La preñada cachonda
El embarazo enciende una llama que su marido ya no puede apagar. Cuando el deseo la empuja a cruzar la línea, descubre que la tentación tiene nombre, dirección y una polla que promete lo que el matrimonio ya no ofrece.
María es bajita, con buenas curvas “donde agarrarse”, de pelo largo ondulado oscuro. Buenas caderas, “culona” como se suele decir y unas tetas envidiables, grandes pero no excesivamente
Tenía casi 36 años cuando, después de mucho intentarlo, se quedó embarazada. Alberto, su novio de toda la vida y posterior marido también está guapo, es simpático, agradable, delgado, moreno. Ambos se llevaban muy bien en todo, y en el sexo eran apasionados pero nunca se excedían de lo que viene a ser el sexo tradicional y alguna cosa picante.
La llegada de un futuro nuevo miembro a la familia les alteró en todos los aspectos, especialmente en lo económico; Alberto hacía horas extras frecuentemente para pagar los muebles, cuna, carrito… A la par, María tenía bastante tiempo libre porque su profesión no era aconsejable para un embarazo, por lo cual se quedó como ama de casa, otro punto más para que Alberto trabajase día y noche.
Esa falta de marido en casa venía con un agravante; Desde que se quedó embarazada su lívido creció exponencialmente. El calor abrasaba su cuerpo, siempre estaba cachonda y deseosa de que llegase Alberto y la poseyera como a una perra y como no era posible, se contentaba con masturbarse varias veces al día.
Le aconsejaron que para no perder forma se apuntase a un gimnasio pero sin pasarse con los ejercicios. Iba a él diariamente y allí socializó sobre todo con otras mujeres de su edad. Charlaban y charlaban temas de mujeres, especialmente críticas a sus maridos mientras hacía bici estática o andaba en la cinta. María sólo tenía una queja de Alberto, y la vergüenza le impedía confesarla en ese entorno.
Después de sudar volvía a casa, se desnudaba y esos primeros meses descubrió una sensualidad y belleza en su cuerpo repleto de hormonas que antes no tenía. Mirándose al espejo enviaba un mensaje a su marido; “¿Tardarás en venir?” A lo que él respondía casi siempre “Ve cenando tú, llegaré tarde”
Decepcionada cambiaba el grifo de ducha por baño, llenaba la bañera con agua calentita y se daba un homenaje cubierta de espuma, ahogando sus gemidos mordiéndose el brazo.
Las pocas veces que llegaba medianamente pronto estaba tan cansado que cenaban y si había suerte se iban a la cama pronto a echar un polvete rápido, aunque lo común era que se le echase encima después de comerle el coño un minuto, la penetrase, teniendo que hacerse ella misma las friegas al clítoris para correrse antes que su molido marido acabase. Después de llenarla de semen se echaba boca arriba y ella, aún caliente, le masturbaba la flácida polla, incluso llegaba a comérsela intentando tener un segundo asalto que nunca llegaba. “Cariño, estoy muerto y mañana madrugo” le decía.
Los meses pasaban y lejos de serenarse, María cada día estaba más cachonda y salida. Lo que no acompañaba era su cuerpo y su panza, que empezaba a ser considerable.
Muerta de vergüenza entró a un sex shop a comprar un pene de goma con la excusa de que era un regalo. Tal cual llegó a casa lo abrió, lo limpió, se desnudó y lo estrenó con un par de buenos orgasmos. Desde entonces sería su “amante”.
También descubrió decenas de webs porno a las que dedicaba horas muertas fantaseando con esos penes grandes y duros.
Sin embargo lo que la hizo cambiar de rumbo en su río de la vida fue una nimiedad.
Su cuerpo ya no rendía como era menester en el gimnasio, pero seguía frecuentándolo con sus camisetas de tirantes que enseñaban más de la cuenta por el simple morbo de que algún mirón se deleitase con su voluptuoso cuerpo, y sin más pretensiones que eso; morbosear. Pero no, no fue un profesor, ni un mirón, ni nadie del gimnasio quien la desvió de ese camino.
Entró a una sala de chat de sexo con un alias atrayente, “Embarazada_36”, quizá demasiado atrayente. Se le abrieron mil ventanas, todos iban muy directos y aún cachondísima, no le gustaba eso. Tampoco buscaba una relación, pero debía haber algo intermedio
Uno no le entró “a saco”, y fue con quien siguió conversando. Hugo era abierto, divertido y extrovertido, al contrario que María. Empezaron hablando de tonterías
Le contó sus vicisitudes con su exmujer que era una arpía intentando sacarle toda la pasta y que ahora se dedicaba a viajar y vivir la vida. Ella, por su lado, era más reservada.
Como era de esperar, salió el tema sexo (cosa que esperaba pero no al momento como los demás buscaban). Hugo, según contaba, llevaba meses sin follar y a ella hasta le pareció bien; no quería relacionarse con gente que pudiera buscar temas serios, buscaba más el perfil “rápido” y a poder ser experimentado. “Total, lo que quiero es divertirme online”
Cuando fue su turno, muerta de vergüenza, pensó inventarse algo…pero la gracia es que no lo conocía ni lo conocería. ¿Para qué mentir? Confesó que su marido no cumplía en la cama. Le preguntó qué buscaba exactamente y tampoco mintió; morbo. “¿Y el tipo de hombre que te gustaría?” Tampoco mintió
- Me ponen los “machitos”, “gallitos” y “fofisanos”
- ¿Y de polla?
- Me da igual eso
- Venga, en serio
- Pues grande si puede ser aunque lo que me importa no es el tamaño, sino como la usa
Ahí Hugo respondió aclarando que, aunque estaba en dique seco por líos con su exmujer e hijo, desde que se separaron hasta entonces había estado follando con una jovencita casi a diario.
María, mientras se escribían, tenía la mano o en sus tetas o en su coño. Empezó a vibrarle el reloj de muñeca; se le echaba el tiempo encima y empezó a despedirse.
Hugo le dio su teams, por si quería seguir conversando
Pasaron los días y cuando podía continuaban conversando y cachondeando, de tono muy buen rollo, aunque cuando llegaba la noche y ella estaba muy cachonda, el tempo y tono crecían llegando a confesarse fantasías; Hugo tenía la de follarse a dos tías a la vez (“típico” pensó ella). María, por su lado, le dijo que le daría morbo tocar la polla de otro, y él se empezó a reír a carcajadas ofreciendo la suya, cosa que declinó. Empezaron a charlar de sexo. María era muy reservada pero le dio morbo hablar de cómo lo hacía con su marido las pocas veces que se acostaban.
- ¿Te gustaría acostarte con otro?- Le preguntó
- Bueno…lo que pasa es que eso ya sería pasarse
- ¿Entonces?
- Quizá…tocarla
- ¿Tocar el qué?- Preguntó con caras sonrientes
- La picha- Escribió finalmente ella
- ¿Cuántas has tocado?
- Dos. Mi marido y un amigo antes de emparejarme
- ¿Follásteis?
- ¡Nooo!
- Entonces… ¿No harías nada más? ¿Sólo tocarla?
- Jajaja…bueno, en ese hipotético caso, lo que no querría es que me preguntaran qué quiero ni qué no. El tipo de hombre con el que fantaseo…no pregunta
- Entiendo
Empezó a mandarle fotos; Él también iba al gimnasio y le envió algunas marcando pectorales que María usó para sus masturbaciones durante días
Había una que se marcaba el paquete en el bóxer que hizo sus delicias más de una vez y el día que se la envió prácticamente violó a Alberto; Él ya había acabado pero ella continuaba moviendo el trasero penetrándose, agarrándolo de la mano que tenía en su gordo culo para que no se separara. El tener que hacerlo de perrito por su barriga ayudaba a imaginar que la estaba penetrando otro.
Hugo cada vez era más atrevido llegando a pedirle fotos. María recortaba la cara como lo hacía él y se las enviaba, primero normales, luego más sexys…todas antiguas, hasta que él preguntó de cuantos meses estaba, porque recordaba que estaba embarazada. Confesó que de 29.
- Me ponen mucho las preñadas- Le dijo.
Le envió una con un camisón sexy finalmente, intentando que la panza luciera. Él se puso en extremo cachondo, primero zalamero, después de un rato de cachondeo….guarro. María, con lo reservada y vergonzosa que era, declinó sus peticiones de enviar “más carne”, limitándose a la barriga.
“Qué buena estás”, “Me encantaría follarte”, “¿Este finde quieres quedar? tengo sitio” Y le envió una ubicación del centro de Barcelona
Aquello ya se estaba yendo de madre y cortó por lo sano. “Oye, mejor nos bloqueamos” le dijo con cierta pena. Él preguntó por qué, y si la había ofendido.
No era el caso; se sinceró, no buscaba nada, y mucho menos relación. Bloqueó el contacto antes de que respondiera
Pasó la semana extremadamente cachonda, tentada a escribirle. No se quitaba de la cabeza su paquete marcado en el bóxer y que la deseaba incluso estando preñada.
Ese fin de semana salió de compras por Barcelona y medio cerebro estaba recordando la ubicación de Hugo. “No…déjalo”
Entró al Corte inglés y se compró varias prendas. Estaba tan cachonda que fue más mala de la cuenta; Se llevó un peto de embarazada al probador y mirándose al espejo se toqueteó todo el cuerpo estrujándose las tetas hinchadas, pero sin llegar a masturbarse. Lo que de verdad quería probarse y, sinceramente, usar para hacerse un dedo, era un camisón que se abría por delante muy suelto y ligero para las noches de verano, de un azul claro casi transparente, pensando en las bobaliconadas que le escribió Hugo cuando le envió la foto con el camisón roído
Ardía. Sólo pensaba en pollas y follar. Preguntó a Alberto si llegaría pronto a casa ya que ella iba de camino en metro, pero tenía mucho trabajo. “Mierda, no puedo estar así de cachonda”
Miró la conversación con Hugo, la ubicación. Se bajó en Sants y cambió de línea.
“Sólo para ver por dónde vive, total, no hay prisa por volver”
Se bajó en la parada más cercana y caminó hasta llegar al sitio en cuestión, una pequeña plazoleta donde jugaban los niños entre edificios altos con los bajos llenos de bares. Le entró hambre, se metió en uno y se pidió unas croquetas que devoró al instante en la terraza. El calor no se le iba del cuerpo, tener tan cerca un hombre así no ayudaba.
“Y si…solo…solo conocerlo…no es nada malo… ¿O sí? ¡No sé! ¡Hay mi cabeza! ¡No! ¡Déjalo! Ya has venido, te has dado el morbazo….has cenado…vuelve a casa con tu marido” Se decía, pero abrió la foto de Hugo en boxer y solo deseaba tener esa polla dentro
“Échale valor, sólo es conocerlo” Se dijo de nuevo. Quitó el bloqueo al contacto y escribió un “hola”
Al segundo respondió. “Creía que me habías bloqueado”, y ella confesó que así era pero que bueno, cosas de la vida, había vuelto.
María fue a su objetivo.
- ¿Dónde estás?
- En casa- le dijo Hugo
- ¿Ocupado?
- No, viendo el fútbol
El corazón le latía a mil por hora y el coño le ardía. Tenía escrita la frase pero no se atrevía a enviarla. Cerró los ojos y tocó la pantalla.
- ¿Quieres que nos conozcamos? Pero nada raro eh, solo vernos
- Por mí encantado- Respondió- ¿Dónde? ¿Cuando?
- ¿Te va bien en tu casa?- Dijo María, después releyó y quiso borrarlo, era demasiado para ella
- Si quieres…aunque creía que no querías…jajaja
- No pienses nada raro
- Ya, ya… ¿Cuándo?
- Estoy en la plaza donde me enviaste, lo que no sé es portal y número
- ¿Estás aquí? ¿Y eso?
- Nada, pasaba por aquí de compras y me dio el venazo.
- Necesitaría un rato para ordenar, limpiar un poco, ducharme o como poco, vestirme, que ando medio en bolas- Le puso caras sonrientes
Lo imaginó casi desnudo, en una casa mugrienta de soltero y se le hizo el coño aguas.
- Da igual, si iba a ser hola y adiós
- Ok, pues el 404, tercero segunda
Se levantó de su silla, pagó. “Qué haces…” Caminó por la plazoleta hasta la acera opuesta. “Qué haces….” Se acercó al portal “¡Qué haces!” Puso el dedo en el timbre metálico “¡¡Que haces!!” Cerró los ojos y apretó oyendo el estridente timbre. “¡Qué haces loca! Vete ya!”
- ¿Diga?
- Yo.- Dijo con voz suave
- Sube- Y le abrió el portal.
El corazón iba desbocado, la respiración cortada. El ascensor fue una jaula. Abrió, buscó la puerta, estaba entonada. Tocó con los nudillos.
- ¿Hugo?
- Sí, adelante
Se esperaba una cochiqera pero el recibidor era muy coqueto. Se movía por inercia por el pasillo hasta que lo vio transitando el comedor cogiendo cosas de la mesita. Iba sin camiseta mostrando su pecho y espalda curtidos de gimnasio. El comedor estaba tenuemente iluminado por una lamparita de mesa
- Pasa, pasa…estás en tu casa…un segundo- tiró las cosas al friegaplatos y de un brinco se le puso delante. María casi se muere de un infarto al ver cómo se acercaba con la polla moviendo el pantalón de pijama blanco y holgado. Se dieron dos besos.- Vaya, no me esperaba esta…sorpresa
- Ni yo venir
- Ponte cómoda- Le señaló el sofá.- Deja ahí las bolsas
No dejaba de mirarla. María se moría de vergüenza. Se sentó en el sofá, y él a su lado sin dejar de mirarla lascivamente “¡Donde me he metido!”
- Eres muy guapa
- Gracias….
- ¿Yo que te parezco?- Se reclinó para marcarse bien
- Bi…bien. Guapo- Dijo María bajando la cabeza
- ¿Quieres tomar algo?- Ella negó.
Hubo una pausa, unos segundos que parecieron una eternidad. Le apartó el pelo de la cara para verla de costado pero notó que estaba incómoda, muy nerviosa.
- ¿Has ido de compras?
- Sí, cuatro cosas que necesitaba de ropa
- ¿Sexy?
- No, normal…bueno…
- ¿Puedo ver?
María sacó de las bolsas la ropa que había comprado
- Ummm….ese es muy sexy- María se sonrojó más.- Con ese tu marido no se va a resistir
- Jajajaja, Dios te oiga- Se le escapó decir
- Mmmm…yo no podría resistirme, vamos- Se le acercó mucho a susurrarle al oído.- Sólo de imaginarte con él puesto se me pone dura. Me pones muy cachondo
No se atrevió a mirar su pijama aunque ardía en deseos de ver lo que había provocado en él
- ¿Seguro que no quieres tomar nada?
- No, de veras, no puedo beber alcohol
- Café, refrescos…
- No gracias. Me voy a ir ya, es tarde
- ¿Ya? ¿No quieres quedarte un rato más? Podemos pasar…-Le besó detrás de la oreja.-un buen rato
Dudó. Cerró los ojos y dudó mucho
- Mejor me voy.- Dijo decidida
- Bueno, ¿te puedo pedir un favor? Nada, cinco minutos…-Le miró de reojo.- Podrías ponértelo para mí
- ¿Esto?- Levantó de nuevo el camisón con los dedos como pinzas
- Sí. No te voy a mentir, quiero hacerme una buena paja más tarde y con eso debes estar súper sexy
- Ya, con esta panza…
- Mmmm…es que también me pone. Venga, hazlo por mí, cinco minutos y te vas
- Va….vale…
Le costó horrores levantarse. Él se creía que se iba a desnudar delante suyo pero aunque estaba extremadamente cachonda aquello era pasarse muchísimo de la raya.
- ¿La habitación? -Preguntó Hugo al verla cabecear mirando en la penumbra.- Allí- Le señaló
María anduvo con el camisón, entró a la habitación con una cama deshecha y empezó a quitarse ropa. Se lo puso encima sólo con sujetador y bragas.
“¿¡Qué haces María!?” Se preguntó mordiéndose el labio. Le ardía todo. “Venga, no seas mojigata, que él se haga luego una paja y tú un dedo en casa con motivo”. Se volvió a quitar el camisón, desabrochó el sujetador dejando libres sus dos grandes melones y de nuevo el camisón sin abrochar el último botón. Iba a bajar la maneta para abrir la puerta cuando se dijo un último “Qué coño, ya que tonteas que sea bien” y se agachó a quitarse las bragas y tirarlas al lado de la ropa. Su coño empapado brillaba, los pelos negros recortados relucían. Por suerte el camisón cubría hasta casi las rodillas y en el comedor había muy poca luz
Caminó luciéndose y acariciándose la panza sonriendo hasta delante de Hugo. Allí dio una vuelta entera mostrando el camisón
- Ufff…nena…estás para comerte- Se acarició el paquete y esta vez sí vio cómo se le marcaba en el pantalón. María salivó.- Siéntate dos minutos anda
Quería sentarse, pero encima de su pollón. “Serénate María, serénate. Disfruta del morbo y calentón, y en casa que te folle Alberto o le das caña al juguete”
Se sentó a su lado. Hugo le apartó de nuevo el pelo
- Qué buena estás…- Le susurró chupándole la oreja- Me duele la polla de lo dura que me la has puesto
La empezó a besar el cuello y a acariciarle el brazo y la panza. La niña empezó a moverse.
- Ummm…Está inquieto…¿O es nena?- Le dijo abriéndole uno de los botones centrales y acariciándole la barriga
- Niña
- ¿Y su mamá?
- Un poco….
Siguió comiéndole el cuello y la oreja, María estaba en la gloria, no daba más de lo cachonda que estaba y Hugo lo notaba principalmente por el olor que emanaba de su coño. La mano daba vueltas en su barriga hasta el borde de las tetas.
La sacó y le acarició el cuello y fue bajándola poco a poco hasta las tetas. María no se opuso, estaba demasiado cachonda para pensar
- Qué ricas…..tetas…-Le susurraba entre besos al cuello- Me tienes a mil…
María entreabrió los ojos y se fijó en la mano amasando su teta dentro del camisón. No pudo resistirse y poco a poco llevó la mano a la pierna de Hugo hasta llegar a su bulto que acarició de arriba abajo para tomarle medida. “Ufff… ¡qué grande!” Se dijo comparando con el de su marido
Con la mano libre y sin dejar de comerle el cuello y tocarle la teta se sacó la polla y huevos por un lado de la pernera
“Ya está, lo que querías” Se dijo María acariciándola piel con piel. Era grande, muy grande. No se resistió y la cogió moviéndola arriba y abajo. Hugo gimió
- Mmm…así… ¿Te gusta?- No esperó respuesta. Le sacó también la otra teta y se puso a comérselas- Sigue así…suave…umm…qué bien lo haces
Estuvieron así unos minutos en los que María se deleitó haciéndole una paja. Hugo se revolvía de placer. Se separó un poco quedándose sentado en el sofá y de un rápido movimiento levantando el culo se quitó el pantalón quedando desnudo. Le pasó la mano por la nuca e hizo presión tirando haca él. María se dejaba dirigir agachándose y girándose cada vez más hasta que tuvo la polla a pocos centímetros de la cara.
Ni él preguntó nada, sólo siguió acercando la cabeza de María a su polla; ni ella se lo pensó al metérsela en la boca. Le recogió el pelo en una coleta y tirando de ella la acompañaba en subir y bajar los labios sellando aquel enorme cacho de carne. Había chupado la polla de Alberto infinidad de veces pero nunca así, haciéndola mamar. Y le gustaba, estaba disfrutando ese pollón en la boca, se animó a agarrarlo de nuevo y batirlo mientras lo lamía glotona.
Hugo había perdido toda compostura, y cuando ella le repasaba el tronco con la lengua, él la forzaba a seguir mamando.
Estuvo comiéndole la polla largo rato y no se corría; Alberto ya hubiera acabado pero él seguía y seguía.
La postura con esa barriga prominente empezaba a cansarla y le dolía la espalda. Maldiciendo a su hija se incorporó con la intención de acabarlo con una paja
- Me…me duele todo…- Le dijo tímida estirándose
- Vamos a la cama, estarás más cómoda
- No…no…mejor me…me voy…- “Ya he hecho una locura digna de recuerdo para dedos hasta el fin de mis días” Pensó. Seguía pajeándolo y miraba la larga polla con deseos de comérsela más, pero verdaderamente le dolía todo el cuerpo, no podía estar tanto rato en esas posturas y ya se le cansaba el brazo.- Lo…siento…- Soltó la polla triste por no acabarlo
Se levantó y anduvo hasta la habitación. Encendió la luz y separó las prendas que se había quitado.
Justo oyó pasos detrás. Hugo la miraba lascivo con la polla enhiesta, acabada en vello recortado. María se mordió el labio de morbo y rabia y siguió preparando sus prendas. Más pasos. Se desabrochó algún botón. Calor en su espalda
Le apartó el pelo y le comió cuello, nuca y hombro. Las manos le sobaron las tetas y cuando bajaban le iban desabrochando botones. Le acarició la barriga de piel tersa y siguió bajando
Cuando llegó a los pelos del coño ya no podía pensar, y al repasarle la raja con los dedos se estremeció de placer, un placer efímero porque tal cual notó que no llevaba bragas ambas manos se dedicaron a tirar del camisón para atrás de los hombros.
María hizo la tentativa de apagar la luz. Era su costumbre follar con Alberto a oscuras, y además le daba vergüenza de que alguien la viera desnuda, pero Hugo la detuvo.
Le acarició la espalda, se la iba besando a medida que bajaba el camisón que acabó en el suelo. Mordía sus glúteos, se los lamía, notaba la nariz en su raja buscando llegar más abajo con la húmeda lengua
Su morbo e instinto de hembra en celo la traicionó haciendo que su cuerpo se arquease adelante y las piernas se separasen.
Hugo le abrió las nalgas y le incrustó la lengua en el coño moviéndola arriba y abajo con maestría. María estrujaba las sábanas con fuerza, al igual que cerraba sus ojos. De lo cachonda que estaba no aguantó nada, ni diez lengüetazos. Intentó contener los gemidos pero se le escaparon unos “¡Ahhhhh! ¡Ahhhhh! ¡Ahhhhh!” que cualquier vecino cercano debió oír.
Hugo siguió comiéndole el coño a pesar de que le hubiera llenado la boca de flujo. Ya más relajada empezó a disfrutar de las delicias de una lengua hurgándole su raja, gimiendo flojito y memorizando cada sensación
Los besos y lengüetazos subieron por la raja hasta el culo. Alberto siempre quiso comérselo y follárselo, pero jamás le dejó. Le iba a decir que parara pero…no quiso romper el momento y no era una sensación desagradable. Además le metía y sacaba algún dedo en el coño mientras le comía el culo, y esa doble estimulación…fue…”diferente”
Subió por la espalda. María le facilitó las caricias y besos incorporándose también.
Le comía los hombros, el cuello, la oreja. La acariciaba la barriga, le estrujaba las tetas, le acariciaba la cara, todo sin dejar de follarla con los dedos.
Notaba el pecho en su espalda y la polla rozando las nalgas. María se dejó hacer, quiso cogerle la polla y comérsela o al menos meneársela pero prefirió quedarse quieta y dejarse toquetear.
Se le acercaba un nuevo orgasmo y él lo notó; los estertores, el calor, el olor, la boca bien abierta para respirar y gemir.
Fue rápido, ni se enteró de cómo pasó; en uno de los arrumacos volvió a apoyarse en la cama y de repente notó cómo se abría paso en su interior algo más grande que los dedos. Placer y más placer le impidió negarse (aunque no lo hubiera hecho)
Cuando se la metió hasta los huevos notó aún más placer, se sentía llena, notó un calambrazo de placer y se corrió avergonzándose por ser tan rápida y sensible
Hugo se la metió varias veces lo más lento que pudo para que se hiciera a su tamaño; Después la abrazó casi estrangulándola, aplastándole las tetas con el antebrazo y apretando con la palma de la mano la panza y bajo vientre y follándola más y más rápido
María gemía y gritaba de placer. La soltó y cayó en la cama con los antebrazos. Él se agarró a su gordo culo y le dio aún más rápido, corriéndola de nuevo.
Hugo empezó a bufar y resoplar clavándole las uñas en las caderas hasta que paró casi del todo el ritmo gimiendo a la vez que la metía y sacaba de golpe. Le clavó tanto las uñas que le hizo daño y de repente se relajó metiéndosela hasta el fondo.
Cuando se la sacó María notó cómo se le salía del coño el líquido que le había dejado dentro sin poder cerrarlo para no manchar el suelo
No quiso mirarlo; se fijó en la cama y sólo pensaba en echarse y que la follara toda la noche. Si no lo hizo no fue por remordimientos, vergüenza o que se le pasara el calentón. Alberto le había escrito, que volvía a casa ya porque se había cortado en la mano (nada serio)
- ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Me voy! - Dijo vistiéndose a toda prisa
- Nada, ya te contaré
- Vaaaaaale
- Venga, me voy….gra….gracias…- Soltó pasando por su lado casi sin mirarle
- Cuando quieras ya sabes dónde estoy- Disparó él cuando llegaba a la puerta
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