En el Cine, en el Club y en la Disco
Alberto siempre supo cómo despertar su deseo oculto. Desde las miradas en el cine hasta la pista de baile, cada paso la acerca más a un placer prohibido que nunca imaginó posible. Esta noche, la frontera entre el miedo y el éxtasis se desvanece.
En el cine
Alberto es muy liberal en lo referente al sexo, desde que nos conocimos, me empezó a llenar la cabeza de cosas sexuales, de las cuales yo entendía algunas porque aun cuando lo conocí a los 22 años, aún era virgen y muy virgen, es decir nunca había besado a ningún chico, es más siempre pensé, incluso ahora, que el sexo debe ser con una única persona que será el hombre de toda tu vida. Cuando finalmente, mi esposo me inició en los placeres del sexo, lo disfrutaba mucho y me gustaba su ímpetu y sus ganas de hacerlo a cada rato, en cualquier sitio, incluso en público, en algún bar o taberna; después que nos casamos, me empezó a insinuar otras alternativas en lo sexual a las cuales yo accedía no con mucho agrado, un poco por complacerlo; por ejemplo me compraba ropa muy sensual e insinuante unas micro tangas y super minifaldas, me la hacía poner y salir a la calle así, casi siempre me decía que no usara sostén porque mis senos no lo necesitaban; yo le seguía la corriente y lo hacía, en el fondo algo de placer encontraba en esto; por lo menos sabía que lo excitaba mucho; también me hacía vestir provocativamente y me decía que fuéramos a cine porno; allí si me daba un poco de miedo pero siempre accedía, una vez me dijo que fuéramos a cine pero que viajáramos en diferentes puestos por si algún pasajero me charlaba y se me insinuaba, así lo hice pero afortunadamente para mí, ningún pasajero se propaso conmigo aunque si recibí miradas muy insinuantes y a veces hasta me decían cosas calientes; al llegar al cine me pedía que le contara todo lo que me dijeron con detalles y le contara si me había gustado, yo le conté lo que me dijeron pero le dije que me había dado miedo y no me gustaba mucho sentirme así sola, que me gustaría pero con él al lado; para compensarme me dijo que en el cine no me dejaría sola, yo llevaba un vestido de una sola pieza ajustado al cuerpo y muy corto, no llevaba ni sostén ni tanga, ni siquiera medias solo unas sandalias que hacían juego con el pequeño vestido, me sentía desnuda por ser de tela muy liviana, aunque en el fondo sabía que me veía muy bien y mi trasero se marcaba claramente, mostrando que estaba desnuda debajo de aquel vestidito; en el cine tanto en la taquilla como a la entrada no me quitaban los ojos de encima, yo miraba de reojo a mi esposo pero él ponía cara de serio y me apretaba la mano fuertemente, sabía que estaba súper excitado y me apretaba más a él; adentro completamente a oscuras caminamos por el pasillo sintiendo muchas personas de pie, creí que estaba lleno, pero no era tal, con alguna luminosidad de la pantalla pude darme cuenta que habían muchas sillas vacías, pero igual había muchos hombres de pie, recorriendo el pasillo y rozándose unos a otros, yo me asusté más y me pegué más a Alberto; le murmure que si nos sentábamos pero me dio un no rotundo, me dijo que era de pie en donde teníamos oportunidad de experimentar algo excitante y fue así que nos paramos hacia la mitad del pasillo, recostados contra una de las paredes laterales de la sala; él se hizo al rincón y me paso el brazo por los hombros y me atrajo hacia él, yo recosté la cabeza en su hombro y me calmé un poco y comencé a ver un poco la película, era de una orgía alrededor de una piscina, varias parejas muy jóvenes tenían sexo de a tres o cuatro, yo me fui excitando un poco al ver como gozaban esa mujeres sintiéndose penetradas por más de un hombre a la vez, aunque sabia claramente que nunca haría algo así. Al poco tiempo siento que un hombre se acercó por detrás de mí, muy cerca y cada vez se acercaba más, yo mire disimuladamente y volteé a ver a mi esposo, él estaba atento a los acercamientos y me apretó el hombro como diciéndome que me tranquilizara, yo me quedé como de piedra cuando sentí que aquel hombre, se me pego contra mi trasero, apenas lo sentí di un pequeño salto y respiré hondo para que mi marido reaccionara, pero el solamente miro por encima mío y acercándose me beso en los labios y me dijo al oído, “tranquila, disfruta y después me cuentas todo”; yo lo miré como diciéndole que no sería capaz de hacerlo, pero más me demore en mirarlo cuando sentí una mano en mis nalgas, me acariciaba suavemente, bien desde arriba hasta abajo en donde terminaba el vestido, volvía a subir apretándome un poco más cada vez; yo temblé un poco de susto y el tipo pensó que era de gusto y se apretó más y su mano me toco todas las nalgas más fuerte y bajo la mano y me acaricio las piernas al desnudo subiendo y encontrando mis nalgas al descubierto, eso debió excitarlo mucho, sentir que tenía allí a una mujer sin ropa interior y dejándose tocar al lado de su marido; yo sentí un poco de terror al saber la situación a la que mi esposo quería llevarme y lo tome de la cintura y me acerque a su oído y le dije que quería irme, él con la otra mano me acaricio suavemente los senos apretándome los pezones, sabiendo que eso me gustaba mucho y me dijo que lo complaciera que ya vería como me gustaría al final y seguía tocándome los senos, tan rico, que casi se me olvida lo que el tipo de atrás me hacía, me había metido la mano bien por debajo del vestido y ahora me lo había subido hasta la cintura, claro que no era difícil por lo pequeño del mismo, y ahora me acariciaba las nalgas con las dos manos con mucho descaro, apretándomelas y metiendo sus dedos por entre la división entre ellas, para que negarlo, algo de placer encontré en esa caricias y por lo que mi esposo me estaba acariciando, pero la verdad era más el miedo que sentía que el placer; sin embargo el tipo llego hasta tocar por abajo mi ano y mi vulva, al sentirla toda depilada me trató de meter un dedo, pero yo apreté tanto las piernas y los muslos impidiéndole que lo metiera; el insistió y alcanzo a meter un poco su dedo en mi ano; yo le dije a mi esposo que no me aguantaba más que me estaban cogiendo y que quería irme; me dijo espera un poco ahora salimos y me empezó a besar para tratar de disminuir mi susto; el tipo al ver mi pasividad me soltó de una mano y con la otra me acaricio toda la espalda y luego adelante hasta alcanzar mis senos y me los apretó con mucha fuerza; luego me apretó contra él y le sentí su pene caliente y duro junto a mis nalgas, se lo había sacado y lo tenía muy erecto, trataba de colocarlo dentro de mis nalgas, yo me moví un poco tratando de esquivarlo, pero entonces me tomo con las dos manos y me retuvo lo suficiente para ponerlo directamente entre la división y restregarlo arriba y abajo, sentí mucho calor y deseo pero me controlé un poco aunque la película no ayudaba mucho, en ese momento precisamente había una chica que estaba en cuatro y recibía un gran pene en su trasero; la chica empezó a gritar de placer, eso me distrajo lo suficiente, tanto que el hombre aprovecho para agacharse un poco y meter casi toda la cabeza de su pene en mi ano, yo di un grito y me lo saque rápidamente y le dije a mi esposo “vayámonos” y tomándolo de la mano nos fuimos.
Alberto estaba que me comía en el trayecto de regreso a casa, me cogía por todas partes y me exigía que le contara todos los detalles, así lo hice y al llegar a casa tuvimos un sesión extraordinaria de sexo como pocas veces; sin embargo me quedo sembrado en mi memoria como ese hombre que nunca vi, me acarició toda y como alcance a sentir su pene en mi orificio anal; en la noche me soñé con el tipo y en el sueño completamos todo lo que habíamos empezado, me desperté en la madrugada toda mojada y excitada, y pensé que finalmente mi esposo tenía razón, en el fondo se encontraba mucho placer en esos momentos pero sabía que yo no era capaz de ir más allá.
Así siguieron las cosas con algunas pequeñas experiencias, cuando bailábamos en alguna taberna, le gustaba levantarme disimuladamente la falda o el vestido para que otros hombres me vieran “lo buena que estaba”, como decía él, una vez me hizo salir muy de noche con solo una blusita casi transparente y una falda súper pequeña y ajustada y que saliera sola y tratara de dejarme abordar por algún extraño; afortunadamente, no pasó nada, aunque él se sintió muy decepcionado igual tuvimos sexo muy bueno esa noche.
Baile en el Club
Poco a poco nos fuimos adentrando en una vida más liberal, cuando hacíamos el amor, Alberto me decía al oído que me imaginara como sería tener otro pene para mí, yo le decía que sí, que me gustaría; porque sabía que era solo una fantasía que aumentaba su excitación; sin embargo en cada sesión de sexo las fantasías eran más frecuentes; él me pedía que le dijera qué haría si estuviese en la cama otro hombre, que le contara que haría, y poco a poco le fui proporcionado detalles de todo lo que me gustaría hacer, como tocar al otro hombre, quizás darle unos besos y hasta tocarle el pene con mis manos; me daba cuenta que cada vez eso excitaba más a Alberto, pero igual yo recibía más placer al contarle como llegaría a dejar que el otro hombre imaginario me tocara por todo el cuerpo y yo me dejaría tocar, pero siempre sin dejarlo terminar.
Alberto empezó a preguntarme si me gustaría hacerlo aunque sea una vez; yo siempre respondía lo mismo, que era solo por aumentar la excitación; pero que nunca llegaría a estar con otro hombre; Alberto empezó a navegar por internet buscando sitios de tríos y encontró varias páginas de clubes swinger; me mostraba cómo en esos lugares se podría ir a ver sin intención de participar, que sería muy caliente ver a otras parejas que tenían sexo y algunas que hacían intercambio, que nosotros podíamos ir y solo a mirar.
Un día después de mucho insistir y prometerme que no haríamos nada; solamente tomar algo, quizás bailar un poco, mirar todo el ambiente y cuando quisiéramos salir pues listo, sin ningún compromiso nos fuimos un sábado en la noche a un club swinger.
Tan pronto llegamos, pagamos el valor del ingreso, nos dieron llaves de casillero y nos preguntaron si era la primera vez; mi esposo les dijo que él ya había venido, pero que yo no, la señorita que nos atendió nos dijo que si queríamos recorrido por todas las instalaciones y aceptamos; nos mostró todo el primer piso en donde había una gran pista de baile rodeada de mesas con sillones y otras con pequeñas sillas, una barra en donde habían algunas parejas tomando y charlando, todos los presentes nos miraron detenidamente, en especial a mí; me sentí roja de la vergüenza, luego entramos a un gran salón que tenía una gran cama cuadrada y alrededor había varios sillones y un gran televisor con películas de sexo, nos mostró el área de baños con varias duchas, sanitarios y lavamanos, nos dijo que eran mixtos; que arriba en el segundo piso había baños para damas y para caballeros por separado; también en este primer piso habían varios cuartos pequeños, nos informó que eran cuartos privados por si queríamos más intimidad; luego fuimos al área del jacuzzi en donde había un apareja y dos hombres conversando muy juntos; también nos miraron, uno de ellos nos invitó a que nos uniéramos que el agua estaba bien caliente, agradecimos y seguimos el recorrido hacia el segundo piso.
Llegamos al sauna, era muy grande con tres salas continuas en las que perfectamente cabían más de 50 personas perfectamente acomodadas, estaba algo oscuras y apenas se veían algunas personas relajadas; en la sala más adentro y más oscura, vimos a una mujer teniendo sexo con dos hombres mientras otros dos miraban y se tocaban sus penes, me quedé asombrada viéndolos, mi esposo me dijo al oído si me gustaba, yo no le respondí, solo le dije vámonos, la chica que nos llevaba se quedó sonriendo levemente; al salir del sauna nos mostró el cuarto oscuro, en donde no se veía nada, nos dijo que allí era el sitio más frecuentado, que se podía hacer de todo, siempre y cuando la mujer así lo quisiera, que igual que en todo el club las damas eran quienes decidían.
Luego nos llevó al turco, solo lo vimos desde la puerta porque estaba muy caliente y no se veía nada por tanto vapor, nos dijo que tenia dos salas, la del fondo era más caliente; había unos baños grandes; también había más cuartos privados, un gran salón de video con varias sillas y sillones; tenía ventanas que daban al sauna y otras a un cuarto privado, tenía una pista de baile mucho más grande que la del primer piso, esta tenía una gran tarima para los shows de media noche; igual había una pequeña cafetería en donde podíamos tomar café; por último nos mostró el tercer piso con un área para fumadores, una sala de video y un cuarto privado más grande, también en este piso había un baño.
Una vez concluido el recorrido, nos llevó al área de vistieres y nos dijo que para ingresar a las zonas húmedas era necesario ir sin ropa, que podíamos usar toallas y chancletas que encontraríamos en nuestro casillero. Mi esposo se desnudó y se puso la toalla alrededor de su cintura, yo lo hice más lentamente y cuidando de no mostrar nada; me dejé la tanga y me puse la toalla que me cubría los senos y apenas mis nalgas, le dije a mi esposo que me buscara una toalla más grande, pero me dijo que todas eran así, que además me veía muy bien, salimos y nos fuimos al segundo piso, nos ubicamos en una de las mesas y en seguida nos atendieron, pedimos una coca cola para Alberto y un agua sin gas para mí. Poco a poco llegaron más parejas y algunos hombres solos que fueron ubicándose en las mesas, alugas parejas empezaron a bailar, mi esposo me sacó a bailar, aunque la música no era de nuestro agrado, nosotros somos más de salsa, merengue y algo de rock, estuvimos bailando sin dejar de mirar a las demás parejas, algunas se besaban tiernamente y otras llenas de mucha pasión, incluso había una pareja mucho más lanzada, la mujer estaba solo en tanga blanco y él le acariciaba y besaba los senos, mientras ella bailaba como si no pasara nada extraño; yo me quedé mirándola y deseando tener la tranquilidad de ella; mi esposo también no quitaba los ojos de esa pareja y me dijo que le parecía muy sexi esa chica, y me preguntó si me gustaba el hombre, yo le dije que sí, que estaba bien; me dijo que si no me gustaría ser ella y que ese hombre me estuviese besando los senos a mí, yo me sobresalté con la pregunta y le dije que como se le ocurría semejante cosas, que yo no sería capaz y menos delante de tosas esas personas.
Descansamos un rato, al poco rato se acercó un señor mayor de unos 55 años delgado y muy alto, me extendió la mano para invitarme a bailar pero mirando a mi esposo, como pidiéndole permiso, mi esposo me miró y asintió, salimos a bailar, el señor fue muy respetuoso, bailaba muy bien, en la primera pieza de baile, no me dirigió la palabra solo me tomó de la cintura y me guiaba por la pista, de vez en cuando me miraba a los ojos, yo me sentía desnuda, bailando con un extraño y mi esposo mirándonos; al terminar la primera canción, me dijo que le encantaría seguir bailando conmigo, yo le dije que bueno y seguimos bailando; en ese momento miré a mi esposo y el sonrió y asintió, como diciéndome que estaba todo bien, entonces el hombre empezó a acercarse más y más, yo sentí que me moría de vergüenza, mire a mi esposo y vi que se paró y se fue a dar vueltas por el club; sentí algo de temor, pero me dejé llevar por la música y sobre todo por el señor que bailaba muy bien, sentí que ponía su pierna dentro de las mías, me apretaba cada vez más y me miraba intensamente, entonces vio mi mirada y empezó a preguntarme cosas, que si veníamos mucho, que si éramos pareja, que cuanto tiempo llevábamos justos, etc.; mientras yo respondía el se acercaba más pretendiendo que no me escuchaba bien; sentí su aliento junto a mi cuello, el se agachaba para estar más cerca de mi boca y me hablaba muy bajo y al oído para que yo también me acercara, cuando me di cuanta estaba con sus manos en mi espalda, muy abajo cerca de mis nalgas y su boca muy cerca de mi cuello, me asusté y me separé de él, me siguió hablando como si no pasara nada, pero sus manos siguieron bajando hasta rozar mis nalgas; yo miraba a todo lados buscando a Alberto, pero no estaba a la vista, sentía muchas cosquillas en mi vagina por el aliento del hombre en mi cuello, es uno de mis puntos débiles.
Luego cambió la música, ahora era merengue y el hombre, cambiando rápidamente de ritmo, me apretó contra su pecho, mis senos quedaron pegados a él, y sentí su pene erecto pegado a mí, yo no sabía como cogerlo y él tomó mis brazos y me los puso alrededor de su cuello y el puso sus manos directamente en mis nalgas y empezó a dar vueltas y vueltas, yo sentí que me excitaba más y más; me dejé llevar y me decía al oído lo bien que bailaba y lo suave que era mi piel, sentía que me estaba calentando peligrosamente, entonces me tomo de mis manos y me dio varias vueltas, en una de esas vueltas la toalla se me soltó y cayó dejándome solo en tanga, el se detuvo a mirarme y lentamente se agachó para tomar mi toalla y levantarla, yo traté de ponérmela rápidamente, pero el apartándola un poco me dijo que siguiera así, que me veía muy bien que mi cuerpo era muy hermoso, yo le quité la toalla y me la enrollé a mi cuerpo, él tratando de ayudarme a anudarla bien para que no se me cayera nuevamente, me tocaba disimuladamente el cuerpo, la espalda y el lateral de los senos.
Seguimos bailando igual de pegados, yo sentí que su pene estaba más grande y duro y me lo pegaba más, mi respiración estaba más acelerada, me tocaba las nalgas y me las apretaba, estaba un poco mareada y de pronto vi que mi esposo estaba nuevamente en nuestra mesa y nos miraba con ojos llenos de lujuria, me vio y me hizo la seña con el dedo pulgar hacia arriba; afortunadamente el disco se acabó, le dije gracias, me separé rápidamente y fui a mi mesa; mi esposo me besó tan pronto me senté, me preguntó al oído si me gustó como me tocaba ese hombre y que le contara todo; yo inicié contándole como poco a poco me fue acariciando; cuando otro hombre, más joven me preguntó si quería bailar, yo miré a mi esposo y el respondió por mí: claro; el joven me tomó fuertemente de la mano y me llevó bien lejos de mi esposo, estaba sonando un vallenato, me tomó de la espalda y cintura y me pegó fuerte contra su cuerpo y empezó a bailar muy sensualmente pegándome su pierna contar mi pubis, la mano que tenía en la cintura la bajó y me tomó fuertemente de las nalgas, tenía manos muy grandes, en un momento se acercó a mi y me besó en el cuello, esto me tomó por sorpresa y me excitó mucho, yo lo miré y el se sonrió, era más bajo que el otro señor, apenas un poco más alto que yo; tendría unos 30 años y un cuerpo más musculoso; me seguía moviendo al compás de sus caderas, me dejaba llevar, de pronto me vi apretándolo contra mi cuerpo para sentirlo más, puse mis manos en su espalda y sentí sus músculos, me acercó más a su rostro y empezó a pasar la lengua por mi cuello, tomó la oreja y la besaba, luego metió la lengua en mi oído, parecía que estábamos solos en la pista, solo me dejaba llevar por ese placer, el se pegó más y pude darme cuenta que su pene estaba completamente erecto, era muy grande, duro y muy caliente, no pude quedarme con la duda y bajé mis ojos a verlo, la toalla que tenía estaba muy tensionada, parecía que quería salir, el tomo mi mano y la llevó hasta su pene a la vez que me decía al oído, quieres sentirla, yo me dejé llevar, sentí su calor, me apretó con su mano la mía alrededor de su pene, apenas lograba cogerlo, era muy grueso y al parecer también largo, empecé a acariciarlo, el retiro su mano y la puso bajo mi toalla sobre mi tanga acarició mi vagina, debió sentir mi humedad.
Siguió besando y chupando mi cuello y mis orejas, me tenía en la gloria, me rosaba suavemente la vagina, recorriendo todo el pubis, tocándome los labios muy suave por encima de la tanga, con el dedo índice me acariciaba el clítoris, yo seguía soltando más flujo; de pronto me volteó, pegó mi espalda contra su pecho y siguió besando mi cuelo y orejas, yo rogaba para que no parara, era tan placentero, metí mi mano bajo su toalla y le agarré el pene, que delicia, era grande, muy grande, grueso y largo, lo acaricié todo de arriba abajo, le tome los testículos y los sentí grandes y pesados, estaba muy excitada, el me metió una mano por dentro de mi tanga y me acaricio toda la vagina hasta tocar por abajo mi ano, me acarició toda, suave y tiernamente, con la otra mano me tocó los senos por debajo de la toalla, sentí que la toalla podría caerse de nuevo pero no me importó, quería que siguiera, estaba totalmente entregada, sabía que sería capaz de hacer lo que él quisiera…
Nunca podré olvidar ese primer baile con otro hombre.
Baile en la Disco
Ese viernes, mi esposo me trajo un vestido rojo, hermoso, de tiras a los hombros, muy corto y me dijo que me llevaría a bailar; mientras me bañaba el alistó lo que me pondría con el vestido, solo una tanga roja muy pequeña y unas zapatillas de tacón alto que casi nunca uso; le pregunté por el sostén y las medias, me dijo que no las necesitaba, que iríamos así. Al salir me sentía semidesnuda, pero del brazo de él, estaba muy segura y un poco excitada; llegamos a una nueva discoteca al norte de la ciudad; nos ubicamos en una mesa cerca de la pista de baile, pedimos unos tragos y en seguida me sacó a bailar; en la pista había varias parejas bailando, yo miraba a todos lados para ver si me miraban por el vestido tan corto que apenas cubría mis nalgas, mis senos sin brasier parecían con vida propia, se movían levemente y marcaban mis pezones a través de la delgada tela; mi esposo no hacía más que besarme en la boca y el cuello, me acariciaba la espalda bajando sus manos hasta rozar el principio de mis nalgas, estaba temblando, asustada, pero muy excitada; a todo momento me decía lo hermosa que me veía y de como muchos hombres me miraban con deseo.
Bailamos varias veces y bebimos muchos tragos, ya me sentía un poco ebria; mi esposo me dijo que iba al baño, por si alguien me sacaba a bailar, le dije que ni loca lo haría, pero besándome profundamente me dijo que lo hiciera que lo disfrutaríamos los dos y se fue hacia el fondo de la disco; no habían pasado ni dos minutos cuando un hombre bajo y calvo me invitó a bailar, yo miré a todos lados como buscando una excusa o esperando que mi esposo volviera y me salvara, pero el hombre insistió y finalmente me decidí a salir a bailar con él; tomándome de una mano, puso la otra en mi cintura y me acercó hacía él para iniciar el baile, me paseaba por toda la pista mientras me sonreía, era como si quisiera lucirme por todo el lugar; se acercó a mi oído y me dijo que me veía estupenda; su aliento en mi cuello me hizo vibrar, él se dio cuenta y sonrió nuevamente; tímidamente le dije: gracias, pero él simulando que no me oyó, acercó su rostro a mi cara para escuchar mejor, cuando me acerqué a su oreja para repetir el gracias, se giró y nuestros labios se rosaron, me quedé congelada, sin despegar los labios nos miramos y la intensidad de su mirada hizo sentir cosquillas en mi entrepierna, rápidamente me separé de sus labios y busqué con la mirada a mi esposo, ya estaba en nuestra mesa sin perder detalle de lo que pasaba.
Al terminar el baile me senté y lo miré temerosa pero el me besó y me dijo que le encantó cuando regresó y nos vio bailando, que cuando nos vio tan cerca charlando se había excitado más; yo le conté que nada más me dijo que me veía estupenda y yo le agradecí; y mirándolo a los ojos le dije que por error, al hablar tan cerca, nuestros labios se rozaron, pero que solo fue un instante, él lejos de molestarse, me preguntó que qué había sentido, que si me gustó, tuve que confirmarle que en efecto me excitó un poco; me dijo que si quería seguir bailando con él, yo le dije que no me disgustaría; no terminé de decírselo cuando tomó su copa y girando hacia la mesa del hombre que me sacó a bailar, lo saludo levantando la copa y haciéndole una seña de invitación, yo me puse roja de vergüenza y le pregunté qué hacía, me dijo, tranquila solo es un juego, ya verás cómo lo pasamos de bien.
En hombre me invitó a bailar nuevamente, me preguntó con quién estaba, le dije que éramos esposos; el me comentó que estaba con dos compañeros de oficina, los cuales estaban muy ocupados con un par de chicas; esta vez me hablaba mucho más cerca, siempre intentando tocar mi cuello con sus labios, eso me ponía más caliente cada vez, bailamos tres piezas seguidas y a cada nueva canción me apretaba más y más; yo miraba a mi esposo y él sonreía y asentía, no sé si a mi o al hombre que me apretaba; llegué a sentir su paquete junto a mi vientre, lo sentí caliente y muy grande, eso me hizo mojarme toda la tanga; al terminar de bailar me acompañó hasta mi mesa y mi esposo le dijo que si nos acompañaba con un trago, él aceptó y se sentó dejándome en medio de los dos, mi esposo le preguntó el nombre y dijo llamarse Antonio, nos presentamos nosotros y le estrechó la mano a Alberto y a mí me dio un beso en la mejilla, muy cerca de la boca y durante más tiempo que el correcto para un saludo; mi esposo puso su mano en mi muslo, me acarició lentamente subiendo la mano hasta donde llegaba el corto vestido, Antonio se dio cuenta y me guiñó un ojo sonriendo, me dio mucha pena y miré a mi esposo como regañando su comportamiento, pero él siguió charlando como si nada; le pregunté a mi esposo si quería bailar pero con la mirada me dijo que no; nuevamente Antonio me sacó a bailar; tan pronto iniciamos, me puso sus dos manos en mi espalda y su pierna en medio de las mías, moviéndola duro contra mi pubis, yo traté de mirar a mi esposo, pero Antonio me daba muchas vueltas mientras más me apretaba, sentí que sus manos bajaban hacia mis nalgas y traté de separarlo, entonces subió sus manos recorriendo la espalda como queriendo comprobar que no traía brasier; sentí su pene contra mi muslo; esta vez lo sentí en toda su extensión, era más largo y grueso que el de Alberto, estaba asustada, caliente y cada vez me mojaba más; al terminar el disco, me llevó a la mesa y cuando me senté dijo que ya volvía que iría al baño, imaginé que quería que mi esposo no le notara la erección; apenas me senté al lado de mi esposo le conté que el tipo quería apretarme mucho y que le había sentido el pene, me preguntó si me gustó, le dije que era muy grande; entonces metió su mano debajo del vestido y tocó mi tanga notándola muy mojada; me dijo que fuera al baño y me quitara la tanga, que quería sentirme sin ropa interior, yo le dije que no, que me daría mucha pena y con ese vestido tan corto, al sentarme alguien podría darse cuenta; tanto insistió que al final acepté y me fui al baño a quitarme la tanga y limpiarme un poco.
Al volver del baño, estaban los dos charlando como viejos amigos, Antonio se levantó para dejarme pasar y quedar otra vez en medio de los dos; tomamos otros tragos y el alcohol ya me hacía bastante efecto, sentía un poco de mareo, pero me sentía relajada y bien excitada; yo sabía que mi esposo era muy lanzado y le gustaba verme calentándome con otro hombre, pero yo tampoco estaba dispuesta a dejarme meter mano de cualquiera.
Ahora si mi esposo me sacó a bailar y para ir hacia la pista teníamos que salir por el lado de Antonio que se paró para darnos paso, bailamos dos canciones, mi esposo en todo momento me tocó las nalgas y la vagina por debajo del vestido, yo miraba a todo lados por si alguien se daba cuenta, pero parecía que cada cual estaba en lo suyo; el que si no nos quitaba los ojos de encima era Antonio, estaba muy interesado en lo que hacíamos, yo le dije a Alberto que Antonio nos estaba mirando, pero a él eso parecía gustarle más y me besaba en el cuello sabiendo como me ponía sus besos; al terminar el baile me dijo que iría a los baños y me dejó ir sola a la mesa, al llegar, Antonio no se levantó, simplemente se movió un poco hacia atrás para que yo pasara por encima de él, yo me quedé quieta porque me sentía incomoda de pasar tan cerca de él, pero el simplemente me tomó de la mano para ayudarme, trate de pasar entre Antonio y la mesa, era muy poco espacio pasé mi primera pierna y al tratar de cruzar la segunda, él estiro sus piernas y casi me caigo, él me tomo de la cintura y prácticamente me sentó encima suyo, quedé inmóvil al sentir como mis nalgas quedaron justo encima de su paquete, lo sentí entre mis piernas, frotándose directamente en mi vagina, me apretó más contra él y una de sus manos acarició mi seno, debió sentir el duro pezón, yo no sabía qué hacer, miré hacia los baños por si mi esposo regresaba, nada; entonces con la otra mano me acarició los muslos, por la parte de adentro, subió su mano y llegó directamente a mi vagina, dio un gran suspiro al sentir que no tenía ropa interior, me dijo al oído, que rica que estás y me beso el cuello con mucha pasión; como pude me escapé de sus manos y me senté al lado, me aparté para no tenerlo cerca.
Llegó mi esposo del baño, Antonio se levantó para dejarlo pasar, me miró para que yo también me levantara y quedáramos otra vez uno a cada lado mío; yo no quise levantarme y le señalé a mi esposo para que se sentara entre nosotros dos, entonces Antonio me tomó de la mano y me sacó a bailar para que mi esposo se sentara al rincón; tan pronto empezamos a bailar, Antonio me puso una mano sobre las nalgas mientras que con la otra me apretaba de la espalda para que le pegara mis sesos a su pecho; yo estaba muy angustiada, mirada a mi esposo, pero él parecía muy complacido con lo que pasaba, le dije a Antonio que me dejara respirar que no me apretara tanto, que mi esposo se enojaría, entonces me dijo, que tranquila, que él se dio cuenta que a mi esposo le gustaba exhibirme y que le gustaba verme así con otro, esto me asustó más todavía, no sé si ellos habían hablado algo de esto; él siguió tocándome las nalgas por debajo del vestido, y su otra mano empezó a moverla hacia el costado, tratando de tocarme un seno, yo no hacía nada; pensando que era lo que quería mi esposo, que era lo que quería Antonio, y sobre todo que era lo que yo quería; hasta ese momento estaba muy desconcertada por lo que estaba sintiendo, por un lado me gustaba las caricias que Antonio me hacía, pero por el otro me sentía usada, temerosa y muy sucia, dejándome tocar por un hombre en frente de mi esposo; mientras pensaba en todo esto, Antonio me apretaba el seno y pellizcaba mi pezón que ahora estaba más duro y grande; entonces me separé bruscamente y le dije que iría al baño.
En el baño me limpié la vagina, estaba muy mojada, me arregle el vestido porque Antonio me lo dejó todo corrido, me vi los pezones que estaban muy marcados, me peiné y salí dispuesta a decirle a mi esposo que nos fuéramos a casa; al llegar a la mesa estaban charlando y riendo nuevamente; tan pronto me vieron, Antonio se sentó muy cerca del espaldar para darme paso sin levantarme, ya sabía sus intenciones, pero esta vez estaba mi esposo al lado por lo que no le vi inconvenientes; pasé una pierna por encima de sus pies y otra vez él estiro sus piernas impidiendo que pasara mi segunda pierna, sus piernas quedaron entre las mías; se acercó más hacia mí y sentí algo caliente y duro pegado a mis muslos bien arriba, quedé de piedra, era su pene entre mis piernas, se lo había sacado y me lo estaba acercando, temblé de pies a cabeza, miré a mi esposo y tenía una mirada llena de lujuria, me envió un beso a distancia y me guiño el ojo; yo no sabía qué hacer, traté de levantar mi pierna para pasar y sentarme, pero Antonio me tomó de la cintura, me bajó y sentó sobre su regazo, pensé que me iba a penetrar con su erecto pene pero solo lo dejó desplazarse por fuera de mi vagina, lo sentí recorrer mis labios vaginales por fuera, de arriba abajo una y otra vez, estaba tan caliente, tan duro, tan grande, empecé a moverme sin control encima de ese hombre que apenas conocía, su pene estaba excitándome mucho, volteé a ver a mi esposo que me observaba con una mirada de loco, sabía que estaba muy excitado; y en un arranque de pasión y locura me levante un poco y dejé ir todo ese rico pene hasta el fondo de mi vagina, lo sentí hasta el útero, me derramé en un intenso orgasmo solo de sentirlo adentro, mis jugos mojaron a Antonio que se quedó quieto mientras disfrutaba de mis contracciones, mis piernas temblaban pero más aún mi vagina, mi ano, todo mi cuerpo temblaba, nunca había sentido un orgasmo tan intenso, no quería que terminara nunca…Mirando a mi esposo le dije, llevémoslo a la casa.
Alberto me haló hacia él y terminé sentada en medio de los dos, pero inclinada sobre el regazo de mi esposo, besándonos con una pasión desenfrenada, me comía los labios, los apretaba entre sus dientes, su lengua me penetraba buscando llegar al fondo; estaba tan excitado como yo o quizás más; mientras seguía besándome, sentí que Antonio me acariciaba las nalgas suavemente, recorría su mano desde la cintura hasta mis muslos sin dejar de apretar, me abría para tratar de llegar hasta mi ano, yo simplemente le dejaba hacer lo que quisiera, estaba dispuesta a dejarme llevar hasta donde quisiera, después de muchas caricias, mientras mi esposo me seguía besando y me acariciaba los senos por debajo del vestido, Antonio llegó a mi ano, rozaba un dedo alrededor, como queriendo excitarlo más de lo que estaba, presionaba solo un poco, sin intentar entrar, solo giraba y giraba ese dedo alrededor del ano, presionó un poco más y sentí que me llegaba otro orgasmo cuando su primera falange entró.
Alberto apartó su rostro del mío cuando sintió que estaba temblando por el orgasmo; me besó en la frente, en las mejillas, en los labios, orejas y cuello, me dijo al oído: cuanto te amo y que excitado me tienes; yo quise recompensarlo por todo el placer que me hizo sentir con esa invitación y tomé su pene por encima del pantalón; lo apreté y mirándolo a los ojos llevé la mano para tratar de bajar la cremallera de su pantalón y extraerlo, pero él me detuvo, y me dijo, no podemos ir a casa; ¿A dónde vamos?...
Yo volteé a ver a Antonio que seguía masajeándome el ano con el dedo y tenía aún su pene afuera, me quedé viéndolo tan grande tan duro y mojado, quería llevarlo a la boca, pero más quería darle placer a mi esposo, le pregunté si tenía un lugar a donde ir; simplemente se guardó con mucho trabajo, su pene, y le dijo a Alberto que si queríamos podíamos ir al hotel en donde se quedaba con sus compañeros de oficina, ya que estaba en la cuidad de viaje de negocios; mi esposo me interrogó con la mirada; yo solo le dije: lo que tu quieras; y entonces nos levantamos y fuimos directamente a la caja a pagar la consumición y salimos; Antonio pidió un taxi y al llegar abrió la puerta de atrás, me invitó a pasar y le dijo a Alberto que se hiciera adelante.
Durante el trayecto, Antonio no paraba de besarme y acariciarme los senos mientras mi esposo, volteándose un poco no perdía detalle; supongo que el conductor también debería estar observando todo; llegamos al hotel y entramos directamente al ascensor en donde nuevamente Antonio me apretó fuertemente mientras me besaba y acariciaba mis nalgas; yo estaba como ida, solo me importaba disfrutar de esos momentos llenos de sensaciones nuevas y muy placenteras, me subió el vestido hasta la cintura dejando todo mi trasero al descubierto, yo me movía arriba y abajo tratando de pegarme más y sentir su duro pene en mi vagina, estaba mojadísima, quería que me penetrara allí mismo.
Al fin después de muchos besos y caricias llegamos al piso y al cuarto; mientras Antonio se despojaba de la chaqueta y se dirigió al minibar a servir algo de beber, Alberto me miró con tanto amor y deseo que me abalancé a besarlo y tocarle su miembro que empujaba su pantalón; me dijo: vamos a enfriarnos un poco, la noche es larga; yo lo miré profundamente y le dije: Te quiero dentro de mi ya; pero él tenía otros planes, me quería más excitada aún.
Me llevó de la cintura y nos sentamos en un sofá; Antonio nos trajo dos bebidas que apuramos sedientos, nos puso otra a daca uno y se sirvió un vaso para él; luego se sentó frente a nosotros como esperando alguna señal para continuar lo que habíamos iniciado en la disco; Alberto le dijo que porque no ponía algo de música, que le gustaría vernos bailar ahora en privado; rápidamente Antonio puso música suave para bailar muy pegados y me sacó a bailar, sin pedirle permiso a mi esposo, eso ya sobraba; me acercó a su cuerpo y me apretó suavemente de la cintura, ahora parecía un poco tímido; yo me abracé a su cuello y acercando mi boca le besé el cuello, suavemente, como invitándole a que hiciera lo mismo, no quería ver a mi esposo, quería que él me viera como tantas veces había querido verme; Antonio se sintió más seguro y me besó la boca, me metió la lengua bien adentro y bajó sus manos para apoderarse de mis nalgas, subía y bajaba las manos arrastrando el vestido con sus movimientos, mi trasero quedaba totalmente desnudo a la vista de mi esposo; era algo tan morboso, me sentía diluir entre mis piernas.
Mi esposo se levantó y se puso detrás, me acarició la espalda y bajando las manos, encontrándose con las manos de Antonio que no dejaba de apretarme las nalgas, siguió hasta acariciarme los muslos y luego llevar su mano hacia adelante hasta llegar a mi mojada vulva, hurgó en ella, metió sus dedos, encontró el clítoris y me hizo estallar en un nuevo orgasmo; creo que llevaba mucho tiempo en no sentir tantos orgasmos en un mismo día; me di la vuelta para besar a mi esposo, Antonio me soltó suavemente como queriéndome indicar que no quería dejarme, pero mi esposo estaba primero; Alberto me besó con mucha ternura mientras me deslizaba los tirantes del vestido sobre los hombros para dejarlo caer, lo hicimos a un lado y quedé totalmente desnuda en los brazos de mi esposo mientras otro hombre nos observaba.
Mi esposo me acarició los senos con fuerza, apretaba los pezones, los estiraba sin dejar de mirarme, yo estaba enloquecida y excitada a más no poder, sentí que Antonio se acercó por detrás y se me pegó; lo sentí desnudo, sentí su pecho fuerte pegado a mi espalda, pero su fuego se me pegó a través de su duro pene en mis nalgas, abrí los ojos mirando a mi esposo buscando una señal; él solo me tomó de los hombros y me volteó entregándome a ese hombre que nos estaba dando tanto placer.
Lo miré de arriba abajo, tenía un buen cuerpo, grueso, bien cuidado; pero su pene era imponente, atraía con furia mi mirada, lo tomé en mis mano mientras iba acercándome, lo acomodé entre mis piernas y me pegué a Antonio para besarlo con ardor, su pene, grande, duro y muy caliente se frotaba contra mis labios vaginales, me sentía derretir por la cantidad de flujo que manaba de mi ser; él me besó con pasión, me metió la lengua hasta la garganta y sus manos fueron a mis senos para abarcarlos completamente, me apretaba los pezones simultáneamente, su pene lo mantenía quieto entre mis piernas, yo seguía moviéndome atrás y adelante, era un pene muy largo y gordo, sentía que me acariciaba toda la vulva y el ano, seguro que mi esposo vería la punta del pene salir por atrás.
Antonio, estaba temblando, con mucho pesar me separó y me llevó a la cama, yo me dejé llevar, me olvidé de Alberto, me entregué por completo a sus deseos, me acostó atravesada en la cama, abrió mis piernas e inclinándose entre ellas me besó los muslos, me besó todos los muslos sin dejar alguna parte sin besarla, parecía no tener prisa en llegar a donde quería sentirlo, bajó tan despacio que sentí que me llegaba otro orgasmo, suspiré alto, le dije que ya, que me besara allí, el no pareció escucharme, seguía martirizándome, cuando finalmente llego a mis labios, estos lo recibieron abriéndose involuntariamente, me entregué de lleno a esa caricia, era un experto con su lengua, recorrió cada rincón, trató de penetrarme solo para darme más placer, y finalmente se entregó a mi clítoris, lo rodeaba y lo apretaba suavemente entre sus dientes, me chupaba, me mordía, le pasaba la lengua suave y duro, lo soplaba, lo halaba y me hizo llegar tan explosivamente, que no pude dejar de gritar, mi boca abierta para dejar salir ese gran orgasmo que me inundaba todo mi ser, mis piernas empezaron a temblar, mis senos parecían que se endurecieron tanto que me dolían, sentí que mi ano vibraba y mis flujos salieron disparados estrellándose en su rostro, nunca había sentido algo así; estaba flotando….y hasta hora solo era el comienzo.
No se cuanto duré temblando con los ojos cerrados y las piernas abiertas, fue increíble, poco a poco fui recobrando la conciencia, en donde estaba, con quién estaba; mi esposo,…; ¿mi esposo?; abrí los ojos y lo busqué, estaba de pie, al lado de la cama, viéndome con los ojos entrecerrados, sonriendo, tocándose el pene que se había sacado del pantalón, lo vi más grande, mas duro que nunca, me levanté a tocarlo, quería comérmelo, quería con mi boca decirle a su pene lo mucho que lo necesitaba, lo mucho que acababa de disfrutar y lo mucho que quería que él también gozara; lo besé, lo lamí, lo apreté con mis manos; y finalmente lo metí en mi boca, quería que lo empujara, que me ahogara, pero mi esposo se quedó quieto, levante la mirada y vi que estaba a punto de correrse, no dejé que lo sacara, lo aprete de las nalgas para que me inundara con su esencia y descargó todo el placer que tenía concentrado en ese fuego que recorría mi garganta y me calmaba; era exactamente lo que quería, que mi amado esposo se regara en mí, que me inundara con su deseo que me inflara de gusto; lo disfruté sin quitarle la mirada; su respiración se fue calmando a medida que su pene aflojaba un poco la presión en mi boca aunque no perdía su erección; lo sacó poco a poco, como queriendo sentir toda mi boca a su alrededor, al salir le besé el glande con dulzura.
Mi esposo me acostó nuevamente en la cama, esta vez a lo largo y él se acostó conmigo, nos abrazamos y nos besamos plácidamente volviendo a retomar ese impulso vertiginoso que nos llevaría a más placer; sentí que Antonio se acostaba a mi espalda, luego sentí su duro pene contra mis nalgas, me pegué para sentirlo más cerca, me tomó de la cintura y me halo hacia él para poner su pene entre mis nalgas, quería llegar a rozarme el ano, entendí sus intenciones y volteé a mirarlo, nos besamos mientras mi esposo me besaba los senos y acariciaba la vulva, me estaba dejando arrastrar a una caída de éxtasis impresionante, sentí que esos dos hombres, mi esposo, mi amado esposo y ese extraño me volverían loca de placer y me abandoné; me subí en mi esposo, su pene estaba cerca de mi vagina, no hacia falta direccionarlo, solo encontró el camino muy listo, muy mojado, me penetró, suave y permanente, sintiendo cada pedazo de mí, lo sentí más duro que nunca, me llegó hasta más adentro de lo que alguna vez haya llegado, me empecé a mover con frenesí, él me apretó los pezones, estaban tan duros, y comenzó a moverse hacia arriba, tratando de llegar más al fondo, sentía como sus testículos llegaban a tocar mis nalgas.
Antonio no se quedó quieto, se puso detrás y empezó a besarme el cuello mientras me acariciaba las nalgas, sentir su respiración en mis oídos, su boca en mi cuello, su pecho en mi espalda y sus manos en mis nalgas me encendían más y más; mi esposo me tomó del cuello e hizo que bajara mi pecho para besarlo, sentí que perdía algo de profundidad su pene, pero el rozamiento hacia el clítoris aumentaba, nos besamos con hambre; Antonio me penetró con un dedo por el ano, me sentí muy bien, relajada, lista para lo que fuera; luego metió otro y empezó a meterlos y sacarlos despacio, luego los giraba, me dilataba bien, los sacaba y los metía cada vez más rápido, luego, muy de prisa, los saco y metió tres o cuatro, no sé, pero me gustó mucho, sentí que me abría mucho, sentí que llegaba otro orgasmo, mi esposo me apretaba más aún sin dejar de besarme, él sabia lo que seguía y yo también; aunque nunca esperaba lo que sentí, me sacó los dedos y penetró todo su glande en mi dilatado ano….No sé como describirlo, fue absolutamente angustiante, doloroso y muy pero muy placentero, fue sublime, casi me desmayo del gusto, me sentí totalmente llena y aún no había metido todo el pene.
Poco a poco lo dejó entrar en mí, me tomó de los hombros y sentí como me inundaba de pene todo mi trasero, es la sensación más placentera que he vivido hasta ese momento, me dejé caer desfallecida sobre mi esposo que me besaba todo el rostro mientras disfrutaba de un orgasmo más; tantas veces mi esposo me había sugerido que quería que experimentara una doble penetración y tantas veces yo le decía que estaba loco, que nunca lo haría; y allí estaba, con dos penes dentro de mí, gozando como nunca y dispuesta a volverlo a vivir; gracias amado mío, gracias.
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