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Dominaciónmay 2023

Subcontratando el placer de mi mujer 6

Lara cree que ha llegado para someter, pero la puerta se cierra y es ella quien termina de rodillas. Con el corazón latiendo a mil, descubre que su fantasía de control era solo el preludio de su propia rendición.

Wilmorgan9.4K vistas9.5· 16 votos
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Te tiemblan las piernas, nena. Como para no hacerlo… esto es una locura. ¿No vas de valiente? Pues ahora apechuga. Ya, ya… si lo sé… Pero lo mire como lo mire, debo estar loca. Tienes que hacerlo. Ya has llegado hasta aquí. Es tu mayor fantasía… Lo vas a disfrutar… ¿De verdad? Debería estar empapada, pero me siento más seca que el desierto. Son los nervios, solo eso. Es tu primera vez…

Por mucho que quisiera engañarme, esto era una locura. Una cosa es jugar a través del móvil y otra vivirlo en mis carnes… ¿Cómo me pude dejar convencer por él? Alicia decía la verdad, ese hombre consigue que hagas lo que él quiera. Bueno venga, llama al timbre. No tiene que pasar nada si no quiero. Pero lo malo es que sí quiero… ¿Qué quiero? No lo sé…

Ya has tenido sexo más veces… Sí… dos… Pero ellos no lo saben. Tú hazte la experta. ¿La experta con esa pareja y su Amo? ¿A quién quiero engañar? Me van a pillar… Encima dije que les podía someter a los dos… Me encantaría, sí. O que me sometan a mí… ¡Quiero hacerlo! Pero me tiembla todo. El portal se abre, es él.

- Hola Lara. ¿Preparada?

- Hola… sí…

- ¿De verdad? Sabes que puedes echarte atrás en cualquier momento. Incluso puedes quedarte solo como espectadora. No te preocupes, tengo un plan B en ese caso.

- No, no. Lo haré. – contesto tratando de sonar segura.

- ¿Qué harás?

- Pues… eso. Lo que me dijiste. Ser el examen. – digo intentando sonar convincente.

- Muy bien. Se que eres capaz de ser dominante. Pero te repito, no creo que Daniel sea sumiso.

- No lo será contigo. Pero yo sé cómo domar a un hombre. – contesto haciendo gala de mi chulería.

- Eres libre de intentarlo. Pero mi consejo: déjate llevar. Disfrutarás más.

- Sí, sí… Tú tranqui. Me pone mucho ser sumisa. Pero solo con los hombres dominantes de verdad. – digo para picarle.

- Pues sube, tras esa puerta tienes uno. Cuando vuelva veré quien de los dos está de rodillas.

- ¿Tú no vienes?

- No. Voy con Alicia, no quiero que esté sola en la calle. Estaréis Daniel y tú, sin esposa ni Amo que os molesten.

Yo entró y él sale, sin más. Sin querer pensarlo mucho, comienzo a subir escaleras. Hay ascensor… estoy muy tonta. Bueno venga, Lara. ¡Tú puedes! ¡Con esto y con más! Le tienes muchas ganas a ese Daniel. La verdad es que está muy bueno… Y cuando le vi actuar así de dominante con su mujer en el restaurante… Vale que luego me enteré que era todo cosa de ese hombre. ¿Será verdad que es dominante? Yo creo que no… Solo lo intenta por Alicia. Bueno pues venga, vamos a enseñarle que los hombres también pueden ser sumisos. Yo sé mucho del tema. Mucho por lo que he visto y leído en internet… pero él eso no lo sabe.

Llamo al timbre. ¡Va, va! Qué se noten esas clases de interpretación. ¿Pero qué papel hago? ¿Sumisa, dominatrix, vecina que viene a por sal? Hola Dani, pasaba por el barrio y he pensado en apuntarme a vuestra orgía Bdsm… ¡La puerta! Se abre, se abre.

- Hola, Daniel. – le digo, tratando de poner una voz sensual.

- ¿Lara? ¿Tú eres la sumisa? – pregunta sorprendido.

- Bueno… quizás. Eso depende de ti.

- ¿De mí? Pasa, pasa. Mejor hablamos dentro.

¡Bien! Lo he hecho bien. No se notan los nervios, ¿verdad? Lo tengo todo controlado. Este señorito no sabe con quién se la juega. ¿Me estará mirando el culo? Más le vale que sí, me he puesto estos pantalones para él. Y bueno, para su mujer… Tienen un piso muy mono. Que chula esa estantería. ¡Mierda, Lara! Al tema, que te dispersas. ¿Qué es eso? ¿Han atracado un sex-shop? No mires tanto, que no se note que estas flipando con ese arsenal.

- Perdona todo esto. Estaba decidiendo que podía usar. – me dice.

- Nada, tranquilo. Es lo normal…

- Siéntate. ¿Quieres algo? ¿Un refresco? ¿Café? ¿Un cola cao?

¿Cola cao? ¿Pero este que se piensa que soy una niña? Tengo 19 años, pero no soy una cría. ¿Eso es una fusta? ¿Dolerá mucho? ¡Lara, atenta!

- Prefiero una cerveza, como tú. Soy adulta.

- Ya, ya… lo siento. Claro. Ahora mismo.

Va a la cocina. Venga, tranquila. No pasa nada, solo quiere ser amable. No va a meterte ese dildo enorme según entres a su casa. ¡Joder eso no me cabe! Quizás con mucho lubricante…Que va… ni de coña…

- No creí que fuera verdad eso de que vendría una sumisa. Y mucho menos esperaba que fueses tú. – me dice, ofreciéndome el botellín.

- ¿Decepcionado? – contesto después de un sugerente trago.

- No, no. Para nada.

Está tan cortado como yo. ¡Búa, a este me lo como! Va a ser él quien se meta el dildo.

- En realidad no soy sumisa, soy switch.

- ¿A sí? ¿Tienes experiencia en esto? – me pregunta curioso.

- Eh… sí… he hecho algo.

- Vaya… parece que él único virgen soy yo.

Virgen, virgen… no soy. Pero casi. Aunque él ni se entera. Yo tenía razón. No tiene nada de dominante. Hoy someto a un matrimonio.

- Entonces… ¿Ya le conocías? ¿Eres su sumisa?

- No, no. No tengo Amo…

¿Por qué siento ese cosquilleo al decir eso? ¿Ha sonreído? ¿Se alegra de que no tenga Amo? Sí… yo creo que sí… Le gusto…

- ¿Y de que le conoces?

- De nada. Apareció hoy en el restaurante y me pidió ayuda. Por lo visto tu mujer le habló de mí. De lo que le hice a ella… Y le gustó como domino.

- ¿Has dominado a mi mujer? – me pregunta sorprendido.

- Bueno… un poco. Pero solo por el móvil… Ella me contaba lo que tú le hacías y yo jugaba con ella. Pero no se tocó ni una vez. Es una sumisa muy obediente.

- Y en multipropiedad por lo que veo…

Creo que la he cagado… Normal que no se sienta dominante, a su mujer la somete todo quisqui. Alicia es increíble, pero debe ser difícil para él… ¿Y ahora que digo? Ya le he cortado el rollo. Te podías meter la lengua en el culito, Larita…

- ¿Pues sabes qué? Me alegro de que estés aquí. – me dice con una sonrisa.

- ¿A sí? ¿Y por qué? – contesto, jugando con el botellín en mis labios.

- Está bien poder hablar de estos temas con alguien…

Podemos hacer algo más que hablar... Me tiene confundida. ¿No le pongo? ¿Le tengo que recordar que su mujer está en la calle con su Amo? ¡Aprovecha! Que me tienes aquí para ti solito. Y un montón de aparatos sexuales para jugar…

- Pero eso de ser switch… es difícil ¿no? No te declinas más por alguno.

- Bueno… no sé…

¡Mierda! Me ha dejado en blanco. No tengo ni idea, no he probado ni lo uno ni lo otro. Como para saberlo… Ese aro es muy grande. Yo no puedo abrir tanto la boca. ¿Tan gorda tiene la polla? ¿Le voy a comer la polla? ¡Sí! Se la como, como Ama o como sumisa, pero yo me la como.

- Pero sabrás con que disfrutas más ¿no? Con lo que te sientes más cómoda.

- Pues... depende…

¡Di algo con sentido, se va a dar cuenta! ¿Eso es para azotar? ¡Céntrate! Deja de mirar los juguetes. Me noto acalorada… ¿Me pone él o esos cacharros? ¿Eso es para lo que creo?

- ¿Te gusta alguno? – me dice, refiriéndose a los juguetes.

- Sí, claro. Los uso mucho.

- Entonces puedes aconsejarme. ¿Cuál crees que le gustaría a Alicia?

- Pues… a Alicia… bueno… yo… empezaría con unos azotes. Empiezas calentando el culo y el resto se calienta solo.

¿Lo digo por Alicia o por mí? ¿Por qué me apetece tanto probar esa pala en mi trasero? Es de cuero, tiene que doler… ¿Dejará marcas? Que morbo cambiarme en el restaurante y que me vean el culo marcado…

- ¿Tú crees? ¿No dolerá mucho? Debería probarlo primero.

Coge la pala de cuero y mirándome fijamente suelta un golpe contra la palma de su mano. ¡Joder como suena! Ha tenido que dolerle, seguro. ¿Sonará igual contra mi culo?

- Sí duele sí. – dice mostrándome su mano roja. – Creo que es demasiado.

- En el culo seguro que duele menos.

¿Por qué he dicho eso? No he sonado muy experta. ¿Por qué me da la pala? ¿Quiere que le azote? Sumiso, sumiso…

- Tú eres la experta ¿no? Pues prueba. – me dice.

- Sí, sí… claro…

¿Qué hago? Tengo la pala en la mano y no sé qué hacer con ella. ¿Le azoto? Tendrá que poner el culo. Pesa más de lo que creía. Sí que tiene que doler… ¿Y cómo le azoto? Si lo hago muy suave pensará que no tengo ni idea. Pero si me paso lo mismo le asusto… ¿Por qué me mira así? ¡Venga, dime que quieres!

- Vamos, pruébala. – me dice, mirándome fijamente.

¿Sé refiere a que la pruebe yo? ¿En mi culo? ¿Quiere que me azote yo sola? Me está poniendo muy nerviosa. ¿Lo hago? ¡Yo lo hago y punto! Venga, con decisión. Que se note que eres una experta azotando traseros, aunque sea el tuyo. Levanto la pala y….

- ¡Aaaauuu!

- Duele ¡eh! – me dice.

- Es que estos pantalones son muy finos. – me excuso.

- Se supone que es para hacerlo con el culo desnudo. – contrataca.

- ¿Quieres que me los quite? – le pregunto emocionada.

- No, no. Tú eres la experta. – me dice con cierto tonito extraño.

¿Por qué no quiere que me desnude? ¿No quiere verme el culo? Pero si siempre les encanta… No puede ser… pasa de mí. Pues me ha gustado el azote. Noto como pica. ¿Hace calor aquí? Tiene algo de morbo eso de azotarme con él mirando. Me apetece otro…

- Sigue. – me dice serio.

- Si quieres claro. – añade después.

¡Pues sí, sí que quiero! Me doy otro, un poco más flojo. No duele tanto, pero pica. Sigue mirándome. ¿Quiere más? Pues vale, otro. ¡Uff! Este ha dolido más. ¿Un poco más fuerte? Sí. ¡Auch! Joder duele, pero me estoy encendiendo. No deja de mirarme. Me da vergüenza mirarle a los ojos. ¡Pero no le mires el paquete! Bueno, sí, mejor se lo miro mientras sigo azotándome. No levanto la mirada, pero siento como me mira. ¿Y si me doy la vuelta? Así puede ver como golpea la pala en mi trasero. Sí mejor. Me agacho un poco y… otro golpe. Joder ahora me pone más. Tengo el culo en pompa para él. Lo noto caliente y me estoy calentando yo. Al final resulta que tenía yo razón.

- Espera. Ven conmigo. – me dice.

Voy detrás suya por el pasillo. Pues no tiene mal culo tampoco el muchacho… ¿Es su cama? ¿Me trae a su dormitorio? Si no me ha tocado tan siquiera… Aunque creo que no hace falta, empiezo a notarme húmeda. ¡Si solo me he azotado yo misma!

- Mejor aquí, frente al espejo. Así ves tu cara cuando recibes el golpe. Es increíble.

No digo nada. Solo me coloco donde él me dice, me vuelvo a agachar. Le veo a él detrás de mí culo en pompa. No me está mirando el culo, mira el reflejo de mi rostro. No puedo aguantarle la mirada, hago solo lo que me ha dicho, mirar mi cara. Me azoto. ¡Qué cara de zorra! Se nota que me pone. Por eso quería que me viese. ¡Es un cabrón! ¡Me gusta!

- Es un poco incomodo azotarse uno mismo ¿verdad? – me dice.

- Sí… bastante…

- ¿Quieres que te ayude? – me pregunta desde mi calenturiento pompis.

- ¿Vas a azotarme tú? – pregunto yo, deseosa de una afirmación.

- Sí quieres…

Sin levantar mi cuerpo le paso la pala a mi espalda. La coge y comienza a acariciar con ella mi glúteo dolorido. Acabo de darme cuenta que todos los golpes han ido al mismo. Sí es que soy una pardilla… Me pica, pero me gusta… Y solo me está rozando. ¿Me azotará hasta dejarme el culo rojo y luego me ordenará ir a la cama? Tiene que ser un gustazo follar con el trasero ardiendo… Estoy a mil y aun no me ha azotado. No aguanto más. Yo se lo digo.

- Quieres que azotarme… desnudo, desnuda… Con el culo desnudo… Yo desnuda…

¡Me he hecho un lío! Pero se ha entendido. ¿Por qué no responde? ¿Está sonriendo? Venga, di algo. ¿Me bajo los pantalones? ¿No quieres ver mi culo? ¡Responde!

- Depende.

- ¿De qué?

- De sí tú quieres desnudarte para mí. – me suelta de repente.

¡Pues claro! ¿O te piensas que te iba a ofrecer hacerlo de no querer? ¿Por qué me hace decírselo? Si está claro… Que ganas de hacerme pasar la vergüenza. ¡Qué cabrón!

- Sí… - respondo mirando al suelo.

- Bájate los pantalones.

Ves que fácil. Tú pides y yo lo hago. ¡Un momento! Me está sometiendo. Pero… ¡Da igual! No puedo pensar con él mirándome por el espejo. No me quita ojo. Que morbo desnudarme así. Bajo mis ajustados pantalones, esta tan cerca… ¿Los dejo en las rodillas? ¿Me los quito? ¿Le pregunto? Ha dicho que me los baje. Pues a los tobillos. Que me azote si lo he hecho mal.

- ¿Así?

- Perfecto. Ya tienes marcado el culo donde te has azotado.

¿Sí? Quiero verlo. ¿Y por qué no giro y me miro en el espejo? Estoy paralizada. Me estoy poniendo muy sumisa. ¿Esto es lo que siente Alicia? Pues mola…

- Date la vuelta y míralo. – me dice, tocándome con la punta de sus dedos en mi cintura.

Me dejo guiar por sus manos. De perfil en el espejo veo mi culo, tiene razón, hay una zona roja. Estoy acelerada. Yo en tanga y él a mi lado completamente vestido, agarrándome de la cintura. Es una imagen muy rara. Me siento tonta con los pantalones en los tobillos, pero me veo sexy con el culito marcado. ¿Por qué no me toca más?

- ¿Te gusta?

- Mucho. – le contesto, sin saber a qué se refiere realmente.

- ¿Quieres que lo marque más?

- Sí, por favor.

¿Sí, por favor? ¿Qué estoy pidiendo un café? Estoy pidiéndole que me marque el culo con azotes. ¡Vamos, Lara! No seas tonta, sabes cómo debes comportarte. Déjate llevar…

Se aleja, pala en mano. Yo me agacho. Siento como el hilo del tanga se clava entre mis nalgas. Le miro en el espejo, pero agacho la mirada. De repente un golpe, duele, pero no mucho.

- ¿Estás bien? ¿Me he pasado?

- No, no. Sigue…

- Hagamos una cosa. Por cada azote, me dices lo que te duele. Del 1 al 10. ¿Vale?

- Vale…

- Tres. – ha subido un poco, siento como pica.

- Cinco. – Ese ya duele algo, pero me gusta.

- Siete. – Duele…

- Seis. – no bajes.

- Cuatro. – dame más fuerte por favor.

- Cinco. – ha cambiado de cachete.

- Seis.

- Seis. – vuelve a cambiar.

- Siete. Dame más fuerte. – le pido.

- Ocho. Más, por favor.

- Nueve. Me gusta mucho. No pares.

- ¡Nueve, más!

- Ocho. ¡Dame más fuerte! ¡Márcame! – grito encolerizada.

- ¡Once, once, once!

Este me ha dolido mucho. No he podido evitar llevar mi mano allí. Esta ardiendo. Yo también. Estoy sudando. Estoy cachonda. Me encanta…

- Lo siento, lo siento mucho.

- No… me gusta… me gusta mucho. – le digo, volviendo a colocarme en pompa.

- ¿Seguro?

- Quiero probar un doce. – le digo.

- Ya lo tienes muy marcado. No quiero hacerte daño.

Me hace erguirme y vuelve a colocarme de perfil. Si que estoy marcada. Tengo varios cuadrados rojos con la forma de la pala en ambos cachetes. En el derecho incluso un poco más oscuro, como morado. ¿Cómo me puede gustar esto? ¿Soy masoquista? Por cómo me noto el tanga, sí, lo soy. Estoy ardiendo. El culo, el coño, toda yo….

- ¿Estás bien?

- Caliente. – contesto sin pensar.

- ¿Te refieres al culo?

- Sí, sí… está… caliente, mi culo…

- ¿Puedo? – me pregunta acercando su mano a mi culito.

- Sí… acabas de azotarlo, claro que puedes tocarlo.

Dulcemente lleva su mano a mi maltratado trasero. Duele, pica, mucho, muchísimo. Pero no me muevo. Me gusta. Esa mezcla de cariño y dolor con esas caricias. Me estoy derritiendo. Y no solo metafóricamente. Mi tanga comienza a calar…

- Ven. Probemos otra cosa. – me dice.

Le sigo embobada. Ni si quiera me subo los pantalones. Recorro el pasillo con pasos de pingüino detrás de él. ¿Qué querrá probar? ¿El dildo? Tal y como estoy seguro que me entra. Y si no que empuje. ¡Qué me reviente! Mañana me cojo la baja médica, pero hoy voy a disfrutar. No sé qué tiene pensado, pero me da igual… Que me haga lo que quiera… ¡Alicia, lo siento, pero tu marido me vuelve loca!

Daniel:

O finge muy bien, o es que le gusta. ¿Por qué iba a fingir? Ha venido porque quiere. Aquí no hay nada más que esto, no hay sentimientos, no es Alicia, no estamos casados. No va a decir que le gusta solo por contentarme. Entonces… ¿le gusta lo que le he hecho? Yo creo que sí. Parece excitada. Me ha dicho que le gusta, me ha pedido más…

Sigue con los pantalones bajados, eso es que quiere más ¿no? Que graciosa andando así. ¡Y que culazo! ¿Quién me iba a decir a mí que acabaría azotando el culo a la mulata? ¿Y ahora qué hago? Ni puta idea. Actúa como él. Que parezca que sabes perfectamente que hacer a continuación. Así ganas tiempo. Me siento en el sofá. Ella se queda de pie. ¿Le dolerá el culo para sentarse? Anda, mira, le voy a decir eso. Voy a humillarla como hace él con Alicia.

- ¿Te duele el culo para sentarte?

- Emmm, no. Bueno… no sé… pensé que debía quedarme de pie. – me dice confusa.

- ¿No será que te quedas de pie, para que siga jugando contigo?

- Puede… – me contesta misteriosa.

- Esa respuesta no me vale. Si quieres que siga, necesito saber que tú quieres. – le digo, haciéndome el serio.

- Sí, sí. Sí quiero…

- Buena chica.

No creo que le importe que le robe su frase. Va… ahora a decidir qué hacer. La mesa está llena de aparatos de tortura y placer. ¿Qué elijo? Podría haber dejado numeritos para saber el orden en que usarlos. Se ha excitado con unos azotes. Eso es que le gusta el dolor. ¿Unas pinzas? Así puedo verle las tetas. No… espera… Esta excitada, o eso creo. El tanguita blanco tiene una mancha… pero vamos a asegurarnos primero.

- Parece que te has puesto cachonda con los azotes. – le digo, señalando su humedad.

Ella se tapa rápidamente, pero luego aparta las manos. Es buena… No me creo que tenga esa experiencia que dice, pero está claro que algo sabe. Tiene la cara tan roja como el culo. Se muere de vergüenza, pero se mantiene firme mientras yo miro su coñito. Se marca bien en ese tanga tan ajustado. Casi puedo olerlo. ¡Se lo digo! Acerco un poco mi cara, sin pasarme y se lo digo.

- Me da en la nariz que tengo razón.

Se muerde el labio. Parece que va a hablar, pero se corta. Sus pezones se marcan clarísimamente en esa camiseta de tirantes. Sus tetas no son tan grandes como las de Alicia, pero casi. Y se notan muy firmes, claro, tan joven… Normal que no lleve sujetador. ¿Se ha vestido así para mí? Y para quien va a ser, aquí no hay nadie más… Esto me gusta…

- ¿No vas a contestar? Si esto no te excita, puedes subirte los pantalones y nos tomamos una cerveza tranquilos, no pasa nada.

- Sí. Sí me excita. Quiero seguir. – me dice por fin.

Vale… pues ya lo sé. Ahora tengo que seguir. Todo está en mis manos. ¿Qué haría él? Yo qué sé… Ese cabrón parece que siempre tiene todo planeado. Parece… Esa es la clave. Nos parece a nosotros, pero yo sé que improvisa. Lo hizo el día de la cafetería. En el restaurante igual. Para Lara es lo mismo. No sabe lo que voy a hacer. Y lo más importante, no sabe que yo tampoco. Pues venga, que parezca que estoy jugando con ella, pero decide algo. Placer… quiero que se ponga muy cachonda. Necesito que se suelte. Está mirando mucho el dildo ese. Pero es enorme. Y no quiero penetrarla aún. Bueno espera… voy a cogerlo.

- Date la vuelta y abre las piernas. – le digo, mientras golpeo mi mano con el dildo como un policía con su porra.

Sus ojos se abren asustados. Lo teme, normal. Tranquila bonita, no te lo voy a meter. Pero eso no lo sabes… Hace lo que le he pedido. ¡Qué culazo! Joder me apetece hasta morderlo. ¡Contrólate! Relajado, como lo hace él.

- Abre más las piernas. – le digo, golpeando sus muslos con el dildo.

Lo hace de inmediato. Es hora de jugar. Comienzo a rozar sus muslos con él. No toco todavía su sexo, que lo desee. Parece que mueve un poco las caderas. Venga, ahora, unos roces en el tanguita mojado. Joder como se le marca la rajita. ¡Eso! Voy a marcárselo más. Empujo el dildo entre sus labios cubiertos por la tela. Voy metiendo cada vez más el tanga blanco entre ellos. ¿Está jadeando? Creo que es el momento, unos roces más. ¡Toma golpecito! Se estremece, pero vuelve a colocarse. Repito, froto su coñito, jadea un poco, golpecito con la barra de goma.

- ¿Qué te gusta más? ¿Qué te frote o que te pegue?

- No… no lo sé… me gusta todo…

Su voz a cambiado, está muy cachonda, eso se nota. Se está poniendo cachonda conmigo. Con lo que yo le estoy haciendo. Solo yo. Sin instrucciones, sin guion. Y yo también lo estoy. Cambiaria el falo de goma por el mío de carne ahora mismo. Pero no. Aun no. Repito un poco más este jueguecito. Jadea y gime con cada golpe. Su culo se ofrece hacia a mí. Está deseando tenerlo dentro. Es el momento de parar.

- Date la vuelta. Quiero verte.

Se gira. Está roja, creo que incluso sudando. Es muy expresiva. ¡Me encanta! Quiero verla desnuda. Puedo hacerlo. Sé que puedo. Solo con decírselo, lo hará. Quizás me equivoque, pero creo que ella también lo desea. Voy a coger el micrófono, a ver si la hago cantar.

Lo pongo en su muslo derecho, lo enciendo, la cabeza comienza a vibrar. ¡Menos mal que este tío trae todos los cacharros con batería! Veo como se estremece según voy subiendo. Rozo su chochito, solo un poco, sigo bajando por su otro muslo. Noto su decepción, lo quiere ahí, en su chirri. Pues todavía no.

Con la vibración muy suave vuelvo a subir por ahí, pero paso rápido a su pubis. Sigo por su vientre. ¡Joder, esta duro como una piedra! Sigo subiendo por esa piel morena que parece tan suave. ¡Quiero tocarla! ¿Por qué no lo hago? Porque sé que puedo. Y quiero que ella lo desee más que yo.

La vibración llega a sus pechos tras la camiseta. Sus pezones se marcan más todavía. Me encantaría llevarlos a mi boca y dejarle dos marcas de saliva en la camiseta. Espera… Con el micrófono dibujando el contorno de su seno, le llevo un dedo a sus labios. Son preciosos… suaves, carnosos… Ella no duda, abre la boca y comienza a chuparlo. Su lengua juega con mi índice, lo relame, está a mil… Se lo quito de la boca, veo una mueca de disgusto. Le mola chupar, pues ya chuparas otra cosa. Llevo el dedo mojado a su pezón, mancho su camiseta, le pongo el micrófono allí. Ella jadea, le gusta… Silencio su placer de nuevo con el dedo. Chupa con más ansias, casi parece que se lo fuese a tragar. Se lo quito, mancho su otra teta, más vibración… Está a mil. Es el momento.

- Quiero verte las tetas.

Como si le fuera la vida en ello se quita la camiseta. Sus dos preciosos limoncitos quedan a mi vista. Jamás había visto unas aureolas tan oscuras. Son pequeñitas, demasiado comparado con sus pezones que parecen que han triplicado su tamaño.

Bajo el micrófono a su entrepierna, directo, sin paradas. Sus ojos se abren, su boca también. Llevo mi mano a su pecho, pero no lo toco, solo tiento con hacerlo. Subo la potencia de la varita vibradora. No puede contenerse y sus manos se apoyan en mi pecho. Rozo su teta con mi mano. Juego con la yema de mis dedos en su aureola. Me muero de ganas por amasarlas, pero quiero que me lo pida. Se muerde el labio y no aguanta más.

- Tócame. Te lo suplico, tócame.

Mi mano encierra su pecho derecho. Un suspiro de placer sale de su boca. Aumento la potencia al máximo mientras voy intercambiando mi mano en sus duros limones. Aprieto, amaso, levanto, juego con sus pezones. Ella comienza a temblar, su pelvis empuja la varita con fuerza, casi parece que estuviera sentada sobre ella. Soporto sus empujes, casi se la estoy clavando, mitad en los labios, mitad en el clítoris. Ni el tanga es impedimento para que llegue las vibraciones allí. Me mira fijamente con la boca abierta. Se le cae hasta la baba, pero esta preciosa, increíble con esos ojazos verdes, esos labios rojos. Se va a correr, me lo dicen sus ojos. Sus gemidos se convierten en gritos, comienza a temblar. Siento algo que me moja la mano del micrófono, quiero ver como escupe su coño, pero no puedo dejar de mirar a su cara. Esta desencajada, roja, con los ojos en blanco. Un fuerte grito me deja claro que ha llegado al culmen. Voy disminuyendo la potencia. Se abraza a mí. Dejo caer el vibrador, tengo que sujetarla. Cae rendida en mis brazos.

Lo he hecho. Ha disfrutado conmigo, sin sexo convencional, solo jugando con ella. Me siento tan pletórico como ella. Dejo que tiemble abrazada a mí, sintiendo sus pechos clavarse en el mío. Acaricio su melena castaña, su espalda, no me acerco al culo, aun le debe doler. Estamos así un par de minutos. Se separa de mí, no levanta la vista del suelo. ¿O será de mi polla? Estoy que reviento los pantalones.

- Gracias… muchas gracias… – dice sin mirarme.

- Lo has hecho muy bien. Estoy muy contento contigo. – le digo, imitándole a él.

Levanta la cabeza y me mira a los ojos por unos segundos. Siento que la tengo, que es mía. Que me pertenece. Es una sensación extraña, como de poder. Noto la devoción con la que me mira. Me separo de ella y me siento en el sillón de una plaza. Ella se queda allí, aun con los pantalones en los tobillos y el tanga como única ropa en su sitio. No necesito pensarlo, se lo que quiero. Por lo que lo digo.

- Quítatelo todo y ven conmigo.

Nerviosa lucha con las zapatillas y el pantalón. El tanga vuela a la otra punta del salón. Qué bonito es su coñito. Tan cerradito, solo una línea fina de vello, le queda genial. ¿Cómo puede tener el chumino tan rosa con lo morena que es? Es toda lujuria… Se pone de rodillas, las manos al suelo, comienza a gatear hasta a mí. Llega hasta mis piernas, como una gata en celo se cuela entre ellas.

- ¿Qué más quiere de mí…? ¿Amo?

Ella empieza a descalzarme, la dejo hacer. Es joven, guapa, sexy… y la tengo desnuda masajeando mis pies. Me desea…

- Lo quiero todo.

- Lo tiene. Soy suya, Amo.

Debo sonreír como un niño el día de reyes. No había sentido esto ni con Alicia. Me siento pletórico. Yo he conseguido esto, por mí solo. Escucho la puerta. Ya vuelven. Entra él, una media sonrisa, casi puedo leer en sus labios un: “lo sabía”. Se asoma Alicia al salón, su cara es un poema, su aspecto también. Mi esposa me está viendo con otra mujer desnuda a mis pies. Debería sentirme mal, pero ni de lejos. Sonrió con más fuerza. Cariño, la niñata que te gusta está a mis pies.

Alicia:

No me lo puedo creer. Pienso en pellizcarme por si es un sueño. O una pesadilla. Esa mulata está en mi sitio. Yo debería estar allí, a los pies de mi marido.

Mi Amo se sienta junto a ellos. Yo me quedo parada sin saber que hacer. Estoy hecha un desastre, llena de babas, semen, orina… no quiero acercarme, no quiero que me vean así. Él saluda a Lara con una caricia en su melena, ella le sonríe. ¿También quieres quitarme a mi Amo? Nadie me mira, parece que soy invisible.

- Tráenos un par de cervezas. – escucho decir a mi marido.

Veo como Lara deja suavemente su pie en el suelo para ir a por ellas. Mis ojos siguen su cuerpo desnudo. ¿Es mejor que el mío? Daniel debe opinar que sí. Me sonríe y guiña un ojo al pasar junto a mí. Intento corresponder la sonrisa, pero no sé si lo consigo. Vuelve con ellas. ¿Qué? Daniel le está explicando cómo debe servirle la cerveza. Lara repite lo mismo que hice yo con el botellín en sus pechos. ¿Por qué? Ella no es tu sumisa… no necesita saber eso… no es tu mujer…

- ¿Podrías ayudar a lavarse a Alicia? Asegúrate de que quede bien limpia. Y tú también deberías ducharte con ella, la cena no tardará en llegar.

¿Por qué mi Amo le pide eso a Lara? ¡Se ducharme sola! ¿Y por qué tiene que ducharse ella también? ¿De qué está sucia? ¿Se habrá corrido Dani en ella? Ya… no soy quién para quejarme después de lo que acaba de pasar en el parque… pero es mi marido… y mi Amo. ¿O no?

- ¡Nos duchamos juntitas, nena! Qué divertido. – me dice, agarrándome por la cintura.

Respira, Alicia, respira. No puedes enfadarte. Tú has permitido esto. Tú te has entregado a otro hombre. Acabas de estar arrodillada ante cuatro pajilleros en medio de la calle. Respira y se consecuente con tus actos…

Me dejo llevar a mi habitación por ella. ¿Cómo sabe dónde está? ¿Cómo sabe que allí hay un baño? Entramos y cierra la puerta. Comienza a quitarme el vestido, yo solo me dejo hacer.

- ¿Qué ha pasado en el parque? – me pregunta con un gesto de asco.

- Mejor no preguntes.

- ¿No te ha gustado?

- Sí, sí… ha sido increíble.

- ¿Entonces esa cara tan seria a que viene?

Mi vestido ya está en el suelo y sonríe al ver que no llevo ropa interior. Sus manos van a mi cuello. ¿Va besarme? ¿Besarme con una mujer? A mi eso no me gusta… bueno… no lo sé… mis labios se entreabren, cierro los ojos. Siento sus manos en mi nuca y su respiración en mi cara. ¿Qué haces? ¿Me vas a besar o no? Siento como se libera la presión de mi cuello. ¡No, no, no! ¡Eso es mío!

- ¡Mi collar! – grito enloquecida.

- Tranquila, nena. ¿No querrás que se moje?

- No… pero… no sé. Lo siento. Me… has pillado por sorpresa.

- ¿Qué te pensabas que iba hacer? ¿Pensabas que te iba a besar? – me dice con una risita.

- No, claro que no.

- Sí… es eso. Por eso has cerrado los ojos.

- ¡Qué no! – digo indignada.

- ¿No quieres que te bese? – me dice con esa carita de niña buena.

- No. No sé… ¿Tú quieres? – pregunto confundida.

- Tengo muchísimas ganas. Pero cuando Daniel lo ordene. Estaría feo que nuestro primer beso sea a escondidas en el baño. Aunque también muy morboso.

- Sí, sí. Si me lo ordena, lo haré. – dije con una sonrisa.

- Pues venga, a la ducha, cerdita sucia. – me dijo dándome un azote en el culo.

En mi cabeza apareció el simbolito de falta de señal. Era como si no consiguiera coger cobertura para entender que me ocurría. ¿Estaba celosa? ¿La odiaba? ¿Me gustaba? ¿Me gustaba una mujer? Por suerte o por desgracia, al darme la vuelta para entrar en la ducha algo llamó su atención, haciéndole olvidar nuestro prohibido intento de beso lésbico.

- ¿Qué es eso? ¿Llevas una cola?

- Sí.

- Pero… ¿está metida en el culo?

- Sí. – contesto con vergüenza.

- ¿Y has ido con eso por la calle?

- Casi todo el tiempo…

- Increíble… me gusta. ¿Sabes si tienen otra para mí?

- ¡No! No creo…

- Vaya… pues habrá que quitarla para lavarte bien.

Sin darme cuenta estoy con las manos apoyadas en la pared de la ducha y sacando el culo para ella. Tengo sentimientos encontrados. Es Lara, esa chica simpática que ha sido mi confidente y ha jugado conmigo toda la semana. Y por otro… es mi competencia. A pesar de ello, obedezco cuando me pide que abra mi culo.

- ¿Es muy grande lo que tienes dentro?

- No mucho. Al menos para mí.

Sumisa pero rebelde. No me entiendo ni yo, pero siento mucho rencor por esa pobre chica. Siento sus dedos cerca del taponado orificio y como empieza a moverlo suavemente. ¿Se piensa que va a rosca? Agradezco la delicadeza después de aquellos tirones, pero sácalo ya. Esos movimientos empiezan a excitarme. Y no quiero. No lo entiendo, pero no quiero excitarme con ella.

- Pues a mí sí me parece grande. – me dice cuando consigue sacarlo.

- Si estuvieras acostumbrada a la polla de Daniel, no te lo parecería.

- ¿Es muy grande? – me pregunta asustada.

- ¿Qué pasa que no la has visto?

- No… aún no.

¡Bien! Una brisa de tranquilidad recorre mi desnudo cuerpo. Si ni siquiera la ha visto, poco han podido hacer. Aunque estaba desnuda y a sus pies cuando he llegado… No tengo ni idea que ha podido hacer Dani para conseguirlo.

- Alicia… necesito decirte algo.

¿Qué? ¿Qué me va a confesar? ¿Qué está enamorada de Daniel? ¿Qué quiere ser su sumisa? ¿Y que espera que le diga? Qué sí, que compartimos a mi marido…

- Nunca lo he hecho por detrás.

¡Ah! Es eso. Pobre. Está asustada. Es muy joven y está con tres desconocidos en una casa. Con tres pervertidos… No puedo ser tan dura. Mientras tiro de la cuerdecita del huevo de mi coño, le digo.

- Normal. Yo no probé el sexo anal hasta los 22. No te preocupes.

- Ya… Es que… Quiero probarlo hoy. Me gustaría que Dani me desvirgase.

¡Qué zorra! ¡Ni de coña! Solo me faltaba que mi marido estrenarse ese culo. Ya le gusta bastante como para que la meta por ahí. Y encima virgen… No puedo competir con eso…

- Deberías esperar a alguien especial.

- Dani es especial… me ha vuelto loca sin tocarme. ¿Te dije que pensaba que era sumiso? Pues fíjate… ahora es mi Amo.

- ¿Cómo que tu Amo?

Abre la ducha y un chorro de agua helada cae sobre mí. Mi grito y sus risas cortan la conversación. El agua fría no consigue bajarme la furia que crece en mi interior. Con sus manos llenas de gel comienza a enjabonar todo mi cuerpo. Sus caricias si me calman, al igual que el agua templada cayendo sobre nosotras.

- Te estoy muy agradecida por dejarme unirme a vosotros. ¿Quién iba a decir que acabaría en casa de la parejita pervertida de la mesa 7?

Quiero contestar, pero no sé qué decir. Me encantaría dejarle claro que esto solo es una aventura pasajera. Qué Daniel no puede ser su Amo, porque es el mío. Pero sus manos recorriendo mi cuerpo me vuelven a sucumbir en ese estado de sumisión y lujuria que me nubla la mente.

- ¿Sabes que aún tengo tus braguitas manchadas de lefa de Dani? ¡Están tiesas! ¡jajaja! Pero a veces me las pongo por la noche… para tocarme con ellas…

Su mano haciendo mucho hincapié en lavarme entre las piernas, no ayuda a no imaginarme a esa mulata tocándose con mis bragas sucias. Siento como entra un poco con sus dedos en mí. Su otra mano va a mi culo y acaba llegando rápidamente a mí, no tan cerrado, agujero trasero. Al menos no tanto como el suyo.

- Deberías lavarme tu a mí también. No tenemos mucho tiempo, la cena va a llegar ya.

- ¿Sabes lo que va a pasar?

- Solo hasta la cena… Luego supongo que pasará lo que quieran nuestros Amos.

¡Qué no es tu Amo! Joder… me cuesta decidirme por un sentimiento. Celos, envidia, furia… Pero por otro lado tengo a esa preciosa mulata en mi ducha, enjabonándome… Yo empiezo a hacer lo mismo con ella. No quiero tocarla más de lo necesario. Pero sentir su cálida piel mojada, sus pezones erectos, su duro culito…

- Se suave ahí, tu marido me ha dado una buena azotaina.

Sin quererlo empiezo a imaginar esa escena. Ella desnuda, su precioso culito moreno en pompa, mi marido golpeando con fuerza… Ese calor que se siente, ese picor, ese sentimiento de estar siendo castigada, humillada, tratada como una niña mala… Su dedo ya casi está dentro de mí. Yo también lo estoy haciendo, estoy buscando su entrada bajo esa cascada que forma mi ducha. Esa zorra me ha encendido. No lo entiendo, no me gustan los coños, pero quiero sentir el interior del suyo.

- Para, para. No podemos hacer esto. No sin que nos den permiso nuestros Amos. – me dice, retirando sus dedos de mí.

Dejo que me aclare el cuerpo, mientras trato de aclarar yo mi mente. Me pone, me pone mucho. Es normal que a Dani también. Debo dejar los celos a un lado. Él me quiere, no va a pasar nada. Si mi marido confía en mí como para cederme a otro hombre, yo tengo que hacer lo mismo.

Limpia y frustrada salgo de la ducha. Me seca con mimo y yo hago lo propio con ella. El morbo y la excitación me hace imposible no comportarme sumisa con ella. Con esa cría que me ha dominado a distancia. Y ahora quiere robarme a mi marido. Según salimos del baño me abraza con fuerza.

- Gracias, muchas gracias. Si no fuera por ti, no me atrevería a hacer esto. Eres la mejor, Alicia. – me dice, terminando con un tierno beso en la mejilla.

- Gracias. – contesto sin saber bien que decir.

- Vístete y ponte guapa, la cena debe estar a punto de llegar. Yo tengo que preparar la mesa. ¡Gracias, gracias, gracias!

Sale de la habitación igual que entró, desnuda. Mientras decido que ponerme, escucho el timbre, ya ha llegado la cena. Me decido por el vestido verde, él más corto y ajustado, de putón, putón. Tanto que no me he atrevido nunca a ponérmelo. Pero tengo que ir a por todas. Tengo que complacer a dos Amos.

Me maquillo rápido, algo ligero, no tengo tiempo. Los tacones más altos, tengo que luchar contra un culazo respingón de 19 años… ¿Qué habrán pedido? Tengo mucha hambre… Me miro en el espejo, estoy muy guapa. ¿Lo suficiente? No lo sé…

Camino hacia el comedor resonando mis tacones al andar. Veo colgada una bolsa de un restaurante japones. ¡Sushi! Mi comida favorita. Este Dani… siempre está en todo. Me asomo por la puerta con una sonrisa que casi duele. Quiero que mis dos Amos me vean feliz, es mi noche, ella solo es un juguete más. Pero cuando entré en el comedor y los vi… Si que era un juguete, el favorito de mi marido por lo visto.

Gracias por llegar hasta aquí.

Como podéis ver, los comentarios y correos que he recibido me han convencido para continuar la historia. Espero que este relato resuelva algunos detalles. Tenía muy claro que no continuaría, por eso la tardanza en publicar. Por ello la importancia de vuestras opiniones, vuestras valoraciones, todo, hasta decir lo que no gusta, es muy importante para un autor. Por favor, no dejéis de hacerlo. Yo no continuaré si no hay interés. Igual que le pasará a la gran mayoría de autores que puedan ver como su esfuerzo no es reconocido.

Muchas gracias a todos los que me escriben, a los nuevos, a los ya asiduos. Y hasta los antiguos seguidores que, simplemente, ni siquiera saben que lo son.

Wilmorgan.

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