidad, sentir como mi cuerpo se balanceaba como un trapo por sus embestidas. Entonces vi como abría la tapa del cubo de basura. No me hubiera fijado en ese detalle estando tan cerca de mi ansiado orgasmo. No, si no hubiera acabado yo dentro. Con la misma fuerza que me sujetaba, me volvió a doblar hacía el cubo. Mi tronco quedó dentro, con mi cara aplastando una bolsa de envases y briks. Intenté levantarme, pero cerró la tapa sujetándola desde fuera.
Y así, a oscuras, con mi cara dentro de un cubo de basura, me folló hasta que aullando como una loba me corrí con su polla clavada hasta el útero. Me dejó así un rato, encerrada dentro del cubo, empalada con su polla inmóvil. Cuando él quiso, como es costumbre, abrió el contenedor y me ayudó a salir. Estaba roja como un tomate. Exhausta y sudada por la tremenda follada y el intensísimo orgasmo. Pero él no se había corrido. Y eso para mí era mi premio. Mi medalla por un trabajo bien hecho. Mi razón de ser. Me arrodillé y fui directa a chupársela, pero no me dejó.
- No puedo. Tengo que irme. – me dijo, guardándose mi postre.
- ¿Qué? ¿No quieres correrte?
- No tengo tiempo. Pero no te quejes, que tú si lo has hecho.
- Sí… pero tú no… Y si no lo haces… no es lo mismo.
- Da igual. Otro día.
- No, no da igual. ¿Por qué no te quieres correr? ¿Por ella? ¿Te ha dejado seco y no hay nada para mí? ¿O es que no te gusto? ¿No te pongo cachondo como para correrte en mi boca? ¿En mi cara?
- No seas pesada. Ya te he dado lo que querías. Ahora me voy.
Abrió la puerta de aquel cuarto de basuras y se dispuso a salir. Yo le detuve. No podía entender que no quisiera correrse. Que no quisiera disfrutar conmigo. Forcejeamos y salió al portal. Yo le seguí, desnuda con mi vestido en la mano.
- Eres un cerdo. Solo me estas utilizando. No me quieres. Ni siquiera te gusto. Me has follado por compromiso.
- Por favor, Isa, baja la voz.
- Me da igual que se entere tu novia. ¡Me has follado en el cuarto de basuras! Y no quieres correrte en mi cara. ¡Pasas de mí! Eres un cabrón. – le grité fuera de mí.
- Isabel, por favor… los vecinos… - decía él, mientras andaba hacia la calle.
- No te vas a ir hasta que te corras. O hasta que reconozcas que no te pongo cachondo. – le dije, sujetándole del brazo.
Con un movimiento rápido se soltó y cogió mi vestido. Yo me puse delante de la puerta de la calle desnuda como estaba. No iba a permitir que se fuese. Había perdido la cabeza. Me había llevado a la locura saber que después de todo, no quiere disfrutar conmigo. Vi como llamaba al ascensor y se abrían las puertas. Pulsó un montón de botones y tiró mi vestido dentro. Mis ojos se abrieron y mi mente también. Acababa de dejarme desnuda con mi ropa subiendo en aquel ascensor. Salí corriendo para tocar el botón y él aprovechó para escapar. Desde la puerta vi como arrancaba su coche y se iba, dejándome allí desnuda y llorando, por él, por su culpa.
Eran 15 pisos y el ascensor se iba parando en todas las plantas. Me escondí en el mismo cuarto donde acababa de follar con él. Donde había disfrutado como nunca en mi vida, ahora lloraba furiosa y enervada. No sé cuanto tiempo tardó el ascensor, casi lo olvidé. Estuve mucho tiempo llorando sentada en el frio suelo, desnuda y apoyada en el mismo contenedor donde había gritado de placer. Le odiaba. Puede que no tenga mucho sentido. Pero de todo lo que me había hecho, no querer culminar conmigo era lo peor. Y se lo haría pagar.
Cuando por fin recobré mínimamente la cordura, salí y recogí mi vestido. Con él en la mano fui a los buzones. Por suerte Nadia no es un nombre muy común. Me monté en el ascensor y me miré en el espejo. Desnuda, con el maquillaje corrido y el pelo hecho un asco. Corrí el tanga y vi mi coño rojo de la tremenda follada. El ascensor llegó al noveno, salí y me puse el vestido. Fui hasta la puerta con la C de Cerda, y llamé.
- Nadia, tenemos que hablar.
No tenía intención de continuar esta historia, solo fue una forma de iniciarme en una categoría nueva. Pero después de varios correos me animé a escribir la continuación. Sigo con la misma duda, un relato más para darle fin o escribir el siguiente con intención de continuar. Espero sus comentarios para tomar una decisión.
Un saludo.
Wilmorgan.
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