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Degeneración Veraniega de un Matrimonio (8)

Elena no solo le cuenta a Jose cómo la follaron; le exige que la escuche mientras se toca. La humillación se mezcla con el deseo en una dinámica donde él pierde el control de su cuerpo y de su placer.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Esta serie tiene relación con el relato “Dile a tu hermana que venga desnuda a casa” (en https://www.todorelatos.com/relato/232576/) y con la serie “Mi hermana quiere vivir con nosotros” (el primero en https://www.todorelatos.com/relato/229791/). ¡No es imprescindible para entenderlo, pero puede ayudar a mejorar el rato! Espero que os guste el “viaje” que comienza este matrimonio;)

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— Estaba nerviosa cuando fui. Pero María me recibió con un beso, y me pasó al salón. Me trajó café y me dijo que me quitase la ropa.

Jose escuchaba, atento, pero con el corazón en un puño. Elena estaba tumbada a su lado, mesándose una teta con la mano. Miraba a su marido fijamente, con los ojos levemente entrecerrados y la boca siempre entreabierta. Cada pocas palabras aprisionaba la lengua entre los labios. Y eran las palabras más amables que le dirigía desde que volvió, la tarde anterior, de casa de los vecinos. El tono más cariñoso en casi cuarenta y ocho horas, dedicado a narrarle cómo se la habían follado y cómo le habían llenado el coño de la leche que él mismo tuvo que degustar unas horas después.

— Ah, bueno, hace meses María me regaló el pollón que te comiste ayer, y que te vas a volver a comer hoy.

Jose respiró hondo y asintió levemente con la cabeza. Seguía temiendo que cualquier expresión de desagrado hiciese explotar a su mujer, lo suficiente como para echarle de casa. Aunque, aparentemente, ya había nivelado el terreno de juego.

— Ayer me di cuenta, y ella me lo confirmó… De que llevaba todo ese tiempo metiéndome una barraza de silicona hecha con el molde de la polla de Adrián. Así que le hemos chupado la polla los dos. Pero yo más, claro.

El silencio retador de su esposa le hizo respirar hondo y fruncir levemente el ceño. Ella llevó la mano entre sus piernas y la aprisionó entre sus muslos, dedicándole una leve sonrisa de lado antes de sacar la lengua exageradamente y moverla arriba y abajo con un pequeño jadeo de exhibición.

— Y ahí estaba. Desnuda, sentada con las rodillas juntas, y avergonzada porque me sobran kilos. Pero cachonda como una perra. Y agradecida, cariño, la verdad es que ya en ese momento te agradecía que te hubieses ido por la noche a hacer el ridículo a la piscina.

Jose tuvo que controlar, en ese momento, más su erección que la expresión de su cara. Su vista se difuminó por un momento, recordando el cuerpo de María a cuatro patas y el poder de absorción exagerado de su coño. Parado e hincado en ella, sintiendo como si tuviese una boca entre las piernas. Acomodó la cabeza en la almohada y pasó un brazo por debajo para que su cabeza estuviese algo más elevada. Le pareció una pose de escucha más respetuosa.

— De repente, bajan las luces… Y en la pantalla del salón veo una sombra difusa. Pero yo iba ahí a… A dejarme hacer. Así que no dije nada. Y de repente oigo “guapa”, y era la chiquilla, Gloria. La hermana. En pelotas como cuando llegué, que estaba tomando el sol con el coño al aire a la vista de todo el edificio de enfrente… Oye, te puedes pajear, pero despacio, sin correrte.

Jose levantó las cejas, sorprendido, y mantuvo la expresión de sorpresa tratando de no exagerar o resultar insolente.

— Perdona, no lo he dicho bien. Que te pajees, despacio, sin correrte, mientras te lo cuento. — insistió su esposa.

Jose suspiró, asintió con la cabeza y llevó su mano izquierda a su polla, sacándola junto a sus huevos sobre el boxer. Elena no le miró la polla antes de continuar hablando.

— Se acercó como una niña curiosa, esa chica es sobrenatural… Se sentó y me dio un abrazo como si fuese su tía o algo, y me pregunta si me puede chupar las tetas. Me hizo hasta gracia, pero se puso a chupármelas mientras le estaba respondiendo. Se inclinó sobre mí y, aunque estaba apoyada, la cogí del cuerpo y la cabeza para que estuviese más cómoda. — Jose no necesitaba estar jalándose el nabo para que la imagen de las dos tetonas abrazadas con la cuñada chupona lamiendo le hiciese trempar fuertemente. — Y empezó a mamar, pero como una ternera, y mira que sabe la chica, madre mía… Y pusieron las luces rojas del salón, y yo cerré los ojos mientras la chiquilla me comía las tetas. Y me las comía enteras, por debajo, por los lados, que sabes que me gusta más. Bueno, tú lo sabes pero te da igual, sólo ves pezones. La niñata me estaba comiendo las tetas como para quitarme los nervios. Y apareció María cariño, con un arnés… Con ese culo que lefaste contoneándose. Qué arte tiene la cabrona para mover el culo.

Jose, sin darse cuenta, aceleró levemente la paja. Elena sonrió y miró su polla por primera vez.

— Cuidado con menearte la pichilla muy fuerte, si te corres ni te lo cuento. — su marido asintió, decelerando de nuevo y parando levemente su mano en la base del rabo, mientras Elena se reacomodaba la mano entre las piernas y apretaba los muslos contra ella. — Pues eso, que llevaba un arnés, y aunque la vi poco tiempo la reconocí perfectamente. Me sé cada vena de ese molde. Lleva también puesta en el arnés una polla como la de su mulo, y estuve a punto de preguntarle si él iba a venir a follarme, pero me callé. Y María se arrodilló delante de mí y me abrió las piernas, uff… cariño, y empezó a comerme el coño… que lengua más rica tiene esa mujer, y yo tanto tiempo sin probarla, a pocos metros. Que la probaste tú antes, pero me parece que no te voy a dejar mucho. Por dios qué fuerza tiene ahí. No me había comido nunca el coño una tía, no sé si le habré correspondido bien.

Jose cerró los ojos por un momento y suspiró, intentando concentrarse en no acelerar el movimiento de su mano y escuchar a su mujer con atención.

— Y cerré los ojos, esperando. La verdad es que estaba esperando, pero mientras estaban a punto de hacer que me corriera, y no llevaba media hora ahí. Ceré los ojos y aguanté con los ojos cerrados. Tenía la esperanza de que viniera él, y digo a lo mejor… A lo mejor con los ojos cerrados le gusto más. Callada como una puta y con los ojos cerrados para que me hicieran lo que quisieran, o para que me hicieran hacer. Porque iba a por todas, cariño. Me daba igual. Llevo tanto tiempo azotándome con la polla de su marido y metiéndomela en el coño que estaba dispuesta a lo que fuera. Empecé a sobar el culo de Gloria y le busqué el coño, y le acariciaba la cabeza a María para portarme bien… — Elena empezó a mover levemente la mano entre sus piernas cerradas y su brazo transmitía el suave movimiento a sus melones — Y lo olí entrar. Te lo juro, lo sabía. No creo que lo oyese hasta que dejó algo sobre la mesa, pero lo olí. Y la comida de coño se aceleró, y cuando me di cuenta, Gloria me estaba mordiendo las tetas… joder… te juro que si me las muerde alguien así de normal me hace un daño horroroso; no sé si es de lo hábil que es o de lo cachonda que me estaban poniendo, pero notaba el calambrazo en el coño sumarse a la comida de María cada vez que me mordía un pezón y lo lamía. Y noté que el sofá se hundía, primero a un lado, luego al otro… Se estaba subiendo el vecino con los pies, a ponerse de pie delante de la cara de tu mujer. Gloria se acomodó para dejarle pasar y olí su polla, cariño... La has visto, ¿no? Ese pollón brutal, gordo como un vaso de cubata, largo como mi antebrazo. apuntando a mi cara. Y no pude evitar abrir los ojos.

Jose no pudo evitar fruncir el ceño. La imagen grabada en su retina del culo de Gloria abierto sobrenaturalmente con esa tranca dentro. Las bocas de las dos zorras abarcando con dificultad la circunferencia de semejante rabo. Quizá le parecía más grande a Jose de lo que en realidad era, no podía estar seguro. Pero su mujer parecía sabérsela de memoria y ser capaz de describirla así. Pensó que, después de esa verga, quizá Elena no iba a volver a tocar la suya. Y luchó para contener la velocidad de su paja.

— Así, buen perrito, obedece y ten cuidado… Pues ahí estaba, delante de mí. Unos cojonazos perfectos, gordos como yo que sé qué… Y ese rabazo apuntando a mí. Y yo mirando y abriendo la boca todo lo que fui capaz. Hasta ridículo era, a lo mejor. Pero no quería que pensase que iba de broma. Lo miré y tenía esa risa de cerdo hijo de puta que ponía en la piscina mientras se la chupaba la guarra de su cuñada. Uff… Y me iba a meter la polla en la boca. Menos mal que estaba entrenada cariño, porque ese tío no pregunta si estás bien, ni si te gusta. Llevaba deseando esa pollaza años, y chupando una maqueta meses…

Jose cerró los ojos, y la angustia creció en su garganta. Quería dejar la paja, pero al mismo tiempo le costaba no acelerarla. Funció el ceño y su respiración se agitó.

— Ufff… Sí cariño, estaba ahí tu mujercita delante de la polla del vecino, deshecha como una zorra, con la boca abierta y todos los agujeros… para él... fui a que me usaran como una muñeca hinchable, y lo hizo. Uff… pero yo no contaba con que, entre la comida de coño y tetas, iba a empezar a correrme con la boca abierta, en cuanto Adrián me cogió la cabeza con las manos y me enfiló esa pedazo de polla en la boca. Cuando el capullazo no me había llegado a la garganta todavía, nene, buah… Le acomodé la lengua debajo y quería empezar a lamer, pero se me cerró la boca contra ella y me empecé a correr como una loca… Y sólo podía gemir y se me escapaban los grititos, con María empujándome la lengua y Gloria chupándome el pezón como un bebé... Y cada vez que recuerdo eso lo veo desde fuera, y lo veía antes de que me diesen el vídeo. Me imagino a mí misma entregada, abierta de piernas con María en mi coño, Gloria en mis tetas y entre las piernotas de un macho de verdad, de pie en el sofá, agarrándome la cabeza para reventarme la boca. Ojalá pudiera haberlo visto desde ahí en ese momento, su culo apretarse y sus cojones contra mi barbilla.. mis tetas en primer plano, las piernas abiertas… ahhh… — La mano de Elena se movió con más fuerza entre sus piernas, y Jose tuvo claro que su mano, tras sus muslos, estaba ya metiéndose los dedos. En el coño, que quizá, al salir de la ducha, ya no estaba lleno de semen. La tarde anterior, cuando volvió, sí estaba lleno, pensó Jose. Y él tuvo que comerle el coño mientras se pajeaba, rebañando con la lengua y tragando la leche del vecino.

— Y no te creas que me dio tregua, no… No había acabado de correrme cuando me la empujó entera y me saltó a la garganta, diosss… María dejó mi coño y Gloria me soltó las tetas, pero no me enteré apenas en ese momento, porque el maromo me apretaba la cabeza contra su polla y yo aguantaba la arcada. Había entrenado mucho, cariño, era mi momento... Entrenado con la de silicona digo, no con la tuya, que al lado da risa… Me dio un espasmo y todo en el coño, era una sensación casi de orgasmo, como un latigazo de aguantar la arcada, como si me bajase al útero al aguantarla. Eso no lo tenía con el consolador, aunque tuviera la misma forma. La carne caliente es carne caliente, y hace mucho que no me la metía un hombre de verdad en la boca. Y que hombre, joder…

Jose apretó la cara contra la almohada.

— Ni se te ocurra correrte, imbécil. Tu mujer va a seguir igual yendo a que se la follen. Si te quieres enterar de algo, obedece… Y te cuento cómo sabía, ¿vale? Porque sssabía… — Elena abrió la boca en una mueca agresiva y acercó un poco la cabeza hacia su marido, con la frente por delante, quedando a un palmo de su cara y alargando con ello el torso, haciéndole ver a Jose por primera vez en mucho tiempo, de manera llamativa, el tamaño de las enormes tetas de su mujer y alargando su cuerpo, pues su mano se clavaba entre sus piernas como si empujase hacia atrás su coño, reteniéndolo mientras ella se acercaba para recalcar las palabras en la cara de su marido — saboreaba su rrrabazo… notaba el sabor de su polla, aunque notaba que se acababa de duchar. Te lo juro, una polla como Dios manda sabe a macho, y la leche ya lo sabes cariño, me podría dar de eso todos los días. Todavía lo noto… no me he lavado los dientes todavía esta mañana para que no se fuera del todo. Y entonces empezó a empujarme y empujarme la polla en la boca… me empezó a follar despacio, pero hincándomela en la garganta cada vez, con fuerza… y yo estaba loca porque me la metiese entera, loca loca. Lo intenté mirar a la cara, pero ya estaba muy empalada y no podía. Cerré los ojos para imaginarme su cara de cabrón cuando empezó a darme y darme y darme, cada vez más rápido, machacándome las cervicales contra el sofá… y sólo oía los golpes dentro de mí y mis gemidos ahogaditos llenándome las orejas… ufff… como suena que te follen la cabeza cariño, igual lo pruebas… quiero recibir de eso siempre… Y empecé a babear…. Y a gruñir… me caía por las tetas y yo trataba de sacar la lengua para chuparle los huevos… tu mujercita, cariño… Y me latía el coño antes de que se me empezase a llenar con mis propias babas… uff así… glog glog glog…. no me la metía en la boca como tú, flojito y gimiendo, no, que sé que prefieres que te la chupe yo… me la metía como un animal, gruñendo, y notaba cómo mi cabeza cedía a cada golpe… porque eran golpes… el vecino estaba golpeando a pollazos la cabeza de tu mujer…

Continuará.

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