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Dominaciónmay 2023

Subcontratando el placer de mi mujer 7

La cena estaba servida, pero no para ella. Mientras su marido devoraba el cuerpo de otra mujer cubierta de sushi, Alicia sintió cómo su orgullo se desmoronaba. Esta noche, el juego no era el suyo, y el castigo sería más dulce y doloroso de lo que imaginó.

Wilmorgan8.3K vistas9.4· 10 votos

Lara esta tumbada sobre la mesa. Mi marido y mi Amo van colocando por su cuerpo cada pieza de sushi. Ella me mira sin moverse. La muy guarra es feliz con dos hombres trasteando su cuerpo. La misma mesa donde yo había estado tumbada esa tarde… Lara sonríe contenta, al menos hasta que mi Amo coloca el cuenco de salsa en su boca. ¡Jódete, zorra!

- Alicia, estás preciosa. – me dice mi Amo…

- Gracias, Amo. – contesto, recalcando la última palabra.

Ni por esas mi marido se da por aludido. Sigue colocando meticulosamente el sushi por el moreno cuerpo de Lara. Al terminar no queda casi piel visible, al menos de las zonas más “interesantes”. ¿Tengo que ver como Dani se come el sushi de sus tetas?

- La cena está servida. Seguro que será de su agrado. – dice jocoso mi marido.

Ellos se sientan uno al lado del otro, por lo que yo lo hago frente a ellos. Ambos hacen referencias sobre lo bien puesta que esta la mesa, la buena pinta de la comida y demás indirectas sobre que tienen a una mujer desnuda cubierta de sushi. Yo en cambio no digo nada, mi cabeza intenta asimilar la situación. ¿Qué hace ella allí? Yo quería incluirla en nuestros juegos, pero no así... No está noche. Era mi noche. Yo debería estar sobre la mesa, no ella.

- Espero que te guste el sushi. – me dice mi Amo.

- Sí, mucho. Es mi comida favorita.

- ¡Que coincidencia! También la de Lara. Por eso lo elegí. Cómo prueba de su sumisión, cubierta de su comida favorita y sin poder comer. – dijo mi Amo, llevando sus palillos a una pieza de su vientre.

¿Qué? ¿El sushi no era por mí? ¿Ni siquiera eso? ¿Qué prueba de sumisión? ¡Yo soy tu sumisa! Es a mí a quien tienes que hacer pruebas…

- Come, cariño. Está buenísima, digo buenísimo. – dice riéndose Dani.

- No tengo mucha hambre.

- Pero si te encanta. ¿Te encuentras bien?

¡No! No me encanta, es mi comida favorita. ¡La mía! La de tu mujer. ¿Te acuerdas? Esa por la que estabas aprendiendo a ser dominante…

- Sí, sí. Solo que no tengo hambre. – miento.

- Los celos quitan el apetito. – intervino mi Amo.

- ¿Celos? ¿Estás celosa de Lara? – pregunto Dani sorprendido.

Los tres clavan sus ojos en mí, hasta Lara, con su boca llena con el bol de salsa me mira esperando mi respuesta. ¿De verdad es necesario que conteste? ¿No es evidente que ella no debería estar aquí? Me estoy empezando a enfadar. Tengo que mantener la calma…

- No, para nada. ¿Por qué iba a estarlo?

- No sé… pero estás rara. Ya no sonríes. – dice mi marido.

- Es difícil separar al Amo del marido ¿verdad? – dice mi Amo, con los palillos en el muslo de Lara.

- ¡No! Yo eso no tengo problema. Dani puede hacer lo que quiera. Yo le di permiso.

De un trago terminé mi copa de vino, necesitaba apagar el fuego que estaba encendiéndose dentro de mí. Ellos continuaron hablando y comiendo, recogiendo sushi de su cuerpo. Daniel era quien elegía las piezas más comprometidas. Yo veía a Lara mirándole con devoción e incluso estremecerse cuando sus palillos acariciaban sus pechos, su tripa o su ingle. ¡Encima tengo hambre!

- ¿Qué salsa es esta? Me gusta.

Después de decir eso, mi Amo metió sus palillos en la boca de Lara, al sacar el sushi unas gotas de soja cayeron sobre su cara. Mi marido lo limpió con sus dedos y luego los chupó mirando a esa zorra con lujuria.

- Esta buena, pero yo prefiero otra.

Pescando una pieza de su pubis, lo llevó un poco más abajo, donde la salsa que buscaba mi marido no venía en ningún bote. No me lo creo… no lo va a hacer… no va a restregar el coño de esa niñata y se lo va a comer delante de mí. Lo hizo, escuchando un suspiro de Lara ahogado por el cuenco de su boca. Y mirándola a ella, ignorándome a mí, lo llevó a su boca.

- ¡Delicioso! El mayor manjar que he probado. – dictaminó mi marido.

No pude más. No sé qué me pasó por la cabeza en ese momento. Ya no veía a esa amiga especial sobre mi mesa. Veía a una traidora que iba a robarme a mí hombre. Sin pensarlo metí mis dedos y rápidamente lo hice.

- ¡Seguro que está mejor con un poco de wasabi!

No les di tiempo a reaccionar, mis dedos pringados de espuma verde fueron directos a su rosado chochito. Pero antes de poder restregarle la picante salsa en su chichi, una mano me detuvo, era él, mi Amo.

- No.

Solo esa palabra y fue suficiente para saber qué había cometido un terrible error. Su forma de decirlo, su cara, su mirada… Retiré mi mano pringosa de allí, aún enfadada con mi marido y con mi Amo. Y sobre todo, con esa pequeña zorra.

- ¿Estás loca, Alicia? – dijo mi marido.

- Solo quería que probases algo rico…

- Vete al rincón de pensar. – dijo mi Amo muy serio.

- ¿Cómo?

- Si te comportas como una niña, tendrás castigo de niña. Levanta.

Él se puso en pie y vino hacia a mí. No alzó la voz, no sonaba enfadado, más bien decepcionado. Me llevó a la esquina del salón más próxima a la mesa.

- De rodillas.

Obedecí sin pensar. Fue al estar allí, arrodillada frente a la pared, cuando sentí una vergüenza distinta a otras veces que me sometía. Quizás porque esta vez era un castigo por algo que había hecho mal. O simplemente por ser castigada delante de ella y por su culpa. Eso sí que pateaba mi orgullo. Pero fue peor cuando vi como recogía algo del suelo y lo ponía sobre la pared. El tanga que Lara se había quitado para mi marido estaba frente a mis ojos.

- Manos a la espalda, sujétalo con la nariz.

Con su mano acercó la prenda que quedó colgando frente a mí cara, sujeta, efectivamente, por la punta de mi nariz y la pared.

- Es el momento de pensar y poner en orden tus ideas.

Trate de mirarle, pero era imposible, solo podía ver la pared. ¡Esto sí que era lo último! ¿Cómo podía aguantar que me tratase así? Soy una mujer hecha y derecha. ¡Ella es la niñata! Enséñale a ella que no debe meterse en una relación. Mi orgullo me exigía levantarme y tirarle las asquerosas bragas a la cara. Pero sin saber la razón, no lo hice.

Escuché cómo volvía a la mesa. Después de un rato de silencio volvieron a hablar degustando el riquísimo sushi. Tenía mucha hambre. Olía riquísimo. O quizás era el tanga que tenía en mi cara. Al sujetar la prenda no podía moverme nada, por lo que me dolían las rodillas, la espalda, el cuello... Y eso que no habría pasado más de 15 minutos. ¡Pues me da igual! ¡No soy una niña, no voy a pensar nada!

Los escuchaba hablar como si yo no estuviera allí sufriendo. Incluso a ella, por lo que debían haber liberado su boca. Risas, comentarios con doble sentido, buen rollo… ¿Y yo qué? Era mi noche. Mi Amo… Mis Amos… No había hecho nada para merecer esto. Sí bueno… si no me detiene… tampoco es que fuese a metérselo hasta el útero, solo un poquito por fuera... Aunque eso tiene que ser muy doloroso. ¿Y si me hubiera castigado así? Echándome wasabi en el chirri… menos mal que no.

Puede que tengan razón, me había pasado. Pero ella también al robarme a mi marido. Qué sí, que yo estuve de acuerdo. Pero no hoy. Hoy era mi noche. Yo tenía que ser la sumisa, la protagonista… No hay derecho que yo esté en un rincón de mi casa y ellos disfrutando de esa deliciosa cena. Puede que me haya equivocado, pero no es para tanto. No es para estropear un día tan especial…

¡Me muero de hambre! Por lo menos ella tampoco puede comer. Aunque estará siendo manoseada por mis dos hombres. Por sus risitas, seguro. ¿Cuántas veces habrá probado mi marido su salsa especial? Y yo aquí oliendo sus bragas sucias, las que ha mojado excitándose con mi marido, mientras yo estaba con mi Amo en el parque…

Vale… sí… pensándolo racionalmente, no tengo derecho a ponerme celosa. Ella estaba cachonda con Dani, mientras yo me moría de ganas de que alguna de esas cuatro pollas que se corrían fuese la de mi Amo. Pero eso ellos no lo saben, solo lo sé yo. Y… ¡Mierda! Esto va a ser muy difícil.

- Lo… siento. – dije en voz alta.

Un silencio se hizo en la mesa, pero nadie contestaba. ¡Decir algo! Vale… lo repito.

- Lo siento mucho.

- ¿Qué sientes? – escuché a mí Amo.

- Haberme comportado como una niña celosa. – no sé porque lo dije así, pero me salió solo.

Escuche la voz de Lara en forma de susurros que no me permitieron entender que decía. ¿Estaría hablando a mi favor? ¿En contra? ¿Tonteaba con mi marido? ¿Con mi Amo? Algo dijo Dani, pero tampoco lo entendí. Me estaba poniendo muy nerviosa. Necesitaba saber que pasaba, pero solo veía la pared y su puto tanga.

- Supongo que tendrás hambre. – dijo mi Amo.

¡Sí! Me perdonaba… ¡Y sí! Tengo un hambre increíble. Pero no me muevo. Voy a esperar como una buena sumisa a que me de permiso.

- Mucho… pero no importa. Me gusta estar así. – escuché decir a Lara.

- Lo sé. Por eso creo que es suficiente. Lo has hecho muy bien. Creo que ya puede comer, ¿no, Daniel?

- Sí. Ven conmigo. Ahora yo te daré de comer. – dijo mi marido.

No me lo puedo creer. No me lo decía a mí. Escuché como se movían. ¿Qué estaba pasando? Que le den al tanga, yo me levanto y les mando a la mierda. ¡Qué se vayan de mi casa! ¿A quién voy a engañar? No voy a hacer eso. Los quiero aquí, a los dos. A ella… no lo sé… quizás también. Estoy celosa, sí. Es normal. Pero no tengo derecho a estarlo. Lo sé… es mi marido, pero también mi Amo. O al menos quiero que lo sea. Aunque lo importante es si él quiere serlo…

- Buena chica. – escucho a mi lado.

- Lo siento, Amo. Sé que he fallado. – le digo.

- Esperaba que fallaras, para que pudieras remendar tu error. ¿Lo vas a hacer?

- Sí, Amo. Como haga falta. Quiero ser una buena sumisa… la mejor.

Agarró el tanga de mi nariz y me ayudó a ponerme en pie. Mis piernas estaban doloridas y dormidas, pero yo estaba feliz. Tenía la oportunidad de volver a demostrar lo buena sumisa que era. Y no pensaba dejarla escapar. Aunque cuando vi lo que ocurría en mi sofá, supe que me sería muy difícil.

Lara estaba sentada sobre el regazo de mi marido. Ella sujetaba con sus dos manos un plato con la comida que había sobrado. Y era Daniel quien iba dando de comer a esa mulata desnuda. Mi Amo puso de nuevo el tanga delante de mis ojos, tapando la visión de los tortolitos y haciéndome despertar de mis pensamientos.

- Podría metértelo en tu boca, como mordaza. Pero no lo haré. – me dijo, poniendo el tanga en mi cuello como un collar.

- Pero no quiero que hables, a no ser que alguno de los tres te demos permiso expreso para ello. ¿Entendido?

Afirmé con la cabeza y acto seguido me llevó frente a Dani y Lara. Los dos se quedaron mirando esperando mi reacción. ¿Debí haberme quitado su tanga del cuello y ahorcarla con él? Puede que sí. Pero simplemente bajé la mirada al suelo en señal de sumisión a ambos.

Mi Amo me ordenó arrodillarme, cosa que hice, quedando a los pies de ellos, con los de Lara justo en mi cara. Él pasó el otro extremo del tanga de mi cuello a uno de sus pies. Y después se le ocurrió que sería más cómodo para la pareja, que yo sujetase el plato, para que mi marido siguiera alimentando a la joven desnuda sentada sobre él.

- Amo… Alicia es increíble… debería perdonarla. – dijo Lara.

- ¿No estas enfadada? Mira que te podía haber hecho mucho daño en ese chichi rosita tan bonito. – era la voz de mi marido, pero no reconocía sus palabras.

- Lo sé… pero ya ha sido castigada. Por fi, perdónala.

¡Qué mal trago! La culpable de mi desdicha intercediendo por mí. ¿Era sincera? ¿O solo buscaba quedar bien con Daniel? Yo miraba de soslayo como ella acariciaba la barbilla de mi marido con sus dedos. Casi era mejor mirar simplemente su pie. Ese pequeño y morenito pie que bailaba pegado a mi cara y me tenía atada por el cuello.

- Yo no tengo nada que perdonar. Eres tú. Que te pida perdón y si tú lo aceptas, por mí bien. – dijo mi marido.

Esta vez sí que levanté la mirada. No me lo podía creer. Tenía que pedirle perdón a ella. A quien estaba desnuda encima de mi marido. Sus ojos se clavaron en mí. Esa niñata me miraba desde arriba con esos aires de superioridad de quien tiene las riendas. Era diferente a cuando jugaba conmigo por el móvil. No éramos solo ella y yo. Ahora luchábamos por el mismo hombre.

- Lo siento mucho, Lara. Me he puesto celosa y he hecho muy mal. Espero que puedas perdonarme.

Un hormigueo recorrió mi cuerpo mientras hablaba. Seguramente por esa razón acabé mi frase besando su pie. Así esperé, con mis labios pegados a ese pequeño y suave pie, a que ella diera su veredicto. Ella decidía lo que pasaría conmigo esa noche. La culpable de mis celos… y de otras cosas…

- Claro, nena. No hay problema. Ya te haré meterte un poco de jengibre por el toto otro día. ¡Jeje!

- Que suerte que seas tan madura con lo joven que eres. Deberías estar agradecida, Alicia. Otra te hubiera mandado al rincón de pensar toda la noche. – dijo mi marido.

- Lo estoy. Gracias, Lara. – dije yo, apretando los dientes.

- Debes estar hambrienta ¿no? – me dijo mi Amo.

¡Pues claro que sí! No había comido nada desde el mediodía. Y tener que sujetar un plato lleno de mi comida favorita no era lo mejor para olvidarme de mi apetito. Al igual que no lo era ver a Lara devorar de los dedos de mi marido cada pieza que esté le daba. No sé si le gustaba más el sabor del sushi o de sus dedos. ¿Es necesario chuparlos tanto?

- Sí, Amo. – dije yo.

- Podemos compartirlo. Si mi Amo quiere, claro. – dijo Lara.

- Ese plato es todo tuyo. Haz lo que quieras. – contestó mi marido, poniendo otra pieza en sus labios.

Esta vez no lo devoró como antes, mordió la mitad y recogiendo de su boca el sobrante me lo puso frente a mi cara en la palma de su mano. ¿Qué me iba a dar de comer como un perro? Tengo un plato en mis narices, simplemente dejarme comer de él. Ella insistía, podía haber agarrado el plato con una sola mano y coger lo que me daba Lara con la otra. Pero miré a mi Amo y supe que no. Agaché la cabeza y recogí directamente con mi boca la comida que esa mulata me ofrecía. ¡Qué rico!

- Buena chica. – dijo ella.

¿Qué pasa que es la frase de moda? Bueno da igual, dame más. Se repitió la acción, Dani le ponía en sus labios la comida y ella me daba la mitad como una perrita. No sé si era por el hambre, por la forma tan humillante, o quizás por el sabor de su saliva, pero estaba riquísimo.

- Yo no quiero más. Me reservaré para el postre. – dijo Lara, quitándome el plato.

¡Pues yo sí que quería! Creo que hasta se notó en el gesto de mi cara. Lara me miró con una sonrisa y fingió un puchero. Agarrándose al cuello de mi marido le dijo algo al oído, a lo que él afirmó sonriendo.

- ¿Quieres? ¡Pues toma! – me dijo Lara.

De repente tiró una pieza de sushi hacía a mí. Me pilló por sorpresa y esta golpeó en mi frente, cayendo después al suelo.

- Perrita torpe. Con las patas no, con la boquita. – dijo mi marido, entregándole otro a Lara.

Ella volvió a lanzar sin darme tiempo ni a pensar lo que ocurría. Esta vez no usé las manos, solo abrí la boca y traté de cazarlo. Estuve cerca, pero después de golpearme en la mejilla cayó al suelo también. Ellos se reían a carcajadas, los dos, pues mi Amo solo me sonreía, como orgulloso. Los celos seguían ahí, pero comencé a sentirme un poco mejor, como si estuviera haciendo lo correcto. Al siguiente lanzamiento fue más certero, solo tuve que abrir la boca y el rico manjar fue cazado al vuelo.

- Gracias, Lara. – dije cuando terminé de masticar.

- Esto es muy divertido. Venga, Chocolate, a ver a quien se le da mejor. – dijo Daniel.

Lara bajó de inmediato de sus piernas y se arrodilló junto a mí. Por lo menos dejaba de estar atada a su pie. A pesar de perder tan cómodo asiento, ella sonreía. No sonrías tanto, ahora tienes que enfrentarte a mí.

- Chocolate… me gusta ese nombre. Creo que te llamaré así. No te molesta ¿verdad?

- Claro que no, Amo. Me encanta. Además, creo que ya me estoy derritiendo.

- Pues decidido. Nata y Chocolate. Qué delicioso postre me voy a comer esta noche. Pero de momento os daré de comer a vosotras.

¡Cojonudo! Ahora teníamos motes… Aunque hay que reconocer que es mucho mejor Nata que Chocolate, mucho más bonito, más elegante… ¡Atenta, Nata, que va otro!

- ¿Listas? ¡A por ello, perritas!

Daniel lanzó otra pieza entre nosotras. Ambas intentamos cogerlo al vuelo, pero acabó en el suelo junto con las otras. ¡Con el hambre que yo tengo y desperdiciando comida!

- Cada pieza es un punto. Y quien gane tiene premio. Yo no lo desperdiciaría. – intervino mi Amo, que veía la escena tranquilamente.

Cuando quise reaccionar, Lara ya estaba agachada sobre la pieza y recogiéndola del suelo con la boca. ¡Qué puta es Chocolate! Come, come. Que va a ser lo único que te lleves a la boca esta noche.

- Bocas abiertas, lenguas fuera. ¿Listas?

Ambas esperábamos así, con la boca abierta, la lengua fuera y nuestros ojos siguiendo atentamente la comida de su mano. Cada vez me sentía más una perrita. Casi echaba de menos mi colita. Y mi collar… sobre todo mi collar. Dani tiró el sushi, pero esta vez fue más lejos, volando por detrás de nosotras. Rápidamente nos dimos la vuelta y corrimos hasta él. El ajustado vestido me molestaba para gatear rápidamente. Pero Chocolate tenía su moreno cuerpo al desnudo, por lo que llegó medio segundo antes. Lo agarró con la boca, pero no se lo comió. Volvió con él a cuatro patas hasta mi marido, para ponerse en dos patitas y enseñárselo a su Amo.

- Vaya, vaya… 2-0, Se te está poniendo la cosa muy oscura, Nata. – me dijo Daniel.

Con un gesto de mi marido, Lara apoyó sus patitas delanteras en el sofá para erguirse hacia Daniel. No me lo podía creer al verlo. Mi marido se agachó hacia ella y juntando sus labios, compartieron la pieza de sushi, con un tierno y romántico gesto. Casi parecía que menease las caderas como una perrita feliz. ¿Estaba meneando el culo en mi cara mientras besa a mi marido? Ahora sí que te muerdo el cuello, putita de chocolate…

- Vamos por el tercero. Por cierto, gana la primera que llegue a tres puntos. Quizás debí decirlo antes, pero bueno, como mando yo…

¿Cómo? ¿Qué? ¡No es justo! No lo sabía. ¿Esa sonrisa es nueva en mi marido? Sí… es diferente. Demasiado chula. Está disfrutando con esto. No solo por tener a Nata y Chocolate jugando para él. Disfruta con tener el control. ¡Hijo de puta! ¡Como me pone eso! Pues no iba a perder. Yo quiero ese premio. Arrodillada al lado de Lara, subí mi vestido hasta la cintura. Mi culo y mi coño quedaron a la vista, pues lógicamente no había ropa interior. Esta vez nada me impediría conseguir mi comida. Y la compartiría con mi Amo, besando esos labios que tanto deseo.

- ¿Preparadas? ¡Cogerlo!

Otra vez por encima de nuestras cabezas. Ambas salimos pitando a por la comida. Llegamos a la vez, pero no iba a dejar que ganase. ¡Ni de coña! Cuando ella agachó su cara empujé con todas mis fuerzas su cuerpo, que cayó bocarriba al suelo. Mientras me miraba con furia, yo agarré mi premio y fui hacia ellos contoneando mi descubierto trasero, dejándola allí tirada.

Me detuve antes de llegar al sofá. No lo había pensado bien. Estaba claro que lo haría igual que Lara. Pondría mis patitas entre sus piernas, me erguiría y juntaría los labios con mi Amo compartiendo el sushi. Pero… ¿Qué Amo? Sí, me moría de ganas de besar a mi Amo. Más incluso que de probar su polla o de ser follada por él. Deseaba besarle, sentir su lengua con la mía. Hace una hora no lo hubiera dudado. Pero ahora… Dani estaba allí, sonriendo feliz porque había cumplido mi tarea. Se le veía tan seguro de sí mismo como a su mentor. Ya no solo era mi marido, era un Amo.

Fui hasta mi Amo, subí mis patitas y compartí mi premio con él. Sintiendo los labios de mi marido como nunca antes. Una mirada intensa, una caricia en mi mejilla con mucho amor y un “te quiero” sordo me llenó de energía. Habíamos conectado de nuevo, lo sentí. Era suya, como nunca lo había sido. Y esto era solo el principio. Volví a arrodillarme dispuesta a ganar este absurdo y denigrante juego.

- ¿Preparadas? ¡A por ello, perritas! – dijo mi dominante marido.

Lo lanzó mucho más lejos que la última vez. Ambas salimos corriendo a cuatro patas, pero esta vez yo iba delante. ¿Qué tal las vistas? ¿Te gusta mi culito, Chocolate? Ya casi lo tenía, cuando sentí como agarraba mis tobillos. ¡No iba a permitir que ganase! Me di la vuelta rápidamente y atrapé su cintura con mis piernas. ¡Ja! ¿Te pensabas que podrías conmigo? La tenía bien sujeta apretando fuerte mis piernas. Traté de arrastrarme como pude para llegar, mi mano casi lo tenía, un empujón y lo acerqué hasta mi boca. Justo cuando iba a tenerlo en mis labios, Chocolate tiró fuerte de mi pelo, haciéndome gritar arqueando la espalda.

Mis piernas perdieron fuerza y ella escapó. Aunque no soltó mi pelo, yo contrataqué cogiéndola por la cintura. Forcejeamos en el suelo desesperadas. Mi vestido acabó bajándose mostrando mis pechos, poco me importaba que me viesen las tetas, pero eso dejó a su alcance mis pezones. La muy zorra de Chocolate retorció con saña uno de ellos mientras con la otra mano intentaba alcanzar mi comida. ¿No sabes que soy una sumi profesional? Aprieta, aprieta, que estoy acostumbrada. ¿A ver tú que tal? Agarré los rabitos de sus limones morenos y tiré con fuerza hacia a mí. ¿Ahora qué, golfa? La dejé aullando de dolor. Ya era mío. Fui hasta él y agachando mi cara al suelo… ¡Mierda!

No sé cómo lo hizo, pero sus piernas estaban en mi cuello. Con una fuerza increíble me empujó hacia un lado, quedando mi cara entre sus muslos. Traté de escapar, pero mi cuello estaba bien atrapado en sus fuertes piernas. Por más que golpeaba con mis manos nada pude hacer mientras veía, con su coñito rosado de fondo, como alcanzaba el sushi y lo llevaba a sus labios.

Supe que había perdido, dejé de luchar sin fuerzas, ni físicas ni mentales, estaba derrotada. Ella aprovechó mi debilidad para alzarse sobre mí, quedando igualmente con sus muslos en mi cuello, pero esta vez sentada sobre mi cara. Si antes tenía su coñito frente a mis ojos, ahora también veía su cuerpo desnudo con una pose victoriosa. Sus pechos sobresalían visiblemente excitados, dando una pose amenazante. Esa niñata me tenía sometida con su cuerpo, concretamente con su coñito amenazando con taparme la boca.

- Parece que tenemos una ganadora. -escuché decir a mí marido.

Lara sonrió orgullosa, bajó un dedo a su sexo recogiendo su néctar, para después acariciar mi mejilla con ese mismo dedo. ¡La odiaba! Había perdido, no sabía el qué, pero me sentía como si lo hubiera perdido todo.

Aun tirada en el suelo vi como Lara caminaba sensualmente hacia mí marido, por supuesto gateando como su perrita fiel. Volvió a ponerse a dos patas para compartir su premio, pero esta vez el nuevo y dominante Daniel tuvo otra idea.

- Nata, ven aquí. Pero cómo has perdido, no lo harás como una perrita, hazlo como un gusano. Quiero ver cómo te arrastras hasta mis pies.

A pesar de lo humillante que era, para mí fue un alivio saber que Daniel seguía interesado en usarme. Mi marido quería verme arrastrarme a sus pies, pues yo lo haría, orgullosa y alagada de que el hombre de mi vida me quiera allí, aunque fuese junto a otra.

Me puse boca abajo y comencé a arrastrarme. Esto no lo hacía seguramente desde que era niña. Y no recordaba lo tremendamente difícil que era, mucho menos desnuda. Mi piel se pegaba al suelo, sobre todo mis pechos. Unos pocos metros se hicieron interminables. Pero extrañamente, llegué excitada a sus pies.

- Quien me iba a decir que cuando tuviera a otra, te arrastrarías por mí. De rodillas. – dijo Daniel.

Con sus palabras resonando en mi cabeza, me arrodillé junto a Lara. ¿Tenía a otra? Él mismo estaba confirmando que Lara era suya. Alguien racional se levantaría, recompondría su vestido y saldría de esa casa para no volver. Pero por nada del mundo dejaría escapar a Daniel. Lucharía por él, bajo sus reglas, bajo sus órdenes.

- Supongo que queréis saber que había en juego. – continuó.

Ambas afirmamos con la cabeza. Yo no entendía nada. La idea del premio no había sido de Daniel. ¿Cuándo había pensado mi marido un premio? Me estaba sorprendiendo mucho. Parecía un dominante experto. Quizás demasiado experto para una sumisa novata como yo.

- Pero antes, como os quiero a las dos y no quiero veros enfadadas, compartir la comida como buenas amigas.

¿Compartir yo con esa zorra? Anda y que se lo trague entero, a ver si se ahoga. ¿Y qué es eso de que nos quiere a las dos?

Lara vino inmediatamente hacia a mí. Aun con el sushi en la boca se notaba su sonrisa. Lentamente se fue acercando. Ambas desnudas, pues mi vestido solo tapaba mi ombligo. Su carita morena cada vez estaba más cerca. Me puse muy nerviosa al ver como sus labios se acercaban. Los dos hombres nos miraban atentamente. La pieza de sushi tocó mis labios y yo abrí tímidamente la boca. Ella siguió empujando hasta que la mitad que sobresalía de su boca estaba dentro de la mía. La pieza se rompió en dos, compartida en partes iguales. Ambas masticamos y tragamos, pero lo hicimos aún unidas por nuestros labios. Yo no me quería separar y al parecer ella tampoco. Sentí como sus labios comenzaban a moverse y cerré los ojos. Los míos actuaron como el resto de mi ser, sumisamente, siguiendo los pasos de esa jovencita.

Sentí como acariciaba mi piel. Su mano fue subiendo de mi cadera por mi costado. No sé en que momento la mía fue a su cuerpo. Era suave, suave y cálido. Mientras ella subía, yo bajaba. Y nuestros labios jugaban tímidamente, abriéndose cada vez más, dejando que nuestras lenguas salieran a buscar a su igual. Cuando llegué a su terso trasero ella ya acariciaba el lateral de mi pecho. Su lengua estaba dentro de mí, luchando con la mía que se dejaba vencer por esa jovencita. Me estaba enrollando con una mujer. Y me estaba mojando con sus labios y sus manos. La zorrita que me había robado a mi marido, me estaba poniendo a mil.

- Así me gusta. Sin rencores. Nata, Chocolate… ¿Queréis saber que había en juego? – nos interrumpió Daniel.

Ella se apartó de mí en cuanto él habló, quedando yo besando al aire. Me sentí ridícula, me había rendido a esa niñata y ella acababa de pasar de mí. Puede que yo le gustase a Lara, pero lo que sentía por mi marido era devoción. Además, al ser la vencedora estaba deseando saber que había ganado. Y para que mentirnos, la curiosidad me mataba.

- El premio es… poder someter a su rival, como quiera, sin límites. Una suerte que haya ganado Lara, pues al parecer ya tiene experiencia dominando a mi mujer.

Gracias por llegar hasta aquí.

Han sido bastantes los que me han pedido continuar. Por ello he decidido hacer dos relatos más. El siguiente será el último. Ustedes deciden cuando lo publico, como siempre. Muchas gracias a todos los que comentan y escriben. Los que me dan ideas o simplemente comparten conmigo sus impresiones. Sin vosotros no habría relatos que leer. Gracias y mil veces gracias.

Wilmorgan.

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