Mi novia Carla (5)
Carla no solo quiere acostarse contigo, quiere que todos la vean hacerlo. Entre el mar, la arena y las miradas ajenas, la línea entre la intimidad y la exposición se desdibuja hasta que el placer se vuelve público.
Jueves: 8:00 de la mañana
Me encontraba en la puerta del hospital esperando a Carla, estaba a punto de comenzar nuestro viaje, ese que tantas expectativas me había generado durante toda la semana. Hacía un tiempo estupendo, daban unas máximas de 22 – 23 grados todos los días y unas mínimas de 14 o 15 así que no íbamos a pasar calor, pero tampoco frío.
A las 8 y cuarto Carla apareció por la puerta del hospital, venía guapísima a pesar de ir informal, llevaba puesto un pantalón negro tipo pitillo, una camiseta blanca sin mangas y con tirantes finos y encima una camisa de tela fuerte con cuadros blancos y grises además de sus famosos botines del otro día.
- Hola cariño, ya estoy lista para nuestro mega puente de semana santa, ¿puedo saber ya a dónde vamos?
- No, lo vas a ir descubriendo a medida que nos acerquemos al destino
- Jaja, qué malo eres, me vas a tener con la incertidumbre hasta el final…
Durante un par de horas, hasta que llegamos a Sevilla, la conversación fue muy amena, hablábamos de qué tal le había ido la guardia a Clara, de mi cátedra que había comenzado este curso, de nuestra familia, en resumen, no habíamos tocado ningún tema sexual ni habíamos hecho ninguna insinuación, estaba siendo un viaje muy agradable y eso me recordaba lo felices que éramos en ese momento, atrás habían quedado unos meses duros que no quería recordar ya que en algunos momentos pensé que nuestra relación se iba a la mierda.
Serían las 11 y media de la mañana, acabábamos de pasar Sevilla en dirección Cádiz, y Carla me preguntó:
- ¿Entonces me llevas a Cádiz no?
- Rrrr error Carlita, te crees muy lista pero todavía no sabes dónde vamos, eso seguro
- Venga Antonio, dímelo por favor
- Te tendrás que aguantar hasta que lleguemos
- ¿Y si hago esto?
En ese momento, Carla se quitó la camisa y se quedó solo con la camiseta a la vista y la verdad, le hacía unas buenas tetas
- ¿Crees que me lo vas a sacar quitándote la camisa? ¿Por quién me has tomado?
- Está bien, ¿y si hago esto?
Carla se refería a quitarse el cinturón de seguridad, echarse para adelante y llevar las manos a su espalda para desabrocharse el sujetador y bajar los tirantes por cada uno de sus brazos. Luego, desde abajo se metió la mano y tiró del sujetador quedándose con él en la mano y tirándolo a la parte trasera del coche me dijo:
- ¿Así mejor?
- Jajaja hay que ver lo que haces cuando te pones cabezota eh
- Ya sabes que sí, y desde el sábado mucho más
Esa frase me dejó pensando un poco ya que estaba claro que aquella actitud de exhibirse no tenía vuelta a atrás y a mí por supuesto me estaba encantando. Además, las vistas que tenía en ese momento eran maravillosas, su camiseta era bastante fina por lo que sus pezones se marcaban con facilidad y mi polla empezaba a notarlo
- Está bien, está bien, vamos a un sitio que está entre Cádiz y Tarifa, ¿contenta?
- ¿Estás seguro que no puedes hacerlo mejor?
En esta ocasión no optó por quitarse más ropa, pero sí por posar su mano izquierda sobre mi polla y apretujarla un poco. Yo no sabía si podría mantener la concentración al volante con semejante espectáculo, pero por suerte, había una estación de servicio a un kilómetro así que me desvié y paré en la gasolinera.
- ¿Qué haces Antonio? – Pensaba que íbamos a ir del tirón
- Sí, pero me estoy meando y necesito parar, no te preocupes, serán 10 minutos
La gasolinera tenía un área de servicio al lado con una cafetería – bar así que aparqué en el aparcamiento y nos bajamos. Hacía buena temperatura, seguramente habrían acertado en los 22 – 23 grados, así que se estaba genial.
Me di cuenta que Carla se había bajado del coche sin ponerse la camisa encima, estaba claro que sus ganas de hacerse notar ya eran permanentes y así fue hasta que entramos en la zona del bar porque, según nos acercábamos a la barra, varias personas se quedaron mirando a Carla. Iba marcando teta, se notaba a la legua y ella parecía sentirse como pez en el agua así que nos quedamos apoyados en la barra y pedimos un par de coca – colas.
- Te estás haciendo notar, ¿lo sabes verdad?
No dijo nada, le salió la medio sonrisilla y le pegó un buen trago a la coca cola. Tras un rato en la barra, pedimos unos bocadillos para que a nuestra llegada a la casa pudiéramos comer, aunque fueron unos bocadillos de jamón serrano y nos acabamos las coca colas.
- ¿Nos vamos?
- Sí, espera, que voy al baño y nos ponemos en marcha a ver si averiguo de una vez a donde me llevas
Me guiñó un ojo tras esa frase y se fue hacia el baño tan risueña como siempre.
A los 5 minutos apareció de nuevo y nos fuimos a por el coche para seguir nuestro camino y retomar nuestra conversación.
- Venga Antonio, no seas muermo y dime a donde vamos
- Mira que eres pesada, lo último que te voy a decir es que vamos a un sitio donde podremos tener intimidad y donde espero que podamos seguir jugando como el otro día
- ¿Vamos a una casa o a un hotel?
- Mmm digamos que vamos a un sitio donde no estaremos del todo solos, pero tampoco con mucha gente, ¿te sirve o no quieres dejar nada de sorpresa?
- Está bien, está bien, ya no pregunto más
Así pues, seguimos el camino, me desvié en Jerez y ya seguí hasta que llegué a la nacional que iba hacia Tarifa, aunque, como he dicho anteriormente, el sitio que habíamos alquilado estaba un poco antes de llegar a la playa de Bolonia así que cogí el desvío y nos metimos en el camino asfaltado que nos llevaría hasta nuestro destino los próximos 4 días.
- ¿Me llevas a mitad del campo o qué?
- Espera y verás
10 minutos después llegamos a la casa – hotel que había reservado, serían casi las 2 de la tarde, y Carla me miró extrañada pero enseguida se le pasaría la duda. Había un pequeño aparcamiento donde cabrían seis coches y solo había tres, por lo que el sitio era bastante exclusivo y apartado.
Nos bajamos y ya nos estaba esperando el dueño para enseñarnos la casa y darnos las llaves, tendría sobre 50 años y era un hombre de lo más normal.
- Buenos días
- Buenos días
- Me llamo Santiago, tú debes ser Antonio ¿verdad?
- Eso es, esta es mi novia Carla
- Encantada
- Muy bien, vamos a dentro y os enseño vuestra habitación y el resto de la casa
La entrada estaba en la parte trasera de la casa ya que por delante había un desnivel en el terreno y esta quedaba en una especie de alto sobre una colina.
Santiago nos hizo el primer recorrido, desde la puerta se accedía por una zona de adoquines donde, podías girar a la izquierda y te encontrabas la puerta de la casa, o podías seguir de frente hasta la zona de la piscina con la que contaba la casa. Era una zona ajardinada y con varios árboles donde había una piscina que tendría unos 10 metros de larga y desde la que se podía ver el mar porque tenía una barandilla con unas vistas espectaculares. Además, tenía algo bueno y es que la piscina no daba a ninguna ventana de la casa, lo que agradecí ya que se me estaban ocurriendo varias ideas.
Después de enseñarnos la piscina, entramos en la casa y accedimos directamente a un pasillo largo, desde ese pasillo se veía al fondo una estancia diáfana donde a la izquierda se veía una cocina muy amplia con una gran ventana y en el centro una mesa con varias sillas. Al otro lado, sin pared de por medio, había un sofá bastante grande de estos que hacen esquina con una gran televisión en la esquina derecha de la estancia.
Tras enseñarnos el salón y la cocina, Santiago volvió por el mismo pasillo y nos enseñó una cosa de la que se sentía bastante orgulloso.
- Veréis, desde este pasillo como podéis ver salen dos escaleras hacia abajo a ambos lados que llevan a las habitaciones que quedan en el nivel inferior y que tienen esas ventanas tan grandes hacia el mar que habéis visto en las fotos, aunque vuestra habitación está a este otro lado.
Se refería a dos pasillos que salían uno enfrente del otro desde ese mismo pasillo central y desde los que salían unas escaleras al fondo hacia la izquierda y hacia la derecha respectivamente, que llevaban a las dos habitaciones que había en la planta superior y hacia allí nos dirigió Santiago.
- Tenéis suerte la verdad, la otra habitación que está en este nivel la tengo yo reservada por si tengo que venir a dormir alguno de estos días, aunque no lo creo, las otras dos habitaciones de abajo sí que están ocupadas. Hay una pareja y un alemán que ha venido a ver a unos familiares que viven por la zona.
Llegamos a la habitación y la verdad es que tenía todo lo que se podía pedir, una cama de matrimonio grande con una tela fina por encima, un balcón con una mesita y dos sillas y un baño que tenía una ducha amplia y un wáter y un lavabo.
La única pega es que el balcón daba hacia la izquierda y no hacia el mar, en ese lado de la pared lo que sí había era un ventanal alto y un poco estrecho desde el que tenía que haber un atardecer espectacular.
- ¿Os vais el lunes por la mañana verdad?
- Sí, yo he pedido el día y ella trabaja por la tarde así que pasaremos la noche del domingo aquí
- Muy bien, no sé si estaré así que en ese caso dejad las llaves en la cocina y cerrad la puerta. Ah, y pasadlo muy bien los dos, este es un sitio bastante apartado como habréis podido ver, lo único es que la cala que te dije está como a un kilómetro y poco y hay que ir andando, aunque no suele haber nadie. La otra opción es coger el coche e ir a Bolonia o cualquier otra playa que, a pesar de ser semana santa, no están muy concurridas.
- Perfecto Santiago, créeme que iremos a esa cala y a alguna más y también que lo pasaremos muy bien
Santiago esbozó una sonrisa sabiendo por donde iban los tiros y se despidió de nosotros ofreciéndose para cualquier cosa que pudiéramos necesitar.
Una vez nos despedimos de Santiago subimos a la habitación a cambiarnos, teníamos unas ganas locas de playa y yo en especial tenía unas ganas locas de ver los bikinis que se había comprado Carla.
- Cariño, ¿con qué me vas a sorprender este primer día?
- Jaja, de momento con nada, podíamos comer antes de cambiarnos ¿no?
Carla tenía razón, entre que habíamos llegado y Santiago nos había enseñado el piso, eran ya las 2:30 de la tarde así que cogimos los bocadillos que nos habíamos comprado en el área de servicio y bajamos al comedor a comérnoslos antes de ir a la cala que estaba al “lado” de la casa.
Así, mientras bajábamos las escaleras escuchamos unas voces que provenían precisamente del comedor al que nos dirigíamos. Tras recorrer nuestro pasillo y llegar al principal girando a la izquierda y andando un poco más, nos encontramos a la izquierda, donde estaba la cocina, con la pareja que nos había dicho Santiago y que tenían el mismo plan que nosotros, comer, aunque nos quedamos bastante sorprendidos por el físico de estos.
Y nos quedamos sorprendidos porque ambos eran mulatos - portugueses de nacimiento, pero también españoles de nacionalidad, tenían un color de piel en un tono chocolate y ambos eran bastante atractivos. Ella se llamaba Andreia y era una chica delgada sin grandes curvas, pero muy sexy ya que se le intuían unos pechos bastante aceptables debajo de su camiseta de manga corta y un culo redondito, además, tenía el pelo a lo afro pero no muy largo, en su punto justo. En general resultaba tremendamente sexy.
Por su parte, él se llamaba Joao y sería más o menos de mi estatura, aunque quizás un pelín más alto, tenía un cuerpo más o menos fibrado, pero delgado y el pelo bastante rizado pero muy corto.
- ¡Hola!
- Hola
- ¿Cómo os llamáis?
- Nosotros somos Carla y Antonio, ¿y vosotros?
- Nosotros somos Andreia y Joao, ¿acabáis de llegar a la casa verdad?
- Sí, Santiago nos la ha estado enseñando y la verdad es que es espectacular, por no hablar de las vistas y la tranquilidad que hay al estar bastante aislada
- Jajaja, nosotros ya lo hemos comprobado, hemos estado solos casi toda la semana y la verdad es que nos ha cundido bastante tanta soledad
En ese momento, la pareja se echaba una mirada cómplice el uno al otro con una medio sonrisilla que dejaba intuir que habían aprovechado para follar de lo lindo.
- ¿Entonces, habéis venido a desconectar? ¿Hasta cuándo os quedáis?
- Pues la verdad es que hemos venido en un plan un poco improvisado, Antonio me ha querido dar una sorpresa trayéndome aquí
- ¿Sí? ¿Y lo ha hecho?
- Ya lo creo, ha acertado de lleno, estamos deseando empezar a probar todo lo que se puede hacer por aquí
Tras esta última frase, a Andreia se le escapó de nuevo una sonrisa tonta dando a entender que había leído entre líneas que nosotros también habíamos venido a follar y a dar rienda suelta a nuestros deseos.
- Pues os va a encantar la cala que hay en esta zona, prácticamente hemos estado solos toda la semana en ella excepto por alguna pareja y un chico que ha estado viniendo toda la semana a bañarse
- ¿Un chico solo?
- Sí, yo creo que es de por la zona porque viene todas las tardes a darse un baño y a disfrutar de la tarde al sol
- Oye Andreia, y en esa playa, ¿qué tal está el agua para bañarse? ¿todavía estará fría el agua no?
- Hombre, un poco sí, pero te puedes bañar un rato sin problemas
Joao y yo éramos meros espectadores de aquella conversación y de aquella complicidad entre las chicas, aunque creo que tampoco nos importaba mucho, sinceramente me había dado tiempo a darle un buen repaso a Andreia de arriba abajo y lo mismo había hecho Joao con Clara porque hay que recordar que iba marcando tetas y pezones a través de su camiseta blanca tras haberse quitado el sujetador en el coche.
Tras un rato más de charla en la que Joao y Andreia nos dijeron que ambos eran azafatos de vuelo y que se habían tomado un descanso de 10 días en aquella casa después de tanto cambio horario como tenían con sus vuelos transoceánicos, ambos trabajaban para Iberia, nos despedimos y dijimos de cenar o comer juntos de nuevo esa noche o cualquiera de los días que íbamos a tener por delante.
Una vez en la habitación, le dije a Carla:
- ¿Qué te han parecido nuestros nuevos amigos?
- Son muy majos y muy guapos, por cierto
- Ya he visto que no le has quitado la vista de encima a Joao, te ha pasado lo mismo que el otro día con John, voy a empezar a pensar que te gustan los chicos de color
- ¿Qué pasa? ¿Qué tienes envidia o qué? ¿Tú no te has fijado en Andreia?, tiene pinta de ser una fiera en la cama
- Y él tiene pinta de empotrarla bien jajaja
- De verdad Antonio, qué bruto eres a veces
- Me dirás que no lo has pensado, ¿o no?
- Si te conoceré yo bien la mente sucia esa que tienes…
Dicho esto, habíamos entrado en la habitación hace un rato y Carla estaba dándome la espalda agachada en el suelo rebuscando en el suelo en la maleta, maleta que no era muy grande para lo que ella acostumbra, de hecho, era más bien pequeña - ¿Me vas a enseñar ya tu primer bikini o qué?
- Espera y verás
Tras esta frase, Carla sacó algo de la maleta y se dio la vuelta, aunque lo que sea que hubiera cogido, se lo puso detrás de la espalda y se dirigió al baño riéndose sin darme la espalda y cerró la puerta. Momento que yo aproveché para quitarme las bermudas y los calzoncillos y ponerme un bañador azul bastante simple que me quedaba por encima de la rodilla de largo.
Al par de minutos apareció Clara y vaya si me sorprendió, se había puesto un bikini que al momento hizo que se me pusiera dura, era negro tanto arriba como abajo. El sujetador no tenía tirantes, es decir, solo iba abrochado atrás en la espalda, pero eso no era lo mejor, lo mejor era que ambas copas del sujetador estaban separadas entre sí solo por finas tiras dejando un sugerente hueco en el medio que permitía ver la parte exterior de ambos pechos. Abajo, la braga era tipo tanga con lazos a ambos lados y por detrás quitaba el hipo, era tanga sin ser excesivamente exagerado, pero se veía perfectamente su culo porque a mitad de este más o menos desaparecía la tela entre sus nalgas
- ¿Bueno qué? ¿Te gusta?
- ¿Qué si me gusta? – Me encanta Carla
- Jaja, pues falta el toque final
El toque final era una prenda que Carla tenía en la mano y que se puso metiéndosela por la cabeza. Era una camiseta larga también negra que le quedaba justo por debajo del culo de manera que si se agachaba se le veía por completo el tanga, aunque eso no era lo mejor, lo mejor era que por detrás era completamente descubierta casi hasta el culo y, además, era muy holgada, por lo que dejaba a la vista ambos laterales del sujetador completamente a la vista.
Lo primero que pensé era cómo le quedaría si no llevara puesto el bikini, sería como ir prácticamente desnuda porque se le verían perfectamente las tetas por los laterales y casi por delante porque también tenía un escote en forma de pico que llegaba justo por debajo de los pechos.
- Por tu reacción creo que te ha gustado bastante la camiseta, pero ¿sabes qué?, me he comprado otra en blanco que creo que te gustará mucho más
Se me había quedado cara de tonto por completo, no puedo decir otra cosa y para empeorar la situación se me había puesto dura por completo. Hecho que Carla vio enseguida y cómo no, tuvo que comentar:
- Vámonos anda, que si te dejo no salimos de la habitación en toda la tarde
- Jajaja no te falta razón
Tras este pequeño calentón por mi parte, cogimos las mochilas, metimos las toallas, algo para merendar y agua, no necesitábamos nada más para disfrutar de la tarde de playa o eso pensábamos…
Nos dirigimos hacia el camino que llevaba a la cala, tenía casi un kilómetro y medio de largo y empezaba justo por debajo de la finca donde estábamos, discurriendo casi paralelo a la costa hasta llegar a la playa.
Según comenzamos a andar miramos hacia la casa y distinguimos perfectamente las cuatro habitaciones a ambos lados de la casa, cada habitación estaba una encima de la otra y las de la planta inferior, donde estaban la pareja de portugueses y el alemán, tenían un gran ventanal como nos había dicho Santiago, aunque tenían corridas unas grandes cortinas sin ofrecer la posibilidad de ver lo que estaba ocurriendo dentro. Por su parte, en nuestra habitación también se distinguía la ventana que teníamos, que llegaba casi hasta el techo, pero no era igual de ancha que las del piso inferior, tendría aproximadamente un metro y poco de ancho.
Contempladas esas vistas, comenzamos a andar por el camino y, como he dicho, discurría casi paralelo a la costa, estaba flanqueado a ambos lados por bastante vegetación de porte bajo que le daba un toque exótico muy bonito.
Tardamos casi media hora en llegar a la cala, el final del camino lo marcaban unas escaleras por las que se bajaba a la playa y en la que casi no había nadie, un par de señores pescando, un chico tumbado en la arena boca abajo y una pareja de unos 50 años bastante rubios que, por las pintas, serían extranjeros.
Bajamos y nos situamos en el lado izquierdo de la playa casi coincidiendo con el final de esta, que lo marcaban unas rocas de un tamaño considerable. Serían aproximadamente las 4 y media de la tarde y hacía un tiempo fantástico, ni frío ni calor, ideal para disfrutar de un merecido descanso.
Sacamos las toallas de las mochilas y las estiramos sobre la arena. A nuestro lado, como a unos 10 o 12 metros estaba el chico tumbado boca abajo sobre su toalla mientras que los pescadores estaban metidos hasta las rodillas en el mar y la pareja de guiris estaban al otro lado de la playa en una posición muy parecida a la nuestra, la playa no tendría más de 150 metros de ancha.
Esa era nuestra situación, aunque era una situación que había comenzado de la mejor manera posible ya que Carla se había quitado la camiseta, por llamarla de alguna manera, y se había sentado sobre la toalla con las piernas flexionadas y había sacado la crema para empezar a echarse sobre las piernas.
Por mi parte, también me había quitado la camiseta y me había sentado junto a Carla:
- ¿Bueno, entonces qué te parece la aventura hasta ahora Carla?
- Puf, me está encantando, no podías haber elegido un sitio mejor Antonio, nunca pensé que existiría un sitio así en un lugar tan concurrido como este, además, tenemos casi una playa para nosotros solos
- ¿Sí, ¿verdad?, estamos bastante solos
- Antonio…te veo venir
- No he dicho nada
- No te ha hecho falta
Era cierto, ver así a Carla no era suficiente para mí, habíamos venido para disfrutar y yo quería que lo enseñara todo, para que nos vamos a engañar, quería que fueran 4 días de morbo y sexo a todas horas. Creo que Carla también tenía algo en mente porque, tras haberse hecho esa especie de moño que se hacía siempre y haberse tumbado boca abajo, me dijo:
- Anda, sé bueno y dame crema por la espalda, pero pórtate bien eh
¿Qué quería decir con aquello?, no supe descifrarlo del todo, pero estaba seguro que ella tenía ganas de jugar y yo también así que empecé a echarle crema desde el cuello hasta la parte baja de la espalda, pero lo hice a la vez que le daba un masaje. Ella tenía que estar en la gloria porque no se movía y solo era capaz de decir:
- Muy bien Antonio, eso es, hacía mucho tiempo que no me dabas un masaje de esta manera
- Jaja eso es porque tú no me lo pides, ¿quieres que también te dé crema y un masaje por el culo y las piernas?
No obtuve respuesta ante tal pregunta por lo que lo interpreté como un sí y comencé la operación crema – masaje. Para ello me puse con las dos piernas a ambos lados de las de Carla, sentado sobre ellas, y comencé a disfrutar yo también porque agarrarle el culo a Carla era una cosa que me encantaba, no os digo nada ya cuando me la estoy follando, os podéis imaginar.
En esas estaba cuando, en un momento a través de mis gafas de sol, miré hacia mi izquierda y vi que el chico que antes estaba tumbado no quitaba la vista de nuestra posición. Tendría unos 30 años, era moreno, delgado y tenía bastante barba, no se podría decir que tuviera un físico destacable, un hombre bastante normal que diríamos aquellos.
Los que tampoco quitaban la vista de nuestra posición eran los dos pescadores, ambos tendrían unos cincuenta y tantos años y habían dejado de prestar atención a sus cañas.
- Carla, creo que te han salido tres admiradores
- ¿Qué dices Antonio?
- Lo que oyes, mira a tu izquierda
Al oír aquello, Carla giró su cara y vio que no la estaba mintiendo, de hecho, el chico de la toalla se llevó la mano a la polla y se la colocó debajo del bañador mientras que los pescadores se decían algo el uno al otro.
- ¿Qué, tengo razón o no?
- Creo que eres un exagerado
- Ya veremos
Tras decir esto, me levanté y paré el masaje a Carla, acción que sirvió para que Carla se indignara un poco.
- ¿Se puede saber por qué paras?
- Porque quiero darme un baño y probar el agua
- De eso nada guapo, te bañarás cuando yo lo diga y ahora vas a seguir dando un masaje a tu novia
- Está bien, con una condición
- ¿Cuál?
- Me tienes que dejar que te desabroche el sujetador
- Lo sabía Antonio, mira que lo sabía
- ¿Qué pasa? – Te he dicho desabrochar, no te he dicho que te lo quites, todavía…
- Jajaja, pero mira que tienes cara, ven aquí anda, te dejo que me desabroches el sujetador, luego ya veremos qué pasa
Y eso hice, me volví a sentar sobre ella, esta vez sobre su culo, y reemprendí el masaje, aunque está claro que aproveché para desatar el nudo y dejar desnuda la espalda de Carla.
- ¿Contento?
- No todo lo que me gustaría, pero más que antes, sí
Volví a mirar hacia la izquierda y allí seguían con la mirada fija en nosotros los tres hombres de antes. También me fijé en que la pareja de guiris empezó a recoger y se preparó para macharse, aunque solo eran las 5 de la tarde, pero los horarios de los europeos ya sabéis como son, más si cabe un 30 de marzo como era aquel día.
Tras un rato más de masaje me tumbé al lado derecho de Carla, lo había hecho con toda la intención porque de esa manera los tres hombres podían ver las tetas de Carla apretujadas contra la toalla. De hecho, Carla, que no era tonta, me dijo:
- Menudo gustazo se tienen que estar pegando esos tres gracias a ti eh
- ¿Por qué lo dices?
- Sabes por qué lo digo cabrón, te podías haber tumbado a este otro lado
- Jajajaja ya me conoces
- Pues, ¿sabes qué Carla?, tengo muchas ganas de bañarme y me gustaría que me acompañaras
- ¿Enseñando las tetas, no?
- Exacto
- Ya te vale Antonio, no quiero enseñarles las tetas a esos tres tíos
- Pensaba que tenías ganas de jugar y poner en práctica lo que habíamos hablado
- Sí, Antonio, pero no hoy, déjame que me lo tome con más tranquilidad, vamos a bañarnos, pero no voy a hacerlo en topless
Conocía la forma de hablar de Carla y de mirarme cuando no tiene ganas de hacer algo y aquella era una ocasión, por lo que iba a cumplir con lo que se le estaba pasando por la cabeza así que, se anudó otra vez el nudo del bikini y se levantó para irse a bañar, aunque yo me quedé sentado en la toalla, quería ver aquel cuerpazo entrando al agua.
Al levantarse de la toalla, lo primero que hice fue mirar hacia el chico y los pescadores, los guiris ya se habían ido, y pude ver que estaban pensando lo mismo que se me pasaba a mí por la cabeza, el polvazo que le pegarían a Carla en ese momento. No le quitaban ojo y yo tampoco, se había quedado parada en la orilla mirando hacia el horizonte y con las manos en las caderas.
Desde mi posición podía apreciar el culazo que le hacía ese tanga a Carla y si yo tenía esa visión, no me quiero imaginar la que tenían los pescadores e incluso el chaval, tenían que estar disfrutando de lo lindo con la silueta de Carla enfundada en aquel bikini.
Yo me había quedado un poco parado ante la situación a pesar de la tremenda erección y del calentón que tenía encima pero enseguida Carla me sacó de él, se dio la vuelta y me dijo:
- ¿No decías que querías bañarte? Pues vamos Antoñito, que hay que disfrutar la tarde
- Jaja voy voy
Me levanté y Carla y yo fuimos decididos hacia el agua que nos golpeó con la primera ola, estaba bastante fresca el agua, pero menos de lo que esperaba.
Agarré a Carla de la mano y la llevé hasta un punto en el que el agua nos llegaba más o menos por el pecho. Me abracé a ella poniendo mis manos sobre su culo y ella las suyas detrás de mi cuello.
- Bueno Antonio, hemos empezado nuestra escapada y espero que nos lo pasemos muy bien tú y yo estos cuatro días
- Puf Carla, yo también lo espero, aunque podían haber empezado las vacaciones un poco mejor si estuvieras haciendo topless ahora mismo
- No seas impaciente, yo también tengo ganas de hacer cosas, pero todo a su tiempo
- Joder Carla, llevo muy caliente todo el día y lo del topless hubiera sido el colofón
- Jajaja tranquilo machote
Estaba tan pegado a ella que notaba perfectamente la erección que tenía debajo del bañador, circunstancia que aprovechó para ponerme más caliente todavía. No podía pensar con claridad, era imposible con las ganas que tenía de desnudar a Carla y follármela.
- Carla, ya que no quieres hacer topless podías darme algo para calmar el calentón que llevo, ¿no?
- Jajaja mmmmm pudiera ser, pudiera ser, podría hacerte una paja aquí en el agua, ¿qué te parece?
- Joder, me encantaría
- Está bien, pero tienes que hacer una cosa
- ¿El qué?
- Quítate el bañador
- Jajaja, ¿no puedes hacérmela sin quitármelo?
- ¿Qué pasa, que solo tu novia es la que tiene que andar por ahí medio desnuda enseñándolo todo?
- Pero si nos has enseñado nadaaa
- Cierto, pero me lo has pedido así que, si quieres que te haga una paja, ya sabes
- Está bien, está bien, no tengo ningún problema
Y ningún problema tuve porque tiré del bañador hacia abajo haciendo un poco de fuerza de modo que me agaché y me lo saqué por los pies.
- Muy bien, ese es mi chico, ahora disfruta
Puse las manos sobre mis caderas y Carla empezó a besarme con pasión a la vez que me agarró la polla con la mano derecha y empezó a bajar y subir mi piel mientras que, con su mano izquierda, volvió a rodear mi cuello y a besarme.
- ¿Qué, te gusta?
- Estoy en la gloria Carla, sigue así, en nada me voy a correr
- Jajaja lo llevas claro Antoñito
Dicho eso, Carla paró la paja y el beso y puso rumbo a la orilla mientras que yo me quedé parado intentando asimilar la situación ya que me había dejado a punto de correrme y con un calentón bestial.
Carla era una experta en hacerme sufrir y no quería que aquel viaje y aquellas ganas de jugar que teníamos empezaran con una simple paja en el mar, así que se dio la vuelta y se dirigió hacia la orilla. Orilla que no tardó más de 30 segundos en alcanzar para, a continuación, irse a sentar en la toalla mientras que los dos pescadores y el chico no le quitaban la vista de encima.
Mientras tanto, yo me había quedado como un pasmarote con mi bañador en la mano, por lo que volví a ponérmelo y me dirigí hacia la toalla para irme a sentar junto a Carla.
- Te parecerá bonito lo caliente que me has dejado, ¿no?
- Te jodes Antonio, no puedes pedirme que haga topless para que luego vaya y te haga una simple paja en el agua, tenemos que jugar un poco mejor y con más morbo
- Ya te vale Carla…esto me lo tienes que compensar de alguna manera
- Todo a su tiempo Antonio
Así, Carla se tumbó boca arriba para tomar un poco el sol y sacó un libro para leer, acción que yo imité excepto por lo del libro ya que me tumbé boca abajo y me quedé medio dormido.
Serían las 6 y cuarto cuando me desperté, el sol estaba bajando, quedarían casi dos horas y media de luz, pero ya era media tarde y hacía un poco más de fresco en la playa.
Carla seguía en la misma posición, tumbada boca arriba y leyendo su libro, pero se dio cuenta de que me había despertado y me miró:
- ¿Ya se ha despertado la bella durmiente?
- Jajaja lo que te gusta vacilarme
- Solo un poquito
- ¿Has avanzado mucho en la lectura?
- La verdad es que sí, me ha dado tiempo a leer bastante
- ¿Te apetece otro baño?
- Mmm no sé, el agua todavía está fría para bañarse y ya ha bajado mucho el sol Juan
- Bueno, está bien, iré yo entonces a pegarme un chapuzón
Aquella frase habría provocado una medio sonrisa en la cara de Carla, sonrisa que me dedicó durante un buen rato mientras me miraba fijamente y yo me levantaba para ir a darme otro baño, aunque pronto desvió la mirada hacia nuestros amigos los pescadores.
Ambos estaban recogiendo las cosas con la intención de irse, no así el chaval que también estaba en la playa. Chaval en el que no había vuelto a reparar pero que seguía allí sentado en la toalla con la mirada perdida en el mar.
Por mi parte, me dirigí hacia el agua y me metí de golpe, aunque Carla tenía razón, estaba demasiado fría a esa hora de la tarde como para estar mucho tiempo dentro así que en cuestión de 2 minutos ya estaba de vuelta en la toalla.
Mientras estaba de camino a la toalla, Carla seguía mirándome y riéndose, aunque yo no me fijé en ella, me fijé en como el chico de la toalla miraba descaradamente hacia donde se encontraba Carla. Estaba tumbado de medio lado y mirando hacia nuestras toallas, además, su mano derecha estaba sobre su polla por encima del bañador, era sin lugar dudas un mirón.
- ¿Qué, estaba fría, verdad guapo?
- Jajaja está congelada, se me olvida que todavía no estamos en verano
- Sí, de hecho, creo que pronto deberíamos irnos a la habitación para cambiarnos y salir porque saldremos esta noche un rato, ¿verdad?
- Mmm sí jaja, aunque antes de irnos me gustaría que hicieses topless un rato para aprovechar los últimos rayos de sol de la tarde
- Antonio, estás pesadísimo con que haga topless, sabes que me apetece jugar, pero como sigas así no voy a hacer nada contigo
Cuando Carla se enfadaba no había nada que hacer, eso lo había tenido claro desde el primer momento en que la conocí así que preferí no insistir más y quedarme tumbado boca abajo en mi toalla.
Así permanecí durante un buen rato hasta que vi que el chico de la toalla también recogía sus cosas, al igual que los pescadores un rato antes, y se marchaba, por lo que en ese preciso momento nos quedábamos solos en aquella cala tan escondida de la que íbamos a poder disponer el resto de días.
- Carla…
- Dime
- Nos acabamos de quedar solos en la playa, no sé si te has dado cuenta
- Jajaja, ¿y qué pasa?
- Pues pasa que ahora sí que podríamos jugar tú y yo
- No te das por vencido, ¿verdad?
- Nunca
- Está bien, ¿qué quieres hacer?
- Mmm pues estaba pensando en que ahora sí podrías quedarte con un poco menos de ropa
Me lanzó una mirada con una medio sonrisa, pero también con un medio cabreo como diciendo “qué harta me tienes”, pero, sorprendentemente, se incorporó para quedarse sentada y se llevó las manos al nudo de su bikini en la espalda y se quitó el sujetador mientras mantenía la mirada fija en mí.
- ¿Contento?
- Mucho, no me aburro de verte las tetas ni ese cuerpazo que tienes
- Eres un adulador profesional cariño
- Mmm puede ser, puede ser, pero ahora me apetecería que me la chuparas Carla, no me digas por favor que no te pone la situación
- ¿En serio Juan?
- Muy en serio
De nuevo no volvió a decir nada, simplemente puso una cara extraña y negó ligeramente con la cabeza, pero yo sabía que no estaba ni cabreada ni indignada. Carla puede ser muchas cosas, pero yo sabía que aquello en el fondo le gustaba y también la ponía a cien así que me levanté, me puse delante de ella y me bajé el bañador dejando que mi polla saltara como un resorte.
- Joder…qué dura la tienes Juan
- Viéndote así como para no tenerla dura
Como ya he comentado anteriormente, no tengo una polla precisamente pequeña y, además, se me pone muy dura cuando estoy muy excitado, cosa que a Carla le encanta así que dejó su libro, se hizo su sexy moño y se puso de rodillas para empezar a chupármela
Aquel día primer día de vacaciones solo hacía que mejorar por momentos, Carla al fin había accedido a empezar a jugar y no había podido empezar de mejor manera así que cerré los ojos, eché la cabeza hacia atrás y me dejé hacer.
Así estuve durante un buen rato hasta que volví a abrir los ojos y me quedé un poco sorprendido por lo que vi ya que, en la zona alta donde empezaban las escaleras para bajar a la playa, estaba el chico que había estado en la playa al lado nuestro
Se le veía más o menos bien porque estaba medio apoyado en la barandilla de madera de las escaleras, pero cuando se dio cuenta de que le estaba mirando, se agachó y se quedó medio escondido detrás de unos arbustos que estaban justo al lado.
A mí lo único que me salió en ese momento fue una sonrisa ya que Carla era ajena a todo lo que estaba pasando y seguía concentrada en su tarea de chupármela como la experta mamadora que era, aunque le dio por mirar hacia arriba y me vio sonreír, cosa que hizo que se la sacara de la boca.
- ¿Se puede saber de qué te ríes Antonio?
- Nada Carla, de la situación en la que estamos ahora mismo, me encanta
- Jajaja ya te vale, al final me has convencido para que te la chupe y no sé ni cómo
- Yo sí lo sé, te gusta esta situación incluso más que a mí, aunque no seas capaz de reconocerlo
- Mmmm digamos que ahora mismo no estoy a disgusto
- Pues podríamos hacer otra cosa para mejorarlo Carla
- Ni de coña Antonio, no voy a follar aquí, además, solo por eso te vas a terminar la paja tú solito
Aquello sí que me descuadró, hacía un momento que Carla estaba chupándomela a base de bien y dos segundos después se había enfadado, aunque, de nuevo, no era un enfado real porque se había levantado y había cogido la toalla para sacudirla, pero lo había hecho dedicándome una sonrisa.
Por mi parte miré hacia arriba, donde antes estaba nuestro amigo, aunque no le vi, imagino que al incorporarse Carla de su posición se había asustado y se había ido.
- Carla, es la segunda vez que me dejas a medias hoy, lo sabes, ¿verdad?
- Sí, lo sé Antonio, quiero tenerte bien duro para cuando me tengas que follar de verdad
- Jajaja eres una cabrona profesional Carla así que te voy a poner un castigo
- ¿Cómo dices?
- Que te voy a poner un castigo, te vas a quitar la braga del bikini y te vas a poner solo la camiseta para ir hasta casa y no es algo negociable
- Jajaja está bien Antonio, supongo que es lo justo
Continuará
Continúa en
- Relato #207429— title-regex: contiguous parts (4 -> 5)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
El anfitrión de mi marido
Roberto no solo quiere su cuerpo; quiere que el mundo la vea. Desde la playa hasta el auto del chofer, cada rincón se convierte en un escenario para…
Comparte:Exhibicionismo buscadoInfidelidad consentidaVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
Entregada al jefe de mi marido Parte II
Enrique no solo la toca; la desmonta pieza a pieza. Esta noche, el juego sale de la cama y el escenario es la calle: su jefe, un desconocido y unas…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoPoder y control
- Hetero: Infidelidad
Amigos con derecho a roce (capítulo 4)
El spa es el escenario perfecto para esconderse y exponerse al mismo tiempo. Con las esposas urdiendo un plan para excitar a sus maridos, Carlos y…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoExhibicionismo buscado
- Hetero: Infidelidad
Apuesta perdida = CUERNOS
Marc no es el marido celoso que esperabas. Cuando Pelayo toca a su esposa en público, él no se enfada, sino que apuesta.
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoPoder y control
- Hetero: Infidelidad
Fiesta de Cumpleaños 3 (Final)
La llave giró en la cerradura y el humo lo delató antes que el sonido. No era solo una visita; era el inicio de una noche donde las reglas de la…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
Cornudo (10).
David siempre creyó que su matrimonio era normal, hasta que vio a su cuñado tocar a su esposa en la boda.
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoDeseo reprimido