Mi esposa argentina 7 parte 10
Mientras la cumbia marcaba el ritmo de la follada, él no podía apartar la vista de su esposa siendo poseída por una horda de hombres. No era solo placer, era un ritual perverso que él presenciaba, sabiendo que esa noche ella sería de todos, y que al amanecer, seguiría siendo solo suya.
MI ESPOSA ARGENTINA 7 Parte 10
“Su cola arde en el risco” decía la letra de la canción y ella ya estaba sobre el sobrino del pelado y abrió sus piernas largas y musculadas a cada lado del corpachón de ese hombre, esposado a la silla y lanzó un golpe de pelvis hacia adelante y arqueó su espalda y su culo era una exageración en pompa hacía afuera y el resto de los polis aullaron.
_Te vas a morir laucha, hijo de puta_ gritó alguien y laucha era una deformación de Lautaro, el nombre de ese tío, esposado, que tenía el coño y el ombligo de Fernanda a centímetros de su nariz.
“Espero que alguna vez, al ver sus ojos me dé, alguna noche de hotel”
Y Fernanda llevó sus manos a la nuca y sacudió su cabeza rubia a un lado y a otro y ser un gato era ser una prostituta y ella lo era en ese momento, era todo eso y más, era todas las fantasías de aquellos hombres sudorosos y excitados y pensé que todas esas pollas estaban ya duras, dentro de los calzoncillos apestosos, por Fernanda, por mi esposa.
“En mi boca no hay control, me voy cayendo a sus pies”
Ella acarició el pelo renegrido del sobrino del pelado, que tendría unos 28 años calculé y ella casi frotó sus tetas en la cara de aquel tío que estaría oliendo el perfume de su piel, su suavidad y tersura y que se estaría volviendo loco con su proximidad, con la energía que emanaba de ese cuerpazo infernal.
Y él quiso besar las tetas por sobre el sujetador y ella se apartó y se giró y apoyó el culo en la nariz del sobrino del pelado y esta vez el resto rugió una exclamación y las frases soeces eran tantas que se me escapaban de los oídos.
_Mordele ese culo_ grito alguien
_Olele los pedos_ gritó otro
“Las piernas son un abismo” cantó el líder de la banda, Los ratones paranoicos luego supe que se llamaban.
Y era verdad, las piernas de Fernanda eran un abismo sin fondo, sin final y ella serpenteó con todo su cuerpo y parecía quebrarse y no tener huesos sino toda elasticidad, como una serpiente verdadera y sus curvas eran un mar de sinuosidad y desenfreno.
“Al menos no moriré” decía la letra
Yo estaba a punto de morir, allí de pie, viendo todo aquello, de angustia, de excitación, desbordado por emociones contradictorias y perversas.
“Si todo me sale bien, lo hare de nuevo otra vez”
Todo iba a salir bien o mal, según se mire, otra vez, de nuevo estábamos en el ojo del huracán, en el centro de la tormenta y quería que la follaran, que se arrojaran sobre ella y a la vez lo temía, eran una horda, de hombres violentos, acostumbrados a la violencia y se iban a lanzar a por ella en cualquier momento, era demasiada la tensión y el deseo y la visión de esas carnes y esas curvas y esa belleza arrojada impúdicamente sobre ellos.
Y entonces un solo de guitarra distorsionada y el cuerpo de Fernanda era una locura envolviendo el cuerpo de ese hombretón que estaba a punto de casarse, girando sobre él, quebrando su cintura, moviendo su culazo y la tira de tela del tanga se perdía, se hundía cada vez más en medio de esas nalgas.
_Por dios que orto que tiene_ dijo el pelado a mi lado, como susurrando, como rezando.
Fernanda volvió a girarse y a pasar sus tetazas por las narices del sobrino del pelado y cerró los ojos, su carita estaba transfigurada, fuera de este plano.
Y entonces uno de los policías se acercó por detrás a ella y cogió sus muñecas y ella abrió los ojos sorprendida y de pronto ya estaba esposada con las manos en la espalda, y otro poli se agachó a espaldas del sobrino del pelado y liberó sus manos de las esposas.
Se habían invertido los roles, las reglas del juego habían cambiado drásticamente.
Y las manos de aquel hombretón fueron directamente sobre las nalgas de ella y se aferraron allí con saña y la sentaron violentamente sobre su polla.
Y un nuevo alarido brotó de las gargantas de esa jauría de machos
“En mi boca no hay control” volvía a decir la letra.
Y la boca del sobrino del pelado buscó la boca de Fernanda y esta se inclinó hacia atrás y la boca del hombre se estrelló sobre el delicado cuello y luego resbaló hasta el nacimiento de los pechos y la atrajo de las nalgas contra su propio cuerpo y luego la miró extasiado, fuera de sí y la cogió de la nuca y ella bajó la cabeza y sus frentes quedaron juntas y sus manitos esposadas a su espaldas y él tiró del pelo rubio y fino, delicado y sedoso y pegó su nariz tosca contra la fina naricita de ella y luego la besó, ferozmente.
Devoró su boquita con largos besos de lengua.
Y ella se dejaba besar y devolvió el beso y un nuevo rugido de esa marejada humana hizo temblar el lugar.
Y entonces vi a uno de los policías en un cuadro dantesco, se había desnudado y estaba en slip y se veía el gran bulto de su polla y llevaba los borceguíes negros estilo militar y luego el cinturón con la pistola y la cachiporra y el torso desnudo y se acercó a Fernanda por detrás mientras esta se estaba besando con el sobrino del pelado y con un poco de esfuerzo desabrochó el sujetador de encaje.
“Quiero verla en el show” volvió a cantar el cantante.
Y el sujetador resbaló por el blanco y sinuoso cuerpo y el sobrino del pelado la apartó y la cogió por la cintura y vio esos enormes pechos zarandearse frente a su cara y luego hundió su rostro en ellos y Fernanda cerró los ojos.
Y nuevos rugidos y frases soeces.
_Comele las tetas, laucha_
Y laucha comenzó a devorar las tetazas de Fernanda llevando su boca hambrienta a un pezón y luego a otro y varios estaban filmando y ya otros policías se estaban desnudando y otros se tocaban la polla por sobre el pantalón del uniforme o metían su mano por dentro.
Y entonces el sobrino del pelado se puso en pie, cargando a Fernanda con una mano en el culo y otra en la espalda y ella se aferraba con sus piernas poderosas a la cadera de aquel hombre para no caerse y las botas marrones de fino tacón se anudaban al culo gordo de aquel tío.
Y la cargó como un saco de patatas, ella con las manos esposadas a su espaldita y la llevó hasta la mesa y la volcó allí y antes apartó unos vasos con la mano y levantó las increíbles piernas de Fernanda sobre sus propios hombros macizos y luego llevó sus manazas a los bordes del tanga y tiró hacía arriba.
Y ahora sonaba una cumbia y los sonidos de teclados electrónicos, chirriantes, oscilantes, ridículos y una voz que recitó algo, que otra vez quedaría grabado en mi memoria para siempre.
“según la moraleja, el que no hace palmas se deja, se deja”
Y el ritmo era pesado, denso, de una salvaje sensualidad que jamás había escuchado y el tanga de Fernanda salía de sus piernas pasando entre las botitas marrones de fino tacón y se quedaba enganchado en uno de los tacones y el sobrino del pelado lo liberaba y luego olía la prenda ante la exclamación general.
“Sabor sabrosón, pa` gozar, sabrosón pa` gozar” cantaba una voz aguda y densa y triste y apagada.
”Y mírenla a la negra bailar como se mueve sin parar” canturreaba la voz, y las palabras, mal acentuadas, se adaptaban y pegoteaban a ese ritmo pesado e hipnótico y los policías bailoteaban y hacían palmas alrededor de la pareja sobre la mesa.
Y el sobrino del pelado llevó el diminuto tanga, hecho un bollo arrugado a la boca de Fernanda y comenzó a embutírselo en la boquita y los pantalones del sobrino del pelado cayeron hasta los tobillos y su culo era gordo y puntudo y musculoso y casi no vi su polla cuando se hundió en el coño palpitante de Fernanda pero me acerqué a la mesa y vi las manos toscas y morenas sobre los blancos y opulentos pechos y los movimientos de pelvis se acompasaron al ritmo de la cumbia villera.
Las piernas de ella eran algo que cortaba el aliento por lo bello, sobre los hombros del laucha, piernas largas, torneadas, fantásticas, coronadas en esas ajustadas botitas marrones sobre los hombros macizos y cuadrados de aquel oso y las pelotas de ese paleto golpeaban el culo carnoso y sacudían sus nalgas y ella movía su cabecita a un lado y a otro sobre la mesa y el sucio mantel de papel.
“Ella mueve la colita yo la apoyó bien de atrás” decía la letra de la cumbia, que se me iba perdiendo en la cabeza con sus frases inconexas y soeces.
Y me acerqué más a la mesa, pues quería que ella me viese, pero mantenía los ojos cerrados y ahora otras manos sobaban sus tetazas y otras manos acariciaban su cabeza y otras manos le quitaron el tanga de la boca y otros labios se inclinaron para besarla en la boca y todas las manos parecían iguales, morenas, curtidas, toscas, violentas, ávidas y otra boca reemplazó a la primera
Y el sobrino del pelado se corrió dentro de ella y su rostro se deformaba por la corrida y luego trastabilló hacía atrás y alguien lo apartaba, aquel policía que vi al comienzo, desnudo, y con los borceguíes y el cinturón con la pistola ocupó su lugar y giró a mi esposa con facilidad y ahora los tetones quedaron aplastados sobre el mantel de papel y su culazo quedó expuesto, blanco y terso y redondo y firme como una madera, con sus delicadas manos esposadas a la espalda y las manazas de aquel individuo se aferraron a la pequeña cintura y una polla gorda y gruesa se abrió camino en el coño recién inundado y empujó y azotó las nalgas con una mano pesada.
_Loco, póngase forro, que si no va a ser un enchastre_ dijo un hombre de más edad y comenzó a repartir condones de una caja de cartón.
Las cumbias se sucedían, enganchadas. “No lo hace por dinero, solo lo hace por placer” repercutió en mi cabeza. Otro de los policías desnudos tenía su polla dentro de la boca de Fernanda y otro la penetraba por el culo y luego la subieron a la mesa y le quitaron las esposas y ella se montó en ese hombre de más edad que era gordo y pelado y que había ordenado que usaran condón y lo cabalgó furiosamente y casi no escuchaba lo que decían porque la cumbia seguía marcando el ritmo de la follada.
Pero pude escuchar a mi esposa mientras las manos gordas de ese hombre la cogían de la carita.
_Si…si cójanme……rompeme toda…. Hijo de puta_
Y el hombre gordo y calvo sonreía y seguía jugando con sus manos gordas sobre la frágil carita y metía un dedo gordo en su boquita y las tetas eran aplastadas y apretujadas por otro policía desnudo y moreno, de pie al lado de la mesa y el policía disc jockey se situó detrás de Fernanda y no se en que momento había aparecido aquel pomo de gel lubricante que pasaba de mano en mano para lubricar el culo de mi esposa.
Y el policía disc jockey fue el primero en romper su orto en una doble penetración y luego se sucedieron otras y también el pelado original participó de la orgía y se la folló por el culo violentamente.
Y todo era un descontrol de pollas oscuras dentro de los condones y otros se corrían en su boca y todos querían besarla en la boca y ella se corría espasmódicamente, sacudida una y otra vez por los orgasmos turbios de la orgía y esa cumbia pesada y densa me inundaba los oídos y me embotaba y ya casi no podía registrar sensorialmente lo que estaba pasando.
Era como que ella estaba dentro de un torbellino de cuerpos morenos y pollas dentro de condones.
Y un hombre de pie sobre la mesa vaciaba el condón lleno de leche dentro de la boca de Fernanda y esta inclinaba su cabeza hacia arriba para beber esa leche y luego otro hombre hacía lo mismo, vaciaba su condón de semen en la boquita de ella y todos festejaban y repetían la ocurrencia, mientras ella montaba al macho de turno.
_Que pedazo de puta_
_Que trola divina_
_Que gato hermoso_
_Que orto para rompérselo toda la noche_
_Que tetas tiene la guacha_
Todas esas frases resonaban en mi cabeza como provenientes de un lugar lejano y entonces vi a German detrás de ella, los dos arrodillados sobre la mesa y ella giró su cara para besarse en la boca y vi la polla, sin condón, penetrando su culo y ella suspiró y él mordisqueó su orejita y Germán sonrió, él era el macho supremo, el dueño de ese culo y esa boca y ella cerró los ojos y su boquita se frunció en una mueca que afeaba su rostro perfecto y esa fealdad era parte inseparable de su belleza infinita.
“Y dice… eh!.....eh!..... Eh! Que calor….que calor…Oeo….que calor que tengo hoy” cantaba la letra de otra de esas cumbias y lo recuerdo porque cada vez que se escuchaba un Eh!…..Eh!.....Fernanda era empalada de pie por el obeso cocinero vestido de blanco y sus piernas envolvían el gordo culo de ese hombre que conservaba el blanco delantal manchado de cocina y los pies desnudos sobre el suelo mugriento.
Y siempre me asombraba el día después, pues si ella podía dormir como esa mañana, se despertó ya pasado el mediodía, su cara parecía más resplandeciente que nunca, fresca, limpia, joven y pura.
Descansada y feliz, con un leve toque demacrado y pálido. Otra vez esa sensación de ver una leona desperezarse y que había cazado y comido con apetito durante la noche y su cuerpo parecía más felino que nunca.
Su culo más potente aún, aunque le doliese y caminara lentamente y sus nalgas parecían más abiertas que de costumbre y más grandes y carnosas.
Y cuando caminaba veía su culazo temblar bajo la tela del pijama antes de vestirse para almorzar y recordaba lo que había sido esa noche irreal, otra más que habíamos vivido juntos.
_ ¿Los contaste?_ me dijo Fernanda
_Si, eran 18, incluido el disc jockey más el cocinero y Germán y el pelado_
_Quebré mi propi record ¿no?_ dijo de una manera tan inocente, sus ojos azules abiertos, su boca perfecta.
_Si….fue….increíble…fenomenal_
Ella jugó con mi pelo.
_Te digo que ya más de cinco es todo lo mismo, solo son pollas, es más el morbo que otra cosa, es como estar con un amante que nunca se cansa, que nunca acaba o que acaba muchas veces seguidas_
_ ¿Y tú cómo estás?_ le dije, ya se lo había preguntado varias veces desde la noche anterior
_Me duele la cola, pero también la mandíbula se te contractura y las piernas, por suerte entreno todos los días_
Es una atleta del sexo, pensé, miré otra vez su cuerpazo del infierno, cada día parecía estar más buena.
_ ¿Qué haces Carlos? Me miras de un modo raro ¿te doy miedo?_
_Si tía, miedo me das_
_Que boludo que sos, me haces sentir un bicho_ dijo ella y me revolvió el pelo con la mano
_Si algo no eres tú es un bicho_
_Necesito descansar un poco_ dijo y se tiró sobre la cama
Me coloqué sobre ella y la besé, su boca era tan cálida, tibia, levemente húmeda.
_Yo necesito follarte_ le dije
_Dale, soy tu esposa_ dijo ella y se quitó el pijama y el tanga con gestos desmañados, debajo de mí.
Luego hicimos un misionero, rápido, mientras nos besábamos y me corrí dentro, mientras ella me abrazaba con sus largas piernas sobre mi culo.
_Que hermoso……_ me besó en la boca mientras mi polla se extinguía dentro de ella.
_Estos polvos con vos, luego de una orgía es como que me redimen de todo_ dijo
Yo seguía encima, sentía sus tetones aplastados bajo mi peso.
_No te salgas todavía_ dijo y me volvió a besar.
_Estamos locos_ dije
_Me dan ganas de tener un hijo tuyo, de quedar embarazada luego de un polvo de estos_
_Esa era la idea cuando vinimos aquí_
_Si, pero menos mal que no dejé de tomar las pastillas_
_Fernanda, cariño ¿hasta cuándo seguiremos con esto?_
_ ¿Te sigue gustado verme con otros hombres?_
_Si…sabes que si_
_Hasta que sea una vieja chota_
_Tu nunca serás una vieja y menos ¿chota?_
_ También voy a envejecer y mi belleza se va a ir algún día_
_Te seguiré amando_ dije
_Es lo menos que podés hacer_
Los dos nos sonreímos.
_ ¿Sigues enamorada de Germán_
_Si, pero es un amor de mentira, un amor de verano_
_De invierno será en todo caso_
_Si…igual es un enamoramiento de una parte de mí, bastante boluda, no sientas celos_
_Tu parte boluda se enamoró de él_
_Si, mi parte de pendeja cheta que le gusta como la coge un negro grasa varios años mayor_
_Ya no tan pendeja, creo_
_Carlos, que boludo que sos, una cosa es que lo diga yo ¿tan vieja estoy?_
_Eres perfecta y lo sabes_
_Para Agustín y sus amigos soy una milf como dicen ellos_
_Para Dorival eras una argentina sobre la que tomar venganza_
_Faltó que me pusiera la camiseta de la selección argentina y me follará así_
_ ¿Para Germán que eres?_
_Soy solo una más, como la chica de Pergamino o mi vieja_
_ ¿De verdad eso crees? ¿Solo una más?_
_Si…creo que en eso reside el encanto de estos tipos….podés ser la mujer más hermosa del planeta y seguís siendo una más_
_Tu eres la mujer más hermosa del planeta_ le dije
_Que tonto, lo que quiero decir es que te alivian del peso de ser hermosa, en realidad no les importa, sos una más de la colección_
_Una muesca más en la culata de la pistola_ dije
_Sos un niño, mi amor, seguís siendo un chico, me gusta eso de vos_
_Yo soy un niño y los adultos te follan_
_Los demás no tienen tu inocencia, aunque también tenés tu costado perverso_
_ ¿Qué sería de ti sin mí?_ dije
_Una mierda, mi vida sin vos sería una mierda_
_Fernanda no digas eso, tía_
_Es que es verdad, son esas cosas que como psicóloga yo sé que está mal decirlas, jamás se las diría a un paciente, pero que son la pura verdad_
_La pura verdad de la psicología, por Fernanda Barton _
_Claro que si_
_ ¿Te vas a ir a Japón con Gavito?_
_Si seguro y después termino de stripper en un cabaret en Osaka_
_ ¿De verdad vas a dejar escapar esa oportunidad de bailar tango profesionalmente?_
_ ¿Me lo estás diciendo en serio?_
_Claro_
_No, Carlos, además los tangueros son muy posesivos y una amiga que es bailarina me contó que los bailarines de tango si o si son pareja en la cama de sus parejas de baile, son super machistas_
_Como don Julio_
_Que viejo estúpido_
_Pero que gran polla tenía_
_Era como monstruoso, la piel arrugada, un viejo decrepito, idiota a más no poder y con esa polla enorme_ dijo ella.
Seguíamos abrazados, yo encima de ella, sus piernas seguían anudadas a mi cadera, mi polla flácida dentro de su coño.
_Me quedaría horas así ¿Vos pensás que a Germán le gustaría estar así conmigo?_ dijo ella
_Supongo que si_ dije
_No, primero ni loca estaría así con él y además él no se lo bancaría_
_ ¿No?_
_Tu pija está reviviendo ¿la sentís?_
Mi polla comenzaba lentamente a estar erecta otra vez
_Si, la siento_ ella apretó mi polla con sus paredes vaginales
_Echame otro polvo, acabate todo adentro mío_ dijo y me besó, sus manos en mi pelo y en mi cuello.
_Bueno_ dije
Dos días después pasábamos nuestra última noche en Buenos Aires, fuimos a cenar a un bonito restaurant con mis suegros, sobre la costanera.
_Acá veníamos con vos cuando era chiquita como Sol ¿te acordás?_ dijo Gabriela, mi suegra
_Si, recuerdo que papá me llevaba a ver el río, montada en sus hombros_
Mi suegro sonrió, con su gran barba rubia rojiza, estaba comiendo su bife de chorizo de rigor.
_Salir con ella de chiquita era terrible, todos la miraban o querían hacerle una caricia y la piropeaban, me sentía orgullosa claro, pero algunos ya cansaban_ dijo mi suegra
_Es que era una nena fuera de lo común por lo linda, como Sol_ dijo mi suegro y le hizo una carantoña a nuestra hija
_Una vez un tipo quería contratarla para una publicidad, insistía mucho, llamó varias veces a casa ¿Te acordás Gustavo?_
_Si, pero no quisimos_ dijo mi suegro
_Me cortaron la carrera de modelo, no sabía nada_ dijo Fernanda fingiendo estar ofendida
_Dale, las veces que te habrán ofrecido laburos de modelo en Pinamar o Punta del Este, que yo le decía aceptá Fernanda, probá_ dijo Gabriela
_No, nunca me interesó el modelaje_ dijo Fernanda
_Por tonta, capaz serías una Valeria Mazza_
_La madre de la modelo_ dijo mi suegro llevándose una copa de vino a la boca
_Bueno yo salí en una Siete días_ dijo Gabriela
Fernanda sonrió y me guiñó un ojo.
_Siete días era una revista de antes, del siglo pasado_ me aclaró
_Yo tenía dieciséis años, un verano en Mar del Plata, un fotógrafo me sacó una foto y la publicó en la revista, para qué, mi papá me levantó en peso de una manera_
_En bikini, imagínate la nena_ dijo mi suegro
_Nunca vi esa foto, escuché la historia un montón de veces pero la foto se perdió_ dijo Fernanda
_Otra carrera de modelo frustrada_ dijo mi suegro, irónico.
_Sabés como me hubiese ido a Europa yo_ dijo Gabriela, otra vez me admiré de la belleza sutil y felina que tenía a pesar de la edad.
_Como Fernanda_ dijo mi suegro
_Hacen yunta los dos en contra mía, siempre igual_ dijo mi suegra
Al llegar al piso, dormimos a la niña, no disponíamos a irnos cuando Fernanda recibió un mensaje.
_Es Germán, nos espera en la tienda_ dijo
_ ¿Qué quieres hacer?_
_Vamos un ratito, es la despedida_ dijo ella
_Ma, vamos a tomar un café a Cabildo ¿mirás a la nena?_
_Si, me tengo que quedar a terminar unos papeles, tengan cuidado éh, que no estamos en Madrid_ dijo mi suegra, sentada en su escritorio, con las gafas puestas y una taza de café a mano, mi suegro ya se había retirado a descansar.
Bajamos, Fernanda llevaba un vaquero ajustado, botas y un chaquetón de cuero negro.
Cruzamos la calle ya casi desierta, llegamos a la tienda a oscuras, golpeamos con los nudillos la puerta de vidrio, una figura se acercó tomando vida frente a nosotros.
Era Germán, abrió la puerta.
_ ¿Cómo anda la parejita más linda?_ dijo, en la oscuridad su rostro parecía brillar con esas capas de grasa sucesivas en las que estaba pintado.
_Bien_ dijo Fernanda
_ ¿Me extrañaste bombón?_ dijo él y la cogió de la cintura, atrayéndola hacía sí.
_Claro_ dijo ella y se besaron, la boca tosca de aquel hombre devoró la boquita carnosa de mi esposa.
_ ¿Te ibas a ir sin despedirte?_ dijo Germán
_No, por supuesto que no, sabía que ibas a aparecer_ dijo ella
_Pasen, vengan_ dijo él, la tienda estaba a oscuras y solo iluminada por el reflejo de las luces de la calle.
German llevaba a Fernanda cogida de la manito.
_Sacate esto bebota_ dijo él y le quitó el chaquetón de cuero y la cartera y también el jersey.
Ella quedó solo con una camisita de seda, sus pezones se marcaban en la tela, empitonados.
Germán los rozó con el dorso de la mano.
_Te tengo una sorpresita_ dijo
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