El Despertar en la Aldea parte 15
Awa no puede detener el fuego que consume su cuerpo; sus jugos y su leche manchan la noche mientras lucha contra su propia vergüenza. Cuando un soldado la encuentra en ese estado de vulnerabilidad absoluta, la línea entre el deseo y la humillación se desdibuja. Pero hay testigos en la oscuridad, y el precio de su pérdida de control está a punto de cobrarse.
Awa de camino a casa notaba cómo la excitación iba en aumento, un fuego interno que se extendía como lava por su vientre, haciendo que su clítoris latiera con un pulso doloroso y urgente, cada latido enviando chispas eléctricas por sus nervios, amplificando sensaciones que la dejaban jadeando en el aire nocturno fresco que rozaba su piel sudorosa como una caricia traicionera. Sus pechos enormes palpitaban con cada paso tambaleante, leche brotando en chorros potentes y tibios que empapaban su blusa por completo, el fluido cremoso deslizándose por su torso en ríos pegajosos que se acumulaban en su cintura estrecha, dejando su piel oscura brillante y sensible, cada gota cayendo al suelo polvoriento con un plop suave que resonaba en su mente como un eco de su vergüenza. Sus jugos chorreaban profusamente por su vagina, un flujo caliente y viscoso que resbalaba por sus muslos internos en torrentes resbaladizos, empapando sus bragas improvisadas y goteando al camino en hilos transparentes que brillaban bajo la luna plateada, el roce constante de la tela áspera contra su piel hinchada amplificando el cosquilleo eléctrico, haciendo que sus rodillas flaquearan. Orgasmo tras orgasmo la golpeaban como olas rompiendo contra una costa rocosa, su cuerpo convulsionando en espasmos salvajes que la obligaban a detenerse, arqueando la espalda involuntariamente mientras gemía guturalmente: "Ahhh... mmmhhh... no... otra vez... me corrooo...", el sudor perlando su frente y cuello en gotas saladas que se mezclaban con el semen seco de antes, creando una capa pegajosa y brillante que olía a sexo crudo y lactancia dulce, intensificando cada sensación hasta que el éxtasis iba en aumento, sudando profusamente como si estuviera en fiebre, su respiración ronca y agitada llenando el silencio de la noche.
Se apoyó contra una pared de adobe fría y rugosa, el contraste áspero contra su espalda caliente enviando un escalofrío por su espina dorsal, amplificando las sensaciones que la invadían: el pulso en su clítoris acelerándose como un tambor de guerra, jugos chorreando en pulsos calientes que goteaban al suelo en un charco creciente, leche salpicando su blusa en chorros a presión que corrían por su vientre en ríos tibios, el olor dulzor lácteo mezclado con su sudor salado invadiendo sus fosas nasales como un perfume embriagador. "Quiero semen... el que sea... aunque dentro de mi cabeza una parte trata de mantener el control... no, Awa... resiste... eres decente, tímida... pero lo necesito... como aire... me muero sin él...", pensó, el conflicto interno rugiendo como una tormenta, su timidez luchando contra el instinto animal que exigía pollas y cargas calientes, pero el fuego ganando terreno, haciendo que sudara más profusamente, gotas saladas rodando por su cuello y mezclándose con su leche en un cosquilleo constante que la hacía jadear: "Ohhh... semen... en mi boca... caliente... sí...".
Un soldado que pasaba por la calle apartada, alto y fornido con uniforme ceñido que marcaba sus músculos definidos, su piel oscura brillante bajo la luna, observó la escena: Awa apoyada contra la pared, temblando y jadeando, su blusa empapada revelando sus pechos enormes goteando leche en chorros visibles, su falda pegajosa por los jugos que chorreaban por sus muslos. Se acercó sonriente, su voz grave y confiada resonando en la noche: "Eh, preciosa... pareces en problemas. Sudando así, jadeando... sé lo que necesitas. Una chica como tú, con ese cuerpo... déjame ayudarte. Soy Malik, del pelotón. ¿Quieres que te calme ese fuego?".
Awa, en medio del éxtasis, con orgasmos brutales convulsionándola, trató de balbucear algunas palabras, su voz temblorosa y entrecortada por gemidos: "No... por favor... vete... soy... ahhh... decente...", pero el soldado se lanzó a besarla con pasión, sus labios capturando los de ella en un beso profundo y húmedo, lengua invadiendo su boca con urgencia, explorando cada rincón en círculos rugosos, salivas babosas mezclándose en un torrente pegajoso que goteaba por sus barbillas, el sabor salado de él —a tabaco y alcohol— inundando su paladar, amplificando sus orgasmos que la hacían gemir en su boca: "Mmmhhh... ahhh... no... sí...". Mientras, sus manos grandes y callosas parientaban sus techos enormes, apretándolos con fuerza a través de la blusa empapada, exprimiendo chorros de leche que salpicaban su uniforme en fluidos tibios y cremosos, el tacto áspero contra sus pezones sensibles enviando chispas eléctricas directo a su clítoris, haciendo que jugos chorrearan más profusamente por sus muslos en un río caliente.
Awa se dejaba hacer, su timidez rompiéndose en el calor del momento, ante las insistentes preguntas del soldado entre besos babosos y apretones: "Dime que sí, preciosa... necesitas esto, ¿verdad? Tu cuerpo tiembla, goteas leche como una vaca en celo... di que quieres mi polla, que te calme...".
Ella, sufriendo orgasmos que la dejaban laxa, balbuceó entre gemidos: "Sí... necesito... ahhh... pero no... por favor... solo... semen...".
El soldado sonrió ronco, sacándose la polla con un tirón urgente, una verga gruesa y venosa de unos 18 cm, pulsante y brillante con pre-semen que goteaba en hilos transparentes, el olor salado invadiendo el aire. Su visión hizo que a Awa le diera un espasmo brutal, lactando en chorros potentes que salpicaban el suelo, y comenzó a masturbarlo con maestría, su mano delgada envolviéndola en un apretón firme y rítmico, subiendo y bajando por el eje venoso con movimientos expertos instintivos, sintiendo el calor latiendo contra su palma sudorosa, pre-semen untando sus dedos en una capa resbaladiza.
El soldado, bufando con placer, le metió la mano por debajo de la falda, explorando su coño hinchado y chorreante, metiendo un dedo en su entrada virgen con un empujón suave pero firme, el tacto áspero contra sus paredes internas resbaladizas enviando sensaciones nuevas y brutales, como explosiones de fuego que la hicieron gritar: "¡Ahhhhh! ¡Sí... dedo... dentro... oh, dios... me corrooo!", era la primera vez que un hombre llegaba tan lejos, el dedo curvándose para frotar su punto interno en círculos rugosos, amplificando placer que la dejaba gimiendo como una guarra, su voz ronca y desesperada llenando la noche.
Por instinto, sus piernas se abrieron ligeramente, como preparándose e invitando a la cópula, sus muslos temblando en un arco involuntario que exponía más su sexo chorreante, sorprendiéndose ella misma: "Mis piernas... se abren solas... quiero... no... pero sí...".
Todo esto mientras ambos se decían cosas entre gemidos y durante todo el proceso, el soldado bufando ronco: "Joder, chica... tu mano... aprieta tan bien... mira cómo late mi polla por ti... estás chorreando como un río... ahhh... dime que quieres que te folle... que te preñe aquí mismo...".
Awa, entre orgasmos que la hacían jadear: "No... por favor... solo... semen... ahhh... tu dedo... dentro... me hace... correrme... sí... más profundo... pero no folles... oh, dios... late tanto... vas a... correrme...".
El soldado, acelerando el dedo en golpes húmedos: "Sí... córrete en mi dedo... puta negra... tus tetas gotean... bebo tu leche... mmmhhh... dime que quieres mi carga en tu boca... que eres adicta... ahhh... aprieta más mi polla... sí...".
Awa, masturbándolo más rápido: "Adicta... sí... semen... en mi boca... ahhh... tu dedo... me rompe... corrooo... pero no preñes... por favor... oh, sí... late... córrete...".
Awa notaba cómo el soldado le frotaba el clítoris con el pulgar mientras el dedo embestía, provocando orgasmos como nunca antes que dejaban su cuerpo flácido, sus músculos laxos y temblorosos, si no estuviera sujeta por el soldado con su otro brazo alrededor de su cintura y apoyada la espalda contra la pared fría, se hubiera caído al suelo en un charco de fluidos. "Tan flácida... no puedo sostenerme... placer... demasiado... corrooo brutalmente...", pensó, su vista nublándose en blanco.
Notaba las pulsaciones en la verga del soldado, sabiendo que eso era una inminente eyaculación, el eje latiendo contra su palma en pulsos calientes y venosos, y automáticamente se agachó, arrodillándose en el suelo áspero que rozaba sus rodillas, metiéndose la polla en la boca con ansia, succionando con fuerza mientras su lengua giraba alrededor de la cabeza, recibiendo ese dulce néctar que tanto necesitaba en chorros potentes y prolongados: "¡Ahhhhh! ¡Toma... traga, puta... semen para ti!", gritó el soldado, bufando gutural: "Grrr... sí... en tu garganta...".
Awa tragaba con sonidos guturales desesperados: "Glup... mmmhhh... sí... semen... caliente... corrooo brutalmente!", el sabor espeso y salado inundándola, amplificando un orgasmo final que la hacía convulsionar, leche salpicando en chorros a presión, jugos chorreando en un río por el suelo.
Justo cuando terminaba de tragar y se relamía las comisuras, lamiendo con la lengua los restos pegajosos de sus labios gruesos, una voz fuerte y autoritaria dijo: “¿Qué está pasando aquí?”.
El soldado y ella se giraron, Awa aún de rodillas con la polla flácida cerca de su boca, el semen residual goteando por su barbilla, y vieron al sargento observándolos, su figura imponente emergiendo de la oscuridad, ojos duros y mandíbula tensa, uniforme ceñido marcando su autoridad.
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