Mi esposa argentina 6 parte 1
Él tiene el control total en la consulta, pero en la oscuridad de su escritorio, su verdadera naturaleza se revela. No es el esposo celoso, es el director de una obra donde su esposa es la estrella y él, el único testigo que lo exige. ¿Hasta dónde está dispuesto a llevar la humillación de ella para satisfacer su propia adrenalina?
MI ESPOSA ARGENTINA 6 Parte 1
Había sido un día largo pero tranquilo en la consulta, mi secretaria vino a decirme que si no necesitaba nada más se marchaba. Me quedé solo unos instantes antes de hacer una ronda por los internados.
Miré la foto de mi esposa y mi hija en el portarretratos, era yo un profesional exitoso de 41 años, casi se podría decir que había logrado todo en la vida, tenía un buen piso, un buen coche, un buen trabajo, una esposa bellísima, una hija, todo aquello que comúnmente se cree que son las condiciones, la base de la felicidad.
Entonces en el móvil, puse sin sonido un video de mi esposa follando con otro, con cualquiera, con uno de los tantos.
El doctor Jeckill y Mr Hyde, las pasiones ocultas, sucias y prohibidas del intachable doctor, pero yo no necesitaba tomar una pócima para convertirme en un ser abyecto para concretar mis fantasías.
De alguna manera seguía siendo yo mismo todo el tiempo, no hacía falta que dividiera mis personalidades entre el bien y el mal como el personaje de Stevenson.
Tampoco estábamos en la Inglaterra victoriana, moralista y puritana. Hoy todo estaba permitido. Me pregunté una vez más que extraña enfermedad mi impulsaba a empujar a mi hermosa esposa a los brazos de otros hombres y terminé por aceptar que esa extraña compulsión no tenía explicación.
No todo era un diagnóstico infalible y certero, eso lo sabía yo muy bien como médico, cuantas veces un paciente que gozaba de perfecta salud, un deportista sano y joven encontraba el final de su vida en un súbito apagón de sus órganos vitales y luego otros pacientes con múltiples factores de riesgo, desafiaban todas las probabilidades y sorteaban ataque tras ataque.
No todo era explicable y clasificable a pesar de que en mi caso había pensado y teorizado más de una vez. Que el deseo de ver a Fernanda humillada y sometida, que una especie de misoginia basada en mi propia inseguridad, que un deseo homosexual reprimido en mí, follar yo mismo con otros hombres usando el cuerpo de mi esposa como médium.
Todas teorías que en parte podían explicar mi caso y luego un placer estético que nadie podría comprender, Fernanda era de una belleza acojonante y cuando la veía entregada y sometida a un bruto me parecía más hermosa aún.
Su rostro deformado por las muecas del orgasmo y la excitación me proporcionaba un placer estético que me llenaba de adrenalina y plenitud, mis endorfinas explotaban de placer en esa contemplación.
Y no era una cuestión genital, no era mi caso tener una polla pequeña y que no pudiera satisfacer a Fernanda, mi polla era de un tamaño normal, tirando a grande diría. Era una cuestión mental, el perfil de los hombres que buscábamos para nuestros juegos era bastante definido.
Un poco agresivos, abusivos o tal vez la imagen de la belleza increíble de mi esposa los azuzaba, los ponía así, un deseo de dominación, una explosión de testosterona, un grito cavernario y primigenio de machismo, de salvaje aullando desnudo en el bosque.
Hacía ya dos semanas que Fernanda había follado con otro hombre delante de mí por última vez, fue con ese extraño polizón de la fiesta, un rubio bajito, un simplón que podría contar toda su vida la increíble suerte de esa noche.
Como se había follado a semejante rubia en su cama matrimonial, frente a su esposo.
Busqué ahora ese video, ni siquiera supimos nunca el nombre de aquel sujeto. En el coche cuando volvíamos de la fiesta parecía alguien más bien tímido y apocado y sin embargo luego de que Fernanda le mamara la polla un buen rato se había transformado en un macho dominante y salvaje, más de lo que hubiésemos esperado, según confesión de mi esposa.
_Que bueno……que bueno……que…….bueno.._ repetía como un mantra mientras la rubia cabeza de mi esposa bajaba y subía con su polla entre los labios.
Y luego, ella seguía con el tanga puesto, acariciaba ese culazo infernal y decía:
_La madre que me pario….la madre que me parió…….._
Y ahora podía ver las venas hinchadas de su cuello de toro, el pelo rubio, casi blanco, cortado al ras de ese pequeño troglodita mientras enculaba a Fernanda.
Detuve la imagen, el rostro aniñado de mi esposa, las líneas de sensualidad que surcaban su cara, la boca entreabierta, los ojos cerrados, por dios que hermosa era.
Y luego cuando ella le había hecho una cubana, aprisionando su polla entre las tetazas blancas y opulentas.
_Que perolas…que melonazos……. la madre que me parió_ decía el rubio antes de correrse entre los pechos de Fernanda y luego el semen rezumando y embadurnando la exquisita piel y ella recogió parte de ese semen y me miró y se lo llevo a la boca sensual y exquisita y lo rebañó con la lengua entre sus dedos.
Un golpe en la puerta me volvió a la realidad.
_ Si, pase_ dije, cerrando el movil
La puerta se abrió y el rostro moreno y extraño de Joselu asomó.
Siempre me producía una suerte de impresión negativa verlo, hacía ya un año que este enfermero trabajaba en el hospital pero aún no me acostumbraba del todo a su presencia.
_Disculpa Doc, la hija de la paciente Velazco desea hablar contigo. Como me has dicho que…_
_Si, si está bien_
A la señora Velazco le habían hecho una cirugía importante, era paciente mía desde hacía quince años, yo deseaba hablar con su hija y esta estaba muy liada con sus horarios.
Observé el rostro de Joselu, tenía una nariz muy grande y su perfil era como de roedor, los ojos como demasiado a los costados de la cara, pequeños y un poco estrábicos, el pelo negro y pajoso, siempre despeinado, era un poco más bajo que yo de estatura.
No podría precisar por qué su rostro me causaba esa rara sensación, si los ojos demasiado separados o la gran nariz, tenía algo de roedor o de bestia carroñera, por momentos cuando sonreía sin llegar a hacerlo del todo, parecía una hiena humana, su sonrisa o lo que fuese era como una especie de mueca.
_ ¿Le digo que ya vas?_ me dijo. La mayoría de los enfermeros no me tuteaban, solo los que hacía años que me conocían, pero Joselu me tuteaba como con cierta ironía.
_Si, dile que ya estoy con ella_
_Vale Doc, como tú digas_ dijo y se marchó.
Joselu no tenía cuello, esa parte de su cuerpo no existía, su cabeza, demasiado grande para su cuerpo, emergía directamente del tronco, Lo vi de espaldas, parecía fornido, pero de alguna manera deforme.
También tenía una especie de indolencia extraña ese “como tú digas” era su muletilla y parecía como si estuviese en desacuerdo con lo que uno le indicaba, pero sin llegar a manifestarlo abiertamente.
Fui hasta la habitación de la paciente, la hija de la señora de Velazco era una mujer de unos cincuenta años, delgada y nerviosa. Le expliqué el estado de su madre, la cirugía había sido exitosa pero su madre por su enfermedad de base y su avanzada edad era una paciente de riesgo.
Ella asentía con preocupación, su marido estaba a su lado, era el clásico Sancho a aunque no tan panza, es decir era calvó, bajo de estatura, fornido con cejas pobladas y mandíbula saliente y mal rasurada, pero su panza no era tan pronunciada.
Me miraban los dos con esa especie de respeto por la figura del médico que ya es raro de ver entre la gente.
Continué luego la ronda por el resto de los internados. Volví a encontrarme con Joselu en otra habitación.
_Cámbiale las vías cada seis horas_ le indique respecto a un paciente
_ Como tú digas Doc_ me dijo.
Era como si él creyera que debía aprobar lo que en realidad le estaba ordenando.
Estaba volviendo al consultorio cuando me encontré con Fernanda por el pasillo
Venía con Sol, era la primera vez que llevaba a nuestra hija al hospital.
_Hola Papi…._ me dijo la pequeña y extendió sus bracitos.
La sostuve en mis brazos, mi esposa sonreía.
_ ¿Y esta sorpresa?_ dije
_Para que vaya conociendo donde trabaja su papi_ dijo ella
Mi hija tenía dos años y medio, era rubia como su madre y ya se veía que también heredaría su belleza.
_Sabes que no recordará esto_ le dije
_No…o tal vez si…_ dijo mi esposa.
La miré bien. En estas semanas su pelo había crecido y su melena carré ya casi le llegaba hasta los hombros, el pelo rubio, fino y sedoso.
Los ojos azules, la pequeña nariz, la hermosa boca sensual y amplia, la carnosidad de los labios, en la plenitud de sus 35 años, la juventud que aún no la abandonaba y la espléndida madurez que la perfumaba entera.
Llevaba una camisa corta que por momentos dejaba ver la piel de su vientre liso y un vaquero ajustado a sus curvas, sus piernas largas, modeladas por el ejercicio diario y afirmadas en los tacones de sus botitas acordonadas, los tremendos pechos se insinuaban por debajo de la camisa blanca, pude adivinar los pezones en punta, la aureola rosada, la opulenta naturaleza que asomaba por entre los pliegues de la tela.
Y entonces por detrás de ella vi venir la esperpéntica figura de Joselu.
El contraste no podía ser más extremo, por un lado el costado más luminoso de mi vida, mi familia, la perfección física de mi esposa y la belleza y la salud reunidas en ella generosamente y por el otro la oscura impresión que despertaba en mí el extraño enfermero.
Y pude ver como a medida que se acercaba devoraba con los ojos el culazo de mi esposa de espaldas a él.
Por primera vez sentí como una especie de repulsión hacia él cercana a la violencia.
_Doc te quería preguntar por el paciente de la 36_ dijo, su acento a veces me parecía andaluz, a veces latino, alguien me había dicho que era de Canarias en realidad.
_Si Joselu, ahora estoy contigo_ le dije, no le presenté a Fernanda, esta se dio vuelta para mirarlo, vi como el enfermero le pegaba un soberbio repaso de arriba abajo, como se detenía en sus pechos y como la miraba embelesado, como se admiraba con la perfección del rostro y como su mirada se volvió más turbia cuando bajó hasta la cintura y las piernas de Fernanda.
Tuve un súbito impulso de ordenarle que se marchase y hasta de golpearlo.
Hice que Fernanda y la niña me esperaran en la consulta, salí para hablar con Joselu.
Cuando nos despedimos me dijo.
_Tienes una bella familia Doc_
_Gracias_ le dije, pensé si él tendría una familia, una esposa, no lo parecía, lo imaginé viviendo en una madriguera.
Luego ya saliendo del hospital nos cruzamos con el esposo de la hija de la señora de Velazco, el falso Sancho Panza me saludó con una inclinación de cabeza.
Cuando yo abría la portezuela del coche, pude ver como observaba con mirada turbia a Fernanda quien estaba de espaldas a él.
De pronto me pareció notar en Sancho y en Joselú el mismo tipo de mirada, turbia, llena de deseo. Como con cierta impotencia ante una belleza que juzgarían inalcanzable. Digamos que un poco de lo mismo sentí yo cuando conocí a mi esposa.
Luego de cenar y acostar a la niña, ya en nuestro cuarto, observaba con cierta culpa los torpes agujeros en la puerta del armario del voyeur.
Fernanda pasó a mi lado en tanga y camiseta, descalza, marcando tetas y culazo, ya estábamos en primavera y dormía así por las noches.
_ ¿Qué haremos este fin de semana al final?_ dijo ella
_ ¿No cenaremos con Laura?_ respondí.
_No tengo muchas ganas la verdad_ dijo ella
_ ¿Es por Laura?_
_No, ella es amorosa pero Jorge el marido, es……_
_ ¿El psiquiatra?_
_Si…me cae pesado….la verdad_
No lo recordaba bien físicamente, Laura trabajaba con mi esposa y creo que me lo habían presentado alguna vez.
_ ¿Por? ¿Qué tiene?_
_La va de sabelotodo….es pedante y si fuera realmente inteligente…me puedo bancar a un pedante……pero es que este es un idiota además_
_Has hablado con él varias veces por lo que veo_
Mi esposa se sentó conmigo al borde de la cama, me revolvió el pelo con la mano.
_Tenés un pelo relindo amor, abundante…no te vas a quedar pelado como tu viejo_
_Coño, mi padre no es calvo_
Ella se rio y se echó para atrás en la cama.
_Bueno un poco calvo está…. Yo creo_
_Como dices eso de papa….._ le dije y besé su ombligo, levantando la camiseta.
Y de pronto ya estaba de rodillas al borde de la cama, comiéndole el coño.
La penetré con suavidad en un misionero clásico, ahogado, tratando de no hacer ruido. Sentía sus piernas fuertes y macizas apretándome contra ella
Luego ella misma se puso en cuatro patas, me aferré a su pequeña cintura, siempre me producía un poco de vértigo tomarla así de las caderas y sentir como sus elásticas nalgas golpeaban con mi pelvis. ¿La sentirían así de parecido los tíos que se la habían follado en nuestras aventuras?
Cometí el error de encenderla, colándole mi pulgar en su culo.
Lanzó un hondo suspiro, estiró su brazo hasta la mesilla de noche, donde estaba el gel lubricante, pude apreciar la hermosa forma de su largo brazo, el hombro exquisitamente modelado.
_Dame por el culo, amor_ dijo en un susurro, cogió el gel y también los consoladores que teníamos y los arrojó sobre la cama.
Tomé uno de ellos, aquel con el que Fernanda me había penetrado aquella vez de Aitor, (Mi esposa argentina 3) embadurné con lubricante el orificio rectal y el consolador y comencé a penetrar su culo mientras la seguía follando.
_Si…así…que bueno amor_ su mano acarició mis genitales, acarició mis pelotas con delectación la muy guarra.
El consolador se abría paso en su ojete con facilidad.
Entonces ella cogió el otro juguete, esa polla de latex que tenía una especie de base y la forma de unos testículos también.
Y comenzó a lamer esa polla y luego a mamarla.
Entonces comprendí que de alguna manera estaba reviviendo alguna de las orgías que habíamos tenido.
_Mmmm…_ gimió con esa falsa polla en la boca.
Quité el consolador de su culo y comencé a introducir mi propia polla, el sexo anal se había vuelto algo especial entre nosotros, no solíamos hacerlo a menudo. Ya bastante lo practicaba ella con sus amantes de ocasión y casi que yo también entendía que eso era reservado para nuestros juegos con terceros.
Pero la sensación de estar dándole por el culo a este pedazo de hembra que todos admiraban era increíble, pensé por un momento en Sancho…y también en Joselú, cuanto daría cualquiera de esos dos por estar en mi lugar en este instante.
El cuerpo de Fernanda se revolvió inquieto mientras mi polla la enculaba suavemente.
El agujero de su culo hizo presión sobre mi verga.
_Shhh…tranquila……_ dije imitando a alguno de sus amantes mientras estrujaba una nalga carnosa y dura.
_Que guarra eres Fernanda….que puto zorrón estas hecha_ le dije y comencé a penetrar su coño con el consolador
_Te gusta tener tres pollas solo para ti ¿No es verdad cerda?_
_Mmmm!!.......Mmmmm_ fue su respuesta con la polla de latex en la garganta.
No tardó en correrse y luego yo, dentro de su culo.
Regresé del baño, nos besamos, ya los consoladores estaban guardados, ella bien peinadita y perfumada en su camiseta de noche.
_ ¿Lo estás deseando?_ le dije
_ ¿El qué?_ dijo ella apretándose contra mi pecho
_Follar con varios tíos_
_Es raro…es una sensación rara…en el momento en que sucede…hay un momento que siento alguna incomodidad…dolor claro…..tener una polla en el culo siempre duele un poco, por más excitada que estés y tener dos pijas en el cuerpo…por momentos es algo brutal….porque si las pollas son grandes es como si….._
_Como si se tocaran_ dije
_Eso…………como si estuvieran casi por juntarse….entonces me digo que es la última vez, que es algo que está mal y que no voy a volver a hacerlo_
_ ¿Y luego?_
_Y luego cuando ya estoy completamente loquita, cuando me tienen empalada y estoy teniendo un orgasmo, no quiero que termine y la sensación de calor en el cuerpo después….como si me hubiese quemado….y con el correr de los días la sensación de querer repetirlo…y no solo son sensaciones físicas_
_Claro…está la sumisión….lo humillante de todo eso_
Ella me miró, sus hermosos ojos azules brillaban.
_Y el poder amor…. Te sentís poderosa……. poderosa de tener el pene del varón erecto por vos, varios penes de esa horda… que te está humillando y sometiendo pero a la vez….es como si fueran salvajes que te están adorando….de cierto modo bestial claro_
_Joder…estás para escribir un libro sobre el tema_ dije pero un poco desbordado por estas confesiones
_ ¿Te jode que te cuente esto?_ dijo
_No……..pero es fuerte la verdad_
_Si…. si….es algo que está mal……….tenés una esposa muy puta_ dijo ella
_ Cuéntame un poco más…_dije mientras la besaba
_Cuando tienes…cuando tenés tres pollas, como en la fantasía de ahora…._
_Con los consoladores_ dije
_Si…eso….cuando tenés un polla en el culo….en la concha….y otra en la boca……_
_ ¿Qué?......¿Que sientes?_ dije
_ Que no podés cagar…ni orinar…ni hablar…ni comer…_
Y dijo esto con una cara de vicio que afeaba su bello rostro y luego sonrió y su expresión era de nuevo angelical y ya tenía yo una erección y ella cogió mi polla suavemente
_ Fernanda…….joder……._ dije
_ Te gusta lo guarro_ dijo ella
No respondí cerré los ojos, ella me besó suavemente en la mejilla mientras me pajeaba.
_A mí también me gusta_ dijo
A la noche siguiente, era un jueves.
Mi esposa estaba de pantalón de chándal y chinelas, con sus gafas puestas y trasteando con la comida, lo que habíamos fantaseado la noche anterior parecía muy lejano.
_No sabes lo que pasó hoy_ me dijo
_ ¿Si?_
_Me mandó un mensaje alguien que tú conoces_
La miré sorprendido, imaginé alguno de tantos amantes con los que habíamos jugado.
_El enfermero ese que estaba el otro día en el hospital_
_ ¿Que? ¿Joselu?_
_Mirá, míralo vos mismo_ dijo ella alcanzándome el móvil mientras quitaba una cacerola del fuego.
_Hola Fernanda nos conocimos el otro día en el hospital, mi nombre es Joselu, soy el enfermero que estaba con vosotros y la niña el otro día, me gustaría tomar un cafelito contigo_ decía el mensaje
_No puedo creerlo_ dije, pensé en Joselu con odio asesino
_ ¿Cómo habrá conseguido mi número?_ dijo ella
_No tengo la menor idea…mañana le haré polvo_
_Dejalo amor….es un pobre imbécil ¿comemos?_
Nos sentamos a la mesa. No podía creer en el descaro, la audacia de esa maldita hiena de Joselu.
Y además me quitó completamente de la cabeza lo que para mí había sido la verdadera novedad del día.
A media mañana había recibido un mensaje de Ernesto, el hombretón aquel de Bilbao (Mi esposa argentina 4)
_Este fin de semana voy para Madrid. Me apetecería veros_ decía escuetamente
Lo pensé un instante antes de responder y no sé si me asombré de mí mismo en la respuesta o ya tenía todo naturalizado al extremo más absoluto
_ ¿Puedes venir con alguien más? sería bueno tú y dos más, pero que estén a la altura ya sabes_
Le puse.
_Joder chico, estás como una puta cabra_ fue su respuesta
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