Xtories
Dominaciónago 2025

Estefanía se convierte en una esclava sexual

Estefanía creía conocer su cuerpo, pero esa noche el calor y los sueños revelaron una sed de humillación que no podía controlar. En el autobús, mientras sus amigas hablan de dominación, una mirada fija hacia los pies de Idania desata una cadena de eventos que la llevará a arrodillarse en público. No es solo curiosidad; es la confirmación de que su lugar está a los pies de otra.

piesitos9.2K vistas

Estefanía tuvo una noche muy incómoda con el calor, excitándose y permaneciendo excitada y muy cachonda perdida. No durmió del tirón, sino despertándose y sin quererlo o no se tocaba, notando su humedad de su vagina.

Se puso las bragas sucias y secas, nuevamente para quedarse durmiendo, sin miedo a manchar la cama más de lo que había hecho. Por primera vez en su vida estaba en algo que no podía controlar, y era su cuerpo, su sexo y el placer con que excitarse y con que no.

Se despertó a las seis de la mañana, saliendo de la cama con las brasas sucias y mojadas. Había tenido un sueño caliente con un sueño muy ardiente, en el que era humillada y denigrada.

Quitó las sábanas, porque estaban manchadas con sus fluidos vaginales e incluso, no sabía si se había meado o si era un squirt, tan intenso de lo excitada y cachonda que estaba.

Las dejó en el cesto de la ropa con el protector del colchón. Detrás, se iba a ducharse y asearse para irse a la universidad. Se quitó las bragas y sintió mucha curiosidad u excitación, al llevárselas a la nariz.

Dio una buena olida, respirando sus propias bragas, las cuales estaban llenas de sus fluidos vaginales y orina, recordando uno de los vídeos de su hermana. Se restregó sus bragas por la cara y por su boca.

Quizás, buscando esa excitación de anoche, se restregó sus bragas por su cara y por su boca, sacando la lengua y limpiándolas, como si fuese una puta zorra de mierda. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer.

Excitada y cachonda, se abrió de piernas, y necesitaba satisfacerse, por lo que se restregó su coño con la pata de la mesa del salón, mientras gemía de placer, lamiendo sus bragas sucias, las cuales estaban meadas y llenas de sus fluidos vaginales. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

No tardó mucho en correrse como una vulgar y corriente puta zorra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

No se dio cuenta de la intensidad de su corrida y sin darse cuenta salpicó a sus botas que las había dejado al lado de la mesa, por lo que, las empapó de sus fluidos vaginales e incluso al pensar en las escenas de sexo vistas en la cuenta de su hermana, tuvo un orgasmo con su squirt correspondiente, manchándolo todo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

No se lo pensó, podría ir al baño a coger la fregona y limpiar el suelo como una persona normal, pero lo que hizo fue, ponerse de rodillas y lamer la pata de la mesa, que estaba impregnada de sus fluidos vaginales hasta que la dejó limpia para detrás agachar su cabeza al suelo, y comenzar a lamer el suelo de la baldosa hasta que en un rato terminó de limpiarlo completamente.

Excitada y cachonda perdida al verse ella misma, humillada y denigrada, vio sus botas al lado, manchadas con sus fluidos vaginales, y lógicamente, las iba a usar, por lo que, no se lo pensó dos veces.

Se acercó su cara a sus botas y comenzó a limpiarlas con la lengua. Sus lamidas eran repetitivas, iban desde la punta hasta el empeine, y luego hasta la parte superior de la bota.

Las dejó limpísimas, muy brillantes y bonitas, pero poco a poco, se iba excitando más y más, queriendo tener más humillación y más denigración, por lo que la cogió y comenzó a lamer la suela de las botas hasta que las dejó limpias, excitada y cachonda perdida necesitaba más.

Se fue a la habitación y abriendo un cajón, sacó una polla de silicona que se pegaba en las superficies. Se puso de rodillas a cuatro patas y lo pegó en la pared del armario, quedándose pegada.

Había roto con su novio y llevaba dos meses y algo, sin sexo, por lo que comenzó a follarse su vagina, generando un movimiento de atrás a delante, mientras se volvía loca de placer, gimiendo como una perra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

No tardó en correrse de placer metiéndoselo fuerte y hasta el fondo, aullando de placer y de dolor, pero se le salió la polla de silicona y con el movimiento, la punta encontró su ano, y sintiéndolo con el movimiento, se lo clavó de un solo golpe, clavándoselo hasta el fondo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Nunca había tenido esa gran necesidad de ser follada brutalmente, pero se sentía como un animal, y necesitaba ser follada de esa manera. A pesar de que su ano, no la habían sodomizado mucho, por lo que le dolió mucho, pero con las enormes ganas que tenía, se lo metió como una puta zorra de mierda. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Se la hincaba bien fuerte, pegando gemidos de dolor como nunca había sentido, pero se sentía tan puta y guarra, que no paró, clavándosela hasta el fondo y manteniéndoselo dentro, mientras que suspiraba y gemía como una perra en celo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Sin darse cuenta, soltó un gemido de placer hasta que comenzó a correrse de placer soltando sus fluidos vaginales. Mientras que, Estefanía se hincaba su consolador de silicona, generando el movimiento de atrás a delante, sin parar, con su mano, se tocaba su vagina, masturbándosela, haciendo que gimiese como una perra en celo de placer y de gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Y estaba tan cachonda que había puesto la videocámara de su móvil, grabando tanto lo de anoche como lo de ahora, por lo que, soltó un squirt, teniendo varios orgasmos seguidos, que la dejaron muy agotada, dejándose caer al suelo, entre gemidos de placer y suspiros de placer.

Por inconsciencia, se puso a lamer la polla de silicona que estaba llena de sus fluidos vaginales, y de sus restos de heces. No supo el motivo de porque lo hizo, pero necesitaba lamer y chupar una polla de hombre, y así lo hizo hasta que la dejó limpia completamente.

Detrás, se agachó, acercando su cara al suelo y comenzar a lamer el suelo, como una puta cerda asquerosa que era, grabándola la cámara del móvil que había puesto para verse ella misma humillada y denigrada.

Después de haber limpiado sus botas y el suelo, se levantó para irse al baño para coger los productos de depilación y repasar la depilación de sus piernas, de sus sobacos, de sus brazos y de su vagina, depilándola al cero.

Se duchó aliviándose con agua fresca y detrás se echó una crema en la piel para aliviarse y calmarse su piel. Nada más salir de la ducha, se cortó las uñas de las manos como de los pies, despintándoselas. Al parecer, había leído con el móvil, instrucciones que debía de seguir una esclava sexual.

Todo ese rollo, la empezaba a excitarse y a ponerla cachonda perdida. Su vestimenta fue sencilla. Unas bailarinas negras dejando las botas negras, que había limpiado con la lengua en casa. Las había lamido como una buena perra obediente y fiel. Detrás una faldita gris con una blusa blanca.

No se puso ropa interior ya que había visto una respuesta de una Ama a su esclava en la que decía todo lo que debería de hacer una aspirante a sumisa o esclava sexual.

Estefanía comenzaba a interesarse en este tema del BDSM, porque ella no se dio cuenta hasta estos momentos, pero su influencia de su hermana con sus esclavos, viéndolos alguna vez en su casa, que la habían excitado y la habían puesto cachonda, pero nunca hasta alcanzar este límite, porque al ver los vídeos de su hermana como esclava y perra sexual, siendo humillada y denigrada al máximo por diferentes Amas, que antes habían sido sus amigas, le puso a 100%.

Desayunó para detrás coger su mochila e irse a la universidad, y como estudiante iba en el autobús, en el cual, se cruzó con Vivian y Idania, que eran amigas suyas de la facultad.

Ellas vivían cerca en pisos de estudiantes y pillaban el mismo autobús, porque les venía bien. Luego, cogían el metro hasta ciudad universitaria. Quizás, la conversación surgió de manera accidental, pero la noche anterior habían echado un documental haciendo una entrevista a una Ama profesional, que trataba del BDSM y esos juegos eróticos y fantasías sexuales.

–¿Habéis visto el documental de ayer en la tve2? –preguntó Vivian.

–¿Cuál? –preguntó Estefanía.

–Uno que en el que se hablaba sobre el BDSM. –respondió Vivian.

–No lo vi. –dijo Idania.

–Yo, tampoco. –dijo Estefanía.

–Pues, os cuento de qué iba. –dijo Vivian.

–Claro, a ver de qué es. –respondió Estefanía, interesada por saberlo por su nuevo secreto.

–Hablaban de los juegos eróticos y sobre las fantasías sexuales de BDSM, pero además de explicarlo, se hizo una entrevista a una Ama profesional. –dijo Vivian.

–¿En serio? –preguntó Idania.

–Yo una vez tuve una experiencia sobre ese tema. –dijo Idania.

–¿De verdad? ¿De qué tipo? –preguntó Vivian.

–Pues, tenía a un novio que le gustaba ser maltratado humillante y denigrante. –respondió Idania.

–Un día llegó y me contó que era sumiso y que le gustaba que lo tratara como si fuera mi perro o mi esclavo. –dijo Idania.

–¿Y qué sucedió al final? –preguntó Vivian, interesada.

–¿Qué le dijiste? –preguntó Estefanía.

–Al principio fue chocante, porque no sabía nada sobre esos juegos sexuales. –respondió Idania.

–Y claro, tuve que mirarlo detenidamente en internet, y al final, me picó la curiosidad. –respondió Idania.

–¿Lo probaste? –preguntó Vivian.

–Sí, estuve unos 6 meses, siendo su Ama, y lo tuve a mis pies como mi perro y mi esclavo. –respondió Idania, que era una chica de color.

–Ostras…–respondió Vivian.

–¿Y qué cosas hacías? –preguntó Estefanía, interesada e ilusionada.

–Pues, en la calle era un chico normal, pero en mi casa o en la suya cuando estábamos solos, era mi esclavo y mi perro. –respondió Idania.

–Le ordenaba que se desnudara y que fuera a cuatro patas por la casa. –dijo Idania.

–No tenía permitido hablar, y no podía mirarme a la cara, sólo miraba al suelo y a mis pies. –dijo Idania.

–Le compré un pack de esclavo, que llevaba unas anillas para los pezones del pecho, un collar con una cadena para su cuello, un brazalete y unas pulseras. –dijo Idania.

–También, le puse un cinturón de castidad en su pene para tener su sexo controlado y hacerlo que fuese más sumiso y obediente. –dijo Idania.

–Nos dejas de piedra, la verdad. –respondió Vivian.

–Sí, no tenía ni idea de eso. –dijo Estefanía.

–Ya, porque es algo íntimo y personal y diría que secreto, que nadie lo sabe. –dijo Idania.

–¿Y qué fue de él? ¿Cortasteis? –preguntó Vivian.

–Sí, como novios cortamos, porque la relación no funcionaba, así que iniciamos una relación Ama/esclavo. –respondió Idania.

–De hecho, ¿Veis la llave que llevó en mi tobillera de mi pie? –preguntó Idania, mientras que las dos le miraban los pies, llevando unas sandalias descubiertas con las uñas pintadas de rojo.

–Sí, ¿Por? –preguntó Estefanía, que miró a sus pies junto con Vivian y algunas chicas de al lado, que estaban escuchando la conversación.

–Esta es la llave de su cinturón de castidad, y todavía, sigue siendo mi esclavo. –respondió Idania, quedándose las dos alucinadas.

–¿Y cómo no nos has dicho nada de esto? –preguntó Vivian.

–Haber la verdad que nuestra relación se rompió, y estuvimos un tiempo como Ama y esclavo. –respondió Idania.

–El asunto es el siguiente, él ha estado profundizando más en el BDSM, y no se por su perversión o por qué, sus gustos han cambiado. –dijo Idania.

–Digamos que algo ha cambiado en él. –dijo Idania.

–Y que de vez en cuando, le satisfago, pero lógicamente, no lo hago solamente por amistad, sino que me paga por Bizun. –dijo Idania.

–No teníamos ni idea, la verdad. –respondió Vivian.

–Joo, o sea que te lo has estado pasando bien. –dijo Vivian.

–Bueno, la verdad que he aprendido muchas cosas nuevas. –dijo Idania, bajándose del autobús junto con ellas.

En ese momento, se encontraron con Mónica y Esther, que iba con ellas a clase, y la conversación continuó.

–¿Y cuántas veces te has reunido con tu esclavo para una sesión? –preguntó Vivian.

–Antes eran dos veces por semana, pero con las clases y el trabajo una o dos cada mes. –respondió Idania.

Mónica que no había estado desde el principio con ellas, para saber algo de la conversación, se impresionó con esa pregunta. No sabía que Idania tuviese un esclavo, y se sorprendió bastante.

–¿Y hay posibilidad que nos lo presentes o que presenciemos una sesión? –preguntó Mónica, que estaba muy ilusionada con el tema.

–Bueno, tengo que comentárselo y ver si es posible, porque es una sesión de BDSM que ambos opinamos. –respondió Idania.

Las chicas se metieron al metro y durante todo el trayecto, sólo se hablo de las fechas de los exámenes, de las asignaturas y temas normales hasta que salieron en la parada de Ciudad Universitaria para ir a la facultad de medicina.

Algunas, estudiaban medicina, otra enfermería, y periodismo en ciencias de la información. Estefanía estudiaba medicina, por lo que, llevaba una vida muy recatada. Mientras que, Idania estudiaba enfermería, Mónica estudiaba periodismo, y Esther odontología.

Todas ellas, se conocían del instituto, por lo que, tenían esa amistad desde ese entonces. Y como todas iban al campus de Ciudad Universitaria, compartían el camino, por lo que quedaban o coincidían en el trayecto.

Estefanía pensaba en la conversación que habían mantenido Vivian con Idania, y sobre todo la pregunta de Mónica. Realmente, iban a dejarlas presenciar una sesión. Resultaba ser toda una locura, pero viendo lo que le gustaba a su hermana junto con sus amigas, y después, de lo que había hecho ella a solas, todo era posible.

Estefanía tenía clases por la mañana y luego, iba a trabajar a un hospital, haciendo las practicas que le correspondían por curso. Estas prácticas, se las pagaban, lógicamente. Pero, no dejaba de darle vueltas al asunto, se había fijado en los pies de Idania que hasta entonces no se había percatado.

Tenía unos pies muy bonitos de color, con las uñas pintadas de rojo, muy cortadas y con la pedicura recién hecha. Se preguntó que sentiría si se los lamiera con la lengua. Había visto videos de su hermana, siendo la esclava sexual de sus amigas, viéndola como disfrutaba lamiendo y chupando sus pies.

No podía de dejar de pensar en esas escenas, y creía que debía de despejarse y de relajarse, porque no quería mojarse la ropa. Por cierto, no llevaba ropa interior y con la bata, no se veía, pero por le camino al hacer tanto calor, si sudaba, se le trasparentaba sus pechos.

Por otra parte, sentía una gran excitación al exponerse, y luego, aunque llevaba al final unas bailarinas negras, no poniéndose las botas que había limpiado con su lengua, miraba sus bailarinas que necesitaba limpiarlas.

El caso era que la mañana pasó muy rápida y llegó la hora de las 14:30 horas, y los estudiantes salían de las clases, por lo que, Estefanía y las demás, se cruzaron en la boca de metro del campus.

Esther y Mónica iban a sus casas, mientras que Estefanía y Idania, iban a hacer las prácticas de la facultad. Durante, su trayecto sin darse cuenta en la conversación Estefanía miraba a los pies de Idania, excitándose y poniéndose cachonda perdida.

De todas maneras, se los miraba con disimulo, pensando que Idania, no se daba cuenta. Estefanía, hacía las prácticas en el Hospital Gregorio Marañón, pero Idania, casualmente, le había dado las prácticas en el mismo hospital, por lo que, iban juntas al hospital. Sus compañeras iban unas paradas más adelante, así que, iban hablando entre ellas.

–Hasta luego, chicas. –dijo Idania.

–Hasta luego. –respondieron ella.

Idania y Estefanía iban por el pasillo, llegando a las escaleras, mientras iban hablando.

–¡Oye, tengo una pregunta que hacerte! –dijo Idania, quedándose en silencio Estefanía.

–Si, claro. –respondió Estefanía.

–Me he fijado que me has mirado fijamente los pies, y eso me ha extrañado. –dijo Idania.

–¿Te gustan mis sandalias o mis pies? –preguntó Idania, dejándola roja de vergüenza sin esperarse esa pregunta.

–Bueno, la verdad que hasta hoy no me había fijado en lo bonitos que son tus pies, y cuando nos dijiste que te miráramos la cadenita del tobillo. –dijo Estefanía, intentando salir del atolladero.

–Te miré los dedos, el color rojo y la forma, y me resultaron muy bonitos tus pies y además, vas muy bien conjuntada con el color dela ropa. –dijo Estefanía.

–Sí, es cierto. –respondió Idania.

–Pero, cuando he movido los pies sentada en el asiento del metro, me he fijado que algo te sucede. –dijo Idania.

–Vale, te confieso que me sentido excitada al verte los pies. –respondió Estefanía.

–Me gustan tus pies, y alguna vez he imaginado en besártelos, lamértelos y chupártelos. –dijo Estefanía, confesando sus fantasías.

–Ya se que es muy fuerte, lo que te he dicho, así que, no te molestes ni te enfades conmigo, sólo he sido sincera como me has pedido. –dijo Estefanía.

Idania no se esperaba esa confesión, sino que, se quedó sorprendida y alucinada. No se había percatado de los gustos de Estefanía y al salir el tema de su esclavo, quizás haya despertado sus gustos.

–Bueno, la verdad que me has dejado loca, porque no me lo esperaba y mucho menos viniendo de ti. –dijo Idania.

–Vamos hacer una prueba, ¿Has tenido sueños o fantasías lamiendo pies femeninos? –preguntó Idania.

–Sí, la verdad que he imaginado lamiendo y chupando los pies. –respondió Estefanía.

Iban caminando por la calle, y doblaron a la izquierda, llegando a un banco. Iban con tiempo, así que se detuvo en el banco para sentarse.

–¡Siéntate, y respóndeme lo más sincera que puedas! –dijo Idania.

–Vale. –respondió, sentándose y mirándola.

–¿Te gustaría lamerme los pies? –preguntó Idania, moviéndolos, mientras que, Estefanía, su mirada iba a sus pies, como quedándose hipnotizada.

–La verdad que sí, me gustaría lamer y chupar tus pies. –respondió Estefanía.

–¿Desde cuándo has comenzado a sentirte de esta manera? –preguntó Idania.

–Desde ayer, me han empezado a excita todos estos juegos de BDSM. –respondió Estefanía.

–Pensaba que eras una chica inocente y resulta que sabes más de lo que aparentas. –dijo Idania.

–Además, me he fijado que no llevas ropa interior, así que, comienzo a pensar algo que no me esperaba. –dijo Idania.

–Tus manos tienes las uñas despintadas con respecto ayer, y los pies, que no los veo, no lo sé. –dijo Idania.

Pero, Estefanía se descalzó, mostrando sus pies, viendo Idania que los tenía con las uñas cortadas y despintadas, porque el otro día, vino en sandalias, y la pudo ver con las uñas pintadas.

–La verdad que tienes pinta de ser una sumisa a la que le gusta ser humillada y denigrada, tratándola como una perra en celo, y como una puta zorra blanca. –dijo Idania.

–Dime, ¿Eres una esclava blanca? –preguntó Idania.

–Sí. –respondió Estefanía, nerviosa, excitada y con la cara roja de vergüenza.

–No te avergüences por tus gustos sexuales o por lo que sientas que eres Estefanía. –contestó Idania.

–Pues, repítelo en voz alta que te oiga y te pones de rodillas. –ordenó Idania.

–Lo demás ya sabes lo que debes de hacer como esclava. –dijo Idania.

–Soy una puta esclava blanca que le gusta que la humillen y la denigren. –respondió Estefanía, poniéndose de rodillas, hacer una reverencia ante ella, como había visto hacer a su hermana con sus Amas, y beso sus pies.

–Pues, ahora que ya sé lo que eres, esclava. –dijo Idania, levantando la suela de sus sandalias.

–Te voy a tratar como tal, esclava. –dijo Idania.

–¡Saca la lengua y déjala fuera con la boca abierta, esclava! –ordenó Idania, viendo como como Estefanía, la obedecía con la boca abierta con su lengua fuera.

Puso su suela delante y comenzó a limpiarse la suela de sus sandalias, limpiándoselas como si fuese una toalla de baño. Una detrás de otra iba pasando las suelas de ambas sandalias hasta que se las dejó limpias.

–Te dejaría lamer mis pies, pero tu apestosa lengua de perra de mierda me mancharía las plantas de mis pies, esclava. –dijo Idania.

–¿Verdad, esclava? –preguntó Idania, mientras metía la lengua dentro y cerraba la boca.

–Si, mi Ama. –respondió Estefanía, excitada y cachonda perdida, soltando sus fluidos vaginales, poniendo la cara roja de vergüenza.

–Nadie, te ha dado permiso para hablar, puta zorra. –dijo Idania, dándola un par de bofetadas en la cara con la mano abierta, de un lado al otro, poniéndola la cara roja, mientras gemía de dolor.

–¡Zas, Zas! –se escuchaba el sonido de la bofetada. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–Tenemos tiempo de sobra hasta que empiece el turno, pero hasta entonces, quiero adiestrarte bien, esclava. –dijo Idania.

Le daba unas siete u ocho bofetadas en cada cara, hasta que le se caían las lágrimas.

–¡Desnúdate, esclava! –ordenó Idania, obedeciéndola Estefanía, sin poder resistirse, la obedecía ciegamente y más detrás de darle unas bofetadas.

Cogió su ropa y la puso en el banco, cogiendo la correa fina de su falda, y doblándola le dio un par de latigazos en su culo, haciéndola gemir de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Le puso la correa al cuello, y tenso su correa tirando su cuello, y poniendo sus pies en su cara.

–¡Vamos, saca la lengua como antes, puta zorra blanca! –ordenó Idania, descalzándose para pasar la planta de sus pies, uno detrás de otro, desde el talón hasta la punta de los dedos.

–Las manos a la espada, esclava. –ordenó Idania, viendo como la esclava la obedecía.

Idania, se limpiaba sus pies con su lengua como su fuese una toalla, metiéndole sus dedos en su boca, mientras que, la esclava tenía metida en su boca los cinco dedos del pie de Idania.

–¡Lame y chupa, puta cerda asquerosa! –ordenó Idania, mientras la esclava chupaba sus pies, y lamía sus dedos.

Al final, le sacó los pies de la boca y se los puso en la cara, diciéndole que respirara. Idania, una vez que sabía que era una puta esclava, la miraba con desdén y con desprecio.

–¡Límpiame los pies, esclava! –ordenó Idania, y sin poder resistirlo volvió a hablar.

–Sí, mi Ama. –respondió la esclava, lamiendo las plantas de los pies, pero esta vez, era ella quien lamía la planta de sus pies, y chupaba los dedos, y metía la lengua entre los dedos, limpiando la suciedad y mierda que pudiera tener.

Idania, estaba excitada de verla a sus pies como su perra en celo, disfrutando de su humillación y de su denigración. La esclava que era así como se sentía lamía sus pies con una excitación y necesidad que nunca había experimentado.

–¡Así me gusta, esclava! –dijo Idania.

–Si, mi Ama. –respondió la esclava, excitada y cachonda, mientras lamía y limpiaba sus pies con su lengua con su culo rojo de los correazos que le había dado.

Hasta que se cansó, y con su pie la apartaba la cara con ella. Se levantó, y se bajó la falda y las bragas, y puso su vagina en su boca. Estefanía, sabía lo que iba hacer, por lo que, abrió su boca, sacando su lengua.

–¡Menuda zorra que estás hecha, esclava! –dijo Idania.

–Ya sabes lo que voy hacer, por lo que, has tenido que ver vídeos en internet, esclava. –dijo Idania.

–¿Verdad, esclava? –preguntó Idania.

–Si, mi Ama Idania, así es. –respondió la esclava, recibiendo la meada de su ex amiga, mientras ésta se reía de risa.

La esclava, se iba tragando la orina poco a poco, iban controlando su flujo de orina cuando comenzó hablar Idania.

–¿Quieres que te mee por la cara y por encima de tu cuerpo, esclava? –preguntó Idania, deteniendo la meada.

–Si, mi Ama Idania. –respondió la esclava, viendo como meaba en su boca, de nuevo y detrás se alejaba un poco para mearla por la cara, por encima de sus pechos y por encima de su cabeza y por encima de su espalda.

Idania, soltaba un suspiro y gemido de placer, mientras que, la esclava jadeaba de placer, sintiendo su primera meada por primera vez. Idania había sido lista y la había grabado con el móvil todo el tiempo.

La gente, chicos y chicas, pasaban por la calle de enfrente y por delante, quedándose alucinados, y sorprendidos e incluso algunas chicas se quedaron mirando toda la escena.

–¿Os ha gustado? –preguntó Idania.

–Esta es Estefanía, una amiga mía que hoy me ha confesado que es sumisa, y ahora es una esclava sexual, dispuesta a servirme y a obedecerla, siéndome fiel como mi perra y esclava blanca.

Las chicas impresionadas por lo que habían visto las cinco que estaban, se mojaron las bragas, notándose en sus faldas y vestidos. Avergonzadas, se pusieron rojas como tomates.

–¡Tranquilas, putas zorras blancas! –dijo Idania, cogiendo la ropa de su esclava, echándosela para que se la pusiera. En pocos segundos se la puso.

–¡Vamos, sígueme, esclava! –ordenó Idania.

–A un metro y medio detrás de mí, esclava. –ordenó Idania.

–Por cierto, desde hoy no me mirarás a la cara, siempre que me veas, bajarás la mirada y me trataras de usted, mientras que tú, me tratarás de tú, esclava. –ordenó Idania.

–Si, mi Ama Idania. –respondió la esclava, siguiendo a su nueva Ama y dueña, mientras las chicas que estaban delante, al pasar Idania, les dio un papel en donde estaba escrito su número de móvil y su nombre Ama Idania.

–“Si lo que buscáis es una Ama Negra que os someta, os domine y os humille como a esta esclava y perra blanca, llamadme.”

Idania, iba delante y detrás iba su esclava hasta que llegaron al hospital. Fue cuando se pasó y le ordenó que abriese la boca, para escupirla dentro de ella, varias veces e incluso, la escupía en su cara.

–¡Límpiate la cara, esclava! –ordenó Idania, viendo como se limpiaba con la mano y la limpiaba con su lengua.

Ese día, Estefanía sin quererlo, se convirtió en una esclava y perra sexual blanca como su hermana. Entraron en el hospital y se fueron a los vestuarios con más gente, y como sus taquillas estaban separadas.

Ambas se fueron a sus puestos de trabajo, pero había una diferencia. Cuando pasó Idania por delante de Estefanía, agachó la cabeza.

–¡Muy bien, esclava! –dijo Idania.

–¡Así, me gusta que sepas tu lugar ante mí, esclava! –dijo Idania.

–¡Gracias, mi Ama Idania! –respondió la esclava.

Las demás pasaban como ellas y alguna escuchó las frases, quedándose sorprendida.