Fin de semana en el SPA
Ella baja al parking casi desnuda y regresa con el aliento cortado y los ojos brillantes. Él imagina sus labios tocando a otro hombre mientras la folla. Pero el verdadero juego apenas comienza cuando el masajista le envía un mensaje que lo cambia todo.
Continuación del relato:
Prólogo - https://movil.todorelatos.com/relato/246522/
Capítulo 1
En Navidades celebramos nuestro aniversario dejando al pequeño con los abuelos y buscando un sitio especial para nosotros solos. Ese año dimos con un resort de lujo cerca de Barcelona: restaurante con estrella Michelin, spa completo, habitaciones amplias…
Reservamos cena gourmet el viernes noche y todo el sábado para masajes, piscina y relax total.El hotel estaba a una hora en coche. Yo no conduzco, así que ella llevó todo el trayecto. Llegamos sobre las 20:30, aparcamos en el parking subterráneo y subimos a recepción. Check-in rápido, comentarios sobre el menú degustación con el recepcionista, llave de la habitación en primera planta. Spa, piscina climatizada y restaurante en la planta -1 con salida directa al jardín iluminado.
Subimos a la habitación, una suite amplia con ventanales grandes, cama king size y baño con ducha enorme. Nos desnudamos y entramos juntos en la ducha. El agua caliente caía sobre nosotros mientras yo le comía las tetas con hambre, chupando pezones, mordisqueando, ella gimiendo bajito. Me arrodillé y le comí el coño un rato, lengua dentro, succionando el clítoris hasta que se corrió temblando contra la pared. Luego me hizo una mamada lenta y profunda, mirándome a los ojos, tragando hasta la garganta. Nos estábamos calentando para follar toda la noche como animales.
La penetré contra la mampara, embistiéndola fuerte desde atrás, tetas aplastadas contra el cristal empañado. La follé hasta correrme en sus melones perfectos, chorros calientes pintándole los pezones. Después me arrodillé de nuevo y le lamí mi propia corrida de las tetas, esparciéndola con la lengua, chupando pezones cubiertos de semen. A ella le vuelve loca que le coma las tetas así, sucias y brillantes de leche.
Salimos de la ducha, nos secamos y empezamos a vestirnos para la cena. Ella se puso ropa interior sexy: sujetador negro de encaje, liguero y tanga a juego que marcaba el coño depilado. De repente se dio cuenta de que faltaba una maleta, la que tenía los vestidos para la cena y la noche.
—Joder, la dejé en el maletero. Bajo a por ella rápido.
Estaba solo en sujetador, liguero y tanga. Se puso una camiseta larga blanca, casi transparente, que le llegaba a medio muslo, y cogió las llaves del coche. La camiseta tenía un escote enorme y, según la luz, se transparentaba todo: el tanga marcando los labios del coño, el liguero en los muslos, las tetas empujando la tela con los pezones ya duros. La imagen era para pajearse tres veces seguidas.
Eran las 21:30 y teníamos reserva a las 21:45. Pensé que bajaría en dos minutos, pero mientras me arreglaba imaginaba la luz del ascensor atravesando esa camiseta fina, dejando ver cada detalle de esa ropa interior puta. Pensé que podría haber bajado yo, pero ella insistió rápido en ir. Quizás no quería que viera alguna sorpresa o juguete que llevaba escondido en esa maleta…A las 21:45 seguía sin subir. Me empecé a impacientar, la polla medio dura solo de imaginarla paseando por el parking y los pasillos casi desnuda. Salí al pasillo y la vi al fondo, delante del ascensor, hablando con alguien. Solo veía un pie masculino sujetando la puerta abierta. Se despidió con un “hasta mañana, entonces” en tono juguetón y giró hacia mí.
Venía sofocada, las mejillas rojas, el pelo ligeramente revuelto, los ojos brillantes…exactamente como cuando la han follado con la mirada todo el trayecto, o algo más.
—¿Sí que has tardado, eh? ¿Qué ha pasado?
—Había mucha gente en el ascensor, tuve que esperar varios viajes para subir sola con la maleta. ¿Me podrías haber avisado de que se transparentaba absolutamente todo?—Jajaja. ¿Te han follado con los ojos o qué?
—Casi… me han mirado como si estuviera en pelotas. Como te gusta a ti, guarro.
—¿Y con quién hablabas en el ascensor? ¿Algún tío que ya te quería meter mano?
—Jajaja. Más quisiera él. Era uno de los masajistas del spa. Nos conocemos de otra vez…se llama Carlos.
Bajamos corriendo a cenar. El encuentro con un conocido que la había visto prácticamente en ropa interior nos puso a los dos a mil. Durante toda la cena el tema fue Carlos: “Ese te quiere follar fijo”, “apuesto a que ya se ha pajeado pensando en ti”, “mañana en el masaje te va a magrear el coño depilado”. Ella se reía, pero se le notaba cachonda, las mejillas rojas, mordiéndose el labio.
La cena fue puro fuego preliminar. Al volver a la habitación la follé pensando en él todo el rato, embistiéndola fuerte mientras le decía guarradas al oído. En un momento estiró el brazo a la maleta, sacó su consolador grande —ese que simula una polla gruesa y venosa— y se lo metió en la boca mientras yo la penetraba.
—¿Te gustaría que estuviera chupando la polla de Carlos ahora mismo mientras me follas? Joder, qué grande la tiene… déjame que me folle él mientras te la chupo a ti…Se folló el consolador pensando claramente en Carlos mientras me mamaba la polla con ganas, gimiendo alrededor. Aunque nunca lo dice directamente, estaba clarísimo en sus ojos y en cómo se corría. Follamos toda la noche como locos, postura tras postura, hasta caer rendidos de puro agotamiento.
A medianoche me desperté con la boca seca y fui al minibar. Al pasar por la mesita de noche de mi mujer vi su móvil encenderse con un WhatsApp nuevo:
«Hola, perdona las horas. Te aviso que he cambiado el turno con mi compañero y mañana te hago el masaje yo personalmente. Espero que no te importe. Cogí tu número de recepción. Un beso. Carlos»
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