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El dueño Parte 8

Julen le había pedido que se pusiera un vestido demasiado corto. Ahora, frente a todos, su mano exploraba su coño bajo la mesa. Pedro no podía apartar la vista. Esta noche, el castigo sería definitivo.

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EL DUEÑO Parte 8

A diferencia del juego anterior, en este partido, el equipo fue en ventaja todo el partido y a falta de cinco minutos era claro que se llevaría la victoria.

Veía a Irina festejar cada tanto al lado de Julen, como levantaban los brazos juntos, tomados de la mano.

Las volcadas del pivote de Martinica, Bertrand Fournier eran brutales y el estadio entero se estremecía y del mismo modo los tiros de tres puntos que encestaba el griego o uno de los americanos quien tenía mucha puntería también.

Por la tarde había visto como Julen e Irina follaban otra vez luego del almuerzo en la ciudad, como le daba por el culo una vez más, como se mostraban cada vez más compenetrados, incluso habían vuelto a besarse delante de mi antes de partir para el juego.

Y luego de follar, Julen le había pedido que se pusiera un vestido que había comprado especialmente para ella.

Y ella le dio el gusto.

Era un vestido demasiado corto, dejaba sus muslos poderosos completamente a la vista y demasiado ceñido, su culazo parecía a punto de explotar las costuras y los tetones se desbordaban casi por fuera de los tirantes.

Irina estaba espectacular embutida en él y por supuesto todo el mundo en el pabellón estaba más pendiente de ella que del propio juego.

Cada tanto su mirada se encontraba con la mía y creía percibir algo parecido a la culpa o a la vergüenza.

Era como si ella me dijera con la mirada que no podía hacer otra cosa.

Y luego fuimos a saludar a los jugadores victoriosos al vestuario.

Joder, la manera en que vestía Irina era demasiado provocativa, por un momento tuve la fantasía de que los jugadores estarían desnudos y la recibirían allí de esa manera.

Julen me insistió para que les acompañara, toda era euforia, allí, por los pasillos, los periodistas no paraban de tirar fotos de Irina y de Julen, quienes avanzaban como rey y reina del lugar y Mirko y yo detrás de ellos, el serbio como guardaespaldas y chofer y yo ¿Cómo el bufón? ¿Cómo el esposo cornudo?

En el vestuario los jugadores no estaban desnudos pero casi.

Era la tercera victoria consecutiva, desde que Irina estaba con ellos y la recibieron con gritos de euforia, como si ya hubiesen ganado el campeonato o algo así.

Muchos de ellos estaban con el torso desnudo y una toalla a la cintura como única prenda, a Bertrand Fournier hasta se le marcaba el bulto de la polla, era negro como la noche y llevaba rastas y todo el cuerpo cubierto de tatuajes, era un verdadero coloso de 2.08 y verlo al lado de Irina era tremendo, parecía que iba a abalanzarse sobre ella, quien parecía pequeña a su lado, ella extendía una manita para saludar a cada uno de los jugadores y Julen lucía una sonrisa de oreja a oreja, como diciéndoles a todas, ved la tía buena que me estoy follando, ved el pibón que me estoy pasando por la piedra.

Y todo ese grupo de gigantes se comía a Irina con los ojos y me sentí disminuido, como si no existiera, como si fuera ya un fantasma que rondaba por allí.

Todavía no podía digerir la noticia de que mi tío Eduardo había perdido la agencia de representación, de que Julen era el dueño de la misma, de que técnicamente yo trabajaba para él, ahora, de que era mi dueño también.

Dejaría la agencia, dejaría todo, debería empezar de nuevo en algún sitio, todo había acabado para mí, lo había perdido todo de un plumazo.

_Ahora a por el campeonato, chavales, ahora a ganar todo…._ rugía Julen enfervorizado, con el rostro congestionado, con Irina de la mano.

El griego miraba a Irina torvamente, con sus grandes bigotazos y su calva reluciente y afeitada, parecía un guerrero tártaro, también llevaba solo una toalla anudada a la cintura.

Como la vez anterior fuimos todos a cenar al mismo restaurant de la otra vez, la diferencia es que esta vez no estaba Nadia a mi lado.

Julen e Irina se sentaron juntos, enfrente estaban otra vez el entrenador y su esposa, la que hablaba mucho.

Y yo unas sillas al costado, al lado de un viejo decrépito, podía ver de frente a mi esposa.

_Joder, que buena está la rusa_ me dijo el viejo al oído

_Si…._ murmuré

_Seguro que Julen se la está follando, este no deja pasar una_

_Probablemente…._ dije

Entonces busqué con la vista la mano derecha de Julen y comprendí todo.

La mano derecha de ese cabrón estaba bajo la mesa, estaba sobre la pierna de Irina, sobre sus muslos torneados y carnosos, estaba tocando allí bien a gusto, toda la pierna y todo el coño, frente a mí, frente a todos.

E Irina se prestaba a ella, vi como Julen le decía algo al oído y entonces ella me miró directamente a los ojos, su mirada era sufriente, casi llorosa, la mano de ese hombre la estaba explorando a voluntad.

Fue así durante toda la cena, notaba las caras de incomodidad de ella, casi de circunstancias, mientras la mujer del entrenador le hablaba, ella escuchaba sin oír una palabra, pues la mano de su dueño estaba allí sobre coño mojado y abierto, recorriendo todo ese chochete hasta cansarse.

En un momento dado hasta se chupó los dedos el cabrón luego de comer una ostra, se chupaba los jugos de mi esposa que se mezclaban con los jugos del molusco.

Fue un verdadero suplicio, pero yo todo lo soportaba, era parte del castigo que me merecía por haber sido tan idiota, tan celoso, por haberme prestado a su juego desde el principio.

Hice el camino hasta la casa en otro coche distinto del que llevaba a Irina y Julen, podía imaginarlos besándose en el asiento trasero, incluso en el camino, nos pusimos brevemente a la par y pude verlos, Julen la besaba y ella estaba con los ojos cerrados, Mirko conducía mirando al frente.

El largo y sinuoso cuerpo de mi esposa al lado del corpachón gordo y moreno de ese cabrón y como la cogía del cuello con su mano gorda, hinchada, pesada.

Ellos llegaron antes que yo, pensé en coger mi maleta y largarme de allí en el acto, pero antes quería hablar con Irina por última vez, decirle que lo sentía, porque que no entendía como ocho años de relación habían terminado así de la nada, abruptamente, se habían deshecho en el aire, como si nunca hubiésemos estado enamorados uno del otro.

Pero en realidad no tenía nada de extraño, el presente es todo lo que importa y el pasado muere instantáneamente en situaciones así.

Entré en mi habitación tratando de no hacer ruido, Irina y Julen no estaban en su cuarto, tal vez estaban en otro lugar de la casa, que era muy grande.

Se había cansado Julen de dejarme mirar y estarían en otra habitación.

Y entonces sentí algo extraño, lo lamenté, sentí una gran decepción, me había acostumbrado a verles follar.

Podía recoger mis cosas y marcharme.

Pero quería verles, joder, me estremecí ¿es que no tenía dignidad? Quería ver follar otra vez a la que había sido mi esposa con su nuevo macho ¿tan enfermo estaba?

Sí, me toqué la polla, pensé en todo lo que había visto de ellos follando, como la besaba, como gritaba Irina esos alaridos que parecía que iba a cortársele la garganta.

Esa enorme polla penetrando el culo perfecto de mi esposa, abriendo las paredes del culo y separando los labios vaginales, esa gran polla adentrándose en ella, rompiendo todo y tomando posesión.

Esperé diez, quince minutos.

Por dios, que aparezcan, quiero verles, me dije, era inútil negarlo, era inútil negar quien era yo ahora, en lo me había convertido.

Cornudo, cornudo mirón, pues ella era mi esposa todavía.

De pronto escuché pasos en el pasillo y luego la puerta se abrió y entraron en el cuarto.

Y entonces sentí un estúpido alivio y alegría, me da vergüenza contar esto, pero casi hasta lloré de emoción y de alivio, de poder verles otra vez.

De poder ver a Irina en toda su belleza exuberante siendo sometida por ese hombre.

_No estoy segura de hacer esto…_ dijo ella

_Te va a encantar, confía en mí…._

_Quisiera hablar con Pedro…._ dijo ella y se sentó en el borde de la cama

Julen se arrodilló y recorrió con las manos morenas las increíbles piernas, las rodillas simétricas y con hoyuelo y los muslos musculados.

_Ya has visto como nos miraba, durante la cena, mientras mi mano estaba en tu coño, ya has visto su cara de mirón, de cornudo con gusto….-

_No hables así de él…..sigue siendo mi esposo…todavía…._dijo ella

_ ¿Si? ¿Sigue siendo tu esposo?_ dijo Julen y la besó en la boca, se morrearon pero ella se apartó.

_ ¿Para qué quieres hacer esto?_ dijo ella

_Ya te lo he dicho, quiero que disfrutes de todo lo que te mereces…._ dijo él

_No lo sé……es raro para mi……_

_Tú no eres mujer para un solo hombre……_

_Nadie me ha follado como tú…._ dijo ella

Julen se inclinó y besó la pierna de Irina, con esos taconazos y sentada así, sus piernas parecían medir kilómetros, ese pequeño vestido era algo demoniaco en un cuerpo como el de ella.

_Pedro es el hombre más bueno que he conocido….-

_Pero te fue infiel ¿Lo recuerdas?....-

_Si….me rompió el corazón…._ dijo ella y vi que sus ojos brillaban mientras Julen seguía abrazado a sus piernas, como si estuviera orando frente a un altar y le daba pequeños besos en los muslos y sus manos recorrían los costados de sus piernas imponentes.

_Y ahora quieres que hagamos esto……no lo sé……._ dijo ella

_Tú solo déjate llevar…..confía en mi….._

_Nunca he hecho algo así en mi vida…._ dijo ella

_Ya me lo agradecerás…._ dijo Julen y su cabeza siguió metiéndose entre las piernas de Irina, como un gran insecto, y su lengua sorbía en los costados internos de los muslos y levanto la pequeña falda y su lengua estaba ya sobre el triángulo diminuto del tanga, explorando allí.

Ella gimió y cogió la enorme cabezota con las dos manos, como la cabeza cuadrada y maciza de un bulldog.

_ ¿Adónde quieres llevarme?..... Mmmmmm!!!......_ gimoteó ella y echó un poco su cuerpazo hacía atrás, los tetones en esa posición, parecían que iba a reventar el pequeño vestido, que la fuerza y redondez de esas tetazas realmente iban a hacer saltar las costuras por los aires.

Y Julen seguía allí, lamiendo y sorbiendo, había corrido la tira de tela del tanga hacía un costado y se concentraba en hacer círculos con su lengua sobre el clítoris.

_¡¡¡Mmmmmm!!!........que bien….que bien lo haces………_

Julen apartó su cara del coño y besó una de las rodillas y metió un dedo dentro del coño y penetró, metió y sacó y se escuchó un ruido acuoso y soez.

_Joder….para….para……_ dijo ella

Julen se puso de pie y liberó su polla y otra vez sentí el asombro de lo grande que era, gorda y llena de venas.

_Ven aquí, cómeme la polla_ dijo y ella lamió con su lengüita esa cabeza deforme e hinchada y luego la engulló. Seguía sentada en el borde de la cama.

Era casi antinatural ver la hermosa y delicada boca absorber esa bestialidad y luego tratar de tragar infructuosamente, pues era demasiado grande esa verga.

_Te gusta mi polla ¿verdad?....pues imagina entonces la de……._ dijo Julen cogiendo el pelo rubio y tirando de él.

_Julen….no sé si hacer esto……. Es demasiado…._ dijo ella, quitándose la polla de la boca.

_ Pues él ya está aquí…._

_ ¿Ya está aquí?_ dijo ella con temor

_Claro, mi pequeña…..va a ser magnifico….ya verás…._

Entonces se escucharon unos golpes en la puerta.

Julen dio la mano a Irina y la ayudo a incorporarse, ella se acomodó un poco el vestido y se puso en pie, estaba espectacular, era una escultura viviente, sus tacos se hundieron en el suelo y sus pasos parecían hacer una huella profunda donde pisaba.

_Adelante, tío, pasa…._ dijo Julen en voz alta.

La puerta se abrió.

Me quedé completamente sin aliento.

La enorme y atlética figura de Bertrand Fournier dio unos pasos dentro de la habitación, me pareció que estaba un poco nervioso, por el rictus de su cara, aunque sonreía desde su 2,08 de altura.

Irina se cruzó de brazos, en el ademan instintivo de protegerse, de ocultar esos tetones.

_Buenas noches…._ dijo Bertrand, tenía una voz grave y profunda

_Mira lo que es esta belleza_ dijo Julen a la estrella del equipo de baloncesto.

_Es muy hermosa…._ dijo Bertrand quien miraba a Irina como fascinado, meneando la cabellera con rastas

Julen cogía a mi esposa por la cintura, desde atrás.

_Ella nunca lo ha hecho con un negro, no tiene mucha experiencia la pobrecilla…_ dijo Julen, Irina se removió incomoda.

El negro sonrió, enseñando una hilera de dientes blanquísimos.

Luego avanzó hacia ella.

_ ¿Y tú no dices nada, princesa?_ dijo el negro, de pie ante ella

_No….no sé qué decir…._ dijo ella, mirándole también con cierta fascinación

Era el momento de irrumpir en esa habitación y llevarme a Irina de allí, para siempre, ella estaba por cometer una locura, esta vez sí que era algo de lo que no se vuelve.

¿Ahora, cuales podían ser las motivaciones de Julen para hacer algo así? ¿Emputecerla?

Mirar, Julen era un mirón en el fondo, por eso me había comprendido tan bien desde un principio.

Era como yo, el maldito cabrón, un redomado mirón.

Y en esa colección de seres humanos que tenía solo quería verles actuar, juntos, como quien tiene un perro y un gato y los pone juntos en la misma habitación.

Tanto Irina como Bertrand eran sus mascotas y se disponía a jugar con ellas, con el egoísmo de un niño grande.

El negro se acercó a Irina, parecía descomunal a su lado y ella también era imponente, con su 1,75 de altura más los taconazos andaría por el 1,85, pero Bertrand medía 2,08.

El negro rozó un brazo desnudo de ella con el dorso de la mano, la palma de la mano era de un color rosado, casi blanco.

Irina tiritó como si una corriente de aire helado hubiese entrado en la habitación.

_No tengas miedo, no te haré daño, princesa…_ dijo el negro.

Otra vez pensé en la película King Kong y en las rubias debilidades, Jessica Lange, en la versión de los 70, Naomi Watts en la de los 2000.

_No te tengo miedo, solo es que…. _ ¿Qué?...-

_No suelo hacer estas cosas…- dijo ella

_ ¿Acostarte con negros?_

_No, follar con un hombre delante de otro…_ dijo ella

_Ya te acostumbrarás…._ dijo el negro y cogió con una manaza enorme la carita de ella y acercó su boca de labios hinchados, enormes, exagerados y la besó.

Los labios eran tan carnosos que parecieron devorar la boca delicada de Irina, la cubrieron completamente y la succionaron, pero con suavidad también.

Las cabezas se ladearon suavemente, Julen seguía detrás de Irina, con las manos en la pequeña cintura, el dueño de todo, gordo, panzón, ladino, sonriendo torvamente.

El negro llevó las manos a la espalda de Irina y entonces sí, Julen se separó de ellos, dio dos pasos hacia atrás y los contempló, extasiado.

Y es que eran un espectáculo formidable, la masculinidad extrema y salvaje y la feminidad más poderosa y rebosante de salud, miembros largos y resistentes, preparados a tope para el esfuerzo físico, para la fertilidad, para dar a luz.

Ahora las manos del negro acariciaban la espalda de ella y los cuerpos se pegaban, Irina cerraba los ojos mientras se besaban y los brazos de Bertrand eran tan poderosos que parecía poder quebrarla en pedacitos si se lo proponía y ella parecía frágil ante él.

Pero estaba a salvo como hembra que era con su macho y se pegó más a él, contra el pecho musculoso y las manos del negro bajaron y acariciaron el culo de mi esposa, recreándose en las sinuosidades de ese camino, esa esas curvaturas compactas y tersas

No sabía si ella seguía siendo mi esposa en ese momento o qué.

No importaba, de algún modo Julen y yo habíamos quedado en un pie de igualdad por el momento, los dos éramos mirones de lo que haría Irina con otro hombre.

Y entonces el negro la cogió de las nalgas y el pequeño vestido se levantó enseñando las piernas torneadas y la levantó en andas, como si ella fuera tan solo una liviana plumita e Irina seguía besándose con él, las bocas se unían y se pegaban con lazos de saliva y humedad y volvían a despegarse y esos labios gruesos y marrones seguían devorando la boquita y las largas piernas de ella se anudaron a la cintura de hércules de aquel semental.

Y entonces pensé que su polla sería gigantesca, tal vez más grande que la del propio Julen.

Las frentes de los dos se pegaron e Irina suspiró, sus brazos echados al cuello de esa bestia y él sonrió con los dientes de marfil que tenía.

Entonces recibí un mensaje en el móvil.

Era de Julen.

_Te dije que nos entenderíamos tu y yo_ decía.

No respondí.

Bertrand había metido la cabeza entre los senos gigantescos de Irina y besaba las tetazas y una mano morena bajaba los tirantes del vestido y la seguía teniendo en volandas, en el aire, para demostrar su poderío físico.

Y vi el rostro de mi esposa descompuesto de placer, el rubio cabello despeinado, pegándose en las sienes por el sudor, como cuando jugaba al tenis.

Y luego el negro caminó por la habitación con esa preciada carga y llegó hasta la cama y la depositó suavemente sobre ella y la cubrió con su corpachón y se besaron, y luego él se quitó la camiseta que llevaba y la arrojó lejos y el cuerpo era de una perfección como nunca había visto, los macizos pectorales, cada músculo y tendón marcados y tallados a mano.

Irina se incorporó, con el vestido bajado ya, con el sujetador intentando contener esos pechos empitonados y calientes y besó los pectorales del negro y las tetillas, extasiada también, los dos sentían un deslumbramiento por el cuerpo del otro y se merecían y Julen estaba sentado en un sillón muy próximo a la cama y comprendí que no era la primera vez que algo así ocurría en esa habitación, que probablemente ese negro ya se había follado a Nadia también.

Luego Bertrand desabrochó el sujetador y las tetazas imponentes cayeron y se recobraron como las olas del mar en la tormenta y el negro las cogió entre sus manos delicadamente y se las llevó a la boca, como degustando unos frutos que habían crecido desmesuradamente por el calor tropical, la lengua era enorme y flexible y recorría la piel delicada de los pechos y se enredaba en los pezones duros como piedras preciosas.

Y la piel tan blanca de ella contrastaba con la negrura de Bertrand y eran el hombre y la mujer antes de todo, en su versión más primordial.

Ella volvió a besar el torso musculoso y recorría con sus largas y delicados manos los bíceps anormales y poderosos, admirada de la tensión de esos músculos hiper desarrollados.

La boca del negro volvió a atragantarse entre las tetas blancas y carnosas, Irina se dejó caer sobre la cama, las manos negras y ávidas le fueron quitando el vestido y los zapatos y acariciaron los pies desnudos y luego la giró en la cama, manejando el cuerpazo imponente de Irina como si fuera una muñequita de trapo y admiró el culo soberbio, las nalgas níveas, la tira del tanga diminuto clavado en el ojete y metió su cabezota de gigante allí y olisqueó como un animal y besó cada pliegue y cada curva de ese culo y corrió la tira del tanga y esa lengua que era como un pequeño animal curioso hurgó en cada rincón íntimo y ensalivó toda esa zona y ella suspiraba ya sin control, abandonándose al placer.

Era el calor de los trópicos que llegaba hasta los helados dominios de la princesa de hielo y la derretía, la derretía con las fuerza de sus manos y con la flexible lascivia de esa lengua gorda y rosada y esos labios exagerados en su carnosidad.

Y luego le fue quitando el tanga, lentamente recorriendo toda la extensión de las hermosas piernas, de líneas tan puras y simétricas, eso hoyuelos en la parte de atrás de las rodillas, besó también las arruguillas de las plantas de los delicados pies.

Y luego dio un salto de atleta sobre la cama y se quitó sus zapatillas y sus pantalones y sus calzones.

Y ahora estaban desnudos los dos y la polla de ese negro era algo que no parecía humano.

Era un grueso salchichón de carne venosa que parecía el brazo de un niño.

Si, era más grande que la de Julen sin duda, en grosor tal vez sería muy parecidas, pero la del negro era más larga y los huevos marrones y rugosos no tenían nada de pelo, eran completamente lampiños y colgaban de una manera obscena e impúdica.

Irina se giró sobre sí misma para ver esa desnudez soberbia, primitiva, ancestral.

Era el hombre antes de ser el hombre, era el origen y el fin.

Y ella estaba volcada sobre la cama tal como el negro la había dejado, con los tetones aplastados sobre la sábana y la pequeña espaldita arqueada y la pompa del culo emergiendo como una cadena montañosa y las largas y blancas piernas que no parecían acabar nunca de extenderse.

_ Eres perfecta mi petit princes….._ dijo el negro en francés y se dejó caer sobre ella, de una forma muy suave, cubriendo todo el cuerpo blanco de Irina con un manto de músculos y tendones oscuros como la noche.

Y tuve miedo por ella y fascinación y expectación.

Y era ver nacer a Irina a una nueva vida, era ver nacer a mi objeto de adoración de casi toda una vida a una nueva existencia.

La piernas del negro cubrieron las de mi esposa y la polla semi erecta se frotó sobre el culo y luego se acomodó más abajo y ella suspiró y casi sollozó ante ese primer contacto de verga contra coño y las manos del negro cubrieron también las de Irina y se entrelazaron y él la besó en el hombro, un beso con ruido.

_No te preocupes mi reina…confía en mi…._ dijo el negro.

Y era como si ella fuera a perder la virginidad por segunda vez y de algún modo era así.

Y sentí que estaba a punto de ver un sacrificio ritual, un rito Umbanda en las costas de una playa tropical.

Y el negro se removió sobre Irina.

_OHHHHH!!!!.............._ gimió ella y era un grito de asombro también.

Y me alegré que ya antes hubiese follado con Julen quien de alguna manera la había preparado para esto que estaba pasando, para acoger esa enormidad en su estrecho coñito de princesa rusa.

_Tranquila….cariño….estás con papá Bertrand ahora_ dijo el negro y la besó en la comisura de los labios y volvió a removerse encima de ella, como un cocodrilo follando sobre otro reptil y esta vez sí que no había duda, esa polla están abriéndose paso, estaba adentrándose en la cueva prohibida.

Estaba ensanchando esas paredes vaginales que abrazaban con su tibia humedad al invasor.

_Dios….OHHHHHH!!!!!!......._ volvió a gemir asombradamente Irina.

El negro sonrió y ahora fue su culo de mono, musculoso y puntudo el que se elevó y luego se hundió, en un movimiento pélvico profundo.

_OOHHHHHHHH!!!!.......JODER……._

_Si….mi reina….disfruta de mi verga….disfruta de la polla de papá Bertrand….._

_OHHHHHHHH!!!!!..........despacio…..despacio…..es….._ dijo ella pero el negro la cogió de la cabeza rubia y la besó en la cara, en los ojos y en la nariz y luego se hundió en ella varias veces con movimientos más rápidos y ondulatorios, estuvieron así unos cinco minutos.

Y ella ya se dejó ir en ese frenesí y el momento de ir despacio había acabado y el negro comenzó a follarla duro y salvaje, la pelvis chocaba con fuerza sobre las nalgas expuestas y golpeaba sonoramente sobre esas montañas elásticas de carne.

Y luego el negro ponía su trabajado cuerpo en horizontal y podía ver el largo y venoso tronco de esa enorme polla salir y volver a entrar y se dejaba caer sobre ella de una manera brutal y volvía a hundir su verga en el coño delicado que ya no lo era tanto, era el gran coño de una puta rusa acogiendo todas las pollas del mundo.

Y vi que Julen la estaba filmando con una cámara de video, estaba cogiendo un gran primer plano de la cara de Irina, descompuesta de placer, besada en forma basta por el negro en todo el rostro, en la boca carnosa y en la nariz y en las orejas y ella gemía ya de una manera que anunciaba el orgasmo.

Era una follada arrolladora, ancestral, sin sutilezas, era una polla imponiendo su poder viril, fálico.

Una verga negra en el coño de una mujer blanca, conquistando y tomando venganza.

Y entonces vi que Julen se estaba desnudando, su corpachón gordo y fornido, moreno también, otro salvaje en cierto modo.

Habíamos caído en manos de los salvajes, pensé.

Y se arrodillo en la cama y acarició la rubia cabeza de Irina.

_AHHHHHHHH…..dios……si…..DA!!!......da……da!!!!......_

Irina decía si en ruso, da, nunca lo había dicho conmigo.

_ ¿Ves que estabas necesitando esto, zorrita? Necesitabas una buena polla negra que te llenara por completo….._ decía Julen mientras se jalaba la polla y acariciaba la cabeza de Irina.

_Va a correrse…..la siento temblar….._ dijo el negro, triunfal

_ ¿Vas a correrte, mi zorrita? ¿Tan rápido?_ dijo Julen

El negro gruñía por el esfuerzo, recordé como unas horas antes clavaba el balón en la canasta ante el delirio de la multitud, con esa misma fuerza y determinación.

_OHHHHHH!!!!!......DIOS……SI…….SI…..ME CORROOOO!!!!!_

_Te corres con la polla de papá Bertrand en tu coñito….mi princesa……._

Los ojos de Irina se ponían en blanco por momentos, Julen le encajó un dedo pulgar en la boca, ella se lo chupó maquinalmente.

Claro, la diferencia entre él y yo es que el puto francés también iba a participar.

Y entonces, como dándome la razón, arrimó su enorme polla a los labios de Irina.

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