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Mi novia Carla (6)

La noche en Tarifa no termina en la cama. Tras un polvo arriesgado, una cena y un bar, una invitación inesperada a un velero abre la puerta a lo prohibido. ¿Están listos para jugar con desconocidos?

Extremeno1015K vistas8.5· 16 votos

No creía lo que veían mis ojos, pero era real, Carla tiró de los laterales de la braga del bikini y se quedó desnuda delante de mí. A continuación, cogió el sujetador, la braga, la toalla y el resto de cosas y las metió en la mochila, sin que se le quitara la sonrisa de la boca.

- ¿Contento?

- Joder Carla, eres impresionante

- Lo sé jajaja

No dijo nada más, cogió su camiseta y se la puso provocando el efecto que yo había imaginado. Aquella camiseta no ocultaba nada sus pechos, por los laterales se le distinguían perfectamente excepto el pezón y por delante, aquel escote dejaba a la vista la mitad de sus tetas también, aunque, para rematar, por abajo la camiseta solo le llegaba por debajo del culo así que cualquier mínimo movimiento lo dejaría al descubierto.

De esta manera, ambos muy sonrientes, cogimos las cosas y nos dirigimos a las escaleras y fue entonces cuando me volví a acordar de nuestro amigo el mirón, ¿seguiría escondido observando o se habría marchado?

No había forma de saberlo así que subimos las escaleras y se me despejaron las dudas, se había marchado, cosa que agradecí porque creo que Carla no hubiera tolerado tener un mirón observándola cómo se desnudaba o sí, si tenía en cuenta que el sábado anterior había dicho que sí que le pondría caliente si alguna vez alguien nos observara follando.

Durante el camino, que duró unos 20 min por lo irregular del terreno, no hablamos mucho ninguno de los dos hasta que llegamos al final y nos encontramos justo por debajo de la casa que, en ese momento, parecía tener todas las luces apagadas.

- Parece que no hay nadie, ¿no?

- No sé Antonio, quizás estén en el baño o en otro sitio

- Mmm yo creo que estamos solos

- Antonio..

- ¿Qué pasa?

- Que te veo venir otra vez

- Solo he dicho que parece que estamos solos Carla

- Está bien, está bien

Estaba claro que en mi cabeza ya se había montado la siguiente situación morbosa que podríamos llevar a cabo, pero quería asegurarme de que estábamos solos así que subimos hasta el aparcamiento y, efectivamente, comprobamos que el único coche que había era el nuestro así que nos dirigimos hacia la puerta y entramos a la casa.

Entrada que yo aproveché para coger a Carla de la mano y llevarla de un tirón hasta el salón donde me quedé delante de ella y me quité el bañador y la camiseta quedándome desnudo.

- ¿Se puede saber qué haces Antonio?, ¿te has vuelto loco o qué?, me habías dicho que lo de estar solos no lo habías dicho por nada en concreto

- Mmm te he mentido, pero es que me has dejado dos veces a medias hoy Carla así que te voy a decir lo que vamos a hacer, vas a coger mi bañador, mi camiseta y el resto de cosas de la playa y te las vas a subir a la habitación. Luego, lo vas a dejar todo allí, te vas a quitar la camiseta y te vas a bajar desnuda para chupármela en condiciones hasta que me corra en tu cara, ¿lo has entendido?

Carla se quedó un poco parada, creo que no se esperaba aquel tono autoritario por mi parte ni aquella orden que le estaba dando, pero no dijo nada, me dedicó una sonrisa y desapareció por el pasillo mientras que yo, que ya tenía pensado todo el plan, me fui a sentar en la esquina del sofá de manera que si entraba alguien a la casa no nos vería excepto si entraban al comedor – cocina.

No sabía si Carla cumpliría lo que le había dicho pero un minuto y medio después salí de dudas, pasó por detrás de mí para irse a colocar justo enfrente del sofá a menos de 1 metro de donde yo estaba sentado y venía desnuda tal y como le había pedido con su pelo castaño cubriéndole lo que podía del pecho.

- ¿Contento?

- Dios Carla…pensaba que no lo ibas a hacer, que era mucho riesgo por si nos pillaban

- No te voy a mentir, me da un poco de miedo por lo que pueda pasar, pero también me pone muy caliente lo que me has pedido así que aquí estoy, disfrútalo jaja

Sin decir nada más, se apartó el pelo dejándome a la vista la visión de sus perfectas tetas y se agachó para cogerme la polla y metérsela directamente en la boca. Si os digo que en ese momento estaba en el paraíso no os mentiría porque estábamos los dos desnudos en aquel salón con el riesgo que ello conllevaba, pero las ganas de disfrutar nos podían.

Carla empezó aquella mamada con unas ganas tremendas y yo solo podía relajarme, cerrar los ojos y disfrutar del momento. Fuera era casi de noche ya y el salón donde nos encontrábamos estaba en semipenumbra, aunque todavía nos veíamos las caras de excitación que teníamos los dos porque, de vez en cuando, Carla me miraba sin sacársela de la boca y yo podía ver el brillo de sus ojos fruto de la excitación.

Así estuvimos un rato hasta que Carla se la sacó de la boca y me preguntó:

- ¿Me vas a follar Antonio?

- Jaja vaya vaya, pensaba que no querías hacerlo aquí Carla, ¿estás segura?

- Ahora mismo estoy tan cachonda que lo haría en cualquier sitio

- Pues entonces ya sabes lo que tienes que hacer

Dicho y hecho, se levantó y sin pensárselo dos veces se puso encima de mí para empalarse con mi polla y empezar a cabalgarme a un ritmo frenético desde el principio. Era simplemente estar en la gloria más absoluta, yo la cogí del culo para acompasar el movimiento y sentir más profundamente como mi polla se enterraba en su coño perfecto mientras que mi boca devoraba sus preciosas tetas.

Estuvimos así dos o tres minutos hasta que yo bajé un poco el ritmo porque no quería correrme tan pronto y que aquel polvo perfecto acabara, así que hice que Carla se saliera y ella lo entendió perfectamente, volvió a arrodillarse para chupármela, pero solo durante un minuto porque lo siguiente que hizo sí que me dejó sorprendido.

Se levantó, rodeó el sofá y se fue a tumbar sobre la mesa del salón con los pies apoyados en el suelo y dejando su culo y su coño completamente expuestos para ser penetrados, por lo que yo también me levanté y la fui mirando hasta que me puse detrás de ella y de un solo golpe se la metí hasta el fondo.

- Ahhhh me dueleee cabróoooon

- Te jodes Carlita, tú has querido que te folle como una zorra y eso voy a hacer

Y eso hice, durante los siguientes minutos me dediqué a que mi polla se enterrara en su coño de forma despiadada mientras yo la pegaba azotes en el culo y hacía que mis huevos rebotaran contra su pelvis.

Los dos estábamos fuera de sí, pero aquello tenía una consecuencia y no era otra que yo no tardé en correrme más de 4 o 5 minutos, suerte que cuando me llegó el orgasmo, también le llegó a ella así que aceleré el ritmo y me corrí en su coño como hacía mucho tiempo que no lo hacía.

Después de aquello, me quedé tumbado encima de la espalda de Carla mientras recuperaba un poco el aliento y mi polla iba perdiendo dureza dentro del coño de Carla.

- Jo - der Antonio, ha sido un polvo increíble, me has dejado reventada

- Puff Carla, yo también estoy agotado, no me creo que lo hayamos hecho aquí abajo los dos desnudos y sin nada que ponernos

- Jaja yo tampoco, aunque es una suerte que no haya nadie en la casa

- Desde luego, ¿ahora qué hacemos?, ¿nos vamos a duchar?

- Sí, vamos

Los dos cogidos de la mano y con una sonrisa tonta en la cara, nos dirigimos a nuestra habitación y nos duchamos los dos juntos para seguir disfrutando del roce de nuestros cuerpos.

El primero en salir de la ducha fui yo, que me fui directamente a buscar unos calzoncillos negros, unos chinos beige y una camisa azul marino. Sin embargo, Carla, que salió detrás de mí ya seca, se agachó desnuda en la maleta, pero antes de coger nada me dijo:

- Antonio, cierra los ojos, no quiero que veas lo que me voy a poner esta noche hasta que esté lista, pero te aseguro que te voy a dejar sin palabras de lo sexy que voy a ir

- Jajaja está bien, te prometo no mirar

Y eso hice, cerré los ojos y en cuestión de un minuto oí cómo Carla cerraba la puerta del baño y se empezaba a preparar. Eran las 9 menos cuarto de la noche y en ese momento ya sí que estaba completamente oscuro en la calle así que aproveché para salir un rato al balcón y disfrutar de la brisa marina y las luces de Tarifa que se veían a lo lejos.

Así estuve un buen rato hasta que me aburrí y me senté en la cama a trastear con el móvil mientras que oía a Carla y su secador tras la puerta del baño. Se trataba de un ruido que me ponía algo nervioso porque quería ver cómo se había preparado para salir esa noche conmigo, por lo que mis ganas de volver a follármela y de jugar iban en aumento con el paso de los minutos.

Todo ese nerviosismo se disparó casi a las 9 y media cuando Carla abrió la puerta y se quedó mirándome con una sonrisa de lo más sexy. Aquella sonrisa no era para menos, decir que estaba espectacular se quedaría corto ya que su indumentaria no podía ser más adecuada para aquella velada.

Se había puesto un vestido negro con un generoso escote que le apretaba bastante las tetas, tenía dos tirantes finos por arriba que apenas podían contener y sujetar su pecho que, como ya he comentado otras veces, sin ser exagerado sí que andaba por una 95 o 100. Por detrás, dejaba bastante espalda a la vista, la mitad para arriba más o menos y por abajo, el vestido tenía algo de vuelo y era bastante corto, aunque sin ser nada exagerado, por lo que estaba absolutamente espectacular y sexy.

El atuendo lo completaban unos zapatos de tacón negros con tiras atadas por encima del tobillo que me encantaban, así como un pequeño bolso blanco colgado del hombre.

- ¿Qué, no dices nada Antonio?

- ¿Qué puedo decir Carla?, está absolutamente espectacular, te quitaría ahora mismo el vestido sin dudarlo

- Jaja, ¿no has tenido suficiente con lo de antes?

- En absoluto, eso ha sido el aperitivo

- Jaja, pues tranquilo, que nos queda mucha noche

- Tienes toda la razón, ¿vas a coger alguna chaqueta?, recuerda que todavía hace frío por la noche y más aquí en la costa

- Mmm tienes razón, ya sabes que me gusta que me digas lo que me tengo que poner, aunque había pensado en salir sin la chaqueta Antonio, así las ganas de que me calientes van a ser mayores…

Desde luego que aquella actitud de Carla me encantaba, no os imagináis cuanto, desde que había salido del baño ya estaba medio empalmado y ahora me estaba diciendo que no quería llevar chaqueta, pero yo quería ser un poco más cabal y no quería que se resfriara, nos quedaban todavía tres días por delante de follar mucho.

- Mmm me encanta Carla, aunque prefiero que te pongas la chaqueta, ahora no te puedes poner mala

- Está bieeen papá, cojo la chaqueta vaquera

Y eso hizo, cogió la chaqueta y nos fuimos de la casa, cogimos el coche y pusimos rumbo a Tarifa para ir a cenar.

No tardamos mucho en llegar, unos 20 minutos, además pudimos encontrar sitio con relativa facilidad, por lo que a las 10 estábamos bajando en dirección al centro del pueblo a cenar.

No tardamos mucho en encontrar un sitio, se trataba de un restaurante junto a una de las principales plazas de Tarifa, muy cercana ya a la zona de la playa. Era un sitio muy agradable con una decoración tradicional pero que era ideal para parejas por la luz tenue que tenía y por las pocas personas que se encontraban cenando en aquel momento a pesar de que en el pueblo había mucha más gente de la que yo esperaba.

- Bueno Carla, lo primero que tengo que decir o repetir es lo espectacular que estás esta noche, ese vestido es nuevo, ¿verdad?

- Jajaja sí, es una de las cosas que me compré el otro día con Laura, veo que te ha gustado eh

- Puff me encanta, de hecho, llevo pensando desde que hemos salido si te has puesto ropa interior, sobre todo sujetador

- Vaya vaya Antoñito, tanta palabrería y tanta adulación solo para saber si tu novia se ha puesto sujetador o no

- Jajaja me gusta destacar lo guapa que vas siempre, qué mal pensada eres…

- Ya, pues vas a tener que esperar para saber si llevo sujetador o no

- ¿Quieres hacerme sufrir?

- Un poco

Justo tras decir eso, llegó el camarero para entregarnos las cartas, era un chico joven más o menos de nuestra edad, y no pudo evitar fijarse en el escote y en el vestido de Carla, cosa lógica y normal porque era imposible no fijarse en ella tanto por su atuendo como por su mirada que te quitaba el hipo.

- Vaya…creo que nuestro amigo el camarero se ha fijado bastante en ti cariño

- Jajaja no te lo voy a negar, yo también me he dado cuenta

- ¿Y qué te ha parecido?

- Pues sinceramente, muy divertido, esta noche me he preparado a conciencia así que espero que tú y yo nos lo pasemos bien eh

- Jaja no lo dudes Carla

A partir de ese momento, la conversación cambió hacia temas más banales y sin importancia mientras que pedíamos para cenar una ensalada para compartir y atún de almadraba para cada uno de segundo.

Así seguimos también durante la cena, no hacía falta sacar a relucir continuamente el tema sexual y yo me encontraba más feliz que nunca con Carla y con aquella cena. Desde el año anterior prácticamente no habíamos vuelto a salir los dos juntos ni en vacaciones ni un puente largo así que estaba la mar de feliz con aquel puente de semana santa que había empezado tan bien.

Serían las 11 y media de la noche cuando acabamos de cenar, habíamos disfrutado tanto de la cena como del par de copas de vino que nos habíamos bebido durante la cena. Copas que ya habían afectado a Carla porque no tenía ninguna intención de irse a casa y así me lo hizo saber desde el primer momento en que pusimos un pie en la calle tras salir del restaurante.

- Bueno Antonio, ahora, ¿dónde me vas a llevar?, espero que no a casa por favor, tengo ganas de pasarlo bien y luego follarte

Aquello lo había dicho con una cara de zorra como solo ella sabía poner, además, llevaba la chaqueta vaquera en la mano y podía contemplar su cuerpo en todo su esplendor, por lo que ya volvía a tener una erección considerable en los pantalones.

- Jajaja eso espero yo también, vamos a tomar algo por los bares del centro, ¿te parece?

- Me parece perfecto, pero que tenga música y también podamos estar tranquilos, no me apetecen las aglomeraciones

- No te preocupes, encontraremos un buen sitio

Cualquiera que conozca Tarifa sabe que tiene una discoteca grande en el centro y varias en su polígono, pero el resto de bares son pequeños y se encuentran en el centro del pueblo para poder disfrutar de una copa o cerveza hasta no demasiado tarde.

Por esta razón, dimos una pequeña vuelta por la zona de los bares y nos metimos en uno que estaba en una esquina según salías de una calle estrecha y que no tendría más de 20 metros cuadrados.

El sitio era bastante curioso, parecía que quería imitar a una especie de barco pirata o simplemente a un barco porque tenía toda la decoración imitando a un barco por dentro, incluida la barra donde nos habíamos ubicado Carla y yo en dos taburetes altos.

Estaba completamente vacío y en la barra había un camarero medio rubio medio canoso que por su aspecto diría que era extranjero. Tendría unos 45 o 50 años y estaba algo fuerte pero también tenía algo de barriga, aunque sin duda era un hombre bastante simpático.

- Buenas pareja, ¿qué tal estáis?, ¿qué os pongo?

- Buenas noches, yo quiero un gin tonic, ¿y tú, Carla?

- Yo también quiero uno

- Marchando dos gin tonics entonces

- Bueno Carla, ¿le das tu visto bueno al bar?

- Jajaja sí Antonio, el sitio desde luego es curioso, pero no hay nadie y nos tienen puesta música así que te doy mi aprobado.

En ese preciso momento, el camarero volvía con las copas en vaso ancho y nos la ponía a cada uno, aunque aquel hombre no se iba a limitar a ponernos las copas, venía con ganas de hablar.

- Ahí tenéis pareja

- Gracias, ¿cuánto te debo?

- 11 euros

- Ahí tienes

- ¿Estáis de vacaciones verdad?

- ¿Tanto se nos nota?

- Jajaja ten en cuenta que estoy acostumbrado a ver a la gente del pueblo y vosotros sois de fuera, además, por vuestra forma de vestir se nota que venís de fuera y estáis de vacaciones.

Esta última frase la había dicho mirando directamente a Carla, más concretamente a los ojos primero y al escote después, se veía que era un hombre con bastante confianza en sí mismo. Cosa que a Carla le gustó porque fue ella la que respondió a lo último que este había dicho.

- ¿Qué pasa, que la gente del pueblo no se arregla?

- Jajaja pues sí que se arreglan, pero vosotros vais más arreglados y estoy seguro que venís de una ciudad más o menos grande y habéis sido universitarios.

Aquel hombre no tenía ni un pelo de tonto, estaba claro que de tanto ver pasar gente por su bar conocía a las personas y a nosotros nos había calado, eso sí, no había quitado la vista de Carla ni un segundo.

Fui entonces yo el que le respondí a aquel comentario tan acertado que había hecho.

- Pues la verdad es que has acertado en todo lo que has dicho, venimos de Badajoz, ambos hemos sido universitarios y nos gusta arreglarnos, aunque creo que yo también puedo decir algo sobre ti.

- ¿Ah sí?, vamos a ver

- Pues sí, diría que eres extranjero, seguramente de origen alemán o inglés, llevas ya muchos años en España a juzgar por tu acento y seguramente te hayas echado una pareja de aquí de España con quien has montado este bar, ¿me equivoco?

- Vaya vaya, eres bastante listo chico, sin duda también has acertado en todo, por cierto, me llamo Michael y sí, soy de origen inglés, tengo 47 años, llevo 20 en España y mi pareja es de aquí de España, de Cádiz de hecho, tienes un novio bastante listo, ¿lo sabías verdad?

- Jajaja la verdad es que sí, se le da todo bien y las adivinanzas también

- Jajajaja espero que sea verdad y que “todo” se le dé tan bien

Estaba claro por qué había dicho aquel comentario, además, lo había hecho con una sonrisa en la boca y tanto Carla como yo nos quedamos un poco cortados y también con una sonrisa medio vergonzosa en la cara, aunque fue Carla la que le respondió sorprendiéndome.

- Te aseguro Michael que Antonio lo hace todo muy bien en todos los aspectos, por cierto, yo soy Carla

- Jajajajaja pues qué suerte tiene entonces, porque tú eres una chica diez y te tiene que tener contenta

Aquello sí que no me lo esperaba, el comentario lo había dicho guiñándole un ojo a Carla y ella se había sonrojado bastante. No era para menos, aquel tío nos acababa de conocer y ya estaba insinuando lo buena que estaba Carla, cosa de la que no le culpo, pero a mí aquel comentario me había sentado regular y más de la forma en que lo había hecho, hecho del que se dio cuenta Michael porque intentó recular un poco, aunque a medias.

- Bueno, está claro que por la sonrisa de Carla te portas muy bien con ella y eres buena pareja

- Eso no lo dudes

- Disculpad, me llaman

Como no había nadie más a aquella hora de la noche en el bar, nuestro nuevo amigo Michael salió por debajo de la barra y se fue a hablar a la calle, circunstancia que yo aproveché para cambiar impresiones con Carla.

- Joer con nuestro amigo Michael, menudas confianzas se toma, te ha comido con la mirada Carla y ese último comentario… ha sobrado por completo

- Jaja bueno Antonio, no te enfades, es cierto que ha sido bastante descarado, pero tampoco ha dicho nada grave

- Encima le defenderás…

- No le defiendo Antonio, en el fondo me ha hecho hasta gracia, aunque creo que tú te has puesto un poco celoso

- ¿Celoso yo?, en absoluto, lo único que digo es que se ha tomado muchas confianzas, ¿no te parece?

- ¿Sabes lo que creo?, que le podemos putear un poco, podemos seguirle el juego a ver hasta dónde es capaz de llegar

- ¿Y luego?

- Luego nos vamos y follamos Antonio, estoy que me muero porque me folles bien follada, de hecho, me has preguntado antes si llevaba sujetador así que mira

Ese “mira” de Carla significaba que había cogido mi mano derecha y la había llevado hacia su teta izquierda. Cosa que yo entendí enseguida porque toqué por encima de la tela del vestido y se notaba perfectamente que no llevaba sujetador, había salido sin él de casa y aquello sí que me empalmó al instante.

- Vaya vaya Carlita, así que has salido de casa sin sujetador

- Jajaja eso parece, ¿no?

- Sí que parece sí

- Antonio, vuelve nuestro amigo

Efectivamente, aunque yo estaba sentado de espaldas a la puerta pude notar cómo nuestro amigo pasaba a nuestro lado y volvía a meterse en la barra para dirigirse otra vez a nosotros.

- Bueno amigos, ¿por dónde íbamos?, ah sí Carla, ¿me confirmas entonces que Antonio es buen amante?

- El mejor Michael, no tengo ninguna queja de él, además, últimamente me tiene muy contenta

Otro comentario que no esperaba de Carla, lo había dicho tan tranquila, poniendo su cara de zorra como solo ella sabe y, además, había cogido su copa y le había dado un trago esperando a mi reacción así que decidí seguirle el juego.

- La verdad Michael es que últimamente estamos los dos con muchas ganas de querernos, ya me entiendes

- Jajajajaja entiendo Antonio, pero si me permites el comentario, yo también estaría con muchas ganas de “querer” a Carla, es una chica 10, diría que la mejor mujer que ha entrado en mi local últimamente.

Joder, aquel tío no se cortaba un pelo, confirmaba la chulería y la personalidad que me había dado la sensación según había entrado. Me estaba diciendo en mi cara que Carla era un cañón de mujer, lo cual era cierto, pero decidí no enfadarme y seguirle el juego a Carla, en el fondo sabía que aquello terminaría en un polvazo o incluso con algún juego de los que habíamos tenido últimamente.

Carla por su parte, estaba dispuesta a seguir con el juego o incluso más porque lo siguiente sí que me sorprendió, aunque es cierto que, tras dos copas de vino y media copa de ginebra, Carla era otra persona, mucho más desinhibida y sin pensar del todo lo que estaba diciendo.

- Verás Michael, Antonio y yo llevamos un par de semanas que nos lo pasamos muy bien y follamos bastante, no te vamos a engañar. Además, en estas dos semanas, él me ordena lo que me tengo que poner y si se le olvida o no quiere decirme nada, yo me paseo desnuda por la casa hasta que él me ordena que me vista.

Ahora era Michael el que se había quedado un poco a cuadros y sin saber qué decir, aunque pronto volvió un poco a su ser y contraatacó con fuerza.

- Antonio, debes saber que eres un hombre muy afortunado, no dejes escapar a esta preciosidad que tienes aquí al lado, yo si fuera tú aprovecharía incluso mucho mejor este juego que os traéis entre los dos.

- ¿Ah sí?, ¿y eso por qué?

- Porque la hubiera obligado a salir hoy de casa mucho más ligera de ropa de lo que viene, no me malinterpretes, Carla viene guapísima, pero si de verdad tenéis ese juego, debería haber salido de casa con ropa mucho más atrevida y enseñando más aún.

Eso sí que fue demasiado, miré a Carla y se llevó las manos a la cara mientras se reía, Michael esbozaba una sonrisa de quién tiene una seguridad en sí mismo desbordante y yo me había quedado un poco como un pasmarote. No era para menos, no me esperaba aquella frase, pero sin duda había sido demoledora, aunque aún tuve fuerzas y le respondí.

- Verás Michael, estas vacaciones es ella la que está eligiendo la ropa que se pone, el juego está un poco en stand by así que el vestido que le ves puesto lo ha elegido ella.

- Jaja entiendo entiendo, pero si hubieras elegido tú la ropa, ¿qué le hubieras elegido?

No me dio tiempo a responder, justo en ese momento entró por la puerta del bar la pareja de Michael, Ana María, una mujer de unos cuarenta y pocos años que estaba de muy buen ver. Rondaría el 1,70 y para la edad que tenía estaba buena, muy buena, tenía una cara bastante guapa con unas facciones dulces, además, su pelo liso y largo era de un color entre rojizo y algo de rubio o castaño, aunque sin duda lo mejor de su anatomía eran sus tetas ya que traía puesta una blusa con mucho escote que dejaba ver el par de melones que sujetaba dicha prenda.

Eran unas tetas grandes, al menos una 110 y parecía que la gravedad no había hecho mella en ellas. Para rematar, traía puesto un vaquero ajustado con unas cuñas que dejaban ver un culo muy bien puesto y formado, nada que ver con el de Carla por supuesto, pero aún así diría que era una mujer que se cuidaba y hacía algo de deporte.

- Buenas noches amor, ¿qué tal estás?

- Hola cariño, pues mira, aquí estoy con esta pareja joven tan simpática, ellos son Carla y Antonio y estábamos teniendo una conversación de lo más animada

- Hola chicos, encantada, yo soy Ana María, ¿me explicáis por qué está siendo tan buena conversación?

- Pues verás Ana, tanto Antonio como Carla se traen un juego de ropa entre manos que les está ayudando a follar mucho últimamente.

Tanto Michael como Ana no nos habían dejado decir ni mu a Carla y a mí y nuestras caras tenían que ser un poema porque fue Ana la que quiso bajar un poco el ritmo y la tensión.

- Vaya, ¿pues sabes qué, Michael?, que me alegro mucho por ellos, cuando eres joven tienes que disfrutar de tu cuerpo, espero que no les hayas dicho nada fuera de tono a ninguno, especialmente a Carla, que, por cierto, eres preciosa, guapa

- Gracias, la verdad es que algún piropo que otro si que me ha dicho Michael, es un hombre que dice lo que piensa, eso sin duda

- ¿Se puede saber lo que le has dicho a Carla?

- ¿Yo?, nada, que es guapísima y le he sugerido a Antonio que le pida que vista más atrevida para que pueda enseñar ese cuerpazo que tiene

- Ya te vale, perdonadle chicos, no puede evitar que se le vaya la mirada con las chicas jóvenes y guapas como tú Carla

Yo estaba alucinando con la situación y con la conversación, hacía solo un rato que habíamos entrado en aquel bar y nos habíamos encontrado con aquel tipo tan arrogante y seductor como era Michael. Para colmo, había aparecido su novia / mujer y aunque parecía que era más tranquila, también le iba la marcha, eso lo íbamos a averiguar pronto.

- Pues verás Ana, me he cortado un poco porque les iba a ofrecer una cosa justo antes de que tú entraras.

- ¿Ah sí?, ¿el qué?

- Pues les iba a decir que, si quieren, el domingo están invitados a pasar el día con nosotros en el velero

- Jajaja desde luego…eres incorregible

Ese fue el momento en el que yo, tras un buen rato callado, intervine en aquella conversación tan surrealista que estaba teniendo lugar en aquel bar con aquellos dos individuos.

- Ah, que tienes un barco Michael…

- Eso es Antonio y si queréis el domingo podéis salir a navegar con nosotros

¿Y aquella propuesta?, ¿invitas a unos recién conocidos a pasar el día contigo en tu barco?, desde luego que no pero claro, si tienes a una mujer como Carla delante la invitas hasta al mismísimo infierno si hace falta, más si cabe si la vas a tener en bikini delante. Sin embargo, ambos nos quedamos un poco callados ante la propuesta, pero fue al final Carla la que tomó la iniciativa.

- Mmm pues a mí Antonio, me encantaría dar una vuelta en un velero, nunca me he montado en uno

¿Qué podía responder yo a aquello?, nada de nada, porque fue Michael el que se me adelantó.

- Perfecto Carla, pues no hay nada más que decir, el domingo os venís con nosotros a navegar y os enseñamos la costa, ¿estás de acuerdo Antonio?

- Ehh sí claro, la verdad es que yo tampoco he montado nunca en un velero

- Genial entonces, dadme vuestros números de teléfono y estamos en contacto, ¿os parece?

- Me parece bien Michael

De golpe y porrazo teníamos plan para el domingo, completamente inesperado, pero lo teníamos. Íbamos a pasar el día con dos desconocidos en su barco, pero, por otra parte, tenía que ser una experiencia interesante así que aceptamos, aunque ya veríamos luego lo que nos podía deparar el día.

Después de toda la conversación y de la propuesta parece que los ánimos se calmaron un poco y Carla se puso a hablar de cosas más normales con Ana y yo hice lo propio con Michael.

Estuvimos otros tres cuartos de hora hablando con ellos hasta que, sobre la 1 más o menos, les dijimos que íbamos a cambiar de sitio pero que seguiríamos en contacto para concretar lo del domingo, cosa que ellos entendieron y nos desearon que los siguiéramos pasando igual de bien el resto de días que íbamos a estar allí.

Continuará

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