Xtories

Borrachera

La noche cae sobre Chueca y el whisky corre por las venas de Patricia. Jaime sabe que debe detenerla, pero cuando ella desnuda su traición frente a él, el deseo y la humillación se mezclan en una sola verdad insoportable: él no puede apartar la mirada.

Bennasar37K vistas7.2· 18 votos

Borrachera

Patricia y yo vivíamos en una casa muy céntrica por Chueca por la zona en que todo el mundo iba a tomar copas.

Llevábamos casados año y medio. Nos casamos de penalti al quedarse embarazada. Tuvimos un niño precioso, precioso ahora porque al nacer era feísimo, pero eso no viene al caso.

Patricia bebía mucho, ya lo hacía cuando la conocí y todavía éramos amigos y empezamos a enrollarnos pero como lo hacía normalmente saliendo no le presté atención, yo también bebía, pero tras dar de mamar unos meses al niño, dejó la lactancia y empezó a beber cada vez más. Empecé a asustarme. Me asustaba no solo que bebiese sino lo que hacía cuando estaba embriagada que se volvía muy salvaje y consecuentemente me iba alejando, era una pescadilla que se comía la cola, cuanto más me alejaba de ella más bebía y viceversa. Teníamos ambos veintidós años y poca experiencia de la vida. Nos habíamos conocido en la facultad y yo seguía estudiando y ella con el niño aplazó sus estudios. Nuestros padres nos pasaban una pensión que si no era abundante nos permitía subsistir sin excesos.

Todo esto Patricia lo llevaba mal, realmente no era justo que ella dejase de estudiar y se revolvía contra mi que no sabía como afrontar tantos cambios y tanta agresividad que solo se manifestaba cuando bebía.

Como nuestra casa era céntrica y la mayoría de nuestros amigos aún vivía en casa de sus padres éstos venían a casa en vez de al bar y teníamos visitas constantes a veces hasta cinco o seis personas no siempre amigos entre ellos. Vamos que nuestra casa era una fiesta casi constantemente y me costaba sacar tiempo para estudiar.

Un día estaba un tal Fernando un amigo de Patricia muy guapo, quizás un poco soso de cara como le pasa muchas veces a los rubios, por supuesto opinión mía, y con cara de no haber roto nunca un plato. Se conocían de mucho antes de aparecer yo y creo que él estaba un punto enamorado. No sé habían acostado antes porque cuando Patri y yo lo hicimos por primera vez era virgen. Fernando vino como los niños con una diferencia, en vez de pan debajo del brazo traía una botella de whisky. En casa no teníamos muchas cosas pero había coca-cola y nos fuimos bebiendo la botella y la cola, realmente se la bebía Patri, en segundo lugar Fernando y yo solo lo probé porque alguien tenía que dar de cenar y acostar al niño.

Tras acostarle volví al salón, ambos estaban algo pedos pero sobre todo Patri que me recibió con grandes risotadas y habló con lengua de trapo.

-Aquí viene el gran hombre que a veces se ocupa del niño... pero de follar... poco- No era muy justo porque las pegas para follar eran de más del 50% por su parte, por parte de ella la escusa era que la píldora le bajaba la libido, la mía que tenía que estudiar, la realidad, estábamos mal.

-No siempre es cosa mía lo de no follar.

-Pues yo estoy siempre salida- Lo cual no era verdad pero cuando bebía se inventaba la realidad.

-Fernando, tú ¿follarías conmigo?

-Me habría gustado, pero te has casado.

-Por si no os habéis dado cuenta estoy aquí y de momento soy el marido con el que se ha casado.

-Para lo que ejerces. Ya no gusto... a nadie. Desde el embarazo no gusto a nadie- Decía con la lengua de trapo. -Fernando, a ti ¿te gusto? ¿Si me desnudo, se te pondría tiesa?- y se reía de la ocurrencia.

-No seas bruta Patri.

-Con todos los años que te conozco, nunca te he visto desnuda pero sí te he imaginado. Perdona Jaime, pero seguro que sí- Y se miraba el pito como para cerciorarse.

-Imaginando ¿te has hecho alguna paja?

-Sí- dijo en voz baja y mirando mi reacción.

-¡Qué mono!

Patricia se empezó a quitar la ropa, como hacía calor no tenía mucha, se quitó la camiseta. Yo me acerqué.

-Venga vuelve a ponértela. no seas loca- Le entregaba la camiseta pero en vez de cogerla se quitó el sujetador. Fernando le miraba las pequeñas tetas que tenía y se reía. Patricia comenzaba a quitarse los pantalones, yo trataba de impedirlo. No me importaba mucho que se mostrase desnuda pero tenía miedo que hiciese alguna barbaridad.

-Déjame en paz, quiero ver si se le pone dura- Fernando miraba hipnotizado sospecho que preguntándose si se quitaría el pantalón y la braga. Yo no sabía muy bien que hacer y ya estaba en bragas y de un tirón se quedó desnuda. Me quedé mirando tontamente con cara de censura.

-Ven Fer, quitate los pantalones que quiero ver- y le hacía señas para que se acercase. Fernando se acercó pero no se quitó nada.

- No hace falta que se los quite mira el bulto

Patricia que estaba semitumbada no me hizo caso se incorporó, le tocó el bulto y le desabrochó, una vez desabrochado se los quitó con calzoncillos incluidos quedando la ropa en los tobillos y el pene estaba bastante erecto, aún no totalmente.

-Ves como gustas, lo tiene bastante tieso, ahora vístete- Pero en vez de vestirse le cogió el pene.

-¡Patricia! Estás borracha.

-Estoy perfectamente. Anda Fer, métemela un poquito.

Fernando no sabía que hacer y me miró.

-No le mires a él, no se la tienes que meter a él, es a mí. Jaime no me mires así, solo es un pene que me van a meter, te acuerdas cuando me lo metías tú? Ven chiquitín- y le cogió por la camiseta acercándole y con la mano que sostenía el pene se lo restregó por la vulva y se dio golpecitos con el pene en ella con lo que se puso tieso del todo. -Ayy me gusta, te la chuparía pero está Jaime delante, métela- no era consciente de la tontería que acababa de decir, y se la colocó en la entrada, Fernando dejó de resistirse aunque no era mucha la resistencia que ejercía y empujó y entró de manera que quedó con la polla dentro. Patricia me miró muy fugazmente. Una vez dentro le cogió una teta y comenzó a besarla de forma casi brutal y me perdieron de vista.

Salí de la habitación con un gran dolor y desconcierto. En aquella época un matrimonio, creía, era sinónimo de lealtad, exclusividad sexual y para toda la vida. Desde fuera se oían los jadeos de ambos, ellos estaban jodiendo y era yo el que estaba más jodido. Entré en la habitación del pequeño para asegurarme que estaba bien. Intenté estudiar, imposible y decidí meterme en la cama. Al pasar al váter antes de acostarme tuve que pasar por el salón y habían cambiado de postura, seguían jodiendo pero ella estaba de espaldas a él y ya no tenía la ropa en los tobillos, y vi como Fernando movía el culo entrando y saliendo de la vagina, para mi asombro tuve una erección, supongo que habrían oído la cadena del váter y quizá que había pasado, puede que no porque iba descalzo, pero estaban ambos de espaldas y no miraron.

Imposible dormir escuchándoles, luego, creo, por el tipo de gemidos, llegaron a correrse, luego silencio y murmullos y mucho más tarde se oyó la puerta de la calle, pasos, el agua del lavabo, pasos, ruido de pis, la cisterna del váter que estaba en cuarto separado y más pasos de Patricia hacia la habitación. Se metió en la cama y se acurrucó a mi espalda, aguanté unos minutos de espaldas pero al final me giré y le pasé el brazo por el cuello pero aunque estábamos desnudos no me salió tocarla y así se durmió ella, aparentemente libre de culpas, yo seguí sin poder dormir hasta la madrugada, con ella dormida me permití acariciarle muy suave las tetas y otras partes del cuerpocon mucho cuidado para queno se enterase ni despertase, incluso acerqué mi mano y toqué su vulvaen busca de restos de semen que no encontré, supongo que desaparecieron mayormente en el lavabo aunque algo quedase dentro de la vagina donde no busqué para no despertarla y me hice una paja que recogí en un kleenex que escondí y fue cuando ya me dormí,la noche empezaba a clarear.

Al día siguiente, pasada la borrachera, Patricia estaba muy cariñosa conmigo, aunque no me pidió perdón, incluso con muchas carantoñas consiguió que hiciésemos el amor y a trancas y barrancas nuestra relación siguió adelante pero había un daño irreparable al que se sumarían otros de nuevas borracheras. No de forma deliberada me fui desenamorando, un día me gustó una chica extraordinariamente guapa y empecé a salir con ella sin disimularlo demasiado, aunque me metí en la cama con ella no llegamos a hacer totalmente el amor, llegué a sus tetas pero si bajaba la mano me paraba, eran épocas de virginidad pero a la espera de algo más, que nunca conseguí, la separación con Patricia al cabo de otro año fue inevitable.

Nunca me recriminó mis escarceos con Cristina, la chica que me gustó, ni yo le recriminé su polvo con Fernando que no volvió por casa, si quedaron fuera no lo sé, alguna vez pregunté si le había vuelto a ver y me dijo que no, lo cual no es garantía total.

Ahora han pasado muchos años y muchas vicisitudes y volvemos a ser amigos, en parte nos mantendría unidos el hijo en común que ya es un hombre.