Entrando a 2026 de la mejor manera parte 3
La puerta se abre y el mundo se detiene. Diana y Axel están atrapados en la cama, desnudos y expuestos, mientras la ira de sus padres amenaza con destruirlo todo. Pero el castigo solo enciende más la llama: en la oscuridad de la noche, la prohibición se convierte en la mayor de las tentaciones.
Diana se despierta al día siguiente, sintiendo un poco de dolor de cabeza después de la noche anterior. Se levanta y se dirige a la cocina para prepararse un café. Mientras espera a que se prepare, mira su teléfono y ve un mensaje de Axel: "Lo siento mucho 😔. Estoy castigado y no puedo salir. ¿Puedes venir a verme?"
Diana se dirige a la casa de Axel, su corazón latiendo un poco más rápido de lo normal. Cuando llega, encuentra la casa vacía, solo Axel la espera con una sonrisa tímida.
Se abrazan, y Axel la besa suavemente. "Lo siento mucho", dice, "no quería que mi padre se enterara".
Diana sonríe, "No te preocupes, ya se le pasará". Se sientan en el sofá, y comienzan a hablar sobre su futuro, sobre lo que quieren hacer, sobre lo que les gusta... Axel no puede resistir la tentación y se pone sobre Diana, besándola apasionadamente. Sus labios se unen, y sus cuerpos se acercan más. Las manos de Axel se deslizan por el cuerpo de Diana, explorando cada curva, cada rincón.
Diana se siente envuelta en un torbellino de emociones, su corazón late rápido, su respiración se acelera. Se deja llevar por el momento, disfrutando del calor y la pasión que Axel le transmite.
La habitación se llena de suspiros y gemidos, el sofá cruje bajo su peso... Axel comienza a desvestir a Diana, sus manos hábiles y seguras. La ropa cae al suelo, y la piel desnuda de Diana queda expuesta al aire cálido de la habitación. Axel se detiene un momento para admirarla, su mirada llena de deseo y admiración.
Diana se siente un poco nerviosa, pero la mirada de Axel la hace sentirse segura, deseada. Se deja llevar por el momento, disfrutando de la sensación de sus manos sobre su piel.
Axel se inclina para besarla de nuevo, sus labios recorriendo su cuello, sus hombros... Los besos de Axel siguen bajando, dejando un rastro de fuego en la piel de Diana. Su lengua recorre su esternón, su ombligo... Diana se estremece, su cuerpo se arquea, y un gemido escapa de sus labios.
Axel sonríe, satisfecho de la reacción que provoca en ella. Sigue bajando, su aliento cálido en la piel sensible de Diana... 😘 La habitación se llena de suspiros y gemidos, el aire se carga de tensión sexual.
Diana se siente al borde del abismo, su cuerpo tiembla de anticipación... Axel baja a la parte buena, y Diana se siente como si fuera a explotar. Su lengua hábil y experta la hace gemir de placer, su cuerpo se estremece de la cabeza a los pies. La habitación se llena de suspiros y jadeos, el aire se carga de electricidad.
Diana se agarra a los cojines del sofá, su cuerpo se arquea, y un grito de placer escapa de sus labios. Axel la hace sentir como si estuviera en el cielo, su lengua y sus labios la llevan al borde del abismo... Diana se siente como si estuviera flotando en una nube de placer, su cuerpo tiembla de éxtasis. Axel sigue adelante, decidido a llevarla al clímax. De repente, Diana se estremece, su cuerpo se tensa, y un grito de placer sale de sus labios. "¡Axel!" susurra, su voz temblorosa.
Axel se detiene un momento, sonriendo, y luego se inclina para besarla. "¿Estás bien?" pregunta, su voz baja y sensual.
Diana asiente, todavía tratando de recuperar el aliento. "Sí... fue increíble", dice, su voz apenas audible.
Axel sonríe, satisfecho, y la abraza. "Me alegra", dice, "porque yo también lo disfruté mucho". - Axel se coloca sobre Diana, su mirada llena de deseo y pasión. Con un movimiento suave, la penetra, y Diana se siente completa. Un gemido de placer escapa de sus labios, y Axel comienza a moverse, lento al principio, aumentando el ritmo gradualmente.
La habitación se llena de suspiros y jadeos, el aire se carga de electricidad. Diana se siente como si estuviera en un sueño, su cuerpo se mueve al ritmo de Axel, su mente se pierde en el placer.
Axel la besa, su lengua en su boca, su aliento en su piel.
Axel comienza a besar y lacerar suavemente el pecho de Diana, su lengua jugueteando con sus pezones. Diana se estremece, su cuerpo se arquea, y un gemido de placer escapa de sus labios. La sensación es electrizante, y Axel se siente más excitado que nunca.
Diana se agarra a la espalda de Axel, sus uñas se clavan en su piel, y su cuerpo se mueve al ritmo de sus movimientos. La habitación se llena de suspiros y jadeos, el aire se carga de tensión sexual.
Axel sigue adelante, decidido a llevarla al clímax de nuevo. Su lengua y sus labios la hacen sentir como si estuviera en el cielo, y Diana se siente como si fuera a explotar de placer. Diana se corre, su cuerpo se estremece, y un grito de placer sale de sus labios. Axel se siente satisfecho, sabiendo que la ha hecho sentir bien. Sigue moviéndose, aumentando el ritmo, hasta que finalmente se corre también, su cuerpo se tensa, y un gemido de placer escapa de sus labios.
La habitación se queda en silencio, solo se oye el sonido de su respiración agitada. Diana y Axel se abrazan, sudorosos y satisfechos, disfrutando del momento de intimidad.
La puerta de la casa se abre, y la voz de la madre de Axel se oye en el vestíbulo. "¡Axel, ya estamos en casa! ¿Dónde estás?"
Diana y Axel se miran, congelados de terror. Se dan cuenta de que están completamente desnudos, y no hay tiempo para vestirse. Se cubren como pueden con lo que encuentran, y Axel lleva a Diana hacia un rincón, intentando taparla con su cuerpo.
La madre de Axel entra en la sala, y se detiene en la puerta, con una expresión de sorpresa y shock en la cara. "¿Qué... qué es esto?" balbucea.
El padre de Axel entra detrás de ella, y su cara se vuelve roja de ira. "¡Axel, qué has hecho!" grita.
Diana se siente morir de vergüenza, y Axel se pone delante de ella, intentando protegerla. "Mamá, papá, no es lo que parece..." intenta explicar, pero sus padres no le escuchan. La madre de Axel sale de la sala, con la cara pálida y una expresión de decepción y preocupación. Se dirige a su cuarto, murmurando oraciones y pidiendo perdón por las almas corrompidas de su hijo y Diana.
El padre de Axel se queda en la sala, con una mirada severa y enojada. "Vístanse, los dos", dice con voz firme. "Esa tarde vamos a ir a misa, y vamos a pedir perdón por lo que han hecho. Y Diana, si te niegas, voy a llamar a tus padres y les voy a contar todo. ¿Entendido?"
Diana se viste rápidamente, con la cara roja de vergüenza y miedo. Axel se viste también, con una expresión de resignación y culpa.
El padre de Axel, don Javier, dice: "Axel, sube a tu cuarto y no salgas hasta que yo te lo diga. Diana, tú ven conmigo".
Don Javier les quita el móvil a ambos y los lleva a diferentes cuartos. A Diana la lleva al cuarto de invitados, una habitación pequeña y fría con una cama sencilla y un crucifijo en la pared. "Quédate aquí y no intentes salir", dice don Javier antes de cerrar la puerta con llave. A las 2 pm Don Javier llega a los cuartos con una bandeja en cada mano. A Diana le lleva:
- Un vaso de limonada fresca con hielo y una rodaja de limón
- Un plato de ensalada de lechuga, tomate y pepino con un poco de vinagreta
- Un plato de pollo asado con papas y zanahorias
- Un trozo de tarta de manzana casera como postre
A Axel le lleva exactamente lo mismo, con la diferencia de que en lugar de limonada, le lleva un vaso de agua con gas y una rodaja de limón.
Don Javier deja las bandejas en las mesas de noche y se va sin decir una palabra, cerrando las puertas con llave de nuevo.
Después de comer, Diana y Axel se sienten pesados y cansados. La comida y el estrés del día les han pasado factura. Sin darse cuenta, se quedan dormidos, cada uno en su cuarto, con la bandeja del almuerzo todavía en la mesa de noche.
El silencio es total, solo interrumpido por el sonido de sus respiraciones tranquilas. La habitación se llena de un ambiente de paz, a pesar de la situación en la que se encuentran.
Don Javier pasa por los cuartos un par de horas más tarde, y al ver que están dormidos, decide no despertarlos. Les deja dormir, pensando que es lo mejor para ellos. Don Javier entra en la cocina, donde doña Sofía está preparando el café. "Los chicos están durmiendo", le dice. "Voy a dejarlos, necesitan descansar".
Doña Sofía se vuelve hacia él, con una mirada firme. "Javier, no puedes dejarlos dormir. Tenemos que llevarlos a misa y hacer que se confiesen. Esto no es un juego, es un pecado grave".
Don Javier suspira, sabiendo que no puede discutir con su mujer cuando se trata de temas de fe. "Está bien, voy a despertarlos".
Doña Sofía asiente, satisfecha. "Bien. Y asegúrate de que se vistan decentemente. No quiero que se presenten en la iglesia como si fueran... como si fueran..."
Don Javier asiente, entendiendo lo que su mujer quiere decir. Se dirige a los cuartos de Diana y Axel, listo para despertarlos y llevarlos a misa.
Don Javier va al armario de doña Sofía y saca un conjunto de ropa para Diana. Le lleva un vestido modesto de color azul claro, con un cuello alto y mangas largas, junto con un par de zapatos negros de tacón bajo. La ropa es un poco grande para Diana, pero don Javier piensa que es lo más decente.
Primero, va al cuarto de Axel y lo despierta con un tono firme. "Axel, levántate. Es hora de ir a misa".
Axel se despierta con un sobresalto, frotándose los ojos. "¿Qué pasa?" pregunta, confundido.
"Levántate y vístete", repite don Javier. "Y no te olvides de peinarte".
Axel se levanta y se viste, con la mirada baja.
Luego, don Javier va al cuarto de Diana y la despierta con un tono más suave porque es su hermana: "Diana, mi niña, es hora de levantarte. Vamos a ir a misa".
Diana se despierta con un bostezo, y don Javier le sonríe. "Aquí te he traído ropa limpia. La de Sofía, pero te quedará un poco grande".
Diana se sienta en la cama y se frota los ojos, sonriendo a don Javier. "Gracias, Javier."
Don Javier se inclina y besa la mejilla de Diana, con un gesto de cariño. "Lo siento, Diana. Si no fuera por Sofía, yo no me enojaría tanto. Pero ella es así, se preocupa mucho por las cosas de la iglesia y la familia".
Diana sonríe: "No te preocupes, Javier. Entiendo".
Don Javier se endereza y le sonríe. "Vamos, vamos, a vestirte. Tenemos que irnos pronto".
Diana asiente y se levanta de la cama, lista para vestirse con la ropa que don Javier le ha traído. Mientras se viste, don Javier se queda en el cuarto, mirándola con una mezcla de preocupación y cariño.
Diana sale del cuarto, vestida con el vestido azul claro y los zapatos negros, con el cabello suelto y ligeramente desordenado. Don Javier la acompaña, sonriendo.
Doña Sofía está en la sala, con los brazos cruzados y una mirada de desaprobación en la cara. Mira a Diana de arriba abajo, y su expresión se vuelve aún más severa.
"¿Así es como vas a ir a misa?" pregunta, con un tono de desdén. "Con ese pelo suelto y ese vestido..."
Don Javier se interpone, intentando calmar a su esposa. "Sofía, por favor. Está vestida decentemente".
Doña Sofía resopla, pero no dice nada más. Se vuelve hacia Axel, que está sentado en el sofá, con la mirada baja. "Axel, vamos. Y no te olvides de comportarte en la iglesia".
Axel asiente, sin levantar la mirada. Caminan hacia la iglesia, con don Javier y doña Sofía liderando el grupo. Axel se queda un poco atrás, y aprovecha la oportunidad para tomar la mano de Diana, sin que sus padres lo noten.
Diana se sorprende un poco, pero no retira la mano. En lugar de eso, aprieta suavemente la de Axel, sonriendo.
Axel le devuelve la sonrisa, sintiendo un poco de emoción y nerviosismo. La iglesia está cada vez más cerca, y él sabe que tienen que ser cuidadosos.
Doña Sofía se vuelve hacia ellos, con una mirada severa. "Axel, ¿qué estás haciendo? ¡No te quedes atrás!"
Axel suelta rápidamente la mano de Diana, sonriendo inocentemente. "Nada, mamá. Solo estaba... admirando el paisaje".
Doña Sofía frunce el ceño, pero no dice nada más. Sigue caminando hacia la iglesia, con don Javier a su lado.
El grupo llega al confesionario, y doña Sofía se acerca al sacerdote, con una expresión de preocupación y urgencia. Axel, Diana y don Javier se quedan esperando afuera, intentando no llamar la atención.
Doña Sofía se arrodilla en el confesionario y comienza a hablar en voz baja, pero lo suficientemente fuerte como para que los que están cerca puedan escuchar.
"Padre, he pecado. Mi hijo Axel ha cometido un pecado grave... un pecado de la carne... con esa chica, Diana. Han hecho cosas que no deberían hacer..."
El sacerdote escucha atentamente, con una expresión seria. "¿Y qué ha hecho usted al respecto, hija mía?"
Doña Sofía se santigua. "He intentado hablar con él, padre. He intentado hacerle ver el error de sus caminos. Pero es un joven testarudo..."
Axel se pone rojo de vergüenza, y Diana se siente incómoda, mirando hacia abajo. Don Javier se mantiene serio, pero se nota que está incómodo.
El sacerdote asiente. "Bueno, hija mía. Vamos a rezar por el alma de su hijo... y por la de la chica también".
Doña Sofía asiente, y el sacerdote comienza a rezar en voz baja. Axel y Diana se miran, ambos sintiendo una mezcla de emociones: vergüenza, miedo y arrepentimiento.
El sacerdote le pide a doña Sofía que salga del confesionario, y ella obedece, con una expresión de curiosidad. Luego, el sacerdote llama a don Javier, Diana y Axel para que entren.
Una vez adentro, el sacerdote se dirige a don Javier. "Señor, ¿qué opina usted sobre la situación de su hijo y la chica?"
Don Javier se toma un momento para reflexionar antes de hablar. "Padre, creo que... Axel ha cometido un error, pero creo que es un buen chico. Y Diana... es mi hermana pequeña, la crié como si fuera mi hija. La conozco desde que era una niña y sé que es una persona responsable y de buen corazón".
El sacerdote asiente, escuchando atentamente. "¿Y cree que deberían seguir adelante con esta relación?"
Don Javier se encoge de hombros. "No soy quién para decidir, padre. Pero creo que Axel es lo suficientemente maduro como para tomar sus propias decisiones. Y si ha elegido a Diana, creo que es porque la quiere de verdad".
Axel y Diana se miran, con una mezcla de emociones en sus rostros. El sacerdote asiente, sonriendo ligeramente. "Bueno, creo que eso es un buen punto de partida".
Salieron de la iglesia, y doña Sofía se acercó a don Javier con una mirada inquisitiva. "¿Qué te dijo el sacerdote, Javier? ¿Qué vas a hacer con esos dos?"
Don Javier sonrió, intentando parecer convincente. "Nada, Sofía. Le dije al sacerdote que no apoyaba la relación de Axel y Diana. Que eran demasiado jóvenes y que estaban cometiendo un error".
Doña Sofía asintió, con una expresión de satisfacción. "Bien, bien. Me alegra que hayas visto la razón".
Axel y Diana se miraron, y don Javier les hizo un gesto sutil con la cabeza, indicándoles que no digan nada. Los dos jóvenes asintieron casi imperceptiblemente, y don Javier respiró aliviado.
"Vamos a casa", dijo don Javier, sonriendo. "Necesitamos hablar sobre esto en familia".
Doña Sofía asintió, y el grupo se dirigió hacia el coche. Don Javier se quedó un poco atrás, y le susurró a Axel: "No te preocupes, hijo. Estaré de tu lado".
Llegaron a casa, y doña Sofía los encerró con llave en sus cuartos, como si temiera que intentaran escapar. "Quedaros ahí y pensad en lo que habéis hecho", dijo, antes de irse a la cocina a hacer la cena.
Don Javier, sin embargo, tenía otro plan. Esperó a que doña Sofía estuviera ocupada en la cocina, y luego se acercó a los cuartos de Axel y Diana.
"Rápido, os devuelvo los móviles por un rato", susurró, abriendo las puertas y entregándoles los teléfonos. "Podéis chatear un poco, pero no hagáis ruido y no os demoréis".
Axel y Diana se miraron, sonriendo, y asintieron. Don Javier les guiñó un ojo y se fue, dejándolos solos por un momento.
Axel y Diana se sentaron en la cama, con los móviles en la mano, y comenzaron a chatear frenéticamente. 😊👀
Diana: "Hey, ¿cómo estás?"
Axel: "Bien, un poco estresado. ¿Y tú?"
Diana: "Igual. Pero al menos tenemos un momento para hablar"
Axel: "Sí... mi papá es el mejor"
Diana: "😊 sí, es un amor"
Axel comenzó a escribir mensajes cada vez más picantes a Diana, con una sonrisa pícara en la cara. Diana se rió, sonrojándose un poco, y empezó a responderle con mensajes igualmente sugerentes.
Axel: "No puedo creer que estemos haciendo esto"
Diana: "😏 yo tampoco, pero no puedo evitarlo"
Axel: "Te quiero"
Diana: "Yo también te quiero"
Axel: "¿Qué vas a hacer cuando salgamos de aquí?"
Diana: "😈 no sé, pero seguro que algo se me ocurrirá"
Axel: "😏 yo tengo algunas ideas"
De repente, se oyó el ruido de la puerta de la cocina, y doña Sofía gritó: "¡La cena está lista! ¡Bajen a comer!"
Axel y Diana se miraron, sonriendo, y rápidamente guardaron los móviles. "Nos vemos abajo", escribió Axel, antes de borrar los mensajes y guardar el teléfono.
Diana asintió, sonriendo, y se levantó de la cama, lista para bajar a cenar. La mesa estaba llena de cajas de pizza, bolsas de patatas fritas y vasos de refresco. Había una pizza de jamón y queso, otra de queso y otra de atún y beicon. También había hamburguesas y tacos de carne.
Comieron en un silencio incómodo, con don Javier y doña Sofía mirando a Axel y Diana con desprecio. Axel y Diana se sentían como si estuvieran en un tribunal, siendo juzgados por sus acciones.
Doña Sofía rompió el silencio, dirigiéndose a Axel. "¿No tienes nada que decir por lo que has hecho?"
Axel se encogió de hombros, sin levantar la mirada. "Lo siento, mamá".
Doña Sofía resopló. "Lo siento no es suficiente. Tienes que entender que lo que has hecho es un pecado grave".
Don Javier asintió, con una expresión severa. "Sí, Axel. Tienes que pensar en las consecuencias de tus acciones".
Diana se sentía cada vez más incómoda, y Axel se puso tenso, listo para defenderse. Pero don Javier le hizo un gesto sutil con la cabeza, indicándole que se callara.
La cena continuó en un silencio incómodo, con el único sonido del tintineo de los vasos.
Doña Sofía los llevó a sus cuartos, con una expresión severa, pero con un brillo en los ojos que solo Axel y Diana notaron, ya que fingía estar contra ellos creyendo que de lo contrario ofendería a Javier: "Buenas noches, chicos. Que descanséis".
No les cerró la puerta con llave, y Axel y Diana se miraron, sonriendo. Sabían que tenían una oportunidad.
Esperaron a que doña Sofía y don Javier se durmieran, y luego se escucharon los sonidos de la casa. La oscuridad y el silencio eran su aliado.
Axel se levantó de la cama y se acercó a la puerta. La abrió con cuidado y miró hacia el pasillo. Todo estaba en silencio.
Diana ya estaba allí, esperándolo. Se sonrieron y se tomaron de la mano, y juntos se dirigieron a la habitación de Axel. La puerta se cerró detrás de ellos. Se abrazaron, se besaron, y se perdieron en el momento. La pasión y el amor que sentían el uno por el otro era demasiado fuerte para resistir. Se desnudaron lentamente, con manos temblorosas, y se entregaron el uno al otro.
La habitación se llenó de suspiros y gemidos, de cuerpos que se unían y se separaban, de corazones que latían al unísono. El mundo exterior desapareció, y solo existían ellos dos, perdidos en un mar de placer y amor.
Después, se quedaron abrazados, jadeando suavemente, con los corazones llatando al unísono. La oscuridad de la habitación era cálida y acogedora, y pronto se quedaron dormidos, con sonrisas en los labios.
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- Relato #246216— title-regex: contiguous parts (2 -> 3)
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