Suso e Irene. La guarra
Suso creía conocer a su esposa, pero el rellano del edificio guarda secretos que él no estaba dispuesto a ignorar. Cuando la ve con otro hombre, la curiosidad se transforma en una furia posesiva que solo se sacia entre sábanas sudadas y confesiones forzadas.
Vengo a contaros algo que me ha pasado con Irene recientemente. Hace tiempo que no escribo por falta de tiempo, pero si, sigo con ella a pesar de todo. Lo contaré todo cuando pueda e incluso puede que reescriba algunos relatos para que se entienda todo mejor.
Perdón por las faltas y las incongruencias que pueda haber ha pasado y he escrito todo muy rápido. Empiezo.
Ella tiene la misma cara angelical del principio con sus profundos ojos verdes y sus labios perfectos y perfilados. Eso es lo que mantiene exacto de cuando la conocí. Su culo redondo y grande sigue siéndolo pero ahora mucho más, cualquier pantalón corto o braga se le convierte en tanga, ya sabéis de que hablo. En general todo su cuerpo tiene la misma forma curvilínea y muy sensual pero con 15 kilos más que hace 15 años, no llega a estar gorda pero ya esta rellenita digamos. Fuimos padres hace casi dos años y estamos inmersos en una rutina de trabajo y cuidar del bebe que nos tiene bastante agotados física y mentalmente sobretodo Irene, se la ve muy frustrada desde hace tiempo. La rutina desde que el crío se duerme es recoger toda la casa corriendo y hacer la comida para el día siguiente día tras día dos horas que tampoco nos da para relajarnos y hacer algo de vida en pareja.
Hace unas cuantas noches ya mientras yo recogía el salón Irene cogió las llaves y salió a tirar la basura. Cargada con dos bolsas la vi salir en un pijama corto de algodón beige que por muy grande que fuera era incapaz de disimular tremendo culo gordo, marcaba sus bragas que se le metían entre las nalgas como si fueran un tanga y su camiseta sucia y sudada de limpiar la casa también marcaban sus tetas medianas y algo caídas que bailaban sin sujetador a cada paso, cómo me sigue poniendo esa mujer dios.
Enseguida me di cuenta que le faltó una bolsa que llevarse, pero claro no podía salir al estar durmiendo la criatura por si despertaba, así que me asomé a la puerta con la bolsa y desde allí podía ver la salida del ascensor hacia el portal del edificio.
La vi salir, parecía hablar con algún vecino que iba en el ascensor, así que espere a que terminara para llamarla.
Ella parecía querer avanzar pero a la vez reía bastante y la veía coquetear pero con aquella ropa y el pelo con una cola desecha nunca pensaría nada malo. Tanto siguió el coqueteo y la charla que poco a poco se acercaba más al ascensor y no a la puerta de la calle, aunque negara con la cabeza cuando hablaba su sonrisa era de lo más reveladora.
Irene finalmente regresó hasta una pared a un metro escaso frente al ascensor y soltó las dos bolsas que llevaba al suelo, se apoyó para seguir hablando una era de pañales así que no se cómo podían ignorar ese olor pensé. El hombre salió del ascensor pero solo lo veía de espaldas y a Irene de frente, él iba todo de negro vaquero negro y camisa de cuello alto negra muy elegante, ella parecía una sin techo a su lado, cosas de ser mamá.
Los dos bajaron la voz como si no quisieran ya oídos indiscretos. Irene se dio la vuelta por fin para agarrar sus bolsas de basura pero aquel hombre la agarró de las caderas y pegó su polla al culo de mi novia sin decir nada, tiró con fuerza de ella para sentir bien sus grandes nalgas sobre su vaquero negro, además de hacer movimientos circulares. Irene dejó caer las bolsas y apoyó sus manos en la pared dejando su culo hacía atrás y dejando que aquel hombre se lo disfrutara. No puedo decir que no pudiera creerlo pero tampoco era capaz de gritar para no alertar a todo el edificio.
Ese cabronazo cogió con una mano su pantalón y bragas con una mano y tiro fuertemente hacia arriba metiéndoselo por toda su raja del culo y dejando todo de tanga, el culo de mi novia inclinado estaba todo al descubierto para él, le dio una fuerte palmada y un gran apretón con una sola mano intentando agarrar la mayor cantidad de carne posible. Él sacó su móvil del bolsillo para hacerle fotos. Irene se giro y se lo negó varias veces aunque el intentaba girarla o sacarle algo de ropa. Al final Irene miró a ambos lados para vigilar si venía alguien pero a esas altas horas pocos vecinos paseaban por ahí. Se levantó su camiseta sucia y la agarró con la boca para mostrarle sus tetas, con su mano derecha se manoseaba las tetas y las enseñaba a cámara mientras con la izquierda se masturbaba bajo su pantalón.
Suficiente, demasiado había aguantado, entré en la casa, encendí el vigila bebes que podía conectar al móvil, cogí las llaves y salí corriendo. Nuestra historia es compleja y había aguantado cosas así pero eso era prácticamente en mi casa y no podía aguantarme más.
Llamé al ascensor que tardaba demasiado y tenía que parar aquello, así que bajé corriendo las escaleras pero debieron escuchar a alguien bajar como loco y cuando llegué vi como Irene entró casi volando al ascensor cogida por la cintura. ¿Quién era ese?
Seguí corriendo hacia la puerta del ascensor y antes de llegar pude alcanzar a escuchar a ese tipo.
- Eso ahora no guarra, no tenemos mucho tiempo.
Cuando llegué ya la puerta se cerraba pero pude ver cómo Irene se inclinaba y apartaba su pantalón y bragas para ser follada desde atrás.
Recobré el aliento mientras me daba cuenta que el ascensor bajaba hacia los garajes. Antes de empezar a correr entró un señor que me dijo que se me olvidaban las bolsas.
- No son mías, estoy descansando un poco que venía corriendo.
- Que guarra es la gente. Me replicó.
- No lo sabe usted bien, señor. Dije mientras me iba hacia las escaleras.
Al bajar rápidamente ubique las risas y los pasos en un extremo del garaje. Corrí llamándola como si solo la estuviera buscando sin saber nada. De repente oí una puerta cerrarse de golpe, parecía la que va al rellano del otro ascensor pero cuando llegue no había nadie y el ascensor estaba muy lejos como para que hubieran escapado por ahí.
Miré a mí alrededor buscando como un loco donde podían estar y salí de nuevo a los garajes para revisar el resto de puertas, solo había pequeñas puertas de los trasteros y por fin vi la puerta de la salida de emergencias que daba a una escalera que conectaba con la calle, no tardé más de un minuto en encontrarlos pero a mí me pareció una hora. Corrí desesperado.
Esas puertas tienen un pulsador rojo de doble acción y con las prisas solo lo presione una vez e intenté abrir corriendo. La ostia retumbó en todo el garaje. Cuando me levanté y abrí solo puse ver cómo escapaba por la puerta que subía a la calle e Irene de espaldas a mi con toda su braga y pantalón mal puestos. Iba a decirle algo pero la alarma de mi móvil sonó, era el sensor de movimiento del vigila bebes, así que cerré tranquilamente antes que ella se diera la vuelta y me mirara a la cara. Subí a casa, el pequeño era mucho mas importante.
Llegó dos minutos después de llegar yo, falsa alarma seguía dormido y tranquilo, así que me podía volver a centrar en mi novia y la esperé en el pasillo de la entrada.
- Cierra la puerta Irene, ¿Sabes que?.
Hice una breve pausa. -un vecino me ha dicho que eres una guarra. Traía unas pintas peores con las que se fue con el pantalón todo descolocado aunque se había vuelto a hacer la cola del pelo y este si estaba más presentable.
- ¿Alguien ha visto algo? Se alarmó.
- ¿Y esa preocupación? ¿Que piensas que han visto? Le respondí con ironía.
- Ya lo sabes, no seas imbécil. Si no no me hubieras seguido como loco.
- No se de qué hablas. Seguí con el juego pero con evidente enfado.
- Venga ya Suso, joder quién me ha visto y que vieron.
- Pues tus bolsas de basura tiradas en el rellano del portal, razón no le faltaba a ese hombre. ¡ Menuda guarra!
- Baja la voz anda.
- ¿Que baje la voz? Dije bajando la voz. – Él no pero yo si he visto como dabas el culo para que te lo sobaran y como enseñabas las tetas a un fulano.
Miro al suelo sin decir nada.
- ¿Quién era? ¿Qué más habéis hecho?
- Nada, no hicimos nada más. Me respondió apresurada como si fuera un atenuante de su falta de respeto.
- Tienes la camisa mojada como de restos de saliva por aquí, señalé sus tetas. - Pareces una puerca.
- Solo es sudor Suso, no hicimos nada solo lo que viste en el rellano.
- No me vaciles eh. Le dije lleno de rabia pero sin levantar la voz.
Levanté su camiseta y se la puse en la boca como hizo ella antes. La presione contra la pared y olfateé sus tetas como un perro.
- Aquí no solo huele a sudor pedazo de guarra, aquí huele a saliva. ¿Te devoró las tetas?
- Si. Dijo suavemente, como se diría corta y al pie.
- Mete tú mano en el pantalón y tócate como hiciste para él. Le ordené y obedeció sin pena. - Saca tú mano y enséñamela.
Siguió tocándose y tardo unos segundos para aprovechar el placer antes de enseñarme sus dedos mojados.
- No pienso oler ¿Cuánto hace que no te duchas?
- Dos días enteros, sabes que no he tenido tiempo y estamos agotados.
- Lo sé, le dije - pero yo no voy follando por ahí.
- Ni yo. Dijo Irene rápidamente.
- No seas mentirosa y demuéstralo.
La llevé al sofá y la empuje para que apoyara los brazos y levantará el culo. Bajé todo para ver su culo desnudo y me hirvió la sangre al ver las rojeces que había por todas sus nalgas, ahí le habían dado duro seguro.
Se dió la vuelta y se sentó en el brazo del sofá. -No me ha follado, como quieres que te lo diga.
La miré a los ojos verdes y me ardía la boca por besarla. Pero no era suficiente en ese momento. La empuje para que cayera al sofá de espaldas y la agarre por los pantalones que le quedaron por los tobillos y levanté sus piernas a 90 grados.
- El culo lo tienes intacto. le dije mirando su ano completamente cerrado. -el coño parece que tampoco lo tienes hinchado. La miraba como cuando miro las etiquetas de ingredientes en el super, buscando algo que no me cuadrara.
- Que no me ha follado Suso joder.
Empuje más las piernas a su cabeza probando su flexibilidad hasta que su cabeza quedo entre ellas y su coño miraba hacia arriba mojado. Saqué mi polla con una mano y se la metí de una vez. Me coloqué sus piernas en mis hombros y empecé a follarla duro y lo más profundo que llegaba, cada vez le daba más fuerte y aunque a veces ella se quejaba de dolor, me pedía que siguiera y jadeaba de placer. Justo cuando la veía disfrutar más le saqué la verga y miré su coño de nuevo.
- Cierto, así de hinchado y empapado se te ve cuando te meten una buena polla.
- Sigue Suso, dame más.
- Ponte a cuatro patas puta.
Se giró y colocó dejando su enorme culo redondo para mí, era como que te sirvieran en una mesa un banquete con todo lo que te gusta para comer.
- ¿Por qué traías el culo rojo?
- No lo sé…
- Si lo sabes. No la dejé explicarse y se la metí en su coñito mientras rebotaba fuertemente con sus nalgas. -¿No sería por algo así?
- No, te juro que no, más suave que me duele cabrón. Dijo algo dolorida.
Intenté que no le entrara tanto pero si golpearla en las nalgas y que sonará sus carnes con cada embestida igual de fuerte y rápido. Jadeaba como una loca a punto de correrse.
- No pares, no pares, no pares. Decía entre jadeos. Y paré, por joderla y porque estaba a punto de Correrme yo. Ese culo es todo el banquete que deseo en mi vida.
- Dime porque traías las nalgas rojas. Insistí girándola y acercándome a su cara.
- En el ascensor… me incliné y me azotó y apretó las nalgas hasta llegar al garaje. Dijo con una media sonrisa. Entonces recordé como le escuché decir al tipo que en aquel momento no, se refería a que no la follaría allí en el ascensor.
- Eres una puta, te lo querías follar.
- Claro que sí, mi vida se ha vuelto muy aburrida mi amor.
- Antes sin hijos eras igual de puta, no pongas excusas. Le dije riéndome.
La besé desesperado comiéndole toda su boca, hacia rato que me moría de ganas por hacerlo.
- ¿Te besaste con él?
- Si claro que sí, me sonrió traviesa.
- ¡Zorra! Que asco me das. Me limpié la boca y abrí sus muslazos para seguir follandola.
La tenía rendida y gozando, después de tantos años sabía perfectamente donde apretar y como debía meterle la polla para que se corriera de gusto. Pero en vez de callarse y disfrutar tuvo que estropearlo, le había hecho mucha gracia mi rechazo a besarla por haberse dejado besar por ese tipo y no pudo resistirse a joderme.
- No te he mentido Suso, porque yo no lo considero follar pero… Puso una cara de tremenda satisfacción y maldad.
- ¿Qué? Dije parando de follarla pero con mi polla dentro.
- Pues en ese escaso medio minuto que estaríamos escondidos antes que llegaras, le dio tiempo a comerme las tetas como bien has descubierto al entrar en casa pero también me bajo el pantalón y metió su polla en mi coñito. Fue un visto y no visto solo le dio tiempo a meter y sacar pero si que me metió su polla.
Salté hacía atrás y me quedé dando vueltas al salón cabreado.
- Eres una guarra Irene dios. Me llevaba las manos a la cabeza y si la miraba la veía sonreírse de verme así y a la vez abriendo su coño para mí con intención de que siguiera follandola.
- No ha sido nada casi ni la sentí, aunque si un poquito jijiji.
- Ponte a cuatro patas, te voy a follar como más me gusta y me voy a correr sin tenerte en cuenta si no llegas tú, te jodes por puta, ven aquí.
Irene obedeció y meneó sus nalgas como una perrita feliz, todo aquello le estaba encantando.
- Toma mi culito, pero no me des muy profundo que me duele ten más cuidado está vez.
- ¿Le dijiste lo mismo a él?
- El no tenía tu pollón cariño.
- Entonces el podía follarte como quisiera ¿No? Por cierto, dime quién era ¡Ya!
- No te lo diré.
Saqué mi polla de su coño y puse la punta apoyada en su ano.
- ¡No Suso no! Hace mucho que no lo hago por el culo y la tuya me duele muchísimo si no lo entreno.
- Pues dime quién era ese hombre Irene, y te follo como tú quieres.
- Que no déjame ya.
- A él le hubieras dejado.
- No, tampoco a él, por el culo no.
Agarre mi polla dura con la mano para reafirmarla aún más y presione si ano con fuerza empujando poco a poco.
- Ahhh Susoo. Agarró un cojín para ponérselo en la cara y con la otra mano intentaba pegarme.
- Dímelo y paro.
- No, joder para ya.
Cada vez su ano iba abriendo más y más cuando ya tuve toda la cabeza dentro y la tenía asegurada para que no se saliera, la cogí por las caderas con las dos manos.
- Es tu última oportunidad.
- Eres un hijo de puta.
La apreté con fuerza por las caderas y caí con todo mi peso metiéndose la entera de golpe. Que gusto era metérsela por el culo y como me apretó la polla su estrechez, hacia más de un año que no se dejaba y lo tenía perfecto. Me quedé parado con toda mi polla dentro de su culo.
- Vale vale, sácala y te lo digo, te digo quién era.
- No, ahora prefiero follarte tú culito mi amor. Como me apretaba si culo me podría correr en segundos.
Subí y bajé sin piedad siempre me dijo que no le gustaba por el culo conmigo por mi tamaño, pero no dejé de follarla por nada que me dijera subía el ritmo cada vez más y la azotaba para ver sus nalgas sacudirse. De repente ella empezó a tocarse el coño para darse placer al ritmo que yo la follaba, aproveche todo lo que pude porque no sabía cuando sería la siguiente vez que probaría su culito, pero no tarde mucho en correrme a chorros desde que la vi tocarse y a la vez sentir como me apretaba la polla.
Cuando acabe ella siguió dándose caña con la cara rojísima y mordiéndose los labios hasta correrse. Cuando lo hizo separé sus nalgas para ver si ano bien abierto.
- Así de abierto y botando leche se ve un culo bien follado joder. Dije satisfecho.
- Me ha encantado cariño. Soltoentre jadeos.
- Bien, pues ahora vístete con tu pijama sucio y vete así sudada y botando leche a recoger las bolsas que dejaste en el rellano del portal, guarra que eres una guarra.
No obedeció inmediatamente pero cuando recobró el aliento y la vi alejarse hacia la puerta su pantaloncito de algodón no solo marcaba sus bragazas metidas como un tanga sino una marca húmeda de mi leche que se hacía cada vez grande en su enorme culo.
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