El Despertar en la Aldea parte 9
Awa observa desde la distancia cómo Nia y Kofi se acercan, su excitación traicionándola con cada gesto. Escondida entre los arbustos, la tentación de verlos juntos se vuelve insoportable, y el secreto que guarda amenaza con desbordarse.
En los siguientes dos días, Awa no pudo evitar notar cómo Nia y Kofi pasaban más tiempo juntos, su cercanía creciendo como una enredadera en el calor africano. Los veía desde lejos en la aldea: caminando por los senderos polvorientos con las manos rozándose accidentalmente al principio, luego entrelazadas con naturalidad; riendo bajo un árbol de mango mientras compartían una fruta jugosa, el jugo dulce goteando por sus barbillas en hilos pegajosos que brillaban bajo el sol abrasador; o sentados cerca del río, sus hombros tocándose, el aire cargado con el olor a agua fresca y tierra húmeda, sus voces bajas y cómplices mezclándose con el murmullo del agua. Awa sentía un nudo en el estómago cada vez, su excitación traicionándola con pulsos calientes entre sus piernas, leche brotando en gotas cálidas de sus pechos que empapaban su blusa, pero se repetía: "Es lo correcto... Nia lo ama, y yo... solo me excito".
Al tercer día, en el mercado bullicioso donde el olor a especias picantes y frutas maduras invadía el aire, mezclado con el sudor de los vendedores regateando bajo el sol implacable, Awa se encontró con Nia cerca de un puesto de tela. Nia estaba radiante, su figura delgadita moviéndose con una energía nueva, su piel oscura brillando con un sudor ligero que perlaba su cuello, sus pechos pequeños subiendo con respiraciones excitadas mientras seleccionaba un paño colorido.
—Nia... hola. ¿Comprando tela? Hace calor hoy, ¿no? Mi madre me mandó por hierbas para la cena, dice que el estofado necesita más sabor. ¿Cómo va todo? Te veo... feliz. —Dijo Awa, su voz suave y tímida, bajando la vista para ocultar el rubor que subía por su cuello, el roce de la brisa caliente contra su piel amplificando el pulso constante en su clítoris, una gota de leche filtrándose por su blusa y deslizándose por su vientre en un cosquilleo cálido.
Nia rió con una carcajada genuina y alegre, sus ojos marrones iluminándose como estrellas en la noche africana, girándose hacia Awa con la tela en las manos, el tejido áspero rozando sus palmas callosas. —¡Awa! Sí, comprando tela para un vestido nuevo. Mi madre dice que necesito algo bonito, que parezco un espantapájaros con estas ropas viejas. El calor es terrible, me deja pegajosa todo el día, pero... bueno, hay cosas que lo compensan. ¿Feliz? Pues sí, no lo niego. Kofi y yo... hemos estado hablando mucho estos días. Caminamos por los campos, hablamos de todo: de la cosecha, de cómo el cacao está madurando bien este año, de sus planes para comprar más tierra. Es tan... ambicioso, ¿sabes? Me hace sentir viva. Y... quiere algo serio conmigo. Me lo dijo ayer, al atardecer, mientras mirábamos el río. Dijo que ha estado pensando en el futuro, en una familia, y que yo soy la que le da estabilidad. Me besó ahí, Awa, un beso profundo que me dejó temblando. ¿Puedes creerlo? Después de tanto tiempo persiguiéndolo...
Awa sintió un calor subir por su pecho, su excitación traicionándola con un pulso acelerado entre sus piernas, jugos comenzando a fluir en hilos viscosos por sus muslos internos, el olor sutil de su propia humedad mezclándose con el aroma especiado del mercado. "Se alegra... es bueno, pero... imaginar a Kofi besándola así... me hace palpitar". —Eso... suena maravilloso, Nia. Me alegro por ti. Kofi es un buen hombre, trabajador, con esos sueños grandes para la finca familiar. Recuerdo cuando éramos niñas, cómo lo mirabas en el río, siempre siguiéndolo con los ojos. ¿Qué te dijo exactamente? ¿Planes de matrimonio? Es... romántico, en esta aldea donde todo es tan duro.
Nia se acercó más, bajando la voz con complicidad, sus manos gesticulando animadamente, el paño ondeando como una bandera en la brisa caliente que llevaba el polvo del suelo. —Sí, planes serios. Me dijo que ha estado harto de aventuras fugaces, que quiere una mujer que lo apoye, que le dé hijos fuertes para ayudar en los campos. Me habló de construir una choza más grande, de plantar más árboles de cacao juntos. Y... me besó de nuevo, Awa, sus manos en mi cintura, apretándome contra él. Sentí su calor, su fuerza... es como un sueño. Le dije que lo amo desde que jugábamos de niños, que siempre he soñado con ser su esposa, cuidarlo después de un día duro, cocinarle, darle placer cuando lo necesite. Él sonrió y dijo que soy constante, que eso le gusta. No soy la más guapa, lo sé, con mi cuerpo delgado y sin curvas como el tuyo, pero soy leal. ¿Sabes? Creo que pronto me pedirá matrimonio formalmente, ante la aldea. Estoy nerviosa, pero excitada... imagino una vida con él, hijos corriendo por la choza, yo preñada de su semilla. ¿Tú qué piensas? ¿Crees que hará lo correcto?
Awa tragó saliva, un orgasmo sutil rozándola al imaginarlo, leche goteando más profusamente por su blusa en un calor líquido que se extendía por su piel, el roce de la tela áspera contra sus pezones enviando chispas. "Ella... tan abierta, tan dispuesta. Yo podría haber sido eso... pero no". —Pienso que sí, Nia. Kofi necesita alguien como tú, estable, amorosa. No como... otras que solo traen complicaciones. Sé feliz, amiga. Te lo mereces después de tanto tiempo.
Nia sonrió, abrazándola brevemente, el contacto cálido amplificando el pulso de Awa, antes de alejarse con su tela. —Gracias, Awa. Hablamos pronto, ¿eh? Quizás en la boda. —Dijo riendo, dejando a Awa sola con sus pensamientos.
Más tarde, en la quietud de su choza, con el aire nocturno filtrándose por las grietas, cargado del olor a humo de fogatas lejanas y el canto de los grillos, Awa se tumbó en su esterilla, su mente girando en espiral. "Me alegro... si no hubiera puesto fin a sus avances, habría perdido la virginidad con él, me habría dejado preñar... imaginar su polla larga entrando en mí, estirándome, derramándose caliente y espeso dentro, hinchando mi vientre... oh, dios", pensó, y el mero pensamiento hizo que lactara más fuerte, chorros potentes de leche brotando de sus pechos en pulsos calientes que salpicaban su torso y la esterilla, el calor líquido deslizándose por su piel en ríos pegajosos, amplificando un orgasmo brutal que la hizo arquear la espalda, gimiendo alto: "¡Ahhhhhh... sí, preñada... me corrooo!", jugos chorreando por sus muslos en torrentes viscosos y calientes, su cuerpo convulsionando en espasmos salvajes. Al mismo tiempo, pensaba en su excitación creciente: "Cada vez estoy más urgida... desde que probé su polla, el sabor salado y pulsante en mi boca, mi cuerpo exige más fuerte volver a sentir lo mismo, mamar otra, la que sea, de quien sea... con horror sé que solo es cuestión de tiempo que mis impulsos ganen a la razón... no podré resistir".
Mientras pensaba en todo ello, caminó por un lugar apartado al amanecer del siguiente día, el sol naciente tiñendo el cielo de rosas y dorados, el aire fresco cargado del olor a rocío en la hierba y tierra húmeda, sus pies descalzos sintiendo el polvo suave y fresco bajo ellos. A lo lejos, vio a Kofi y Nia de la mano, sus dedos entrelazados con ternura, caminando hacia un rincón apartado entre arbustos espinosos, el sonido de sus risas bajas llegando con la brisa. Curiosa y excitada, Awa decidió esconderse detrás de un matorral, las hojas ásperas rozando su piel sensible y enviando cosquilleos que amplificaban su pulso, aunque sabía que estaba mal: "Debería irme... es privado, soy tímida... pero mi excitación... quizá vea sexo de nuevo, su polla... no, Awa, vete... pero no puedo moverme".
Allí escondida, escuchó cómo Kofi, con voz profunda y seria, le decía a Nia mientras la atraía a un abrazo, su aliento cálido contra su oreja: —Nia... estos días han sido reveladores. Quiero tener una relación seria contigo. Eres constante, leal, y en esta aldea dura, eso es lo que necesito. Imagina nuestro futuro: una choza grande, campos prósperos, una gran familia con hijos fuertes que nos ayuden.
Nia se emocionó, sus ojos brillando con lágrimas de alegría, su cuerpo delgado presionándose contra el de él, sintiendo su calor muscular a través de la ropa. —Kofi... oh, dios, sí. Te amo desde que éramos niños, siempre soñé con esto. Te pertenezco, puedes preñarme tantas veces como quieras, darme muchos hijos sanos y fuertes. Te cuidaré siempre, cocinaré para ti, te daré placer después de un día duro en los campos. Seré la mejor esposa.
Kofi sonrió, pensando para sí mismo: "No es tan guapa como Awa, con sus curvas explosivas y esa excitación constante que me volvía loco... no siento lo mismo por ella, pero será una buena y servicial esposa, estable, sin complicaciones". En voz alta, dijo: —Te cuidaré, Nia, estaré siempre a tu lado como tu marido. Formaremos esa familia grande, hijos corriendo por la aldea, tú hinchada con mi semilla.
Mientras se desarrollaba esa conversación, comenzaron a besarse, labios chocando con pasión, lenguas entrelazándose en besos húmedos y babosos que goteaban saliva por sus barbillas, el sabor salado intercambiándose, manos explorando cuerpos: las de Kofi bajando por la espalda delgada de Nia, apretando su culo plano, las de ella subiendo por su torso sudoroso. La larga polla de Kofi asomó erecta por fuera del pantalón, fina y venosa, pulsante en el aire fresco, el pre-semen goteando en hilos transparentes.
Nia rió entre besos, su mano envolviéndola con gentileza, sintiendo el calor latiendo. —Con semejante aparato... seguro que me preñas a la primera. Es tan larga, tan dura... me estira tanto.
Kofi se rió, bufando ligeramente al sentir su toque, el aire cargado con su olor masculino. —Eso sería algo de lo que sentirse orgulloso... un hijo fuerte desde el principio.
Nia, sugerente, mordisqueó su oreja, su aliento caliente contra su piel. —Si quieres... podemos empezar a fabricar el primer hijo juntos. Ahora, aquí... métemela, derrámate dentro.
Ella se agachó, arrodillándose en la hierba suave y húmeda por el rocío, tomando la polla en su boca, mamando durante un rato con succiones fuertes y rítmicas, sonidos guturales ahogados: "Mmmhhh... glup... ahhh...", babas cayendo por su barbilla en chorros pegajosos y transparentes, el sabor salado inundándola, su lengua girando alrededor de la cabeza sensible.
Kofi bufaba como un toro, sus manos en su cabello corto, guiándola. —Grrr... Nia... sí... pero estoy a punto... para, túmbate boca arriba.
Ella lo hizo sumisamente, tumbándose en la hierba, subiéndose la falda, su sexo hinchado y brillante con jugos expuesto al aire fresco. Kofi, sin decir nada, se colocó encima, frotando la punta contra su entrada resbaladiza, untando pre-semen en una mezcla lubricante caliente. La penetró despacio, centímetro a centímetro, la longitud fina estirando sus paredes internas con un roce ardiente y apretado, mientras ella chillaba y gemía: "¡Ahhh! ¡Sí, entra... oh, dios, duele y placer... tan grande!".
Kofi bufaba, sintiendo la estrechez cálida y húmeda envolviéndolo como un guante resbaladizo. —Le cuesta entrar... estás tan apretada... joder, Nia... solo 20 de mis 30 centímetros... pero se siente tan bien.
Comenzó a bombear, saliendo y entrando en golpes rítmicos, el sonido húmedo de piel contra piel chasqueando en el claro, mezclado con sus gemidos sincronizados. Entrecortadamente, ella le dijo: "Hoy... ¿va a ser el día... en que me lo echas dentro?".
Él, entre bufidos guturales: "Grrr... sí... te llenaré... con mi carga".
Nia sufrió varios orgasmos, su cuerpo delgado convulsionando bajo él, gimiendo alto: "¡Síiii! ¡Me corrooo... otra vez... oh, Kofi, más fuerte!", sus paredes contrayéndose alrededor de su polla en pulsos resbaladizos y calientes, jugos chorreando en cada salida.
Kofi aumentó la fuerza y velocidad de las embestidas, sus caderas chocando con un ritmo frenético que hacía temblar la hierba, besándose furiosamente, lenguas invadiendo bocas en torrentes babosos y salados que goteaban por sus cuellos, saliva intercambiándose en hilos pegajosos. Le lamió la cara, saboreando el sudor salado de su piel, bajó a sus pechos pequeños, chupando los pezones con succión fuerte, el sabor lechoso sutil amplificando su excitación, mientras agarraba su culo plano, clavando los dedos en la carne suave, sintiendo el calor y la humedad ascender.
En un momento, Kofi gruñó: "Nia... te va a preñar... me voy a correr... ¡toma mi semilla!".
Le pegó una estocada final profunda, haciendo que ella se corriera y gritara por el dolor y placer agudo: "¡Ahhhhh! ¡Sí, préñame... me corrooo!", mientras la polla de Kofi daba pulsaciones potentes por cada chorro que le inyectaba, semen espeso y caliente inundándola en torrentes prolongados, rebosando ligeramente en una mezcla cremosa que goteaba por sus muslos.
Tras terminar, descansaron jadeando, cuerpos sudorosos entrelazados, el olor a sexo y semen llenando el claro. Se dijeron palabras de amor: "Te amo, Nia... serás una gran madre". "Y tú un gran marido, Kofi... para siempre". Luego se levantaron, se fueron de la mano, un reguero de semen corriendo por el interior del muslo de Nia, espeso y blanco, goteando al suelo en rastros pegajosos que brillaban bajo el sol.
Awa había observado todo esto escondida, sufriendo orgasmos brutales y masturbándose furiosamente, sus dedos frotando su clítoris en círculos desesperados, jugos chorreando en pulsos calientes por sus muslos, leche salpicando sus pechos en chorros potentes, gimiendo ahogado: "Ahhh... mmmhhh... preñada... su semen... me corrooo", envidiando con excitación el reguero de semen en el muslo de Nia, imaginando cómo se sentiría en su propia piel, el calor líquido marcándola. "Ella... tan feliz... yo podría haber sido eso... pero mi cuerpo... exige más", pensó, su batalla interna intensificándose en el éxtasis.
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- Relato #247153— title-regex: contiguous parts (8 -> 9)
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