Historias del complejo turístico (30)
Luca le prometió un futuro, pero el viernes es sagrado para Laura. Entre el olor a bebé y la rutina, un mensaje en la web de citas enciende una llama que ya no puede apagar. Esta vez, el destino no es un bar cualquiera, sino un complejo turístico donde la ropa interior blanca y la cocaína la esperan. ¿Podrá mantener la máscara de la madre perfecta mientras Fausto la desvía hacia el abismo?
La historia de Laura
Segunda parte
Tuve un orgasmo bestial, sin darme tiempo, me puso en cuatro patas y me la metió en el culo, me estaba taladrando, cuando a la distancia escuché mi teléfono sonando, sabía que era Gerardo porque era su ringtone, ya le diría luego que me estaba bañando.
Me taladró el culo por un rato, luego me hizo cambiar de posición, se acostó y yo me senté en su pija, metiéndomela toda.
Lo cabalgué hasta el orgasmo, y después de eso, en esa posición, me la volvió a meter en el culo.
-DARIO: Tomá putita! Cómo te gusta por el culo!
-LAURA: No pares hijo de puta!
No terminé de decir eso, cuando los gritos de Gerardo me sacaron de ese estado.
-GERARDO: Laura y la reputísima madre que te parió! Hija de mil puta! Puta de mierda!
Me salí de encima de Darío, e intenté cubrirme con la sábana, Darío estaba blanco del cagazo.
-GERARDO: Y vos hijo de puta, rajá de acá antes de que te rompa la cabeza!
-DARIO: Tra… tranquilo….! Ya me voy!
Se levantó de la cama, agarró su ropa y salió de la habitación, al pasar junto a Gerardo, éste le pegó una patada en el culo y luego se volvió a girar hacia mí.
-GERARDO:¿Y vos me hablabas de casamiento? Sos una hija de mil puta! Una puta de mierda!
-LAURA: Escuchame Fer….!
-GERARDO: Fer la pelotas! Te doy una hora para sacar de acá todas tus cosas, lo que no te lleves te lo tiro a la mierda! En una hora vuelvo y no te quiero ver acá!
Después de eso no pude sino largarme a llorar, como una pelotuda acababa de cagar una buena relación, por culpa del boludo de Darío, pero también por mi culpa, por no poder dejar de ser tan puta.
Me vestí y en un bolso empecé a poner toda mi ropa, en unas bolsas de las de residuos grandes puse lo demás, junté mis cosas personales de aseo, y lo que pude en ese tiempo.
Llamé a Ana y a Mariela por teléfono, les conté lo que había pasado y les pedí que me vinieran a ayudar para llevarme lo que más pudiera, sabía perfectamente que Gerardo tiraría todo lo que no me llevara, tal cual como me lo dijo.
Durante unos días me quedé en casa de Mariela, Ana tenía instalado a su novio en su casa.
Decidí buscar otro trabajo, días después empecé a darme cuenta que varios compañeros me miraban diferente y algunos ya ni me saludaban, seguramente, se habrían enterado de lo ocurrido.
Fue una época muy mala para mí, Gerardo era un buen hombre y no se merecía lo que le hice, pero bueno, tocaba aguantar las consecuencias.
Dos meses después, conseguí trabajo en el área de ventas de una empresa que comercializa e instala sistemas de video vigilancia, alarmas, controles de acceso, automatización de aberturas y otros rubros afines a la seguridad.
El salario era mejor que en el trabajo anterior y sumado a las comisiones por las ventas, me permitió al mes siguiente, alquilar un departamento no muy grande en una linda zona.
También volví al gimnasio y después del fracaso con Gerardo, de a poco fui retomando mi vida social, las chicas estuvieron ahí para sostenerme y siempre me decían que por mi culpa, no habían podido preparar la despedida de soltera.
Unos meses después, Teresa, una amiga del gimnasio, me invitó a su cumpleaños, no tenía muchas ganas de ir, pero me insistió para que vaya, también irían otras chicas del gimnasio, aunque no tenía con ellas la confianza que tenía con Teresa.
Su casa estaba llena de gente, y entre muchos que no conocía, Tere me presentó a un hombre muy lindo, bien vestido y con una hermosa sonrisa.
Esa noche conversamos mucho me pareció un tipo encantador, además, a pesar de saber que estaba sola, no intento proponer nada, acostumbrada a que todos los hombres que se me acercan, tan solo lo hacen para intentar cogerme.
Antes de despedirnos, me sorprendió diciéndome si podíamos vernos otra vez, por supuesto le dije que sí, era muy distinto a los hombres con los que solía tratar, intercambiamos teléfonos y seguimos en contacto.
Nos encontramos varias veces a tomar un café, siempre fue muy caballero, atento y muy respetuoso.
De a poco me fue gustando cada vez más estar con él, era un hombre alegre y me trataba muy bien, algunos encuentros incluso, estaba deseando que me pidiera pasar la noche conmigo.
Hasta que por fin se dio después de una hermosa cena, fuimos a su casa y en verdad estuvo muy bien, fue super cariñoso y considerado puso por delante mi placer y me hizo pasar una noche hermosa, por lejos una de las más lindas de mi vida sexual.
A partir de ahí nos empezamos a ver más seguido y a hablarnos por teléfono o por mensaje.
Por supuesto cuando nos fuimos conociendo, no le conté de mi prontuario, tuve que decirle qué tan solo había tenido dos novios, algunas parejas ocasionales, y que el último me había sido infiel en varias oportunidades, sí le decía la verdad, no veía un futuro con él, y en verdad me gustaba mucho y no quería estropearlo.
Desde el principio de nuestra relación, le dije que hacía años, qué los viernes me juntaba con mis amigas de toda la vida, en las tardes o en la noche, y me dijo que lo entendía perfectamente y que no tenía problema en que lo hiciera, él también se veía con sus amigos.
Cuando les conté a las chicas que me estaba enamorando de un hombre, no lo podían creer, y en broma me decían cuánto me iba a durar este.
Además de las salidas de los viernes, también seguí yendo al gimnasio rigurosamente tres veces por semana.
Unos meses después ya estábamos viviendo juntos.
Luca era un hombre maravilloso, además de ser buena persona, era un hermoso ejemplar de hombre, y me sentía sexualmente plena con él.
En ese momento estaba escribiendo unas bonitas páginas en mi vida, pero como en otros momentos, cuando todo parece ir bien, algo lo trastoca todo.
Por casualidad, o quizás no, un viernes en la noche, lo vi entrar a Darío en el bar.
Ana y Mariela ya se habían ido con sus pretendientes, y Mercedes ya estaba por irse a su casa con su esposo, era una noche tormentosa y no quería que la agarrara la lluvia.
Darío estaba con un amigo, y no me vio al entrar, Mercedes dijo que se iba, y decidí salir con ella, nos tomaríamos un taxi cada una en la puerta.
El primero que pasó, lo tomo Mecha, y yo me quedé esperando que viniera otro taxi libre.
Habían pasado unos minutos desde que Mercedes se había ido, y alguien desde atrás me apoyó la mano en el hombro, al darme vuelta, vi que era Darío.
El corazón me dio un vuelco, hacía mucho tiempo que no lo veía, estaba bastante más delgado.
Hablamos un momento y yo le dije que esperaba un taxi, entonces me dijo que me llevaba, dije que no, que prefería irme en taxi.
En ese momento no pasaba ninguno, llamé por teléfono a varias empresas pero no tenía respuesta, después de quince minutos de hablar con él, y de contarme cosas que apenas recuerdo, me dijo que me llevaba, que no sea boluda, que no iba a pasar nada.
Como si algo le faltará a esa noche, se largó a llover, y diez minutos después sin tener suerte en conseguir un taxi, acepté que me llevara a casa.
La conversación estaba siendo de lo más normal entre dos personas que hace tiempo no se ven, pero yo iba un poco nerviosa, como alterada con su presencia, y porque no decirlo, con miedo a que me propusiera alguna de las suyas.
Esa noche yo estaba con una minifalda de tela negra liviana, y una camisa gris.
Cuando faltaban unas cuadras para llegar a casa, apoyó su mano en mi pierna y empezó a subir acariciándola por debajo de la pollera, intenté quitar la mano, pero no tuve ni la fuerza ni la convicción suficiente.
-LAURA: Soltame Darío!
-DARIO: No te hagas la decente putita! Mirá con la minifalda que salís! Ya encontraste lo que andabas buscando! Mira cómo me la pusiste!
Y tomando con fuerza mi mano, la apoyó en el bulto de su erección.
-DARIO: Sé que la extrañás putita linda! Y estoy seguro que esa conchita también, es más, ya debe estar toda mojada!
Intenté que no llegará con su mano a mi entrepierna, pero me fue imposible, bruscamente sus dedos y irrumpieron en mi vulva dándose cuenta que ya estaba mojada.
-DARIO: Ves que tengo razón putita, estás chorreando!
-LAURA: Basta Darío, no seas hijo de puta y déjame! Ya por tu culpa me dejó Gerardo, no quiero que me hagas nada!
-DARIO: Eso quiere decir que estás con alguien, ¿Cómo se llama el nuevo cornudo?
-LAURA: No es ninguno cornudo! Desde que estoy con él, no estuve con nadie más!
-DARIO: Hasta hoy! Ahora vamos a ir a un hotel y te voy a pegar una buena cogida, concha, culo y te vas a tragar la lechita!
-LAURA: No Quiero Darío!
-DARIO: Esa concha no dice lo mismo, está pidiendo está pija a gritos!
Casi sin darme cuenta, estábamos entrando en un hotel, sus dedos no dejaban de entrar y salir de mi concha, y ya no me pude resistir.
Entramos a la habitación y antes de darme cuenta, ya me había sacado toda la ropa, me empujó y caí sobre la cama, me abrió las piernas y se metió entre medio de ellas, metiéndomela hasta el fondo.
Con sus manos me apretaba los pezones y un momento después tuve un orgasmo.
Se salió de mí, me dio vuelta, mojo sus dedos con mis jugos y me los desparramó en el esfínter, después se acostó encima mío y me la metió en el culo.
Me empezó a bombear con mucha fuerza, sentía chocar su cuerpo contra el mío, y mientras me taladrada el culo, me decía lo puta que era, lo que me gustaba la pija y que me preparara porque cuando estuviera por acabar, me la metería en la boca para que me tragué todo.
Con todas esas guarradas que me decía, tuve otro orgasmo.
Sin sacarme la del culo, giró su cuerpo y yo quedé sobre él.
-DARIO: Móvete putita!
Movía mis caderas hacia arriba y hacia abajo al ritmo del movimiento de las suyas.
En un momento su mano derecha fue a mi clítoris y lo froto con vehemencia, sacándome otro orgasmo.
Siguió frotándolo, pero no tan bruscamente, y de repente me empezó a pegar con su mano en la concha, como si de una cachetada se tratara.
Al principio no muy fuerte, pero de a poco fue incrementando la violencia de los golpes, y yo tenía un orgasmo tras otro, no podía parar de temblar, ensartada cómo me tenía, no me daba cuenta si era un orgasmo tras otro o uno interminable.
Llegó un momento el que creí que me iba a desmayar, pero lo sentí acelerar las embestidas y acabar en mi recto.
-LAURA: Llévame a casa hijo de puta!
Cómo pude me volví a vestir y espere sentada en la cama a que él se terminará de poner su ropa para irnos.
De camino a casa no dije ni una palabra, y al llegar ni siquiera lo saludé al bajar del auto.
Espere un momento antes de entrar en casa, todavía estaba nerviosa y lo único que esperaba era que Luca estuviera durmiendo.
Me había dicho una y mil veces a mí misma, qué no volvería a caer en el juego de Darío, pero el hijo de puta siempre lograba salirse con la suya.
Con el correr de los días me fui olvidando de ese encuentro, y mi vida volvió a ser normal.
Un tiempo después, pasado ya un año de estar juntos decidimos casarnos, quería dejar de una vez por todas mis andanzas, el pensar en una familia, me haría dejar de tener esos momentos de desenfreno.
La boda solo fue por el registro civil con la familia y los amigos, no hicimos fiesta ni viaje de bodas en ese momento.
Luca quería que tengamos un hijo, yo no estaba muy convencida aún, pero eso completaría nuestro proyecto de familia.
Un tiempo después, con Luca decidimos comprar un segundo auto, para que yo pudiera moverme en mi trabajo.
A partir de ahí, a los encuentros de los viernes con las chicas me iba en el auto.
En uno de nuestros encuentros, Mariela nos contó que su marido, la había descubierto en una infidelidad, y que se habían terminado separando, aunque por lo visto muy mal no le cayó, porque a la semana siguiente ya se estaba yendo del bar con un tipo.
Ana también estaba a las patadas con su marido, pero nos dijo que la que se iba a separar era ella, que ya no lo aguantaba más.
La única que seguía en una buena relación, era Mercedes con su marido Julio.
Nuestra vida en pareja siguió su rumbo, cada vez veía más cercano el momento de quedar embarazada, Luca me lo venía proponiendo desde hacía un tiempo, y después de hablarlo bastante, decidimos que dejara de tomar las pastillas y buscar el embarazo.
Lo que preocupaba también, era como quedaría mi cuerpo después de un embarazo, mi figura siempre había sido muy importante para mí y me esforzaba para mantenerla.
Nuestra vida sexual había decaído un poco, pero al tercer mes de dejar las pastillas quedé embarazada.
Después de hacerme el test, tenía una mezcla de sentimientos, por un lado el pensar que dentro mío tenía una nueva vida me emocionaba, pero por el otro, pensaba cómo sería mi vida a partir de tener un hijo, ¿seguiría saliendo con las chicas? ¿Yendo al gimnasio? ¿Teniendo una buena figura?
Durante los primeros meses del embarazo estaba todo el tiempo caliente, y nuestra actividad sexual se incrementó de una manera exponencial, pero a partir del séptimo mes, ya el cuerpo parecía que no era el mío, los dolores de cintura me mataban y para colmo se me hinchaban las piernas, eso sumado a lo gorda que me veía.
Después de tener a Mateo, a pesar de no haber engordado tantos kilos, mi cuerpo era un desastre.
Y me imaginaba que si le daba el pecho a mi hijo durante meses, las tetas me quedarían por el piso, Fue entonces cuando empecé a buscar en internet, cómo cortar la lactancia, descubriendo una pastilla qué hacía que no produjera leche.
Le dije a Luca que mi leche no alcanzaba para el bebé, y casi a los dos meses de Mateo, empezó a alimentarse con leche de fórmula.
En esa época, los encuentros de los viernes con las chicas, eran en casa, habitualmente por las tardes, incluso después de que naciera Mateo.
Luca estaba todo el tiempo pendiente de mí y de Mateo, y cuando venían las chicas, parecía un empleado nuestro, nos atendía como si fuéramos unas reinas, hasta bromeaban hablando de él como “el esclavo”, lógicamente no lo decían delante de él.
La dinámica familiar se vio trastocada con la llegada de Mateo, tuvimos que acomodar nuestros horarios de trabajo para poder turnarnos en su cuidado.
Más de un año tuve que esperar para volver al gimnasio, aunque cuando podía, hacia ejercicio en casa, caminaba mucho y me cuidaba rigurosamente en las comidas.
Mi cuerpo estaba volviendo a ser el de antes, salvo por el culo que me había quedado más grande después del embarazo, aunque Luca siempre me decía que estaba muy bien.
Poco a poco me volví a amigar con mi figura, pero las horas de gimnasio no podían faltarme.
Cuando ya Mateo se podía quedar solo con Luca, de a poco fueron volviendo las salidas de los viernes.
En esa época, no sé por qué, yo estaba con un apetito sexual exacerbado, me masturbaba casi a diario, aunque las veces que lo hacía con Luca, quedaba bien satisfecha.
Ya separadas Ana y Mariela, volvieron a las continuas andanzas, y de a poco me fueron metiendo en ellas.
Después de mucho tiempo de no saber de él, una noche se apareció Darío en el bar, se acercó a saludarnos y se sentó en otra mesa.
Ana y Mariela ya se iban con sus chongos de turno y con Mercedes dijimos de irnos.
Salimos las dos y cada una fue para su auto, cuando estaba por subir al mío, me tomaron de la muñeca y me hicieron girar, para darme cuenta que era Darío, y al quedar frente a frente, me comió la boca de un beso mientras me tocaba el culo.
-DARIO: Cuanto hacía que no te veía putita!
-LAURA: Es que estuve mucho tiempo sin venir, mi hijo ya cumplió los dos años!
-DARIO: ¿Tuviste un hijo? ¿Y es de tu marido?
-DARIO: No seas hijo de puta! ¿De quién va a ser sino?
Hablamos un par de cosas más, y luego me subí al auto y me fui a casa.
Mi vida estaba bastante estabilizada, en casa todo estaba bien, Luca como siempre muy atento a las necesidades de Mateo y a las mías, pero aunque suene mal, había momentos en que me sentía como desplazada, como que Luca le hacía más caso a nuestro hijo que a mí, como celosa de Mateo.
Supongo que a todas las parejas le debes ocurrir después de un tiempo, con el trabajo, las responsabilidades, los hijos y los horarios y el estrés, el fuego de la pasión no es el mismo, aunque el sexo con Luca seguía siendo muy bueno, no era con la frecuencia de otros tiempos.
Y en las salidas de los viernes, influenciada por las chicas, empecé a mirar hombres, a mirar los buenos ejemplares masculinos, que luego en mis momentos de soledad, eran mis fuentes de inspiración.
Un viernes en la noche, Ana y Mariela se aparecieron contándome que se habían creado un usuario en un sitio web de citas, y que esa misma noche tenían citados a dos chicos muy guapos y más jóvenes.
Mercedes y yo dijimos que estaban locas, y que nosotras no haríamos eso.
Esa noche Mercedes se fue temprano, Julio la había llamado avisándole que su hija estaba con fiebre.
Cuando quedamos nosotras tres, me insistieron tanto que terminé creándome un usuario en esa web, y aunque Luca nunca me había revisado el teléfono, al menos que yo supiera, las chicas me dijeron que le pusiera contraseña por las dudas.
Y así lo hice, los cuatro números que se me ocurrieron fueron cero, cuatro, uno, dos, el día y el mes de mi cumpleaños.
Me enseñaron cómo se usaba, y un momento después ya tenía varios contactos.
-ANA: Elegí uno y probá!
-MARIELA: Dale boluda! No seas cagona! Elegí el que pueda venir esta noche!
-ANA: Claro boluda! Que pueda estar acá en media hora, y de acá se van a un hotel, y volvés a la hora de siempre.
Al final terminé aceptando, y me cité con un chico más joven en ese mismo bar.
Con los dos hombres con que habían quedado esas dos, todavía no llegaban, los habían citado a las dos de la mañana.
Con el qué yo me cité, le dije que lo esperaría hasta la una de la mañana, después me iría.
Al momento me contestó, diciéndome que vendría con una camisa blanca y que tenía un tatuaje visible de un dragón en el brazo derecho.
Les mostré a las chicas la foto para que me ayudaran a reconocerlo.
Cuando faltaban cinco minutos para la una de la mañana, las tres lo vimos entrar.
Era un hermoso hombre, con el pelo más corto que en su foto de perfil, de espalda ancha, más alto que yo, y con una barba perfectamente recortada.
Lo vi mirar todos lados, seguramente buscándome, y las chicas me dijeron que fuera a su encuentro, Mariano era su nombre, cuando estaba a unos pasos de él, me reconoció y nos saludamos con un beso.
De conversación amable, me invitó un trago y conversamos lo que nos duro ese trago.
-LAURA: Nos tenés problema en que sea mayor que vos!
-MARIANO: Eso para mí no tiene importancia, me pareces una mujer hermosa y con eso me basta.
-LAURA: Quiero ser sincera con vos, estoy casada y el viernes es el único día que puedo escaparme un rato.
-MARIANO: Creo que tanto vos como yo, buscamos pasar un buen momento sin compromisos, ¿Qué te parece si nos vamos? Digo, para que no vuelvas muy tarde a tu casa!
-LAURA: Me parece muy bien, ¿estás en auto?
-MARIANO: No, vine en un taxi, hasta el martes estoy sin auto.
-LAURA: Yo tengo el mío a la vuelta! ¿Vamos?
-MARIANO: Vamos.
Salimos los dos del bar, a la pasada saludé a las chicas con la mano, y ya en la calle, puso su mano en mi hombro y caminamos hasta el auto.
Me dijo el hotel al que podríamos ir, pero que por supuesto él lo pagaría.
Fuimos hablando en el camino sobre nuestros gustos en la cama, como para saber con qué nos encontraríamos.
Entramos al hotel y nos dieron la habitación.
Cuando entramos en la habitación, me abrazó y me besó, un lindo beso qué despertó mis sentidos.
Nos desnudamos el uno al otro, y me encontré con un cuerpo casi perfecto, aunque el tamaño de su pija, estaba en la media, pero como estaba completamente depilado, era muy tentador.
En el primer round, no duró mucho, pero me pidió un momento para recuperarse, me dijo que mi cuerpo lo había vuelto loco, y por eso había acabado tan rápido.
En ese tiempo, me contó que tenía veinticinco años, que tenía novia, pero qué sexualmente, era un poco retraída y él necesitaba un poco mas de acción.
Cuando volvió su erección, me volvió a coger, y vaya si me cogió, me hizo acabar dos veces más, tan solo penetrándome, y cuando me dijo que le encantaba mi culo, y que se moría por metérmela allí, le dije que no se quedara con las ganas, y me dio también por el culo.
Cuando salimos del hotel, me dijo que le encantaría repetir conmigo, pero le dije que ya lo veríamos.
Lo llevé hasta su casa, y luego me fui a la mía, por suerte al llegar, Luca estaba dormido.
La semana siguiente volví a repetir, pero esta vez fue un desastre además de tenerla chiquita, tenía menos imaginaciones qué un enano de jardín.
Al final las chicas tenían razón, eran polvos sin compromiso, y si te he visto no me acuerdo.
Con Mariano volvimos a encontrarnos un par de veces más, y en verdad estuvieron muy bien.
Un par de semanas después, estábamos en el bar con las chicas, ya nos habíamos tomado un par de copas, cuándo unos hombres algo mayores de otra mesa, nos invitaron otra ronda, por cortesía estuvimos hablando con ellos un rato, pero no pasó a mayores.
Esos hombres se fueron, y en un momento lo vi entrar a Darío.
Ya me había acostumbrado al polvo de los viernes, y un poco más tomada de lo habitual, me dije, ¿por qué no?
Aún no había hecho ningún contacto en la web, y decidí acercarme a saludarlo.
-DARIO: Hola putita! Qué alegría verte!
-LAURA: Hola Darío, ¿estás solo?
-DARIO: Estoy esperando a un amigo, pero si necesitas pasar un buen momento, le digo que me surgió algo.
-LAURA: Estoy un poco borracha, y un poco caliente!
Estuvimos un momento bailando en el lugar donde todos lo hacen, entre algunas mesas, Darío me decía guarradas al oído para calentarme.
-DARIO: Bueno putita, no se habla más! Nos vamos de acá y te pego una buena cogida! ¿Estás en auto?
-LAURA: Sí!
-DARIO: Déjalo acá, y después lo venimos a buscar!
-LAURA: Dale!
-DARIO: Vámonos ya qué te quiero coger un buen rato!
Nos fuimos para el hotel en su auto, esa noche estaba con una pollera hasta las rodillas, y una remera negra con vivos de color.
-DARIO: Sácate la tanguita putita y dámela!
Metí las manos por debajo de la pollera, me la saqué y se la di.
Sin esperarme lo que iba a hacer, bajo la ventanilla y la tiró a la calle.
-LAURA: ¿Qué haces boludo?
-DARIO: Esta noche llegas a tu casa sin bombacha y con el culo bien abierto! Ahora Sácate el corpiño y déjate la remera!
-LAURA: Si me lo vas a tirar no me lo saco!
-DARIO: Está bien guárdalo en tu cartera!
Me lo saqué y lo guardé, con la remera ajustada se me marcaban los pezones y Dario me los pellizcaba sobre la tela.
Durante todo el camino al hotel me fue metiendo mano, y por supuesto yo estaba toda mojada.
-DARIO: Te voy a coger toda putita y te vas a tragar toda la leche! Y safaste porque mi amigo no había llegado aún, si no te cogíamos los dos!
Entramos en la habitación y bruscamente me sacó toda la ropa, me dio dos palmadas en el culo qué me dolieron.
Se sacó toda la ropa, me hizo sentar en la cama y literalmente me cogió la boca.
Me empujó para acostarme en la cama y acostándose entre mis piernas me la metió de una.
Me estuvo cogiendo un buen rato y me sacó 2 orgasmos.
Después me hizo poner en cuatro, metió sus dedos en mi concha, los sacó todos mojados y me los metió en el culo.
Después me lo escupió y me la metió sin piedad mientras me tomaba del pelo y me tiraba hacia atrás.
-DARIO: Toma putita! ¿Querías pija? Toma pija!
Me la sacó y se acostó en la cama, me dijo que me la volviera a meter en el culo pero dándole la espalda.
Sola mi empale hasta que la tuve toda adentro, puso su brazo izquierdo en mi cuello, cómo quién quiere ahorcar a alguien, y con la mano derecha, me empezó a pegar en la concha, como aquella vez, pero esta vez los golpes eran más fuertes.
Me taladraba el culo, mientras me pegaba en la concha y yo no podía parar de acabar, los golpes eran cada vez más fuertes y mis orgasmos me hacían temblar cada vez más.
-DARIO: Cómo te gusta putita acabar a los golpes!
Y me seguía golpeando y yo seguía teniendo orgasmos, o algo así, mi cuerpo temblaba sin control pero el hijo de puta no paraba.
En un momento ya no podía más, y con la poca fuerza que me quedaba, le agarré su mano para que no siguiera.
-LAURA: Para porque me voy a morir! Y vas a tener flor de quilombo!
Dejó de golpearme pero me siguió cogiendo el culo.
Cuando estuvo a punto de acabar, me la sacó y acercándose a mi cara me la puso en la boca.
-DARIO: Trágate todo putita!
Sentí sus lechazos en la garganta y como puta obediente me lo tragué todo.
Quedé tirada en la cama, creo que inconsciente.
Cuándo pude volver a la realidad, le pregunté qué hora era, él estaba apoyado en la cama fumándose un cigarrillo.
-DARIO: Las cuatro menos veinte!
Cuando escuché la hora entré en desesperación, mientras me duchaba, me cambiaba y llegaba a casa, serían las cuatro y media de la mañana con suerte.
Le dije que me tenía que ir, qué me ayudara a vestirme y que me llevara a casa.
-DARIO: Ya no te puedo decir putita, sos flor de puta! Con todas las letras! Te gusta más la pija que el dulce de leche!
-LAURA: Cállate y llévame a casa forro!
-DARIO: Tengo el mismo número, cuando quieras pija me llamas! Y si querés una fiestita con dos pijas también, tengo un amigo pijudo que te va a gustar mucho!
Efectivamente llegué a casa a pasadas las cuatro y media de la mañana, lo único que quería, era que Luca estuviera durmiendo, qué no me viera llegar en ese estado, todavía bastante borracha y toda cogida.
Por suerte estaba durmiendo, antes de acostarme me di una ducha, no sabía si podía tener algún resto de esa noche, pero tenía la concha toda colorada.
Los días siguientes intenté volver a la normalidad, al ritmo habitual de trabajo y familia, pero me convencía a mi misma de que aquello era algo del momento, que nadie se enteraba, Luca confiaba en mí y mentirle me daba resultado, nunca sospechaba y me decía nada.
Un viernes en el bar, nos habían invitado un par de copas y estábamos un poco más borrachas que de costumbre, y salió la conversación de que todos los tipos eran infieles, a lo que Mercedes dijo no era así, estaba muy segura que ese no era su caso, qué Julio nunca la engañaría. En tono de broma, Ana y Mariela le terminaron diciendo qué no estuviera tan segura, que le demostraríamos que todos los tipos son infieles.
Y así entre Ana y Mariela, una vez que se fue Mercedes, se pusieron a planear cómo cogerse Julio, yo les dije que estaban locas, pero ellas se empeñaron en mostrarle a Mercedes que su esposo también podía ser infiel.
Y así fue que un par de semanas después, esas dos hicieron un trío con Julio en casa de Mariela, y este les dijo que también quería cogerme a mí, yo les dije que estaban locas, pero tanto me insistieron, qué una tarde en casa de Mariela, Julio me echó un polvo, y también le fue infiel a Mercedes conmigo, no me sentí orgullosa de aquello, y para colmo fue muy poco satisfactorio para mí.
Y fue en el encuentro siguiente de los viernes, donde se pudrió todo con Mercedes, se había enterado, y nos dijo de todo, que éramos tres hijas de puta, aunque Julio ya le había sido infiel con anterioridad, lo que le habíamos hecho era una trastada.
A partir de ese momento, Mercedes dejó de hablarnos, y por supuesto nunca más se junto con nosotras.
Una mañana, mirando la web de encuentros, me encontré un mensaje de un hombre qué me llamó la atención, le gustaban las mujeres casadas infieles, y por supuesto, respondí el saludo.
Me preguntó si estaba casada y ahí quedó, me hablaría a las seis de la tarde.
Me picó la curiosidad y a las seis me volví a conectar.
No tenía intenciones de encontrarse conmigo hasta conocerme y saber si era lo que él estaba buscando, solo le interesaba seguir en contacto conmigo si yo era una casada infiel, puta y mentirosa.
Esa misma tarde me hizo mandarle una foto de mi mano enseñándole el anillo de casada, Me dijo que su nombre era Fausto y me hizo un montón de preguntas, si ya había sido infiel, cuantas veces y si tenía hijos.
Después me pidió una foto de mis tetas, yo estaba en la empresa de unos clientes esperando para una reunión y me fui al baño para mandarle la foto.
Este juego me producía cierto morbo y quería ver hasta dónde podría llegar.
Después me pidió alguna prueba de mis infidelidades y le envié tres fotos, una cogiendo con Darío, otra con el amigo de Darío que me había cogido aquella vez, y que el mismo Darío había sido quien sacó la foto, y la última, una con Mariano del último encuentro.
También yo le pedí que me diera alguna prueba de que era el de la foto, y un momento después, me llegó una foto de él desnudo, con la pija dormida y un papel con mi nombre de usuario en esa web.
Después me dijo que íbamos a jugar y a que le demostrara que obediente podía ser.
Me dijo que no tuviera sexo con Luca y que al día siguiente me parara en una esquina céntrica de la ciudad vestida como me pedía y sin corpiño debajo de la camisa, después de eso nos despedimos.
El juego me estaba calentando y decidí hacerle caso. Al día siguiente estaba parada en la esquina que me había dicho, vestida como me lo había pedido y por supuesto sin corpiño.
Esa noche estando en casa, nos conectamos y me pidió que le enviara dos fotos en ropa interior sexy.
A pesar de que estaba en casa con Luca y Mateo, le hice caso, fui a la habitación, me hice las fotos y se las envié.
Cuando las vio, me dijo que a él le gustan las mujeres depiladas, que para el día siguiente me quería toda peladita, y por supuesto le hice caso, al día siguiente mientras Mateo estaba en el jardín, fui a la depiladora y me depilé por completo.
Ese juego me gustaba cada vez más, ya quería encontrarme con él.
Me iba diciendo que no se iba a conformar con un rato o una noche, que quería pasar conmigo un fin de semana.
No sabía cómo hacer, ¿qué le diría a Luca? Pensando se me ocurrió inventar un viaje con las chicas a algún lado por un fin de semana, seguramente Luca no diría nada.
En la noche, Luca y Mateo estaban jugando y yo me fui al baño para conectarme. Me pidió que le mande un video de mi conchita depilada, tocándome con la mano del anillo, y por supuesto se lo envié.
Me dijo que se le había parado al verme y le pedí una foto. Un momento después me llegó una foto de su pija completamente parada y aluciné, era hermosa, larga y gorda y en verdad se me hizo agua la boca, este tipo me calentaba cada vez más.
Me pidió una foto de mi culo también depilado y se la mandé. Ya quería que me coja toda.
Después me dijo que nos encontraríamos el fin de semana siguiente fuera de la ciudad desde el viernes hasta el domingo.
Me dio tiempo hasta el miércoles para confirmarle el fin de semana y me volvió a pedir que no tuviera sexo con Luca.
Ese sábado por la mañana, mientras desayunábamos, le dije que habíamos decidido al final irnos con las chicas el fin de semana siguiente, pero aún no habíamos decidido el destino.
Luca no puso objeción, y mi escapada de fin de semana de sexo, estaba en marcha.
Por esas cosas de la vida, el fin de semana siguiente, era nuestro aniversario de casados y a pesar de eso, me tenía tan caliente que no me importó, ya le diría a Luca que se me pasó la fecha.
Tendría que estar en un complejo turístico de La Lucila del Mar el viernes por la tarde, y Fausto llegaría por la noche.
Me alojaría en un departamento y él en otro del mismo complejo, me avisaría cuando ir al suyo y como tenía que ir vestida. Bueno vestida es una forma de decir, me pidió que fuera con un conjunto de ropa interior blanco, bien sexy y pequeño, con medias de red y tacos altos, por suerte me podría cubrir con algo.
Estaba desesperada porque llegara el viernes, este tipo me tenía muy caliente y no paraba de imaginarme lo que podría pasar en esos días.
Ese día me despedí de Luca y de Mateo, Luca me dijo que se había enamorado de mí, y fue muy efusivo, lo noté algo raro, y pensé que en el fondo no le gustaba mucho la idea de que me fuera un fin de semana con las chicas.
Cuando ya estaba en el complejo, Fausto se comunicó conmigo y me dijo que descansara, me quería con toda la energía, que luego me bañara, que me perfumara y que a las nueve estuviera en su unidad.
Un rato antes, me dijo que me esperaba con champagne, que también tenía cocaína de la buena y me tentó con hacer un trío con él y un amigo al día siguiente, y yo estaba que volaba de la calentura que tenía.
Después de vestirme como me pidió, me miré al espejo y me vi bien puta, ya estaba toda mojada.
Llegué puntual a su unidad y entré. Me saqué la gabardina que tenía encima y la dejé sobre el sillón, me fijé que todo estuviera bien, cuando escuché su voz desde el dormitorio como una orden que me decía:
“Vení, estoy en el dormitorio”
Continuará…
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