3 Negros se cogieron a mi esposa - continuación
Amelia no era la mujer que creía conocer. Tras una tarde en la clínica que cambió todo, me reveló que mis años de matrimonio fueron solo el preludio de su verdadera libertad. Ahora, en lugar de huir, me arrodillo para verla, aceptando que mi lugar no es dominarla, sino ser el testigo silencioso de su placer con otros.
Esa tarde cuando llegué a casa después del alta del hospital, todo era silencio entre Amelia y yo, no se bien si era por vergüenza, o porque simplemente ella no quería hablar del tema conmigo, de lo que había pasado en la clínica, de como ella se había desatado con esos 3 negros… yo aun no podía creer lo que había pasado, parecía que tenía a mi lado a una persona desconocida… o quizás siempre fue así y el que no se daba cuenta era yo.
Yo: ¿No pensás decirme nada de lo que pasó en la clínica con esos 3 negros?
Amalia: ¿Qué querés que te diga? ¿No te alcanzó con lo que viste? No estarás esperando que te explique algo de todo lo que pasó, ¿no?
Yo: No sé, nunca te habías portado así, jamás te había visto así de sacada, no se como decírtelo, pero parecías… no se
Amalia: Una puta, decilo, una puta parecía, ¿no?
Yo: Si, no lo quería decir, pero si, eso es lo que parecías, podría decirte que en un momento, hasta me dabas pena… verte disfrutando tanto de la verga de un negro…
Amalia: ¿Pena? ¿De que me hablas? Pena debería darte a vos, que durante tantos años de casados nunca supiste como hacerme gozar en la cama… ¿sabes hace cuanto tiempo no tenía mas de un orgasmo el mismo día? No tenés ni idea, ¿no? Años!!!! Años, hacía que no tenía mas de un orgasmo el mismo día.
Yo: No seas así conmigo, no me trates así. Desde que estás con tus nuevas amigas esas que se la pasan hablando de reivindicar a las mujeres y sus derechos, y con esa psicóloga amiga tuya, desde hace un tiempo que no sos la misma de antes.
Amalia: La gente cambia, y yo fui viendo cosas que antes no veía. Esa amiga psicóloga se llama Carmen, y me hizo abrir los ojos en muchas cosas. Cosas a las que antes no les prestaba atención, y hoy en día las veo y las se reconocer.
Yo: ¿Qué cosas?
Amalia: Por ejemplo, si no me haces gozar en la cama, no se si será porque la tenés chiquitita o porque ya no te interesa usarla bien, o por qué será, pero no me haces gozar mas como antes.
Yo: No digas esas cosas, que no son así, vos sabés que no son así.
Amalia: Decime, ¿Cuándo fue la última vez que me chupaste la concha hasta hacerme acabar? Ya no te acordas, ¿no?
Yo: No me acuerdo, pero ¿qué tiene que ver eso?
Amalia: Años hace de eso… y esa fue la ultima vez que tuve un orgasmo con vos… años hace de eso… y ni te acordas.
Yo: Esa fue la última… ¿de verdad? ¿Después de eso nunca volviste a acabar?
Amalia: Te dije que nunca volví a tener un orgasmo con vos, no te dije que no volví a acabar.
Yo: ¿Qué me estas diciendo? ¿Te masturbas o tenes un amante?
Amalia: Bueno, ya era hora de que te enteres de mis amantes…
Yo: ¿Mis? ¿Varios? ¿De qué estás hablando Amalia?
Amalia: Así como lo escuchas, en estos años, he tenido varios amantes distintos, y disfruté a cada uno a mi manera, pero tengo que decirte que ninguno tenía la verga como los negros de la clínica… esas sí que eran vergas!!!!
Yo: No puedo creer lo que estoy escuchando… ¿vos tuviste amante todos estos años y me lo decís así como si nada?
Amalia: Amantes… varios amantes… y si, te lo digo así como si nada, ¿sabés por qué? Porque hoy en la clínica pude ver tu cara mientras esos 3 negros me cogían con esas enormes vergas que nunca antes había tenido el placer de sentir adentro mío, y pude ver en tu cara una mezcla de celos y de excitación… y esa cara de excitación hacía mucho tiempo que no te la veía, hace mucho que no veía en tu cara, esa forma de mirarme que tanto me gustaba…
Yo: No entiendo…
Amalia: Que te encantó ver como esos 3 negros me cogieron al lado tuyo, hasta podía ver como se te paró esa verguita que tenes… Admitilo, te encantó verme coger con esos 3 negros vergones.
Yo: Puede ser… no se… fue raro, pero debo admitir que fue distinto…
Y mientras yo decía esto, ella se arrodillaba y bajaba mis pantalones, y se metió mi pija en la boca, y comenzó a chupármela con una maestría que no sabía que tenía. Iba desde la cabecita hasta los huevos con su lengua, varias veces, hasta que se la metió entera en la boca… y ahí la dejó unos segundos… me miró y sacándosela de la boca dijo.
Amalia: Acordate de esta tarde… ¿Cuál fue el momento que más te gustó?
Enseguida le dije que el momento que más me calentó fue cuando se la metieron por el culo, y la hicieron gritar, pero que se veía que le gustaba mucho… y mientras yo le iba relatando esto, ella se volvió a meter mi pija entera en la boca, dejándola ahí adentro, pero esta vez, además, comenzó a jugar con un dedo en mi ano, dando vueltas y vueltas, hasta que consiguió meter la puntita del dedo… y ese momento coincidió con mi descarga… comencé a llenarle la boca de leche a mi esposa… pero largaba bastante leche, no se si fue por la calentura acumulada, por lo que me había contado de sus amantes, por recordar lo que hizo con los negros en la clínica o por el dedo que me estaba metiendo en el culo… pero acabé con unas ganas tremendas, como pocas veces antes lo había hecho.
Enseguida comencé a buscar con la mirada los rastros de leche que seguramente estarían desbordando de los labios de mi esposa, ya que ella nunca supo tragar enseguida mi leche, y siempre se le escapaba por la comisura de los labios. Pero lo raro es que esta vez que había acabado más que en otras ocasiones, a ella no se le había escapado ni una sola gota, cosa que me pareció raro y se lo dije.
Yo: ¿Dónde está toda mi leche? ¿Ya te la tragaste? ¿En qué momento?
Amalia: Fui aprendiendo con mis amantes a tragármela toda. ¿Te gusta esta nueva versión?
Y mientras me decía esto, se levantó y me plantó un beso de lengua, que venía con sorpresa. Me estaba dando de probar mi propia leche, y para mi sorpresa, eso me gustó y me calentó bastante también. Al no ver enojo de mi parte, Amalia se sonrió y me dijo que sabría que eso me iba a gustar, ya que ella sabía que a los cornudos suele gustarles la leche de los amantes de sus esposas, sobre todo si viene directo de su boca.
Yo no podía salir de mi asombro con lo que escuchaba, mi esposa era una máquina de darme sorpresas el día de hoy, los negros, los amantes, la mamada con el dedo en el culo, el beso con leche y ahora esto de los cornudos… per tenía razón en todo… sobre todo en esto último, ya que siempre quise verla con otro, pero nunca me animé a decírselo, por miedo a lo que ella pensara… pero se dio cuenta sola, y eso me saca un peso de encima.
Amalia: Me imaginaba que te gustaría verme con otro en la cama, y hoy era el momento exacto para probarlo… y realmente funcionó. Gracias a Said y su familia que me cogieron delante tuyo, ahora estoy convencida de que eso es lo que te gusta.
Yo: Igualmente no entiendo como fue que pasó eso… ¿de la nada te cogieron?
Amalia: No, no fue de la nada, estos días atrás mientras dormías, estuvimos hablando de muchas cosas, incluso me contó que acababa de cortar hace apenas unas semanas con su novia, porque lo había descubierto con una pareja. Y cuando le pregunté a cerca del tema, me dijo que a veces solo, otras con su hermano y otras también con su primo, se dedicaban al cuckold.
Yo: ¿Al cuckold?
Amalia: Si, yo le pregunté lo mismo, y me explicó que es cuando una esposa (que suele ser una hotwife) le gusta coger con hombres que no son su marido, pero enfrente del marido. Y eso me re excitó. Me contó que muchos hombres tienen esa fantasía, y la verdad que pensé que vos también la podrías tener, y no me equivoqué. Así que le conté que hace rato te veía mas frío que antes, y que creía que te podría llegar a gustar esto. El se ofreció a ayudarme y venir a casa a cogerme con su hermano, pero lo dudé porque no los conocía, además en la clínica era más seguro, ya que, si pasaba algo, llamábamos a las enfermeras y listo.
Yo: ¿O sea que estaba todo planeado de antemano?
Amalia: Si, obvio, incluso las veces que él te dijo que me iba a coger delante de ti, te estaba probando, y según lo que me dijo, había dos posibles respuestas a eso, si no querías te ibas a enojar, pero si en el fondo querías, era porque te gustaba… y nunca dijiste que no.
Yo: Veo que lo tenías todo planeado ya. ¿Y si no me gustaba?
Amalia: Yo apostaba a que te gustaba… es más, quedé con el hermano de Said para que venga mañana por la noche a casa, casi me olvidaba de decirte.
Yo: ¿Mañana?
Amalia: Si, lo pensé para esta noche, pero quería descansar y hablar antes con vos, para que nos preparemos los dos.
Esa noche nos fuimos a acostar y volvimos a hablar del tema, solo que esta vez yo ya estaba mas plantado en mi papel de cornudo consciente, y eso me tenía nervioso, tal es así que me costó un poco dormirme.
Al día siguiente, todo era normal, hasta la tarde, momento en el que vi a Amalia como se arreglaba y se producía para su amante… conjunto de encaje negro, medias y portaligas negro… se ve que lo quería impresionar. Por lo menos a mí, ya me había impresionado al ver como mi esposa, se producía así para su amante.
Llegó la noche, y con ella llegó el hermano de Said, que trajo un vino para acompañar las pizzas que hizo Amalia para cenar.
Durante la cena, hablamos de todo un poco, de él, de su hermano y su primo, de la cantidad de parejas a las que habían hecho felices de esta misma manera… parecíamos amigos de toda la vida contándonos anécdotas los 3.
Ya después del helado que comimos como postre, mi esposa se ofreció a traernos una cerveza, pero su amante le dijo que no, que era yo quién tenía que servirlos. Así que me mando a la cocina a buscar la cerveza a mí, cosa que hice sin protestar, y al regreso los vi sentados en el sillón, uno al lado del otro, pero el negro con su enorme pija afuera del pantalón y Amalia con su mano alrededor de la enorme pija.
Yo: Veo que no pudieron aguantar más…
Amalia: Mira lo que es esta pija… no podía esperar un minuto más sin comérmela…
Y diciendo esto, se la metió en la boca, para darle una mamada tremenda. Estuvo un rato chupándosela, mientras yo me tomaba la cerveza, sentado en el sillón frente a ellos. Hasta que no aguanté más y saqué mi pija afuera del pantalón, y comencé a masturbarme despacio, mientras los miraba. Amalia se dio cuenta y enseguida le dijo a su amante.
Amalia: ¿Viste que te dije que la tenía chiquita?
Y mientras ambos se reían, yo me masturbaba más rápido, como si esa humillación hubiera despertado una calentura aún mayor en mí.
En ese momento mi esposa me dijo que baje la velocidad, así no acababa antes de ver lo mejor, y se paró, y se colocó encima del negro, pero mirándome a mí. Se clavó la punta de esa enorme verga, y cuando sintió que había entrado, comenzó a bajar despacio, muy despacio, gozando centímetro a centímetro de ese enorme pedazo de carne que la estaba llenando por completo, como hacía apenas 24 horas en la clínica, solo que acá el espectáculo era solo para mí.
En ese momento se terminó de sacar la poca ropa que le quedaba, dejando sus tetas al aire, aunque no duraron mucho tiempo así, ya que su amigo enseguida se las agarró con esas dos manazas que tenía. Y comenzó lo mejor. Amalia lo cabalgaba como toda una experta, con un ritmo y una maestría que desconocía en mi esposa, pero que me encantaba, y sin lugar a dudas había adquirido todos estos años de estar con distintos amantes, según lo que ella mismo me había dicho.
Comenzó a saltar más alto, y al caer se enterraba ese mástil de carne más y más profundo cada vez… mientras sus tetas bailaban al compás de sus saltos. El negro la agarraba de la cintura, y manejaba las penetraciones, levantando a mi esposa como si estuviera en el gym, y Amalia sería como sus pesas, haciendo una repetición tras otra…
Llegó un momento en el que Amalia se levantó y se dio vuelta, para seguir cabalgándolo, pero de frente, y con esta nueva posición llegaron los besos… ya que comenzaron a besarse apasionadamente mientras no paraban de coger. ¡Qué aguante! Yo ya hubiera acabado hace rato, pero por suerte su amante era de larga duración.
Yo podía escuchar los gemidos de mi esposa, que a pesar de los besos se podían oír… gemidos que iban en aumento, señal de que estaba a punto de acabar… y así fue. Mientras el negro aceleró durante unos segundos su ritmo, mi esposa gemía mas rápido y mas fuerte, hasta que llegó a su primer orgasmo de la noche. En ese momento ella se quedó quieta, y su amante también, pareciendo disfrutar del orgasmo de mi esposa, tanto como ella.
Estuvieron en esa posición unos minutos más, besándose y hablando en voz muy baja, como olvidándose de que yo estaba sentado frente a ellos.
Finalmente, Amalia se desensartó de esa enorme verga, se dio vuelta y se acercó hasta donde yo estaba sentado, se arrodilló y se metió mi pija en la boca, toda hasta el fondo, y comenzó a mamármela despacio, cuando su amante se levantó del sillón y vino hasta donde estábamos, se arrodilló atrás de Amalia y le acomodó la pija en la puerta de la concha. Mi esposa dejó de chupármela un segundo, para decirle a su amante que la última vez le había encantado por el culo, y que quería repetir. En ese momento él le dio una tremenda estocada y se la mando hasta el fondo de la conchita de mi esposa, que se quejó por lo repentino (y me imagino que también por el tamaño de esa verga), y sin moverse, estiró su mano hasta alcanzar la boca de mi esposa, le metió dos dedos en la boca y enseguida los llevó hasta su culo, y comenzó a dedearla, mientras retomaba sus movimientos y se la seguía ensartando, pero con más fuerza.
Yo podía sentir algo de la fuerza con la que se la cogía, ya que mi esposa me la seguía chupando, y yo algo de eso sentía con cada estocada.
Después de unos minutos, él se detuvo y se la sacó, para metérsela en el culo. Apenas se la apoyó, ella comenzó a tirar para atrás, como queriendo penetrársela sola. Me parece que no tardó mucho en entrar, ya que en segundos nomás comenzó con un movimiento suave, hacia adelante y atrás. Movimiento que se iba incrementando con cada estocada.
Llegó un momento en el que las embestidas eran tan fuertes, que mi esposa se olvidó de mi pija y dejó de chupármela, y comenzó nuevamente a gemir a los gritos, solo que esta vez decía que le encantaba que la culee así, le pedía que no pare y que la parta al medio. Le decía; Que hijo de puta, que pija hermosa que tenés, cogeme así, rómpeme toda…
Ya no pude aguantar más y le acabé a mi esposa, un poco en la cara, otro poquito en el piso, pero ella parecía no darse cuenta de que yo había acabado, ya que le seguía diciendo a su amante que la siga cogiendo así, y le pedía mas fuete y más rápido. El negro aumentó el ritmo y la velocidad de una manera bestial, le estaba dando la mejor cogida de su vida a mi esposa (o al menos eso era lo que yo creía) hasta que ella comenzó a acabar… le temblaban las piernas y tenía los ojos en blanco, era un orgasmo muy intenso sin dudas el que estaba sintiendo.
Pero su amante no disminuía la velocidad, sino que parecía que la estaba aumentando, y esta vez no era que quería disfrutar del orgasmo de mi esposa, que seguía sacudiéndose cada vez mas fuerte todavía) sino que quería llegar al suyo. Y unos segundos más tarde llegó, comenzando a llenarle el culo de leche a mi esposa, mientras gritaba Ahhh Ahhhhhhh.
Recién después de un rato, mi esposa se dio cuenta de que tenía algo de leche mía en su cara, se la sacó con los dedos y me los metió en la boca, para que se los limpiara, entendí la indirecta y se los dejé bien limpios.
Después de un rato, los dos se pararon y se fueron a dar una ducha juntos. Durante la ducha los escuchaba reírse y hablar, pero creo que no volvieron a coger.
Después de ducharse, ambos volvieron hasta donde estaba yo, que aun seguía sentado en el sillón totalmente desnudo, y con sabor a semen en mi boca, su nuevo macho se vistió y cuando mi esposa iba a hacer lo mismo le dijo que no, que él quería que ella lo vaya a despedir a la puerta así desnuda como estaba, cosa que no entendí, y cuando quise protestar, me hicieron callar la boca y quedarme sentadito como estaba, quieto y callado.
El macho de mi esposa paso frente a mí, y se despidió hasta la próxima, diciéndome: Otro día nos vemos pito corto… mi esposa solo se rio, pero no dijo nada, y lo acompaño desnuda hasta la puerta de la casa. Le abrió y los despidió con un beso. Por suerte era tarde y no había nadie en la calle que pudiera verlos.
Cuando volvió, le dije que no me gustó que me haya llamado pito corto, y volvió a reírse, pero esta vez me dijo que iba a tener que acostumbrarme a que me llamen así sus amantes, ya que todos ellos tendrían una pija mucho más grande que la mía.
Esa noche me volvió a llamar pito corto dos o tres veces más, y al día siguiente también, y cuando le pregunté hasta cuando me llamaría así, me dijo que hasta que me acostumbre a escucharlo y lo acepte.
No tardé mucho en aceptarlo, a los pocos días yo mismo cuando hablaba con ella, me refería a mi mismo como pito corto, y esa era una humillación que estaba comenzando a gustarme…
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