Degeneración Veraniega de un Matrimonio (9)
Elena sabe que Jose la escucha. Sabe que su vergüenza es su mejor arma. Esta noche, no solo le contará lo que hizo con el vecino; le exigirá que lo sienta en su propia piel, hasta romperlo.
Esta serie tiene relación con el relato “Mi hermana quiere vivir con nosotros (rs)”. ¡No es imprescindible para entenderlo, pero puede ayudar a mejorar el rato! Espero que os guste el “viaje” que comienza este matrimonio;)
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— ¡Nene! Ya me ha dicho Elena que sí. Afílate la polla.
Adrián sonrió y se acercó al sofá para apoyarse y observar el tablero. María tenía la manía de hacer primeros movimientos chulescos, como coger el centro, pero todo se trataba siempre de evitar pequeñas confrontaciones y generar grandes bloques que Gloria no pudiese penetrar, o lo hiciese con todas las de perder. Esta, a su vez, seguía las fases estándar al pie de la letra, buscando encontrarse con su hermana y romper los bloques joseki a joseki.
Aparentemente, en ese momento Gloria estaba centrada en un muro bajo que bloqueaba a María, convirtiendo su embestida en un callejón sin salida. Pero esta estaba buscando, como de costumbre, obcecarla en un punto mientras dominaba la mayor parte del tablero. Gloria tiene la rendición difícil, y eso hace que en ocasiones venza por desconcierto, con movimientos desmanteladores que probablemente aún no entiende bien. Incluso en esas ocasiones, sólo conseguía victorias raspadas contra María, que, a base de partidas rápidas, tenía una visión global siempre más certera, y normalmente ya había ganado antes de veinte pedradas de su hermana. Porque María depositaba suavemente, y Gloria disfrutaba colocando las piedras con fuerza desde que aprendió a usar la pinza de los dedos índice y corazón.
No conseguía que le hicieran caso en ninguno de los consejos que les daba. No se dejaban enseñar y trataban de desplegarse en el tablero con personalidades distintas de la propia, para sorprender a la rival. Adrián disfrutaba viéndolas jugar.
Miró la puerta de la calle y tuvo la ya atípica apetencia de salir a dar un paseo. Pero pensó que había demasiada gente a esa hora. La piscina ya era demasiada multitud para él, y si habían ido era a sabiendas de que no encontrarían más que a Jose y Elena con sus hijas.
— Pues me voy a duchar, chicas.
Algo en la voz de su marido hizo que María frunciese el ceño levemente y le mirase mientras se daba la vuelta y se alejaba escaleras arriba al abandonar el salón.
Adrián pasó por su despacho, al subir al primer piso, y se detuvo un momento. Las pantallas escalonadas por todo el frontal de su alto y viejo mueble de trabajo estaban todas ocupadas por una vaca dando saltos sin parar. El mueble era rectangular, alto, de aglomerado barato, con una bandeja extraíble para el teclado y lo que habían sido lejas, ahora un espacio con dos monitores en vertical, uno sobre otro, inclinados para acomodarse a su vista en la silla de trabajo. A la derecha, otras dos pantallas horizontales, una sobre la otra. Imanes y velcros, luces, micrófonos y un montón de envases de tabaco de liar, filtros y papel de fumar poblaban las superficies alrededor del ordenador portátil que lo gestiona todo. Sobre una mesa auxiliar a la derecha de su asiento había una caja metálica. Se acercó a ella y repiqueteó los dedos sobre la chapa, arrugando la boca y pensando si debía enviar o no el mensaje. Y, en caso de enviarlo, qué debía decir.
Finalmente, respiró hondo y decidió pensar sólo en Elena. Pulsó una tecla al azar antes de sentarse e introducir su barroca contraseña. Ante él, en una pantalla horizontal, los archivos de vídeo que había sacado del ordenador de su vecino Jose. En la que había sobre ella, las grabaciones que de él y de su actividad en la pantalla había hecho hackeando su webcam y toda su red interna. En la primera vertical, un paper británico de Nature Biotechnology: “Biomáquinas y biohiperenlaces coordinadores mediante edición FOXP2 temporal”. En la segunda, la sesión Briar abierta con un pequeño puñado de contactos.
En el archivo de vídeo abierto en VLC, Jose jugaba con sus hijas inocentemente en el salón de su casa. Ellas le ordenaban colocarse en una u otra posición, bien para ponerle juguetes encima o bien para saltar sobre él. En el archivo abierto con Celluloid, Jose, captado sin saberlo a través de su cámara web, se masturbaba mientras visualizaba en la pantalla el inocente vídeo anterior.
El despacho de Adrián tiene una gran puerta de cristal que da a una reja, permitiéndole ver la calle y haciendo luminosa la muy pequeña estancia, que apenas cuenta con un armario empotrado y espacio tras su silla para un pequeño mueble y su colección de armas. Volvió a desear salir de paseo, pero lo descartó, obligándose de nuevo a pensar en la cercana visita de la vecina. Al fin, tamborileó sobre la caja metálica una última vez y se levantó para dirigirse a la ducha.
Cuando acabó de ducharse en el baño del dormitorio, Gloria y María estaban esperándole en la cama.
….
Jose apretaba la cara contra la almohada con la respiración agitada, un nudo en la garganta y la polla tan dura como cuando se encontraba frente al culo de María en la piscina. Se masturbaba despacio obedeciendo a su esposa, tratando de no apretar mucho salvo al llegar a la base del rabo, y mantenía los ojos cerrados mientras escuchaba a Elena detallando lo ocurrido en casa de María y Adrián.
— Cielo buff… te juro que lo odio, no soporto a ese cerdo imbécil… y cuando lo veo con esa chiquilla haciéndole perrerías me dan ganas de matarlo… pero ahora necesito más que me folle… te juro que le diría que lo amo y haría lo que fuera para que no me negase eso. Me daría igual, que me la metiese donde fuera, que se me corriese encima. Es un gilipollas, pero tengo que entenderlas a ellas. Esa polla no es normal, ese tío no es normal. Gruñía como un animal dándome pollazos en la garganta, y yo prefería ahogarme a pedirle que la sacara… se me empezaba a encharcar el coño de mis propias babas cuando empezó a inclinarme. Pero sin sacármela, cariño, me siguió follando la puta cabeza mientras me giraba y empezaba a inclinarme contra el sofá. Una de ellas lo ayudó, moviéndome el culo y tirándome de la pierna. Él me sujetaba por la nuca, tirando fuerte, así… — Elena sacó la mano izquierda, que estaba bajo la almohada, y la metió bajo el cuello de Jose, que abrió los ojos asustado. Lo agarró por la nuca y se acercó a él de repente, empujándole las tetas contra la cara y atrayéndolo contra ellas —… con una mano, y con la otra se apoyaba en el respaldo del sofá para ir bajando sin sacármela ni de la garganta. Hasta que noté el sofá a la espalda y apoyó las rodillas. Y antes de que me la metiera… Ufff… Una de ellas, creo que Gloria, empezó a follarme el coño. Dios mío, maridito, me estaban metiendo la rabaca de Adrián dos veces; hasta el fondo me la metió, bien de golpe, plaf! Porque estaba empapada como una cerda, y me salió un grito contra la polla del vecino mientras mis propias babas me empezaban a caer por el cuello… Despacio la paja, eh? Cabrón cornudo…
Jose tardó unos segundos en darse cuenta, pero las lágrimas habían comenzado a brotar de sus ojos aplastados contra las tetas de Elena. Sus labios estaban tan apretados que no vio venir su temblor hasta que se le abrieron de golpe contra el plexo solar de su mujer. Sostuvo la mano contra la base de su polla para no correrse.
—… Se puso a reirse de mí, el desgraciado… de mi gemido contra su polla, se reía, por el pollazo que me estaban dando en el coño… y bajó despacio contra mi boca, pero con fuerza. Creo que intentó relajarse para que no estuviese del todo dura, porque la tiene un poco, muy poco, como doblada hacia arriba. Y me la empezó a encajar en la garganta otra vez, más profundo. No me cabía todavía entera, pero los huevos ya me tocaban la barbilla. Dios que huevos tiene cariño, me voy a pasar días enteros chupándoselos si me deja. Buff.. Yo me intenté concentrar en abrirme bien, pero mi garganta empezó a cerrarse contra él con los espasmos de la follada de coño… Dos veces esa polla dentro, es que no sabes lo que es… De repente, me di cuenta de que era Gloria, porque sus tetas se pegaron a las mías y la escuché lamer, aoummmmm oummm… así — Elena pegó sus labios a la cabeza de Jose, asegurándose de que, al imitar el sonido de la vecina, le retumbase bien en la cabeza a su marido — Chupándole el culo mientras él me follaba la boca… Y me empecé a correr otra vez, cariño, madre mía… Mientras él bajaba y subía contra mi boca… No te puedes imaginar que pedazo de corridón, maridito… Me he corrido más veces con la polla del cabrón ese que contigo en diez años… Y va, uy dios, y va y me la saca, y me arrastra al borde del sofá…
Jose consiguió controlar los sollozos y volver a cerrar la boca. Elena ni se había dado cuenta, o no se había inmutado al escucharle y sentirle llorar.
— Y ahí me empezó a dar de verdad. Con la cabeza colgando. Me da asco y vergüenza ver cómo se me abultaba el cuello, cariño, pero si entra ahora mismo y me pone así aquí, en nuestra cama, yo trago y trago y trago hasta que él quiera. Me agarró de las tetas como si me las quisiera arrancar y empujó y empujó… Y cada vez que me ahogaba, salía, para volver a zumbarme… Y cariño, se corrió así enseguida, enseguida… Estuve a punto de perder el conocimiento, no sé ni cómo aguanté, pero me empezó a soltar lechazos y lechazos y me corrí otra vez como una loca sin que me volvieran a meter nada en el coño. No lo entiendo, no me ha pasado nunca, sólo con esa polla… algo tiene ahí ese cabrón, no sé qué es… Pero mientras veía las estrellas y el espasmo me cruzaba el cuerpo entero, mientras me aplastaba la cabeza contra el sofá y la nuca estaba ya al límite… Ufff… Empecé a pensar en chuparle el culo, como Gloria… Y en ganarme la follada de coño… Te juro que no podía parar…
Continuará.
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