La Esposa que Aprendió a Mirarse -5- LA SESION
La puerta se cierra y el silencio de la casa se llena de imaginación. Él sabe que ella vuelve transformada, y que esa noche la noche no será la misma. ¿Qué secretos guardará el vestido negro al llegar a la cama?
LA SESION DE FOTOS
Llegó el jueves. El día de la sesión.
Me desperté antes que ella, como siempre, pero esa mañana el aire ya estaba cargado. Gema se removió en la cama, abrió los ojos verdes y se quedó mirando el techo un buen rato sin decir nada. Se notaba en su respiración: rápida, un poco temblorosa. Nervios puros.
Se levantó despacio, fue al baño y se metió en la ducha. Yo me quedé en la puerta, apoyado en el marco, viéndola a través del cristal empañado. El agua resbalaba por sus curvas, por esos muslos generosos y fuertes que se tensaban cuando se enjabonaba, por el culo respingón que subía con cada movimiento. Se lavó el pelo con cuidado, como si quisiera que cada mechón castaño quedara perfecto. Luego se secó con la toalla despacio, mirándose al espejo, girándose de lado para verse el perfil, tocándose la cintura, las caderas, como si estuviera probando cómo se sentiría bajo las luces del estudio.
Se maquilló más de lo habitual. Base ligera, ojos ahumados que hacían que el verde resaltara aún más, pestañas largas, labios rojos pero no chillones: un tono vino que le hacía la boca aún más carnosa, más peligrosa. Se puso crema por todo el cuerpo, esa que huele a vainilla y que me vuelve loco cuando la huelo en su piel. Se probó tres conjuntos de lencería delante del espejo del dormitorio: uno negro de encaje, sutil pero sexy; uno rojo que le marcaba las tetas medianas y altas; y uno blanco, casi inocente, que contrastaba brutal con su cuerpo curvilíneo.
Al final eligió el negro. Se puso un vestido sencillo encima, negro también, ceñido en la cintura y suelto en las caderas, que dejaba adivinar las curvas sin enseñar nada. Tacones bajos, porque dijo que no quería llegar cojeando. Se miró una última vez al espejo, se mordió el labio inferior y respiró hondo.
—Joder, Javi… estoy cagada —me dijo, acercándose y abrazándome fuerte.
La besé despacio, metiéndole la mano por debajo del vestido para apretarle el culo, sintiendo cómo se tensaba bajo mis dedos.
—Vas a estar espectacular. Laura va a flipar. Y yo aquí, esperando que vuelvas y me cuentes cada detalle… o que me enseñes las pruebas cuando lleguen.
Ella sonrió, nerviosa pero con esa chispa que ya conocía.
—Te quiero. Vuelvo en unas horas. No me esperes despierto si me retraso… pero ojalá me espere algo más que un beso.
Me guiñó un ojo, cogió el bolso con el neceser de maquillaje de repaso y la bolsa con los cambios de ropa que había preparado, y salió.
La vi irse desde la ventana: el vestido moviéndose con cada paso, los muslos fuertes marcándose al caminar, el culo alzado y generoso balanceándose bajo la tela. Subió al coche y desapareció calle abajo.
Yo me quedé solo en casa, con el corazón latiéndome fuerte. Sabía que en ese momento ella ya estaba conduciendo hacia el estudio de Laura, con el estómago revuelto de nervios y excitación. Imaginé cómo llegaría: aparcaría, respiraría hondo, tocaría el timbre. Laura la recibiría con esa sonrisa profesional y cálida, la haría pasar al espacio privado lleno de luces suaves, fondos neutros, un diván, una silla, cortinas pesadas.
Gema se quitaría el vestido despacio, quedándose en lencería negra, sintiendo el aire fresco en la piel. Laura le diría algo como “relájate, eres preciosa tal como eres”, y empezaría a disparar: primero fotos tímidas, de pie, mirando a cámara con esos ojos verdes que matan. Luego más atrevidas: sentada en el diván con las piernas cruzadas, los muslos tensos; de espaldas, arqueando la espalda para que el culo se elevara; tumbada, con la boca entreabierta, mordiéndose el labio como hacía conmigo anoche.
Y yo, aquí, solo podía imaginarlo. Esperando. Con la polla dura solo de pensarlo.
Cuando volviera a casa, ya no sería la misma Gema de siempre. O sí… pero con algo nuevo dentro: la certeza de que había sido vista, deseada, capturada como la diosa que es.
Y esa noche, cuando me lo contara todo —o mejor, cuando me lo enseñara en vivo—, íbamos a follar como nunca. Porque esa sesión no era solo fotos. ema volvió a casa pasadas las nueve de la noche. Oí la llave en la cerradura y salí al pasillo justo cuando ella cerraba la puerta con cuidado, como si no quisiera romper la burbuja en la que venía envuelta. Llevaba el mismo vestido negro, pero algo en su postura era diferente: más erguida, más segura, aunque todavía con un rubor en las mejillas que delataba los nervios que acababa de dejar atrás.
Me miró, sonrió despacio —esa sonrisa que empieza en los ojos verdes y baja hasta la boca carnosa— y se dejó caer en mis brazos sin decir nada al principio. La abracé fuerte, oliendo su pelo todavía con el aroma del estudio: luces calientes, perfume sutil y esa crema de vainilla que se había puesto antes de salir.
—¿Cómo ha ido? —le pregunté al oído, besándole el cuello.
Ella suspiró, largo y profundo, y se separó lo justo para mirarme a los ojos.
—Ha sido… suave. Muy suave —dijo, con una risa nerviosa—. Me ha dado tanta vergüenza al principio que no me he atrevido a ir más allá. Y encima no había llevado la ropa apropiada… solo el conjunto negro de encaje que uso normalmente, nada especial. Laura ha sido un amor, me ha ido guiando poquito a poco: “siéntate aquí”, “mira a cámara así”, “arquea la espalda un poco más”. Hemos hecho fotos bonitas, sensuales, pero nada heavy. Me ha salido natural, como en aquellos desfiles de bikinis de joven, pero más íntimo. Me he sentido… joder, Javi, me he sentido como hacía muchísimo tiempo que no me sentía. Poderosa. Guapa de verdad. Cada vez que me decía “perfecto, qué bien te mueves”, me subía la adrenalina.
Se mordió el labio inferior, ese gesto que siempre me acelera, y siguió:
—Al final, cuando ya estábamos más relajadas y recogiendo, Laura me ha mirado de arriba abajo, como estudiándome, y me ha soltado: “Gema, con el cuerpo que tienes… deberías venir a una segunda sesión. La primera ha sido de calentamiento, pero la próxima ya podemos ir a por algo más fuerte. Tienes curvas que piden cuero, látex, ligueros, corsés. Imagínate un corsé negro apretando esa cintura, levantándote las tetas medianas y altas, realzando esas caderas anchas, y unos ligueros subiendo por estos muslos tan generosos y fuertes. O un body de látex pegado al culo respingón como una segunda piel, dejando ver cómo se alza con cada pose. Tienes el tipo perfecto para eso, voluptuoso, firme, con carne en los sitios justos. No lo desperdicies con lencería básica. Te ofrezco la segunda sesión con descuento porque has sido una pasada hoy. Podemos hacerla en un par de semanas, cuando ya hayas comprado lo que te digo. Vas a verte brutal… y vas a flipar con lo que sale”.
Se rio, un poco avergonzada pero con los ojos brillando de excitación pura.
—Al principio me he quedado muda, pero luego… joder, me ha encantado. Le he dicho que sí, que me apuntaba. Que iba a buscar todo eso: el corsé, los ligueros, quizás hasta unas medias de rejilla o un collar de cuero. Y ella se ha reído y me ha dicho: “Perfecto. Te mando links de tiendas online fiables que tienen cosas de calidad. Prepárate, porque la segunda va a ser mucho más intensa. Y si quieres, traes a alguien de confianza para que te vea en directo… o lo dejamos solo para ti y la cámara”.
Gema se pegó más a mí, frotándose despacio contra mi entrepierna, notando lo duro que estaba ya solo con sus palabras.
—Y ahora estoy aquí, todavía con la adrenalina a tope… y mojada desde que me he subido al coche para volver. Porque durante la sesión, mientras posaba, no podía dejar de pensar en ti. En cómo me mirarías si me vieras así: con cuero apretándome las tetas, el culo alzado, los muslos tensos por los ligueros… Y en cómo me follarías después, sabiendo que Laura ha capturado cada curva.
La besé con hambre, metiéndole la lengua, las manos subiendo por debajo del vestido para tocarla directamente. Estaba empapada, las bragas negras pegadas al coño hinchado y caliente.
—Pues esta noche —le susurré contra la boca, mordiéndole el labio inferior— vamos a fingir que ya has traído el corsé y los ligueros. Te quito este vestido despacio, te tumbo en la cama con las piernas abiertas, y te follo pensando en esa segunda sesión. Y cuando acabemos, buscamos online esa mierda de cuero y látex. Porque si Laura te ofrece la segunda y dice que tu cuerpo la pide… joder, Gema, tu cuerpo la está gritando.
Ella gimió bajito, asintiendo, y me arrastró hacia el dormitorio sin soltarme, el vestido ya subiéndose por los muslos mientras caminábamos.
La primera sesión había sido suave. Pero la segunda… esa ya prometía ser puro fuego. Y yo no podía esperar a verla preparada, posando como la diosa que era, sabiendo que después volvería a casa para que yo la reclamara toda.
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