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Mi esposa argentina 7 parte 9

Fernanda siempre fue la mujer perfecta, pero esta noche su belleza se convierte en moneda de cambio. Mientras tú la miras desde la sombra, ella se desviste para un público que no espera a una esposa, sino a una bestia de placer.

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MI ESPOSA ARGENTINA 7 Parte 9

Fernanda tragaba la enorme verga de ese viejo de un modo que nunca le había visto, se había metido más de la mitad de esa polla en la garganta.

Don Julio, levantó la falda del vestido y dejó expuesto su culazo, blanco, lleno, con la tira negra del tanga en medio, dividiendo esa maravilla en dos mitades redondas y perfectas.

Y luego inclinándose le dio un azote con las dos manos al mismo tiempo.

PLASSSS!!!

Ella gimió atragantada por esa polla y se la sacó de la boca, el pene de ese hombre no terminaba nunca de salir de su boca.

_Mi amor, como te la comiste….que hija de puta_

Ella respiró agitada, buscando aire como quien ha estado sumergida en el agua largo tiempo, conteniendo la respiración.

_Que pedazo de pija tenés…_ dijo soezmente

_ ¿Viste? Seguí chupando otro poco_

Ella volvió a meterse esa animalada en la boca, abriendo bien la boca, esforzándose, don Julio sobó los enormes pechos de Fernanda y luego cogió la botella de gel y derramó el contenido sobre el culo de mi esposa, las nalgas quedaron brillosas por el lubricante.

Con sus enormes manazas sobo esas nalgas y esparció el gel y corrió la tira del tanga para colar un dedo allí y humedecer el agujero del ano, ella volvió a gemir sordamente con la brutal polla dentro de su boquita.

Volvió a azotar el culo ruidosamente, tenía las manos muy pesadas, la piel arrugada con lunares y algo traslucida, se veían las venas azules debajo de la piel morena.

El hombre cogió los bordes de la falda y tiró hacia arriba, ella levantó los brazos y el vestido completo salió con facilidad. Comenzó a incorporarse, todavía seguía con los taconazos y las panty medias oscuras y el tanga.

Don Julio también se levantó del sillón y de pie junto a ella volvieron a besarse. Colocó a Fernanda en cuatro patas sobre el sillón, ella apoyó sus manos en el respaldo, le quitó el tanga y los zapatos, la única prenda que llevaba ahora mi esposa ahora eran los panty medias, con ligas de encaje, los dedos de sus pies se dejaban ver entre la tela de las medias.

_Hora de que pruebes mi pija, Daniela o como te llames ¿Cómo es su nombre, Gaita?_

Refregó la polla por los labios vaginales, mi esposa agachó la cabeza rubia con el pelo alborotado.

_ ¿Cómo mierda se llama tu esposa, gallego?_

_Se llama Fernanda_ dije, ya vencido y resignado

_Fernanda, lindo nombre….lindo nombre…._ dijo y empujó su verga, dando un golpe de pelvis.

_¡¡AHHHH!!.......¡¡CUIDADO BRUTO!!! _ Gritó ella, pero ya la tenía dentro hasta los cojones

_ ¿Querías pija? Ahora aguantatela….bebota_

Y don Julio comenzó a follarla, cogiéndola con sus dos manazas de la pequeña cintura.

Fernanda comenzó a gemir como loca y en menos de cinco minutos estaba corriéndose como una posesa.

_Pero que rápido acabás…..trolita….que rápida que sos_

Volvió a coger la botella de gel y a echar sobre el culo de ella que ya era una pringosidad total y brillante.

_Ahora quédate quietita y relaja ese culito, así no te duele…_

_Hacelo despacio….por favor….que la tenés muy grande, boludo_ dijo ella girando su cara hacía él

Don Julio estiró su mano y ella chupó su dedo pulgar.

_Quedate tranquila….voy despacito….._ dijo él y se quitó los pantalones y los zapatos, también la camisa y la corbata, quedó solo en calcetines, tenía una panza firme y llena como una foca.

Luego simplemente guio su polla brutal con una mano y flexionó las rodillas.

Mi esposa solo con el panty medias, en cuatro patas sobre el sillón, los dedos de sus pies se contrajeron dentro de las medias.

_Ay….despacio….despacio…_

Se la habían follado mucho por el culo en el último tiempo, ese culo estaba ardido y dolorido ya.

_Así….despacito….despacito….._ dijo Julio y echo un escupitajo sobre el ano, la ancha cabeza de esa polla ya había entrado, Fernanda frunció la boquita, su entrecejo se arrugó, era tan hermosa cuando su cara estaba en trance así.

Así quería verla siempre, perdiendo los papeles, entregándose, dominada, humillada, toqué mi polla, estaba a reventar, que placer intenso sentí en ese momento.

_Así…..ahí va….si….mirá como traga este culito…_ dijo él, apoyando sus manos en cada nalga y abriendo bien, para ver como su pene invadía ese canal, íntimo y prohibido.

_Mirá si te viera el pelotudo de Gavito ahora….¿Sabés cómo te propone ir a Japón?_

_Ahhhh!!......Ah!....Ah!....AHHH!!!.....dios…..si…me estás rompiendo el culo……_ dijo ella

La polla estaba ya por la mitad, el viejo tiró un poco más de lubricante y se hundió lentamente en ella, como un trasatlántico entrando a puerto.

_Dios…..si….me abriste….me abriste, hijo de puta_ dijo ella

_Abrí bien los cantos…..a ver esas cachetes del orto…a ver_ dijo el viejo y estiró las nalgas de mi esposa hacía los costados.

Y los huevos golpearon en las nalgas con un vaivén ridículo.

_Mis pelotas te van a zarandear la conchita, bebé_ dijo él y comenzó un mete y saca que fue incrementando en intensidad, lentamente, hasta convertirse en unas embestidas salvajes que sacudían el cuerpo de Fernanda contra el respaldo del sillón, hasta que los deditos delicados de sus pies se convirtieron en garras y sus nudillos se pusieron blancos de aferrar el apoyabrazos del sillón y su cara era una deforme mueca orgásmica, hasta correrse otra vez, convertida en un guiñapo, una muñeca de trapo manejada a voluntad por aquel viejo asqueroso.

Y luego la puso de rodillas y le sujetó el pelo con una mano y con la otra manaza se masturbó muy cerca del rostro sudoroso de ella, con el maquillaje corrido y luego comenzó a eyacular en la hermosa carita, parte de los chorros cayeron en la boca abierta y fueron tragados por ella religiosamente y parte bañó la boca, la fina naricita y los párpados. Su perfecta cara impregnada de semen lechoso, cayendo por sus mejillas en gruesos goterones.

El viejo seguía con sus ridículos calcetines y ella en panty medias.

La cogió de la mano y la llevó por unos pasillos, los seguí, entraron a una habitación con una gran cama de estilo y el piso enmoquetado.

_No te limpies, que se te sequé en la carita, subite a la cama y mostrá como te quedo el culito_ dijo el viejo y luego cogió su móvil.

Ella se subió a la cama de rodillas, su pequeña espalda, su culazo y puso una manita en cada nalga y lo abrió bien, don Julio le había dejado un redondo y abierto boquete en el culo.

El viejo sacó varias fotos, complacido.

_Mirame Fernandita, dale, sonreí, preciosa_ dijo y tiró varias fotos más de ella con su cabeza girada, abriéndose el culo desflorado.

Y luego se la folló en la cama, ella montándolo y él azotando los tetones, el ruido de los pechos al entrechocar entre sí por las bofetadas, eran como aplausos y luego la hizo girar en dirección a mí, montada en él pero de espaldas y la folló por el culo en esa posición.

Y sus manazas estaban sobre los pies de ella y el viejo fue rompiendo los pantimedias y los dedos de los delicados pies asomaron por entre el nylon de las medias y el aspecto de Fernanda era grotesco, con el maquillaje corrido, con el semen reseco cubriéndole la cara, con su culo enrojecido contrayéndose, recibiendo los azotes de esas manos pesadas que parecían hechas para dar bofetadas y azotes, con la espaldita arqueándose, girando su cara para ver la sonrisa torva de don Julio, con sus pies desnudos emergiendo de entre las medias rotas.

Y luego ella misma se masturbó el clítoris frenéticamente, hasta correrse por tercera vez, con esa enorme polla embutida en el culo, sacudiéndose sobre ese viejo orangután.

Luego en el taxi desde Caballito hasta Belgrano, ella y yo abrazados en el asiento trasero, ella adormeciéndose entre mis brazos, agotada y el taxista echando miradas a sus piernas por el espejo retrovisor y suponiendo lo que no era, no había sido yo el que la había follada salvajemente hasta las cuatro de la mañana.

Fernanda tenía ojeras y su cara algo pálida y demacrada, aun así su rostro era de una belleza increíble, siempre era hermosa estuviese como estuviese, era la perfecta simetría de sus rasgos la que se imponía. Se había puesto los leggins para ir al gimnasio, el cuerpo era el altar donde hacer la ofrenda diaria, ese culo tan abierto por la polla, haría sentadillas a granel para seguir manteniendo su firmeza y redondez pese a todo.

_Para el mediodía estoy de vuelta_ dijo y me dio un beso.

Al regresar almorzamos con la niña y mis suegros, Gabriela tenía un pantalón de vestir color beige que le marcaba su trasero pequeño y bien formado, era una mujer exquisita, con su largo pelo rubio ceniza, ondulado, sus manos estilizadas parecían las de una mujer más joven.

Imaginé que Fernanda sería así de hermosa como ella al llegar a la cincuentena.

_Estuve con Germán, tuve que cebarle mate_

_ ¿Has follado con él?_

_No….pará…tengo un límite….soy de carne y hueso…_

_Claro_

_Está enojado conmigo porque le mentí, no me gusta que me tomen por boludo, me dijo_

_Bueno, tampoco es que…_

_Lo sabe todo, que sos mi marido que me llamo Fernanda y que soy la hija de la escribana_

_ ¿Tú le has contado?_

_Parte le contó el boludo de Julio y parte infirió el mismo, claro, sos la hija de Gabriela que vive en España, me dijo_

_Bueno, mejor así, ya todo está claro y dentro de cinco días nos vamos_

_ Quiere que vaya a la despedida de soltero del sobrino del pelado_

_ ¿Para hacer qué?_

_Para bailar, como Stripper, planean hacer una torta gigante y que yo salga de adentro, como en las películas_

_ ¿Bailando desnuda?_

_En tanga y corpiño, dice que si lo hago me perdona por las mentiras que le dije_

_Que se vaya a tomar por culo_ dije

Fernanda me miró, muy seria.

_ ¿No estarás pensando en hacerlo?_ dije

Ella volvió a mirarme, había una sombra de ironía en sus ojos.

_Vos siempre decís que tengo cuerpo de stripper de los años 90_

_No…..es peligroso…_ dije

_Quiero hacerlo por él, por Germán, el pelado le va a pagar 70000 pesos_

_Joder, no puedes estar hablando en serio_

_Ya te dije que estoy enamorada, quiero que se quede con ese dinero, además después de las cosas que he hecho, solo es bailar en tanga para unos tipos_

_No sé, Fernanda, algún día las cosas van a salir mal de verdad_

_Vos podés venir también_

_Estás loca, tía_

_Si, lo sé, cada vez estamos peor, pero nos gusta todo esto ¿O no?_ dijo y nos besamos

Dos días después estábamos viajando en la camioneta del pelado, con Germán, Fernanda y yo en el asiento trasero. Eran las diez de la noche.

_ ¿Adónde vamos?_ dije

_A Morón, zona oeste del gran Buenos Aires_ dijo el pelado

_Al cono urbano profundo, gaita, así que eras el marido que hijo de puta, yo de entrada sospeché algo, pensé que eras el novio o el amigo gay, se notaba que se conocían_

_El marido, que bárbaro loco, que degeneramiento_ dijo el pelado

_ ¿Y si sos tan moralista nos volvemos pela? y vamos a misa_ dijo Germán, quien parecía encantado con la situación.

_Si, seguro_ dijo el pela

Fernanda iba en silencio, con un tapado largo y debajo una minifalda vaquera y un jersey y debajo un tanga diminuto y sujetador negro de encaje y en los pies unas botas marrones de fino tacón que le llegaban hasta las rodillas, pero sin cubrirlas.

Anduvimos mucho por el paisaje cambiante de la ciudad, calles que se convertían en carreteras y luego autovías y luego avenidas, en esa ciudad monstruosa y exagerada y desbocada que es Buenos Aires.

_Esto ya es Morón_ dijo el pelado

Desembocamos en una calle oscura y con el asfalto muy deteriorado, nos detuvimos frente a una construcción alargada y con techos de paja y de pronto vi un coche policial aparcado y luego divisé otro y otro, había cuatro coches patrulla y una camioneta policial también.

_ ¿Y estos coches de la policía?_ pregunté

_Mi sobrino, el que se casa, es policía, sargento de la bonaerense y esto es el quincho de la comisaría segunda de Morón_ dijo el pelado.

Bajamos de la camioneta al frío de la noche, el pelado manipuló su móvil.

_Vamos por este costado, entramos por la cocina_

Se escuchaba una música de cumbia que venía desde el interior.

Caminamos por el suelo irregular, ayudé a Fernanda, ella se apoyó en mí, parecía una figura espectral entre la escasa iluminación, envuelta en su largo abrigo color azul.

Entramos por una puerta lateral, la música subió de volumen. Había un hombre obeso, vestido de blanco, atareado en la cocina, preparando unos postres en platitos, me pareció que era una especie de torta helada.

Luego se asomó un hombre de pelo oscuro y uniforme policial celeste.

_ ¿Cómo andas? Yo estoy de disc jockey ¿esta es la bailarina?_

Saludo con un beso en la mejilla a mi esposa.

_ ¿Trajiste tu música?_

_No…no traje…._ dijo ella

_Ah bueno….te pongo algo yo entonces, esta es la torta_ dijo y señaló una especie de torta de cartón, muy mal hecha, simulando esas tortas de las películas de las que salen chicas con poca ropa.

_La llevamos en un carrito y cuando escuchas la presentación “Y ahora la sorpresa de la noche” digo yo y vos salís para arriba_

_Bien y me pongo a bailar_ dijo ella

_Después te bajas y bailas encima de mi sobrino que lo vamos a tener esposado en una silla_ dijo el pelado

_ ¿Bailo encima?_ dijo Fernanda

_Bien cerca, como hacen las stripper, pero sin tocarlo_ dijo el policía disc jockey.

_Bueno, está bien_ dijo ella

_A ver la merca_ dijo el policía con una sonrisa

_Que te saqués el tapadito_ dijo Germán

Mi esposa se sacó el abrigo, lucía un jersey y la minifalda vaquera, sus piernas eran espectaculares.

_Bueno, con menos ropita ¿no?_ dijo el policía

El hecho de que los de la despedida de soltero fueran policías me tranquilizaba un poco, no iban a cometer un delito y por otro los imaginaba bastante bordes y zafios como suele ser la policía en todo sitio.

Fernanda se quitó el jersey y la falda.

_A ver una vueltita_ dijo el pela

Ella giró sobre sí misma, su culazo se mostró en todo su esplendor, el tanga solo era una minúscula tira de tela en medio de las dos nalgas. El policía silbo admirativamente.

_Está bárbara, refuerte, se van a volver locos_

_ Sacate la remerita, mi amor_ dijo Germán.

Ello lo hizo, el sujetador era de encaje negro y contrastaba con la blanquera de su piel, apenas podía contener esos tetones, colosales y bien formados.

_Que bien, está refuerte de todos lados_ dijo el Policía

Germán la besó en la boca y entonces ella le habló al oído y pude escuchar con claridad sus palabras.

_Esto lo hago por vos_ y le besó la oreja oscura y retorcida con su delicada lengüita.

Y por muy idiota que pueda parecer, sentí celos.

La ayudamos a subir a la mesa con ruedecillas donde estaba la torta de cartón, Fernanda apenas cabía en ella, debió hacerse un ovillo para que pudiéramos poner la falsa tapa de la falsa torta.

Y luego nos asomamos al salón, había una larga mesa con manteles de papel, se veían los restos de una cena y todos eran policías, todos muy morenos de entre veinte y cuarenta y tantos años, los rostros torvos, duros, el cabello oscuro, corto y renegrido de casi todos, la mayoría de ellos de uniforme celeste, todos calzaban borceguíes negros y algunos llevaban el cinturón con el arma reglamentaria y la cachiporra o como se llame ese bastón de goma. El hombre obeso vestido de blanco comenzó a repartir los postres.

Conté 18 hombres ¿y si todo derivaba en una orgía? Sería tremendo, no habría forma de ponerle control a eso, me estremecí.

Entonces el policía disc jockey comenzó a hablar por el micrófono.

_Y ahora en la despedida de soltero de Lautarito, del sargento primero Acosta quiero decir, ya que se va a cagar la vida solito, un regalito de su tío el pelado, con mucho cariño y amor_

El obeso cocinero apareció empujando el carrito con la gigantesca torta y Fernanda dentro y lo dejó al borde de esa mesa, al lado del agasajado.

_Para todos los putos aquí presentes, la gran sorpresa de la noche_ dijo y una música soul, bastante guay comenzó a sonar.

Y entonces Fernanda emergió como una aparición de otro mundo, lanzando la tapa de la torta, sonaba un solo de guitarra con unos bronces.

Y sus piernas se movían como marchando en el lugar y su culo a la vista de todos esos hombres que exclamaron un alarido de euforia que conmovió el cutre lugar.

El tanga diminuto en medio de las nalgas parecía haber sido tragado por su ojete y las carnosidades de ese culo maravilloso se movían rítmicamente, una nalga subía y la otro bajaba y luego de allí emergía la pequeña cintura y la perfecta y fuerte espaldita, dividida por una suave línea en dos mitades simétricas y los redondeados hombros y los hombres todavía no había visto su cara y ella comenzó a girarse y a la par escuché la letra de la canción que nunca había escuchado hasta entonces.

“Ella es la flor más bella” cantaba un cantante de voz aguardentosa y entonces los policías lanzaron otra exclamación más fuerte que atronó el sitio, porque vieron su carita angelical, su fina naricita, su boca carnosa, sus pómulos marcados, su fino pelo rubio pero sus ojos cerrados.

_Matame, la puta madre, matame_ gritó alguien

Uno se tomaba la cara y se tapaba los ojos y movía la cabeza como orando

“Vagando por las estrellas, brilla más que el sol” decía la letra de la canción.

Entonces Fernanda abrió los ojos por primera vez y quitó las manos de sus pechos por sobre el sujetador y sus bellos ojos azules se abrieron de par en par y sus pechos apenas contenidos por la prenda oscilaron arriba y abajo,

Ojos y tetazas se mostraron al mismo tiempo en su máximo esplendor y esta vez no hubo exclamación sino un silencio profundo que fue más estremecedor que los gritos anteriores.

Y miré al pelado y a Germán y estaban fascinados con esa visión y también el cocinero obeso miraba todo con una servilleta blanca o que alguna vez fue blanca, sobre su hombro.

“Baila y se dibuja en la luna” seguía la canción y ella paseó una mirada por su público y sonrió levemente y esos hombres volvieron a estallar en exclamaciones y dos ya se habían incorporado y estaban filmando y ella extendió una pierna interminable, musculada, torneada, perfecta y que no acababa nunca de salir de la torta y la bota marrón hasta la rodilla y ese cuero ajustado a su pierna y ese tacón tan fino se apoyó en la larga mesa donde ellos habían estado comiendo y mi corazón comenzó a latir con fuerza por lo que ella estaba a punto de hacer.

“Cuando se pierde en la bruma parece flotar” decía la letra de la canción y parecía que marcaba exactamente lo que pasó

Porque el hombre de la cabecera que era el sobrino del pelado, un tío muy moreno y muy grande que pasaba del 1,80 largamente cogió una mano de Fernanda y la ayudo a pasar a la larga mesa con un elástico paso y ella lo hizo con tanta gracia y seguridad que me conmovió y realmente parecía flotar como decía la letra de la canción.

Esa canción luego supe que era de un grupo argentino llamado Memphis la Blusera y volví a escuchar esa canción muchas veces pero la letra se me iba grabando en la cabeza mientras la iba escuchando por primera vez.

Supongo que mi percepción estaba tan a flor de piel, tan en carne viva por la excitación de ver a mi esposa de 35 años, psicóloga, madre de una niña, casada con un profesional exitoso como yo, ella una niña pija, una cheta que había formados esas piernas practicando danza clásica y jugando al hockey, haciendo de bailarina exótica en un lugar tan cutre y tan alejado de su ámbito social como este.

“Ella es de la tierra de mujeres divinas” seguía cantando el cantante de la voz aserrada y ella comenzó a moverse sobre esa larga mesa y sus piernas musculosas y su culo carnoso y blanco y redondo era devorado por las miradas de esos hombres que comenzaron a pararse de sus sillas y a batir palmas al ritmo de la música.

“Ella es argentina” cantó esa voz llena de blues y los policías lanzaron nuevos gritos de euforia.

Y yo sentí una extraña emoción porque parecía que la letra estuviese describiendo a Fernanda como si la conociera, como si estuviese escrita especialmente para ella.

“Como ella no hay” y era realmente así, ella era única y sentí un estúpido orgullo de que ella fuera mi esposa, mi esposa argentina, la mujer más bella del mundo, aunque estuviera bailando en una despedida de soltero, aunque estuviera haciendo todo esto por su macho argentino, por Germán, porque en el fondo yo sabía que lo hacía por mí, desde el comienzo era un pacto de locos entre ella y yo, lo que nos había traído hasta aquí, hasta este momento de enajenación.

Y ahora sonaba un solo de guitarra sensual e increíble y ella avanzaba por esa larga mesa, contoneándose, girando sobre si misma, permitiendo a esos hombres enloquecidos verla desde todos los ángulos posibles, desde abajo veían los pliegues de su culo y su coño rebosando, hinchado dentro de la parte delantera del tanga y sus piernas moverse al compás de la música y los finos tacones de sus botas marrones volcaban a su paso los vasos que ellos no llegaban a retirar y las botellas vacías que rodaban por el mantel de papel y era como una tromba que arrasaba todo en esa improvisada pasarela y era una diosa desbordante de sensualidad y fineza al mismo tiempo que redimía todo ese cutre y desangelado lugar.

Y llevó sus manos a la nuca y flexionó una pierna y movió su culo de un modo que desató verdaderos aullidos y ahora la miraban como fieles religiosos que estuvieran asistiendo a la aparición de la virgen y sonreían torvamente pero en un punto la fascinación de sus miradas era casi terror y respeto e incredulidad.

No se podían creer lo que estaban viendo, semejante mujer que solo podrían habían visto a través de la pantalla de lo que fuere.

“Si llegare a besarle con su boca de fuego, un loco deseo te haría olvidar” decía la letra

“Todas las tristezas y crueldades del mundo en un solo segundo de felicidad”

Ella era increíble, ella se daba de un modo increíble, joder que suerte de tenerla, de que fuera mía, aunque se entregara a todas las perversiones, aunque yo la entregara a cualquiera, aunque la entregara a todos los hombres del planeta y de pronto tuve el deseo de que todos estos tíos se la follaran, de que ella estallara otra vez en una orgía desenfrenada y creo que estaba yo en un estado de embriaguez total, como si hubiese bebido una botella de vodka de un tirón.

“Ella es la flor más bella” volvió a cantar esa voz de ginebra y tabaco y luego una frase de los bronces que se repetía y Fernanda que seguía flotando y bailando sobre esa larga mesa hasta llegar al final y se giró en una pierna y sus pechos rebotaron arriba y abajo y joder, su cara era tan salvaje como la de esos tíos, ella lo estaba disfrutando, era su momento de gloría y luego alzó una pierna hasta el hombro en un alarde de destreza y flexibilidad y nuevas exclamaciones de euforia.

Y luego se dejó caer abriendo las piernas en 180 grados y su cabeza rubia tocó una de sus perfectas rodillas

_¡¡Asesina….!!!_ gritó alguien y ella comenzó a desandar el camino, hacia la cabecera y vi que colocaban una silla en el medio del salón y el sobrino del pelado se sentaba en ella y uno de los policías llevó las manos de aquel hombretón a su espalda y lo esposó a la silla.

Y era la primera vez que veía unas esposas de verdad tan de cerca, de un metal bruñido plateado.

Y entonces dos hombres cogieron a Fernanda de las manos y luego de las axilas y del culo y la levantaron como una pluma y la depositaron en el suelo.

Y otra música comenzó a sonar, un breve riff de guitarra a lo Rolling Stones.

“Quiero verla en el show, es como un gato siamés” cantó una voz gutural y Fernanda con paso verdaderamente felino como un auténtico gato siamés se dirigió a la silla donde estaba el sobrino del pelado, esposado a la silla.

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