A los pies de Martina
Descubrí que mi novio se masturbaba con las fotos de mis pies, pero no imaginé que la dueña de esos pies vendría a reclamar su derecho. Ahora soy solo el accesorio que mantiene a mi hombre listo para adorar a quien realmente manda.
Martina es la más hermosa de mis amigas. Mide 1.75, es rubia natural, es inteligente, tiene unos pechos divinos y una cola proporcionada a su altura. No es voluptuosa como comúnmente en Argentina les dicen a las minas tipo “vedette”, tiene una belleza elegante, todo en su justa medida.
Es literalmente lo que se dice un patito feo, se desarrolló a los 16 años, tuvo la pubertad tardía. Pero lo compensó con creces: Se convirtió en una mujer hermosa. Hizo producciones de fotos y la buscaron de un par de scoutings de modelos. Dada su adolescencia tardía donde era “despreciada” (no le hacían bullying propiamente dicho, simplemente no la tenían en cuenta, era invisible) siempre fue media seca. Sí bien nunca la marginamos de nuestro grupo de amigas, a la misma edad las otras tres chicas del grupo ya habíamos tenidos sexo, o al menos intereses amorosos, pero a ella los chicos ni le hablaban. Un año después todos querían estar con ella. Uno pensaría que querría aprovechar para recuperar el tiempo perdido y coger con los más lindos, pero ella no olvidaba, tenía algo de rencor, y a la vez sentía, con razón, que estaba para más.
Para los que no la conocen puede ser medio asquerosa, de pocas palabras, seca. Habla lo justo y lo necesario. Supongo que debe ser un mecanismo de defensa ante tantas personas que quieren algo de ella: Su virginidad.
No se le conoce novio, amante o chongo. Ella nos jura y nos perjura que es virgen y no nos da motivos para que desconfiemos. Sabemos que se besó con un par de chicos, pero porque nos contaron otras personas.
Cuando tenía 16 hizo una publicidad para una reconocida marca de zapatos, su foto estaba en la vidriera de un shopping (y supongo que en las otras sucursales de la marca). Ella usaba su Instagram como forma de difusión de su trabajo y para buscar marcas que la quisieran fotografiar. Ella lo tomaba como un juego, algo para hacer hasta que la vida le ofreciese algo mejor. Ya de grande, cuando se puso a estudiar medicina, dejó de hacer las producciones asiduamente, aunque una o dos veces por año se saca fotos si la paga la convence.
En esa época estábamos en un gran momento con mi novio, pero tuvimos un “pequeño” incidente.
Él me quería mostrar algo en su galería de fotos y él haciendo scroll, movio la pantalla de más: Sin querer vi una captura de pantalla del Instagram de Martina. Se veía el nombre de usuario, no había dudas.
La foto era una imagen en primer plano, de sus pies perfectos como los de una estrella de Hollywood con unas sandalias hermosas, se le veían los dedos hermosos pintados de un color rojo pasión.
– ¿POR QUÉ TENÉS UNA FOTO DE MI AMIGA?
Fue lo más suave que le dije, obviamente estaba muerta de celos y sabiendo que a él le calentaban los pies, para él (y para mi) era como si tuviera una foto de ella desnuda.
Me juró que estaba ahí por error, que no se había pajeado, me pidió disculpas de todas las maneras posibles, borró la foto enfrente mío y lo tuve que perdonar. No había hecho nada malo, igual me dolió que se pajeara con los pies de una amiga mía. Pero no me arrepiento de mi ataque de celos, al menos para marcar un límite: “No te pajees con mis amigas y sí te vas a pajear, que no me entere”, no le dije eso, pero asumo que le quedó claro.
Hace unos meses mi novio volvió de Europa unos días (en realidad un mes), para cumplir sus 22 años acá y festejarlo juntos. Se quedaba a veces en su casa, a veces en la mía.
Un día estaba con Martina en mi cuarto, estábamos hablando de cosas de la facultad. Estudiamos diferentes carreras en diferentes sedes, así que cada tanto teníamos esas sesiones de charlas de amigas para ponernos al día.
Yo estaba con una pollera de jean, una musculosa transparente, y unas zapatillas tipo vans. Ella estaba vestida con una pollera marrón, una blusa clarita y unas sandalias que mostraba en todo su esplendor sus pies perfectos, tenía una pedicura francesa. Mis pies son lindos, muy lindos, hermosos. Pero los de ella están a otro nivel de belleza, eran los pies de una estrella de cine, los míos son, digamos para comparar, de una actriz porno, calientan, son lindos, pero no provocan lo mismo.
Llega mi novio de visita y golpea la puerta de mi cuarto.
– Amor, llegué.
– Pasá que estoy con Martina – digo esto para que no haga ninguna guasada mientras abre la puerta.
Entra al cuarto me da un beso en los labios, y saluda con un beso en la mejilla a Martina.
Le hace un rápido escaneo y veo que se detiene un segundo más de lo normal en contemplar sus pies, se guarda una imagen mental para tener.
Mi mente se detiene.
Mi yo de los 16 años le hubiera hecho un escándalo a la noche.
Pero ahora sentía excitación, mi novio se estaba calentando con unos pies que no son los míos.
Mi mente empezó a volar en una fantasía:
– ¿Qué pasa que mirás tanto? ¿Te calientan mis pies? – Dijo Martina mirando a mi novio.
– No es eso, me llamaron la atención tus sandalias, les quiero comprar unas iguales a José.
– No mientas, ella me contó que tenías una foto de mis pies guardados en el celu, si te habrás hecho la paja viéndola.
– No sé de qué estás hablando.
Gira mi novio a mirarme y me dice:
– ¿Le pasa algo a ella?
– No, tiene razón, te re calientan sus pies.
– Ves que me da la razón, tomá, olelos.
Martina que está sentada en un sillón puff levanta los pies y los pone en el regazo de mi novio, que se sentó en la silla de la computadora. Yo estoy sentada en la cama.
– Decile que no da lo que está haciendo – Me dice mi novio mirándome con cara de preocupación.
– No amor, olelos, si te morís de ganas.
– ¿Cómo me decís eso? ¿Cuál es la trampa, lo hago y después me dejas por infiel?
– Para nada, son hermosos esos pies. Yo también los olería.
Me acerco al regazo de mi novio agarro uno de los pies de Martina y lo huelo. Levanto el pie se lo pongo en la cara a mi novio y le digo:
– Respirá hondo.
– Pero amor…
– Respirá hondo, es una orden.
Él procede a oler uno de los pies de Martina. Queda en éxtasis, agarra el otro pie y lo vuelve a oler.
– Mirá como te calienta pendejo pajero, ya estás teniendo una erección. No tuve que hacer nada yo – Agregó Martina.
Yo estaba muy enojada, pero a la vez muy excitada por la situación.
Martina le pasa los pies por la cara, por el pantalón, le mete el dedo gordo en la cara para que lo chupe, no se aguanta y se lo empieza a chupar.
Mi novio se empieza a desabrochar el pantalón, no aguantaba más.
– Ni se te ocurra pajearte – Gritó Martina.
– Bueno, pensé que se podía, sí total esta situación ya es cualquier cosa.
– No quiero que te pajees. Vos, José, le vas a chupar la pija mientras me adora los pies. – Me dice Martina ordenándome.
Poseída por la fuerza que imponía Martina le bajé los pantalones a mi novio, me arrodillé frente a la cama y vi que tenía una de las erecciones más potentes de su vida.
– ¿Viste como se la pongo con solo mis pies? Apuesto que vos tenés que entregarle el orto para que se ponga así. Bueno, empezá a chupar que para eso estás.
Le hice un oral con mucho esfuerzo, él estaba ahí excitadísimo, pero no por mí, yo era un accesorio. Me ofendía que para lograr tal nivel de excitación yo tuviera que entregarle el orto, pasarle la lengua con la pija, pero ella con solo sus pies lo lograba.
– ¿Te la chupa bien Jose?
– mmm, espectacular – Respondió mi novio mientras le chupaba los pies a Martina y yo lo peteaba.
Era una situación completamente denigrante mi novio estaba adorando a una mujer más hermosa que yo, y yo estaba reducido a la mínima expresión, una putita sacaleche.
– Viste, para eso está la putita de Jose, para chupar pija. Las mujeres como yo estamos para ser adoradas, y a las mujeres como vos… bueno, solo sirven para dar placer – Afirmó Martina con su voz de más forra.
Seguí chupándole la verga, y cada vez yo estaba más mojada. Me sentía una puta de mierda, pero es tan perfecta ella que acepte mi rol sin dudar.
- Vení acércate Jose – me dijo Martina.
Pone la boca cerca de mi cara, me agarra del mentón, abro la boca y me escupe dentro.
– Ahora seguí chupando mientras me adoran.
Con la baba de Martina en mi boca fui a seguirle haciendo sexo oral a mi novio, que seguía disfrutando los pies de Martina.
– Cuantas pajas te habrás clavado con estos pies, ¿No?
– Incontables – Decía mi novio y yo me retorcía de celos.
– Y ahora los tenés acá, los adorás como siempre soñaste.
– Sí, no aguanto más, me vas a hacer acabar.
Escuchaba eso furiosa, pero aceptando mi lugar de petera. Ella era la chica 10, la modelo, la estudiante con honores de medicina y yo una putita petera lechera, apenas estudio, no trabajo. Mi rol es mantener a mi hombre deslechado en este momento. En ese y en todos los momentos de la vida.
– Dale acabame en los pies, acabame en los pies pendejo pajero.
Me saca su pija de mi boca, y apunta a los pies de Martina. Nunca en mi vida me sentí tan disminuida. Acaba un lechazo. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Perdí la cuenta.
Nunca acabó tanto conmigo, estoy muerta de celos. Esta hija de puta con sus pies en diez minutos nada más consiguió más que yo en 8 años.
– Vení José, límpiame la leche de mis pies.
– ¿Qué?
– Rápido, que me tengo que ir y no me puedo ir con los pies cubiertos de semen.
Voy me arrodillo y le empiezo a chupar los dedos de los pies, me trago todo el semen de mi novio.
Es lo más leche más rica que chupe en mi vida, y los pies de ella son una delicia. Le empiezo a lamer las suelas, las huelo, las adoro.
Las miro y las sigo mirando, como perdida en tiempo y espacio.
– José, ¿estás bien? – Me preguntó Martina.
– Eh, si ¿por?
– Estás como tildada hace 1 minutos. Llego tu novio y te quedaste congelada, ajajaja.
Mi cabeza había volado por un minuto, pero se sintió muy real. Martina nunca haría algo así. Mi novio jamás me propondría algo así. Mi cerebro me jugo una broma, pero recuperé la compostura rápido.
Martina se quedó 15 minutos más y se fue a su casa a preparar una materia.
Un poco entendí a mi novio del pasado masturbándose con los pies de Martina.
Esa noche le hice un oral y le pedí que me acabe en los pies. Tenía las uñas pintadas de negro, a mi novio le encanta ese color, dice que contrasta con mi piel blanca. Luego me pasé el dedo, agarré el semen y me lo puse en la boca. Eso lo volvió loco.
Pensándolo bien, Martina es una chica mucho más linda que yo, tiene pechos más grandes, una cara hermosa, es más alta yo. Pero si vamos a hablar de pies, no te digo que mis pies son más lindos, pero estamos empatadas, al menos en eso me siento bien.
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