Xtories

Pollaman (Cap. 4)

Bajo la tenue luz de las farolas, la línea entre el dolor y el placer se desvanece. Elena no puede resistirse a la tentación de ser llenada por una potencia que desafía la lógica, en una escena donde el riesgo de ser descubiertos se pierde en el gemido de la carne.

Lapica5.4K vistas9.4· 7 votos

NOTA DEL AUTOR:

Puedes encontrar la novela completa en Amazon:

https://www.amazon.es/dp/B0GHZGBH5S

CAPÍTULO 4

EMPALADA BAJO LA TÉNUE LUZ DE LAS FAROLAS

Elena, empapada de semen, se limpió el cuerpo con los dedos recogiendo el preciado líquido y se los llevó a la boca.

—Ummmmmm... delicioso.

Incrédula se miró la inmensa tranca de Pollaman que completamente trempada desafiaba la ley de la gravedad.

—¿En serio quieres meterme eso? ¡No va a caber! — protesto, pero su coño palpitaba contradiciéndola.

—Túmbate— ordenó Pollaman y Elena, sin voluntad propia, obedeció.

Se tumbó sobre los fríos adoquines y abriendo las piernas se dispuso a recibirlo inquieta.

—¡Venga! — chilló enardecida ante la inminente follada.

—¡Métemela ya, joder! ¡Quiero sentirla toda!

Pollaman no perdió el tiempo. Se colocó entre la piernas de Elena, la sujetó por la cintura y de una estocada la penetró. El grueso y enrojecido glande el Pollaman se abrió paso entre los labios vaginales de Elena perforándola profundamente.

A Elena se le escapó un estridente chillido mezcla de dolor y placer.

—¡Ahhhhhh!!!

—¡La hostia! ¡Es enorme! ¡Me estás partiendo en dos, cabrón!

—Y aún no he metido ni la mitad —gruñó instantes antes de empujar fuerte y hundir aún más su polla en el cuerpo de la extasiada hembra.

Centímetro a centímetro fue llenándola hasta que sus huevos peludos chocaron contra el clítoris hinchado de Elena. Un placentero escalofrío recorrió su cuerpo; sus piernas temblaron, sus tetas se balancearon descontroladamente y, con las uñas, arañó la piedra del suelo.

—Muévete… muévete ya… ¡fóllame! ¡fóllame! ¡fóllame! — chilló Elena completamente fuera de sí, enardecida ante un placer tan sublime y que nunca antes había imaginado posible.

Y Pollaman obedeció. Empezó lento, disfrutando del coño de Elena y sintiendo como sus paredes aprisionaban su gorda polla hasta adaptarse como un guante de látex.

—¡Ohhhhhh!!!! — exclamó Elena al sentirse completamente llena.

Luego aceleró; cada vez más rápido y profundo, los golpes eran brutales y hacían que las tetas de Elena chocaran entre ellas y se bambolearan con cada embestida.

Entonces, un demencial frenesí se apoderó de la pareja que, conectados por una polla demencial, se unió en una acompasada danza corporal. Elena y Pollaman, gozaban salvajemente del placer del sexo extremo olvidando que se encontraban en medio de una calle solitaria.

—¡Ahhhhhh!!!! ¡Ahhhhhh!!!! — gemían simultáneamente.

¡plop! ¡plop! ¡plop!

El sonido de carne contra carne y los gemidos de ambos se perdían entre las callejuelas, resonando con las paredes hasta languidecer entre la bruma de la niebla.

—¡Toma, toma, toma! — gruñía Pollaman cada vez que su polla se hundía dentro de Elena.

—¿Te gusta mi coño, mi héroe? ¿Te gusta cómo devora tu polla?

—¡Me está exprimiendo, joder! — exclamó él.

—¡Vas a hacer que me corra, cabrón! — exclamó Elena sujetándose las tetas para que no salieran disparadas con las embestidas.

—Córrete dentro… ¡cabrón! Lléname con tu leche... quiero sentir cómo me inundas...

—Como quieras puta—dijo Pollaman.

—Pero antes súbete encima de mí.

Y con un movimiento ágil, sin permitir que la polla escapara de su cueva, se voltearon quedando él tumbado boca arriba y Elena a horcajadas encajada sobre su polla.

—Así me gusta— dijo Pollaman, —ahora fóllame hasta que me vacié dentro de ti.

Elena estaba excitadísima, su coño no paraba de segregar flujos vaginales que empañaban el pubis de Pollaman así que, obnubilada, aceleró el ritmo de las penetraciones tanto como le fue posible.

—¡Ahhhhhh!!!!

¡clof! ¡clof! ¡clof!

Saltaba sobre aquella polla inmensa y se dejaba caer con violencia sintiéndose llena y colmada de carne ardiente. Su clítoris chocaba contra los testículos de Pollaman, amenazando con quebrarlos a cada embestida.

¡clof! ¡clof! ¡clof!

Entonces Elena empezó a temblar violentamente, experimentando un delirante orgasmo que le subió por la columna vertebral electrizándola completamente.

—¡Me corro! ¡Me corro! —gritó con el coño contrayéndose en espasmos brutales alrededor de la gorda verga de Pollaman.

—¡Ohhhhhh!!!! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Ahhhhhh!!!!

Entonces, una cascada de líquido transparente salió de su coño de Elena derramándose sobre el cuerpo de Pollaman y empapándolo completamente.

Él, al límite de su resistencia, puso los ojos en blanco, y se dejó llevar por un grandioso orgasmo. Con un rugido grotesco que sonó mitad león mitad pato ahogado, arqueó su espalda para alzar sus caderas y se hundió con una última estocada.

Y explotó.

¡CHOFFF!!!

Vaya si explotó. La eyaculación fue como la erupción del volcán Krakatoa y Pollaman expulsó un chorro de semen tan potente que lanzó disparada a Elena un metro hacia arriba.

Fue como un géiser pero de semen hirviente; la mantuvo en alto durante unos segundos hasta que cayó pesadamente sobre su pecho quedando, de nuevo, empalada con aquella soberbia polla que no paraba de expulsar interminables chorros de espeso semen.

Cuando su útero quedó colmado, el semen borboteó de su coño y se derramó por encima de sus cuerpos hasta formar un nuevo charco sobre los adoquines de la calle.

Pletórica, Elena dejó escapar un risa histérica y, entre jadeos y suspiros se desvaneció sobre su pecho.

Se quedaron inmóviles unos segundos, jadeando, pegados el uno al otro y respirando acompasadamente. Las tetas de Elena quedaron aplastadas sobre el pecho de Pollaman mientras que, de su glande, aún rezumaban los últimos goterones de leche caliente.

¡PLOP!

Cuando por fin, Elena pudo incorporarse, ingentes cantidades de semen escaparon de su coño abierto aumentando un poco más la profundidad del ya de por sí absurdo charco de semen sobre el que estaban tumbados.

—¿Pero has visto como me has dejado? — dijo Elena riéndose porque estaba embadurnada de semen de pies a cabeza.

Estaba hecho un auténtico asco, completamente cubierta de semen. El pelo estaba pegajoso, su boca rezumaba leche, sus tetas completamente salpicadas, su barriga lastimosamente empapada y su coño chorreaba el preciado líquido sin parar.

—¡Espero que ya hayas descargado todas las municiones! — murmuró mirando su reflejo en el cristal de una puerta.

Y lo que el reflejo le devolvió fue la imagen de una hembra que se restregaba las manos sobre su cuerpo para librarse de toda la lefa que la cubría.

—¿A ti te parece que se ha hecho pequeña? — dijo Pollaman señalando su, aún erecta, protuberancia genital.

—¡No me jodas! ¡¿Cuántas balas quedan?!