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El Funcionario Parte 4

Desde la oscuridad de la acera, el narrador contempla la traición de su esposa. No hay gritos ni confrontación, solo la imagen silenciosa y brutal de ella entregándose a un desconocido. Mientras el mundo sigue girando, él descubre que su dolor se ha convertido en el combustible de su propia perversión.

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EL FUNCIONARIO Parte 4

_Esta tarde me han invitado unas clientas a tomar el té_ me dijo Jocelyn antes de que yo saliera para el trabajo.

Tenía puesta su ropa de hacer ejercicio, otros leggins distintos de los de ayer y un top ajustado a sus tetazas.

__ ¿Estará Carmen?_ dije

_No, ella no, pero son unas señoras muy simpáticas, amigas de ella_

_Vale, vendrás un poco tarde_ dije

_Si, hemos quedado un poco tarde para un té, pero es que una de ellas no podía antes_

Me sorprendía la complejidad de la mentira, que el té, que una amiga no podía antes, la mentira no parecía costarle gran esfuerzo a Jocelyn.

_Vale, nos vemos a la noche, que disfrutes del encuentro con estas señoras tan simpáticas_ dije al despedirnos.

_Gracias…_ dijo ella, un poco sorprendida porque yo, sin pretenderlo, había sonado bastante irónico.

No sentía enojo alguno contra Jocelyn por mentirme, eso me resultaba bastante extraño, habida cuenta de que me había descubierto bastante celoso me sorprendía de no sentir celos o enojo ahora.

Bueno, celos sí que sentía todavía, eran como una punzada que me causaba dolor y una especie de placer morboso y malsano que no podía a llegar definir.

Pero no me enojaba que ella me mintiera, tal vez porque yo mismo estaba inmerso en un juego de mentiras con ella y le estaba ocultando algo que me llenaba de vergüenza y es que me ponía verla con ese viejo, la imagen de Jocelyn pajeando esa gran polla y luego escupiendo sobre ella estaban todo el tiempo en mi cerebro, pensé en pedir licencia en el trabajo pues me costaba mucho concentrarme.

Pero a la vez el trabajo era un escape necesario, para dejar de pensar por un momento en Jocelyn y en todo lo que estaba viviendo.

Tenía que disfrazarme para poder acercarme a ellos en el bar, pues el viejo le había dado cita en ese bar inmundo y demodé del que era habitué.

Una peluca, con el pelo más largo y unas gafas oscuras y un bigote postizo o una barba.

Busqué en internet un sitio de disfraces, algo relacionado con el teatro, que fuera lo menos ridículo posible.

El bar este tenía una ventanal a la calle, la barra se podía ver desde la calle, aunque estaba en un bajo, es decir un nivel un poco más bajo que él de la calle, incluso había que descender unos escalones para entrar.

Me sentí un poco ridículo eligiendo y comprando los elementos del disfraz, la chica que me los vendió era actriz o algo así, compré una gorra y unas gafas oscuras y el bigote de color negro me daba un aspecto de turista alemán, me pareció. Pero un turista alemán falso a todas luces.

Compre un chaquetón usado y unos pantalones holgados.

Cerca del bar había un parking y deje el coche allí, también me cambie de ropa y di unos últimos retoques al disfraz.

Eran las siete cuando salí de allí, me dirigí al bar que estaba a solo una calle, esperaba que ellos estuvieran en la barra para verles desde allí, mientras caminaba traté de recordar a ese hombre que había visto con ella en Manila esa primera noche, recordaba que era calvo y grueso pero la imagen era borrosa, imprecisa ¿Sería el francés ese que el viejo había mencionado?

Me detuve en la acera enfrente del bar, miré el escaparate de una joyería, que ya había cerrado sus puertas, me giré en dirección al bar.

Allí estaban, como si hubieran elegido el lugar preciso desde donde yo pudiera verles sin esfuerzo.

El viejo, vestido como siempre, esos chalecos oscuros y corbata y en mangas de camisa, cómodo, como si estuviera en la sala de su propio hogar y el camarero les miraba detrás de la barra, con interés mientras repasaba unos vasos.

Y por suerte al lado de la joyería había un portal oscuro y me refugié allí y saqué mis primáticos, la chica de la casa de disfraces me dijo que eran de los que se usaban en la ópera antiguamente.

Y enfoqué a través del cristal y la imagen creció mágicamente.

Jocelyn estaba impactante, llevaba un vestido blanco, sabía que ella elegiría ese color, quedaba magníficamente con su piel morena suave dentro de él, la falda era muy ceñida y le llegaba hasta la rodilla y los zapatos eran blancos también y tenían un fino taconazo y el vestido tenía un escote cuadrado y las tetazas estaba debidamente comprimidas allí, pero no podían evitar que se formara un canalito en el medio de las tetazas gigantes que se cargaba.

¿De dónde habría sacado ella esas enormes tetazas? Me había dicho que había un poco de sangre italiana en su familia, muy lejana, de allí seguramente, esos pechos mediterráneos, meridionales, exagerados.

Y los tirantes del vestido era dos tiras gruesas de telas, también un poco cuadrados y quedaban sus brazos al desnudo eso sí.

Un vestido de media tarde, elegante pero formal, como para ir a un té a beneficio de una buena causa o un desfile de modas temprano.

Y su pelo castaño oscuro caía por uno de los costados de la cara, su largo pelo que casi le llegaba hasta la cintura y vi como su boca carnosa y sensual se movía, algo le decía al viejo, como me hubiera gustado saber qué.

Pensé en entrar, pero no quería arriesgarme a ser descubierto.

El rostro de ella, serio, circunspecto, finamente maquillado, diciendo algo grave, importante y el viejo sonriendo burlonamente, como no dando importancia a lo que ella decía, pero aprovechando la ocasión para comérsela con la mirada, me daba cuenta de que él estaba pendiente de ella, de su cuerpazo, de sus piernas cruzadas, sentada muy recta sobre el taburete junto a la barra, pero no parecía prestar demasiada atención a lo que ella decía y había unas copas sobre la barra, me pareció que ella bebía un gintonic y admiré sus uñas cuidadas y nacaradas y los dedos largos y estilizados con que sostenía su copa y luego la llevaba a los labios y los ojos rasgados, tan bellos miraron al viejo por sobre el borde de su copa y el viejo funcionario parecía gesticular ahora, como tratando de dar énfasis a lo que decía y entonces seguí el movimiento de las manos del viejo y una manaza fue a caer sobre una de las piernas de ella, justo en la rodilla, donde nacía la falda de color blanco inmaculado.

Y se quedó allí, como un intruso sobre un precioso jardín, probando si iba a ser expulsado o aceptado, tolerada su presencia, intrusiva o no, ella cogió la mano del viejo y con delicadeza la apartó y le dijo algo.

El viejo reía, tontamente, como un pelele, ella miró hacia otro lado y se acomodó el pelo castaño oscuro, ondeado en las puntas, detrás de la orejita perfecta, el viejo se apoyó en la barra y habló al camarero y pude ver la silueta del culazo de Jocelyn sentada sobre el taburete, esas curvas compactas y casi deformes en su concavidad exagerada, el viejo de pie al lado de ella, el vestido era ceñido en la espalda y en la pequeña cintura.

El viejo se hizo hacía atrás y volví a ver las increíbles piernas, largas, torneadas, cruzadas rodilla sobre rodilla y el fino tacón del zapato bamboleándose en el aire y la mano gruesa y tosca del viejo estaba otra vez sobre la perfecta rodilla de Jocelyn y otra vez la manita fue hasta la manaza del viejo y creo que trataba de moverla sin conseguirlo y entonces otra persona se acercó a ellos, un hombre alto y canoso, de traje y les dijo algo y parecía que el viejo hacía las presentaciones y ella extendió una mano larga y cuidada y este otro viejo la cogía entre sus manos y le daba un beso en el dorso, un gesto caballeresco pero ridículo y obsceno y acomode los prismáticos para ver mejor y pude ver la mano del funcionario sobre la rodilla de Jocelyn, no se había movido de allí un ápice.

Y ella retiro la mano de entre las manos del viejo canoso y este dijo algo más y se alejó, lo agradecí porque así podía ver mejor lo que sucedía.

Yo tenía una erección, apenas me había dado cuenta de ello.

Otra vez la imagen de esa primera vez que vi a Jocelyn en el hotel de Manila con ese hombre mayor, esta imagen se repetía ahora como duplicada por un espejo invisible.

Era la misma imagen, esta era ella, esta era la mujer que me había fascinado con su belleza exótica y exuberante esa primera vez que la vi.

Pero ahora me asomaba a su intimidad, a su sala de masajes, a esa boquita que ahora se movía elegantemente al hablar pero que yo había visto escupir sobre la polla del viejo como una guarra ¿Cuál era la verdadera? ¿La que se masturbaba el clítoris oliendo la tolla lefada y pringada de semen de ese hombre con el que ahora parecía mantener una distancia?

¿Y qué le estaría diciendo el viejo ahora para que ella bajara la cabeza y permitiera que esa mano tosca acariciara su rodilla y se metiera levemente por debajo de la falda? Pues la mano se movía levemente y de la rodilla pasaba ahora al nacimiento del muslo carnoso y musculado.

Y ella ya no hacía nada por detenerle y con la otra mano el viejo le acomodó el pelito detrás de la oreja y ella simplemente bebió de una nueva copa que el camarero había dejado sobre la barra, casi mecánicamente y entonces vi que luego de acomodarle el pelito el viejo jugaba con un dedo sobre la mejilla de ella, una suave caricia que se combinaba con la otra más soez de la mano izquierda sobre la rodilla y el muslo.

Ella estaba muy sería y dijo algo y una mano estilizada de ella cogió la mano del viejo que le acariciaba la carita y descendió hasta su propia cadera y esas manos se habían entrelazado ahora, la mano izquierda de ella con la mano derecha del viejo.

Y las manos juntas, los delicados dedos de ella entrelazados a los toscos dedos y gruesos dedos del viejo descansaron sobre el muslo de ella y el viejo acercó su cara a la de ella y Jocelyn negó y giró la cara al interior del salón y el viejo entonces pareció hablarle muy cerca del rostro casi en el oído y ella volvió a girar la carita hacía él.

Y la expresión de ella había cambiado, los ojos brillantes, las mejillas arreboladas y entonces….Jocelyn sonrió, levemente, fue solo un momento y luego volvió a girar la carita y el viejo, seguramente embriagado del perfume exquisito de ella no había podido reprimirlo y le dio un beso en la mejilla.

Y yo me estremecí desde mi escondite oscuro, una pareja pasó caminado frente a mí, cogidos del brazo y me los ocultó a mi esposa y al viejo por un momento y cuando salieron de mi vista vi que el viejo acercaba su boca a la de ella y mi esposa cerraba los ojos, los párpados hermosos entornándose y haciendo como un movimiento afirmativo y complaciente y el bigotón de puntas ridículas, hacía arriba, ya hacía contacto con las mejillas con hoyuelos de ella y la boca buscaba la boca carnosa y sensual de mi esposa y los labios entraron en contacto, se besaron.

Se besaron.

Se están besando.

Se estaban besando, ella con los ojos cerrados abriendo la boquita lo suficiente para que el viejo la invadiera y degustara sus labios y una mano seguía metiéndose por dentro de la falda de color blanco, ya sobando los muslos morenos y carnosos en forma descarada y la otra mano entrelazada con la de Jocelyn y entonces……..ella acarició la cara del viejo mientras se besaban, la elegante manita con el anillo de casada que yo le había regalado y vi que el camarero les miraba y sonreía nerviosamente y supuse que él también tendría una erección.

Una erección tan grande como la que tenía yo dentro de mis calzoncillos mientras mi joven esposa filipina se besaba con un viejo funcionario del ministerio de sanidad en la barra de un bar de Madrid.

Las bocas se encontraban, se degustaban, se exploraban, con esa sensación maravillosa que es besarse con una mujer muy deseada por primera vez y las cabezas se ladeaban levemente y la mano de ella fue hasta la nuca gruesa y con pliegues de grasas de ese viejo y acarició allí y lo atrajo hacía si, levemente, para que las bocas se chocaran y traté de graduar los prismáticos hasta el punto de poder ver con todo detalle como esos labios se adherían y se chupaban, con un fino rastro de saliva y entonces vi la lengua de Jocelyn con nitidez, dentro de la boca del viejo, uniéndose con esa lengua gorda de batracio, con ese saber hacer que ella tenía intuitivamente para besar, para todo lo relacionado con el amor físico.

Y entonces se apartaron por fin, pero yo tenía una sensación en el estómago indescriptible, como un deseo de vomitar y un malestar general, pero mi erección no cejaba, mi erección no dejaba que me mintiera a mí mismo.

Me ponía todo esto, de un modo que no hubiese creído posible unas semanas atrás.

Y el viejo la ayudó a bajar del taburete con las manos entrelazadas y caminaron hacia el interior de la sala y ya no les vi y una desesperación absurda me sobrecogió.

Camine hacía la puerta del bar como poseído, un coche casi me coge al cruzar la calle, el sonido de un claxon, un insulto.

Mi disfraz tendría que soportar la prueba.

Bajé los escalones y luego abrí la puerta, varios pares de ojos me miraron con curiosidad, mi aspecto no era el más apropiado para no llamar la atención, busqué a Jocelyn y al viejo con la mirada y no les encontré, me dirigí a la barra, una pregunta me taladraba el cerebro ¿Dónde coño estaban?

_Hola, ponme un vodka con tónica_ dije al camarero

Había unas parejas de cincuentones, hombre y mujer, charlando en una mesa y luego dos hombres solos, cada uno mirando su móvil, sonaba una música tenue.

El viejo cano que había besado la mano de Jocelyn hablaba con otro camarero calvo y flaco, este tenía un viejo chaleco rojo.

No estaban por ningún sitio, entonces vi una escalera, con barandas de madera labrada y una espesa moquete marrón.

_Oye esa escalera ¿lleva a los baños?_ dije al camarero.

Este me miró con fastidio, como preguntándose de donde había salido semejante bicho raro.

_Es la planta alta, hay unos reservados allí_

_Me gustaría conocerla_ dije

_Está en obras, no se puede ir ahora_ dijo.

Y entonces lo supe, ella y el viejo estaban allí, él era un cliente habitual y les habían dejado subir, se la estaba follando allí, estaban follando y yo aquí sentado en la barra como un idiota.

Imaginé a Jocelyn tirada sobre un sofá con las patas abiertas y el viejo enterrándole su pollón y tapándole la boca con una mano para que no se escucharan sus gritos.

El vodka me supo amargo y fuerte, miré el móvil, pasaron cinco minutos y luego otros cinco, era una agonía angustiante y mórbida.

Y entonces les vi bajar, por la escalera, ella caminaba adelante, si, su pelo estaba un poco despeinado, el vestido arrugado, algo había cambiado ya no estaba tan impecable como al principio, el viejo iba detrás de ella, muy sonriente, llegaron al final de la escalera, ella se giró para decirle algo, por dios, ese vestido le marcaba los contornos curvados de su cuerpazo de una manera que cortaba el aliento.

Luego ella caminó hacía un lateral del lugar y el viejo vino hasta la barra, por un momento pensé que me había reconocido, parecía venir en mi dirección.

Llegó casi hasta mi lado.

_Ponme un chupito de lo de siempre_ pidió al camarero.

Miré hacía mi costado y vi que el viejo cano se acercaba a hablar con el viejo.

_Joder, Benito ¿te la has follado?_ dijo. Se me congeló el corazón.

_No, no he podido, pero no veas el dedazo que le hecho, se ha corrido como una guarra_ dijo el viejo.

_Pensé que te la follabas, del modo en que te estabas morreando con ella_ dijo el otro

_Nos seguimos besando en uno de esos reservados que hay allí, pero no he podido convencerla de follar y luego metí la mano entre sus piernas y no sabes la charca que había allí, el dedo me entraba solito_

_Cabrón y ella te ha mamado la polla_

_No, no ha querido la zorrita, tenía miedo de que alguien subiera, un poco de paja con la manita, pero he sobado sus tetas por dentro del vestido-

_Vaya tetazas que se carga la japonesa ¿de carne o de plástico?_ dijo el cano

_Naturales, tío, una pasada de melonazos naturales y no es japonesa, es filipina_

_Es lo mismo_ dijo el viejo cano.

_Ya lo tengo a punto, tío, estoy a dos telediarios de follármela_ dijo el viejo

Y entonces vi venir a mi esposa, seguramente del servicio.

Era imponente, sensual, felina, todos los presentes la seguían con la mirada, hasta las mujeres que estaban con los cincuentones y los viejos dejaron de mirar el móvil.

Ella traía un pequeño bolso colgado del hombro.

_Yo debo marcharme ya_ dijo ella

_Te llevo en el coche hasta tu casa_ dijo el viejo

_Llamaré un taxi- dijo ella

_Que va, chica, te llevo yo y basta_ dijo el viejo autoritario

Creí notar un cambio en las voces, algo más íntimo en el trato, después de todo ya se habían besado, ya eran casi amantes, el viejo había tenido un dedo dentro de su coño, le había metido mano en las tetas, ella había vuelto a pajearle.

_Pon esto en mi cuenta_ dijo el viejo al camarero.

_Ha sido un gusto conocerla señora_ dijo el viejo canoso con voz melosa y falsa

_Igualmente, encantada…._ dijo ella, les vi caminar juntos, cuando se marchaban, el viejo llevaba una mano en la cintura de ella, un leve toque, la mano por encima del culo, como enseñando a todos que ella ya era de su posesión y ella permitiéndolo.

Yo era un cornudo, un maldito cornudo, de pronto una oleada de odio y de celos me subió a la garganta.

No, no podía consentir con todo esto, debía pararlo ya, salir de esta situación indignante.

_Que buena que está la tía_ dijo el camarero al viejo cano

_Que cabrón este Benito, con ese cuento del ministerio acaba follándose a todas estas zorritas_ dijo el cano.

Joder, ¿Todo era un cuento entonces? ¿No era funcionario realmente? Salí tras ellos, les vi cuando llegaban a la esquina, luego caminé detrás como a unos veinte metros.

Mi esposa con su 1,70 y con tacones era un poco más alta que él.

La figura escultural de ella y el viejo cogiéndola de la cintura, con autoridad, gordo y rechoncho.

Escuché el sonido de los taconazos, rompiendo el concreto de la acera aún a esa distancia.

Y luego para mi sorpresa, entraban en el mismo parking en donde yo había guardado mi coche.

Me zambullí en esa oscuridad tenebrosa del garaje, entonces escuché el ruido de las puertas de un coche cerrarse y les busqué entre la marea de coches dormidos, como ataúdes siniestros.

Y vi el movimiento en uno de los coches, un viejo cupé Mercedes de los años 80, un coche de colección, los gustos extravagantes del viejo.

Me acerqué subrepticiamente, lo más cerca que pude entonces me llegó un olor de tabaco y una voz.

Miré hacía el Mercedes y vi salir una voluta de humo, el viejo había bajado la ventanilla y fumaba, algo que estaba prohibido allí.

_Así que no te molesta el olor del tabaco pero no fumas tú_ dijo el viejo, escuché la voz de ella como un murmullo, no pude discernir lo que decía, la oscuridad era mi aliada, miré al interior del coche, ella estaba sentada muy recta, cruzada de brazos, Benito sacaba un brazo por la ventanilla.

_Sabes cómo complacer a un hombre, has nacido para eso_ dijo el viejo.

Desde mi posición, ella era la que estaba más próxima a mi mirada.

_Estarás enamorada como dices tú, pero tu marido no te deja contenta, de eso puedes estar segura_ dijo el viejo.

Esta vez ella levantó un poco la voz y pude escucharla.

_ ¿Qué sabes tú de mí y de mi marido?_

_Dame tu mano_ dijo el viejo

Vi entonces como ella extendía su manita y el viejo la cogía y la llevaba hasta su polla, mientras seguía fumando.

_ ¿Ves lo que te digo?_ dijo el viejo y sonrió y pude ver el cuerpo de ella girado hacía él y la mano elegante y con varias pulseras en la muñeca apretujar la polla de ese hombre por sobre el pantalón.

_Me has dejado a medias en el bar, tú te has corrido y yo no, eso no está bien_ dijo el viejo

Otra vez la voz de Jocelyn fue un murmullo indescifrable.

_Venga, eso no te lo crees ni tú_ dijo el viejo

Vi el brazo extendido de mi esposa y la manita moverse sobre la polla del viejo quien seguía fumando con parsimonia, entonces ella se acercó más y, por dios, era ella quien buscaba la boca de ese hombre y le besaba, él seguía tirando la ceniza del cigarro sobre el suelo del parking, con el brazo fuera de la ventanilla y la otra mano iba hasta la nuca de ella y la presionaba contra su propia boca y vi las piernas de mi esposa estirarse y la figura compacta de su culo bajo la falda del vestido cuando se besaba otra vez con ese puto viejo, se estaban morreando mientras ella seguía apretujando la polla erecta y enorme con su delicada manita.

_Baja la cremallera tu misma_ dijo él.

Vi la mano de ella hurgar en la bragueta del viejo, él le dio otra calada al cigarro.

_Eso es…..cariño…..si…cógela…._

Me asomé otro poco, detrás de la columna donde estaba y vi allí en la penumbra un movimiento de la mano de mi esposa, arriba y abajo y la piel rugosa de esa enorme polla emerger, como un monstruo antediluviano, un Godzilla de Madrid.

Escuché ahora el CHUICK sentido de un beso, la mano del viejo se metía por debajo de la larga mata de pelo castaño y acariciaba la nuca y la espalda y escuché unos gemidos débiles.

_Oh!...oh!.....-

Eran de ella, cuando las bocas se separaban ella profería unos gemidos susurrados que me partían el corazón en pedazos.

_Me has dejado a medias, cariño, eso no está bien……..creo que ya sabes lo que me gustaría ahora….._dijo él, ella se apartó un poco, vi cómo se miraban por un momento, él ya se estaba acabando el cigarro.

_Venga, Jocelyn, ya sabes lo que quiero….._ dijo el viejo con autoridad, ella seguía pajeando esa enorme polla, la cogió con dos dedos delicados y estiro la piel de prepucio y luego se precipitó sobre el viejo con un movimiento impulsivo y lleno de gracia femenina y lo besó en la boca, como si intentara devorarle la boca con el bigotón incluido y el cigarro y la cabeza leonada de ella descendió súbitamente, se metió entre las piernas del viejo y él acabó por empujarla, con una gruesa manaza en la nuca.

_Joder, Jocelyn….eso es, cariño…._ dijo el viejo.

Ella le estaba mamando la polla, no podía verlo bien, el cuerpazo de ella misma me lo tapaba, pero el viejo presionaba la nuca, mientras seguía fumando y la cabeza subía y bajaba y todo el cuerpo escultural de ella se conmovía y temblaba y una manita de ella estaba apoyada en el pecho de ese hombre, muy cerca de la corbata, el viejo acabó el cigarro, se dobló sobre el cuerpo de Jocelyn para apagar la colilla en un viejo cenicero dentro del coche y luego acaricio el largo pelo de ella, quien seguía mamándole la polla y la mano derecha del viejo se extendió y acaricio el culo compacto y carnoso y comenzó a tirar del vestido hacía arriba.

_Sigue chupando, cariño…..eso que boquita tienes, cabrona….._ dijo el viejo y la falda del vestido se levantaba como el telón de una gran obra de teatro, el viejo tironeaba con algún esfuerzo.

Comencé a ver las nalgas redondas, tersas, morenas, centímetro a centímetro de piel que era descubierta.

Y luego la tira blanca del tanga, pequeño, clavado en medio del ojete exuberante, el perfume a culo limpio de hembra se mezclaría con el olor del cigarro que todavía llegaba hasta mí.

Faltaría que se activara la alarma contra incendios, pero se veía que no era tan sensible.

Y la mano del viejo que exploraba las nalgas desnudas, mientras entrecerraba los ojos por momentos, porque la boquita de Jocelyn estaba devorando ese pollón con una gran hambre atrasada.

_Que buen culo te cargas, pequeña…._dijo el viejo y la mano se metió por dentro del tanga y escarbó allí, joder ese dedo índice, grueso como una salchicha, estaba pugnando por entrar en el túnel prohibido.

_ Mmmmmmm!!....._

La escuché suspirar, con toda claridad, a pesar de tener la boquita atragantada de verga, la escuche suspirar y gemir, con toda claridad y luego el viejo subió el cristal de la ventanilla.

Y entonces vi el bulto que se formaba en el tanga, hecho por la mano del viejo y era claro lo que estaba pasando, el dedo mayor estaba apuñalando el ojete de Jocelyn, era como un gordo punzón de carne que entraba y salía del prieto agujero del culo y entonces la mano izquierda del viejo, acarició los enormes pechos, metiéndose por debajo del cuerpo y la cabecita de ella subía y bajaba sin descanso, succionando, deglutiendo con voracidad y la mano izquierda del viejo subió ahora por la espalda de ella y apartó un poco más la falda del vestido y acarició la nalga derecha de ella, la aferró, probando su consistencia y luego le dio un azote brutal.

PLASSSS!!! Yo lo escuché ahogadamente, el eco sordo del parking me respondió y el dedo mayor de la mano derecha del viejo seguía penetrando sin pausa y la mano izquierda volvió a aferrar esa nalga carnosa y volvió a azotar.

PLASSSS!!!.........ahogado, lejano y cada azotazo yo me sentía morir por dentro, pero esa sensación de agobio no impedía que mi polla estuviera bien erecta y goteante y me toqué, con vergüenza, con rabia, con locura, mientras mi hermosa y exótica esposa era azotada en el culo y vejada, mientras mamaba la enorme polla de ese viejo y luego él le recogió el largo pelo como una rienda y tiró de ella y le levantó la cara y vi la carita de Jocelyn y me temblaron las piernas, pues no era su carita de siempre, era una cara de vicio, los labios temblorosos y mojados de los flujos de la polla del vejo, saturada de los olores y de los jugos de esa verga, la mirada perdida, vidriosa y el viejo la besó en la boca, guarramente y volvió a llevarla hasta abajo y pude ver su boquita abrirse y tragar y otra vez el viejo se volcó sobre ella y le dio un fuerte azote PLASSS!!! y el dedo volvió a penetrar hasta el fondo, hasta los nudillos y entonces la cara de ese puto viejo se descompuso, se deformó en una mueca horrible y soez.

Se estaba corriendo, la mano izquierda hundió aún más la cabecita de ella contra la ingle, estaba vaciando sus pelotas, hasta la última gota de lefa en la garganta de mi esposa.

Y era solo el comienzo, yo lo sabía, esto no había hecho más que comenzar, esto era el comienzo del emputecimiento de Jocelyn.

La cara del viejo se fruncía, hasta ese bigotón ridículo se deformaba y ella seguía tragando.

Me encanta el sabor de la lefa me había dicho ella una vez, se estaba tragando todo, no había duda de ello.

Y finalmente todo acabó, la carita de ella emergió lentamente desde abajo, transformada, demacrada, se limpió la boca con el dorso de la mano, un delicado dedo se tocó el carnoso labio, era un resto de blanquecina leche y se la chupó, golosamente, una gatita satisfecha luego de beber su leche tibia.

El viejo volvió a besarla en la boca, luego ella se dejó caer en la butaca y el coche arrancó, me dispuse a seguirles.

Subí a mi coche, me masturbé furiosamente, fue sentarme en el coche, bajarme la cremallera y correrme, entonces mi móvil vibró.

Era un mensaje, de ella.

_Estoy yendo para casa, mi amor_ ponía

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